Otro capítulo :D lo terminé rápido porque todos los días me viene la inspiración (mejor dicho todas las noches, como a las 1 ¬¬ entonces me levanto casi sonámbula en las mañanas, pero amo escribir entonces no importa dormir una hora menos) Va dedicado al L.S.F.B de coyhaique, mi liceo n.n lo amo :*
Capítulo 8: Peligro inminente.
Ya era el segundo día de su viaje a Kioto y aunque se suponía que "todos debían compartir juntos como clase", cada uno se fue por su lado a recorrer esa magnífica ciudad, llena de patrimonios culturales. Sakuno, Tomoka y Naomi habían llegado al salón de té donde cumplirían su sueño de ser geisha por un día, aunque a decir verdad ese sueño había empezado el día anterior…
-Que kawaii. –dijo Tomoka mientras una mujer de aproximadamente 40 años le ayudaba a ponerse un Kimono muy colorido.
-Este sería un modelo que usarían las maiko, son muy llamativos, verdad. –dijo la mujer.
-Perfecto para Tomoka, no crees, Saku-chan. –dijo Naomi, ella ya se había colocado un precioso kimono verde agua y ahora le estaban colocando el maquillaje.
-Hecho especialmente para ella. –dijo Sakuno riendo por lo bajo. A ella ya la habían terminado de vestir y maquillar. Se veía perfecta, con un Kimono rosa claro con detalles y estampados en un tono más oscuro. El maquillaje la hacía ver femenina y madura.
Al estar las tres arregladas procedieron a participar en la ceremonia del té, sacarse un par de fotos y luego salir y disfrutar del más hermoso jardín japonés que habían visto en su vida.
-Que relajante es estar aquí.-dijo Sakuno mirando hacia el estanque.
-Y es muy hermoso.-dijo Tomoka suspirando.
-Pero se hace tarde, lo mejor será que volvamos al hotel.-dijo Naomi, seguida por una exclamación de disgusto de parte de sus dos amigas.
-Pero Naomi-chan… no vamos a tener nunca otra oportunidad como esta (a menos de que estés dispuesta a pagar de nuevo… eso no pasará)-dijo Tomoka haciendo un puchero muy infantil.
-Naomi tiene razón, la que nos va a llegar si volvemos muy tarde.-dijo Sakuno mirando nuevamente el estanque, que se volvía de todos colores por el atardecer.-Pero yo tengo que pasar a una librería entonces adelántense.
-Está bien, pero no vuelvas muy tarde. –dijo Tomoka mientras se dirigían a la salida.
-Además el maquillaje empieza a picar. –dijo Naomi conteniendo las ganas de rascarse.
Después de haberse quitado los Kimonos, tuvieron que quitarse ese espeso maquillaje blanco que cubría sus rostros. Si no fuera porque había tres ayudantes quizá cuanto se hubieran demorado. En fin, las tres salieron juntas de la tienda y Sakuno se despidió de sus amigas, ya que la librería a la que quería ir quedaba en dirección opuesta. Estaba tan distraída pensando en lo bien que lo había pasado en su día como geisha, que ni se dio cuenta de que la seguían. Su perseguidor al parecer disfrutaba mucho de lo que hacía, ya que en su cara se podía ver una expresión de satisfacción.
Sakuno entró a la tienda y compró el libro. Era sobre las tradiciones y monumentos de Kioto. Por otra parte su perseguidor la esperaba tranquilamente en la entrada de la tienda, esta vez pensaba hacerse notar y conducir a Saku hacia algún callejón sin salida, para que nadie lo vea llevársela. Lo único que le habían ordenado era discreción y no asesinar a la chica, en otras palabras, nadie le había dicho que no podía "divertirse" un poco antes de entregarla.
Cuando Sakuno Salió de la tienda él comenzó a seguirla de cerca, sin preocuparse de ser descubierto. Sabía perfectamente que en un caso como este, la chica correría antes de gritar. Un grave error para ellas, ya que gritando tenían una pequeña posibilidad de salvarse, pero corriendo, ninguna.
Sakuno, con lo despistada que era, se dio cuenta de que ese sujeto la seguía. Pensó en gritar, pero no había nadie para ayudarla. Estuvo a punto de ponerse a correr, pero con lo musculoso que se veía ese hombre la alcanzaría en seguida. De pronto su perseguidor aceleró la marcha, le venía pisando los talones. Se puso a correr, sabía que aun así la capturarían pero no había nada más que hacer. Correr, correr, lo único que pensaba era en correr como que no hubiera un mañana. Pero sus pensamientos fueron cortados cuando unos fuertes brazos masculinos la atraparon desde atrás, le taparon la boca, que sería el único método que le quedaba para que la salvaran. Ahora estaba perdida. Intento luchar contra su captor, pero este poseía una fuerza monstruosa que le impedía moverse. Fue conducida hasta un estrecho callejón, el hombre le tapó la boca con una cinta y la dejó en el piso con brusquedad.
