Okis, un capi mas n.n un poco menos largos que los otros, pero es que tuve q cortarlo o si no quedaría muy largo D:

Gomen por el atraso DXX pero he tenido poca motivación para mis fics u.u tengo 6 y pues sin motivación me demoro siglos u.u aun asi, espero lean y les guste n.n si les gusta hay uopdate pronto, si no, NO (¿?) XDD

Bien! Ya casi se acerca lo bueno XDD

Lean n,n


Feliciano jugaba con sus manos, torciendo los dedos y haciendo figuras imposibles. Por un largo rato sólo miró el fuego, y Ludwig sentía su corazón latir más rápido, temiendo lo que seguiría.

. "Ludwig…" dijo quedamente, casi como si no quisiera que el otro escuchara. "sobre lo que hablamos ayer….yo…" se detuvo. Un recuerdo cruzó por su mente. Un recuerdo de la única persona a la que había amado. Y a su cabeza le llegó el recuerdo de una promesa. Una promesa que él mismo hizo hace muchos años. Siglos quizás. Y el recuerdo de esa promesa lo detuvo. Lo detuvo de decirle a Ludwig aquello que hace tiempo no sabía cómo expresar. No podía. Simplemente no podía.

"¿Sí, Feliciano….?"

"No… no es nada…."

"Claro que es algo. Solo dime. ¿Es que te gusta alguien, Feliciano?"

Dudo unos segundos antes de responder. Aquella memoria aun dando vueltas en su mente. Sin alzar la mirada, asintió lentamente con la cabeza.

"¿Y te gusta mucho esa persona…, Feliciano?"

Silencio. Si decía que le gustaba esa persona…¿Estaría bien? Pero… ¿y su promesa? ¿Si le gustaba alguien más… ¿rompería esa promesa? Y aunque no fuera así, ¿Qué era lo que en verdad sentía por esa persona? Sintiéndose confundido, prefirió negarlo.

"No, Alemania. A veces creo… creo que me gusta pero… no creo que este bien…" sintió el peso de su pasado atarlo con poderosas cuerdas, cuerdas que le impedían avanzar. Era el pasado con toda su fuerza recordándole que no era libre. Estaba atado por una promesa.

Una expresión de dolor, y algo que pareció confusión cruzo el rostro del italiano. Fue breve, pero el alemán lo notó. Y a pesar de eso, Ludwig sonrió, tratando de darle la mayor confianza y seguridad posible, como siempre había hecho. Sonrió de la manera que hacía que Feliciano dejara de llorar, de la manera que hacia al italiano sonreír, y de la manera como solo un mejor amigo haría. Sí, porque en ese momento, sin importar cuanto le doliera, Ludwig era su mejor amigo, y nada más. Porque a pesar del dolor en su pecho cuando Feliciano aceptó que le gustaba alguien, él igual sonrió. Y seguiría sonriendo, hasta ver a su italiano sonreír, así fuera con otra persona. Verlo feliz con alguien más, asi significara la ruina propia. Porque eso es lo que los mejores amigos hacen, ¿verdad? No, claro que no, esto era mucho más que amistad. Esto era aquel sentimiento imposible de describir, aquello que nunca había sentido, pero que todos dicen conocer. Esto era amor. Pero no cualquier amor, era un amor no correspondido. Imposible. Prohibido.

La expresión de dolor de Feliciano le provocó ganas de ir a su lado, abrazarlo y decirle que todo estaba bien, que no se preocupara. Que él siempre estaría ahí, y que lo amaba. Con todo su corazón. Sin embargo sólo permaneció a la distancia. Sonriendo amargamente, intentando alejar aquellos pensamientos de su mente. Pero era difícil. Era mucho más que difícil. Con cada palabra que el italiano decía, solo aumentaba sus ganas de cogerlo entre sus brazos y sostenerlo; besarlo y acariciarlo y recorrer con sus manos la virgen piel del menor. Pero seguía sonriendo, y al mismo tiempo, sentía todo su mundo colapsar, caer a su alrededor. Todo porque sabía que la persona de la que Feliciano hablaba no era él. Todo por ver el alegre rostro de Feliciano confundido y dolido por una emoción que ni siquiera él mismo comprendía bien. Ambos cegados por ese sentimiento que en algún lugar de sus pechos reconocieron como 'amor' y que tanto les costaba entender.

