O: Cuanto tiempooo! TwT Al fin terminé este capi, no saben cuánto me costó, pero quedé totalmente satisfecha :3 Espero que a ustedes también les guste y bueno A LEER :B Al final del capi les tengo un mensaje importante o.o

Prince of tennis no me pertenece, pero la historia y uno que otro personaje si e.e


Capítulo 11: Cambio de planes.

-N-no… déjenme ir, p-por favor. Ayúdame, Ryoma-kun…- murmuró entre sueños la peli rojiza, con cara angustiada y lágrimas en los ojos.

Últimamente, se había vuelto algo habitual para la fémina tener pesadillas, pero seguían siendo dolorosas. Nunca antes había tenido pesadillas, o al menos no más que cualquier niña normal, pero ahora, cada noche tenía el mismo sueño y siempre terminaba en el mismo momento.

Se veía a ella misma cayendo por un precipicio sin fin, en donde todo era de un absoluto negro, aunque sentía que no estaba sola. Algo o alguien la observaba desde las sombras, causándole múltiples escalofríos. Pero, de un momento a otro, llegaba abruptamente al final de aquel aparentemente infinito precipicio.

Y su sueño continúa, siente que miles de frías y sucias manos comienzan a amordazarla con cuerdas, inmovilizándola dolorosamente. Finalmente sus ojos son cubiertos por una tela de un profundo y penetrante negro y lo único que le quedaba por hacer a la fémina era gritar. Gritar intentando que sus captores se apiadaran de ella, o que alguien la salve. Pero cuando comienza a escuchar unos sonidos difusos a modo de respuesta…despierta.

-Heey, Sakuno. Despierta de una vez niña tonta.- una conocida voz comenzó a hablarle, moviéndole los hombros despacio.- El sensei está muy molesto contigo, deberías ser un poco más disimulada si quieres tomar una siesta en clase.- agregó en un susurró la morena, mientras veía a su atolondrada amiga despertar lentamente.

-Kyaa, Ryuzaki-chan estaba soñando con Ryoma-kun, que pervertida.- escuchó la peli rojiza decir a una de las chicas de su clase, mientras se incorporaba lentamente, soñolienta.

-Claro que va a soñar con Echizen-kun, él la salvó esa vez en Kyoto, es normal que se haya enamorado de él.- agregó otra alumna, de aspecto más reservado.

La fémina no entendía el porqué de los murmullos y susurros que iban incrementando a su alrededor, además aun estaba muy adormilada como para pensar con claridad, pero la primera imagen que divisó frente a ella no fue algo demasiado agradable. Su sensei estaba frente a ella, con el seño fruncido y cara de pocos amigos. Estaba furioso.

-¿Durmió bien, Ryuzaki-san? ¿Le parece bien si la próxima vez que venga a mi clase trata de traer su propia almohada? Para mayor comodidad digo yo, ya que no le interesa escuchar mi lección.- dijo con sarcasmo el sensei, mirando duramente a la confundida peli rojiza.- Este es su último año de instituto, no debería holgazanear, y menos con sus calificaciones.

Dicho comentario provocó risas y comentarios burlescos entre los alumnos de la clase y un denso rubor en la fémina, que solo atinó a decir.- Lo siento.- Fue muy torpe de su parte haber caído vencida por el sueño en la clase con su sensei más estricto, pero la noche anterior también había tenido la misma pesadilla y no pudo dormir prácticamente nada. Ahora, probablemente la suspenderían, pero ya que importaba, no podía hacer nada para cambiar lo que ya estaba hecho.

-Vaya a lavarse el rostro, haber si ahora quiere prestar atención a mi clase.- dijo el sensei, inusualmente calmado. Si bien la peli rojiza no tenía las mejores calificaciones, era siempre muy responsable.

-¿Qué es lo que está esperando?- agregó el sensei al notar que la chica no reaccionaba.

-A-ah, si. Gracias, sensei.- dijo levantándose con algo de dificultad. Al pasar junto al puesto de Ryoma, se sonrojó aun más. "¿Habré mencionado a Ryoma-kun mientras dormía?"- pensó un poco nerviosa.

-Así que estoy incluso en tus sueños, Ryuzaki.- dijo con tono arrogante el peli verde, paralizando momentáneamente a la fémina. "¡Si lo nombré!" pensó aun más avergonzada.

-Otro que se pasa las clases durmiendo. Echizen, acompañe a Ryuzaki-san a lavarse la cara, a ver que tan gracioso le parece.- ordenó el sensei con voz autoritaria y el seño fruncido.

