Es difícil escribir D: pero lo amo, por eso no me daré por vencida con este fic, que aunque no tenga tanta aceptación como el otro en que trabajo, por ser el primero le tengo más cariño. Dedico ente cap. a la banda PARAMORE, que aunque no es el estilo de música que suelo escuchar, me ayuda a inspirarme demasiado. Si ya he escuchado más de treinta veces "the only excepción". Bueno, ojalá les guste el cap.

Prince of tennis no me pertenece, pero la historia y uno que otro personaje sí.


Capítulo 10: Llegada de otro príncipe

-¿¡LO BESASTE!- gritó sorprendida la morena, haciéndose escuchar en toda la casa. Sakuno se sonrojó de sobremanera al pensar que Ryoma estaría escuchando. Después del extraño comportamiento del peli verde el día anterior dudaba de sus sentimientos.

-No grites, Tomo-chan- dijo avergonzada la peli rojiza, cubriéndose los oídos con ambas manos. Tomoka no había parado de gritar desde que se despertaron y sus pobres tímpanos ya no soportaban más ruido.

-Pero no me has dicho como fue, Sakuno.- dijo un poco más calmada la morena. Sujetó a su mejor amiga por los hombros y la miró directamente a los ojos.- ¿Fue… un besito, o un… beso?- esta pregunta provocó un gran sonrojo en la peli rojiza.

-E-eto, y-yo n…- no lograba articular palabras coherentes por tanta vergüenza. ¿Era necesario preguntar "eso"? Respiró profundo para darse valor y dijo en apenas un murmullo.- Un beso. Primero él me beso, pero después yo lo besé.

Tomoka quedó en silencio por un momento, sin apartar su vista de los orbes carmesí que la miraban, dudosos. El silencio formado comenzaba a ser molesto y muy incomodo. Sakuno odiaba que su mejor amiga quedara en silencio, porque significaba que estaba ideando la mejor forma para sermonearla. ¡Ni que fuera su madre! La morena era muy importante para ella, aunque demasiado inmadura como para hacérselas de mamá.

-¿Acaso estás enamorada de Kinta-chan?- preguntó la morena con tono de burla. Le encantaba fastidiar a las personas.

-¿Kinta-chan?- preguntó Sakuno, tratando de cambiar de tema. Le incomodaba demasiado hablar de sus sentimientos y aun más si no estaba segura de ellos.

-¿No te había contado? Es que el otro día, en el departamento de… ¡Oye! No cambies de tema. Ahora respóndeme.- dijo inflexible Tomoka.

-Haii… Es que no lo sé. No lo amo ni nada de eso, pero si me gusta y ¿Qué mejor que comenzar una nueva relación para olvidar a alguien?- dijo la peli rojiza, aunque no muy segura de sus propias palabras.

-¿Y si no logras olvidar a ese alguien, o peor, ese alguien te pide salir?- preguntó la morena, tomando un tono más serio en su voz.

-Lo ignoraré. No puedo dejar que me rompan el corazón de nuevo, Tomo-chan, no puedo.- murmuró la peli rojiza, sacando de su bolsillo su amuleto, la foto de sus padres con la hoja pegada en el reverso.

-Entonces le darás falsas ilusiones a Kinta-chan y engañarás a tus propios sentimientos. No digo que tengas que volver a enamorarte de Ryoma, pero creo que tienes que pensar detenidamente en tus sentimientos.- dijo la morena soltando del agarre a la peli rojiza. Se acercó a su bolso y comenzó a buscar la ropa que se pondría ese día.- Yo me bañaré primero. Anda a comer algo y piensa en lo que te dije.- dijo Tomoka antes de salir de la habitación.

El cuarto quedó en completo silencio. El único ruido prevenía de la calmada respiración proveniente de la fémina, que se recostó en la cama y cerró sus ojos tratando de poner en orden sus pensamientos. Pero su tranquilidad fue robada por el molesto sonido de su teléfono celular, que intentó ignorar, pero siguió sonando. Cuando paró volvió a sonar nuevamente y así siguió por al menos 10 minutos. Ya iba en la duodécima llamada cuando la peli rojiza se decidió a contestar. ¿Quién podría ser tan insistente?

-Aló –dijo la peli rojiza cuando contestó su teléfono. No estaba segura por qué, pero tenía un mal presentimiento. La voz al otro lado del auricular demoró un poco en contestar, como eligiendo las palabras correctas para hablarle a la fémina.

-¿Estás sola, cierto?- le preguntó la voz, era de un hombre, adulto. La fémina permaneció en completo silencio. Su intuición al parecer no le había fallado, algo malo pasaba, esa pregunta no se hace nunca para saludar a alguien.- Tu silencio me dice que sí. Si quieres saber algo sobre tu abuela asegúrate de que nadie escuche esta conversación.

