Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Solo una poca parte los acontecimientos ocurridos en este mundo maravilloso.

Summary: uno, dos, tres, cuatro años ¿a quien le importa un numero? ¡Alice a vuelto! eso es lo único que importa, a cumplido su promesa. ¿no?


Fiesta de té


El gato de Cheshire se paseó por el aire hacía la Reina Blanca quien estaba sentada en una silla parecida a un trono, solo que unas dimensiones más pequeñas de lo normal. Un trono blanco, impecable y hermoso. Estaba en una mesa larga junto a otras sillas igual de blancas que el mini trono. El mantel era lo único con un diferente color, era verde, lo que llamo la atención de Chess y se paró sobre la mesa.

Mirana lo miró desde la distancia, sonriendole. Hace un momento que Chess le había ido a dar las noticias a Tarrant de el té, pero el sombrerero tanto como Alice seguían si aparecerse. Ella estaba sentada, sola, solo con la vana compañía de los alfileres y peones de guardias. Y con Chessur.

El gato se había acostado en una parte sin platos sobre la mesa, ronroneando al tiempo que enroscaba su cola una y otra vez, mirando con atención a los Peones y con la gran sonrisa plasmándose a cada momento en su rostro.

—¿Chess? —llamó Mirana. El gato la miró para luego desvanecerse y aparecerse a su lado, sobresaltándola un poco, pero tan poco que no se noto. Ella se llevo una mano al corazón y lo miró con una sonrisa. El gato de Cheshire sonrió al momento que sus pupilas de achicaron.

—¿Si? su majestad —preguntó el gato desapareciendo el cuerpo simplemente.

—¿ Podrías...? —no era necesario que ella terminara la frase para que Chessur entendiera a que se refería.

Chess desapareció de inmediato, apareciendo en otro lado del castillo. Traspaso las puertas de color plateado con blanco, encontrándose de frente con una Alice que caminaba en su dirección. Logró desvanecerse antes de chocar contra el cuerpo de la joven rubia.

—¡Chess! —ella dijo a la nada ya que el gato no aparecía de nuevo—, ¡hace tiempo que no te veía! —exclamó sabiendo que el gato estaba cerca. Sintió una ráfaga detrás suyo y se volteó para encontrarse con los ojos azules y grandes de este.

—Tardes Buenas Alice —Chess se elevó por los cielos hasta la cama de la chica, la cual tenía su vestido anterior. Ahora la pequeña chica usaba un vestido rojo con blanco hermoso.

Chess sonrió y desapareció, volviendo a aparecerse frente a los ojos de Alice, por la cual esta pegó un salto.

—La Reina Blanca te esta esperando —comentó.

Alice salió de la habitación sabiendo que Chess la acompañaría.

—Lo sé, estoy retrasada, no sabes cuantas ganas tengo que ver a todos —miró a el gato— ¿sabes quien irá?

Chess sonrió. El gato enrosco su cola al momento que sus pupilas se dilataban y la risa se volvía más grandes que antes. Su ronroneó llego directamente a los oídos de Alice por un previo momento. Eso le hizo recordar la primera vez que lo vio, o por lo menos lo que ella creía o era para ella la primera vez, ya que para Infratierra era su segunda visita.

Bien, te llevaré con la Liebre y el Sombrerero, pero eso será todo.

No ... —dijo el gato avanzando un poco más rápido y dando vueltas al rededor de Alice— si pueda decírtelo.

Alice frunció el ceño a su respuesta. No creía que fuera delito decirle quien estaría en la fiesta de té, pero ella ya tenía una ligera idea de quienes estaría presentes. Ella sabía de tres de sus amigos que eran amantes de la fiestas de té y era seguro que no faltarían a alguna en su vida. Sobre todo ahora que la malvada Reina Roja ya no dominaba las hermosas y maravillosas tierras el País de las Maravillas.

Sonrió ante los recuerdos de la vez anterior acoplándose en su mente.

Llegó a la fiesta de té. La Reina Blanca sentada, y con una cuchara revolviendo el té en su taza blanca con adornos de flores bien bonito. Miró a Alice y le sonrió al momento en que la joven se sentaba y Chessur se sentaba en una silla al lado de la chica rubia. Preparándose una taza de té y revolviendolo al igual que la Reina.

—Buenas tardes, Alice —le saludó Mirana de nuevo.

—Tardes buenas, majestad —respondió ella tal cual como Chess le había dicho minutos atrás.

La Reina sonrió.

—¿Los invitados? —preguntó Alice luego de unos momentos en silencio.

Mirana miró a Chessur, en el momento en que este desapareció. Eso a Alice le resulto bastante extraño ¿Qué era lo que había pasado con todos sus amigos amantes del té? Ella puede creer que la lirón no la quiere ahí pero la Liebre de Marzo y el Sombrero no. Ellos no faltarían a eso ¿o sí? ¿Podría ver a sus amigos? La espera la estaba matando por dentro. Necesitaba verlos.