Esto pilló por sorpresa al peli verde y a la peli rojiza, que quedaron completamente paralizados. Los susurros por parte de sus compañeros de clase no se hicieron esperar, inundando al salón de murmullos celosos y comentarios algo subidos de tono. El primero de los dos en reaccionar fue la fémina, que de pronto se puso a caminar rápidamente hacia la salida, cabizbaja y con el rostro absolutamente sonrojado.

Ryoma se levantó de su asiento luego de ver a la tímida fémina desaparecer de su vista por la puerta del aula. Se volteó hacia su sensei y le dedicó una mirada envenenada, aunque este ni se inmutó. Ya estaba acostumbrado a la actitud del peli verde.

Comenzó a caminar hacia la salida con el rostro imperturbable, haciendo caso omiso a los murmullos de sus compañeros, ni a las miradas lujuriosas de algunas féminas, pero cuando estaba saliendo del aula, se encontró por casualidad con la mirada de Tomoka, que con expresión desafiante moduló una corta frase, que el peli verde entendió perfectamente.

Cambió su expresión fría e impenetrable por una arrogante sonrisa y le devolvió la mirada a la morena, antes de perderse de vista. Una vez en el pasillo, el peli verde divisó a la fémina a unos cuantos metros por delante de él. Sonrió con arrogancia al recordar lo que le "dijo" la morena: "Si le haces algo, estás muerto" Claaro, esa inútil le podría hacer algo a él.

En un par de zancadas se colocó junto a la peli rojiza, sin decir palabra alguna. La fémina fingió no haber sentido la llegada de Ryoma, sin dedicarle siquiera una mirada, pero sus reacciones corporales eran las mismas que la primera vez que lo vio.

Su pulso se aceleró tanto que temió que el peli verde lo pudiera sentir tan claro como ella, por lo que comenzó a caminar más deprisa para llegar cuanto antes al baño y así poder despejar su mente. Fue seguida silenciosamente por el peli verde, que había vuelto a adoptar su expresión fría e inmutable.

"¿¡El baño de damas siempre a estado tan lejos!" pensó nerviosa la fémina, ya sofocada por la presencia masculina de Ryoma. En cuanto vio el letrero rosa que decía damas, tuvo el impulso de salir corriendo a máxima velocidad, pero logró contenerse a tiempo. No tenía la intención de quedar en ridículo frente al peli verde, aunque este tampoco le prestaba atención.

Pero, en un abrir y cerrar la situación cambió drásticamente. Con una agilidad y rapidez excepcionales, Ryoma sujetó el antebrazo de una confundida fémina y la llevó casi a rastras hasta el baño de damas. Cerró la puerta detrás de ellos provocando un ruido seco y potente, sorprendiendo a la fémina.

El peli verde le dedicó una mirada feroz a la fémina. Como intentando devorarla con la mirada. Posicionó la mano de Sakuno sobre su cabeza y se acercó peligrosamente a ella, tanto así que la fémina pudo sentir como el aliento del de mirada ambarina rozaba su rostro, embriagándola por completo.

-Tu… ¿Aun me amas, verdad?- susurró seductoramente el peli verde, provocando un estremecimiento en la fémina, que sentía entre angustia y curiosidad. Curiosidad por lo que pensaba hacer Ryoma.

-No seas es-estúpido, yo ya no siento nada por ti.- dijo con voz poco convencida.- ¡Suéltame!- agregó, forcejeando por su libertad. "Me está humillando otra vez" pensó irritada.

-No.- agregó firmemente el peli verde, acercándose aun más a la fémina, que lo miraba avergonzada.- No te dejaré hasta que digas que aun me amas.- agregó.

-¿Por qué diría algo que no es cierto? ¡Yo ya no te amo! ¡Quiero estar lejos de ti!- gritó forcejeando nuevamente.- Te odio…- agregó con lágrimas en los ojos.

-Estás mintiendo y lo sabes.- dijo sin inmutarse Ryoma. Acercó sus labios lentamente a la oreja derecha de la fémina para luego susurrar con voz seductora:- Si me odiaras no dirías mi nombre entre sueños de esa manera.

La fémina se paralizó al instante, dejó de pensar con claridad y su pulso aumentó drásticamente. Su rostro se había tornado de un completo color carmín. Él tenía razón. Él siempre tenía razón y eso la irritaba. Desde que tenía doce años estaba locamente enamorada de ese arrogante peli verde y aunque estos últimos días había tratado de sacarlo de su vida, estaba fallando totalmente.

