Hola! Bueno, ya sé que no puedo hacer como que nada hubiera pasado porque han sido cuatro meses y eso es mucho tiempo. Perdón, desde mi más humilde corazoncito. Si queréis matarme lo podéis hacer, solo que no sabéis donde vivo Sin más os dejo el cap, que lo disfrutéis. Por cierto, creo que hay un poquito de Ooc pero he intentado solucionarlo a lo largo del capítulo.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi posesión, solo me gusta jugar con ellos.

Capítulo 3: De regreso

—¡Padrino, mira que grande! —exclamó Hikari; al ver a lo lejos a Sasuke se acercó corriendo a él y cuando estaba a su lado se paró en seco, sintiendo una leve vergüenza.

—Hola, señor —dijo la pequeña sonrojada.

—Hola pequeña —le devolvió el saludo Sasuke.

—¿Has venido a merendar conmigo y con mi mamá? —preguntó Hikari —.También está mi padrino y mis tíos; mi primo está en la barriguita de mi tía. ¿Sabes que yo he salido de la barriguita de mi mamá —añadió. Sasuke rió por todo lo que le había contado, se notaba que le gustaba hablar y que cuando cogía confianza no había nadie que la parara.

—Claro que lo sé —le dijo el moreno cogiéndola en brazos.

—¿Tu conocías a mi papá? —preguntó su hija.

—Sí —contestó Sasuke con un tono de tristeza sintiéndose culpable por haberle causado daño a su pequeña adorable.

—¿Le puedes decir que vuelva? Es que aunque mi mamá diga que él volverá nunca viene; y las otras niñas dicen que mi papá se fue porque no me quería ¿a qué eso no es verdad? —preguntó la niña con lágrimas en sus ojos, logrando que él se sintiera un ser ruín.

—Te prometo que tu papá va a volver, seguro que él no se fue porque no te quisiera —contestó Sasuke secándole las lágrimas. Sakura cogió a Hikari de la mano y la alejó de él.

—Cariño ¿por qué no vas y le dices a tus tías que te den la merienda? —le preguntó ésta poniéndola en el suelo y agachándose hasta quedar a su altura.

—¿Vosotros no venís a merendar? —preguntó Hikari.

—Ahora iremos —aseguró Sasuke sonriéndole.

Cuando Hikari se fue hasta donde sus tíos la esperaban, Sakura y Sasuke se alejaron un poco, manteniendo las distancias, era la hora de mantener una conversación de adultos, como lo que eran.

—¿Por qué le prometes cosas que no vas a cumplir? —preguntó Sakura molesta por la actitud del moreno.

—Voy a volver —afirmó el poseedor del Sharingan conseguridad, cosa que molestó aún más a la Haruno.

—¿Para qué vas a volver? ¿Para irte otra vez? ¡Cuándo encuentres algo que te guste más te irás! Como hiciste la última vez... —le recordó la kunoichi conteniendo las lágrimas en sus ojos, que querían salir para demostrar lo que sentía y ser consolada por él.

—Una segunda oportunidad —le pidió el Uchiha tomando la mano de ella entre las suyas, pero ésta negaba con la cabeza —Por favor, Sakura, déjame estar cerca de vosotras. Si tú ya no me quieres, lo acepto; pero déjame conocer a nuestra hija, solo te pido que me dejes estar con ella —añadió intentando convencerla de que era lo mejor y que así, no solo haría feliz a él, sino que también a su hija y tal vez a ella.

La joven la miró a los ojos; y por lo que vio sabía que estaba siendo sincero, que quería estar con ellas, formando una familia, la que ambos soñaron tener. Reprimió las lágrimas que nunca saldrían de sus ojos y empezó hablar, poniéndose seria, no permitiría que él la viera flaquear:

—Vale; pero si te vuelves a ir, no tendrás otra oportunidad. —El pelinegro al escucharla, la abrazó de manera efusiva, pero enseguida recordó quien era y que era; no podía hacer esas cosas en público, aunque por dentro estaba eufórico y no quería hacerle solo eso a Sakura, sino que muchas más...

Se serenó y depositó un suave beso en la frente de la joven, la cual la miró un poco sorprendida, ya que no esperaba aquella muestra de agradecimiento.

—No te arrepentirás —le aseguró el joven manteniendo el abrazo, pero la de ojos jade carraspeó, haciendo que él se separara de ella, aunque ambos disfrutaran del contacto.

—¡Mami, mami! —exclamó la pequeña que venía corriendo por la arena con la cara sucia de chocolate.

—Dime —respondió al llamado de su hija mientras la cogía en brazos —¿Quién te ha dado chocolate? —inquirió suponiendo quien era la culpable.