A veces una sonrisa solo oculta que mueres por dentro.

"Feliciano... si no quieres contarme… está bien. Pero cuando quieras hablarme…. Eh pues… sólo dime, ¿si?" el alemán se levantó y sacudió la arena de su pantalón, buscando con la mirada un lugar donde dormir.

Feliciano mientras tanto permaneció en silencio, con la mirada en el suelo y expresión triste. Ludwig encontró un árbol lo suficientemente cómodo como para reclinarse y dormir. Solo esperaba que en la mañana todo estuviera bien, y que la sonrisa de Feliciano volviera brillar, iluminando cada rincón de su alma. Se sentó en la arena y cerró sus ojos, cruzándose de brazos para protegerse del frio y encontrando la manera menos incomoda de dormir contra aquel árbol. El crepitar de las llamas aun sonaba, lo cual significaba que Feliciano aún seguía despierto. Poco a poco el cansancio fue apoderándose de él, y el mundo se volvió oscuridad completa, mientras su mente empezaba a divagar.

El italiano alzó la mirada. Miró en la dirección de Ludwig y lo vio durmiendo pacíficamente bajo un árbol , cubriéndose del frio con sus brazos. Italia entonces se levantó, sacudiéndose la arena y pensando que a lo mejor él también debería irse a dormir. Buscó a su alrededor como apagar el fuego. Una vez lo hubo apagado, pateó cantidades de arena para asegurarse de que no volviera a arder la llama. Sonrió. Eso era algo que le había enseñado Ludwig.

Y entonces aquella inquietud en su alma comenzó a atormentalo, de una manera que hace años no sentía. Decidió ignorarla y buscar un lugar donde dormir, aunque no había muchas opciones. De cualquier forma no tenía sueño. Comenzó a caminar errante por la arena, alejándose del improvisado campamento, lejos de Ludwig, la fogata y todo lo demás. Pronto se encontró con sus brazos cruzados para darse calor. El frío era insoportable. Se siguió alejando, hasta llegar a una bahía donde podía protegerse algo del viento helado. Se sentó y observo el mar. Oscuro. Tormentoso. Solitario. Sintió aquella sensación de abandono que tan familiar le era. Por unos momentos no hizo nada más que mirar al horizonte. Luego, alzando la vista, observó las estrellas.

Respiró profundo y sin saber por qué, comenzó a sacar de su pecho, mejor dicho de su alma, esas palabras que antes le habían impedido hablarle a Ludwig.

"Sacro Imperio Romano…" dudo más de la debido al decir ese nombre. Ya casi se había olvidado de como pronunciarlo, y sentía como si le raspara la garganta, o más bien como si su voz se fuera a quebrar. "¿Esta bien esto, Sacro Imperio Romano?" se apartó el cabello de los ojos e hizo silencio, esperando una respuesta que sabía no llegaría. "Te he extrañado, ¿sabes? Me gustaría saber donde estas ahora…. Además, quería decirte algo." Tomó aire profundamente y continuó. "Hace tiempo te prometí… te prometí que te esperaría. Te prometí que siempre esperaría. Y lo he hecho… sabes que sí. Todos estos años nunca he pensado en nadie más… siempre esperando que volvieras. Pero no lo hiciste. Por muchos meses, que luego se convirtieron en años, esperaba todos los días viendo desde mi ventana en casa del señor Austria, esperando a verte regresar. Que regresaras con una sonrisa, como prometiste, y vinieras por mí, para que entonces estuviéramos juntos. Tú me dijiste que eso sucedería. Pero no fue así…"

El italiano sonrió amargamente. Los días que pasó en casa del señor Austria parecían tan lejanos, y al mismo tiempo los recordaba tan claramente.

Recordar era doloroso.

Se secó las lágrimas con la manga de su uniforme y sonrió levemente. "Cuando eso pasó, no lo entendí… pensé que me habías abandonado, aunque ahora lo entiendo. Te esperé, ¿sabes? De vuelta a esa época pensé que habías roto tu promesa. Dijiste que vendrías... que regresarías, que vendrías a buscarme. Pero te atreviste a morir y me dejaste solo. Así que nunca pude saber si hubieras cumplido tu promesa…" no lo había notado, pero las lágrimas habían empezado a rodar por sus mejillas sin que él se diera cuenta. Cada vez le era más difícil hablar, pero eso no lo detuvo. "me pregunto si la hubieras cumplido… dime, Sacro Imperio… de haber vivido…¿hubieras venido por mi? ¿lo hubieras hecho? S-supongo que nunca lo sabré… supongo que el destino es cruel, ¿no? quitándonos a las personas que más amamos. Todo este tiempo he sentido que debía seguirte esperando, o de lo contrario sería una traición.