Además, prácticamente le debía su propia vida. ¿Qué tenía el mundo contra ella para obligarla a enamorarse tan perdidamente del hombre equivocado? ¿Acaso había sido una asesina en serie en alguna vida pasada y ahora pagaba por su crimen? Por todas las desgracias que estaba viviendo últimamente, solo eso se le ocurría.

Primero, se dio cuenta de que Ryoma es un maldito imbécil. Después, fue obligada a vivir con ese maldito imbécil. Luego su abuela desaparece en China. Ahora recibía llamadas amenazantes y necesitaba guardaespaldas. Seguramente en su malvada vida pasada fue una asesina prostituta que cometía adulterio y le pegaba a lo cachorros… o algo así.

-Estoy pasando por un momento difícil. No creo que sea el momento adecuado para pensar en mis sentimientos. Solo quiero saber donde está mi abuela.- dijo cabizbaja.

-Pero si tienes tiempo para pensar en ese chico pelirrojo, ¿Verdad?- dijo Ryoma, alejándose un poco de la fémina.

-Pelirrojo… ¿Kintarou-kun? ¿Por qué hablas de Kintarou-kun? Él solo es un amigo, al menos para mi, pero ¿Qué te importa con quién salga?- dijo la fémina, y en un momento de descuido por parte de Ryoma, Sakuno logró escapar del agarre del chico y se apoyó contra la puerta.

-No me importa.- dijo desinteresadamente el peli verde.- Ahora muévete, quiero salir de aquí.- agregó encaminándose hacia la puerta.

La cambiante actitud del de mirada ambarina irritaba demasiado a la peli rojiza. En un momento parecía que ella le interesaba y al otro la miraba como si fuera un pedazo de basura maloliente. "Es un idiota" pensó.

La peli rojiza se hizo a un lado, dándole la pasada a Ryoma, para que saliera, y así tendría al fin un momento de paz, o al menos eso pensó, ya que la situación cambió nuevamente y de manera muy inesperada.

El peli verde caminó tranquilamente hacia la puerta y giró la manilla, pero esta en vez de girar normalmente y abrir la puerta, simplemente se soltó. Se soltó y quedó en la mano del confundido peli verde, que la quedó mirando sin moverse por más de un minuto.

Cuando al fin comprendió que la manilla no se colocaría sola por mirarla fijamente, la arrojó sin cuidado al suelo, provocando un golpe seco, y después se apoyó desinteresadamente en la pared, como si nada hubiera ocurrido.

Sakuno, que se encontraba de pié, aun viendo fijamente la manilla en el suelo, no se le ocurrió nada más que preguntar lo totalmente evidente:- ¿Qué pasó, Ryoma-kun?- Este la miró por un momento con aparente desprecio y le respondió mirando un punto invisible en el techo.

-¿Y tu que crees? Se cayó la manilla. En estos momentos nadie anda por los pasillos, entonces tendremos que esperar a que terminen las clases y a alguien se le ocurra venir a este baño y abrir desde afuera.- dijo el peli verde con arrogancia.

-Espera un momento.- dijo la peli rojiza agachándose.- Una vez me pasó exactamente lo mismo en mi casa.

Dicho esto, agarró la manilla y, lentamente, la fue introduciendo en el agujero de la puerta, con sumo cuidado. Parecía que lo iba a lograr, y cuando estaba por cantar victoria, se escuchó un ruido metálico al otro lado de la puerta.

-Lo siento, Ryoma-kun.- murmuró la de mirada carmesí, completamente sonrojada.- Pensé que iba a funcionar…

-Mada mada dane. Ahora se demorarán aun más en sacarnos de aquí. ¿Imagino que no andas con un teléfono celular?- preguntó Ryoma, con indiferencia.

-Rinko-san me dijo que siempre debo andar con un teléfono.- empezó la peli rojiza, revisando sus bolsillos. El peli verde la miró por un momento casi con alegría, pero duró poco.- Lo siento, se quedó en mi bolso…

-Mada mada dane…- murmuró el peli verde, levantándose de su lugar para tomar agua.

Se quedaron largo rato en silencio, sin siquiera mirarse. El único sonido que se escuchaba era el de las gotas de agua, que caían monótonamente, con un ritmo pausado y constante. Gota, gota, gota… ya le estaban colmando los nervios al peli verde, que nunca había gozado de mucha paciencia.

-Muy bien Ryuzaki, córrete a un lado. Tiraré abajo esa maldita puerta, no soporto estar encerrado.- dijo Ryoma, sin mirar a la aludida.- ¿Ahora me ignoras? Dije que te mo…- se detuvo en seco al ver hacia la fémina, que se hallaba profundamente dormida, justo frente a la puerta.

