Terminando el semestre O.o muchos trabajos, pruebas, tareas (que nunca hago xz) dos fics :S MUCHOOO, gomen si me demoro cada vez más en actualizar T-T pero en julio tendré mucho tiempo :D, falta poquito para las vacaciones n.n y empezará cuenta regresiva para tener 14 :Z (¿Enana? Lo sé, lo sé, por lo mismo no pondré lemon en mis fics u.u pero lime si n.n)
Dedicado a mi papá, que ni siquiera sabe que escribo fics :P ojalá lo pase bien en el día del padre, aunque estemos a una considerable distancia, lo quiero mucho n.n
Ojalá les guste el cap, Prince of tennis no me pertenece, pero la historia y uno que otro personaje sí.
Capitulo 9: Nuevos sentimientos.
Una joven mujer, esbelta, de mirada carmesí y hebras rojizas abría perezosamente sus ojos, siendo encandilada con la gran cantidad de luz que entraba en su pequeño cuarto. ¿Dónde se encontraba? No se acordaba, solo se limitaba a estirarse en la cama, enredando sus firmes piernas entre las delicadas sabanas blancas que la cubrían completamente. En un segundo de lucidez que tuvo, recordó que nuevamente había ido a parar a la residencia Echizen. Era tan persuasible. Se maldecía por dentro mientras se restregaba los ojos, con rabia y tristeza. No era para menos, teniendo en cuenta que el día anterior se había enterado duramente de la desaparición de su abuela, ultima familia que le iba quedando. Debía levantarse, pero si lo hacía, sabía que tendría que afrontar la realidad. "Toc toc", alguien estaba tocando la puerta. Intentó ignorarlo, pero nuevamente tocaron. A la tercera vez decidió responder.- ¿Quién es?- interrogó la peli rojiza mientras se restregaba los ojos y buscaba, sin grandes resultados, una bata que ponerse para salir de la cama. Está de más decir que con la vieja camiseta y los shorts que ocupaba para dormir no se podía presentar ni frente al espejo. Cuando por fin logró encontrar la bata, la voz le respondió.
-Soy Nanako, está listo el desayuno, aunque no es japonés… Es americano, ¿No hay problema, cierto?- pregunto la joven, apoyada al otro lado de la puerta.
-Claro que no, me gusta mucho comer de vez en cuando desayuno americano, además es delicioso.- dijo Sakuno mientras se colocaba la bata y trataba de arreglar lo más que podía su cabello. "Tendré que hacerme un corte, lo tengo de nuevo muy largo" pensó cepillándose levemente el cabello y ajustándose la bata.- Bajo en un momento, Nanako-chan- dijo la peli rojiza mientras se calzaba unas zapatillas deportivas y luego se tiraba nuevamente a la cama, pensativa, "¿Qué estoy haciendo? No debería estar aquí…"
-Haii. Sabes… me recuerdas a Ryoma-kun, solo que el diría todo lo contrarío.- Dijo riendo por lo bajo Nanako mientras se alejaba de la puerta y se dirigía hacia el comedor para preparar la mesa.
Sakuno no parecía tener intenciones de moverse. Continuaba tendida en la cama, con la mente en blanco, pensando que no desayunar un día no le haría ningún daño… Pero si lo hacía, lo más probable era que preocuparía a todos y seguir llamando la atención era lo que menos quería hacer.
Se paro por un momento y se volvió a recostar en la cama. No quería abandonar la confortable tranquilidad que tenía estando recostada en su lecho. Después de pensárselo por un par de segundos, se decidió, al fin, y se encaminó hacia el comedor. Seguro todos estaban preguntándose donde estaba… cuanto daría por estar nuevamente en la vieja casa que días antes compartía con su abuela. Increíble que antes peleara con esta por querer vivir en un departamento con su mejor amiga, Tomoka.
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Mientras tanto, en el tiempo en el que Sakuno aun no decidía si volverse a dormir o ir a desayunar junto a la familia Echizen, el comedor estaba siendo preparado por la prima de Ryoma con sumo cuidado, viendo que todo quedara absolutamente perfecto. Demasiado si se pensaba que solo iban a desayunar entre familia. Bueno… también estaba Sakuno, pero pensando que convivirían los próximos meses en la misma casa, ya era como parte de la familia.
-¿A qué hora va a llegar Ryoma-kun?- preguntó Nanako poniendo unos huevos revueltos en la mesa y sacando el pan de la tostadora.
