Era otro aburrido día en la agencia "Devil May Cry". Dante, el jefe y fundador, estaba recostado en su silla inclinada, sin su característica gabardina roja y con los pies sobre el escritorio. Desde el asunto de la ciudad de Fortuna, hacía medio año, parecía que las cosas se habían enfriado. El numero de trabajos había descendido drásticamente, y los pocos que había eran tan sencillos, que no merecían que fueran ambos, el y Trish, por lo que casi parecía que ella había vuelto a su trabajo como cazadora solitaria. Paradójicamente, al ser Trish más cuidadosa que Dante, los daños a la propiedad del cliente eran menores, por lo que la agencia finalmente empezaba a conseguir ingresos.
- Dios, casi empiezo a extrañar a esa molesta mocosa – decía, bostezando. Patty era una niña que, por distintas razones, había estado quedándose con Dante, al menos, hasta que lograron encontrar a su madre ¿Que edad tendría ahora?
Dio una mirada detrás suyo, allí estaba Rebellion. Su querida Rebellion. Un regalo de su padre. Una gran espada con una empuñadura de dos caras. De un lado, una calavera humana, del otro, un demonio.
La puerta del frente se abre. Dante fija la mirada, un poco esperanzado por un buen trabajo. Solo eran Trish. Con su característico corcet y pantalones de cuero, y las espadas demoniacas y parlanchinas "Agni&Rudra". Desde hacía un tiempo, Trish había dejado de lado la "Sparda" diciendo que "no era para ella". Desde entonces, las ha estado usando desde que las encontró guardadas en el sótano del edificio, junto a las otras armas que Dante conservaba de sus aventuras. Desde el incidente en Fortuna, Dante había vuelto a sellar la espada, y separar los colgantes, quedándose con el suyo. Cuando el momento llegase, le daría el colgante de Vergil a Nero. Hasta entonces, estaba guardado en la caja fuerte que casi nunca usaba.
- ¿Como les fue?
- Pues – empezó Agni – cuando llegamos a la iglesia…
- No era una iglesia, era una catedral – le corrigió su hermano
- No, las catedrales tiene obispos, y no vimos ninguno.
- Porque fuimos cuando no había nadie, para evitar llamar demasiado la atención.
- Pero quien nos contrató lo llamó…
Ambas armas se callaron cuando el ruido de un disparo surco sus oídos.
- ¿Recuerdan las reglas? – dijo Dante, con Ebony en su mano, apuntando al techo. Las armas callaron al segundo siguiente. Dante tiro la pistola sobre el escritorio y volvió a recostarse sobre la silla.
Trish apoyo un sobre de papel, que parecía contener algo, junto a las pistolas. Las señales de ya haber sido abierto, hicieron suponer que Trish ya había retirado un "adelanto" para comprarse más ropa.
- Necesito dormir – Dijo, caminando rumbo al piso superior.
El telefono suena. Trish vuelve la mirada a Dante. Dante da una patada a la mesa, elevando el tubo del aparato por los aires, hasta su mano.
- ¿"Devil May Cry"? ...¡Enzo! – grito, con alegría. Un viejo "amigo" de Dante, que a veces le conseguía trabajos. Algunas veces solo eran casos aburridos pero con buena paga, que Enzo trataba de hacerle tomar sin decirle toda la verdad, para así recibir una buena cantidad en su parte. Ese día, Dante estaba dispuesto a cualquier trabajo – ¿de que se trata, hombre?
Trish esperó a que Dante terminara. No le haría gracia que, al llegar a la cama, Dante entrase y le dijese que se preparase para el próximo trabajo. O peor, que se fuese sin decirle palabra, y dejándola para que atendiese alguna persona a la que Dante debiese dinero.
- Espera un minuto – alejo el tubo del oído y dirigió la mirada a su compañera – ¿tu siesta puede esperar un viaje a Europa?
Trish le dirigió una mirada fría y reanudo su camino al dormitorio.
- ¡Prometo traer recuerdos! – Volvió a colocar el tubo en su oído – Enzo, que sea un solo asiento.
Antes de salir, Dante se pone la gabardina, enfunda las pistolas, y cuelga su espada a la espalda. Ante de salir, le hecha un vistazo a la Force Edge, colgando a un demonio muerto en la pared. Tras mucho meditarlo (dos segundos…) la saco de la pared y se la colocó también a la espalda. Abrió la puerta con una patada y salió al exterior, esperando que Enzo no le diese una desilusión.
