Bueno, un tercer capítulo que llega con un poco de retraso, procuraré que esto no se repita. ¡Espero que os guste!
Liz'R,Fullbuster: lamento mucho haber tardado tanto, pero no me fue posible actualizar antes. De cualquier modo, aquí sigo, al pie del cañón xD ¡Gracias por tu review! Me alegro de que te guste ;)
Luffy,Rekee66: jajajja me parece bien que se lo agradezcas, ha sido un ataque perfecto para juntarles (?) xD Bueno, sí que estaba un poco pasivo, pero es porque pensé que después de acceder a que la ayudasen no sería lo más lógico lanzarla por la borda (digo yo, que sería un malgasto de tiempo xD) aunque sí me quedó un poquito OOC. Pero bueno, si ha quedado bien, pues eso que tenemos ;) ¡Gracias!
Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.
- Diálogos.
"Pensamientos"
Memorias/Flash backs/Sueños
Canciones
"Libros/Escrito/Cuentos"
Capítulo 3: "Ni lo dudes"
- ¿No tienes otro lugar donde molestar, Nico Robin? – Preguntó al verla aún después de dos horas sentada en su butacón.
- No conozco otro lugar donde poder estar en tu barco – respondió ella sin volverse si quiera a mirarle, manteniendo su vista fija en el fondo oceánico que se vislumbraba a través de las ventanas del barco.
- Pues ve a inspeccionar, este es MI camarote.
- No sabría por dónde empezar.
- ¿No eras la inteligente de los "Sombrero de Paja"? Vete a la biblioteca.
Ella le dedicó la sonrisa que habitualmente le dedicaba a Sanji cuando quería obtener algo de él.
- ¿Me traes un libro, por favor?
Kidd puso los ojos completamente en blanco.
- Lárgate.
- ¿Y a dónde voy? – Preguntó ella con su fingida inocencia.
- No lo sé.
- ¿No lo sabes o te da igual?
- ¡Ambas cosas! – Rugió él mientras se sentaba de golpe en su silla, frente a su escritorio.
Ella se levantó de donde había pasado el día y se acercó a él con una sonrisa.
- Si se lo pido a Killer... ¿será más amable que tú?
Kidd le dedicó una mirada siniestra.
- Prueba. Si no te mato yo ahora mismo lo hará él en breves, así que inténtalo si quieres.
Robin simplemente sonrió y salió del camarote del pelirrojo, era muy consciente de que le había molestado y que el que no la hubiese matado ya no quería decir que no fuese a hacerlo si se pasaba de la raya. Simplemente haría igual que siempre había hecho: sobrevivir. Evitaría enfurecer al capitán, y salvar así su vida, y buscaría esa biblioteca donde podría pasar el tiempo hasta que llegasen al Nuevo Mundo tras haber cargado magnéticamente la Log Pose en la isla de los hombres–pez.
Caminó con tranquilidad por los pasillos del gótico barco ante las miradas curiosas y a veces recelosas del resto de la tripulación. Eran tan diferentes de Luffy y los demás… Finalmente, al final de uno de los corredores de madera del barco, encontró la puerta de la biblioteca y entró.
La sala era acogedora en comparación con lo que había esperado. Varias estanterías en la pared opuesta lucían cargadas de libros de aspecto antiguo mientras la luz que daba el cielo de la isla de las sirenas iluminaba por completo sus tomos, algunos verdes, rojos, otros cubiertos de cuero y otros simplemente eran un montón de viejos manuscritos. Y en una esquina bajo la ventana, una mesa rectangular con dos sillas, una en cada extremo, y una pequeña lámpara en el centro.
Se sintió maravillada.
Al menos aquello debía reconocérselo: la biblioteca de los Piratas de Kidd albergaba libros mucho más interesantes que los que habían en la sala de lectura del Sunny Go. Paseó de estante en estante la mirada, grabando en su mente cada uno de los nombres de aquellos libros mientras la impaciencia por leerlos todos y cada uno de ellos se apoderaba poco a poco de su mente. Parecía que Kidd y los suyos habían acumulado una importante cantidad de libros y manuscritos procedentes de sus diferentes saqueos tanto a barcos como a pueblos y ciudades.
- ¿Puedo coger alguno? – Preguntó en voz alta.
Killer, quien la había seguido desde que salió del camarote de Kidd, sonrió de medio lado bajo su casco metálico cuando ella le dirigió la palabra sin haber llegado él siquiera a entrar en la habitación. "Una mujer astuta" pensó.