-A las cuatro. Seguramente tengamos a Osakada-san rondando por aquí antes que llegue Ryoma.- dijo Rinko mientras ponía un ramo de flores frescas en un moderno florero de cristal como centro de mesa.
-Nanako-chan, te dije que despertaras a Ryuzaki. Seguro aun sigue soñando con mi hijo.- dijo el samurái mientras sacaba una rebanada de pan y lo untaba con mantequilla para luego comérselo de una sola mordida.
-Ya le avisé y dijo que ya venía, pero parecía muy cansada, quizá se quedó dormida nuevamente. Le han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, debe de estar muy afectada. Hoy pienso llevarla al spa, a ver si algunas de sus preocupaciones se van con eso.- dijo la peli azul cuando de repente se comenzaron a sentir unos tambaleantes pasos bajando por la escalera. La peli rojiza casi cae de bruces al suelo por tropezarse con sus propios pies. Desde niña su aspecto más destacado fue su gran torpeza, bueno, eso y su falta de orientación. No era muy lindo, verdad. Cuando por fin llego tenía claras señales de haber estado llorando en la noche. Ojos enrojecidos y ojeras marcadas. Pero aun así seguía luciendo muy linda, además al saludar colocó una gran sonrisa, bueno, sonrío antes de poner una cara de completa estupefacción. La mesa estaba tan arreglada que parecía que alguien estaba celebrando una propuesta de matrimonio o la noticia de un hijo en camino.
-¿Me perdí de algo?- cuestionó la peli rojiza tomando lugar en la mesa junto a Nanako. Estaba algo nerviosa. ¿No era un simple desayuno?
-No hay necesidad de una escusa para desayunar como es debido, o acaso no tienes hambre… Podrías haberte dado un baño antes de bajar si así lo preferías o dormir hasta tarde…- y Rinko continuó con su monólogo por un rato, sin que la peli rojiza le prestar demasiada atención. Había dormido HORRIBLE, con todas sus letras. La última vez que se fijó en la hora eran nada más ni nada menos que las 3 de la mañana, y no se había dormido enseguida.
El desayuno transcurrió sin grandes contratiempos, solo que la peli rojiza casi se atragantó cuando él samurái le preguntó pervertida mente si la razón por la cual había demorado tanto en bajar era porque estaba soñando con Ryoma. La mirada envenenada que le lanzó Rinko a su esposo hizo que este retirara su palabra, cabizbajo, pero igualmente Sakuno estaba sonrojada hasta las orejas.
Las horas pasaban rápido, quizá demasiado. Había salido un "momento" a pasear para tomar aire y cuando regresó a casa ya iban a almorzar todos. Ahh, otro aspecto que destacaba mucho en la peli rojiza era su PESIMO sentido del tiempo. Cuando Nanako la invitó al spa, una parte de ella en verdad tenía ganas de relajarse con una amiga e ir, pero la otra parte, que le exigía descansar y estar sola, prevaleció esta vez. Es decir, declinó la oferta. Estaba nuevamente en su habitación, parada frente al espejo, solo cubriendo su intimidad una fina y delicada ropa interior y se tapaba el busto con sus brazos, avergonzada de lo que hacía.
Sakuno…
Con razón no le gusto a Ryoma-kun, ¡Soy horrible! En vez Tomo-chan es tan linda, con sus largas y firmes piernas, su rostro maduro, mirada segura y cabello castaño fino y sedoso… Ni hablar de Naomi, que casi parece una diosa y Ayumi tiene los labios más bellos que eh visto en toda mi vida. Que envidia me dan… Un momento, no puedo tener envidia de mis mejores amigas. Yo las amo, no me han hecho nada malo… Estúpido Ryoma, ¿Por qué aunque trato de olvidarlo se niega a salir de mi endeble corazón? Además lo único que sabe hacer es confundirme al parecer… Ni siquiera me dijo como me había encontrado la otra noche… no es que no esté agradecida, porque lo estoy infinitamente, pero eso no quita el hecho de cómo me había encontrado.- Sakuno estira una mano y la coloca sobre el espejo, delineando su esbelta figura. Al parecer, la peli rojiza era la única que creía que era menos linda que el resto de las chicas. Su belleza resaltaba naturalmente, sin tener la necesidad de utilizar maquillajes o ropa costosa.