Sakuno quedó paralizada al escuchar que ese sujeto sabía algo sobre su abuela, quizá él la mantenía secuestrada o al menos sabía dónde estaba. Tendría que hacer todo lo que le dijera si quería saber algo de su querida abuela. Corrió a la puerta de su habitación y la cerró con llave. Su pulso se había acelerado, al igual que su respiración. Tenía mucho miedo, pero también esperanza. Quizá podría volver a ver a su abuela en poco tiempo.

-Nadie me escucha ni me escuchará. Dígame que sabe de mi abuela, por favor.- dijo con tono seguro la peli rojiza. No podía dejarle claro a ese sujeto que le tenía miedo. Lo mejor era fingir seguridad y valentía, aunque en realidad tuviera poco de esas cualidades. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos carmesí, como las gotas de lluvia que comenzaban a caer afuera.

-No le puedes contar a nadie de esta conversación… Tomaré tu silencio como un sí. Sé que te encuentras en la casa de mi hermano, el idiota de Nanjiro, pero no permanecerás mucho tiempo ahí, no si quieres volver a ver a tu abuela, aunque sería bueno que estuvieras ahí por lo menos un mes. No quiero levantar sospechas hasta que mi objetivo esté completado. No intentes ir a la policía, recuerda que tengo total control con la vida de tu abuela. Te llamaré dentro de la semana, con otro número de teléfono por supuesto. Adiós.- y la llamada terminó.

El llanto cobró más fuerza una vez que la llamada terminó. Sollozaba desesperada, abrazándose las rodillas para consolarse a sí misma. ¡Por dios! Si ni siquiera sabía con certeza si ese sujeto tenía retenida a su abuela, pero sabía que se estaba quedando con los Echizen, y se suponía que solo sus amigos más cercanos sabían eso. Por más que intentaba calmarse, lloraba con más fuerza. Su llanto se comenzó a escuchar por el pasillo, por donde pasaba Ryoma al salir de su cuarto. Se acercó al cuarto de la fémina y tocó la puerta.

-Ryuzaki, abre la puerta.- ordenó el peli verde con voz autoritaria. Los sollozos al otro lado de la puerta no cesaron, sino que tomaron más potencia. Ryoma ya estaba perdiendo la poca paciencia que poseía. Golpeó más fuerte la puerta y repitió la orden.- Abre la puerta, ahora.

-Lárgate.- dijo entre sollozos la fémina, con voz dolida y avergonzada. "Ahora todos van a saber que estoy llorando, aunque no es para menos, estoy llorando demasiado fuerte, tengo que calmarme". –pensó la fémina, limpiándose las lágrimas, que prontamente comenzaban a salir nuevamente, presurosas.

-Si no abres le diré a todos que estás llorando, Ryuzaki.- chantajeó el peli verde. Sakuno terminó por abrirle la puerta, así quizá Rinko, Nanako y Nanjiro no se enterarían de su llanto, y con mucha suerte, tampoco la morena.

Cuando entró el peli verde, la fémina se dio la vuelta, tapándose la boca con ambas manos, tratando que sus sollozos no fueran oídos por el poseedor de la mirada ambarina que estaba clavada en su espalda. Ryoma le echó llave a la puerta y se acercó con paso cauteloso hacia la fémina. A Sakuno le costaba cada vez más reprimir las ganas de llorar, pero es que ya le daba vergüenza que las lágrimas fluyeran tan a menudo por sus mejillas. "¿Cuando me convertí en una bebita que llora por todo? Ya me acuerdo, fue ese día de mierda en la estúpida fiesta que supuestamente era para sacarle celos a Ryoma".

Además de la vergüenza por el hecho de llorar, sentía vergüenza por llorar frente a él. ¿Por qué ahora se venía a preocupar? Siempre la había ignorado en Seigaku y nunca había hecho nada bueno por ella. Bueno, aparte de salvarla del ataque de ese sujeto en Kioto, nada más. Pero ahora venía y actuaba como que estuviera preocupado por ella, de seguro estaba esperando que dejara de llorar para burlarse de ella y luego irse diciendo "mada mada dane", su frase predilecta.

La peli rojiza no logró seguir conteniendo su tristeza y dejó salir todas las lágrimas que intentaba guardar dentro de sí. Sus piernas le fallaron y comenzó a desmoronarse, casi cayendo al suelo, pero su caída fue detenida por unos fuertes brazos masculinos, que la atraparon con agilidad y la depositaron suavemente en la cama. Ryoma se sentó junto a ella, sin decir palabra.

-¿P-por qué e-estas aquí? D-déjame so-sola. –decía entre sollozos la de mirada carmesí. Él nunca la comprendería, además no le podía decir a nadie lo que le estaba pasando, o su abuela podría morir.