—La tía Ino tiene mucho chocolate —respondió riendo; él también quería participar en la felicidad que tenía su familia justo en ese instante, así que sacó el tema.

—Hikari, mamá tienen algo que contarte —comentó el Uchiha en voz alta, quería saber que se sentía cuando tu hija te llamaba papá por primera vez y ahora mismo se mostraba un poco impaciente. La ninja médico, abrió los ojos sorprendida, no se esperaba que sacara el tema tan pronto.

—¿El que, mami? —preguntó la pequeña curiosa mirándola a los ojos, poniéndola un poco nerviosa.

—Verás, cariño... —empezó sin saber cómo explicarle que el hombre que había al lado de ellas era su padre —¿te acuerdas que te dije que cuando fueras más mayor te diría quien es tu padre? —La integrante del equipo 7 se puso seria, no sabía cómo reaccionaría su hija, era una caja de sorpresas y lo que menos quería era que reaccionara mal.

—¿Ya soy mayor? —preguntó la pequeña animada.

—Sí, muy mayor; y por eso quiero que sepas que papá ya ha vuelto —afirmó la joven del pelo rosa sonriéndole.

—¿Vamos a ir a verlo? ¿Y vendrá a vivir con nosotras? ¿Cómo una familia? —preguntó la joven Uchiha emocionada al saber que sus "amigas" no tenían razón, ya que ellas le decían que su padre nunca volvería con ella porque no la quería.

—No tenemos que ir a ningún lado porque ya está aquí —respondió la discípula de la Sannin sonriendo, parecía que se lo había tomado bien y eso la contentaba.

—¿Dónde? —insistió dando leves saltitos de emoción.

—Aquí —contestó la voz masculina que no había participado en la conversación.

—¿Tú eres mi papá? —inquirió la nueva Uchiha sorprendida, ya que desde el principio ese hombre le había caído bien.

—Sí —afirmó el pelinegro con una sonrisa dibujada en el rostro, quién lo ha visto y quién lo ve. Su hija se lanzó a sus brazos, rodeando con sus pequeñas manos el cuello de su padre.

—¿Te puedo llamar papá? —preguntó un tanto tímida y avergonzada.

—Me encantaría que lo hicieras —respondió el poseedor del Sharingan, con una sonrisa de bobalicón que solo un padre podía tener mientras abrazaba a su pequeña, le encantó aquella sensación de hormigueo que produjo en él aquella palabra.

—¿Vamos a merendar? —preguntó a sus padres bajándose de los brazos del Uchiha y tomando la mano de ambos para emprender rumbo a las toallas. El azabache asintió y le dedicó una tierna sonrisa a su hija y a la progenitora de ésta.

Al llegar a las toallas, se percataron de que sus amigos estaban disfrutando del agua, refrescándose, ya que no estaban allí. Sakura se sentó en la esterilla que había traído para poner en la arena y le dio otra a su hija; él se sentó en la arena, no quería que pensaran que cogía demasiadas confianzas.

—Papi, si quieres te puedes sentar conmigo —le invitó la pequeña; él se sentó a su lado y la kunoichi les dio unas magdalenas que había traído para merendar.

—Gracias —dijeron al unísono.

Hikari ya estaba acabando de comer, así que decidió romper el silencio que se había formado en la pequeña familia.

—Papi —lo llamó la de los ojos negros.

—Dime —respondió al llamado de su hija, sorprendido ya que todavía no había entablado una conversación con ella; aunque mostraba una pequeña sonrisa que se había formado en sus labios, al oír cómo lo había llamado.

—¿Sabes lo que me ha regalado mi madrina Tsunade? —preguntó la Uchiha, presumiendo de sus regalos.

—¿El qué? —inquirió el del pelo azabache después de haber negado con la cabeza.

—Una piscina así de grande —respondió la de cabellos rosados abriendo sus pequeños brazos lo más que pudo, intentando indicar el tamaño de su nueva piscina —Y como vivirás en casa, nos podremos bañar todos juntos y saldremos a la fiera a pasear, todos juntos como una familia... — añadió sonriendo, evitando que alguien interrumpiera sus pequeñas ensoñaciones que se manifestaban siempre en sus sueños; la única diferencia era que ahora, su padre, sí que tenía rostro, no como en sus pesadillas, que era un completo borrón que se esfumaba dejándolas solas.

—Es feria —la corrigió Sakura al ver que había cambiado el orden de las letras; aunque para tener los tres años recién cumplidos, su fonética era bastante buena.

