La gente se había agrupado junto a los escombros derrumbados. La parte superior del edificio se había desprendido y caído. Pero solo de un lado, como si algo enorme hubiera golpeado solo esa parte.

- Dudo que haya mucho aquí que sea de tu interés – Enzo comentaba, impaciente por atender a la cita programada.

- ¿Por qué no puedo apreciar destrucción que no a sido causada por mi mano? – se defendía. Mirando hacía la terraza semi-desaparecida. Algo llama su atención, es muy oscuro y esta muy lejos, pero Dante estaba seguro que había visto algo…transparente.

- Dante ¡tenemos prisa! - le apresuraba su supuesto amigo.

- De acuerdo, de acuerdo – pero aún se preguntaba de donde habían todas las hojas en el piso, demasiadas como para provenir de cualquier árbol plantado por allí…


El vehiculo logra frenar a la entrada de un gran museo, antes de que el motor les dijera que esa era la ultima vuelta.

Dante miro al gran edificio. Luego miro alrededor, por si era en otra parte. Después volvió a mirar al museo. Por ultimo a Enzo.

- Si, el trabajo es en un museo.

- Espero que no me hayas vuelto el niñero de algún jarrón lleno de polvo – Decía con cierto enfado. No le gustaban los museos, eran aburridos y siempre que rompía algo, sus deudas tocaban el cielo. Lo peor era cuando para cumplir el trabajo TENÍA que romper algo. No podía hacer entender al cliente que eso que rompió era lo que había traído el problema en primer lugar. Generalmente no le importaba los problemas que le traía su falta de cuidado a la hora de pelear, pero los museos siempre le traían un peor tipo de problemas.

Suben las escaleras en la entrada, para ingresar a la sala de recepción. Un lugar con varios pasillos, que llevaban a distintas secciones, adornado por una escalera que llevaba a los pisos superiores. Había un hombre en traje, esperándolos.

Tras un rápido saludo entre el y Enzo, los condujo hasta su oficina, entre varias muestras. Lo que le llamó la atención no eran los objetos de quien sabe cuantos años, sino las señales de batalla que mostraban algunas partes, incluso había pasillos y salas cerrados donde parecían haberse resignado a ocultar los grandes destrozos que tenían, algunas paredes tenían garras grabadas, otras se habían derrumbado. La oficina, con una placa que rezaba Director, estaba llena de todo tipo de jarrones de todos los tamaños. Dante agarro uno de buen tamaño y se lo puso a examinar, mientras el director empezaba a explicarse.

- Hará menos de una semana, unos ladrones intentaron robar una reliquia que llevamos exhibiendo desde hace un buen tiempo. En fin, uno de los miembros de seguridad fue al lugar una vez salto la alarma

- Déjame adivinar ¿jamás volvió?

- Así es.

- ¿Y los ladrones?

- Las cámaras fuera del edificio muestran que salieron corriendo con las manos vacías

- ¿Fuera? - preguntó Enzo.

- Desde esa noche, ninguna cámara dentro del museo funciona. Hemos tratado de arreglarlas pero es inútil.

- Pero la cosa no terminó ahí ¿verdad?

- Pues…no, desde esa noche, hemos tenido gente que a resultado herida por dios sabrá que, gente que jura haber visto sombras moverse, gente desaparecida…incluso gente muerta. Además, como ya habrá notado, de los numerosos destrozos en el edificio.

Dante, jugueteando con el jarrón, se quedó meditando un minuto, antes de decidir. Los museos siempre le daban mala suerte, mejor estar preparado – es probable que, eliminando esta cosa, las muestras puedan resultar…

- Tiene carta blanca en el asunto – soltó de pronto el director, comprendiendo a que se refería. El shock fue tal que Dante soltó el jarrón y este se rompió en el piso.

- No se preocupe, todos los jarrones de aquí son imitaciones.

- ¿Me da carta blanca para actuar? – Nadie que lo conociera le daba carta blanca. Era de locos.

- ¿Le da carta blanca para actuar? – repitió Enzo.

- Esta…cosa esta destruyendo mi museo, tarde o temprano lo logrará. Prefiero un montón de destrozos en una noche, antes de ver, impotente, como este edificio se hunde poco a poco, noche tras noche – explicaba, con una voz que señalaba que había meditado mucho su decisión – Solo le pido, Sr. Dante, que esto acabe esta noche.

- De acuerdo…un momento ¿que pasó con eso que se querían robar? – se le había pasado por alto.

- ¿eh? Pues lo dejaron y sigue en exhibición - explicaba, extrañado.

- ¿Dónde?

- Siguiendo este pasillo, la ultima sala a la izquierda.