En cierta ciudad, de cierto país de Europa, un auto convertible de color azul surcaba la carretera durante el atardecer, la radio tocando Rock a todo volumen. En el viajaban un hombre bajo y con gran barriga, el conductor, y Dante, su pasajero, con los pies apoyados, detrás del vidrio del auto.
Enzo era un hombre cuarentón. Llevaba un abrigo marrón, un gorro, guantes y un par de lentes de sol.
- ¿Podrías bajar los píes? ¡Este auto es nuevo!
- Con tu suerte, de milagro te va a durar hasta mañana – decía Dante, sin preocuparse por sacarlos.
- ¡No es gracioso! ¡Con mis deudas Apenas puedo permitirme un auto!
- Tan mal no parece irte – señalo a la gran barriga. Enzo se quejaba mucho de sus deudas, pero comparadas a las de dante, pues…
- ¡Son iguales!
- ¿Quiénes? – preguntó, sin darle verdadera importancia.
- …No importa.
- Por cierto ¿Quién es el cliente?
- ¿Alguna vez te ha importado?
- ¿Alguna vez un cliente me había pagado un viaje de primera clase en avión?
- Pues… - un ruido de detrás lo interrumpió. Detrás de él había una criatura de tonos azules y grisáceos. Con lo que parecían guadañas en lugar de brazos, y sin cabeza, solo ojos en el cuerpo. Iba a atacar al conductor, pero una decena de balas le habían atravesado el cuerpo y tirado fuera del auto, no sin abollarlo, justo cuando Enzo, soltaba un grito de terror.
Danto hizo girar el volante con el brazo sin pistola, evitando chocarse con otro auto.
- ¿Alguna vez te he dicho que este lugar es tan animado como mi casa? – Enzo no escuchaba, aún estaba en shock por la abolladura del auto, y del demonio que casi le había decapitado.
- ¿Enzo?
- Mi…
Dante dio un suspiro y le golpeo fuertemente en la cabeza con el mango del arma, a la vez que esquivaba otro auto - ¿Quieres agarrar el volante de una vez?
A Enzo aun le dolía el golpe, pero a poner las manos en el volante. Siguiendo el recorrido.
- ¡¿De donde rayos salió esa cosa?
- Del mismo lugar que sus amigos – Dante guarda la pistola. Otros 5 demonios como el anterior aterrizaron estrepitosamente sobre el coche, abollando toda la parte trasera, y terminando de arruinar los asientos.
Dante colocó la mano sobre la empuñadura de su Rebellion. Y, girando todo su cuerpo a la vez, desenfunda y corta por la mitad al demonio más cercano. Sobre los asientos delanteros y con la mano derecha, agarra del brazo al siguiente, usándolo para azotar a los otros tres. Dos de los demonios cayeron del vehiculo, atravesando las puertas traseras para evitar caerse. El otro cae sobre los destrozados asientos de cuero. Dante tiro al que tenía agarrado del brazo, sobre el, y les clava a ambos la gran espada, atravesándolos a ellos y al asiento.
Por ultimo, retira las manos de la empuñadura, desenfunda ambas pistolas y las apunta a los dos demonios clavados a las puertas. Disparó sin parar, hasta que ambos cuerpos se soltaron y cayeron muertos en la carretera.
- ¡Dante! – grito Enzo, muerto de miedo.
Al volver la vista hacía el problema, su cara mostró una sonrisa. Al frente había una criatura de gran tamaño, con piel peluda y grandes cuernos en la cabeza. Sus puños eran del tamaño de un hombre adulto. Enzo pisa el freno con todas sus fuerzas, pero a esa distancia, el monstruo estaba demasiado cerca como para escapar.
El cazador de demonios vuelve a empuñar su arma y, haciendo uso de su monstruosa fuerza, la levanta con demonios y asiento incluidos. La velocidad del auto disminuye a la vez que Dante blande a Rebellion con todas sus fuerzas, enviando las tres cosas clavadas en ella contra el gigante. El impacto le hace retroceder.
Dante salta al mismo tiempo que el auto termina de detenerse. El demonio trata de golpearle con su puño. Pero, usando una de sus tantas habilidades, Dante prácticamente se mueve en el aire, esquivándolo, y en posición perfecta para cortar toda la muñeca del brazo. El puño cae al lado del auto de Enzo, quien no queda aplastado de milagro.