—¿Te gusto el vestido? —Mirana le preguntó luego de unos minutos en silencio, tomando un poco de té. Sus manos tomaban delicadamente la taza blanca, como si se fuera a romper con el simple hecho de tomarla con un poco de fuerza.

Alice miró su vestido nuevamente. Antes de salir de la habitación en la que estuvo hace poco, mirándose en el espejo de cuerpo entero por media hora, así pasándosele los minutos volando. Por eso había llegado tarde a la fiesta de té.

—Es bonito —dijo Alice—, es buena la tela y los colores son llamativos —tomó un poco de té de canela en la taza de porcelana azul. Su color favorito. El sabor le hizo estremecerse al pasar por su garganta. El té estaba que ardía.

—La hizo Tarrant —respondió Mirana terminando su taza de té. Ella frunció los labios luego de tomar, como si algo le supiera mal ¿sería el té?, no, el té es bueno.

Alice se acercó la taza a los labios y tomo un sorbo, sintiendo como el té era amargo. No le gusto. Algo no andaba bien con el té, porque, siendo sincera, le había puesto azúcar, y bastante.

Mirana pronto se durmió, Alice la miró al tiempo en que sus ojos se cerraban y caía rendida sobre la mesa.


Tarrant corrió detrás del escurridizo y malo gato Chess, quien, en un momento de distracción de unos segundos, le había quitado su sombrero, tomándolo como si fuera suyo y no de el Sombrerero Loco. Este loco gato había desaparecido en frente de sus ojos, sin más, evaporando también el sombrero ¿cómo era eso posible?... Tarrant, sin saber en que dirección buscar, paró de correr de golpe.

¿Donde se encontraba ese maldito gato del demonio?

Sus ojos llameaban en el color amarillo, casi dorados como el oro.

—Chess, gato pulgoso, cobarde, ma...

—¿Sí, Tarrant? —el gato de Cheshire murmuro, apareciendo sin el preciado gorro de copa en sus manos o cabeza.

Tarrant frunció el ceño. Sus ojos nuevamente se volvieron su verde natural, ese color no era un verde esmeralda, el verde esmeralda era más oscuro, en cambio estos eran claros, sin embargo no se acercaba al verde limón. A lo lejos de escucho la voz del lirón, Mallymkun, gritando mientras corría al encuentro del Sombrerero y Chess.

—¡Atacan el castillo! —chilló esta sin paciencia subiendo rápidamente a una mesa blanca, como todo el castillo, que estaba cerca—. Han envenenado a Alice y a la Reina Blanca, para luego llevársel... —se tapó las boca con ambas manos al momento que su orejas presionaban fuerte contra su cráneo.

Pero era tarde, lo había dicho frente a Tarrant, quien hasta unos segundos atrás no tenía idea de la visita de Alice en Infratierra.

Ella tenía que pensar en las cosas antes de decirlas.

Chess fue abandonado por su sonrisa y desapareció instantáneamente. Escapando.

Mallymkun miró al sombrerero detenidamente, con sus ojos negros y grandes, sin saber que hacer. Pues este estaba rígido en su lugar.

Tarrant, con sus ojos nuevamente de color amarillo, miraba a la nada. O por lo menos eso parecía, mientras su cerebro procesaba las palabras que había escuchado lentamente. Cada letra penetrando en su cabeza como un clavo clavado por un martillo pesado que le destruía la poca cordura en él.

¿Alice? ¿¡Alice? ¡ALICE!

Sus ojos, de color oro como que se saca de las minas, se abrieron. Al rededor de sus ojos se volvieron negros. Una imagen aterradora.

El gato de Cheshire, después de escapar de Tarrant y la Lirón reapareció donde se supone que estaría Alice y la Reina esperando, pero como dijo Mallymkun, no estaban. Solo la larga mesa con mantas de color blanco ahora manchado y la mesa dada vuelta, esparciendo todo el contenido que tenía en muchas direcciones.

El sombrero de copa no estaba. ¿Cómo no se había fijado cuando había pasado por ese lugar que Alice y la Reina no estaban? Ahora que lo pensaba, cuando dejo el sombrero no había mirado para ni una otra parte. Y ahora nadie estaba, y el sombrero de copa de Tarrant tampoco. Eso asustó al gato Chess ¿dónde podría encontrar a Alice y a la Reina Blanca?

¿Estarían en el castillo de la Reina Roja? No, ese castillo no podía ser usado sin que lo descubrieran.

Justo en esos momento entraron unos señores de negro, que tenían una forma de pica delgada. Espadas en manos y algunos poco tenían una armadura en la otra. Chess se volvió a evaporar en al aire justo en el momento en el que el sombrerero salia a ver que pasaba y los caballeros negros a los lados de la puerta le atacaron por la espalda y le pegaron con el mango de una espada en la cabeza. Dejándolo inconsciente.


D: Lo siento por demorarme, pero espero que me dejen más review.

Gracias a todas las que me dejaron, me ha alegrado el día.

¡Viaje bueno a todos!