Un extraño e incomprensible sentimiento se estaba apoderando del de mirada ambarina. Sentía la necesidad y deber de brindarle protección a la fémina indefensa que se encontraba a su lado. No comprendía el por qué de esa necesidad, pero quería abrazarla y decirle: "Todo va a estar bien". Esa chica lo ablandaba demasiado. Él nunca se había enamorado, claro que eso no significa que no haya salido con mujeres, pero eso era por atracción y deseo, nada más.

En vez, todo era diferente con la peli rojiza. Lo supo desde el reencuentro en el aeropuerto, pero su orgullo le impedía darse cuenta de que poseía fuertes sentimientos por ella, y se lo seguía impidiendo. Su orgullo y prepotencia mantenían ocultos los sentimientos en lo más profundo de su ser, dejándolos a un lado, como que no existieran.

Ryoma observó fijamente a la sollozante fémina por un momento y por primera vez en su vida hizo a un lado a su gigantesco orgullo. Abrazó con protección a Sakuno, acariciando su cabello suavemente, sin decir palabra. "¿Qué estás haciendo, Echizen? ¿Tan bajo has caído por una mujer? Das vergüenza" Le insultaba su orgullo dentro de su cabeza. Después que la fémina terminara de llorar le haría caso, ahora, no podía dejarla sola. Poco a poco Sakuno iba calmándose, hasta que quedó en completo silencio.

-A-arigato, Ryoma-kun, pero, ¿Por qué…?- empezó la peli rojiza, pero fue interrumpida por Ryoma, que continuaba abrazándola posesivamente, sin dar señales de querer soltarla.

-Solo no soporto ver llorar a una mujer. Ahora que te callaste me voy.- dijo antes de levantarse y salir, sin darle ni siquiera una mirada de despedida a la fémina. Tomoka iba entrando a la habitación cuando Ryoma estaba yéndose, por lo que se quedó un par de minutos mirándole, dudosa.

-¿Qué hacía Echizen aquí, Sakuno?- preguntó la morena, mientras se acercaba a la peli rojiza, que agacho la mirada para ocultar su reciente llanto. Buscó rápidamente algo que ponerse y le respondió a su amiga cuando estaba a punto de salir de su habitación.

-Vino a decirme que a mi saque le faltaba potencia, y que aun me faltaba mucho. Aun no he desayunado Tomo-chan, pero adelántate.- dijo la fémina antes de irse de la habitación, mientras era seguida con la mirada por la morena, que no se creía para nada la pobre escusa dada por su amiga.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

En unas lujosas oficinas de algún lugar de china dos hombres conversaban amigablemente, pero sin perder la expresión de seriedad y el tono severo. Uno de ellos fumaba un puro mientras miraba desinteresadamente por la ventana, con expresión de aburrimiento. No podía esperar más para que sus planes dieran frutos… ya bastante había esperado.

-¿Estás seguro que ponerse en contacto con la chica fue una buena idea? Qué pasaría si le dice a la policía… sería un verdadero desastre, no creo que sea muy difícil rastrear una llamada.- dijo con preocupación el hombre que yacía sentado en un sofá, con la mirada perdida en algún lugar invisible en el blanco techo.

-No le dirá a nadie, le dije que tenemos a su "queridísima" abuela- dijo en tono de burla el hombre con aspecto elegante y porte de jefe- Si hasta se colocó a llorar cuando se lo mencioné… Seguro que está tiritando de miedo sola en alguna parte.- dijo fríamente, apagando su puro para sentarse frente al otro sujeto.

-Pero estas seguro de que ella tiene "eso", la anciana no tenía ni idea de lo que le estábamos diciendo.- dijo con preocupación a su jefe.- Además ella tenía tres años cuando desaparecieron sus padres… No debe saber nada.

-La vieja estaba mintiendo, eso se notaba a kilómetros y a la chica… no sé, quizá le dejaron algún "regalo" o algo por el estilo, pero eso no importa. Cuando mi hermanito se haya calmado un poco, capturaremos a la chica y nos dirá todo lo que sabe, e incluso lo que no sabe. Es muy fácil hacer hablar a alguien, en especial a una chica.- dijo con malicia el hombre, encendiendo otro puro y yendo a mirar nuevamente por la ventana, con despreocupación. Tenía confianza absoluta en su plan.

-Si… tienes razón, no hay que preocuparse, las cosas saldrán bien al final, de eso hay que estar seguros. ¿Cuándo llamarás de nuevo a Sakuno-chan?- preguntó con renovada confianza en su rostro. Confiaba plenamente en el hombre que se encontraba fumando.

