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Pareja: Draco/Harry.

Hogwarts, 5º año.

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Harry miraba el techo de su cama como si escondiese la respuesta a todos sus problemas. Aún no estaba muy seguro de qué iba a hacer.

Quería poner fin a todo aquel asunto del unicornio. Hermione no había encontrado nada nuevo que pudiese ayudarle, y los alumnos eran cada vez mas directos en sus insinuaciones, como predijo Draco.

De momento, solo tenía una opción: debía acostarse con alguien. Pero ahora la pregunta era… ¿Quién? ¿Draco Malfoy?

Le tentaba la idea de olvidarse de la "seductora" oferta de Draco Malfoy y no presentase en Hogsmeade. Pero tantas miradas lascivas del resto de estudiantes durante toda la semana estaban poniendo a prueba su paciencia. Y sinceramente, tampoco quería un cuerno en mitad de la frente. Con la cicatriz le era suficiente, aunque aun no estaba seguro de si esa parte de la historia fuese verdad.

Aún así, también se sentía reacio ante la idea de hacerlo con Draco. Era cierto que Malfoy fuese muy apuesto, elegante y de buen atractivo (Harry nunca admitiría aquellos traicioneros comentarios en voz alta), pero aparte de su físico, el resto del slytherin era odioso. No le caía bien, y siempre le había tratado como basura desde primer curso.

Muy en el fondo, Harry tenía sus dudas. ¿Y si la declaración de Malfoy había sido sincera?

Harry se frotó distraídamente su frente pensando una y otra vez en qué era lo mejor. Cada vez que el nombre de Draco cruzaba su mente sentía sus mejillas arder. No podía evitar imaginarse cómo sería estar junto al slytherin de aquella manera tan… íntima. No le desagradaba la idea tanto como hubiera querido, a pesar de que ambos eran chicos. Aquel detalle nunca le importó lo más mínimo.

Pero Draco era Draco, seguía siendo un creído, un malcriado repeinado, slytherin, procedente de una familia oscura poco fiable. Además. Nunca había pensado en él de aquella forma hasta aquel día en que le propuso acostarse con él.

Bueno, en realidad Harry nunca se había imaginado estar de aquel modo con alguien. A pesar de estar en 5º, nunca había tenido novia (o novio), y después de lo complicados que habían sido todos sus años en Hogwarts, nunca había encontrado un hueco para pensar en temas de amor. Ni siquiera cuando se tocaba por las mañanas cuando se encontraba con el típico problema matutino de adolescentes pensaba en alguien en concreto.

Harry se revolcó un par de veces por la cama y se despeinó el pelo como un loco en un desesperado intento por no seguir pensando en esas cosas. Se sentó de golpe, adoptando una expresión decidida. Le estaba dando demasiadas vueltas a aquel asunto. La respuesta a sus problemas era bien clara: se acostaría con alguien para romper el hechizo, y esa persona sería…

¿Hermione? ¿Ron? No podría pedirselo a ellos. Eran sus amigos, no podría volver a mirarles a la cara... ¿Algún Weasley? Uhg... eran como si fuesen familia, no podía hacerles eso...

...Quizás debería explicarle su problema a un profesor. Pero con Dolores Umbridge rondado, no podía arriesgarse a que el asunto saltase al ministerio. Si la leyenda era sabida entre sus compañeros, ¿quien sabe lo que podrían planear los adultos? Seguro que la historia saltaría al profeta... Solo pensar en eso le estaba dando dolor de cabeza.

Nada de profesores.

Ni tampoco amigos cercanos.

...En realidad, no quería hacerlo con nadie.

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"¿Has encontrado algo, Hermione?" preguntó esperanzado el viernes. Le quedaba poco tiempo, Draco le estaría esperando el sábado, pero siempre podía darle plantón. Podría vivir con ello.

"Aún no..." Se lamentó ella. "Es absurdo. Debería de haber más información sobre el tema. Pero como es algo, en teoría, conocido por todos... se da por echo que todo el mundo sabe de lo que se trata y no se han dignado en escribir algo detallado sobre el asunto." Refunfuñó guardando un libro que acababa de leer.

"... ¿Crees... que debería acostarme con alguien?"

Hermione no le miró a los ojos. Se mordió el labio sin saber que decir.

"No te estoy insinuando que ese alguien seas tu, Hermione."

"Lo sé Harry... pero tampoco quiero verte con alguien que no te ama solo para romper un estúpido hechizo. Si al menos Ron me dijera algo más sobre el tema y no se escondiese por ahí como un mojigato..."

