Bien, el capitulo final…. Mejor dicho, epilogo. Espero lo disfruten tanto como yo disfrute escribiéndolo. Despues de todo es el ultimo, asi que… espero les guste!
"Amar es amar de suerte
que al ponerle medidor
te encuentras con que el amor
es más largo que la muerte."
Pleito de amar y querer.
Andrés Eloy Blanco.
"¿Japón-san…?"
El japonés que se encontraba bajo las sabanas abrió los ojos lentamente. El sol se colaba por la ventanilla, cayendo directo sobre sus ojos e iluminando de dorado su oscuro cabello. Volvió a cerrar sus ojos, esperando adaptarse a la luz. Cuando los volvió a abrir vio una figura borrosa alado suyo, abrazándolo.
"Buenos días, Grecia-san"
El griego besó su frente, antes de sentarse en la cama, revelando su torso desnudo. El japonés se sonrojó, y apartó la mirada, observando el mar tras la ventana.
"¿Dormiste bien, Kiku?"
"Hai…"
"Me alegro." El griego se inclinó hacia él, besando sus labios con ternura. Kiku se sonrojó y se cubrió más con las sábanas, recordando que él también estaba desnudo. ¿La razón? Ya se la pueden imaginar… En todo caso, a Japón se le hacía bastante extraño estar aún acostado, en la cama de Grecia-san, con el sol iluminando cálidamente… y simplemente, estar ahí, con la persona que más amaba, en completa tranquilidad, aún cuando la noche anterior habían unido sus cuerpos.
Sin soltar las sábanas se sentó, observando como el griego se vestía con ropas frescas, que le permitieran navegar. El japonés supuso que debería hacer lo mismo, pero… ¿Qué había hecho con su ropa? Ah, sí… Grecia-san la había arrojado por allá… Miró en ambas direcciones hasta encontrar su ropa. En silencio, fue a recogerla, y empezó a vestirse, dándole la espalda al griego… porque le daba vergüenza que lo vieran. Cuando aún le faltaba ponerse la camisa, sintió un par de brazos fuertes agarrarlo de la cintura, y pegó un respingo.
"!G-grecia-san! ¿Qué…qué se supone que es esto?"
El griego sólo rió, besando su cuello y revolviendo su cabello despreocupadamente. "Buenos días." Beso sus labios antes de salir corriendo a toda velocidad por la puerta, con una sonrisa imborrable en su rostro.
"Baka…" susurró Japón sin poder evitar sonreír él también, poniéndose la camisa y siguiendo al griego hasta el comedor.
Una vez allí, encontró a Heracles discutiendo con varios de sus hombres, el japonés ladeó la cabeza, preguntándose que sería lo que había pasado.
Pensando que era mejor no interrumpir, fue a sentarse a una de las mesas de madera. Era un hermoso lugar, realmente. Desde la larga hilera de mesas de madera en la cubierta, había una perfecta vista del mar, y las cocinas se encontraban a sus espaldas. Mientras Heracles seguía discutiendo, se le acercó uno de los marinos, ofreciéndole desayuno. Qué raro…pensó el japonés ladeando la cabeza. Era la primera vez que le ofrecían prepararle una comida, así que se negó amablemente.
Heracles regresó poco después, con dos bandejas grandes de desayuno y sonriendo ampliamente. "Veo que no has querido pedirle nada a mi tripulación… así que te traje algo yo mismo. Lo preparé hace poco, espero que te guste." El japonés se sonrojó levemente, y sin siquiera mirar que había en el plato, levantó el tenedor y empezó a devorarlo. "ITADAKIMASU!"
"Por cierto, traigo buenas noticias, Kiku. Mis hombres recién me avisaron hace poco que ya casi llegamos a la isla. Estaremos ahí a golpe del medio día. ¿Puedes creerlo?" rió el griego mientras le quitaba el tenedor al japonés para que no se atragantara.
"¿Sou desu ka?" el japonés suspiró aliviado y echó un vistazo al mar. "Esas son excelentes noticias, Grecia-san. No puedo esperar a llegar. Seguro Alemania-san e Italia-kun estarán felices también."
"Esperemos que no les haya pasado nada malo."
"Iee. Yo confío en la fortaleza de ambos. Incluso Italia-kun… cuando se propone algo, lo logra. Siendo su aliado hay cosas que puedo asegurar sobre ambos, y sé que no habrán tenido ningún problema demasiado grave hasta ahora..." comentó con seguridad el japonés, sonriendo y alzando la mirada hacia el griego.
Heracles sin embargo miraba hacia el mar, completamente perdido en sus pensamientos.
"¿Japón…?"
"¿…Si?"
"Te amo."
"!N-no diga esas cosas tan vergonzosas tan temprano en la mañana!" gritó el japonés avergonzado, dándose media vuelta de brazos cruzados, completamente sonrojado, y sintiendo su corazón latiendo rápido. Se mordió el labio aun nervioso e inhaló. "Aunque…aunque puede que… que yo también le ame, Grecia-san."
"Lo sé."
Claro que lo sabía. Ambos lo sabían, y eso era lo más maravilloso de todo eso que les había sucedido. Que al final de todo el tormento, las angustias, los malos entendidos y las emociones confusas… al final obtuvieron un recompensa, y nunca más estarían solos.
Y eso era amor.
Feliciano despertó, la sombra de una palmera cubriendo sus ojos del sol. Se sentó y restregó sus ojos, mientras las memorias de la noche anterior poco a poco empezaban a llenar su mente. Sonrió. Miró a su lado donde se encontraba aun la chaqueta de Ludwig. Feliciano ladeo la cabeza. ¿A dónde habría ido Alemania? Se levantó, sacudiéndose la arena y buscando a su alrededor.