Ryoma se quedó observándola fijamente por un largo rato, sin decir ni pensar en nada. Casi sin darse cuenta, camino hacia ella y se sentó a su lado con cuidado. La fémina, al sentir la presencia de alguien más a su lado, se acomodó automáticamente, de forma que uno de sus brazos quedó sujeto al pecho de Ryoma y su cabeza apoyada en su hombro.

Este a su vez, rodeó el frágil cuerpo de la fémina con sus fuertes brazos, y sin pensar dos veces en sus propias acciones, se dejó llevar por la calidez del contacto mutuo y se quedó rápidamente dormido junto a la peli rojiza.

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La morena se removía inquieta en su asiento. Hace ya más de una hora que su amiga y "el maldito imbécil" había salido del salón de clase y su sensei no daba señales de querer ir a buscarlos.

Naomi, su otra mejor amiga, estaba igual de preocupada que la morena, contando los minutos que pasaban desde que Sakuno abandonó el aula, cada vez más ansiosa.

Ambas chicas sabían que algo andaba mal. Era completamente imposible que alguien se demorara una hora para lavarse la cara, y la peli rojiza no era la clase de chicas que se saltaban las clases o se escapaban de clase.

La primera en perder la paciencia fue Tomoka, que se levantó de su asiento de pronto, sorprendiendo a toda la clase. Naomi la imitó, también perdiendo la paciencia.

-Sensei, Sakuno y Echizen ya se han demorado demasiado en regresar. Creo que pudo haberles sucedido algo.- dijo la morena, tratando de sonar respetuosa.

-No haga alboroto, señorita Osakada, deben de estar saltándose las clases y eso les perjudica más a ellos que a mí. Cuando vuelvan por sus bolsos veré que hacer con ellos.- dijo sin inmutarse el profesor.

-¡Pero sensei! Saku-chan no es esa clase de chicas. Es una buena alumna y usted lo sabe.- exclamó Naomi, algo alterada.

-Siéntense chicas, no creo que nada les haya pasado.- dijo el sensei, intentando calmarlas.

-Lo siento sensei, pero conocemos a nuestra amiga y sabemos que algo debió haberle pasado. Saldremos a buscarla con o sin su permiso.- sentenció la morena, caminando hacia la salida.

Naomi la siguió inmediatamente, sin siquiera dedicarle una mirada a su sensei. El castigo vendría de todos modos, entonces era mejor salir con estilo y dignidad.

-Niñas malcriadas.- bufó el sensei apenas abandonaron el aula y siguió dando su clase como si nada hubiera pasado.

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Ambas chicas caminaban presurosas por el pasillo, tratando de pensar que podrían hacer. Su instituto era bastante grande y tenía muchos lugares donde alguien podría quedar encerrado o por los que sería fácil caerse. Pensar en que su amiga podría estar herida las asustó de sobremanera, aún más si pensaban en todas las desgracias que le pasaban últimamente.

-Vayamos a los baños que quedan junto a las escaleras a revisar primero. Si no está ahí nos dividimos y la buscamos por el resto del edificio.- dijo Naomi, rompiendo el silencio.

-Con lo despistada que es Saku-chan podría estar encerrada hasta en el armario del conserje.- agregó.

-Cuando nos separemos yo me encargo de revisar todos los armarios de este edificio.- anunció la morena, con gran determinación en la mirada.

-Mejor recemos por que esté en el baño, sería más fácil.- dijo Naomi, con un pequeño suspiro.

Caminaron en silencio por un momento y apenas vislumbraron las puertas de los baños junto a las escaleras, se dieron cuenta de que tuvieron suerte. La manilla de la puerta del baño femenino estaba tirada en el suelo, y la puerta estaba cerrada. Evidentemente alguien se había quedado encerrado ahí.

Una vez estuvieron justo en frente de los baños, quedaron un momento en silencio, pensativas. Trataban de elegir la forma más rápida de ayudar a su atolondrada amiga.

-Heeey, Sakuno ¿Estás ahí? Heeey, responde.- exclamaba la morena, golpeando ligeramente la puerta con su mano, pero no recibía respuesta del interior.

-Alguien debió haberla roto y la dejó ahí tirada para que no lo regañaran.- agregó.

-Quizá se quedó dormida ahí dentro…- dijo pensativa Naomi, provocando que su amiga la quedaran mirando fijamente, con cara total de "Que se fumó esta".