-En un par de días, para preguntarle si tiene un disco, carta o disquete, lo que sea y si no quiere hablar dejaré que hable con la vieja, seguro que no opondrá resistencia. Desde siempre ha sido su única familia, no querrá que le pase nada malo.-dijo con seguridad, sonriéndole al cielo, con impaciencia.- Ya quiero que llegue el día en que por fin pueda obtener lo que tanto se esforzaron por esconder Hiro y Renka. Si me lo hubieran pasado por las buenas hace 10 años, no estarían muertos.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Al otro día se reanudaron las clases para la peli rojiza y todos los alumnos de Seigaku. Después de la mala experiencia pasada en Kioto lo único que quería Sakuno era que el día terminara para poder ir a jugar tenis y así relajar la mente. Cuando al fin tocaron la campana de salida, la de mirada carmesí poco menos que corrió a las canchas, arroyando a quién se le cruzase en su camino.

Se cambió rápidamente de ropa en los vestidores, agarró su raqueta y unas cuantas pelotas y entró a una cancha que estaba desocupada, ya que hoy no tocaba entrenamiento con el club. Practicó varias veces sus saques, pero sentía que algo le faltaba, aunque no estaba segura de que. De pronto recordó lo que le dijo el peli verde unos cuantos días antes, en esta misma cancha de tenis… "Doblas demasiado el codo y muy poco las rodillas. La falda te queda muy corta…" Se sonrojó levemente al recordar lo último. Mañana mismo iría a comprarse una nueva falda.

Sakuno tomó una nueva pelota, se aseguró de doblar un poco más las rodillas y menos el codo y le pegó a la pelota con la raqueta. El resultado fue mucho mejor, el saque más potente que había hecho en toda su vida, además era el que ella misma había inventado, por lo que era más notable. Mientras observaba embelesada la pelota que yacía al otro lado de la cancha, una voz que se le hacía familiar le habló.

-Ese último saque fue fabuloso. Eres muy buena, aunque puedes mejorar.- le dijo una amable voz que sonaba como a Ryoma, aunque él nunca diría algo así.

-¿Ryoma-kun?- preguntó dudosa la fémina, dándose la vuelta hacia el lugar de donde provenía la voz. Divisó a un sexi peli verde de mirada ambarina penetrante. De primera creyó que era Echizen Ryoma, pero al enfocar bien la vista noto que era alguien diferente, al parecer más grande, pero muy parecido a él.

-No soy Ryoma, pero veo que conoces a mi hermano.- dijo riendo por lo bajo, encaminándose hacia la fémina, que lo miraba con suma atención.- Me llamo Ryoga, Echizen Ryoga y estoy buscando a Chibizuke. Imagino que está en las canchas de tenis, pero no sé donde están las del club masculino. Llegue aquí por casualidad.- dijo despreocupadamente, mirando a la fémina directamente a los ojos, paralizándola.

-¿Chibizuke…?- murmuró para sí misma, antes de responderle.- E-etoo, hoy las prácticas del equipo masculino fueron en la mañana. Ryoma-kun se fue a casa. Yo ya me iba, si quiere lo puedo llevar, aunque si es su hermano seguro que sabe donde está.- murmuró débilmente la fémina, avergonzada. Él era muy guapo, en extremo parecido a Ryoma y para colmo, poseía un nombre similar.

-En verdad nunca he estado en esa casa, por lo que me gustaría que me llevaras.- dijo colocando su más seductora sonrisa, haciendo que la peli rojiza se paralizara nuevamente.- Pero suena como que vas a menudo a la casa de mi padre… ¿Acaso eres la novia de Chibizuke?- dijo cambiando su seductora sonrisa por una maliciosa.

-Nnnnoo, e-es q-qque, etoo, y-yo sssolo e-estoy…- comenzó la fémina, extremadamente avergonzada, con el sonrojo al máximo y el mayor tartamudeo que había tenido en su vida y no era para menos. La mirada libidinosa que le había puesto ese hombre, además de insinuar eso, que horror.

Era cierto que a lo largo de su vida muchas veces se había imaginado como la novia de Ryoma, tomados de la mano o cosas como esas, pero lo que insinuaba ese sujeto era una relación a nivel, físico, por no decir carnal. Miles de imágenes impuras invadieron su inocente mente, turbándola en extremo. Y eso que trataba de olvidar al peli verde… Tomoka tenía razón, tendría que decirle a Kintarou que se dejaran de ver por un tiempo, incluso como amigos.

Volvió a pensar con algo de coherencia cuando Ryoga la sacó de su tartamudeo, al ponerle una mano en el hombro, mirándola divertido. Se sonrojó un poco, pero fue nuevamente capaz de controlar la mayoría de sus reacciones. No podía evitar ponerse nerviosa frente a un sujeto tan atractivo como él, pero podía no dejarse tan en vergüenza.

-Era solo una broma. Hablé con mi padre y me contó que la nieta de su antigua entrenadora de tenis vivía con ellos, aunque no quiso decir por qué. Eres Sakuno-chan, ¿Cierto?- dijo antes de tomar la mano de la chica y depositar un leve beso en ella.- Seré tu guarda espaldas pequeña.