- ¿Qué ocurre? – Preguntaba Enzo, pero Dante ya había salido, decidido. Enzo le siguió, no sabía porque.

Siguiendo las indicaciones, Dante llego al lugar, y allí estaba, sobre un pedestal y protegido por una caja de cristal. Era una gran roca, que parecía ser parte de una tabla escrita que se había roto hacía mucho. Podía parecer normal, pero Dante podía sentir la energía que de ella provenía. No era energía demoníaca, pero no era de este mundo, con eso le bastaba. Saco su Rebellion y la agarró con ambas manos. Enzo estaba detrás.

- Dante ¿Qué crees que…?

El cazador dio un paso y blandió el arma con todas sus fuerzas contra la caja de cristal. La fuerza fue tal que no solo corto la caja de cristal, sino también el pedestal, el piso delante de el y parte de la pared, levantando una nube de polvo.

El director llegó justo cuando la cortina desaparecía. Dante apoyo el arma en su hombro, gimiendo en descontento. A pesar de la fuerza puesta, la roca no tenía ningún rasguño.

Dante dio un gemido de descontento. Esperaba que eso bastara.

- ¡¿Estas loco? No puede ir por ahí cortando lo que…

Enzo no termino la frase y Dante ya se había dado vuelta y bloqueado, con la palma desnuda, el ataque del demonio que había aparecido detrás suyo. Saca la pistola y le dispara a quemarropa


Había salido de milagro. Había tenido suerte de escapar con solo un par de rasguños. No pudo predecir que esa flor estaría hechizada. Esa flor se había convertido en una criatura vegetal gigantesca. Destruyo parte del edificio, antes de secarse por completo y convertirse en hojas. La mayoría habían caído al suelo, pero había algunas flotando en el aire, señalando un camino. Camino que ella estaba siguiendo. Camino que la llevaba a…


En el otro lado del mar, un individuo entraba a cierto lugar, por una cita importante. Allí, se sentó en el lugar antes ocupado por la persona que acababa de perde una partida de póquer contra la mujer frente a el.

- ¿Lady supongo?

La mujer repartió las cartas - ¿Eres Luka Redgrave?

- Si, hablamos antes – descartó tres cartas de su mano y recogió otras tres.

- Un trabajo de guardaespaldas ¿no? – descartó dos

- …originalmente – agregó, ante la inesperada belleza (y poca ropa) de su nueva guardaespaldas. Descartó otra.

- Supongo que ya sabes que, con los humanos, este trabajo es mitad habilidad, mitad suerte - No descartó. Mostró un póquer de ases.

- Dame. Con Luka, no hay suerte – reveló su juego, una escalera real – solo habilidad.


La batalla se había trasladado a una habitación contigua. Enzo y el Director ya habían salido corriendo. Por el bien, algo menos de que preocuparse. Solo debía preocuparse de acabar con esta peste. Los recordaba, a pesar de cuanto tiempo había pasado desde la última vez que los había visto, blandiendo sus guadañas. Bloquea un ataque, con un rápido movimiento, se pone detrás del demonio y le clava el arma. Vuelve a moverse con gracia, para pasar esquivar el ataque de varios enemigos. Saca su arma y embiste a los que tiene enfrente.

Gira justo para esquivar la lanza de uno de aquellos enemigos transparentes que no conocía. Con su rebellion, corta lo que cree que es el cuello. No sabía que eran esas cosas, solo sabía que no eran sus amigos y tampoco de los demonios.

Saca la pistola y le dispara al demonio que quería recoger la roca. No sabía porque la querían, pero no iba a darles el gusto de llevársela en sus narices. Corre y, con la espada, levanta la roca en el aire. Con el reverso de la espada. Golpea la tabla para lanzarla a un grupo numeroso. Si lo de antes no bastaba para romperla, tampoco ahora. Los demonios se alejan. Dante no sabía porque. Hasta que se dio vuelta, y una guadaña atravesó su estomago...


- ¿Necesita ayuda? – preguntó una voz amable.

- No, solo quería…apreciar un poco la gran estatua de ahí – contestó, señalando la gran escultura de un caballero de aspecto demoníaco, apoyando su espada en el suelo. Estatua con claras señales de haber sido reconstruida, como el resto del lugar, pero que aún así quedaba hermosa y en perfecta armonía con el resto del lugar.

- ¿le gusta?

- Siempre tuve cierto gusto por esculturas de ese tipo, me llamo Bianco, por cierto – se presentó. Su ropa, chaqueta incluida, era completamente negra, como su cabello, corto y alborotado. En el banco a su lado había una mochila de viaje y una especie de palo largo envuelto.