No pasó mucho tiempo hasta que lo encontró, recogiendo frutas y cargándolas en brazos.
"Ve! Ludwig! Yo también quiero ayudar, ve…" el italiano corrió a donde él, quien lo recibió con un leve sonrojo.
"Ah, Italia…d-digo, Feliciano…"
"Ve… ¿Ludwig está nervioso?"
"Nein. E-es decir… B-buenos días, Feliciano."
"! Buenos días, Ludwig!" el italiano lo abrazó con fuerza, haciendo que la mitad de las frutas que Ludwig cargaba cayeran al suelo. "¿Dormiste bien?"
"I-Italia…. Lo de anoche…¿Aun lo recuerdas?"
"Ve.. ¡!Claro que sí! ¿Por qué no lo recordaría?"
"Sólo quiero asegurarme de que no lo olvides. Te amo, Italia."
Feliciano sonrió y se empinó en sus puntillas, besando la mejilla de Ludwig con cuidado. "Ti amo, Germania."
"Ich liebe dich, mein liebe…" susurró Ludwig mientras lo tomaba de la cintura y besaba sus labios brevemente.
"¿Sabes, Alemania? Tuve un sueño. Soñé que nos vendrían a rescatar hoy." Comentó el italiano en tono juguetón mientras se agachaba a recoger las frutas del desayuno.
"Estabas dormido…Italia…."
"Quien sabe…" dijo con un guiño mientras se alejaba por la arena corriendo, llegando a la orilla y metiéndose en el mar hasta los tobillos. Ludwig sonrió. Este era Italia. El bobo, infantil y alegre Feliciano que tanto amaba. Y no lo cambiaría a él, ni este momento por nada en este mundo.
Aún no podía creer nada de la noche anterior. Todo había salido tan bien… tan perfecto… tan inesperado. Se limpió el sudor de la frente con la mano mientras observaba a Feliciano corretear en el agua. Su cabello, su piel, sus manos… sus ojos… todo aquello de lo que él se había enamorado, y que finalmente era suyo. Sonrió. Se levantó y pensó que lo mejor sería desayunar pronto, después de todo ya era casi medio día, si es que no más tarde.
Con ayuda de su chaqueta, empezó a arrastrar las frutas hacia la orilla, donde tal vez podría tener un bonito desayuno con Feliciano. O eso pensó él, de no ser por la línea de vapor que cruzaba el horizonte, con ojos muy abiertos se paralizó mientras intentaba distinguir la figura que se les acercaba en medio del océano.
"!Italia!"
"ve?"
El alemán gritó con todas sus fuerzas, mientras el italiano salía del agua, agitando las manos y saltando feliz. "Ve, Alemania, ¡Alemania! Es un barco, Alemania. ¡Han venido a rescatarnos, ve!"
El alemán agarró al italiano por la cintura, besando su cabello y sonriendo feliz.
"Italia, recoge tus cosas… Nos vamos de aquí."
Horas más tardes, en el camerino, después de haberse encontrado con Japón y Grecia, quien amablemente se había ofrecido a buscarlos, y después de un delicioso almuerzo y un cena como no habían tenido en mucho, y después de una buena ducha, Ludwig se encontraba tendido boca arriba, en su litera, con unas sábanas calidad, una almohada, y el estómago lleno. Se preguntaba si habría algo que lo podría hacer más feliz. Y lo había. Se levantó y subió por su litera, llegando a la cama de arriba, donde se encontraba Feliciano intentando dormir.
"Feliciano…" le susurró bajito, intentando averiguar si seguía despierto. Cuando no hubo respuesta, decidió dejarlo dormir… se acostó alado suyo y lo abrazó contra su pecho, respirando el olor de su cabello, y disfrutando el roce de su piel. Sí… esto era. En ese instante como nunca antes, Ludwig se rió de si mismo. Sonrió y dejó un beso en la espalda de Feliciano. ¿Cómo es que nunca antes se había dado cuenta de aquello que tenía frente a sus ojos? no tenía idea. Lo único que sabía era que en ese instante, con Feliciano entre sus brazos y sabiendo que de ahora en adelante, cada noche sería como esta, sin miedo de amarlo, sin miedo de no ser amado… sabiendo que Feliciano lo amaba tanto como él lo amaba a él, le parecía que no podía haber hombre más feliz en la tierra. Y se preguntó cómo alguna vez tuvo que pedir respuesta por algo que era tan obvio… como alguna vez tuvo que decir.. "Qué es amor, Italia? Si la respuesta era tan simple. La respuesta estaba frente a sus ojos.
Dejó un último beso en su cabello, y cerró los ojos, esperando dormir y que al levantarse, Feliciano nunca se fuera de su lado.
Y eso era amor.
FIN.
Muchas gracias a todos aquellos que me han leído y que hasta ahora están conmigo! Incluso a aquellos que solo dejaron review una vez o me leyeron anónimamente! Muchas gracias! Este es el fic que mas me gusta de los que escribo y fue toda una sorpresa como resulto ya que nunca había escrito gerita, ni mucho menos giripan, de hecho no me gusta la pareja XDD pero bien… aquí estamos! Y kien diría que esto iba a ser un oneshot, no? luego una trilogía…y al final escribi 9 capis! Todo gracias a ustedes, los kiero mucho!
Gracias a: Kotoko-Kurasaki, I-am-L, rafiel, nena92 (la adoro!), Mine, Rose Cf, Kikyoyami8m Manny Heatlook, Kamixx, xilema95, Italia Veneciano, cata 612, dlaymei, okaminokokoro, mylan604, RedBlue Rose, Okina Shinzo, AliceIggyKirkland, Merlina-Vulturi, XClaraUchiha18, Nyz Selene y Yumi-Chaan!
Molto Grazie! Las amo!
Gracias por seguirme, bye bye!
