¡Nuevo capítulo! Ya llevo cuatro en menos de un día, ¡estoy inspirada! :D Bueno, a ver qué os parece. En este aparecen los personajes de siempre: Ulrich, Yumi, Odd, Aelita y Jeremie.

Mientras, en algún lugar, muy lejos de allí, un chico rubio gritaba llevándose las manos a la cabeza mientras miraba fijamente la pantalla de su ordenador. Una chica de cabellos rosas y ondulados se apoyaba sobre el escritorio, mirando fijamente la pantalla del ordenador con los ojos desorbitados.

_ ¿Qué se supone que pasa?_ Medio gritó él, mientras tecleaba furiosamente, intentando apagar el ordenador._ ¡Se suponía que el ordenador está apagado! ¡Esto no puede ser!

_No lo entiendo._ Balbuceó la chica, intentando buscar una explicación a las continuas ventanas que aparecían en la pantalla. Era una pesadilla, creía que se había olvidado del súper ordenador y lo que significaba para siempre._ ¿Qué significa esto, Jeremie?

_Si lo entendiera, te lo diría, Aelita._ Contestó él, aspirando una larga bocanada de aire._ Llevo sin pisar la fábrica desde el día que fuimos a echarle al súper ordenador una sábana por encima_ al fin y al cabo les daba pena que semejante artefacto pudiera perderse por culpa del polvo_, desde entonces ni siquiera he pasado a echarle un vistazo.

_ ¿Crees que…?_ Aelita no se atrevía a preguntar._ ¿Crees que es cosa de X.A.N.A.?

_No sé cómo puede ser él…_ Jeremie se sumergió de nuevo en sus cálculos, pero las cuentas y los nuevos datos no cuadraban._ ¡Esto es imposible, imposible! Se supone que destruimos todas las replikas, nuestro programa de virus múltiple era infalible… No me lo puedo creer…

Aelita reprimió un escalofrío al recordar el día del virus múltiple. El mismo día en que su padre se había sacrificado para darles la energía que faltaba para que funcionase el virus múltiple. El mismo día que destruyeron a X.A.N.A. para siempre. El día que habían apagado el súper ordenador para siempre y habían cerrado un capítulo de sus vidas.

O eso creían.

Porque los parpadeos de la pantalla indicaban todo lo contrario.

_ ¿Pero quién pudo encender el súper ordenador? Es imposible, Jeremie, piénsalo: X.A.N.A. está muerto, o al menos sus fuentes de poder que eran las replikas sí lo están; dejamos el súper ordenador apagado, de hecho nos aseguramos bien de que todo estaba en orden._ Aelita pensaba a gran velocidad y se lo iba diciendo a Jeremie conforme le venía a la cabeza, aunque quizá hablaba en voz alta más para convencerse a sí misma._ De verdad, Jeremie, tiene que ser un fallo de tu ordenador; tiene que serlo.

Jeremie se frotó la barbilla e hizo una mueca.

_Un fallo de mi ordenador… ¿o un curioso?

_ ¿Un curioso?_ Preguntó Aelita, perpleja.

_Un curioso como yo, por ejemplo, puedes llamarlo un friki medio loco por la informática. Imagínate que ese hipotético alguien ha encontrado la fábrica y el laboratorio de tu padre, Aelita, quién fuera seguramente querría saber de quién eran todos esos trastos._ Jeremie exponía sus teorías con una claridad demoledora._ Tiene sentido, ¿no? La única forma de saber de quién era ese súper ordenador era encendiéndolo.

_Podría ser, Jeremie, pero los únicos que teníamos acceso a la sala de los ordenadores éramos nosotros._ Jeremie le contestó con una mirada de miope confusión._ La contraseña del ascensor, Jeremie, ¿te acuerdas?

_Ya. Pero también había escaleras._ Jeremie se negaba a que X.A.N.A. fuera el culpable, no podía ser posible.

_Las escaleras daban un buen rodeo, quien no conociera la fábrica no podía saber cómo llegar hasta el súper ordenador. A nosotros mismos nos costaba orientarnos, Jeremie.

_Ya lo sé, Aelita, pero piénsalo. X.A.N.A. ya no podía salir del súper ordenador en el caso de que estuviese vivo, yo mismo comprobé que no había ni una sola réplika más; la red estaba limpia. Alguien tuvo que encenderlo.

_ ¿William?_ Preguntó Aelita, asustada por que William los hubiera podido traicionar de nuevo.

_No lo creo._ Contestó Jeremie tras una pequeña pausa._ De hecho, no creo que se acuerde si quiera de la contraseña del ascensor, y dudo incluso de que se fijara cuando la pusimos.

Aelita no se atrevía a abarcar cierta posibilidad, sin embargo una pequeña esperanza fue creciendo en su pecho.

_Jeremie, ¿crees que pudo ser mi padre?_ Preguntó ella con voz temblorosa._ Sobrevivió cuando X.A.N.A. le capturó las otras veces…

Ese era un tema espinoso. Jeremie lo sabía muy bien. Las pocas veces que habían discutido Aelita y él cuando aún visitaban Lyoko había sido por Franz Hopper.

