Capítulo I: Decisión

Esto de ser mitad vampiro y mitad humano, no es buena cosa. A veces pienso que mi humanidad desaparece a medida que pasan los días. Cada vez siento que necesito más sangre, que necesito alimentarme de sangre, no de cosas saludables como las manzanas o peras, o cosas chatarras, como papas fritas o algo frito. Necesito sangre. Eso es todo.

De una cosa estoy segura, cuando pierda totalmente mi humanidad, dejaré de ver auras. Espero que nunca llegue ese día y si, puedo ver las auras de las personas. Es un don que lo tenía antes de que mi mitad vampiro se desarrollara completamente.

Al principio me desmayaba y no me gustaba ver las sombras de las personas, y menos que estas sombras se movieran y cambiaran de colores. No me gusta para nada, pero luego de eso encontré a Christina, una chica de 25 años que sabía cómo leer las auras. Desde que me convertí en algo realmente extraño me fui de mi casa, (la cual estaba muy bien ubicada ya que mis padres eran unas personas millonarias, pero luego voy a ese tema) y llegué a la casa de Christina, quien me ha estado ayudando desde que tengo 14 años ahora, tengo 17 años hace aproximadamente 5 años.

No envejezco y eso es un problema más. Christina y yo pasamos viajando de un país a otro. Es bastante incómodo pero como las dos somos almas libres nos gusta sentirnos nómades de alguna manera.

Cuando me fui de casa, les dejé una carta a mis padres de que iba a estar bien y que no se preocuparan, pero claro no se preocuparon, en mi familia tenía dos hermanas, las cuales eran las más amadas por mis abuelos y mis padres. Yo, era la oveja negra y me veía como si las otras personas pudiesen hacerme daño sin importar lo que yo pensara. Así que no me dolió mucho dejar a mi familia, eran millonarios, sí, pero nunca me sentí parte de esa familia. Christina es como mi hermana y una especie de tutora y la quiero y aprecio mucho. Ella entiende más estas cosas de vampiros y auras que yo. Y eso que es humana y su sangre tiene un olor especial, entre lavanda con vainilla, no lo sé. Algo realmente embriagador.

Un día cuando habíamos llegado a una nueva casa con el presupuesto de Christina trabajando de camarera y el mío envolviendo cosas en un supermercado, no era mucho, pero para dos personas era suficiente, además todo lo que yo hacía salía bien, y creo que a mi jefe le caía bien, porque me pagaba más de la cuenta, pero son cosas que pasan.

Los chicos adolescentes estaban de vacaciones, entonces se me ocurrió la brillante idea de entrar a un colegio.

-¿De qué rayos estás hablando?- Me preguntó Christina en el desayuno mientras servía huevos revueltos y un vaso de jugo.

Me encogí de hombros con indiferencia.

-No lo sé, pero tengo ganas de volver a la normalidad, Chris. Y lo haré, me iré a comprar el uniforme escolar con algo de dinero que dejé.- Christina se sentó a mi lado.

Estábamos en la cocina, sentadas en una pequeña mesa. La casa de por sí, era muy acogedora, tenía dos habitaciones cocina y sala de estar, eso era todo. Claro también estaba el baño que lo compartía con Christina y un generoso jardín, de eso se encargaba Christina. Yo me encargaba del status social de nuestra vida, iba a pubs, discoteques, salía con chicos super hiper guapos, con dinero, lo no divertido, era que no me podía embriagar, por más que tomara alcohol no afectaba en mí. No me ponía a bailar en las mesas (O creo que una vez lo hice, pero estaba consciente de eso), me reía de los chicos que hacían tonteras borrachos.

-¿Estás segura?- Asentí inmediatamente.

-Claro, quiero tener amigas adolescentes las cuales me cuenten chismes y encontrar a algún chico bonito que me haga soñar todas las noches- Sentí unas suaves carcajadas que provenían de la boca de Christina- Vamos, ¿de qué te ríes?- Fruncí el ceño y tomé un sorbo de jugo.

-No lo sé, solo que… ya sabía que llegaría este día- Le sonreí y comenzamos a devorar nuestro desayuno.

En la tarde fui a una tienda de prendas escolares, iba a ir a un colegio en donde las chicas utilizaban una falda de color azul marino con varias tablas de esas que dabas una vuelta y se movía contigo, también necesitaba un chaleco color gris oscuro, tenía un cuello en V y era bastante lindo y abrigador, necesitaba unas poleras de color blanca, mangas cortas y con unas rayas de azul marino en las mangas que rodeaban todo el brazo. Para que te abrigaras había una chaqueta totalmente elegante del mismo color de la falda. Todo me quedaba de maravilla, era algo que había heredado de mi lado vampírico.

Según los chicos que conocía, me decían que yo era bastante linda, tenía unos bellos ojos color miel y mi cabello era color café rojizo, tenía la tez blanca como la porcelana, que quedaba muy bonita con un rubor rosa, mis labios eran de color rojo claro y era pequeña pero con labios proporcionados. Era de estatura promedio, quizás unos centímetros más alta de lo normal pero me veía bien.

Cuando estaba buscando unas poleras de mi talla, siento ese olor, ese olor tan dulce tan penetrante, tan armónico.

Instintivamente me doy la vuelta, allí estaba el chico con la típica chaqueta negra que le había visto la primera vez. Estaba pagando una polera, me fije en el diseño de su polera era el mismo que el de las mías.

Oh por Dios, no puede ser. ¿Lo veré en el colegio? Quizás, quizás no.

Entonces en ese momento, una fuerza mayor me lleva a observar su aura.

Oscuro… Ausencia de color. Por allí podía ver algunos matices rojos… Ira. Gris… Depresión. ¿Qué te sucede que eres tan… depresivo?