-¡NAAAANIIIIIIIII!

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

-Y por eso no puedes hablar con Sakuno ¿Entendiste, Kinta-chan?- dijo Tomoka, mirando fijamente al pelirrojo que estaba sentado frente a ella.

Después de la extensa conversación que había tenido con su amiga el día anterior y ver la reacción de esta al estar con Ryoma, que aun no sabía por qué estuvo a solas en la habitación con Sakuno, ya que la excusa dada por esta no era nada convincente, había decidido ir a hablar por cuenta propia con el pelirrojo, para aclarar las cosas.

-¿Pero no debería ella venir a hablar conmigo?- preguntó desconfiado Kintarou, algo enojado por todo el parlamento dicho recientemente por la morena.- Será mejor que la llame para estar completamente seguro de que no lo dices por lo que "crees" conveniente para Saku-chan.

-Si crees que quiero que esté con Echizen estás equivocado.- dijo la morena mirándolo fijamente a los ojos, con expresión severa. El pelirrojo dejó el teléfono que tenía en una mano a un lado y se dispuso a escuchas a Tomoka, algo confundido.- Creo que siente algo por ti, pero no quiero que confunda la amistad con el amor. En verdad no estoy segura de lo que siente, pero sé que no es amor, al menos no aun. Dale un tiempo para pensar y luego te confiesas nuevamente, ¿Está bien?

-Por mí está bien, pero no dejaré que él la recupere tan fácilmente. Aunque sí Sakuno lo elige a él, no creo poder hacer nada al respecto.- dijo algo desanimado el pelirrojo, en apenas un murmullo la última parte.- Aunque Koshimae no se merece a Sakuno. Ella es demasiado buena para él.

-Estoy de acuerdo en eso. A mí tampoco me agradaría que Echizen recuperara a Sakuno, pero si pasa solo podremos apoyarla. Cuando encuentres conveniente volver a hablar con Sakuno, lo haces. Yo le diré que no la evitas, que solo te estás tomando un tiempo. Ahora me voy, adiós, Kinta-chan.- se despidió la morena, saliendo sin esperar respuesta.

-Adiós…- susurró para sí mismo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Él más fastidiado con la llegada de Ryoga era su propio hermano, que no soportaba estar a menos de cincuenta metros de él. Nunca tuvieron una relación muy estrecha, ya que se llevaban por cuatro años, además Ryoga tenía una personalidad totalmente opuesta a la del frio peli verde. Si Ryoma era la frialdad e indiferencia en persona, Ryoga más bien era un hombre que disfrutaba la vida con locura y le ponía un toque de sensualidad a cada cosa que hacía, pero compartían algo muy importante que cada integrante de la familia Echizen tenía y respetaba: el orgullo.

Para todos los que portan o alguna vez han portado el apellido Echizen, el orgullo es algo que cuidarían con suma dedicación, impidiendo que nada ni nadie se metiera con ellos, aunque se presentaba de diferentes maneras, dependiendo de la personalidad de la persona. Por ejemplo, Ryoma: él siempre trata de alejar a cada persona que se le acerque, para así ignorar que en realidad posee sentimientos como todos los demás. Ryoga tenía el hábito de desafiar a quién se le cruzara por delante, y no soportaba la derrota. Nanjiro a su vez ignoraba a quién le hablara de algo que no le interesaba. Incluso Nanako era orgullosa, no soportaba que la contradijeran, nunca. Ella siempre tenía la razón, aunque estuviera totalmente equivocada.

Ryoga disfrutaba en fastidiar a su "querido" hermano, tratando de provocarlo de alguna manera y siempre lo lograba, aunque teniendo en cuenta la insistencia del mayor, y la gran falta de paciencia del menor, era normal que estuvieran compitiendo por cualquier nimiedad a cada momento. La peli rojiza miraba el comportamiento de ambos hombre en silencio. Era el paraíso ver a dos especímenes tan perfectos en un mismo lugar, al alcance de sus tímidas miradas y leves suspiros. Se sonrojó de sobremanera cuando se descubrió a si misma mirándole de reojo el trasero a Ryoga. Apartó su vista bruscamente y agachó la mirada.

-¿Algo sucede, Saku-chan?- dijo seductoramente Ryoga, aunque sin darse cuenta de los efectos que causaba su aterciopelada voz en la fémina.

Sakuno nunca había atraído tanto la atención de los chicos en su escuela, por más que fuera hermosa e incluso se podría decir popular, su tímida personalidad opacaba un poco la belleza a primera vista, aunque si algún hombre se detenía a mirarla, se daría cuenta de su profunda mirada, lechosa blancura, finas facciones, busto tímido pero prominente y en especial su aura de total inocencia… sensual. Era verdaderamente toda una mujer, que aun no acababa de descubrirse a sí misma.