Pero ahora me gusta alguien más...y... me siento mal. Siento que te estoy engañando. Siento que no es correcto. Siento que rompo mi promesa…, ve ~ , ¡y no quiero romper mi promesa, ¡ ¡No quiero nunca romper esa promesa! Sacro Imperio Romano… n-no quiero romper más promesas… porque yo sigo vivo, así que no puedo romperla. Debo hacerle honor a tu memoria… ¿verdad? No romperé esa promesa… ¡No la romperé!" al decir esas palabras las lágrimas volvieron a aflorar, más fuertes que antes y empapándolo por completo. Temió que su voz y gritos agudos hubieran despertado a Ludwig. Por suerte no fue así. "No quiero romperla porque sé lo que se siente… sé lo que se siente sentirse abandonado. Así que… ¿Qué debo hacer, Sacro Imperio Romano? ¿Qué debo hacer? Lo amo… creo que lo amo… pero también te amo a ti… sin embargo… no sé qué pensar. Por favor… dime que es lo que está bien. Dime que hacer." rendido, se dejó caer en la arena, el cabello cubriéndole los ojos, las lágrimas rodando por su rostro, y el firmamento cubierto de estrellas.

No dejes que mi recuerdo te ate, Italia. No dejes nunca que el pasado te ciegue y no puedas ver el futuro. Te amo, Italia. Por eso mismo quiero que sonrías. Vamos, secate esas lágrimas y sonríe, que tu sonrisa ilumina como un millón de soles.

Aquella voz que tanto recordaba inundó su ser, hablándole, reconfortándole. Hace cuanto tiempo que no escuchaba esa voz, y sin embargo no le tomó ni un segundo reconocerla. Sacro Imperio. La voz era traída por el viento, llenaba su cabeza y despertaba sus sentidos. El sonido resonaba por el aire, dando vueltas y zigzagueando en el infinito. No trató de encontrarle explicación, simplemente supo que esa voz era real. No una imaginación. Sonrió, con los ojos cerrados, y llevó su mano a su corazón. 'Gracias' y tras esa palabras, lo sintió. Sintió como su corazón en un segundo se liberaba del peso que desde varias centurias cargaba a cuestas. En un segundo, como el ave fénix que resurge de sus cenizas, había renacido.

No te sientas culpable, Italia. Tienes que hacer lo que creas correcto. Tienes que hacer lo que el corazón diga.

Sin moverse, Feliciano se quedó tendido en la arena, con ambas manos en su pecho, a la altura de su corazón y dejándose invadir por esa sensación que lo embargaba. El viento helado iba secando sus lágrimas poco, y el aire de mar lo hacía sentirse vivo de una manera que jamás había sentido. Por varios minutos decidió que lo mejor era no levantarse, aun, solo disfrutar de aquella sensación libertad y paz que llenaba su alma. Una felicidad casi infantil que lo trasladaba a sus años de infancia cuando todo estaba bien, y que era pura como sola la risa de un niño puede serlo. Y Feliciano de muchas formas aún era un niño.

No desperdicies tiempo. Ve por quien amas, Italia.

Sí…era verdad. ¿Qué hacía desperdiciando su tiempo ahí, cuando ahora ere libre de expresar sus sentimientos? Se levantó con la firme decisión de hacer aquello que hace años debió hacer pero que se atrevió. Era la hora de hablar. Era hora de confesar. Después de todo, ya no había quien lo detuviera. Había sido liberado.


Y q tal? D: creo q me kedo fail DXX

Pero bueno n.n

Por cierto, a los que leen Un corazón por conquistar, Instintos y Auf wiedersehen sweetheart, creo q voy a descontinuar esas fics u.u me kitan demasiado tiempo y no tengo inspiración DXX

Pero me gustaría que leyeran Mi nombre es Prussia y Memorias del jefe España n.n

Review..?