"Amar es haber amanecido
sin habernos explicado
cómo sin haber dormido
pudimos haber soñado."
-Pleito de amar y querer, Andrés Eloy Blanco.
Cierto japonés se levantó de la cama. Aun algo somnoliento se sentó en el bordillo. Las memorias de la noche anterior aun retumbaban en su cabeza. Mitos, Dioses, sirenas, Heracles… Sí, aun lo recordaba con claridad. ¿Había sido un sueño? Se miró en el pequeño espejo de su camarote. Igual que la noche anterior recorrió con sus dedos sus labios. No, no había sido un sueño. El recuerdo de la cálida sensación de los labios del griego sobre los suyos hizo que se estremeciera un poco. 'Mi primer beso….' Se recordó mientras se ponía sus ropas y unas zapatillas para salir a desayunar.
¿Qué debía hacer? ¿Hacer que se responsabilice por sus actos o evitar el tema? Su espíritu japonés le exigía confrontar al griego, aunque por otra parte su tímida personalidad se lo impedía, además, ¿qué significaba todo eso? Estaba bastante seguro de que un beso era una señal de amor entre dos personas. Se sonrojó. ¿Acaso Heracles sentía algo por él? Y más importante, ¿sentía él algo por el griego?. Sí, sin duda se había encontrado más de una vez teniendo pensamientos de ese tipo por el griego, pero…. Sacudió su cabeza, alejando todos esos pensamientos de sí. Habría que pensar en eso luego. Lo importante ahora era rescatar a los demás del eje. Italia-kun y Alemania-san. Suspiró y salió a cubierta.
"Buenos días, Japón san" lo saludo el griego a penas lo vio aparecer.
"Ohayo gozaimasu!" el japonés se sobresaltó e hizo una profunda reverencia que ocultara el carmesí de sus mejillas. Demonios. No podía mirarlo a los ojos después de… aquello.
"Tengo noticias, Japón-san." Dijo Heracles mientras tomaba café sentado en una mesa más allá. "Mis hombres me han informado que la tormenta de anoche nos ha desviado del rumbo. Unos cuantos grados, por suerte."
"¿Nos retrasara mucho ese inconveniente, Grecia-san?"
"Lastimosamente. Dos días más… o un día si mis hombres trabajan a tiempo completo"
"Por favor, haga lo que sea necesario. Empiezo a temer por Italia-kun."
"Pero dijiste que no te preocupaba que estuvieran heridos por el naufragio."
"No es eso. Tengo miedo de que Alemania-san lo mate. No sé cuan seguro sea que esos dos pasen mucho tiempo juntos."
El griego no pudo evitar reír. Se levantó y se acercó al japonés, revolviéndole el cabello. "Seguro están bien, Kiku. Apuesto a que se están llevando de maravilla."
"Eh…sí…, espero lo mismo." Un escalofrío recorrió la espalda del japonés mientras sentía los dedos del griego acariciando sus cabellos.
"¿Desayunamos?"
"Sí, si no es mucha molestia."
"Si es por Japón-san nada es molestia." Y rápidamente le dio un beso en la mejilla antes de adentrarse en las cocinas. El japonés sintió arder el lugar donde el griego había posado sus labios. ¿Qué…. Qué era todo eso?
"ahh… Ludwig! ¡Qué hermosa mañana que hace hoy! ve~ ¿no crees?"
"Sí…. Supongo" Ludwig observó en silencio como el italiano corría por toda la isla como un niño pequeño, hablando de lo hermoso del sol, lo azul de mal, lo fresco del aire. Todo.
"Hay que desayunar, ve~" dijo Feliciano sentándose en la arena y poniendo sus manos sobre su estómago. "Tengo hambre…"
"Hum… " Ludwig miró a su alrededor hasta encontrar un rama de árbol enterrada en la arena. "Habrá que pescar." Dijo mientras sacaba una cuchilla de su pantalón y empezaba a darle forma de flecha a la rama.