-El último novio que tuve es el responsable de esto.- dijo con rabia mientras se "agarraba" una imaginaria acumulación de grasa de sus caderas. Ese último novio había sido el anterior a Kintarou, se llamaba Kasuto y fue el único chico que la dejó, y también uno de los pocos que le llegaron a gustar en verdad. Calló en una pequeña depresión por un tiempo, donde comía todo lo que veía. Aunque duró poco, ya que casi muere al subir sobre la pesa… y eso que no había subido tanto.- Que cosas estoy pensando, no voy a tratar de ser linda para agradarle a Ryoma, sé que nunca lo lograría, en todo caso. Pero la cosa es que… tengo que sentirme linda, pero para mí misma.- dijo en voz baja la peli rojiza mientras, mientras que con un gran sonrojo en la cara, se descubría sus pechos y los miraba con vergüenza. No era que le diera vergüenza mirar su cuerpo, pero sí si lo hacía de esa forma. En todos esos años en que Ryoma había estado fuera, su cuerpo había cambiado considerablemente. De la muchacha flaca y frágil, poco o nada había quedado. Sus delgadas piernas, habían sido cambiadas por una firmes y contorneadas. Su cintura se había estrechado y sus pechos… es que no había comparación. Si bien no tenía los senos más grandes del mundo, si eran suaves y firmes.- Ryuzaki Sakuno, tienes que tener un poco más de confianza en ti misma… si te quieres, eres hermosa.- dijo para sí misma la joven volviendo a vestirse con unos jeans estrechos y un chaleco holgado. El otoño iba llegando más rápido de lo imaginado, pero por lo mismo una necesaria calma lograba invadirla. Se acercó a la ventana de su cuarto y cerró sus ojos.
En muy poco tiempo llegaría de vuelta Seigaku, en otras palabras, Ryoma. Aunque lo más probable es que su mejor amiga se apareciera por ahí antes que el peli verde. Había empezado a juguetear con un mechón de su propio cabello cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Pensó en ignorarlo, pero podía ser importante. Cuando contestó, una voz familiar le habló en tono preocupado.
-Hola, Saku-chan, ¿Estás bien?- preguntó con evidente preocupación Tooyama Kintarou, uno de sus mejores amigos.- Tomoka me llamó y…- empezó el pelirrojo, pero fue detenido por Sakuno.
-Estoy muy bien, no pasó nada grave gracias a Echizen.- para sorpresa del pelirrojo, Sakuno mencionó el nombré de su "salvador" con suma amargura. Al otro lado de la línea dejó ver una seductora sonrisa.- Volví a esta casa por unos problemas familiares… pero son, algo delicados como para hablarlos por teléfono.- aclaró la peli rojiza, evitándose una pregunta que sabía llegaría. La respuesta del pelirrojo la dejó perpleja.
-Perfecto.- dijo Kintarou, agrandando aun más su ya existente sonrisa.
-¿Per-perfecto? ¿Qué cosa?- cuestionó dudosa Sakuno mientras volvía a jugar con un mechón rebelde de su cabello.
-Nos podemos ver ahora. Yo estoy cerca de una linda cafetería, vas venir, cieeeeeeeerto.- rogó el pelirrojo.- Como ya no quieres estar con Koshimae… quizá podríamos tener una… ¿Cita?- Paralización total por parte de Sakuno. Sus orbes carmesí tenían impresos en ellos una completa estupefacción. Pero la joven no parecía fastidiada. Kintarou era un hombre muy apuesto, divertido, infantil, pero al mismo tiempo seductor. Además era una cita sin compromisos, y si anteriormente lo aceptó como novio, aunque haya sido una respuesta influida por una morena conocida, era porque sentía una extraña atracción hacia él. No amor, pero quien sabe, si los sentimientos se cuidan pueden florecer hermosamente.
-Me parece bien… - susurró absolutamente avergonzada la peli rojiza, casi arrancándose el mechón de su cabello. Como que un poco de pelo tuviera la culpa de todos sus problemas…
-¿En serio?- preguntó algo escéptico el pelirrojo al otro lado de la línea.- ¡Te esperó aquí entonces, adiós!- gritó emocionado Kintarou cortando la comunicación repentinamente, dejando con las palabras en la boca a la peli rojiza.