—¡Mamá! Ahora que papá ha vuelto, voy a tener un hermanito —anunció sonriendo dirigiendo miradas ilusionadas entre sus padres.

—Cariño, que papá haya vuelto, no significa que vaya a vivir con nosotras —le explicó la ninja médico desanimando a su hija y un poco al Uchiha.

—Entonces... —Se quedó pensando en las consecuencias de eso —¿No vendrás a verme nunca?—preguntó temerosa de que la respuesta fuera negativa.

—Sí que voy a ir a verte —respondió el poseedor del Sharingan como si lo que había dicho fuera lo más normal del mundo.

—¿Y vendrás a mi piscina? —inquirió haciendo pucheros para embelesar a su padre.

—Cuando me invites —apuntó él posándola sobre su regazo y depositando un dulce beso en la frente, donde el incipiente flequillo rosado empezaba a caer.

—¿Tendré un hermanito? —preguntó probando su suerte, aunque al ver la cara de su madre supo que no era mucha, por eso, continuó —Las otras niñas de la villa que tienen a sus papás se casan y tienen muchos bebés. —Se explicó cruzando miradas con sus padres —Tendrás una barriguita como la de la tía Ino y yo cuidaré del bebé, lo prometo —añadió mirando a su madre, directamente a los ojos y cruzando los dedos a modo de promesa.

—Cariño, nosotros no nos vamos a casar —afirmó la integrante del equipo 7 sin mirar a su hija, ya que se notaba que estaba triste.

—Pero, si no os casáis, no podré tener hermanitos —opinó la pequeña triste porque sabía que esas cosas iban ligadas. Sus padres, al verla sí, no dijeron nada, se mantuvieron callados —Papi—lo llamó cuando encontró la solución a sus problemas —Le tienes que regalar un anillo caro con muchos brillantitos, como el que le regaló el padrino a la tía Hina —le ordenó a modo de consejo a su madre.

—Cielo, las cosas no son tan fáciles; sino, ya lo hubiera hecho... —le aseguró el poseedor del Sharingan abrazándola suavemente.

—Hikari, si quieres puedes ir a jugar, dentro de poco nos iremos —le dijo la joven madre cambiando de tema.

—No quiero jugar más —contestó con el tono de voz característico de los Uchiha, rechazando la "invitación" de su madre. Ésta se extrañó al notar el tono con el que le había hablado ya que nunca antes lo había puesto.

—Princesa, ¿quieres venir conmigo a avisar a unos amigos de que me voy? —le ofreció Sasuke, haciendo que la pequeña sonriera.

—Sí papi, vamos —respondió animada, levantándose rápidamente.

La joven la miró esperando a que hiciera algo; Hikari entendió la mirada de su madre, así que se acercó y depositó un beso en la mejilla de ésta.

—Espera. —La paró la ninja médico cogiéndola de la mano —Ponte la ropa que cogerás frío —Sacó de la bolsa el vestidito que anteriormente llevaba y se lo puso. La niña se puso bien el gorrito que ya traía puesto, se alejó de su madre y se fue hasta donde su padre la esperaba.

Cuando ya llevaban un poco de camino, la pequeña manifestó su cansancio.

—Papi, estoy cansada —anunció deteniéndose, mientras se rascaba sus ojitos, indicando que el sueño empezaba a inundar su ser.

—Ven. —La tomó en brazos y ella se acurrucó en su pecho, colocando su cabeza en el hueco de su cuello mientras sus ojitos se empezaban a cerrar; el Uchiha, sintió la pausada y acompasada respiración de su hija, indicándole que se había quedado dormida en sus brazos.

Para él era una sensación nueva, que le encantaba y esperaba que cada noche quedara dormida en sus brazos; ahora comprendía lo que un padre sentía, lo que éste haría por poner a salvo a su familia, para asegurar la seguridad de aquellos a los que amaba.

A medida que se acercaba, podía distinguir la silueta de sus compañeros, sentados en la arena, disfrutando de los últimos rayos de sol, que quedaban reflejados sobre el mar que yacía tranquilo. Al llegar dio gracias a Kami porque su "queridísima" compañera Karin no estuviera con los otros dos integrantes de Taka.

—¡Hasta que por fin llegas! —exclamó Suigetsu mostrando su sonrisa de tiburón, haciendo que su amigo rodara los ojos.

—Sasuke, me tienes que presentar formalmente a Sakura —apuntó Yügo ganándose una mirada despiadada por parte del pelinegro.

—¡Oh sí! Ya la hemos visto... el embarazo le ha sentado genial —comentó el de los ojos color violeta apoyando al primero.

—Es mía —articuló el joven con voz fría haciendo que ambos se callaran.