-No es nada, Ryoga-san. Lo siento… por mi culpa tendrá que perder parte de su tiempo libre. En serio, no debe hacerlo.- dijo la peli rojiza, aun con la mirada gacha, fija en una minúscula y casi imperceptible mancha en el tatami.

-Claro que tiene. Si te quedas aquí lo mínimo que tenemos que hacer es protegerte, además este patán abandonó la universidad, por lo que podrías considerar como una especie de castigo.- dijo Nanjiro, para que la fémina dejara de rechazar el que el hermano de Ryoma sea su guarda espaldas privado.

-Si esto es un castigo intentaré de meterme en más problemas.- bromeo Ryoga, pero una severa mirada por parte de su madre le quitó la palabra.- Solo digo que cuidar de Sakuno-chan no es ningún castigo, sino que lo haré encantado.- agregó. "Pasar las próximas semanas estando a todo momento con una hermosa chica es más bien un premio, y más si la chica tiene la atención de Chibizuke.

-¿No podían decirle a alguien más? ¿Tenía que ser exactamente él?- preguntó fastidiado el de miraba ambarina, fijando una fría mirada en su hermano que seguía coqueteando en silencio con la peli rojiza, mirándola fijamente a los ojos, sin decir palabra alguna.

-Te lo iba a pedir a ti, pero como sabía que te reusarías preferí pedírselo a tu hermano.- dijo Nanjiro, sin inmutarse, como que la respuesta fuera algo que cualquiera debería saber.

-Hubiera preferido actuar de guarda espaldas a tener que soportar vivir bajo el mismo techo que él.- dijo sin siquiera mirar al aludido, que tampoco tomó en cuenta el comentario.

-Pues Ryoga ya está aquí, por lo tanto traten de llevarse bien, o al menos no peleen en presencia de Sakuno-chan. Nanako-chan, ¿Me podrías servir algo de té, por favor?- preguntó el samurái, dirigiendo su mirada hacia la peli azul, que se encontraba en un profundo silencio.

-Haii- fue lo único que dijo antes de ir hacia la cocina. Ella que siempre era animada y conversadora estaba muy callada desde el día anterior, con la mirada perdida y melancólica.

Mientras Rinko y Nanjiro seguían a Nanako, y Ryoga con Ryoma continuaban discutiendo de nimiedades, la peli rojiza iba recordando lo ocurrido en la tarde, cuando Ryoga, que acababa de conocer hace unos cuantos minutos, le decía que sería su guarda espaldas.

Flash Back

-Seré tu guarda espaldas, pequeña.- dijo Ryoga.

-¡NAAAANIIIIIIIII!

La peli rojiza gritó con todas sus fuerzas, entre sorprendida y avergonzada. ¿Cuánto más tendría que depender de la familia Echizen? Eso solo lo sabría cuando todo esto terminara, aunque no tenía idea de cuánto podría tardar en que eso ocurriera. Cuando el aire en los pulmones de la fémina se agotó, quedó en completo silencio, observando expectante a Ryoga, en busca de una explicación.

-¿Ya estás calmada, Sakuno-chan?- dijo inocentemente Ryoga, aunque provocó un leve sonrojo en la fémina. Estaba llamando a la peli rojiza por su nombre y apenas se estaban conociendo.- Lo siento… ¿Prefieres que te llame Ryuzaki-san?- preguntó algo extrañado. En su vasta experiencia, generalmente les agradaba a las chicas que se las tratara con confianza

-Ah, no. Llámeme como quiera… no hay ningún problema, en serio.- dijo ya más calmada la fémina, volviendo a tener una expresión normal y amable.- Ryoga-kun…- dijo en apenas un tímido susurro.

-Entonces, ¿Me llevarás a ver a mi querido hermanito? Hace mucho tiempo que no hemos estado juntos.- dijo inocentemente el hermano de Ryoma, utilizando la voz que ocupaba siempre para obtener lo que quisiera.

-C-claro, te llevaré a casa de Ryoma-kun.- dijo la fémina, pero fue interrumpida por una voz que reconocería en cualquier lugar.

-¿Qué estás haciendo aquí, Ryoga?- dijo fastidiado Ryoma, caminando hacia su hermano con el seño fruncido, ignorando olímpicamente a la peli rojiza, que lo miraba desconfiada.

-¿Acaso no puedo visitar a mi hermanito?- dijo arrogante el hermano mayor, mirando al peli verde con una expresión divertida.

-No respondas a una pregunta con otra pregunta, idiota.- le respondió fríamente Ryoma, mirándolo fijamente a los ojos, con una mirada envenenada.

-No eres el más indicado para decir eso, Chibizuke.- a la mención de ese apodo, el peli verde frunció aun más el seño y se quedó mirando con odio a su hermano.- No será necesario que me lleves a casa, Sakuno-chan.- dijo Ryoga, volteándose a ver a la peli rojiza. Ryoma se sorprendió un poco al ver la manera tan familiar con que su hermano trataba a la fémina."Debe estar coqueteando… si este nunca cambiará" pensó Ryoma, fastidiado.

