I didn't wanna do it, father, but I caught him with another woman in the bed I made him so I put him in a grave (8) Oh Gosh, The Pretty Reckless debería tener una condecoración especial o algo por el estilo en todos mis fanfics, ellos siempre me inspiran TaylorIloveyou (L). Este fic no fue la excepción.
Ya pos cabras, holi! ¿cómo están? Ojalá qe bien. Les digo, muchas gracias por sus reviews, se los respondo al toke xd -nunca lo hago al toke, toke, pero el plazo de duración máxima es como de tres días xd- pero como sea, estoy hablando muchas bobadas hoy día xd vayamos a la acción.
Mattie... dsikadsdn comienza a mostrarse, la pasión puede venir pronto :O Aunqe se siente mal escribirlo... xd yayayay no importa.
Espero disfruten del cap, nos vemos y espero subir pronto. ¡Nos leemos abajo!
Jugando a ser Dios
O
Tu juego, nuestra pasión
O
Matthew tiene trece años. Vive en un pésimo sector de Gloucester con sus abuelos paternos. Su madre fue una prostituta que logró enamorar a Jessie Williams, un sastre algunos años mayor que ella. La joven Ashley falleció el día que dio a luz a su hijo, en el hospital, lo único que pidió con el poco aliento que le quedaba fue que entregaran al niño la cadenita que colgaba de su cuello, para que así él le recordara por siempre.
Jessie pudo criar de su hijo hasta que Matthew cumplió los cinco; entonces fue llamado para servir en Irak, lugar donde murió a los pocos meses producto de una grave enfermedad contagiosa. El cuerpo nunca fue devuelto a Inglaterra y los padres de él debieron ocuparse del niño. Matthew mostró habilidades para el lenguaje y las matemáticas desde que sus abuelos pudieron pagarle una escuela, pero tuvo que dejarla al poco tiempo por falta de dinero; el abuelo John trabajaba vendiendo madera casa por casa y la señora Donna debía cuidar al pequeño Matt de los peligros del lugar donde vivían.
Cuando salían juntos los tres a pasear, la delincuencia era algo muy típico en las calles, así como la prostitución. Muchas veces John y Donna debieron cubrir los ojos amatistas de Matthew para que no viera a una mujer recibiendo la paga por sus servicios. Ellos jamás le contaron a su nieto que su madre había sido como esas señoras.
Pero las tentaciones estaban presentes y ellos no podían mantener al pequeño encerrado en casa todo el tiempo. Al ritmo de su crecimiento, los intereses cambiaban y también las juntas. Matthew conoció, cuando tenía diez años, a un chico llamado Christopher; él vivía en la casa de burdel que estaba muy cerca de la del hijo de Jessie y Ashley. Christopher tenía quince en ese entonces, y estaba más instruido sobre ciertos temas. Ésa fue la primera vez que Matthew supo acerca del sexo.
Su nuevo amigo lo llevó al burdel un día que Donna fue al mercado. Ahí, a Mattie se le presentaron escenas explícitas entre un hombre y una mujer, mientras Christopher le explicaba lo que aquello era. Al salir, vieron exactamente lo mismo que había dentro, pero esta vez los participantes eran dos hombres. Matthew preguntó qué era eso, Christopher se lo explicó con detallismo.
Los meses transcurrieron así, el pequeño ojivioleta se veía con su amigo a escondidas e intentaban hacer lo que veían en las calles entre hombres. Matt jamás había tenido una experiencia con una chica y a pesar de sus diez años, creía que no le gustaría. Lo que Christopher hacía con él era demasiado delicioso como para imitarlo con una niña. Pero el asunto acabó cuando John, llevando palas y demás hasta el granero tras su casa, encontró a los dos chicos en un escenario comprometedor y sacó a punta de pistola a Christopher, por corromper a su nieto. Nunca más se vieron desde ese momento porque Donna decidió denunciar al mayor por violación reiterada y el joven quedó preso por largos años. Para intentar borrar de la cabeza de Matthew todos los sucesos ocurridos con Christopher, los abuelos creyeron que sería buena opción incluir al chico a la iglesia, así podría volver a la escuela y los padres tenían fama de ser buenos samaritanos; recibiría comida y ropa, y podrían darle lo que ellos no alcanzaban por la falta de dinero.
Al principio, la idea molestó a Matt, porque jamás había pisado una capilla y esos hombres siempre estaban moviéndose de un lado a otro y le asustaban, pero se sintió tentado al conocer sobre la comida y los juguetes gratis. Era simplemente un niño, y ese tipo de cosas seducen a los jóvenes.
Entonces aquí estamos.
