Esta sentada sobre una gárgola, en un edificio, descansando, mientras el sol se ocultaba. Harían unos tres meses desde que había derrotado a su padre. Habían sido unos meses muy activos. Desde que se había encargado de Jubileus, los Ángeles parecían estar más empecinados que nunca en reclamar su cabeza. Rodin decía que, con ambos lideres debilitados, el equilibrio entre Inferno y Paradiso parecía haberse estabilizado. Aunque estaba lejos de ser un equilibrio sólido. "Con ambos lideres más débiles que nunca, cada bando tiene desacuerdos de poder, solo es cuestión de tiempo para que alguien trate de ascender", decía Rodin. Lo que realmente le interesaba saber a ella era quien había vencido al tal Mundus quién, aun después de varios años, aún siguiera tan débil como para actuar.
Hace una voltereta para subirse al transparente ángel que trataba de atacarla. Entrecruza las piernas en su cuello e, inclinando todo el cuerpo para atrás, le obliga a chocarse contra los dos que venían en picada.
Se suelta al vacío para abrir un circulo mágico. Al atravesarlo, las personas sorprendidas por los escombros de gárgola se vuelven transparentes y los ángeles se vuelven claros y coloridos. Bayonetta gira todo su cuerpo y patea en la cabeza al ángel que volaba por debajo, en dirección a ella, disparando una de las pistolas en los pies, aprovechando el impulso para llegar a la pared del edificio más cercano. Con las manos rozando su ropa adherida al cuerpo, se pone de pie en la pared y aprecia a sus contrincantes: Affinitys. Ángeles guerreros con apariencia de ave, poseedores de lanzas en forma de cruz.
- que empiece el juego – dice, con una sonrisa y ajustándose los lentes. Empieza a correr, escalando el edificio, para impulsarse hacia arriba. Levanta sus pistolas y dispara al ángel que iba a su encuentro. Agarra la lanza en el aire y la usa para golpear a otro, impulsándose hacía arriba, llegando hasta la cima del edificio más alto de la ciudad, aterriza en cuatro patas. La superficie es plana y de varios metros. Un lugar perfecto para la una batalla en medio de la noche. Toca sus lentes con su mano, esta vez para hechizarlos. Se levanta con gracia, como danzando. Más Affinitys aparecían. Bayonetta disparaba, esquivaba, disparaba de dos a la vez, de tres a la vez, a veces hasta las cuatro armas a la vez. Con el pie, levanta en el aire una lanza caída, la agarra y se la clava en el pecho al mas cercano. Acerca su cuerpo al del ángel y, a centímetros de el, gira y retira el arma, haciendo gemir a la criatura de un dolor indescriptible antes de perecer. Diez Affinitys intentan atacarla con sus lanzas a la vez.
- ¡Witch Time! – grita.
Todo a su alrededor parecía congelarse en el tiempo. Pero solo se había ralentizado. Empezó a hacer como si agarrara algo en el aire, en dirección a cada uno. Su ropa parecía deshacerse a la vez que enormes puños negros, hechos de cabello, aparecían de la aplastaban entre sus garras a las criaturas aladas. El tiempo, y su ropa, volvían a la normalidad. Los Affinitys caían, agonizantes y sangrantes, ahogándose en su propia sangre, sobre la dura roca del edificio. Debilitado, solo quedaba uno de pie, entre los cadáveres de sus compañeros.
La bruja camina, con su seductor andar, en dirección al superviviente. Con un ademán, una especie de cámara de hierro redondo, con el rostro de una mujer grabado en la parte superior, apareció detrás del ángel. Sus puertas se abrieron, mostrando un interior lleno de pinchos. La bruja agarra al ángel por el cuello, lo levanta varios centímetros, y lo arroja dentro, sellando las puertas.
El viento rugía y más Affinitys aparecían, ahora con unos mas grandes, y azules. Iba a ser una larga noche…o no.
Ella no había hecho nada pero, sin razón, las criaturas empezaban a caer en pedazos, como si hubieran sido rebanadas por una filosa espada. Una voz a su espalda:
- Así que…tu eres la famosa…Bayonetta – era una grave, no demasiado. Y con un curioso acento. Hablaba como si saboreara cada palabra.