-¿Es que cafetería es…?- dijo para sí misma Saku mientras por fin dejaba en paz a su cabello y se acercaba a su armario para ver si tenía algo que ponerse, pero estaba vacío. No había desempacado aun y cuando Rinko se ofreció tuvo que decirle que no. Ya había abusado mucho de la amabilidad de esa mujer. Rebuscando entre sus maletas encontró un simple conjunto de un jean azul claro, una blusa con mangas, pero que dejaba los hombros descubiertos, y una chaqueta de tela ligera, de color blanco. El clima aun no ameritaba el usar un abrigo. Se dirigió al baño y se dio una reconfortante ducha, aunque no demasiado larga. Kintarou la estaba esperando. El solo hecho de pensar en que estaría a solas con el pelirrojo, en una "cita" la hacía sonrojarse completamente. Pero… ¿Por qué? No era la primera vez que iba a una cita y no estaba enamorada de él, aun no podía olvidar a Ryoma. Sus sentimientos cada vez estaban más confusos, cuando pensaba en Kintarou, la imagen de Ryoma aparecía en su mente, y cuando pensaba en Ryoma, era Kintarou quien aparecía en su cabeza. Trató de dejar de lado esas ideas sacudiendo un poco la cabeza y salió de la ducha. Se colocó el conjunto minutos antes escogido, secó rápidamente su cabello y se lo amarró en dos trenzas, como cuando era una niña. Le traía lindos recuerdos usar esas trenzas, además su abuela le dijo que era su madre quién la peinaba de pequeña. La peli rojiza tocó una de sus trenzas con melancolía, aunque solo fue por un momento.
Después se colocó un poco de perfume, pero no demasiado, se calzó los zapatos, cogió su cartera y se puso en marcha hacia el lugar donde creía podía estar esperándola el pelirrojo. Se preguntarán por qué no lo llamó para preguntarle donde estaba, pero la respuesta es muy simple. Le dio vergüenza. Intento marcar su número, pero no lograba colocar más de dos dígitos. "Por tonta tendré que estar buscándolo…" pensó la peli rojiza caminando aun más rápido. Una vez llegó hasta la cafetería en que "posiblemente" podría estar esperándola Kintarou, paró en seco. "¿En verdad quiero hacer esto?" se preguntaba una y otra vez Sakuno, mentalmente. Cuando al fin se decidió a entrar, suspiró sonoramente y entró. No se había equivocado de lugar. Kintarou estaba sentado en una mesa para dos en un rincón poco iluminado del lugar. Saku se dirigió lentamente hacia él, con pasos dudosos y tropezando una que otra vez. Al llegar al lado del pelirrojo, este no se percato inmediatamente de su presencia, por lo que Saku estuvo un momento observándolo, fijamente. Se sonrojó un poco por lo que estaba haciendo, ¿Acaso era una niñita nerviosa por su primera cita? Claro que no. Esta no era si primera cita y hace mucho había dejado de ser un ingenua niñita, como la que se enamoró de Ryoma. Aunque aun era ingenua. No podía olvidar aun al peli verde, después de tantos años. Aunque se dijera todas esas cosas interiormente, tenía unas ganas de salir corriendo hacia casa y una vez llegado a la protección de su lecho llamar al pelirrojo para cancelar su cita. Pero una voz interior, a la cual casi nunca escuchaba, le dijo algo muy inesperado: "Acaso vas a salir huyendo, bebita". Era su orgullo quién le hablaba. Ella no solía escucharlo, mucho menos obedecerlo, pero esta era una de las pocas veces en que creía que tenía razón. Y no solo creía, sino que estaba completamente segura. El sonrojo abandonó completamente su rostro, apretó sus puños dándose valor a sí misma y se sentó frente a Kintarou. Su expresión siempre tímida e inocente fue cambada por una resplandeciente sonrisa, muy segura y confiada. La aparición sorpresiva de la chica y su notorio cambio de actitud sorprendieron de sobremanera al pelirrojo, pero no le molestó en lo más mínimo. Cambió su expresión de sorpresa por una infantil y alegre sonrisa. Esta nueva Sakuno le gustaba aun más que la anterior, y ya le gustaba demasiado.
-Hola, Saku-chan, te vez muy linda hoy.- dijo Kintarou cortésmente mientras examinaba con la mirada a su bella acompañante. En verdad estaba hermosa. La ropa simple que traía hacía resaltar aun más la belleza y feminidad de la chica, y las trenzas le daban un aspecto inocente e infantil, pero al mismo tiempo, seductor.