_No lo sé._ Contestó un poco confuso._ Sinceramente, no lo creo.

Aelita dejó caer los hombros, abatida.

_No quiero decir que tu padre no pueda estar vivo, de hecho lo deseo con toda mi alma._ Se apresuró a aclarar Jeremie._ Pero piénsalo, Franz está dentro del súper ordenador igual que X.A.N.A., en el caso de que estuvieran vivos no podrían encender el súper ordenador desde Lyoko. Tiene que encenderse desde fuera.

_Es verdad…

_ ¿Pero quién pudo encender el súper ordenador?

_Es la pescadilla que se muerde la cola. Me niego a creer que fuera alguien corriente y moliente que se topó con el súper ordenador por casualidad, es demasiado surrealista._ Aelita se frotó las sienes, no había dormido bien esa noche y encima Jeremie la había despertado a las seis por lo del ordenador; no era precisamente un buen día para que aquello pasara._ Sin embargo no pudo ser nadie al servicio de X.A.N.A. porque él no puede salir del ordenador… ¡Ah, esto sí que es frustrante!

_Tranquila, Aelita. Respira hondo y relájate._ Jeremie se levantó de la silla, se quitó las gafas y le cogió las manos a Aelita. Casi se rió de sí mismo por aquello: él no era quién para decirle a alguien que se tranquilizase, precisamente él mismo era el histérico del grupo.

Aelita respiró hondo y se tragó las lágrimas de frustración que amenazaban con desbordarse de sus párpados. De pronto se encontró agarrando a Jeremie de la camiseta y enterrando la cabeza en su hombro.

Jeremie se tensó y Aelita casi sonrió al imaginar el intenso rubor que colorearía sus mejillas en ese momento. Pero pasados unos segundos él mismo rodeó la cintura de Aelita con sus brazos y se dejó llevar por el olor del champú de Aelita.

_ ¡Cruasanes calientes!_ Se oyó al otro lado de la puerta al tiempo que esta se abría bruscamente.

Odd entró en la habitación de un salto y con la sonrisa que lo caracterizaba, por supuesto entró sin llamar a la puerta y se precipitó al interior del cuarto de Jeremie sin decir "Buenos días".

Aelita y Jeremie se separaron y enrojecieron bruscamente.

Justo entonces Odd se dio cuenta de dos cosas: la primera era que no debía entrar sin llamar porque podía interrumpir ciertas cosas privadas (y para Jeremie y Aelita, darse un abrazo era algo completamente insólito: con lo tímidos que eran los dos no eran muy dados al contacto físico); la segunda era que el ordenador no paraba de parpadear y emitir pitido que le sonaban lejanamente a algo conocido.

_ ¿Interrumpo algo?_ Preguntó mirando al par de tortolitos, rojos como tomates maduros, con sus ojos grandes y traviesos de color dorado, como oro viejo resplandeciendo.

Aelita y Jeremie clavaron sus ojos en el parqué del suelo, como si aquella madera desgastada por los fregados contuviera en su interior las respuestas que buscaban minutos antes de que Odd irrumpiera en la habitación como una tromba.

Yumi y Ulrich, más tímidos y respetuosos, asomaron la cabeza por la puerta y llamaron con los nudillos.

_ ¿Se puede?_ Preguntó Ulrich, mirando a Jeremie y Aelita intencionadamente.

_Adelante._ Gruñó el rubio, ligeramente molesto por la interrupción y colocándose las gafas sobre el puente de la nariz, cubriendo sus grandes ojos azules en ingenuos por una placa de cristal._ Estáis en vuestra casa.

Yumi atravesó la puerta del cuarto de Jeremie elegantemente como siempre, con una sola zancada de sus largas piernas, y agitando su cabello negro y completamente liso, y ahora largo, detrás de ella.

Ulrich la miró embobado. Como siempre. No fallaba. Podía parecer mentira pero aún seguía enamorado de ella hasta las trancas y lo peor de todo era que aún no se había atrevido a decírselo. Maldita timidez… Todos habían madurado, por supuesto, pero para Ulrich la japonesa seguía siendo la misma: alta y delgada, de piel pálida y fina, ojos rasgados de pupilas oscuras y siempre alerta, nariz fina y recta, labios que no eran demasiado grueso cubiertos por una sutil capa de gloss rojo, y por supuesto vestida con ropa negra. Pero sobre todo, aparte de guapa era su mejor amiga, aunque a veces se enfadaran por culpa de sus malditos celos. Y seguían yendo a hacer artes marciales juntos.

Ulrich suspiró, apartó aquellos pensamientos de su cabeza y pasó al cuarto detrás de Yumi.