"Oh… Ludwig es tan hábil y fuerte…." Feliciano de repente pareció un poco triste "Desearía que yo fuera útil como Ludwig…." Dijo casi susurrando.
Ludwig detuvo su tarea. "No digas eso, Feliciano. Tú…. Tú eres muy útil."
"No! Yo sólo sé hacer las labores de la casa…. Como cuando vivía con el señor Austria y la señorita Hungría. Siempre sentía que era una molestia. No sabía pelear y era muy débil… Ludwig en cambio es macho y muy fuerte. Nunca se rinde y nada le da miedo. Es muy valiente también. Además, me protege y siempre sabe qué hacer… Yo sólo sé hacer pasta." Sonrió. Pero no era una sonrisa feliz.
"Feliciano…" dijo Ludwig jalando al italiano en un fuerte abrazo. "No... ,nunca más… digas algo así" El italiano abrió los ojos mucho, sorprendido de la reacción del alemán. "No eres inútil. Para mi eres… eres…" No pudo terminar la oración, tenía miedo de decirla. 'Lo eres todo', pensó sin abir la boca. Por suerte a Feliciano no le importó, si no que simplemente se abrazó más a Ludwig, dejando reposar su cabeza sobre el amplio pecho del mayor.
"Gracias…, Ludwig."
El alemán aguantó la respiración un rato mientras el italiano aun lo abrazaba con fuerza. ¿Qué era todo aquello que sentía? Pronto Feliciano rompió el abrazo y se levantó, tan animado como siempre.
"Ve~ Ludwig, vamos a nadar!" y sin más salió corriendo. Tirando la chaqueta de Ludwig por ahí. La camisa por allá, y el pantalón un poco más allá. Ludwig suspiró. 'Feliciano nunca cambia'. Sonrió.
Sin embargo el siguió con su labor hasta tener una punta perfectamente afilada y mortal. Se remangó el pantalón hasta la rodilla y se metió al mar, esperando.
Por unos momentos nada pasó. Habría pasado cerca de una hora cuando lo vio. Un destello plateado se deslizaba bajo la superficie. Con mucho cuidado y tal como le habían enseñado en el ejército, Ludwig dio unos pasos hasta encontrarse relativamente cerca del animal. Y entonces en un pestañeo, lanzó la flecha, acertando en el blanco. Varias horas después tenía suficientes peces como para almorzar los dos y quedar satisfechos.
"¡Feliciano!" lo llamó mientras intentaba dar fuego a la fogata de la noche anterior con unas rocas. El italiano lo escuchó y nadó hasta la orilla, para luego correr a su encuentro.
"Lamento la demora. Sé que tenías hambre... pero esto toma su tiempo. Para la cena seguro estará listo."
"No importa, Ludwig. " Sonrió. "Encontré unas frutas hace un rato y las comí. Estaban deliciosas, por cierto."
"Ah… ya veo." Dijo el alemán, rezando por que no fuera nada venenoso.
"Ludwig… ¿aun te falta mucho..?"
"Ja." Respondió sin alzar la mirada y continuando su tarea.
"¿…Seguro?"
"Ja"
"¿Ya casi?"
"No, Feliciano."
"Y ahora?"
"No."
"Hum…" una traviesa sonrisa se formó en los labios del italiano. Se levantó en silencio. Rodeándolo. Una vez atrás él sonrió. Tenía una idea. Ludwig por su parte, seguía frotando las rocas sin éxito, esperando alguna chispa que avivase el fuego, así que no notó la presencia del italiano caminando sigiloso hacia él.
"Boooo!" gritó Feliciano en el segundo que agarraba a Ludwig de la camisa y comenzaba una guerra de cosquillas.