- Soy Kyrie – se presentó – Si necesita algo…

- Pues, si no es problema ¿podría dejarme solo un minuto? – empezó a buscar algo en su mochila. Para luego mostrarle un papel en blanco y un lápiz – me gusta la soledad cuando dibujo.

Kyrie sonrió y dijo – Por supuesto, si necesita algo solo llámeme.

Caminó lejos del visitante, hasta una puerta trasera. Sintió una brisa que la hizo dar vuelta, pero no vio nada ni nadie…ni siquiera a Bianco. No le dio importancia, pensando que era probable que, desde su posición, le costara verlo, y siguió su camino.

Bianco la vio irse. El ya no estaba donde se encontraba antes, ni siquiera al nivel del piso. Estaba frente a una placa de metal considerablemente alejado del suelo. Esa placa , ubicada en uno de las pocas partes que no habían necesitado ser reconstruidas, estaba bien escondida. Pero, a la vez, muy visible. Se podría decir que no la encontrarías a no ser que la estuvieras buscando. Esta rezaba la frase "algunas puertas jamás deben abrirse". Con su puño rompió la placa y la pared detrás de ella y saco un pedazo de roca escrito. Descendió al suelo y guardo la roca en su mochila. Se preparaba para irse, hasta que vio el lápiz y papel. Miro de nuevo la espada y dijo en voz alta - ¿Por qué no? – Tras lo cual se sentó y empezó a garabatear la hoja.


Estaba contra el destrozado techo del edificio. Con la guadaña atravesándole el estomago. Su enemigo era esa versión más grande de los otros demonios. Cierra los ojos y usa otra de sus habilidades. Cae al suelo y golpea al gran demonio con la Force Edge. El demonio suelta al cautivo Dante quien cae al suelo y saca su Rebellion. Con su doble a su lado, esta listo para la segunda ronda. La criatura grita con su aguda voz y desaparece entre una neblina oscura. Aparece desde otro lado y carga contra ellos. Ambos dantes lo esquivan, pero no esos seres transparentes que se habían quedado observando. Volvió a cargar. Volvieron a esquivarlo, pero esta vez, cada uno al lado, golpearon al demonio con sus respectivas armas. El clon de Dante vuelve de donde había venido. Con ambas armas en mano, corre al enemigo y blande ambas espadas. El demonio cae contra la pared y la destruye. Cayendo al exterior del primer piso.

Dante se rasca la cabeza.

- Juraría que antes, esa cosa era más fuerte – ¿o era otra de esas cosas idénticas a esa cosa? Recordaba haber enfrentado dos al mismo tiempo…

Esquiva el disparo. Alguien entra por el agujero que acababa de abrir. Al verla, Dante abrió bien los ojos. Era bonita, tenía que decirlo. Su ropa negra adherida al cuerpo no dejaba mucho a la imaginación y, tenía que decirlo, las chicas con anteojos siempre le parecieron bonitas.

- Parece que me he perdido la diversión – decía con acento ingles, mirando el desastre.

- Al contrario – guardo ambas armas, acercándose a ella – la diversión acaba de empezar. Preciosa.

- Ya lo creo – Con arma en la mano apunta a donde estaba Dante, para descubrir que ya no estaba ahí. Gira y apunta, pero antes que dispare, Dante usa su pistola para desviar el arma y que dispare lejos de el. Lo mismo con la otra. Lo mismo hacía la bruja contra el demonio cuando era el quien trataba de disparar. Cuando trataba de disparar con las armas de los pies, el se las arreglaba para esquivarlo, aunque le rozara. Todo esto lo hacían con una velocidad y reflejos extraordinarios, lejos de lo que un humano normal podría alcanzar. Al final, cada uno tiene una mano restringiendo a la otra y una mano apuntando a la cabeza del otro.

- Me llamo Dante.

- Llámame Bayonetta.

Ambos contrincantes se alejaron una prudente distancia. Dante guarda las pistolas y saca a Rebellion. Listo para otra ronda.


Proposito para este año: conseguirme una nueva Pc...y dominar al mundo, claro esta.

Sobre el capitulo, originalmente pensaba que Luka y Lady se encontraran de coincidencia. Pero entonces me costaba encontrar una razon para que eso ocurriese. Fue entonces cuando descubrí que lo mejor(y mas divertido) era que Lady estuviera actuando como guardaespaldas de Luka. Porque necesita Luka guardaespaldas? Es probable que haya aprendido a no meterse en asuntos paranormales sin un poco de ayuda, y que mejor ayuda que una mujer con bazooka?

Dios, que manera de desvariar por un detalle que quizas ninguno se pregunte... en fin, feliz año nuevo!... aunque sea un poco atrasado.