-Hola, Kintarou-kun. También te vez bien hoy.- dijo sonriendo la fémina, mientras jugueteaba con una de sus trenzas. Al estar cerca de Kintarou, una misteriosa paz la embargaba. Era como la materialización del otoño, y el hecho de que justo ese día se haya puesto una camisa color café, solo hizo que la imaginación de Sakuno fluyera más de lo habitual. Se quedó observándolo por un largo tiempo, pero con una mirada perdida. Estaba completamente sumergida en sus pensamientos, volando por mundos inventados y hachos imposibles, cuando fue traída de regreso a este común mundo por la camarera que estaba preguntándoles lo que ordenarían. Sakuno miró con estupefacción por un momento a la camarera y luego aterrizó por completo en este mundo, un poco aturdida. Se había dejado llevar muy fácilmente por sus pensamientos.
-¿Qué va a ordenar?- preguntó gentilmente una joven mujer, de unos veinte años aproximadamente, con el cabello castaño sujeto en dos coletas. Le recordó vagamente a su mejor amiga, sacándole un sonrisa. La cara que pondría la morena si viera que está en una cita "seria" con Kintarou. Aunque finalmente terminaría riendo a carcajada limpia, como siempre lo hace.
-Mmh…- Sakuno revisaba el menú rápidamente, hasta que se detuvo en una hoja donde aparecía la foto de un café helado, con pequeñas galletas a un lado.- Quiero este.- le señaló a la camarera, mientras que esta tomaba nota de su pedido.
-¿Y para el novio?- preguntó con un tono pícaro en la voz la mujer, mirando de reojo al pelirrojo, que se sonrojó levemente, pero no la corrigió. Agachó la mirada para ocultar su avergonzado rostro de la mirada de las mujeres. Sakuno contuvo una sonrisa. "¿Acaso es así como siempre me veo cuando intento ocultar la vergüenza? Que ridículo." Pensó la peli rojiza.
-Un sándwich y un cappuccino.- dijo el pelirrojo. La camarera lo anotó en su libreta y los dejó solos nuevamente. Sakuno trataba de elegir las palabras correctas para decir brevemente todo lo ocurrido los últimos días. Era tanto… moriría de vergüenza si se colocaba a llorar frente a Kintarou. Fijó sus orbes carmesí en los DORADOS de Kintarou y lo miró fijamente, tratando de decirle lo que sentía mediante la mirada, con resultados mejores de los esperados.
-¿No sabes por dónde comenzar, cierto? Es bueno desahogarse, cuenta todo lo que sucedió, aquí tienes un hombro para llorar.- bromeó el pelirrojo, pero a la peli rojiza ya casi le comenzaban a salir las lágrimas. Kintarou se puso serio de inmediato, estiró su brazo y colocó su mano en el delicado hombro de la fémina, brindándole un apoyo silencioso, pero reconfortante.
-N-no, t-tu no entiendes…- murmuró Sakuno, tratando de detener las finas gotas que amenazaban con salir estrepitosamente de sus orbes carmín.- Ya he llorado mucho… demasiado a decir verdad. No soy una bebita llorona, soy una mujer. No puedo llorar por to…- sus palabras fueron detenidas por unos fuertes brazos masculinos, que la apresaron en un abrazo protector.- Kintarou…kun- dijo la peli rojiza sorprendida, no pudiendo contener más las lágrimas, dejándolas caer libremente sobre el hombro del pelirrojo, sin vergüenza alguna.
-No te preocupes, no por llorar te conviertes en una bebita. Has sufrido mucho, en muy poco tiempo. Si guardas toda tu tristeza para ti sola no podrás cargar con el gran peso que se irá acumulando. Siempre estaré ahí para apoyarte, no puedes olvidar eso. Yo te amo.- esas tres palabras paralizaron momentáneamente a la poseedora de la mirada carmesí, dejándola atónita.- Se que no tienes los mismos sentimientos hacia mí, pero… lograré que olvides a Koshimae.- dijo Kintarou abrazando aun más fuerte a la fémina. Estaba nerviosa, y mucho, pero sus palabras sonaron seguras. El asunto es ¿Lograría hacer que Sakuno al fin pudiera olvidar a Ryoma, su primer amor? Lo tenía bastante difícil, pero nadie dijo que el amor era un asunto sencillo. Sakuno se sorprendió de lo dicho por el pelirrojo, y se sentía algo avergonzada por el abrazo, pero no por el hecho de que Kintarou la estuviese abrazando, ya que eso se sentía muy bien. Sentía vergüenza porque todos los podían ver. Sakuno abrió un poco los ojos y se dio cuenta de que estaba sentada sobre las piernas del pelirrojo. Las lágrimas dejaron de fluir por sus mejillas, se secó las restantes con la palma de su mano y se separó lentamente de Kintarou, para volver a su silla, una vez sentada nuevamente en su silla comenzó a hablar, lentamente. En breves palabras le relató a su acompañante los acontecimientos ocurridos en los últimos días, desde el ataque del hombre en Kioto, hasta la noticia de la repentina desaparición de su abuela. El chico escuchaba atentamente, en un completo silencio, sujetando la mano de Sakuno, brindándole un mudo apoyo. Cuando la peli rojiza hubo terminado de hablar, se quedaron un par de minutos en un completo silencio, pero no un silencio incomodo, sino ese silencio que hay cuando no hay nada más que decir. Se miraron mutuamente, hablando sin palabras, solo con la mirada, tratando de descifrar así el pensamiento del otro. Sakuno fue la primera en romper el silencio. Se había hecho de noche y su teléfono de celular no había parado de sonar en más de treinta minutos.