"F-feliciano!" gritó el incauto alemán al mismo tiempo que le sentía las manos del italiano en sus costados y empezaba a reír. El italiano parecía muy feliz de hacer reír al alemán, por lo cual no estaba dispuesto a detenerse pronto. Por un buen rato continuaron haciéndose cosquillas y riéndose como histéricos en una batalla que Feliciano iba ganando. Cuando pensaron que se quedarían sin aire si seguían, pararon. Acabaron tendidos en el suelo, la mano del italiano levemente rozando la del otro, agitados, sin aliento y aun riendo como idiotas. Cuando sus risas empezaron a desvanecerse se miraron. 'Tan lindo' fue el pensamiento inmediato que cruzó la mente de Ludwig. Ver al italiano de esa manera, tendido en el suelo, agotado, pero con una amplia sonrisa le hacía sentir el urgente deseo de…¿ besarlo….? Lentamente extendió su mano hasta que sus dedos hicieron contacto con la suave piel del italiano.
"L-ludwig..?" dijo el italiano sin entender bien lo que pasaba. En un momento casi hipnótico, ambos empezaron a inclinarse hacia el otro, lentamente cerrando sus ojos y entreabriendo sus labios. Faltaban pocos centímetros para que sus labios se tocaran…, y entonces Feliciano apartó la mirada, se levantó y retrocediendo algunos pasos.
Ludwig se sorprendió un poco y se levantó también, muy avergonzado como para levantar la vista. "F-Feliciano…, lo siento, yo… no sé..." la excusa de Ludwig fue rápidamente interrumpida por Feliciano.
"Hey, Ludwig, ya casi anochece. Deberíamos prender esa fogata rápido. ¿No? Buscaré más leña" Sonrió y salió corriendo, sin esperar respuesta, adentrándose en el bosque a sus espaldas. Ludwig suspiró, muy confundido y sin saber que pensar de lo recién ocurrido. Sea como sea, era verdad, el cielo pintaba anaranjado y pronto oscurecería por completo. Había que trabajar.
Feliciano regresó pasados unos minutos con bastantes leños en sus brazos. Quizás demasiado para lo que él podía cargar, Así que Ludwig se ofreció a ayudarlo. Feliciano aceptó la ayuda sonriente, sin embargo ninguno de los dos se miraba a los ojos.
Dos horas después ya había prendido una cálida fogata y terminaban de comer su tercer pez. Ludwig en verdad era bueno pescando. Feliciano terminó de comer y se llevó una mano al estómago, estaba repleto.
"Ah, Ludwig, estoy lleno. Gracias por la comida."
"Ja. No hay de que, Feliciano."
Y el silencio reinó de nuevo. Ludwig se preguntó si sería bueno hablarle, decir cualquier cosa. Algo que rompiera el silencio. Pero Feliciano habló primero.
"¿Crees que nos rescaten pronto, Ludwig?"
Ludwig parpadeó algunas veces, sorprendido por la pregunta. Lo pensó por unos momentos y respondió. "Sí, claro que sí. No te preocupes, Feliciano. Sé que Japón vendrá en nuestra ayuda… pronto." Se detuvo y miró a Feliciano, quien sólo observaba el fuego en silencio, muy perdido en sus pensamientos y con una expresión indescifrable. "¿Te preocupa?"
El italiano alzó la mirada por primera vez desde la tarde. "No, No me preocupa. Te lo dije ya, ¿no? Sí estoy con Ludwig no estoy asustado." Le sonrió por unos segundos antes de mirar al fuego otra vez. Pareciera como si quisiera decir algo pero no se atrevía. Ludwig tampoco quiso preguntarle si le pasaba algo, así que sólo guardo silencio.
"Todo saldrá bien, Feliciano."
"Lo sé".
Y después de eso ambos callaron. El sonar del fuego y el romper de las olas era lo único que perturbaba el silencio. Ludwig miró inquieto de un lado de otro, preguntándose que hacer ahora. Feliciano en cambió continuó mirando la fogata en silencio. Los minutos pasaron y tal vez se convirtieron en horas.