-Ha-haii. Yo ya me voy.- dijo la fémina, haciendo una ligera reverencia, para después comenzar a caminar hacia los vestidores.

-Espera, Sakuno-chan. Me gustaría salir contigo algún día. ¿Mañana está bien?- tanto Sakuno como Ryoma se quedaron viendo a Ryoga, incrédulos. La peli rojiza abrió la boca para responder, pero ninguna palabra atinaba a salir.

-Es que mañana tenía planeado ir a comprarme una falda para jugar tenis… esta me queda demasiado corta.- dijo alisándose la falda con las manos, en un vano intento para que fuera más larga.

-Pero yo creo que la falda te queda muy bien corta. Se te ven las piernas.- dijo lanzándole una mirada libidinosa, provocando un gran sonrojo en la peli rojiza.- Pero si quieres te puedo acompañar a que te compres otra. Entonces, ¿Tenemos una cita?

-Haii.- respondió la peli rojiza, algo turbada, yéndose corriendo hacia los vestidores.

Fin Flash Back

Ambos hermanos continuaban discutiendo, aunque con una expresión que denotaba felicidad. A pesar de no llevarse demasiado bien, seguían siendo hermanos. La peli rojiza se fue hacia su cuarto, ya aburrida de verlos discutir, conversar, bromear… lo que estuvieran haciendo. Una vez se colocó la pijama y se recostó en su cama calló en cuenta que al día siguiente tendría una cita con el guapísimo Echizen Ryoga y lo peor de todo era que no tenía el más mínimo deseo de salir con él.

Era cierto que encontraba guapo a Ryoga, pero no sentía nada por él. Aceptó la cita solo por presión, ya que los orbes de él eran tan intensos como los de su hermano menor, por lo que se sentía nerviosa en su presencia. "Solo es ir a comprar una falda, si me demoro poco en elegir todo iría bien" pensó entusiasta, pero luego de un momento suspiró, derrotada. Tenía fama de demorarse horas y horas en elegir hasta lo más simple.

Decidió, al final, que lo mejor sería ir. Si lograba no ponerse nerviosa frente a un hombre tan guapo, y casi desconocido, habría logrado al fin superar su timidez. Se arropó bien en la cama, cerró sus ojos y en menos de lo que esperaba logró conciliar el sueño, viajando al misterioso mundo al que solo se logra llegar en las horas en que nuestra mente es libre de las ataduras de la realidad, cuando nos entregamos a los brazos de Morfeo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Al día siguiente, cuando en timbre sonó dando el anuncio del fin de clases a los alumnos de Seigaku, Ryoga estaba esperando a la peli rojiza a la salida, como habían acordado anteriormente. Sakuno estaba algo nerviosa. Cuando se lo contó a sus amigas, poco menos que le destruyen los tímpanos por los gritos de sorpresa que lanzaron. La morena comenzó interrogarla sobre el aspecto del hermano de su príncipe, con total emoción. "¿Y qué pasa con Horio?" fue lo único que atinó a decir la peli rojiza para que la morena dejara de preguntarle detalles sobre la apariencia de Ryoga.

Cuando al fin pudo explicar que no tenía verdaderas intenciones de salir con él, pero estaba demasiado nerviosa para rechazarlo, la dejaron en paz, pero con la promesa de que luego de la cita se los presentaría. No era para menos la excitación, ya que imaginaban a un Ryoma maduro pero al mismo tiempo alegre y seductor.

Sakuno divisó de lejos a Ryoga, que estaba siendo el centro de atención. Algunas chicas muy confiadas de sus encantos se acercaban a él, contorneando sus caderas y parpadeando más de lo necesario, aunque al parecer esas tácticas no surtían efecto alguno en él. Cuando Sakuno llegó hasta el lugar en donde se encontraba Ryoga, este la saludó con demasiado entusiasmo, abrazándola de improviso, causando que todas las chicas que los rodeaban miraran a la peli rojiza con un profundo rencor.

-¿Ya nos vamos, Saku-chan?- preguntó Ryoga, tomando de la mano a la fémina, que estaba algo confundida con el confiado comportamiento que tenía su acompañante. Estaba bien que fuera seguro de sí mismo, pero eso ya era una exageración.

-Sí. La tienda no queda muy lejos de aquí, pero debo advertirte algo. Yo me demoro demasiado en elegir ropa y te aburrirás.- le dijo la peli rojiza lo más normalmente que pudo. No acostumbraba a que los chicos le tomaran las manos, por lo que se sentía algo incómoda.

-Mejor, así tenemos más tiempo para estar juntos, aunque yo creí que rechazarías esta cita.- dijo antes de soltar una breve carcajada, que confundió a la fémina.