-No se para que te necesitan, mujer, pero yo te deseo, y no me prohibieron poseerte. –dijo sensualmente mientras se acercaba a Sakuno con una mirada lujuriosa. El terror estaba presente en los orbes carmesí de la chica, lo único que quería era ser salvada. Pero sabía que eso no sucedería.
El hombre comenzó a pasar sus manos por las piernas de Sakuno, causando un estremecimiento de terror, pero fue entendido por su captor como un espasmo de puro deseo. Eso causó más excitación en este, que se dio a notar por un bulto que iba creciendo en su entrepierna. Comenzaron a salir unas delicadas lágrimas de los ojos carmesí de la chica. Esos preciosos orbes parecían dos perfectos rubíes, hermosos, delicados, brillantes, pero con todo el temor y repugnancia del mundo impresos en ellos.
Ya había dejado de resistirse, tendría que entregarle su virginidad a tan asqueroso hombre, pero no podía hacer nada para impedirlo. La mano pervertida de su captor estaba a punto de llegar hasta su intimidad cuando se separó bruscamente de ella. Mejor dicho algo lo había separado.
Una silueta, masculina al parecer, por la altura y constitución musculosa, agarró del cuello al agresor de Sakuno y lo sostuvo en el aire, después lo dejó caer estruendosamente al piso. El hombre se había dado un buen golpe en la cabeza y quedado inconsciente, por lo que no molestaría por un largo tiempo. El héroe de la chica ni había volteado a verla, miraba con rabia al sujeto que se había propasado con Sakuno. Llamó a la policía y les indicó el lugar en que se encontraban. Llegarían pronto.
La joven mujer miraba embelesada a su salvador, su héroe, su príncipe azul. No se había percatado de quién era hasta que este se volteó y la miró directamente a los ojos. Se congeló a ver una penetrante mirada gatuna. Esos orbes ámbares la inspeccionaban de arriba abajo, sin escrúpulos, tratando de ver si la chica presentaba alguna herida. Se acercó hacía Sakuno, le quitó con sumo cuidado la cinta que tapaba su boca y la miró fijamente a los ojos.
-¿Estás bien? –pregunto Ryoma tratando de sonar indiferente, pero el miedo de que algo le hubiera pasado a la chica se apoderó de sus palabras.
-Ryoma-kun. –dijo Sakuno aun no creyendo que la persona que la había salvado era nada más ni nada menos que el frio, arrogante, orgulloso e idiota de Echizen.
-Se como me llamo, pero quiero saber si tienes alguna herida.-dijo Ryoma con tono prepotente.
Sakuno negó lentamente mientras un tímido rubor cubría sus mejillas. El shock del abuso cometido por el extraño y el repentino rescate de Echizen la habían dejado sin habla.
-¿Puedes hablar? –dijo Ryoma algo nervioso. A esto Sakuno negó nuevamente. Ryoma temió que el shock hubiera dejado a Sakuno con problemas mentales. La tomó en sus brazos y al escuchar las sirenas de la policía salió del callejón a indicarles donde se encontraba el agresor de la chica. Cuando se llevaron al sujeto, Ryoma les pidió que los llevaran al hotel en donde se hospedaban.
-¿Estás seguro chico, ella puede estar herida? –dijo un policía robusto, que había llegado hasta el lugar.
-No alcanzó a hacerle nada y ya me aseguré de que no tuviera heridas.-respondió Ryoma. El policía lo pensó un momento y terminó aceptando.
-Bueno, pero cualquier cosa la llevan al hospital, ¿Entendido?-dijo el policía.
-Está bien.-dijo Ryoma con una mirada asesina. Odiaba que lo trataran como a un niño. Él ya era un hombre. El policía quedó mirando a Ryoma, pero le indico a uno de sus oficiales los llevara hasta su hotel.
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En el hotel en donde se hospedaba Seigaku todos estaban preocupados. Hace una hora deberían haber llegado Ryoma y Sakuno, pero no había señales de ellos. Los profesores a cargo del viaje, algunos compañeros de clase de Sakuno y Ryoma, además de Momo, Eiji y Oishi estaban en el vestíbulo esperándolos.
-No saben el castigo que les va a llegar. –decía preocupada Akane-sensei, profesora de Sakuno.
-Su castigo no será nada comparado al que yo la daré a Sakuno, hacer que me preocupe tanto… ¡Esa librería estaba como a dos calles! No puede demorarse tanto. –dijo Tomoka apretando los puños, pero más que por rabia, era por nerviosismo.
-Donde se habrán metido el pequeñín y Saku-chan.-dijo Eiji haciendo un puchero.
-En una de esas están…-empezó maliciosamente Momo.
-No digas tonterías, sabes perfectamente que eso no pasaría.-le reprochó Oishi.
-Echizen…-dijo Horio nervioso.
Pero justo en ese momento entró por la puerta Ryoma, cargando en brazos a Sakuno, que tenía los ojos muy abiertos y estaba llorando. Ella tenía la ropa inmunda y rota, se veía a kilómetros que algo malo había pasado.