"Eh, si eso es todo…me retiro, Feliciano. Creo que… es hora de dormir." Se dio media vuelta, creyendo que lo mejor era alejarse un rato. Tal vez en la mañana todo estaría normal. Tal vez al amanecer Feliciano olvidaría el 'incidente' y volvería a actuar como el bobo y optimista italiano que era.
"Ludwig!" el llamado de Feliciano lo detuvo. Lentamente se dio la vuelta.
"¿Si, Feliciano?"
El italiano apartó la vista y metió las manos en sus bolsillos. Inhalo profundo antes de continuar. "Recuerdas… lo qué hablamos ayer?"
El alemán abrió los ojos, recordando con detalle aquella conversación. "S-sí…, la recuerdo. ¿Por qué, Feliciano?"
"Hum… ¿recuerdas que… me preguntaste si alguna vez me… había enamorado?"
"Ja. Me dijiste que no… que sólo habías tenido varios amoríos con chicas, pero nada parecido al amor. ¿Me equivoco?"
"Essato. Eso dije… aunque… tengo mis dudas al respecto." Le echo una mirada a Ludwig, quien por algún motivo sentía su corazón latir cada vez más rápido en su pecho.
"Hum… es que acaso… ehm….acaso estas.. ¿Enamorado de…alguien, Feliciano?" Ludwig tragó saliva. ¿Había una persona que poseyera el corazón de su italiano? ¿Quién sería? ¿Hungría, Bélgica, Liechtenstein, o alguna de las locas hermanas de Rusia? Había tantas opciones. Sí, seguro era una de ellas, después de todo eran muy hermosas, y Feliciano sentía debilidad por la belleza. ¿Por qué habría de fijarse en él teniendo a todas esas bellezas a su alcance? El italiano no era mal parecido y además… era hombre, ellas mujeres. Era de esperar. Aun así sintió algo dentro de sí caerse a pedazos. Como si una esperanza en su interior se desmoronara. Como castillos de arena siendo arrasados por el mar.
"No lo sé. Estoy confundido… Por eso quería hablarte. Tal vez tú puedas ayudarme a saber lo que siento. ¿No, Ludwig?"
El alemán rió quedamente. "¿Yo ayudarte a ti? Pero si soy yo el que no sabe nada del amor. Soy yo el que está confundido… no más ayer me pase haciendo todas esas bobas preguntas… ¿Por qué creíste que yo podría ayudarte?"
"No eran bobas. Eran muy lindas. Además… me hiciste replantearme ciertas cosas… y, ya que eres mi mejor amigo pensé…que podrías ayudarme, ¿me equivoco?"
El mundo se le vino abajo a Ludwig. Mejor amigo. Sí, eso era lo que él era para Feliciano. ¿Cómo podían esas dos palabras doler tanto? "Si… soy tu mejor amigo. Te escuchó" Ludwig forzó una respuesta que no sentía y fue a sentarse en frente de él, al otro lado de la fogata.
"Pues veras…" hizo una pausa, como decidiendo si debía seguir o no. Pero si no hablaba ahora, no lo haría nunca, y eso sería mucho peor.
Chicos, espero les guste el capi! Creo que lo hice al apuro, asi que espero que todo este en orden y les agrade XD
primero que nada mis disculpas por la demora. He tenido un monton de inconvenientes, pero aquí esta, contra todo pronostico jejeje
Segundo, este es el capi más largo hasta ahora, y estoy casi segura de que el Sgt será aun mas largo :P como ya son los dos últimos tienen q ser largos XDD si, yo se, q desde el capi 2 vengo diciendo q el q sigue es el ultimo XD pero es q ustedes me apoyaron y me inspiraron a seguir escribiendo! Asi que me fui inspirando y haciéndolo mas largo de lo esperado n.n originalmente iba a ser un one shot, luego una trilogía y miren no mas XDD
Pero en serio, asi me tome 5000 palabras el que sigue es el ultimo!
Un review sería bien apreciado... kolkolkolkolkol -se crea un aura maligna a su alrededor- XD
