Juraría haber visto a Charlie Chaplin comiendo gachas encima de una mesa, pero ahora es como si le hubieran untado los párpados con la versión azucarada de SuperGlue, lo que en consecuencia dificultaba un poco el hecho de abrir los ojos. Aggg... Su cabeza aún vibraba como si un piano de cola le estuviera interpretando una versión heavy de Toccata y Fuga en Re Mayor, y justo en la oreja. Aunque tal vez era una tuba... No lo se, sus ideas estaban desordenadas y viendo los fuegos artificiales del 67 en fin de año. Fueron muy bonitos y brillantes...

Espera un momento.

En ese instante, el SuperGlue de azucar se derritió ante el poder de sus supermúsculos oculares, y entonces pudieron verse aquellos ojos tan marrones y... Bueno, dejémoslo en marrones.

Se sacudió con toda la fuerza que Charlie Chaplin le otorgó, y de hecho habría podido levantarse de no ser por esas esposas tan cutremente atadas con cinta americana a la barandilla de la TARDIS.

"¡¿Esposas?" Exclamó. "Oh, debería habérmelo imaginado, siempre son esposas. Nunca os llega el dinero para compraros pasamontañas o picos, ¿verdad?"

"Chaval, aquí soy yo quien hace las preguntas." La chica que antes estaba en su TARDIS ahora le apuntaba con un flexo que le estaba empezando a producir una conjuntibitis horrible.

El Doctor se quedó pensativo por un momento, pero finalmente respondió. "¿Debería comprarme yo también unas esposas?"

"¡A callar!" Empezó a pasearse a lo largo de toda la sala. Iba vestida como una policía, y su pelo era pelirrojo, a diferencia del suyo. Sin embargo, no era una de esas policías con pantalones anchos al estilo de los años 90, sino que llevaba falda sexy y unas medias un poco cochambrosas.

¡Claro! A partir de ahora la llamaré policía cochambrosa.

Amy se sentía un poco desconcertada. Un hombre geek había entrado en la TARDIS y se había puesto a masticar chicle y a garabatear los laterales de la cabina con muchas faltas de ortografía. ¡Y además había cambiado a la sexy amiga del Doctor por un... taller orgánico!

Este menda llevaba un traje azul a rayas con ¿Converse? ¡¿Qué clase de conjunto es ese? Sin embargo estaba para comérselo y... Espera, Amy, no te vayas del tema, ya tendremos tiempo para las diversiones (je, je, je).

Em, ¿y yo no tengo opinión aquí? ¡Ah, sí!Rory se sentía un poco marginado, asi que el autor le ha permitido algunas líneas fabulosas para poder dejarle expresar su punto de vista.

Bueno, pues hoy es un día soleado y llevo sandalias de romano...

Esas fueron las líneas fabulosas para poder dejarle expresar su punto de vista a Rory.

Sois odiosos... Nos estaba mirando mal desde entre bastidores, y por eso le hemos preparado un sandwich de queso por si acaso hace falta calmarlo después.

"Lo primero es lo primero..." Amy lo dijo muy en serio. "Tú. Yo. Un hotel. Mañana."

"¡Amy!" Exclamó Rory.

"¿Qué? Admitirás que está bueno, ¿verdad?" Rory rodó los ojos.

"¡Gracias!" El hombre le agradeció el cumplido.

"Oh, no me lo merezco, soy una chica mala."

"¡Amy! ¡No hables con el rehén!"

"¡No soy un rehén! Soy el Doctor."

"No, tú no eres el Doctor."

"Oh, sí, si que lo soy."

"No, no lo eres."

"Lo he sido durante toda mi vida, " El extraño cortó el círculo vicioso."me habría dado cuenta de ese pequeño detalle hace mucho."

"¡Pero no puedes serlo!" Exclamó Rory.

"¿Y por qué no?"

"¡Porque no te pareces nada a él!"

"¡Eso no es una excusa!"

En ese momento, Amy acercó sus ojos al desconocido, atrapando las pupilas entre los párpados, con el fin de averiguar cualquier signo de culpabilidad o nerviosismo. Eso funcionaba bien en las pelis de polis y maderos, pero sólo funcionaba en las pelis de polis y maderos (Amy no lo creía).

"Em... ¿Qué demonios estás haciendo?" Amy seguía con sus ojos clavados en los suyos. "Em, tú, chica... ¡Como sea! Me estás empezando a dar miedo."

"¡Ajá!" Exclamó la policía cochambrosa. "Eso es claramente un signo de culpabilidad."

"¿Un signo de culpabilidad de qué? ¡Pareces una posesa observando a la gente!" Saltó el Doctor. "¿Qué clase de policía eres?"

"Tanquilo, lo hace continuamente."

"Rory, callate."

"¡Dios!¡Me está entrando una gangrena con estas estúpidas esposas!" Su brazo estaba empezando a ponerse morado y a hincharse como si fuera un globo. El pobre podía oir el latido de sus corazones en la punta de los dedos. "¿Sabeis? Algún día ire a una tienda donde vendan esposas y esposaré cada apéndice de vuestro cuerpo de la forma más ajustada posible."

"Quién eres." Dijo seria.

"Soy el Doctor."

"Esta bien, si no quieres confesar..." Amy le dio una señal a Rory, que se acercó un poco inseguro hacia él.

"Oh, no, no, ¡no! ¡No me podeis hacer eso!" Dijo soltando un gallo.

"Tengo un romano y una sartén, claro que puedo."

"Amy, creo que-"

"¡Rory, dale fuerte!" En ese momento Amy empezó a poner caras extrañas de las que ni Rory o el Doctor sabía que una persona era capaz de poner, y encima todas transmitían de todo menos flores y ardillas cantando.

"Lo siento, tío..." Le susurró Rory al rehén.

Un par de minutos y escenas desagradables después, el Doctor acabó lleno de chichones y moratones que no se le quitarían por lo menos hasta su próxima regeneración. Aun así, es posible que sufriera traumas prolongados y secuelas en los años próximos.

"Asi que no quieres hablar, ¿eh?"

"Amy, ¿no crees que te estás tomando esto demasiado en serio?"

"El tío con veinte bollos en la cabeza dice lo mismo." Intervino el Doctor.

"Nunca es suficiente sufrimiento." El Doctor juró haber visto a través de esos ojos los planes de tortura más retorcidos y malvados de los que empezó a darle escalofríos por todo el cuerpo.

Así acabaría su vida al fin y al cabo. Asesinado a sartenazos. Qué muerte más digna para el último de los Señores del Tiempo. Bueno, al menos no me han dado sartenazos en un hospital o mientras caía de un radiotelescopio. Sería una experiencia horrible.

Justo en ese momento la puerta se abrió, y un hombre con un montón de bolsas de supermercado llenos de natillas y mermeladas entró dentro de la TARDIS.

"Amy, Rory. ¡TARDIS equivocada!"