Matthew está sentado en la primera banca con una sonrisa, sus pantaloncillos cortos pero rotos –exactamente la misma ropa que usaba el día que vio a Alfred por primera vez- y sus piernas delgadas y blancas muy juntas. Lucía como un ángel, oyendo atentamente cada palabra que el padre Arthur comunicaba a los fieles. Ésta era su misa de despedida. Alfred estaba de pie en un rincón observando a la gente de manera muy seria, pero sin evitar que su ceño juvenil y divertido saliera a la vista. Había notado la presencia de Matthew junto a sus abuelos y saludado con la mano; el niño le había correspondido con una sonrisa demasiado extraña, pero bien disfrazada en su cara de serafín.
Ahora esperaba que la paz fuese dada entre los asistentes para hablar él. Cuando esto ocurrió y Arthur le miró con ese rostro que lo único que deseaba eran unos meses de descanso por su trabajo agotador, él sonrió y se movió hasta el micrófono de mesa. La gente escrutándolo de arriba hacia abajo y Alfred, para sentirse un poco más confiado, ve a la única persona conocida, Matthew. El niño le está mirando fijamente mientras se acaricia las piernas.
- Buenos días… a todos ustedes –comienza diciendo. Echa un vistazo a todos los rincones, intentando que su voz alcance a cada persona sentada- Como ya lo sabrán, el padre Arthur vive aquejado de una enfermedad que lo dejará fuera de la iglesia unos cuantos meses… y mi tarea es venir aquí a sustituirlo y proclamar la palabra del Señor.
Silencio en toda la sala. Matthew se acomoda mejor y le presta atención al nuevo párroco. Cree que es muy mono con esos lentes y sus ojos azules.
- Yo vengo de Estados Unidos, nací en este pueblo pero me marché para ir a la Universidad. Allá descubrí mi amor por Dios y decidí hacer los votos para convertirme al catolicismo. Estoy muy feliz con mi nueva vida, y con llegar aquí, al lugar que tanto extrañé después de mi partida. Será una experiencia fantástica, trabajaré muy duro y daré mi mejor esfuerzo para hacer que esta iglesia crezca, para que todos avancemos con ella como comunidad y alcancemos la gloria del Señor.
Acaba su discurso, pensando que necesita beber un poco de agua. La gente no reacciona y siente que no fue una palabrería demasiado buena, no convenció a nadie, hasta que mira hacia el primer lugar y nota cómo Matthew se pone de pie, doblando su cadera para aminorar el peso de su propio cuerpo; junta sus pequeñas manos y con una sonrisa aplaude. Alfred se sonroja y siente cosquillas en el estómago, no está seguro si son producidas por el niño o porque toda la gente le ha imitado y ahora se encuentra envuelto en el sonido típico de las loas.
Sonríe dando unos pasos hacia atrás. A su lado, Arthur se siente muy orgulloso de tener el mejor remplazo que la iglesia pudo encontrar.
- Entonces… las misas comienzan a las ocho, luego hay una en la tarde, a las ocho también. Hay hostias y vino suficiente así que no tengo nada que comprar. ¿Estoy bien, Artie?
- Sí, eso es todo. –el inglés responde cerrando su maleta. Siente algo de nostalgia al dejar el lugar que le dio hogar por cuatro años. Suspira, coge una maleta y su amigo toma otra, ambos se encaminan a la puerta. La abren y salen hacia el día que está algo cubierto; se sientan en la parada de autobús y se relajan. Alfred le mira por el rabillo del ojo.
- No te preocupes, va a estar bien. Ya maduré y puedo encargarme de esto, además no es tan difícil.
- Luego de que me vaya comienzan las clases para los niños. Recuerda, Alfred, los libros están en el armario más alejado, en la parte de arriba. ¿Bien? No lo olvides, sin eso no puedes hacer las clases.
- Sí, sí, arriba…
El estadounidense realmente no le presta atención, está ocupado meneando las piernas y mirando hacia el cielo.
- Cuida a los niños. Preocúpate de ellos, dales la leche y las galletas cuando acaben los estudios y un sticker a cada uno por las tareas que terminen… Mi Dios, extrañaré tanto a esos pequeños.
- Están en buenas manos. Nadie se aburre con el héroe.
La sonrisa que expresa Arthur es una de desconformidad total. Él no quiere irse, quiere quedarse con sus niños y seguir estando a la cabeza de la iglesia, pero el doctor dijo que alejarse era lo más adecuado, su pulmonía estaba empeorando y las noches que salía a repartir comida a los pobres con la lluvia encima no ayudaban para nada.
Se gira mirando a Alfred profundamente. Le toma una mano, el ruido del bus se acerca.
- Prométeme que serás bueno con ellos, que no les va a faltar para comer ni para estudiar, ni para jugar. Cuídalos mucho y… y sobre todo a Matthew. Tómalo bajo tu protección, él es un niño especial.