-Kintarou-kun, creo que ya deberíamos irnos.- dijo la peli rojiza mientras sacaba su billetera.
-¿Esto es una broma? - pregunto escéptico el pelirrojo, sacando una mirada perpleja a Sakuno- Yo te invité, yo pago.- dijo Kintarou infantilmente, sacando su propia billetera. Una vez pagada la cuenta salieron de la cafetería y comenzaron a caminar en dirección a la residencia Echizen, donde seguramente todos esperaban a Sakuno.- ¿No deberías llamarlos para que no se preocupen?- preguntó Kintarou a Sakuno. Iban tomados de las manos. Cuando el pelirrojo sujetó la mano de Sakuno, esta se sonrojó de pura impresión, pero no quiso herir los sentimientos del chico, por lo que no soltó su mano. Un poco antes de llegar a su destino, Kintarou paró en seco y miró a la fémina directamente a los ojos, suplicando algo con la mirada, que Sakuno entendió inmediatamente. La respuesta a esa silenciosa pregunta la tiene gravada cada mujer en su corazón. Él quería besarla. Y mucho. Tragó saliva sonoramente y enrojeció hasta las orejas. No sabía si estaba preparada para esto, además no quería darle falsas esperanzas al chico. Ella aun tenía sus sentimientos muy confusos.
-Kintarou-kun… - murmuró la chica, pero sus palabras no fueron escuchadas, ya que sus labios fueros apresados por los del pelirrojo en un tierno, delicado y breve beso. No fue inesperado, ella ya sabía que él quería besarla, pero aun así fue algo un poco perturbador para ella. No era que no le haya gustado, porque si le gustó, pero la imagen de Ryoma apareció en su cabeza después de que Kintarou la hubiera besado. Pero luego otra imagen invadió su mente, una muy diferente. Ella siendo abrazada por el pelirrojo. Realmente era una tonta. Kintarou era dulce con ella, la apoyaba en todo, se sentía a gusto con él y lo más importante, la amaba. En vez, Ryoma solo escuchaba a su estúpido orgullo, no era amable, solo se interesaba en el tenis y nunca había hecho ni haría nada bueno por ella. Aun así, estaba enamorada de él, aunque se empeñaba en negárselo a sí misma. Miró a los ojos al pelirrojo y sintió un inesperado impulso. Se acercó lentamente a Kintarou, apresó su rostro entre sus delicadas manos y depositó un breve beso en los labios de este, que fue prontamente correspondido. Duró un poco más que el anterior, ya que en este los dos eran parte de la caricia, delineando el rostro del otro con su manos, tímidos, dudosos, pero felices. Cuando dieron fin al beso, continuaron caminando, sin decirse palabra alguna, tomados de la mano, como una pareja de enamorados. No eran exactamente una pareja, pero si algo más que amigos. una vez frente a la casa Echizen, Kintarou comenzó a despedirse de la peli rojiza.
-Etoo… lo pasé muy bien esta tarde, Saku-chan. Deben estar esperándote dentro, Ja ne.- dijo el pelirrojo.
-Ja ne, Kintarou-kun, gracias por escucharme, debí haberte aburrido mucho, gomen.- dijo Sakuno, algo apenada.