—De acuerdo jefe —calló el del sello maldito.

—¡Ohhh, Sasuke Uchiha marcando terreno!— exclamó Suigetsu con suficiente potencia en la voz como para despertar a la pequeña que estaba en brazos de su padre, sumida en un plácido sueño hasta que el peliblanco la había despertado.

—Genial Suigetsu, has despertado a la niña... — dijo a modo de reprimienda el pelinaranja. Hikari empezaba a entreabrir los ojos, aferrando sus brazos con más fuerza al cuello de su padre. La mini pelirosada alzó el rostro poco a poco, hasta que su mirada se encontró con la de él.

—Por cierto, ¿qué haces con la hija de Sakura?— inquirió el del sello maldito que aún no se había enterado de la pequeña novela que se traían entre manos.

—¿No has escuchado a la tonta de Karin? Es hija de Sasuke— le aclaró el de la niebla como si fuera lo más evidente del mundo.

Después de desperezarse, se bajó de los brazos de su padre; su intención era acercarse a saludar a los amigos de su padre, porque su madre le había enseñado que saludar era de personas educadas. Pero la confianza que tenía con ellos era nula, así que se escondió detrás de las piernas de su padre.

El azabache sintió que la felicidad inundaba todo su ser al notar aquella acción por parte de su hija, eso quería decir que confiaba en él, que por poco que se conocieran ya lo consideraba su padre, aquel que de seguro había necesitado.

—Tranquila princesa, no te va a pasar nada— susurró agachándose hasta quedar a la altura de su hija, acariciándole el pelo.

—Papi, ¿volvemos con mamá?— preguntó un poco tímida ya que las miradas de los miembros de Taka estaban fijadas en ella.

—Ahora vamos cielo— respondió éste levantándose —¿No les vas a decir quién eres?— inquirió empezando a preparar sus cosas, su descendiente asintió con la cabeza mientras les sonreía a todos, mostrando la sonrisa más sincera y agradable del mundo.

—Soy Hikari —tendiendo su pequeña mano.

—Yo soy Suigetsu —la saludó tomando la mano de ella entre sus dedos.

—Y yo Yugo— dijo el otro mostrando una sonrisa.

Suigetsu creó un dragoncito de agua a medida de la pequeña para que ella jugara y se entretuviera, las conversaciones de los mayores no las debía escuchar. Hikari al verlo se acercó hasta él para investigar el cuerpo de agua que el peliblanco había creado; tocándolo, al principio con inseguridad, rozando con la yema de sus dedos el pequeño cuerpo, que era quebradizo y débil, a manos de la pelirosada.

Sasuke fue hasta ella y le quitó el vestidito que llevaba, no quería que se mojara, y lo más probable era que el dragoncito desapareciera si ella jugaba demasiado con él. Volvió para arreglar sus cosas y dejar claro un par de asuntos.

—Taka se disuelve —anunció mirando a ambos, que parecían un poco incrédulos.

—¿Y Orochimaru? —inquirió el pelinaranja sin saber que pasaba con sus planes.

—Yo me ocuparé de él —respondió sin más el pelirebelde dejándolo todo solucionado, dejando al equipo que alguna vez quiso utilizar para matar a su hermano, el que le ayudó a matar a Madara y a acabar con el verdadero asesino, el que acabó con su clan y desprestigió a todos los Uchiha. El llanto de la pequeña interrumpió en la conversación que mantenían. El padre de ella se acercó rápidamente, tomándola en brazos mientras retiraba algunos mechos que habían caído por el rostro de la pequeña y empezaba a acariciarle el pelo, intentando que su llanto cesara.

—Se ha morido… —musitó sobándose sus llorosos ojos, recostando su cabeza en el pecho de su padre —.Lo he morido… —añadió logrando que al que la sostenía se le formara una leve sonrisa en el rostro.

—No se muere, solo desaparece —explicó éste alzándole suavemente el mentón para secarle las lágrimas.

—¿Seguro? —inquirió la pequeña levantando el dedo índice advirtiéndole de que si le mentía, se vengaría.

—Sí —respondió asintiendo, observando como su hija sonreía levemente.

—¿Volvemos con mamá? —preguntó con aquella tierna sonrisa que adornaba su fino rostro y embelesaba al joven y principiante padre.

—Cojo mis cosas y nos vamos —propuso después de quitar la cara de bobo que por unos instantes había puesto. La pequeña asintió y su padre la dejó en la arena, para empezar a recoger sus pertenencias.

