Hola! Ya casi nos despedimos u.u cada vez mas carca del final D: pero buebo, hasta ahora ha sido bastane interesante escribir esto para ustedes ,a pesar de mis constantes demoras y todo u.u
Ah bueno… no kiero ponerme cursi ni nada…. (porq terminaran vomitando arcoíris despues de lee r este capi –creanme-) asi qe no mas los dejo leer, si?
Nwn
Advertencia: desangrarse y escupir arcoíris pueden ser efectos seundarios.
No desperdicies tiempo. Ve por quien amas, Italia.
Sí…era verdad. ¿Qué hacía desperdiciando su tiempo ahí, cuando ahora ere libre de expresar sus sentimientos? Se levantó con la firme decisión de hacer aquello que hace años debió hacer pero que nunca se atrevió. Era la hora de hablar. Era hora de confesar. Después de todo, ya no había quien lo detuviera. Había sido liberado
Salió corriendo, sintiendo el viento helado llenar sus pulmones y golpear su cara. Sintiendo como una energía renovada fluía por sus venas y lo impulsaba cada vez más rápido. Corrió con todas sus fuerzas, como nunca lo había hecho, a través de la arena y palmeras, saltando rocas y lagunas marinas, hasta llegar donde Ludwig, y detenerse.. ¿Qué hora era? Debía ya ser de madrugada. Las 2 am quizás… ¿Debería despertarlo?
"Ludwig… ¿Ludwig?" Feliciano agitó levemente al alemán, despertándolo, esperando no ser muy brusco. El alemán sintió el movimiento, y lentamente fue abriendo los ojos. En frente suyo distinguió una silueta borrosa, que conforme sus ojos se iban adaptando a la oscuridad iba tomando forma.
"¿I…Italia..?" muy sorprendido el alemán observo aquellos ojos castaños que tan bien conocía, a solo palmos de distancia. El rebelde rulito sobresaliendo de sus cabellos, y su mano aun reposando en su hombro. "Italia… ¿qué sucede? ¿Han venido a rescatarnos?"
Feliciano rió suavemente, cubriéndose la boca con la mano. "No…" dijo casi susurrando, y Ludwig sintió que un temblor recorría su cuerpo, …Feliciano estaba tan cerca.
"Entonces…um… ¿qué sucede, Feliciano?" nervioso Ludwig se acomodó en la arena, sentándose a lado del italiano .
"Ludwig, yo…" Italia cerró los ojos, cerró la mano sobre su pecho y respiró. No podía echarse para atrás. Este era el momento. "¿R-recuerdas… recuerdas que hoy te quería hablar? ¿S-sobre aquella hum… persona que me gusta..?" con ojos curiosos, Feliciano miró a Ludwig, esperando que este no oyera su corazón acelerándose, cada vez latiendo más rápido dentro de sí.
Ludwig lo miró por varios segundos, sin responder. Observó al italiano con ojos tristes, sabiendo que aquel a quien tenía en frente nunca lo podría alcanzar. Él era su mejor amigo, después de todo. "C-claro, Feliciano… sí… lo recuerdo…"
¿Cómo podría olvidarme?
"Pues… quiero decírselo." Feliciano bajo la mirada, algo avergonzado. ¿Qué pasaría si… si todo salía mal? Se estremeció. No podía pensar en eso. No ahora. No nunca más.
"Ah…, ya veo…"
Dolor. Una palabra que explica todo lo que Ludwig sentía en ese momento: dolor.
"Quiero decirle… que lo amo."
"Qué tú…¿Qué?" Ludwig miró confundido al italiano. Si había algo que lo podía distraer de su profunda agonía, era esto. "A-acabas de decir… que tú… que tú..lo…lo a…ahm.."
Feliciano rio levemente ante la reacción del alemán quien aun no asimilaba su afirmación, así que este sólo la repitió. "Que lo amo." La mirada de completa confusión de Ludwig lo hizo continuar. "Sí, es un chico…, ¿h-hay problema con eso…?" preguntó ladeando la cabeza, un poco nervioso esta vez.
Nunca se le había cruzado por la cabeza pero… ¿y si Ludwig no iba de ese lado? Pero no podía ser… ¿o si? Tragó saliva.
Ludwig abrió los ojos de par en par. Con que un chico…¿un chico? O-osea que f-feliciano también… también era- bueno…, igual que él. Sonrió apenas, aunque no del todo complacido. Habían tantos países posibles… y Ludwig siempre había sospechado que había algo entre él y Japón… si bien, era un progreso… no lo hacía del todo feliz.
"No, Feliciano, para nada… e-esta bien que t-te guste.. alguien de pues..uhm…" sí, Ludwig nunca había sido bueno para las palabras.