-¡SAKUNO!-gritaron Tomoka, Ayumi y Naomi, corriendo hacia ella, que seguía siendo cargada por Ryoma.- ¿Qué diablos pasó, Echizen?-dijo amenazadoramente Tomoka.
-¿Dónde está la habitación de Ryuzaki?-preguntó Ryoma ignorando la pregunta de Tomoka.
-Yo la llevo a su habitación, tú cuéntales a todos lo que pasó.-dijo Oishi mientras tomaba a Sakuno y se dirigía a la habitación de esta. Ryoma se sentó y no dijo palabra.
-Pequeñín, dinos ya lo que le pasó a Saku-chan.-decía preocupado Eiji mientras se sentaba al lado de Ryoma.
-Cuando la encontré, un hombre trataba de violarla.-dijo sin rodeos Ryoma. Al escuchar esto las tres amigas de Sakuno-Tomoka, Ayumi y Naomi-reprimieron un gritó y salieron corriendo para acompañar a la peli rojiza.
-¿Vi-violarla? ¿Como la encontraste?-le interrogó Horio.
-Pasaba por ahí…-dijo Ryoma desviando la mirada.
-O sea, por "casualidad" la encontraste y la salvaste… porque "pasabas por ahí".-dijo Momo con un tono irónico.
-Si.-dijo cortante fijando su mirada ambarina en el techo, mientras recordaba lo que realmente pasó, pero claro, no lo diría nunca.
Flash Back.
Un chico de mirada color ámbar vio salir de un extraño salón de té a tres chicas, que reconoció como Ryuzaki, Osakada y alguna amiga de estas. Pero la chica de mirada carmesí se fue en el camino contrario del que siguieron las otras. En ese momento un extraño presentimiento lo embargo y sin saber por qué empezó a seguir a la chica, pero desde lejos. Pero al parecer no era el único que la seguía, ya que un hombre de aproximados treinta años caminaba a unos diez metros de la peli rojiza. ¿Cómo esa idiota no se daba cuenta que la seguían tan descaradamente? Estaba que corría y le daba un buen puñetazo a ese imbécil, pero una fuerza aun más fuerte dentro de él se lo impidió. Su orgullo. No podía admitir frente a la chica que la estaba siguiendo o que se "preocupaba" por ella. Preocupaba… que estúpida palabra, ¿Echizen Ryoma se preocupaba por una mujer cualquiera como ella? Claro que no, no podía permitirse quedar en evidencia, por esto continuó siguiéndola de lejos. Después que Ryuzaki saliera de esa tienda de libros a la que había entrado, su perseguidor actuó aun más descaradamente, y la empezó a seguir a tan solo cinco metros de esta. La chica comenzó a correr. Estúpida opción, era obvio que ese sujeto le ganaría en velocidad. Después entro en un callejón. Otra estúpida elección, ¿Quién se mete por su cuenta en un callejón cuando la persiguen? Esa niña estaba mal de la cabeza… o simplemente era estúpida. Ryoma ya no sabía qué hacer, no podía admitir que estaba siguiendo a Ryuzaki. Una gran ira embargó a Ryoma cuando vio que ese imbécil tiraba bruscamente a Sakuno en el suelo y empezaba a susurrarle cosas en un intento de tono seductor." Maldito desgraciado, como te atreves a tocarla" pensaba Ryoma cuando el desconocido comenzaba a acariciar las piernas de la joven de mirada carmesí. No se contuvo más. Corrió con todo lo que tenía ese corto tramo de callejón hasta que quedo justo al lado del captor de Sakuno. Lo agarro por el cuello y lo tiró violentamente hacia el suelo. Ese sujeto no se volvió a mover. "Malditos impulsos, debí haberme ido, ahora esta idiota creerá que me interesa" pensó Ryoma mientras marcaba el número de la policía e informaba de su dirección y lo ocurrido. Se acerco a Sakuno pensando lo peor, que había reaccionado muy tarde por su maldito orgullo, pero en cuanto la vio mirarlo, y que no parecía tener heridas físicas se tranquilizó. Estaba bien.
Fin Flash Back.
En el cuarto de Sakuno y Tomoka se encontraban estas dos, además de Ayumi y Naomi. Las últimas tres estaban muy preocupadas por su amiga. No había dicho ni una palabra. Solo se limitaba a quedar mirando el techo y a llorar en silencio.
Sakuno…
¿Por qué? ¿Por qué? ¡Por qué! ¿Por qué a mí? Ese hombre no solo quería… "tenerme", noo, a él le habían encomendado que me capture, estoy segura. Pero ¿Por qué? No tengo dinero como para que sea un secuestro por recompensa. No soy especial, soy exactamente como cualquier otra chica, incluso sobresalgo mucho menos que algunas. No hay razón para secuestrarme premeditadamente… Y mi abuela… ¿Por qué diablos no me ha llamado? Sé que no tiene nada que ver pero, aun así prometió llamarme cuando llegara a China, y eso debió haber sido hace dos días. No creo que se haya olvidado.
