Capítulo 3: Mentiras

Me apoyé a la puerta de madera frágil, posiblemente la traspasaría con un puño, pero solo me limité a abrazar mis piernas contra mi pecho y llorar como una magdalena.

No sabía por qué lloraba, pero sentí que lo que me había dicho Christina era un reto. En realidad era un consejo, pero todo eso fue por mi culpa, ya que yo no le prestaba atención y la hacía llorar, sin embargo, estaba llorando porque le estaba escondiendo una parte de toda la historia a Christina.

Tendría que ver al chico 10 meses al año porque iría al mismo colegio de él.

Ay Dios, no sé realmente qué hacer con todo esto. Es todo tan confuso, que me siento solo un poco perdida. En mi vida, nunca me había sentido así, siempre estaba confiada en mi misma, tenía una seguridad muy grande en mí, y todo eso gracias a mi familia. Me hacían sentir tan mal, que al final terminé con un corazón de piedra, de hace mucho que no lloraba de esta forma tan desgarradora, así que le eché la culpa a la depresión del chico tan misterioso.

Ordené mi uniforme escolar, las medias, las calzas cortas que me había comprado para las clases de educación física y cosas deportivas.

Al ordenar eso, me puse un pijama de franela y me acosté en mi suave cama.

Respiré la almohada que tenía olor a mi champú de frutos rojos que ocupaba en mi cabello.

Todo era blanco, mi piel era blanca, los vaqueros y la polera de tirantes era blanca hasta mi cabello era rubio, no quería saber cómo eran mis ojos.

Cerré los ojos instintivamente, sentí una presencia que no era la mía. Abrí los ojos lentamente, a lo lejos un punto negro me llamaba la atención.

Corrí y corrí hasta ir acercándome cada vez más al punto negro. Comencé a aminorar el paso al darme cuenta que no era un punto, era una persona, un chico que tenía el cabello negro y los ojos color café claro, pero un café tan profundo…

Alrededor de él todo era negro, los vaqueros que llevaba eran negros y por Dios su torso estaba desnudo sin polera. Su piel se veía tan suave sin ningún vello o pelos por alguna parte.

Era simplemente un Dios.

Me sentía cada vez más cansada, y quería alcanzarlo con más rapidez pero mis pies no avanzaban, me comenzaba a enojar tanto, que termine por echarme a llorar de la frustración.

Mis rodillas tocaron el piso helado de color blanco. Lloraba y veía que el chico no hacía nada, me acosté en el piso y sollocé mientras mi cuerpo se entumecía, puse una mano en mi cara.

Entonces pude sentir el acercamiento de la maldad, de la ira, del odio. Unos fuertes brazos pasaron por debajo de mi cuerpo entumecido y me tomaron.

El odio me abrazaba cada parte de mi cuerpo, y sentía la ira hervir por mis venas, aún así, sus brazos me daban una seguridad inmensa.

Las sábanas estaban pegadas a mi cuerpo mientras la luz se asomaba por mi ventana. Mi respiración estaba anormal.

¿Qué te pasa, Kyra? Estás como una loca neurótica, por favor olvídate de ese chico tan idiota.

Me duché con una sonrisa en el rostro, canté en la ducha con el corazón. Me demoré una media hora y cuando salí, la puerta de la habitación de Christina estaba abierta.

Bajé la mirada, le debía una disculpa, y la verdad es que le debía más que una disculpa. Ayer la había tratado como cualquier cosa, como si no fuese mi hermana o mi tutora, sino como una enemiga.

Me puse unos shorts de mezclilla con una polera de tirantes color crema y una blusa a cuadros color violeta encima.

Bajé con el cabello tomado en una fina coleta. Christina estaba haciendo café y unas tostadas.

Al verla, mi corazón dio un vuelco. Olía mejor que otros días… Oh no, tenía que ir a beber sangre pronto, o si no iba a matar a la chica que me había salvado.

-Buenos días…- Me dijo ella con una sonrisa en la cara.

-No tienes por qué hacer todo esto, y eso de "Buenos días" de buen humor… Te debo una disculpa por lo de ayer, sabes que no fue mi intención…

-Lo sé, no te preocupes. Fue ese chico el que tuvo la culpa…- Asentí mientras me sentaba y con su cabello tomado podía ver como su vena yugular palpitaba.- Si quieres, puedes tomar algún color de mi aura… Y me entregas esa mala vibra…- Negué con la cabeza con el ceño fruncido.

-Haré una limpieza de aura, no importa, Chris.- Ella no parecía muy convencida- De verdad…- Agregué.

En la tarde salí de la casa con unos vaqueros celestes y una blusa a cuadros. Me dirigí hacia la cima de una montaña donde todo era tan pacífico, tan verde y tan tranquilo. Era el mejor lugar para una limpieza dicha y hecha.

Cuando comencé a centrarme en todos los colores habidos y por haber, las dudas sobre mi infancia llegaron a mi cabeza.

¿Cómo podía ser yo una cosa extraña que es mitad humano y vampiro? Mi madre nunca me dijo nada, mi padre tampoco. Quizás mi mamá estaba guardando un gran secreto de que se había acostado con un vampiro y por casualidad me tuvo a mí. No, eso suena muy fantástico. Quizás me adoptaron. Eso es más realista.

Pero al fin y al cabo, ¿quiénes son realmente mis padres? Y si en el caso que mis padres me hayan adoptado ¿por qué? Si después me excluyeron de su familia igual.

Necesitaba saber que pasaba con mis antepasados, que sucedía con mis herencias, o cosas por el estilo…

Algo arrastrándose sonó cuesta debajo de la montaña.

Corrí hacia el lugar rápidamente y tomé la mano de alguien que estaba cayendo y que hubiese tenido un muy feo accidente si no fuese por mí… pero, algo me dijo que no debería haberlo hecho, cuando sentí unos fríos colores traspasarse por mi cuerpo.