"... ¿Crees que la gente que quiere acostarse conmigo lo hace porque están bajo los efectos de... una especie de filtro de amor?" preguntó, rezando porque no fuera así.

Hermione sacó otro libro de su mochila y lo abrió por el índice, siguiendo con su dedo las lineas que leía del libro.

"No lo sé, puede ser... Yo no noto nada distinto, pero eso no significa que no haya algo de magia involucrada en todo esto... Dame un día más, y luego veremos que hacemos."

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Pero Harry no podía esperar más. No después de aquel día.

Fue después de clase de pociones. A pesar de que era compartida con slytherins y que había una enemistad jurada con los gryffindors, eso no les amedrentaba a la hora de mirar con lujuria en dirección a Harry, o de hacerle gestos obscenos desde sus mesas. Harry apenas podía concentrarse en su poción, ni siquiera en la pizarra. Aun no sabía si leía "escreguto de cola explosiva" o "escremento de cobra exótica", solo pensaba en irse de allí aunque fuese con un cero en su poción y un discurso de Snape sobre cómo un sapo era más útil como ingrediente que Harry asistiendo a sus clases.

Harry embotello su poción verde neón tan rápido como escuchó que era el final de la clase. Volcó sus cosas dentro de su mochila y dejó que su compañero de aquel día (Seamus) recogiese los ingredientes restantes. Dejó la poción sobre la mesa de Snape aprovechando el barullo y se escabulló antes de que le dijera algo.

No esperó ni a Hermione ni a Ron. No planeaba ir al gran comedor, solo quería ir a la torre gryffindor y esconderse en su cuarto. Intentó pillar un atajo para no tener que pasar por donde estaban todos los alumnos, y giró hacia otro pasillo menos transitado de las mazmorras. Conforme más se alejaba, menos escuchaba de los alumnos, hasta que finalmente solo podía oír sus pasos. Aflojó ligeramente la marcha al estar a salvo de ser interceptado por alguien, y se dirigió donde sabía que había unas escaleras.

Al girar una esquina, los encontró.

Era un grupo de slytherins, no muy numeroso, de sexto. O quizás Séptimo. Estaban charlando silenciosamente, tan silenciosamente que Harry no los había oído hasta que no había llegado a alquel pasillo. Iba a darse media vuelta, pero si lo hacía tendría que dar un gran rodeo. Además, no tenía miedo de pasar por delante de ellos. Ni siquiera se habían dado cuenta de que él estaba allí.

Armándose de valor, continuó andando hacia las escaleras que ya no debían de estar tan lejos, y trato pasar desapercibido.

Cuando solo estaba a varios metros de ellos, los slytherin se callaron. Harry sabía que estaba siendo observado, pero no quería comprobarlo o dejar ver lo nervioso que estaba. No quería darles un motivo para que se burlasen de él.

Pasó justo al lado de ellos y todavía no le habían dicho nada. Era la primera vez que no recibía insultos de un grupo de slytherin, y pensó que quizás con el tema del unicornio algo bueno había traído y podría librarse de aquel acoso por parte de los slytherins. Algo más optimista, siguió andando mientras pensaba en las posibilidades que aquella oportunidad le ofrecía-

Hasta que de repente, una mano le tapó la boca al mismo tiempo que alguien le sujetaba con un brazo por la cintura con bastante fuerza. Lo primero que pensó fue en gritar, pero le tapaban tan fuerte la boca que no podía ni coger aire. Entró en pánico y trató de zafarse con todas sus fuerzas, apretando el brazo que le estaba sujetando con las uñas esperando sacar sangre.

"¡Ugh! ¿Una ayudita?" gritó quien pensó, en su asustada mente, le estaba sujetando por detrás. Dos slytherins aparecieron a cada lado de su visión, cada uno le agarró de un brazo e hicieron que soltase a su atacante. "Ah... mucho mejor..."

"¿Qué hacemos ahora? No podemos hacerlo en mitad del pasillo, alguien podía vernos..." dijo uno de los slytherins que le sujetaban.

"Si lo hacemos rápido, podemos hacerlo aquí mismo..." sugirió un nuevo slytherin, caminando lentamente hasta colocarse frente a Harry. "Miradlo... está tan asustado... ¿Tienes miedo, Potter?" le preguntó con voz de burla, acercándose más a su rostro mientras le sostenía la cara de una forma que tenía que parecer romántica.

"¿Nos dará tiempo? Somos cuatro, recuérdalo." Comentó otro de los que le sujetaba.

"Si empezamos ya, si."