"Anque ahí esta el problema…" continuó el italiano sin dejar que Ludwig completara su balbuceo. "Mi religión.. mi religión no me permite… es…es pecado…" dijo apenas con un hilo de voz, hundiendo su cabeza entre sus piernas, y continuando después- "Sin embargo yo… yo no creo que sea así… no sé que puede haber de malo en que dos personas se amen, ¿o si lo hay, Ludwig? Es decir…. En un mundo tan lleno de guerras, es maravilloso saber que el amor florece… que aunque sea un pequeño brote de amor nace… para combatir todo el odio del mundo…" sonrió levemente, mirando como sus pies jugaban como la arena, y sintiendo la mirada de Ludwig posada encima él.. tan cerca… tan cerca… "Y pues si mi religión cree en el amor... entonces también debería creer en esto, ¿no?"
"Feliciano yo…"
"E-esta bien si no lo compartes… es sólo que… es verdad, al menos para mi. Y aunque no tengo muchos problemas por ese lado hay algo… algo que en verdad me preocupa, y mucho… esta persona de la que te hablo es muy cercana a mí y pues… no sé que haría si me rechazara… no podría vivir sin él y pues, no quiero arruinar lo que tenemos ahora. Ludwig, tú crees que si le digo ¿me rechazaría? Y si es así, ¿te quedarías conmigo? Tú nunca te alejarías… ¿verdad, Ludwig?" con ojos casi suplicantes, Feliciano se había acercado a Ludwig durante su discurso, y ahora se aferraba a su chaqueta con la mirada vidriosa. No estaba llorando, pero Ludwig estaba seguro de que había llorado, bastante, y estaba próximo a hacerlo otra vez.
"Estuviste llorando, Feliciano?"
"Respondeme, Ludwig…" continuó Feliciano sin contestar a lo anterior y agarrándose más fuerte de su chaqueta. "¿te alejarías de mí?"
¿Cómo podría?
Miró a Feliciano. Sus ojos, su cabello brillando bajo la luna, su rostro a meros centímetros de distancia, si piel tan suave… su voz. Ludwig lo sabía, hace mucho tiempo se había dado cuenta, y era su debilidad. Él nunca podría apartarse del italiano. Por mucho que este hiciera, incluso ahora que le admitía amar a otra persona, incluso ahora que sentía su corazón partirse dos, y su alma desgarrarse, él nunca podría dejarlo. Porque aunque le costará admitirlo lo amaba. Porque sin importar su propio dolor, él nunca lo dejaría.
Feliciano era su debilidad.
"No…, Feliciano. Me quedaré contigo, siempre."
"Uh?" la mirada de Feliciano se alzó a penas, permitiendo ver un pequeño brillo en sus ojos, una gota de esperanza, que se reflejaba desde el interior. Y era tan perfecto. Apenas ligeramente soltó el agarre de sus manos y se separó un poco, la más mínima sonrisa asomando en las comisuras de sus labios. "¿En verdad, te quedaría conmigo, Ludwig? ¿A pesar de todo?"
"Sí, Feliciano. Me quedaría contigo… por toda la eternidad." No supo por qué lo dijo, pero tampoco tuvo miedo de decirlo. Porque ambos sabían, que era verdad, aun antes de que Ludwig lo dijera.
"¿Y si te dijera… que esa persona eres tú, te quedarías igual?"
Vacío.
Ludwig miró a Feliciano, lentamente echándose hacia atrás, inconscientemente. Demasiado en shock como para comprender el 100% de las palabras que el italiano emitía. Eso no, no podía estar pasando, no era verdad.
"¿…C-cómo?"
"Lo que dije, Ludwig." Hizo una pausa, brevemente haciendo silencio, mirando el mar y escuchando el viento. El viento que a cada segundo le recordaba, que debía ser feliz…
Porque mi sonrisa ilumina como un millón de soles…
"Ti amo, Germania…"
"Italia…."
Por un momento, el silencio reinó. Aunque no era un silencio incomodo, era un silencio en el cual no se necesitaban palabras. Un silencio en el que todo lo que se pudieran decir sería insuficiente, innecesario. Porque en el fondo de sus corazones ya lo sabían, quizás desde siempre. Como Ludwig aun no decía nada ( o mejor dicho no sabía que decir), Feliciano habló primero.
"¿Ludwig?" Silencio. "¿No vas a decir nada?" silencio. El italiano suspiró, suponiendo que había sucedido lo peor. "E-entiendo si… si no sientes lo mismo y pues.. Después de todo somos mejores amigos y p-pues ambos s-somos hombres y n-no está bien de n-ninguna forma… la iglesia lo dice y, pues, yo…ah… n-no se en que estaba pensando…l-lo siento… e-en verdad, si? P-por favor s-sólo olvida lo que te dije…., Lud-"
Feliciano abrió completamente los ojos. Un suave beso sobre cada parpado. Feliciano cerró los ojos, dejándose llevar… un poco. La sensación era abrumadora, y lo hacía completamente feliz, a pesar de ser algo tan bobo como eso.
"V-ve…~" musitó Feliciano inconscientemente, con los ojos cerrados, al sentir cada cálido beso ser plantado en sus parpados. No abrió los ojos al sentir la presencia del alemán alejarse, intentando que esa sensación se quedara con él para toda la vida.