- Supongo que sí.
Ella se volvió a mirarle mientras que él se asomaba por la puerta y le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
- No voy a hacer nada contra vosotros, Soldado de la Masacre. No creo que tengas que seguirme cada vez que decida salir del butacón de Eustass Kidd.
- Prefiero prevenir que curar, si no te importa. Kidd no suele pensarse mucho las cosas antes de hacerlas y no creo que traerte con nosotros haya sido una gran idea.
- Yo opino lo mismo.
- ¿Entonces?
Killer avanzó junto a ella y se sentó frente a Robin mientras ella tomaba asiento al mismo tiempo y acariciaba las tapas del libro que había escogido con sumo cuidado.
- No tenía opción, o venía con vosotros o me volvía nadando. Y ya sabrás…
- … que eres una usuaria, lo sé.
Robin simplemente asintió y se enfrascó por completo en la lectura de su libro, uno que trataba específicamente sobre las leyendas que rondaban el Nuevo Mundo al que ahora se dirigían. Killer tampoco dijo nada por un rato, hasta que los recuerdos de los "Sombrero de Paja" junto con una sirena volaron a su mente.
- ¿Irás a verla?
Ella pareció comprenderle al ver que la máscara del rubio apuntaba en dirección a la isla de las sirenas, donde estaban a punto de entrar.
- Supongo que debería. Además hay cosas que quiero investigar en esta isla.
- ¿Qué cosas? – Exigió saber él.
Ella alzó la mirada de su libro y le miró, seria.
- ¿Sabes que preguntas demasiado?
- Nico Robin, no eres una amiga precisamente. Si aún estás aquí es porque aquel que te dejase en ese almacén quiso que nosotros en particular te encontrásemos. Únicamente queremos atar cabos y para ello debes estar cerca.
- Eso no quita que preguntes demasiado.
Killer sonrió de medio otra vez. Sí, realmente los rumores sobre aquella mujer comenzaban a tomar sentido. Ella alzó una ceja al ver que no parecía dejar de mirarla bajo su casco.
- ¿Qué buscas, Soldado? Ya te he dicho que no tengo intención de causaros problemas.
El rubio negó con la cabeza.
- Pensaba que aquel que te atacó debía ser muy bueno para que no te dieses cuenta de su presencia – se levantó y antes de salir por la puerta se volvió a mirarla una vez más –. Y que realmente, los rumores que se escuchan sobre ti… no te hacen justicia. Impones más en persona.
Con expresión satisfecha, Killer abandonó la biblioteca en dirección a cubierta, pues la entrada a la isla de los hombres–pez parecía requerir de alguien al mando y dudaba que el temperamento de Kidd ayudase. Robin cerró el libro también y se puso en pie dispuesta a seguirle, pero los pantalones que llevaba puestos se soltaron de la cuerda con que los ataba y cayeron al suelo. Los alejó de sí sin mostrar ninguna expresión en el rostro y, aprovechando que la camiseta que llevaba era también extra grande y tapaba más de lo necesario, salió a cubierta dispuesta a salir de compras tan pronto como pudiese.
- ¡Pappagu!
- ¡ROBIIIN! – La pequeña estrella de mar se lanzó a los brazos de la morena a penas la vió entrar por la puerta de su tienda de ropa.
La joven no supo muy bien hasta qué punto su amigo estaría enterado de la situación de sus compañeros, pero le sorprendió bastante su abrazo, aunque no dudó en devolverlo. El pobre diseñador lloraba con ganas.
- ¡Robin! ¡Robin! ¡Menos mal! ¡Nadie sabía de ti!
Robin sonrió para calmarle.
- Estoy bien, estoy aquí. Deja de llorar.
- ¡Luffy se alegrará tanto…! ¡Estaban tan preocupados de que te hubiese pasado algo! ¿Qué haces aquí? ¡Kuma se los llevó! ¡Rayleigh nos dijo que todo estaba bien pero…!
- Espera, espera Pappagu – le interrumpió ella, frunciendo el ceño –. ¿Rayleigh dijo eso?
La pequeña estrella de mar saltó de nuevo al suelo y asintió.
- Dijo que Kuma os había salvado y que iría a hablar con Luffy personalmente.
- Él… ¡¿él sabe dónde está Luffy? ¿Dónde está?
- Yo no lo sé, se marchó sin decírnoslo.
Un incómodo silencio reinó en el ambiente mientras los clientes que salían de la tienda se les quedaban mirando con curiosidad. Finalmente, Robin cerró los ojos y suspiró.