Ryoma. Ryoma-kun. Echizen. Maldito. Imbécil. ¡Como mierda debía llamarlo ahora! Es cierto que me salvó pero… ¿Por qué estaba allí? Seguramente si le pregunto va a decir que pasaba por allí y me vio. ¡Pero es obvio que algo así no pudo haber pasado! Él no es de los que se preocupa por algo que no sea sí mismo, el tenis y tener una ponta en la mano. ¿Cómo me había encontrado? ¿Me había buscado? Claro que no, NUNCA haría eso por nadie. Que rabia me da pensar en esto… y que miedo el pensar lo que iba a pasar si Ryoma no hubiera llegado.
Aunque su creciente orgullo le decía que no podía agradecerle a Ryoma sin una previa explicación, sus principios de amabilidad la obligaban a hacerlo. Escucharía a sus principios antes que a su orgullo. No era como Echizen.
Por primera vez en mucho rato se dio cuenta de que no estaba sola. Ni en la calle. Miró a su alrededor algo confundida y vio los rostros de sus mejores amigas, todas con una expresión de preocupación en el rostro. Estaban preocupadas por ella. Ya llevaba un rato desde que Sakuno había dejado de llorar, pero al darse cuenta de que no estaba sola, todas las lágrimas y miedo que le quedaban los descargó en el regazo de sus amigas. Ellas al darse cuenta de que Sakuno estaba mejor, a pesar de estar llorando, más que antes, la abrazaron con ternura y comenzaron a consolarla. No resistían verla así, las entristecía tanto que comenzaron a llorar junto a ella. Pasaron la noche juntas, descargando todas sus penas y temores.
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En otra habitación, Echizen Ryoma hablaba desinteresadamente con su padre. Odiaba hacerlo pero ya tenía 16 llamadas perdidas de él. ¡En 10 minutos! Algo mal tenía ese viejo pervertido.
-¿Como estas, Ryoma?-pregunto su padre por el teléfono.
-¿Por qué estaría mal?-respondió Ryoma.
-¿Has conocido a alguna chica? ¿¡Dijiste una rubia muy candente!-preguntó maliciosamente el samurái.
-Aun no te respondía.-respondió enfadado.-Me voy.
-¡Espera! ¿Cómo está Sakuno-chan?-preguntó Nanjiro intentando captar la atención de su hijo.
-Normal, hoy casi la secuestran.-dijo Ryoma como si fuera algo normal y luego cortó la llamada.
Pero al otro lado de la línea, Nanjiro aun mantenía el teléfono fuertemente sujeto en la mano. Tenía los ojos desorbitadamente abiertos y la preocupación estaba impresa en ellos. Dijo en un susurro: -No puede ser… ya la descubrieron…
-Nanjiro, ¿Qué sucede?-preguntó Rinko con mucha preocupación. No era normal ver a su marido, que siempre estaba inquieto y moviéndose por todos lados, ahora estaba apoyado contra la pared, en silencio, con el teléfono sujeto fuertemente en una de sus manos y expresión perdida.- ¿Tienes algo que contarme?-preguntó Rinko acercándose al samurái, que parecía haber perdido una batalla a muerte.
-La vieja no se ha puesto en contacto conmigo… y Ryoma dijo que intentaron secuestrar a Sakuno-chan. La encontraron, mujer. Todos los errores que eh cometido en el pasado van a dañar nuevamente a esa familia…-dijo Nanjiro con culpa en la voz. Aunque su único acto incorrecto fue el de guardar silencio.
-Llamaré a la embajada ahora mismo y tenemos que traer a Sakuno-chan de vuelta.-sentenció Rinko quitándole el teléfono a su esposo y marcando el número de la embajada Japonesa que se encontraba en China.-Aló…quiero contactarme con Ryuzaki Sumire… ¿Cómo dice?...Eso no es posible, debió haber llegado hace dos días… Tiene que haber algún error…ESTOY CALMADA…Esta bien, llamo más tarde.-Rinko cayó al suelo llorando desconsoladamente, con todo lo que le había dicho su esposo, más lo que le dijo la embajada sus pobres nervios no pudieron aguantar más. Su esposo se acercó a ella y la abrazó tiernamente. Cuando quería podía ser muy considerado y amable, no solo un viejo verde. Cuando Rinko se calmó un poco, Nanjiro empezó a hablar.
-¿Qué te dijeron, querida?-dijo tranquilamente Nanjiro, esperando con paciencia a que los sollozos de su mujer pararán lo suficiente como para que pudiera responder. Al fin se calmó y logró articular unas cuantas palabras.
-M-me dijeron q-que nunca ll-llegó a la embajada-sollozaba Rinko.-la p-pusieron en la lista d-de personas des-desaparecidas.-y rompió a llorar en el pecho de Nanjiro. Se amaban mucho más de lo que normalmente demostraban, aunque siempre existían sus miradas cómplices con infinidad de significados, solo entendibles para ellos. Con nadie más serían felices, solo el uno con el otro.