El que estaba justo delante suya quitó las manos de su cara y fue directamente a su cinturón. Harry se removió con más fuerza, pera apenas podía mover los brazos un centímetro.

"Espera espera... ¿te crees que soy tonto? Yo quiero ser el primero." Protestó fríamente el que le sujetaba por detrás.

"De eso nada, yo quiero ser el primero."

"¡Ni hablar! No pienso desaprovechar una oportunidad así. Con vosotros, Potter se desaprovecharía."

De repente se olvidaron de quitarle la ropa, y empezaron a pelearse por quién sería el primero en meterle mano. Aquello le brindaba más tiempo a Harry, solo esperaba que alguien pasase por allí de un momento a otro...

A quién iba a engañar. Allí no pasaba nunca nadie. Si quería salir de allí, debía ser por sus propios medios.

Aprovechando un descuido de quien le tapaba la boca, le mordió la mano con todas sus fuerzas. El slytherin aulló de dolor, y quienes le sujetaban de los brazos aflojaron el agarre, sobresaltados.

Harry dio un fuerte tirón y, sin perder el tiempo, se escabulló de volver a ser atrapado y salió corriendo de allí.

El gryffindor corrió todo lo rápido, rezando porque su entrenamiento de quidditch diera sus frutos y no pudieran alcanzarle...

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Cuando llegó a la torre gryffindor suspiró aliviado. Entró y subió rápidamente a los dormitorios de quinto curso sin mirar a nadie, se encerró en el baño y se apoyó contra la puerta.

El corazón se le iba a salir por la boca, le temblaban las manos, y apenas podía calmar su errática respiración. Se tapó la boca con ambas manos para tratar de controlarla de algún modo, y se dejó caer al suelo.

Todo estaba yendo demasiado lejos. Sabía perfectamente lo que aquellos alumnos querían hacerle. Solo de revivir aquella experiencia le hacía sentir arcadas. Tenía que poner fin a todo aquello; debía acostarse con alguien que él mismo eligiese, antes de que alguien tomase esa decisión por él.

Lo haría, y no volvería a pensar en ello nunca más.

Debo hacerlo. Se decía una y otra vez.

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Llegó a Las Tres Escobas justo a la hora de comer. Estaba duchado, vestido decentemente y medianamente peinado (dentro de las posibilidades que le permitía su pelo). Apenas había dormido aquella noche, y no podía evitar mirar a sus espaldas para comprobar que nadie le estuviese acechando.

No puedo hacerlo. Se decía ahora que estaba allí, perdiendo toda la confianza en sí mismo.

Su cuerpo no respondía, las piernas le temblaban, las manos le sudaban, y sabía que más de un transeúnte le miraba con sospecha.

Estuvo a punto de darse la vuelta y salir corriendo de allí sin mirar atrás. Pero justo cuando la tentación fue mayor que nunca, la puerta de aquel bar se abrió de improvisto. Como si hubiese sido invocado, la figura de Draco Malfoy apareció en el umbral y dirigió su penetrante mirada hacia el gryffindor.

El corazón de Harry empezó a latir desbocadamente, y creyó ver un par de manchas negras en su visión. Por Merlín, ¿me voy a desmayar? Pensó horrorizado.

"Vaya, así que finalmente has venido." Le sonrió seductoramente el slytherin, recorriendo con su mirada el cuerpo del pelinegro "¿Estás bien? Pareces un poco pálido."

"E-estoy bien." Le aseguró Harry débilmente.

"Deduzco que pensaste en lo que te dije y que tu respuesta ha sido sí."

Harry asintió, inseguro.

"Perfecto. Pues entonces, sígueme."

Nunca en su vida había tropezado tantas veces en un recorrido tan corto, pero a pesar de ello Harry pudo seguir al slytherin por las calles de Hogsmeade con toda su dignidad intacta. O quizás no.

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"¿A qué esperas, Potter? No lo voy a hacer todo yo. Deja de sonrojarte como una Hufflepuff y quítate la ropa."

Harry permaneció petrificado en el centro de la habitación que habían alquilado en la posada más rebuscada de Hogsmeade.

No podía hacerlo. Al menos no así.

"¿S-seguro que no hay ninguna otra forma de solucionar mi problema? Piensa en lo que dirán los demás de nosotros si se enterasen…" protestó débilmente.

"Por Merlín, Potter. Deja de poner excusas y túmbate en la cama, que no tengo todo el día." Dijo el slytherin sin mirarle, colocando un pequeño frasco en la mesilla de noche. El moreno no sabía para qué servía aquel frasco, pero no se atrevió a preguntar.