- Ya veo… supongo que puedo esperar un poco más. Oye, Pappug… ¿cuánto me cobrarías por algo de ropa nueva?
- ¿Qué piensas, Kidd?
- Que a partir de ahora vamos a tener mucho trabajo – contestó con una amplia sonrisa mientras observaba el paisaje a su alrededor.
- Esta guerra nos va a suponer mucho más esfuerzo de ahora en adelante, ya que ahora sin Shirohige el equilibrio entre los poderes de los demás piratas poderosos se ha visto roto.
El pelirrojo asintió.
- ¿Le queda mucho a la Log Pose, Kabuto?
- Yo diría que después de comer podremos irnos.
- Eso es perfecto, tengo el lugar ideal para comer en grupo – dijo una voz femenina.
Todas las miradas se fijaron en ella y Kidd alzó una ceja con una sonrisa en sus oscuros labios.
- ¿Y esa ropa, Nico Robin?
- Tengo un conocido por aquí, dice recordarte aterrador de la casa de subastas.
- Eso es bueno, a pesar de acoger a heridos no he perdido el punto terrorífico.
Tanto Killer como Robin y todos los presentes dejaron salir una sonrisa ante el comentario.
- Y bien, ¿qué lugar es ése? – Inquirió el rubio.
- Mi casa – dijo Pappagu, saliendo de detrás de Robin con expresión alegre –. Vosotros salvasteis a Robin, sois bienvenidos si queréis.
- Suena bien – asintió Kidd –. Por cierto, Robin… ¿de dónde has sacado el dinero para la ropa?
Ella comenzó a caminar tras la pequeña estrella mientras dos tritones trabajadores de la tienda llevaban dos bolsas llenas de ropa nueva.
- Lo robé.
- ¿Robaste?
- Antes me ganaba la vida engañando, no ha sido tan complicado.
Kidd sacudió la cabeza con una siniestra sonrisa mientras se subían al taxi que les llevaría hasta su bien deseado almuerzo. Su mirada calculadora escrutó la figura femenina de Robin con un leve destello de interés brillando en sus ojos dorados. Al igual que la pelirroja de la banda de "Sombrero de Paja", las medidas de la morena eran espectaculares. Bajo el corsé negro ajustado que se había puesto podía vislumbrarse un busto generoso y unas curvas impactantes. Los pantalones vaqueros que llevaba ahora delineaban a la perfección sus largas piernas, haciéndole mucha más justicia a su esbelta figura que la enorme camiseta que se había visto obligada a vestir en su barco por falta de más ropa.
Robin sintió su mirada y detuvo la suya, azul profunda, en el joven de aspecto fuerte y peligroso que en aquel instante grababa cada centímetro suyo en su memoria. Estaba acostumbrada a recibir miradas, pero de algún modo, la de él la incomodó. No era el tipo de miradas que una mujer como ella solía recibir, cargadas de odio, miedo o incluso furia. Tampoco era alegre o familiar, como la que recibía de sus compañeros. Era una mirada sencillamente normal. Escalofriantemente directa e indiscreta. E increíblemente vacía de cualquier interés.
Y aquello se debía a que él no la estaba mirando como a un estorbo, ni como a una víctima. No como a un arma o a una fulana. Simplemente la veía como lo que era: una pirata que, enemiga o no, seguía adelante en su camino.
Sintió la necesidad de decir algo, pero en aquel momento el taxi se detuvo y el pelirrojo apartó sus ojos de ella para centrarlos en el imponente edificio que se alzaba ante ellos.
- ¿Esta es… tu casa, Pappagu?
La pequeña estrella de mar giró sobre sí misma varias veces y posó orgulloso ante la puerta de su casa, sonriendo ante la mirada sorprendida de sus invitados.
- ¡Así es! ¡Aquí soy un famoso diseñador, todo el mundo quiere mi ropa!
Kidd soltó una carcajada.
- Así que eres famoso… bien, veamos qué tal comes entonces.
- S-sí, adelante.
- Tranquilo, Pappagu – dijo Robin, viendo que su pequeño amigo aún no se sentía cómodo en compañía de aquella siniestra tripulación –. No harán nada indebido. ¿Verdad, Kidd?
El pelirrojo ni siquiera la miró.
- No tenemos más intención que la de comer y comenzar a conquistar el Nuevo Mundo, ¿no, chicos?
- ¡Sí, capitán!