Se da la vuelta, pero no hay nadie, solo una rama con una flor, reposando en el suelo. Con los lentes hechizados, ve claramente la flor en la oscuridad de la noche: Una flor de cerezo.
Lo siguiente que ocurre, es algo que no se esperaba.
A pesar de la distancia y de la oscuridad, lo ve claramente. A la distancia, un edificio, el más alto del lugar, se derrumbaba. De haber sido otro tipo de situaciones, no le hubiera dado importancia, además del de ver el espectáculo. Pero sabía que era demasiada coincidencia para ser un simple derrumbe.
- Enzo, podrías llevar el… - se detuvo a media frase, al ver el estado en que había quedado el auto, grandes escombros sobre el capot del auto, el vidrio y la carrocería destrozados y lo peor de todo ¡la radio estropeada! Enzo parecía hacer lo imposible para no llorar. Dante saco los escombros como si no fueran nada. Volvió a su asiento, e hizo girar la llave, comprobando que el auto aún funcionaba.
- ¿Podrías llevarme a ese edificio? – señaló hacía el edificio con la parte de arriba derrumbada.
- ¡¿Por qué debería llevarte después de que destrozaras mi auto? – gritaba, furioso.
- ¿Porque acabo de hacer papilla a un montón de demonios, de los cuales solo hace falta uno para hacerte papilla a ti? – sugería, con una sonrisa.
Enzo meditó un segundo, se subió al auto y se puso en marcha hacía el lugar que Dante pedía.
- ¿Me recuerdas porque somos amigos?
- Creo que porque soy el único que te hace sentir que tus deudas no son tantas…
Caminaban por las calles oscuras, rumbo a cierto edificio.
- Ya tienes a tu estúpido ejército – aunque le sorprendía que convenciese a los principales líderes – ¿para que quieres reclutar a esta gente?
- Fácil – le explicaba Monam – es cierto que, gracias a ti, ya conseguí la gente suficiente para seguir el plan sin temor. Pero aún así, necesito gente fuerte y de confianza. Gente a quien confiarle tareas más…delicadas.
- ¿Conmigo no te basta? – decía, con cierto sarcasmo.
- No me malinterpretes. No habría logrado nada de esto sin ti. Eres una de los mas, si no es que la más, poderosos miembros de tu raza. Eres lista, estás bien informada y tus conexiones son una gran ventaja. Pero eres solo una persona. No se que eventualidades puedan surgir, pero necesito gente que pueda encargarse de las mismas con rapidez. Gente en la que pueda confiar. Gente que pueda actuar sin dudar. Gente lo suficientemente capaz como para destruir solos esta ciudad – extendió sus brazos mientras lo decía - pero lo suficientemente lista como para permanecer tanto tiempo escondida.
- y que les importe un comino lo que le pase a los angeles, los demonios…o a los humanos – agregó. Monam solo le dedico una risita divertida. Lo cierto era que se había conseguido a un grupo peligroso, pero inestable: El Nephilim, el Druida, ella, Cris y la única persona que consideraba su igual, si es que aceptaba unirse claro está. Lo cierto es que, modestia aparte, ellos cinco juntos fácilmente superaban al ejercito que habían reunido hacía apenas un mes. Lo cierto era que, si los lideres de los clanes decidían cambiar de opinión y atacarlos, podrían encargarse, y eso sin contar al hombre delante de ella.
Llegan al edificio. Beldanda toca el timbre de cierto habitación y, tras un rato, una voz atiende por el portero electrónico.
- Leo, soy yo, Beldanda.
- ¡BELY! – Gritó, como un niño en navidad – enseguida bajo.
¡Feliz navidad!...aunque es probable que cuando leas esto ya haya terminado, como sea.
En este capitulo, si bien es para hacer aparecer la otra protagonista, no quería hacerlo demasiado parecido al anterior, y quería adelantar un par de detalles importantes, por ejemplo, cuanto tiempo pasó entre el prologo y el primer capitulo. La "charla" entre Dante y Enzo no se si es algo que diría Dante, pero que se le va a hacer, me encantan ese tipo de respuestas.