-Tranquila, todo saldrá bien. A Sakuno-chan la protegeremos lo más que podamos. Te amo.-decía Nanjiro mientras acariciaba el sedoso cabello de su querida mujer.-Te amo y nunca amaré a nadie que no sea a ti…
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En alguna bodega de China, se encontraba una mujer de avanzada edad luchando por mantenerse despierta. No sabía que le harían si dormía, pero seguro nada bueno. Estaba amarrada de manos y piernas, recostada boca abajo en una cama. Le dificultaba demasiado respirar y manteniendo el cuello torcido creía que en cualquier momento este se quebraría. Era el segundo momento más difícil de su vida. El primero había sido cuando le dijeron que los padres de Sakuno habían desaparecido. Este era el segundo momento más difícil solo porque su vida había sido tranquila. Esto no se comparaba en nada a esa vez.
Ryuzaki Sumire aun no sabía para que la querían, no quería morir sin ver antes a su querida nieta. Sakuno había sido su consuelo cuando Hiro y Renka desaparecieron, pero también era su confidente, amiga y…y también era su hija.
Tampoco quería morir sin saber quién era el culpable de la muerte de su hijo y su nuera. Quería que se hiciera justicia. Estaba en medio de sus divagaciones cuando un hombre desconocido entró a la misma habitación y se mantuvo de pie junto a la anciana. Después de quedarla mirando por un corto tiempo, rompió su silencio.
-Primera vez que nos vemos, ¿Cierto?-dijo el desconocido con desdén a la anciana.
-Y espero que sea la última.-respondió esta. No iba a dejar que dañaran su orgullo y prefería provocarlo para ver si lograba sacarle algo de información.
-Al parecer tienes agallas, abuela.-dijo el desconocido caminando de un lado al otro, no por sentirse incomodo o nervioso, simplemente no quería estar ahí.
-No me digas así y dime de una buena vez que necesitan de mi. –dijo Sumire tratando de mantener la compostura… Bueno todo lo que se podía estando boca abajo en una cama, atada de pies y manos.
-¿Y si te digo que ya no necesitamos de ti?-un profundo terror se vio reflejado en los ojos de la mujer. Era eso lo que el captor buscaba y se percató de ello.-Calma, calma. No necesitamos directamente de ti, pero aun puedes sernos de ayuda. Solo mantente viva ¿Si?-dijo antes de salir de la habitación, dejando completamente sola a Sumire.
-Y da por hecho que me mantendré viva, tengo que volver a ver a Sakuno.-dijo Sumire antes de quedarse dormida.
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A la mañana siguiente los profesores le habían pedido a Sakuno que fuera a ver a un psicólogo, pero al ver que esta se reusaba rotundamente a esto y aseguraba que "la compañía de mis amigas me va a ayudar mucho más que un desconocido que habla bonito". Al final lo dejaron pasar y continuaron con su viaje, solo que ahora estrictamente todos tenían que ir con la clase. Eso causó un gran disgusto en todos los estudiantes de Seigaku, pero como ya todos se habían enterado de lo ocurrido a Sakuno (por unos que se llaman Tomoka y Horio) aceptaron, de mala gana, pero aceptaron al final. La peli rojiza odiaba ser el centro de atención, ya no era tan tímida como lo era de niña, pero tampoco era como su amiga Tomoka, que era capaz de contarle la historia de su vida a alguien que desafortunadamente se pusiera a caminar cerca de ella en la calle.
Sakuno iba caminando tranquilamente junto a Tomoka, esta hablando de quien sabe qué cosa, cuando los rubíes que tenía por ojos enfocaron una figura masculina, varonil, esbelta, simplemente perfecta. Sus orbes carmesí se conectaron con los ámbares del peli verde y compartieron una mirada cómplice. Ryoma se puso a caminar hacia un lugar apartado del grupo y quedó parado allí, como esperando a alguien.
-Tomo-chan, tengo que hacer algo, vengo en un momento, ¿Está bien?-le dijo Sakuno a la morena rápidamente y se fue sin esperar respuesta alguna. Su amiga quedó mirándola un momento con una expresión indescriptible y después se fue a reunir con Naomi y Ayumi.
Sakuno se dirigió al lugar en donde estaba Ryoma apoyado en una pared, bebiendo nada más y nada menos que una ponta. La chica fue a una máquina expendedora de bebidas, se compró una y se puso junto a Ryoma. Tenían aproximadamente quince minutos antes de que sus clases fueran a recorrer la ciudad.
-Arigato, Ryoma-kun.-dijo la peli rojiza, tímidamente. Ryoma era imponente, se sentía débil junto a él.
-Mmm.-respondió él.
-Pero… ¿Cómo me encontraste?-pregunto Sakuno elevando su mirada hasta encontrarse con los orbes ámbares de Ryoma. Por primera vez en su vida lo miró fijamente sin sonrojarse o ponerse nerviosa.
-No te encontré. Solo pasaba por ahí.-dijo este sin apartar su mirada.
-Vamos, Echizen, estaba en un callejón, no es posible que me hayas visto ahí.-dijo Sakuno con decisión.