Muy lentamente, y sin saber por qué estaba obedeciendo al slytherin, Harry se acercó hasta la cama. Se tumbó rígidamente sobre ésta sin quitarse la ropa si quiera.

Draco suspiró, exasperado.

"Vale, supongo que al final sí que tendré que hacerlo todo yo." Gruñó fingiendo estar enojado, aunque no se notó en su tono de voz.

Trepó hasta la cama sin apartar la vista en ningún momento del rostro del gryffindor. Harry intentó mantenerse firme ante el intercambio de miradas, pero al final tuvo que girar su rostro hacia otro lado, avergonzado.

Draco no hizo ningún comentario, aunque su sonrisa se hizo más amplia ante aquel pequeño gesto. Como si de un profesional se tratase, empezó a quitarle la ropa lentamente. Empezó por cosas sin importancia, como la bufanda que aun tenía liada al cuello, o los zapatos, los cuales lanzó sin ningún miramiento a algún lugar de la habitación.

Pero conforme desabrochaba los botones de su abrigo, Harry podía sentir sus propios latidos con cada vez más nitidez. Sin intercambiar palabra, Draco le ayudó a incorporarse para quitarle el abrigo, y antes de que pudiese volver a su posición original le quitó el jersey que llevaba debajo.

Cuando el resto de aquella prenda se deslizó por su cabeza, todo su pelo estaba revuelto. El rubio le contempló por unos segundos, dándole la impresión de que estaba devorándole con la mirada, antes de lanzar la ropa al suelo y pasar una de sus manos por aquellos rebeldes mechones de pelo azabache. Desde aquella posición incluso podía percibir el aroma a productos de baño que habría utilizado el slytherin aquella misma mañana.

¿Qué debía de pensar Draco, ahora que le veía sin ropa? Harry nunca había sido tan consciente de su propio cuerpo como lo era en aquel momento. Su pálido cuerpo era tan delgado como un elfo doméstico, pero Malfoy no dio muestras de estar disgustado por su aspecto. El slytherin le sonrió pícaramente ajeno a su propia vergüenza, antes de quitarle las gafas y colocarlas sobre la mesilla de noche.

Harry sentía que de un momento a otro iba a entrar en pánico, y trató como pudo de calmarse. Estaba desnudo de cintura para arriba, en una cama, bajo la atenta mirada de Draco Malfoy. Mentiría si dijera que no estaba ligeramente excitado. Era un adolescente, después de todo, y tenía instintos que ni él podía reprimir.

Aun así, no podía siquiera mover sus propias manos de lo aterrado que estaba. Sentía miedo ante lo que estaba a punto de hacer, era la primera vez que haría el amor con una persona, e iba a ser con Draco Malfoy...

Ni siquiera se habían besado, pensó.

Observó distraídamente como Draco se quitaba la ropa. Draco era perfecto en casi todos los sentidos, piel y ojos claros, un pelo que más de una chica desearía, alto, y sin una pizca de grasa. Su único defecto era su actitud, pero en aquel momento Draco estaba siendo gentil y amable con él, haciéndolo todo despacio como si aún le estuviese dando la oportunidad de echarse atrás.

El slytherin fue el primero en quedarse en ropa interior. Su mirada ya no era maliciosa como lo fue en un principio, sino que ahora reflejaba puro deseo. Pasó una pierna elegantemente sobre el gryffindor, y se colocó a cuatro patas sobre Harry. Alzó una de sus manos para acariciarle sus ardientes mejillas, y le ofreció una pequeña sonrisa tranquilizadora.

Nunca, en ningún momento, dijeron algo. Todo lo hacían en un total silencio, solo perturbado por su respiración agitada o por el sonido de la tela deslizarse bajo sus cuerpos. Harry sentía su corazón latirle en sus oídos, viendo como el rubio se sentaba sobre sus piernas y empezaba a desabrochar sus pantalones.

Ya no había vuelta atrás.

Draco le desprendió de la parte de debajo de su ropa, al mismo tiempo que de su ropa interior. Harry no encontró las fuerzas necesarias para impedírselo. Sintió la mirada de Draco recorrer su cuerpo en cuanto ya estaba totalmente desnudo bajo él, y le dejó que se tomase su tiempo a pesar del terrible bochorno que en aquel momento ocupaba gran parte de sus pensamientos.