-Hey, no me mires así, ya sabes que ha estado con problemas para dormir últimamente, si estaba cansada se pudo haber quedado dormida.- agregó, muy avergonzada.

-Bueno, tienes razón en eso… ¡Ya sé! Yo misma colocaré esa manilla.- exclamó entusiasta la morena, agachándose y comenzando a "trabajar".

Al principio lucía muy concentrada y confiada en lo que hacía, pero luego de 10 minutos ya estaba histérica. Cada vez que intentaba que la manilla quedara firme, esta se caía o no giraba.

-¡Es imposible! Alguien le tiró un conjuro oscuro a esta manilla para que yo quedara en ridículo, ¡No hay otra explicación!- Gritó decidida la morena, abandonando su trabajo.

-No seas ridícula, Tomo-chan, sabes perfectamente que eso no es posible, solo que no estás hecha para hacer cosas delicadas. Yo me encargaré de eso.- dijo Naomi.

Se agachó, como antes había hecho la morena, e introdujo la manilla en el hoyo de la puerta. Luego de aproximadamente cinco minutos, se escuchó un pequeño "clic" y una sonrisa victoriosa apareció en el rostro de Naomi.

-C-como lo lograste.- dijo estupefacta la morena, mirando fijamente a su amiga con los ojos como platos.

-Siempre he sido hábil con las manos.- exclamó con una sincera sonrisa Naomi.

-Ahora abre para ver si Saku-chan está dentro o no.- dijo la morena, un poco celosa de su amiga.

-Eso estoy haciendo.- dijo Naomi, abriendo cuidadosamente la puerta, cuando sintió que un peso empujaba la puerta del otro lado, permitiendo que se abriera más fácilmente.

-Qué demonios…- exclamó para si la morena, al ver la escena que se presentó frente a sus ojos.

Ryoma y Sakuno quedaron tendidos en el suelo, con la mitad del cuerpo dentro del baño. Estaban abrazados estrechamente y completamente dormidos. Parecían una verdadera pareja de amantes, pero tomando en cuenta la historia que tenían estos dos, esa no era la majo opción en la que pensar.

-Sé que no es el momento indicado para decirlo pero… Realmente hacen una buena pareja.- murmuró Naomi, más para sí misma que para sus amigas.

-No digas estupideces, tú sabes lo idiota que es Echizen. Solo hace sufrir a nuestra Saku-chan, ella se merece algo mucho mejor.- sentenció la morena, aun impactada.

Estaba impactada por varias cosas y la más importante de ellas era: ¿Qué hacía Ryoma en el baño de las chicas? ¿Habría tratado de forzar a su amiga a hacer algo que ella no quería? Y de ser así ¿Qué hacían abrazados y dormidos en el piso?

-Podríamos quedarnos aquí en el pasillo pensando que hacían estos dos, o, despertarlos y que nos lo explique ellos mismos.- dijo Naomi rompiendo un breve silencio que se había formado entre ellas.

-Tienes razón.- dijo la morena y se acercó a la durmiente pareja, más exactamente a su mejor amiga y comenzó a picarle la cara con el dedo.- Heeey Sakuno, despierta de una vez.- susurraba, tratando de no despertar a Echizen. Quería escuchar todo de los labios de su amiga.

-Hmn, 5 minutos más, oba-chan…- murmuró somnolienta la peli rojiza, sobándose los ojos y moviéndose levemente, pero al sentir un cuerpo junto al de ella se despertó de golpe.

En los orbes carmesí de la peli rojiza se notaba una gran confusión y miedo, pero al cabo de unos segundos pudo recordar lo que había sucedido e inhaló nuevamente aire, pues había dejado de respirar por la impresión. Se movió con cuidado, intentando por todos los medios no despertar al peli verde, aunque este tenía fama por su sueño pesado.

Una vez estuvo de pie, se dio cuenta de que no estaba sola. Notó los dos pares de ojos de sus amigas clavados en ella y como solía hacer cuando se ponía nerviosa, se sonrojó completamente y bajó la mirada. Ninguna parecía querer decir la primera palabra.

-Y… vas a decirnos que pasa aquí, Sakuno.- dijo calmadamente la morena, algo muy inusual en ella.

-Es… una larga historia.- dijo nerviosa la peli rojiza, aun con la cabeza gacha.

-Tenemos bastante tiempo.- agregó la morena, sonriéndole a su amiga, para que se calmara un poco, ya que su cara a cada momento se parecía más a un tomate.

-En realidad, deberíamos volver al salón…- susurró apesadumbrada Naomi, ya que ella también quería escuchar ahora mismo que era lo que tenía que decir su amiga.