-Si lo hice, solo deberías agradecerme.-dijo el peli verde.
-Ya me agradecí, ahora explícame como me encontraste.-cuando se lo proponía podía ser muy terca.
-Ya te lo dije, solo te encontré, si no fuera por mi te habrían violado, y después secuestrado ¿No es así?-dijo Ryoma.
-¿Cómo sabias que me querían secuestrar?-murmuró Sakuno.
-No lo sabía, pero lo suponía.-respondió él.
-¿Y por qué lo suponías?-pero algunas veces Sakuno exageraba en lo de terca.
-Por nada. Solo confórmate con que te haya salvado ¿Si?-dijo bastante fastidiado Ryoma "Nunca diré en voz alta que estaba siguiendo a esa tonta, nunca"-pensó.
-Por ahora.-dijo Sakuno mirando de reojo a Ryoma. Después se fue a reunir con sus amigas. "Que me ocultas, Echizen…" - pensó la peli rojiza.
-Mada mada dane.-dijo Ryoma en voz baja mientras iba a reunirse con Momo, Eiji y Oishi.
-¡Sakuno-chan! –gritó una voz familiar desde lejos. Como un auto reflejo Saku se volteó para buscar a la mujer que había dicho su nombre y divisó una silueta conocida que la saludaba con la mano. Sabía quién era.
-Oh no…-dijo la peli rojiza para sí misma.-Es Rinko-san, la madre de Ryoma-kun.-le dijo a Naomi y Ayumi, que no la conocían.
-¿Pero por qué vino la mamá de Echizen?-preguntó Naomi. Ni ella ni Ayumi sabían la historia entera de lo que paso en "Esa fiesta", pero a Saku no le agradaba hablar de eso, por lo que dejaron de insistir.
-Ni idea.-dijo Sakuno caminando al encuentro de Rinko.-Hola.-dijo la peli rojiza.
-Hola.-le respondió Rinko. -¿Cómo estas Sakuno-chan? Me enteré de lo que sucedió, pobrecita. -dijo la mujer de una manera muy maternal.-Querida, tenemos que hablar…
-Lo imaginaba, voy a avisar que me quedaré en el hotel hoy.-le dijo Sakuno a Rinko.
-Ve.-dijo esta. Su expresión se mostraba triste y melancólica y eso preocupaba a Sakuno.
Después de que todos se hubieran ido, Rinko y Sakuno fueron a tomar té a la terraza del hotel. La peli rojiza esperaba ansiosa a que la mujer hablara, sabía que tenía que ser algo importante para que se molestara en venir de Tokio a Kioto.
-¿Para qué vino, Rinko-san? Mañana nos devolvemos a Tokio, no creo que sea tan difícil esperar un día.-dijo la peli rojiza.
-A pedirte un favor. –dijo la mujer mirando directamente a los ojos a Sakuno. La chica no sabía cómo reaccionar, seguramente la madre de Ryoma venía a pedirle que volviera a su casa, pero… ¿Por qué? Apenas la conocía, no podía haberse encariñado tanto. Y luego las palabras que tanto temía Sakuno fueron dichas.- Vuelve con nosotros, Saku-chan.-suplicó la mujer. Pero Sakuno aun estaba demasiado confundida con respecto a sus sentimientos, y aunque Ryoma la había salvado, aun no podía perdonarlo.
-Rinko-san, gomenasai, no pue…-empezó a decir Sakuno, pero la interrumpió antes de que pudiera terminar.
-Por favor, Saku-chan… Tu abuela está desaparecida.- dijo Rinko con la voz ahogada. Estaba conteniendo el llanto lo mejor que podía, pero sin muy buenos resultados. Sakuno quedó inmóvil, es que no lo podía creer. Hace tan poco que la había visto y ahora le decían que estaba desaparecida… ¡Y en China! La vida realmente la odiaba. Silenciosas lágrimas fueron deslizándose por sus níveas mejillas. A Sakuno le extrañaba que aun no se hubiera deshidratado. En esa semana había llorado más de lo que había hecho el resto de su vida.
-¿M-mi abuela?-decía sollozando.- ¿Por qué… por qué ella? Tengo miedo.- dijo tapándose la cara con las manos.
-Y van tras de ti.-dijo la señora Echizen decidida a no llorar. Tenía que ser fuerte y ayudar a Sakuno. Si ella perdía la calma nadie podría serle de consuelo a la joven mujer.- Lo que pasó ayer no fue una casualidad, te estaban buscando. Mi familia no puede proporcionarte demasiada ayuda, pero… pero… te juro que te protegeremos. Lo siento Saku-chan.-Rinko se paró de su asiento y abrazó protectoramente a Sakuno.
-¿P-para que m-me quieren?-preguntó dudosa Sakuno. No sabía si realmente quería saberlo. "¿Qué mierda hay en China? ¿Y por qué me quieren…?"-pensó la peli rojiza secándose las lágrimas.