La bestia grita de dolor, levantando ambos brazos encima de la cabeza. Oportunidad que Dante, aferrado al brazo mutilado, aprovecha para soltarse. Desde el hombro izquierdo del monstruo, Rebellion empieza a realizar un corte limpio, atravesando carne y huesos, hasta llegar al costado derecho de la cadera, cortándolo en dos.
Dante aterriza sin problema en el suelo, de frente a la bestia, y con la espada sobre su hombro, apreciando como la parte superior se desliza para un costado destrozando la carretera. Da un soplo y la mitad inferior restante se desploma por detrás, creando mas ruido y destrucción que la parte superior.
- ¿Ya se acabó? – preguntó su obeso amigo, con las temblorosas manos en el volante del auto.
- ¿Acabarse? – decenas de los demonios mas pequeños, junto a otros tres igual de grandes que el anterior, surgieron de las sombras de la noche naciente. Danto desenfunda pistola y dispara un único disparo al mas cercano – la fiesta recién comienza.
Uno de los gigantes trata de aplastarlo con el puño, pero la mano libre de Dante lo detiene como si nada. El demonio trata de aplicar mas fuerza, pero no parece servir. Para dejar libre el brazo derecho, clava a Rebellion en el suelo.
Evitando soltar el puño, Dante consigue girarse para estar de cara al gigante. Coloca la otra mano en el gigantesco puño y, con su inhumano poder, se las arregla para levantar todo el cuerpo por los aires y azotarlo contra la carretera. Sin soltar el puño, lo hace girar, haciendo al monstruo gritar de dolor, hasta arrancarle todo el brazo derecho. Con su nueva "arma" golpea al gigante mas próximo.
El segundo gigante cae contra un edificio de su tamaño, destrozándolo.
Solo quedaba un gigante, que intento agarrar a Dante, pero no sirvió. Más que esquivarlo, parecía como si Dante se hubiera transportado con elegancia sobre la mano del gigante.
Con Pistolas en mano, empezó a recorrer el enorme brazo hasta llegar a la cabeza. Una vez en posición, empezó a disparar sin parar, a una velocidad inhumana, esquivando todo intento del gigante de sacárselo de encima. Finalmente el demonio, con el rostro desfigurado y chamuscado, cayo de espaldas, muerto, con Dante saltando en la dirección contraria, hacía el pequeño ejército de demonios.
Antes de caer, desenvaino su segunda espada, también en la espalda. La blandió al mismo tiempo que sus pies aterrizaban, cortando a media docena de demonio que le rodeaban. Mas demonios corrían a por el, aprovechando que no esquivaría en esa posición. En vez de eso, Dante levantó su mano libre. Rebellion, clavada en el piso, empezó a temblar, para finalmente salir volando de regreso a la mano de su dueño, cortando a varios por el camino. Volvió a girar, para matar al doble que la vez anterior.
Los restos se esparcían y más demonios se aproximaban, una danza de sangre a la oscuridad de la noche. Pero no parecía importarle, hasta se permitió bajar la guardia. Siguió sin importarle cuando la hoja de uno de los enemigos le atravesó el pecho. Solo hecho un vistazo, para luego dar vuelta las espadas, clavarlas en el demonio detrás suyo y enviarlo a volar varios metros en vertical.
Volvió a desenfundar las pistolas y empezó a disparar. Usaba las pistolas con una maestría soberbia, casi parecía un arte. Tira las pistolas para arriba, para agarrar ambas espadas, aun clavadas al demonio. Sin el menor esfuerzo, termino de rebanar al enemigo y continuó con la matanza. En ciertos momentos, tiraba las espadas al aire, para agarrar las pistolas, y viceversa. Las decenas descendieron hasta solo quedar uno, frente a Dante, con la Force Edge clavada, pero sin morir. El cazador apuntó una de sus pistolas .45 al enemigo. Solo dijo una palabra antes de disparar, pero que para el tenía mucho significado.
- Jackpot…
Espero que la pelea parezca creíble, me costó crear y que pareciera que el que peleaba era Dante. Espero, también, no haberla hecho muy violenta.
Pd: es la primera vez que lo pienso pero ¿no es Dante un poco masoquista?