-Tienes razón.- afirmó la morena.- te salvaste por ahora jovencita, pero no creas que te escaparás de esta. A la hora del almuerzo tendremos una larga charla.- le advirtió como si de su hija se tratara, para alivianar el ambiente, que se estaba tornando muy pesado.

-Está bien, oka-san.- dijo con una sonrisa Sakuno.- Vayamos al salón.- agregó.

-Adelántense, ya las alcanzo luego.- les dijo la morena y estas sin preguntarle nada se encaminaron rumbo al aula de clase.

Cuando sus amigas se perdieron de vista, la morena pasó sigilosamente junto al peli verde, cogió un balde de limpieza que estaba en el baño lo llenó hasta el borde de agua. Se colocó al lado de Ryoma y no dudó ni medio segundo y se lo lanzó encima.

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-Al parecer encontraron a su amiga, señoritas. ¿Podrían decirme donde estaba Ryuzaki-san?- preguntó el profesor al ver a las tres chicas entrar cabizbajas al salón, interrumpiendo nuevamente la clase.

-Se había quedado encerrada en el baño. La perilla estaba en mal estado.- murmuró Naomi, un poco intimidada. Ese definitivamente no era su sensei favorito.

-¿En serio?- exclamó sorprendido el sensei, levantando una ceja con incredulidad.- Fue algo torpe de su parte, Ryuzaki-san.- añadió, sacando risas en sus compañeros de clase.

-Lo siento mucho, no volverá a suceder.- susurró muy avergonzada la peli rojiza, mientras un leve sonrojo cubría sus níveas mejillas.

-Así lo espero yo también, y ¿Osakada dónde está? Ella fue la que hizo más alboroto para salir a buscar a Ryuzaki.- dijo el sensei, recorriendo a las chicas que estaban en la puerta con la mirada.

-Creo que tenía que pasar al baño, dijo que nos adelantáramos.- dijo Sakuno.

-Bueno, siéntense de una vez. Después de clase veremos cuál será el castigo por su actitud.- el sensei estaba comenzando nuevamente la lección cuando recordó que las chicas no habían mencionado a cierto peli verde de mirada irrespetuosa.

-¿No se encontraron con Echizen?- preguntó el sensei, cuando as chicas ya se habían sentado. Sakuno iba a contestar cuando Naomi se le adelantó.

-No señor, debe de estar saltándose las clases por ahí. Usted ya sabe cómo es él.- dijo despreocupada y el sensei no continuó con el tema.

Unos veinte minutos después la morena entró al salón de clase algo agitada, se disculpó frente a su sensei y se sentó en su pupitre, no sin antes intercambiar miradas cómplices con sus amigas. Esperaban con ansias la hora del almuerzo para que la peli rojiza les dijera por fin que había ocurrido.

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El viento soplaba muy fuerte en la azotea. El cabello aun húmedo del peli verde se remecía con cada soplada del viento. Era una visión realmente espléndida para cualquier chica, pero Ryoma tiritaba a más no poder del frío.

-Estúpida Osakada.- murmuró para sus adentros el peli verde con rabia.

¿Que se creía ella para ir y tirarle un balde de agua encima como si fuera algún animal? Y que después se haya puesto a interrogarlo de porqué estaba en el baño de chicas con Ryuzaki. Era una idiota si creía que después de haberlo despertado de esa manera sería bueno con ella y le contaría todo.

Era mucho más divertido fastidiarla un poco y eso fue justo lo que hizo, para así empezar a desquitarse por el insulto cometido por la morena. Con comentarios como: "¿Qué crees que pudimos estar haciendo?" o "No conocía esa cara de Ryuzaki, realmente me impresionó" La sacó de quicio rápidamente y se largó.

El peli verde, sin ningún interés por regresar al salón de clases, y mucho menos si se encontraba en ese estado deplorable, simplemente se dirigió al lugar al que siempre iba cuando quería estar solo y pensar, o cuando quería dormir. Aunque no se dio cuenta que ir a un lugar con mucho viento cuando estás empapado no es exactamente una buena opción, pero como ya estaba ahí no pensaba irse.

Reprimiendo lo mejor que podía los escalofríos, se recostó en el suelo como solía hacer en los viejos tiempos y cerró los ojos intentando conciliar el sueño, pero cuando ya se estaba relajando, la imagen de la peli rojiza apareció claramente en su mente, desconcertándolo por completo.