-No me aburrí.- solo dijo eso antes de irse, dejando sola a Sakuno en la entrada de la casa. Seguramente todos estarían preocupados por ella, ya que no le dijo a nadie que saldría, pero valió la pena. Pudo desahogarse, nuevamente, pero esta vez sintió más apoyo que otras veces, tanto apoyo que apenas si lloró. Cuando estaba con Tomoka también se sentía apoyada y que no estaba sola, pero el cariño que le brindaba el pelirrojo era muy diferente al que le profesaba la morena. Era aun más reconfortante. Suspiró fuertemente una vez y abrió la puerta con la llave que Rinko le había entregado. De seguro que Tomoka también estaba dentro esperándola, y la reprimenda que le llegaría sería mucho peor de la que da una madre. Al entrar su predicción se hizo realidad. Tomoka estaba esperándola en la entrada con los brazos cruzados y una expresión maternal, pero severa en el rostro. Un escalofrío recorrió su espalda antes de cerrar la puerta. Suspiró nuevamente y cerró los ojos, esperando a que la morena empezara a hablar.
-Ryuzaki Sakuno, puedes explicar el motivo de estar llegando a estas horas. Estaba muy preocupada por ti. No contestabas, no llegabas, no dabas señales de vida alguna ¿Cómo quieres que reaccione después de lo que ocurrió en Kioto? Bakaa, a la otra que quieras salir deberás avisar, no, no volverás a salir antes de cumplir tu castigo, niña tonta.- dijo la morena abrazando a su amiga, aliviada. Después de lo que le contaron los padres de Ryoma, era normal que estuviera tan preocupada. Aun no estaba histérica solo gracias a que Nanako la había entretenido mostrándole fotos de Ryoma cuando era un bebé, incluso se había quedado con una en que aparecía dándose un baño. La mirada envenenada que Ryoma le envió a Nanako hubiera aterrorizado a cualquiera, pero ella ya estaba acostumbrada a la actitud de su primo. Rinko, Nanjiro, Nanako e incluso Ryoma hicieron acto de presencia en la entrada y fueron a ver como estaba la peli rojiza. Las mujeres dejaron escapar un suspiro de alivio y de parte de los hombres una aparente indiferencia.
Después de que Sakuno explicara en breves palabras el motivo por el cual había salido de la casa, Tomoka quedó con la boca completamente abierta, Nanako dejó escapar una casi imperceptible sonrisa y miro de reojo a Ryoma, que ni se inmutó. La morena le dijo a Sakuno que esa noche se quedaría con ella, para que le terminara de contar lo ocurrido con su abuela, y ahora también le tendría que relatar la cita con el pelirrojo, con detalles y todo. Tomoka le hizo una señal a su mejor amiga para que la siguiera y subió a la habitación que ocupaba la peli rojiza. Nanjiro se fue con Rinko a su habitación y se quedaron solo en la entrada Ryoma y Sakuno, sin decir palabra alguna. La peli rojiza se sentía muy incómoda con esta situación, pero a pesar del molesto silencio, no se atrevía a decir ninguna palabra. Instintivamente llevó una de sus manos a su cabello y comenzó a jugar nerviosamente con su trenza. Cuando ya no soportaba más el incómodo silencio comenzó a caminar hacia la escalera, sin dirigirle ni una mirada al chico que estaba cerca de ella. Cuando pasó junto a él, con intención de ignorarlo olímpicamente, este la sujetó por el brazo, impidiendo que diera un solo paso más. Sakuno quedó atónita frente a la inesperada reacción del peli verde. Se soltó del agarre sin mucho esfuerzo y quedó mirando fijamente a los ojos ambarinos del chico, con sus expresivos orbes carmesí, con una infinidad de preguntas presentes en ellos. Ryoma igualmente se quedó mirándola, sin decir ni una sola palabra. Seguían en un profundo silencio, pero esta vez no era incómodo, sino expectante, como esperando a que el otro rompiera primero el silencio, pero al parecer ninguno quería ser el primer en hablar. Ryoma movió lentamente su mano hacia el rostro de la fémina, con suma lentitud en cuidado y atrapo entre sus dedos una de las trenzas femeninas, delineándola con sus dedos, con curiosidad casi infantil. Luego de dejar en paz el cabello de la chica, llevó su mano hacia el rostro de Sakuno, posando la palma de su mano en la mejilla de la peli rojiza, sin que esta mostrara alguna señal de vergüenza. Esto sorprendió un poco a Ryoma, pero no dio señales de sorpresa. La siguió mirando fijamente a los ojos, preguntándole algo con la mirada, algo que su orgullo le impedía decirlo en voz alta. La pregunta fue entendida por la fémina, quién algo turbada respondió a la silenciosa pregunta.