Las manos del rubio empezaron a acariciar de nuevo su rostro. Después, su cuello. Muy lentamente, fue descendiendo por su cuerpo como si tratase de memorizar cada trozo de piel o cada costilla, lanzando leves escalofríos por toda su espalda. Cuando llegó hasta aquel lugar, su miembro ya estaba dolorosamente rígido.

Sus caderas se movían inconscientemente hacia arriba, suplicando algo de atención. Pero Draco se tomó su tiempo, esquivó aquella zona tan sensible del moreno y acarició sus muslos.

Con mucho cuidado, se colocó entre las piernas del gryffindor y fue separándolas poco a poco con sus propias rodillas. Harry intentó mirar hacia abajo, todavía inseguro, pero Draco le sostuvo la barbilla firmemente y le alzó su rostro hasta tenerlo frente al suyo. La respiración del moreno se mezclaba con la suya, y vio como el gryffindor se relamía inconscientemente sus labios.

Harry sentía todo su cuerpo arder. La cabeza le daba vueltas, y Draco nunca le había parecido tan atractivo como lo era ahora. Sus penetrantes ojos grises le hacían sentirse insignificante, y aunque sonase raro decirlo, le gustaba sentirse vulnerable bajo él. Era la primera vez que no quería sentirse superior a alguien, o confiado, o valeroso.

Descubrió que deseaba aquel cuerpo sobre el suyo. Como convertía sus propias piernas en gelatina, y su corazón latir con fuerza.

¿Se estaba enamorando de Draco? No, el amor no surgía así como así, aquello era simple lujuria. Cuando el hechizo se rompiese ambos seguirían con sus vidas como si nada hubiera pasado entre ellos.

Las manos del rubio sostuvieron su rostro con gentileza, y poco a poco se acercó al moreno hasta que sus labios se rozaron. No se detuvo allí, sino que empezó a besarle y a pasar su lengua con curiosidad por la comisura de su boca. Finalmente, Harry partió sus labios, brindándole la oportunidad a Draco de saborearle por dentro.

Harry correspondió aquel beso con timidez, explorando la boca del slytherin cuando éste se lo permitía. Cerró sus ojos sin darse cuenta, y su valor volvió de nuevo cuando se atrevió a alzar sus brazos para abrazar al rubio por el cuello.

Draco, sin separarse de sus labios en ningún momento, alzó su mano y buscó a tientas el pequeño frasco que había traído consigo. Sus movimientos fueron sigilosos y pausados, y antes de que Harry pudiera darse cuenta Malfoy tenía aquel extraño líquido del frasco deslizándose entre sus dedos.

En el momento en que el que rozó el miembro de Harry, no pudo evitar sobresaltarse e interrumpiendo el beso.

"¿Te gusta…?" susurró Draco sobre su rostro. Harry se sonrojó, sintiéndose incapaz de contestar la pequeña pregunta. En instante Malfoy apresó sin avisar su miembro en un fuerte puño, consiguiendo sacarle en un gemido de sorpresa. "¿Te gusta que te toque, Potter…?" volvió a preguntarle Draco lánguidamente, masajeándole a un ritmo ininterrumpido.

Harry una vez más ni se molestó en intentar contestarle. Dejó caer sus brazos a cada lado de su cuerpo y apresó las sábanas que había bajo él con sus temblorosas manos. Su cuerpo reaccionaba deliciosamente ante las caricias del slytherin, y sentía un calor alojarse bajo su abdomen. Se obligó a sí mismo a calmar su respiración, notando como su corazón latía dolorosamente contra su pecho.

¿Qué pensarían sus dos mejores amigos si supieran lo que estaba haciendo en aquel momento? Ron seguramente se desmayaría, y Hermione le lanzaría una mirada severa que más de un profesor de Hogwarts envidiaría.

Un movimiento especialmente brusco de Draco le sacó de sus pensamientos, y soltó un vergonzoso gemido con el que consiguió una sonrisa triunfante del slytherin. Sus manos dejaron de masajearle momentáneamente para untarse una generosa cantidad de líquido aceitoso que trajo en el pequeño frasco. Luego volvió a atender a Harry con delicadeza. Con cuidado, deslizó sus lubricados dedos por el interior de sus muslos, acercándose poco a poco a-

"¡Ah!" gimió Harry de pronto, al notar las pringosas manos de Draco sobre una parte de su cuerpo donde no quería ser tocado.

"Merlín, Potter…" murmuró Draco casi sin aliento, quien por su parte también estaba bastante acalorado y excitado "Relájate… ésta es la única forma, créeme." Le aseguró, sin apartar sus manos en ningún momento "Te prometo que te gustará…"

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