¿Estarás conmigo siempre?
"Feliciano, yo… soy tan feliz…"
"Uh…?"
"Ich liebe dich… Italia."
Feliciano no sabía mucho de muchas cosas, no sabía muchos idiomas, no sabía muchas culturas. Pero no necesitaba saber alemán para entender esas palabras, porque sabía perfectamente lo que significaban. Y Ludwig no dudó en confirmarlo. "Ti amo tanto, Italia."
"L-ludwig…"Y el efecto era mucho mayor cuando aquellas palabras eran pronunciadas en su idioma, para que él las pudiera entender perfectamente y supiera desde el fondo de su alma, que era verdad. Ludwig lo amaba, y él lo amaba también. Y todo estaba bien, ¿no?
El alemán puso amabas manos a cado lado del rostro del italiano, sujetándolo con firmeza con sus grandes manos, pero al mismo tiempo, su tacto se sentía tan suave, tan gentil… tan delicado. Sus manos en el rostro de Feliciano hicieron que este temblara, se estremeciera, y aguantara la respiración. Esto era. Esto era exactamente. Esto era lo que siempre había querido. Así de cerca. Así de juntos. Como siempre lo había imaginado. Ludwig se seguía inclinando sobre él, y ya casi podía contar sus pestañas… ya casi… y con cada segundo la distancia se acortaba más. Y Feliciano supo, Feliciano supo que esto era todo lo que había. Ellos dos, y nadie más. Ellos dos hasta el fin del mundo. Todo había resultado bien, y Ludwig nunca se iría.
Casi con miedo, nervioso, entreabrió sus labios, temblorosos, los cuales se morían por sentir, saborear, poseer, o más bien ser poseídos, por los labios alemanes. Y entonces Ludwig se detuvo.
"Alguna vez me respondiste…¿Qué era amor, Italia?"
"Amor es… amor es esto, liebe." Susurró al mismo tiempo que sujetaba al alemán por la camisa y lo empujaba levemente hasta su posición inicial, a pocos centímetros de su boca.
"Amore…" susurró el alemán de vuelta. Cerró los ojos y se inclinó, ayudado por las manos de Feliciano en su pecho, que lo atraían delicadamente hacía él. Y en un solo movimiento, ambos labios se unieron, entrelazando al mismo tiempo, sus corazones.
Pronto todo alrededor de ellos se disolvió, reduciéndose a nada. El sonido de las olas, el mar, el viento helado, anulado. Anulado por la cálida sensación del roce sus labios, su textura, su sabor… los labios de Feliciano eran inmensamente suaves, dulces, deliciosos. La forma como recorrían su boca seductoramente hacía que Ludwig suspirara, soltando leves gemidos en la boca del italiano, quien estaba feliz, completamente feliz como nunca lo había estado. Con sus labios corría juguetonamente por la boca de Ludwig, sintiendo, conociendo, explorando cada rincón posible, tratando de memorizar la sensación, la ternura… y todo era perfecto. Todo era como siempre había querido, exactamente así. Mientras se aferraba más de su camisa, sintió que esto era. Esto era la perfección. Esto era amor.
El alemán cuidadosamente apartó sus manos del rostro italiano, sin romper el beso, y llevándolas a su cabello. Lacio, suave, ligero. Apretó sus manos, al mismo tiempo que le desordenaba los cabellos, y bajaba las manos por su nuca, su espalda, sus caderas… su cuerpo era tan bello, tan firme, tan proporcionado… sentía como si fuera algo que proteger, que atesorar. Era tan delgado y al mismo tiempo…
Pronto Ludwig se encontró pidiendo permiso al italiano para entrar, y este no dudo ni un segundo en aceptar. Lentamente su lengua se deslizó entre los labios italianos. Feliciano soltó un gemido un poco más audible ante la nueva sensación, y entrelazó ambas piernas, al mismo tiempo que el alemán lo besaba con pasión, sin dejarle ni un segundo a respirar.
Y así, con la arena bajo sus pies, la luna encima de ellos, y el mar acunándolos, empezaron una danza, donde no solo sus cuerpos, si no sus corazones, sus almas, se hicieron uno sólo. En la oscuridad de la noche ambos cuerpos se convirtieron en una sola silueta, mientras unían sus cuerpos, sus emociones, sus sentimientos, a través de sus caderas.
Y esto era amor… como nunca antes lo hubo.
Fin… casi.
Hey ahora si! Casi el ultimo! Whooo! –celebra- waa ojala hayan amado la ultima parte tanto como yo nwn
Por cierto errores de idioma, lo siento, utilizo el traductor de google D:
Teheheh bueno, la ultima parte ya se viene! El final! Owo! Y bien… pues, mas bien sería una especie de epilogo, porque yo consideraría este el final, pero bueno nwn
espero hayan disfrutado el capi y estén atentos por el que sigue!
Review?