-No lo puedo decir… yo no. Pero cuando mi marido encuentre que sea el momento te juro que te contaremos todo. Pero por ahora, por favor, vuelve con nosotros. No te preocupes por Ryoma, yo hablaré con él pero…- fue interrumpida por Sakuno.
-Está bien.- dijo decidida Sakuno. Había tomado una decisión, viviría en la casa de Echizen, esa era la única forma de descubrir lo que le ocultaba Nanjiro-san. Además… esta también era la única manera de poder sacar completamente a Ryoma de su vida. Era una prueba para ella misma.-Lo haré, Rinko-san, pero solo si prometen que me dirán lo que saben, aunque sea en un tiempo.-dijo Sakuno. Rinko no esperaba esa reacción, se sorprendió mucho la verdad, pero estaba muy feliz. Un poco del peso que estaba cargando en su espalda, una pequeña parte, se había ido con la respuesta de Sakuno.
-Me alegra mucho escuchar eso. Hablé con tu profesora apenas te fuiste de la casa y también lo hice hoy, diciendo que quizás regresarías a casa. Podemos irnos hoy si quieres, así podríamos ir a recoger tus cosas donde las tengas. – dijo sonriendo a Sakuno. La peli rojiza había esperado mucho tiempo por este viaje y en verdad quería quedarse, pero al ver la expresión de amor y preocupación que puso Rinko, no pudo decir que no. Era como su madre, a la cual nunca conoció. Podría acostumbrarse a esa sensación.
-Pero Tomo-chan, no me despedí de ella…-empezó Sakuno pero no alcanzó a terminar, ya que la mujer le puso un teléfono móvil en el rostro.
-Puedes llamarla, ella entenderá, se preocupa mucho por ti.- dijo Rinko. Saku tomó el teléfono y marco el número de Tomoka. Contestó en seguida, siempre estaba pendiente del teléfono, más que de cualquier cosa. "Aló Tomo-chan… tengo que decirte algo… me iré con Rinko-san… tengo que hacerlo… me vienes a ver apenas llegues, tengo que contarte muchas cosas… sí, yo también te amo amiga, bakaa. Ja ne". Y se cortó la llamada.- ¿Vamos?-preguntó Rinko.
-Haii.- respondió Sakuno. "Al menos así podré tener un día sin Echizen, para poder prepararme mentalmente… y estar sola."- pensó la peli rojiza, siguiendo a Rinko que caminaba hacia su auto.
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Ya estaba atardeciendo cuando Rinko y Sakuno por fin llegaron a Tokio. Aunque a esa hora apenas se veía el sol, continuaba haciendo un poco de calor, aunque se notaba que pronto daría comenzó el otoño, época preferida de la peli rojiza. Nunca supo por qué pero siempre sentía suma tranquilidad cuando llegaba esta época, incluso su rendimiento escolar subía considerablemente. Su abuela le había dicho que el otoño también era la época favorita de su madre.
Cuando salía del auto, a Saku le cayó una hoja ligeramente amarillenta en su mano. La quedó mirando por un momento y luego se la guardo en un bolsillo.
Al entrar a la casa fue recibida emocionadamente por Nanako, quien literalmente se tiró sobre Sakuno y poco menos la mata por asfixia. Eso le recordó a cierto pelirrojo que nunca pasaba tranquilo… pelirrojo… no había hablado con Kintarou. La había apoyado tanto y además ayudado cuando escapó de ese lugar. Seguramente creería que Sakuno estaba delirando cuando le diga que por decisión propia había vuelto con Ryoma. Bueno, la cosa es que no había vuelto por Ryoma… bueno si, pero esa no había sido la mayor causa, sino que tenía que enterarse de lo que sabía Nanjiro y solo lo conseguiría si volvía a vivir con ellos.
Al fin estaba sola en la habitación que le serviría como refugio por los próximos meses. Una vez estuvo allí comenzó a llorar, nuevamente. Pero esta vez era por su abuela. Lloraba y rezaba para que la encontraran. Para que no le sucediera nada malo. Para que no tuviera miedo. También lloró por sus padres y rezó para que se hiciera justicia. Cuando se hubo calmado un poco, sacó la única foto que tenia de ellos, se quedó mirándola por unos largos minutos y después pegó la hoja que se había guardado en el bolsillo al reverso de esta. Ese sería su más poderoso amuleto. No estaba sola.
Se había recostado sobre la cama y perdió la noción del tiempo. Pudieron haber pasado tanto dos minutos como dos horas y cuando se disponía a levantarse, un borroso y lejano recuerdo la asaltó de repente, como la vez en que su abuela la había dejado en esa casa. "Mami, mami, mira, encontré una mariposa.-decía una pequeña niña de mirada carmesí y pelo rojizo.- Que bonita, pero debes dejarla ir, ningún ser vivo merece estar privado de libertad.- le respondió una mujer adulta, con los ojos iguales a los de la pequeña, como dos perfectos rubíes.- Haii.- dijo riendo la niña. Dejando en libertad al indefenso insecto…"
-No es bueno que tenga estos recuerdos… me dan tristeza.- dijo Saku parándose al fin de la cama. Al revisar su reloj se dio cuenta de que eran las nueve de la noche.- Entonces si habían sido dos horas… iré a comer algo- pensó la peli rojiza yendo hacia el comedor.