-Si, Ryoma, me gusta Kintarou-kun, pero eso no debería de importarte a ti. Que yo sepa, no te importo en lo más mínimo, no te metas en mi vida.- apartó la mano de Ryoma de su mejilla y comenzó a subir por las escaleras, camino a su habitación, en donde la esperaba su mejor amiga. No logró subir más de dos escalones cuando su mano fue nuevamente apresada por la de Ryoma, impidiendo que avanzara más. Esta vez no se volteó a verlo, simplemente le preguntó intentando que su voz sonara indiferente, cuando en realidad se sentía algo curiosa por el extraño comportamiento que estaba teniendo Ryoma.- Ahora que sucede, Ryoma-kun.
-Eso no es verdad…- dijo el peli verde, soltando la mano de la chica y subiendo rápidamente por las escaleras, pasando junto a la fémina, que había abierto más de lo normal sus ojos, y se había quedado completamente paralizada. "¿Q-que quiso decir ese idiota? ¿Qué se preocupa por mí…? No, no es posible, debí haber escuchado mal, Echizen solo se preocupa por sí mismo, por nadie más" pensó la peli rojiza, antes de terminar de subir por las escaleras. Hizo una parada en el baño antes de ir a su habitación, para poder lavarse la cara y poner en orden sus pensamientos. Ese día había tenido una cita con Kintarou, y lo había pasado muy bien, luego, al llegar a casa, Ryoma le dijo indirectamente de le importaba… No. Eso no podía ser verdad. Ryoma no se preocupaba por nadie. Apartó todo pensamiento de su cabeza, secó su cara y se dirigió a grandes pasos hacia su habitación. Al entrar en esta vio que Tomoka ya se había acostado en la cama y estaba profundamente dormida. Sonrió dulcemente y luego comenzó a desvestirse para colocarse el pijama. Era cierto que con Kintarou sentía una misteriosa paz, pero era tonto pensar que la reconfortaba más estar en presencia del pelirrojo que de su mejor amiga. Se acostó junto a la morena, procurando no despertarla, pero igualmente Tomoka se percató de la presencia de Sakuno y le susurró algo al oído.
-Mañana hablamos, Sakuno, ahora tengo demasiado sueño.- dijo la morena antes de dormirse nuevamente, acurrucada junto a la peli rojiza. Esta miró a su amiga por unos momentos en la oscuridad, y luego se entregó a los brazos de Morfeo, igual que Tomoka.
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En otra habitación de la misma casa, un chico de mirada ambarina se debatía internamente por lo recién ocurrido. Él no era del tipo de personas que mostraban sus sentimientos, ni siquiera estaba seguro de poseerlos, pero nada más explicaba su inusual comportamiento con la dueña de los orbes carmesí. Se enojaba al recordar lo estúpido que se debió haber visto acariciando a la chica. ¿Cómo había caído tan bajo? Se preguntaba a sí mismo sin obtener respuesta alguna. Se recostó en su cama, en un vano intento por despejar su mente de tan estúpidos pensamiento. Él no podía estarse interesando por una chica, ¿Verdad? Ya no estaba seguro de nada, tomó en brazos a un gato que desde hace un rato rondaba por sus pies. Su padre se lo había dado apenas llegó a Japón, hace unas dos semanas aproximadamente, ya que le recordaba a un gato que había tenido Ryoma cuando era un niño. Ya no le interesaban los gatos, pero le traía buenos recuerdos, por lo que terminó aceptando que el felino viviera con ellos. El peli verde se introdujo en su cama, junto al gato y cerró sus ojos, quedándose dormido inmediatamente. Mañana seguiría pensando en… No siquiera estaba seguro de que estaba pensando.
No puedo creerlo O.o al fin terminé este capítulo :D Gomen por la demora, pero es que el otro día lo había terminado y se me apaguó el PC y perdí más de 4.000 palabras :'( aunque creo que fue para bien, ya que escribí algo completamente diferente. Bueno, no seguiré dando escusas, espero les haya gustado el cap, no avancé mucho en la historia, pero si en la personalidad de Saku y los sentimientos de todos n.n
Por favor, dejen reviews, me ayudan a mejorar y saber si les va interesando la historia.
Gracias a todos por comentar y leer, espero sigan la historia, Ja ne.