¿Es que la fémina iba a seguir fastidiándolo hasta en su propia cabeza? Era una estupidez. Sacudió fuerte la cabeza e intentó dejar la mente en blanco, pero la imagen de la peli rojiza volvió a irrumpir en su tranquilidad. Esto ya era demasiado. Suspiró con pesar y desistió en su intento por dormir y se dispuso a ver las nubes pasar hasta que sintió sonar el timbre que indicaba la hora de comer y se encaminó a la cafetería.

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-Ese estúpido Echizen, ¿Qué se cree para acosar a nuestra Saku-chan?- inquirió molesta Naomi, después de escuchar detalladamente la explicación de la peli rojiza de lo que había sucedido en el baño.

-No fue acoso, Naomi-chan. No fue nada importante, en serio.- le dijo Sakuno, intentando calmarla.

-Ese idiota.- murmuró la morena con una venita marcada en la sien. Con los comentarios que le dijo el peli verde cuando le arrojó el balde de agua su imaginación llegó hasta los cielos.

-Ya tenemos que regresar a clase.- exclamó Naomi al escuchar el timbre que indicaba el término del receso.

-Yo me iré a casa.- anunció la peli rojiza, sorprendiendo a sus dos amigas. Sakuno no era de las que se saltaban las clases porque sí.

-En ese caso yo también faltaré y te acompaño a casa, Sakuno.- le dijo la morena, con una sonrisa.

-Eso no será necesario. Ryoga-kun dijo que me iba a esperar en la salida del instituto en cada receso por si me saltaba las clases y me quería ir antes, debe estar esperándome fuera.- le dijo Sakuno.

-Está bien… Bueno Sakuno, nosotras nos vamos a clase. Cuídate mucho.- le dijo con amabilidad la morena, levantándose y saliendo de la cafetería.

-Adiós, Saku-chan. Nos vemos mañana.- dijo Naomi con una sonrisa en el rostro.

Ambas chicas se dirigieron al salón de clase, mientras que la peli rojiza caminó rápidamente hasta la salida del instituto, en donde vio al hermano de Ryoma apoyado despreocupadamente la pared, mirando las nubes con desinterés.

-¡Ryoga-kun!- gritó la fémina, captando la atención del peli verde, con sonrió ligeramente y saludo a la peli rojiza con la mano.

-Vamos, Sakuno-chan.- dijo el peli verde, apoyando su brazo en los hombros de la chica, provocándole un ligero sonrojo a esta.

-S-si.- le respondió esta y comenzaron a caminar en dirección a la residencia Echizen.

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-Señor, tenemos un problema, y es uno muy grande.- anunció un hombre de mediana edad con el cabello entrecano.

Él y un sujeto de aspecto imponente pero sofisticado se encontraban en una amplia oficina en algún edificio de China. El de cabello entrecano había entrado abruptamente al lugar, sorprendiendo un poco al otro sujeto.

-No me gusta el tono en que dijiste eso… De que se trata, dímelo rápido.- dijo con tono nervioso.

Ese hombre tenía porte de jefe y, aunque tenía una edad bastante avanzada, para sus años estaba muy bien conservado. Vestía un traje simple de color negro y camisa blanca, sin corbata, y su cabello era bastante canoso. Se levantó de la silla en donde se encontraba y volteó hacia el ventanal, mirando el exterior.

-Bueno, lo que pasa es…- empezó el hombre de mediana edad, con voz dubitativa. Tenía miedo de la reacción que pudiera tener su jefe en cuanto le contara lo que tenía que decir.

-¡Habla rápido hombre! ¿Qué es lo que está pasando aquí?- interrogó algo alterado el jefe, girando para poder mirar al otro sujeto directo a los ojos.

-Es la anciana…- susurró muy nervioso.- La vieja está mal, muy mal. De pronto empezó a debilitarse y no creo que le quede mucho tiempo.- anunció al fin el sujeto, agachando la cabeza para no enfrentar la mirada de su jefe.

-Pero, aunque sea nos durará un mes o algo así ¿Verdad?- preguntó el jefe, hablando de Sumire como si de un objeto se tratase.

-No lo sé señor… desde hace dos días que ha estado con fiebres altísimas y no come nada. Realmente no creo que viva más de una semana, pensando positivamente. Podría morir en cualquier momento.- anunció desganado. No le importaba que la vieja muriera, pero era una parte fundamental de su plan. Sin ella, no tenían forma de sacarle información a Sakuno.

-Mierda. Tendremos que adelantar un poco los planes, no hay otra manera. Ya sabes lo que dicen, hay que adaptarse a la situación.- dijo el jefe, más calmado de lo que se esperaría.- Cuando nos comunicamos con la chica, dijimos que nos pondríamos en contacto con ella como en una semana, ¿Verdad?