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-Osakada, en donde se metió Ryuzaki, no la eh visto en todo el día.- dijo en voz baja Ryoma. Cuando la morena escuchó esto reprimió una risa, o al menos lo intentó pero no le fue muy bien. "¿Echizen preocupado por mi Saku-chan? ¡Se lo tengo que decir a Naomi y Ayumi!"- pensó Tomoka.
-¿Acaso estas preocupado por ella? Parece que hasta el príncipe de hielo tiene un corazón cálido, ¡Qué maravilla!- dijo Tomoka dándole un golpecito en el brazo al de mirada ambarina, pero este ni se inmutó.
-Esa no era mi pregunta, pero si no quieres responder me voy a mi habitación.- dijo Ryoma caminando hacia el elevador. Nunca permitiría que Osakada ni nadie se metiera con su orgullo, era algo muy importante, mucho más importantes que esas cosas inservibles que se llamaban… sentimientos. Le daba repugnancia el solo hecho de pensar en eso. Él nunca se enamoraría de nadie y menos de esa niña tonta.
-¡Espera, Echizen! Te digo, te digo, pero vuelve aquí.- le gritó Tomoka, llamando la atención de todos los que pasaban por ahí. Ryoma apretó los puños de impaciencia y comenzó a caminar hacia la escandalosa muchacha que lo llamaba. Ganas le habían dado de ignorarla completamente y seguir camino hacia su habitación, pero quería saber donde se había metido la peli rojiza. ¿Y para qué lo quería saber? Eso no importaba, solo lo quería saber. Cuando al fin llegó junto a la morena, espero sin decir palabra a que esta le dijera la causa de por qué no estaba Ryuzaki por ningún lado. Tomoka lo miró con una expresión divertida, que molestó un poco a Ryoma, pero no dio muestras de ello. -¿Quieres que te diga o no?- dijo la morena tratando de provocar a Ryoma. Eso era casi tan divertido como molestar a "Kinta-chan"
-Si.- dijo cortante Ryoma. En verdad odiaba a Tomoka.
-Bueno, bueno. Pero dime: "Tomoka-chan, por favor, puedes decirme donde está el amor de mi vida, Saku-chan"- dijo Tomoka llevándose las manos hacia el pecho, hablando dramáticamente.
-Eres insoportable, no se puede hablar contigo.- dijo Ryoma yéndose hacia el ascensor, pero fue detenido por el brazo por Tomoka, quien dijo en voz baja y muy seria.
-Rinko-san la vino a buscar y se fue con ella. No tengo ni idea por qué volvería después de haber escapado de ahí. ¿Sabes algo que yo no sé, Echizen?- preguntó Tomoka mirando directamente a los ojos a Ryoma.
-No lo sé. Me voy.- dijo y se fue directamente a su habitación. "Que planeas, Ryuzaki. Mada mada dane".
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En alguna habitación de hotel ubicada en China, había dos hombres discutiendo cándidamente.
-¡Tú me dijiste que ese hombre era confiable, ahora lo tienen detenido y como sabemos que no va a decir nada!- gritaba un hombre de porte elegante, al parecer el jefe del otro sujeto, que trataba de defenderse como podía.
-Él no sabe nada, no nos puede delatar.- dijo el otro hombre.
-Cambiaste de teléfono, ¿Cierto? Si le da por hablar es mejor que no tenga ninguna forma de contactarnos.- dijo el primer hombre, un poco menos alterado. Ya no había nada que hacer al respecto.
-Lo hice.- respondió el segundo hombre desviando la vista. Odiaba ser tratado así, aunque sea por su jefe.
-Para que las cosas salgan bien hay que hacerlas uno mismo…- dijo para sí mismo el primer hombre, indicándole con la mano que se retirara al otro hombre. Cuando estuvo solo, encendió un puro y se sentó en un sillón de cuero blanco. Se sentía impaciente. ¡Quince años! Quince malditos años habían pasado y aun no obtenía lo que quería, pero cada vez su objetivo estaba más cerca de él. Tener que esperar unas cuantas semanas más no era ningún problema. Podía e iba a esperar y como la había dicho antes, "Para que las cosas salgan bien hay que hacerlas uno mismo". Esa frase no podía ser más cierta.
¿Qué les pareció? No me terminó de gustar este capítulo pero fue lo que trajo mi imaginación. Estoy empezando a poner un poco más que tiene que ver el papá de Ryoma y por qué quieren a Saku, pero iré dando información de a poco.
LES TENGO UNA PREGUNTA :D ¿Les gusta que le pongan Yaoi a los fics de prince of tennis? Yo lo odio pero me gustaría saber su opinión
Dejar reviews no cuesta nada y así me pueden hacer críticas para que pueda mejorar o felicitaciones :$ Ja ne, las quiero mucho :* grax por seguir la historia.