Aquel grito colectivo arrancó a Robin una sonrisa al comprobar el enorme apoyo que Kidd tenía por parte de su tripulación, dejando más que claro que además de sanguinario parecía ser un buen capitán. Tomando a Pappagu en brazos, Robin caminó detrás del grupo de piratas al interior de la casa de coral, con una sonrisa.
- A propósito, viejo… ¿se ha sabido algo de Robin desde lo que ocurrió en Sabaody?
Rayleigh cerró los ojos mientras Boa Hancock se tensaba al lado del capitán de los "Sombrero de Paja", que recién despertado de su trance tras la muerte de su hermano, se ponía al día de lo sucedido tras la guerra con el que sería su futuro maestro, el Rey Oscuro, Silvers Rayleigh.
El anciano negó con la cabeza.
- Shaki escuchó que vieron a algunos piratas cargando el cuerpo inconsciente y herido de una joven que se correspondería con su descripción, pero…
- ¡¿Herida? ¡¿Está bien? ¡¿Dónde está Robin? – Luffy saltó de golpe, interrumpiéndole en plena oración.
- Cálmate, Luffy, a eso voy. Con los datos que le dieron a Shaki, hemos identificado al hombre que la encontró, pero no creo que fuese el mismo que la atacó y causó que os separaseis.
- ¿Quién es ese hombre?
Rayleigh guardó un silencio incómodo antes de responder.
- Eustass "Capitán" Kidd.
Luffy ahogó su respiración por unos segundos. No podía ser.
- Estás… ¿estás seguro de que se la llevó él?
- Luffy… cuando él la encontró ella ya estaba herida. No sabemos qué pudo hacer que él se la llevase, pero trata de tranquilizarte, tu compañera es fuerte y sea lo que sea lo que Kidd quiera de ella, sabrá apañarse. De momento debemos ser conscientes de que su atacante real sigue suelto y que cuanto más fuerte sea el hombre con quien esté, mejor para ella. Y ese Eustass Kidd es muy fuerte por lo que tengo entendido.
- Sí que lo es, pero no es de los que se preocuparía por alguien que no sea de su bando.
- Tangamos esperanza, Luffy. Por ahora todo lo que podemos hacer es tener paciencia y esperar noticias, del mismo modo que tu tripulación estará esperando noticias tuyas.
Luffy apretó los puños sobre sus rodillas vendadas, pero acabó por asentir.
- ¿Qué pretendes hacer, viejo?
- Gracias por el almuerzo, Pappagu, todo estaba delicioso.
Robin sonrió a la estrella de mar que aún permanecía en un estado anonadado ante la cantidad de comida que aquel puñado de hombres había ingerido en apenas una hora.
- N-nada, Robin. Oye… ¿has dejado a Sombrero?
Ella abrió los ojos con sorpresa.
- No, pero ahora todos estamos separados. Seguiré hasta encontrarme con él lo antes posible.
Pappagu asintió.
- Si por algún motivo me lo encuentro… le diré que estás bien. Es más, ¡subiré a decírselo a Shaki por si Rayleigh hace algo!
- Te lo agradezco de verdad, Pappagu.
- ¡Nico Robin! ¿Acaso quieres quedarte aquí para siempre?
La voz impaciente del pelirrojo la devolvió a la realidad. Sonrió cálidamente, como era habitual en ella desde que conoció a sus amigos.
- ¡Nos vemos!
- ¡Sí, cuídate, Nico Robin!
La pequeña estrella de mar comenzó a saltar y saludar con una de sus extremidades mientras la veía alejarse junto con el resto de "Piratas de Kidd". "Ten cuidado, Robin" pensó mientras veía cómo el pelirrojo la tomaba del brazo, arrastrándola para que caminase a su lado sin detenerse.
- Tu amigo tenía buena cocina – murmuró Kidd con una sonrisa.
Robin se encogió de hombros con expresión tranquila.
- No es de extrañar, puede permitírselo.
- ¿Ya sabes qué harás cuando lleguemos a la próxima isla?
- ¿Cuál has elegido de las tres rutas?
Pappagu había tenido el detalle de regalarle a Kidd una de las brújulas necesarias para navegar en el Nuevo Mundo, además de haberles explicado su método de funcionamiento. Kidd asintió con una sonrisa.
- No sé cómo se llama, pero sí que es la que más difícil de pasar de todas.
- ¿Vas a comenzar pisando fuerte, eh? – Preguntó ella con una sonrisa y voz suave.
- Ni lo dudes, mocosa.
"Ni lo dudes".
Continuará…