-Si señor.- le respondió el sujeto.

-Bueno, hoy mismo nos contactaremos con ella. No tenemos tiempo que perder y… tengo la idea perfecta para "motivar" a la chica a cooperar con nosotros.- dijo el jefe y le hizo unas señas con la mano al otro sujeto para que se retirara.

Se sentó en la silla de su escritorio y la giró en dirección al ventanal, contemplando el exterior con expresión seria. No todo estaba saliendo como él lo había planeado y eso lo alteraba. Se masajeó la sien con la mano derecha y suspiró fuertemente. Estos quince años esperando por fin mostrarían sus frutos.

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Ya eran pasadas las once de la noche y en la residencia Echizen todos se encontraban en sus habitaciones. La peli rojiza yacía en su lecho con los ojos completamente abiertos y aun con la ropa puesta. Estaba… aterrada.

Lo que minutos antes había visto la había dejado sin palabras. Ni siquiera las lágrimas atinaban a salir por el impacto. Hace aproximadamente diez minutos un mensaje de texto adjunto de una fotografía le habían llegado a su teléfono celular. Vio la foto antes de leer lo que estaba escrito y se paralizó al instante.

Era su abuela, amordazada de pies y manos sobre un mugriento colchón. Se veía mucho más delgada y parecía como si hubiera envejecido unos cuantos años. Era una visión horrible para la fémina. En cuanto al mensaje, decía: "A tu abuela no le queda mucho tiempo, por lo que tenemos que apresurar nuestro plan. Por la mañana te llamaré personalmente, si es que quieres volver a ver a tu querida abuela con vida, claro."

El silencio envolvía toda la habitación y ya estaba sofocando a la fémina. Sin poder soportar la sensación de soledad que tenía estando encerrada en la habitación, se levantó y caminó rápidamente hacia el baño a lavarse el rostro para poder despejar la mente y, si tenía suerte, despertar de una pesadilla y darse cuenta de que nada malo había ocurrido.

Al abrir la puerta del baño se encontró con nada más ni nada menos con el peli verde de mirada ambarina que tanto la confundía. Este estaba lavándose los dientes, sin camisa y solo con un pantalón corto que utilizaba de piyama. En cualquier otra ocasión la fémina se habría sonrojado y se habría ido corriendo, pero esta vez no reaccionó. Sus ojos se veían completamente vacíos.

Esos bellos ojos carmesí que parecían dos gemas preciosas, destellando siempre de vitalidad, se encontraban extintos. Una profunda soledad se podía apreciar en esos orbes y algo dentro de Ryoma se inquietó. Un extraño sentimiento lo sacudió y sintió la necesidad de acompañar a esa frágil fémina que tenía junto a él.

Sin siquiera preguntarle que le pasaba, Ryoma tomó de la mano a la peli rojiza y la guió con cuidado hacia la habitación de esta. Aunque Sakuno seguía vestida, la recostó dentro de la cama y la acobijó con suavidad. Se quedó varios minutos contemplando a la fémina, que tenía el aspecto de irse a romper si la tocaban con brusquedad y, a pesar de todo, se veía hermosa.

Sakuno lo miraba fijamente con ojos inexpresivos, pero cuando este se dispuso a levantarse del suelo para irse, la fémina sujetó una de las manos masculinas con firmeza y le susurró dos pequeñas palabras que desarmaron todas las defensas del peli verde.

-Quédate conmigo.- rogó la fémina en apenas un susurró, mirando con tristeza al de mirada ambarina, que no atinaba a reaccionar.

Este, sin responderle, se acomodó lo mejor que pudo junto a la cama de la peli rojiza, sin soltarla de la mano, y se quedó ahí, en completo silencio. Largos minutos pasaron antes de que se quedaran dormidos, pero ninguno dijo nada. Esa noche Sakuno no tuvo pesadillas.


Hola minna-san *o* Uffff llevaba bastante tiempo desaparecida yo uwu es que pasé por la peor crisis de inspiración de todos los tiempos, la causa: Magia negra :C xz

Bueno lo que tenía que decir es que Re-subiré esta historia porque le hice unos cuantos arreglos para que estuviera mejor, pero como ya tengo editado el fic, no me demoraré casi nada en subirla de nuevo :D Pero probablemente esté uno o dos meses sin poner el nuevo capítulo porque ahora tengo que actualizar mi otra historia "Amor por equivocación".

Eso era C: Muchas gracias por leer y comentar :D Se les quiere :**