Alfred aprieta las manos entre la suya y asiente con una sonrisa. Dará todo lo mejor por ese pequeño, porque él parece quererle y se ha acostumbrado rápido a su presencia. El vehículo se para frente a ellos y Arthur se pone de pie, cogiendo sus maletas. El otro sacerdote le acompaña hasta la puerta y se despiden con un abrazo, no se verán por un tiempo.
El autobús se pierde luego entre la espesura y la bruma de un día nublado en Inglaterra.
- Bien, niños. Yo seré su nuevo profesor. Pueden llamarme tío Alfred –Se rasca una mejilla con la sonrisa divertida. Le está gustando esto. Está de pie frente a toda la clase y los niños le esperan con los cuadernos y lápices –que les regala la iglesia- abiertos. Matthew está sentado en el tercer puesto y hojea un libro- Y… creo que tenemos que comenzar con matemáticas…
Se devuelve hasta el lugar del profesor pero no encuentra allí el libro que debería tener todas las materias. Se alarma un poco pero intenta recordar dónde le dijo Arthur que estaba. Trata y trata, sin embargo no puede. Se rasca el cabello, mira hacia la parrilla de abajo de la mesa pero nada. Frunce el ceño y está a punto de darse por vencido y explicarles a los chicos los cálculos por sí mismo, hasta que Matthew levanta la cabeza y luego la mano, con una sonrisita traviesa en el rostro.
- ¿Sí, Matt?
- Yo sé donde tío Arthur guarda los libros… puedo mostrarle.
Alfred asiente, haciendo señas con las manos para que se acerque y el de ojos violeta lo hace. Se para frente al padre sin quitar la mueca bonita.
- ¿Y?
- Está en ese armario… en lo alto –dice, apuntando-.
- Pero tiene muchos compartimientos…
- Sé cual es. Tío Alfred, ¿puedes cogerme?
- ¿Eh?
Alfred se sorprende un poco y le mira con los ojos muy abiertos. Sus pómulos se han tornado rojizos y le provoca la mirada confundida que Mattie le da. El niño toma las manos del sacerdote y las pone en su cintura con el ceño fruncido, Alfred está temblando y quiere alejarse.
- ¿Por qué te pones así? Cárgame para que pueda alcanzar el libro.
- Oh, claro… -el mayor suelta una risa estúpida y afirma el cuerpo del pequeño. Puede notar que su cintura está muy marcada y es muy delgado. Le da impulso mientras sus piernecitas escuálidas vuelan y Matthew carcajea un poco, doblándose; le da una buena vista a Alfred de su cuerpo delicado. El sacerdote piensa que aquello no tiene porqué afectarle y sacude la cabeza.
- ¿Lo tienes?
- Sí… sí, aquí está.
Matthew coge el libro entre sus manos y Alfred lo lleva de vuelta al suelo. Cuando el niño ha dejado un mechón de pelo tras su oreja le mira fijamente, parpadeando de la misma manera que le regaló una vez a Christopher. Entrega el cuaderno, el hombre lo acepta y le da las gracias, diciendo que puede sentarse.
- Tío Alfred, ¿luego vas a darnos leche?
- Si se portan bien y hacen todas sus tareas… puede que lo haga.
- ¿Me darás un sticker también?
- Si haces todas las tareas…
- Puedo hacerte una tarea más divertida… me darás leche de todas formas.
Dicho eso, Matthew se volteó y fue a su asiento, acomodándose mientras tomaba los lápices y cerraba las piernas. Alfred le quedó mirando sin poder moverse por algunos minutos y sin saber cómo reaccionar. ¿Qué estaba insinuando ese niño? Se sentó rápidamente y con la vista gacha, hojeando el libro sin saber qué era lo que tenía que enseñar; sintiéndose de cierta manera sucio.
Mattie le miraba con una sonrisita socarrona, disfrutando que el padre parecía desear que la tierra lo tragara. Uno de sus compañeros le entregó una notita que el rubio abrió y para leerla, se apoyó en el respaldo. ''¿Qué piensas sobre el cura?'' Matt se llevó una mano a la boca y luego de pensarlo, se dedicó a escribir, aguantándose las ganas de reír. ''Está bien, me dará leche luego de las tareas''
El otro alumno que contestó y leyó lo que Matthew escribió no notó nada extraño en la confesión. Tío Arthur también les daba galletas y leche como recompensa por sus estudios.
Mattie... tu boca sucia xd ¿ven? tiene historia este cabro... xd se puede vislumbrar quién corrompe a quién, a menos qe Alfred cambie de opinión... who knows XD?
¿reviews?
