Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Solo una poca parte los acontecimientos ocurridos en este mundo maravilloso.
Summary: uno, dos, tres, cuatro años ¿a quien le importa un numero? ¡Alice a vuelto! eso es lo único que importa, a cumplido su promesa. ¿no?
Reina Blanca
McTwisp paró de golpe cuando escuchó a Alice hablar sobre el sombrerero. La miró por unos momentos, como si estuviera buscando algo en ella, y luego volvió a andar para que ella le persiguiera ¿Que había sido eso? ¿Por qué no le respondió sobre Tarrant? Algo le decía que las cosas no andaban bien en esos momentos y que de verdad era mejor no saber.
Corrió detrás del conejo sin parar, las lluvia ya no estaba presente, pero aún así su vestido estaba mojado, congelandola hasta los huesos. Pero eso no importaba, ella tenía su vista fija en el conejo con chaleco. Por nada del mundo lo perdería de vista o eso la hará pensar que todo no era más que un sueño. Que ella se había quedado dormida al lado del árbol y que aún se encontraba lloviendo en Londres.
Ella no quería volver al otro mundo, Alice lo que más deseaba en esos momentos era quedarse en Infratierra y no volver en el pasado. Todo meno el pasado, el presente y el futuro eran mejores para ella. Mucho mejores.
—¡McTwisp! —gritó cuando el conejo de le había adelantado mucho en el paso. En verdad ella nunca creyó que pudiera igualarlo, pero como el conejo estaba tan apurado ella tuvo que detenerlo. Cuando se encontró más cerca ella se detuvo y tomó un respiro.
Era verdaderamente agotador.
—¿Alice estas bien? —preguntó McTwisp preocupado.
Alice sonrió luego de unos segundos respirando aire.
—Sí ¿Seguimos? —en verdad quería saber que era lo que tenía tan urgido al conejo blanco. Así que empezaron a correr de nuevo.
La joven Alice no sabía a donde se dirigían, pero algo le decía que era un buen lugar donde encontraría ropa nueva y una buena y reconfortante ducha. Pero para después, primero era ver a la Reina Blanca y luego ir a ver al Sombrerero en el Bandersnatch, para así poder llegar más rápido a el viejo molino y la mesa de té.
La mesa de té, ella extrañaba el té del País de las Maravillas.
Las piernas le dolían, hace tiempo que no corría tanto. Y le extrañaba no ver a los demás, como a Chessur con su gran sonrisa y sus ojos con las pupilas que se dilataban a todo momento y su singular evaporación de todo momento. También le extrañó que las flores no le hablaran. Lo único normal es que los árboles a su alrededor no eran normales en Londres, muy coloridos. Una prueba de que estaba en Infratierra.
Antes de que ella se diera cuenta, estaban frente al castillo de la Reina Blanca. Con las puertas abiertas por dos bueno Alfiles.
McTwisp sin embargo siguió corriendo en el pasillo del castillo hasta que se le perdió a Alice, quien decidió esperar en ese lugar hasta que el conejo blanco vuelva.
¿En que se parece un cuervo a un escritorio?
Esa pregunta le asaltó la mente en un momento en el que ella se apoyó contra la pared del blanco castillo. Se quedó mirando el suelo. En verdad nunca había descubierto en que se parecían y era mejor quedar con el dilema que descubrirlo, era más divertido. Una pregunta sin responder.
—¡Alice! —la joven reconocía esa voz ¿que voz no era reconocible en este retorcido mundo? ella levantó la mirada para encontrarse con la Reina Mirana que caminaba con las manos en alto como siempre y un paso algo apurado hacía ella. Una gran sonrisa adornaba su rostro pálido.
Antes de que Alice pudiera decir algo, o incluso saludar, la Reina Blanca la estaba abrazando. Pero se separo cuando se percato de lo sucia y mojada que estaba Alice.
—¡O dios mio! ¿que te paso? —preguntó mirando su vestido mojado.
Alice sonrió.
—No encontraba el agujero del conejo —se hincó de hombros restando importancia al asunto.
Fue turno de Mirana para sonreír.
—¿Un baño y vestido nuevo? — propuso la Reina Blanca mirando a Alice.
Ella asintió con la cabeza velozmente.
Tarrant termino su décimo segundo sombrero del día. Sonrió, feliz.
Era un sombrero rojo con negro bonito. Después de todo, lo había hecho él.
Pero la felicidad no le duró mucho cuando Chessur apareció a su lado, flotando con su gran sonrisa y ronroneando como siempre. Se paseó de un lado a otro de la sala antes de ir a ver los sombreros ordenados de más pequeño al más grande. Ronroneó nuevamente y las pupilas de le dilataron al momento que miró a Tarrant.
El sombrerero hacía como si no estuviera mientras empezaba con otro sombrero, esta vez uno de copa como el suyo, solo que considerablemente pequeño.
—Traigo buenas noticias —ronroneó Chess paseándose frente de Tarrant.
El sombrerero no les respondió.
—Oh vamos, Tarrant, yo se que quieres oírlas —la sonrisa de Chessur nuevamente apareció mientras sus pupilar se achicaban notoriamente. Desapareció y apareció al otro lado del sombrerero. Pero él seguía en su trabajo como si Chess hubiera desaparecido para siempre.
Pero no era así.
—Estoy ocupado —respondió rápidamente.
Chess sonrió y se sentó a un lado de la mesa. El sombrero de copa de Tarrant estaba a su alcance, por lo que lo miró con apreció mientras caminaba sobre la mesa y volvía a desvanecerse para aparecer al lado de la puerta de salida, pero esta vez sus patas estaban pegadas al piso. Miró la puerta y después a Tarrant.
—Solo vengo a darte noticias, Tarrant. La Reina Blanca quiere invitarte a una festa de té.
Tarrant se detuvo en su trabajo y miró a Chess por primera vez desde que había entrado en ese lugar.
—Si iré.
Chessur traspasó la puerta y luego se vio su cabeza. La sonrisa en su rostro era enorme.
—Que bueno porque te espera una sorpresa.
Y Chessur desapareció dejando con la duda al pobre y loco sombrerero.
NAANANANA ¿Quien quiere dejar un review? ¡solo déjenlo! ¡se sentirán genial!
¡Viaje bueno a todos!