_ ¿Se puede saber qué os traíais aquí los dos tan juntitos?_ Preguntó Odd con picardía, ganándose una colleja por parte de Yumi y una mirada furibunda de Jeremie y Aelita._ ¡Vale, vale!_ Gritó alzando las manos._ ¡Paz! Yo solo he venido aquí para deciros que como no bajéis me comeré vuestro desayuno y ya sabéis que…

En ese momento el ordenador de Jeremie emitió un agudo pitido más fuerte que los demás, y una ventana conocida apareció en el centro de la pantalla.

Una pantalla con una torre roja parpadeando.

X.A.N.A.

_ ¿Qué es esto, Jeremie?_ Preguntó Ulrich, perplejo._ Un juego de ordenador, espero.

_Por desgracia, no._ Contestó él aludido, lanzándose hacia el ordenador y tecleando rápidamente._ No lo entiendo… Esto no debería funcionar, el escáner estaba inactivo.

_A no ser que también haya boicoteado tus programas del escáner._ Concluyó Aelita, con una solidez aplastante._ Está intentando atraernos a Lyoko.

_ ¡Eh, parad un momento!_ Gritó Yumi. Ulrich y Odd se giraron hacia ella sorprendidos, Yumi jamás perdía la calma._ ¿Cómo que X.A.N.A? ¿Cómo que Lyoko? ¿Qué cuernos es eso del escáner?_ Las mejillas de Yumi estaban adquiriendo un peligroso tono rojizo._ ¿Qué me he perdido? ¡Creía que habíamos apagado el ordenador hace mucho tiempo, maldita sea!

Ante la mirada desorbitada de los otros, Yumi se derrumbó sobre la cama sin hacer de Jeremie y enterró la cabeza entre sus manos. Ulrich casi no se atrevió a hacer ningún gesto abiertamente tranquilizador, casi parecía que le iba a electrocutar si la rozaba.

_Tranquila, Yumi, por favor._ Le pidió él, con la voz lenta, suave y persuasiva; como solo Ulrich sabía ponerla. Y los ojos de color avellana de Ulrich derritieron los de Yumi, que parecían echar chiribitas._ Seguro que Jeremie y Aelita tienen una explicación _ miró a la pareja_, porque la hay, ¿no?

_No lo sabemos._ Contestó Aelita, mirando preocupada a su amiga; Yumi era la que había deseado con más fuerza apagar el súper ordenador, quizá porque le había afectado más que a lo demás en lo tocante a William.

_Solo podemos hacer una cosa._ Dijo Odd, sorprendiéndolos a todos.

Cuatro pares de ojos, muy abiertos y de colores completamente distintos se posaron en él, interrogándolo con la mirada. Odd paseó su mirada por los cuatro integrantes de su grupo, sus cuatro mejores amigos. Sonrió para crear tensión.

_Desayunar. Después ya se nos ocurrirá algo. No se puede pensar con el estómago vacío. Además hay cruasanes y…

_ ¡Odd!_ Gritaron cuatro voces a coro, mirándolo enfadados pero divertidos a la vez.

Odd sonrió también y se pasó la mano por su pelo rubio, que ahora llevaba más corto y de punta, con el característico mechón violeta delante.

_Yo sí que sé lo que podemos hacer._ Sentenció Jeremie, apagando el ordenador y cogiendo el portátil recién comprado.

_Vamos a Lyoko. Solucionamos lo que haya que solucionar y después podremos volver a nuestra vida normal._ Completó Ulrich._ Vamos.

Yumi lo miró con admiración. Decisión no le faltaba, desde luego. Y también llevaba más razón que un santo. Yumi se levantó de la cama, estiró las sábanas allá donde se había sentado y se sacudió las manos en los ajustados vaqueros negros.

_Yo voy contigo.

_Y yo. Será como volver a los viejos tiempos._ La secundó Aelita, sonriéndole a Yumi al ver que ella ya estaba más tranquila.

_ ¿Pues a qué estamos esperando? Todos a la fábrica._ Jeremie abrió la puerta de su dormitorio de un tirón.

_ ¿Y mi desayuno?_ Preguntó Odd, cruzándose de brazos y negándose a salir por la puerta sin zampar algo.

_Puedes comerte a los ácaros del polvo de la fábrica._ Sentenció Jeremie.

Y lo arrastró por el pasillo.

Como en los viejos tiempos.


¿Qué tal? ¿Gusta? ¿No gusta? ¿He retratado bien a los personajes? Para cualquier duda, comentario o fallo ya sabéis dónde están los reviews! :D El próximo capítulo lo dividiré en dos partes: una más corta en la que estoy con Sara, y otra que supongo que me saldrá más larga con los chico en Lyoko.

Tximeletta: Gracias por tus comentarios como siempre, a ver qué te parece este capítulo. Parece que ya me apaño mejor con la página, es que soy de un torpe... xD

Javi98: ¡Me ha encantado tu comentario! Esta vez también te dejaré en suspense, ¡muajajajajá! :D Espero que te guste.

Hanelita: Escuadrón Lyoko al rescate! ;D Irán a rescatarla pero les costará lo suyo! Tienes que darle una oportunidad al pobre Jeremie, en realidad no es tan malo :) A ver si te gusta.