-Y se podría saber por qué creía que no querría venir…- dijo la peli rojiza, mirando interesada a Ryoga, que meditó un poco sus palabras antes de hablar.

-Creí que eras la novia de Chibizuke. Es que te miraba de una manera extraña, además podía sentir su mirada envenenada en mi espalda cuando yo te hablaba.- dijo Ryoga, cambiando su tono de voz por uno más serio, que no iba con su personalidad.

-Ryoma-kun no es mi novio. Ni siquiera sé si le agrado, pero cuando éramos niños fuimos a Seigaku juntos. Para serte sincera, yo estaba enamorada de él, y no sé qué es lo que siento ahora por él, pero no puedo volver a enamorarme de Ryoma-kun.- dijo la fémina. Se sorprendió un poco por haberle dicho todo eso a Ryoga, pero no dio muestras de vergüenza.

-Entiendo, entiendo. Chibizuke tiende a ser muy frio con los que lo rodean, pero estoy seguro de que siente algo por ti.- dijo Ryoga, como defendiendo a su hermano menor.

-¿Me acompañas para hablar de Ryoma?- preguntó incrédula la fémina, alzando una ceja. Ryoga no pudo contener la risa al ver así a la peli rojiza, tan a la defensiva.

-Está bien, está bien, dejemos de hablar de Chibizuke. Sabes, aunque no estuviéramos en esta cita, igualmente te tendría que acompañar, ya que soy tu guarda espaldas.- dijo Ryoga, mirando de reojo a la fémina.

-Es cierto… no me había dado cuenta.- dijo la peli rojiza, recién cayendo en cuenta de que aunque hubiera rechazado a Ryoga, igualmente estaría ahora con él.

Continuaron caminando, rumbo a la tienda de ropa deportiva a donde se dirigían, hablando de trivialidades sin sentido alguno. Una vez llegaron a su destino, Sakuno estuvo alrededor de dos horas tratando de elegir entre el traje rosa pálido y uno verde agua, pero al final se llevó uno que era color blanco con detalles en azul claro, bastante diferente a sus primeras opciones.

Después de las primeras dos horas, Ryoga intentó con todas sus fuerzas asesinar a la fémina con la mirada, pero para mala suerte de él, y buena de ella, no logró su cometido. Cuando salieron de la tienda la fémina se veía radiante. A pesar de ser mala para elegir ropa, le encantaba salir de compras, y más si con cada cosa que se probaba era fuertemente elogiada por su acompañante, aunque estaba segura de que lo hacía para que se fueran lo más pronto posible.

-Ya te había dicho que me demoro en elegir ropa, Ryoga-kun.- dijo la fémina, tratando de contener la risa, aunque sin mucho éxito.

-Una chica normal no pasa cuatro horas eligiendo un traje de tenis, Sakuno-chan.- dijo Ryoga, con voz sombría y postura agotada, mirando al suelo.- Además el viejo me llamó como diez veces porque nos tardábamos demasiado. A la cuarta vez que le dije que seguíamos comprando ropa comenzó a dudar de mí.

-Gomen, gomen…- dijo la peli rojiza, riendo por lo bajo. Ya no se colocaba tan nerviosa en presencia de Ryoga, es más, le agradaba estar con él. Era como una especie de hermano mayor y estaba más tranquila al notar que al parecer Ryoga no estaba interesado en ella, sino que de alguna incomprensible manera intentaba apoyar a su hermano, o al menos eso creía.

Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando llegaron a casa. Todos desconfiaban que solo hubieran comprado el traje deportivo para la fémina, pero después de reiterar un par de veces que Sakuno era indecisa a la hora de comprarse algo ella misma, y que "nunca se me ocurriría salir con la novia de Chibizuke", lo último causando nerviosismo en la peli rojiza, dejaron de cuestionarlos.

Cada uno se dirigió a su habitación, como cualquier noche, pero nadie sabía que al día siguiente una nueva señal del secuestrador de Sumire llegaría a manos de la endeble peli rojiza, que descansaba profundamente en su lecho, pensando que cuando abriera nuevamente los ojos las cosas estarían bien nuevamente, no pudiendo estar más equivocada.


Terminé el capítulo al fin :3 con lo que me costó escribirlo u.u, en compensación a la tardanza, por lo menos es más largo que los otros :D y al fin pude incorporar a otro príncipe, mi Ryoga n.n, por cierto, solo pude ver un pedacito de la película en donde aparecía Ryoga y no sé mucho de él, por lo que la mayoría de las cosas sobre él son puro invento mío n.n

Espero hayan disfrutado este capi, la continuación… no sé, cuando el viento me devuelva la inspiración que se llevó :S Aunque quizá sus reviews apuren un poco al viento (1313), bueno cuídense, se les quiere un montón por leer y comentar :*