A lo lejos, los presentes, todos excepto el poseedor del Sharingan, pudieron divisar como cierta joven se acercaba corriendo de manera exagerada, logrando que sus "mejores" tributos se movieran de forma excesiva. El moreno cargó sus cosas, tomó a su hija de la mano dándole la espalda a la joven que se acercaba a él; ésta apresuró el paso y se paró de forma brusca tras él.

—¡Sasuke-kun! —exclamó abrazándolo por la espalda, mientras restregaba su mejilla contra los omoplatos del Uchiha que se volteó en cuanto sintió que aquel sujeto se le aferraba a la espalda; soltó a su hija para empujar a la pelirroja. Ella dirigió una mirada de resentimiento, que en realidad no era para la pequeña, sino que era para la madre de ésta, la que había considerado su enemiga—. ¡¿Qué pasa? Viene Sakurita te dice que la niña es tuya y tú te la crees —gritó señalando a la pequeña rosada.

—Deja a Sakura y a mi hija en paz —le advirtió mirándola con sus ojos negros, logrando que ella se callara por breves instantes.

—Es una zorra, cuando te deje por otro no vengas a llorarme —sacó su papel más dramático la de gafas; seguro que ni ella se creía que algún día él viniera a rogarle, porque el Uchiha nunca lo haría.

—¡Mi mamá no es una zorra, porque no está casada con ningún zorro! —exclamó la mini-Sakura logrando que una sonrisa traviesa apareciera en el rostro de Suigetsu al escuchar las palabras de la pequeña que iban cargadas de inocencia. Karin empezó a reír de forma exagerada, pero no pudo seguir ya que el moreno la tomó por el cuello y la alzó varios centímetros del suelo.

—No vuelvas a hablar así de Sakura —musitó entre dientes conteniendo todas las ganas de acabar con la vida de su ex compañera de equipo.

—Papi… — lo llamó la pequeña asustada al ver al nombrado cogiendo así a esa mujer que ella no conocía. Éste se volteó y poco a poco fue soltando a Karin; pudo ver en los vidriosos ojos de su hija el temor que reflejaban sus orbes negros, pensó que la había asustado y que por eso su Hikari había agachado la cabeza y por sus sonrosadas mejillas descendían pequeñas gotas saladas. La tomó en brazos y empezó a acariciarle el cabello, intentando tranquilizarla, mientras musitaba palabras tranquilizadoras cerca de su oído.

—¿Nos vamos? —le preguntó acariciándole su mejilla, mientras retiraba los rastros de lágrimas. Ella asintió y rodeó el cuello de su padre con ambos brazos. Se volteó y miró a sus antiguos compañeros, soltando un "Hmp" como despedida.

—¡Sasuke, que te vaya bien y tengas más pequeñines! —exclamó su amigo peliblanco riendo, mostrando sus dientes de tiburón haciendo que la niña riera al verlos. Éste sonrió levemente, sabiendo que eso por ahora era algo bastante complicado. Hikari movía su mano despidiéndose de sus nuevos amigos, mientras ésta se alejaba en brazos de su progenitor.

—Papi… — lo llamó su hija mientras ambos se dirigían a las toallas. El moreno alzó el mentón dándole a entender que la escuchaba —. ¿Esa señora está loca, verdad? —inquirió alzando una de sus cejas rosadas.

—Sí —respondió él mientras una pequeña sonrisa se le escapaba.

—¿Le vas a regalar un anillo con brillantes a mamá? —preguntó cambiando radicalmente de tema.

—No creo que a mamá le guste la idea.

—Mamá casi siempre llora, si le regalas un anillo de esos que brillan a lo mejor deja de llorar —intentó convencerlo la pequeña con la inocencia que tanto la caracterizaba.

—¿Siempre? —preguntó él intrigado, sabía que Sakura era de lágrima fácil, pero que no llegaba a tal extremo.

—Por las noches se pone triste, por eso hay veces que duermo en su camita con ella —explicó Hikari poniendo una leve mueca de tristeza.

—Eres un cielo —la elogió su padre ganándose un beso por parte de su hija.

—Por eso yo tengo asín —dijo alzando tres de sus dedos indicando su edad, pasándolos por delante del rostro de su padre, para que los viera mejor —. Voy a cuidar más de ella y buscaré una medinicina para que no llore más —añadió.

—Una medicina y así —la corrigió el mayor.

—Mi madre es la mejor médica y ella dice que es medinicina —insistió la pequeña cruzando sus bracitos.

—Una médico y medicina —alegó él.

—¡Qué no! Yo tengo razón, es médica y medinicina —refunfuñó sacándole la lengua.

El Uchiha al verla tan graciosa, la apretó contra su cuerpo, dándole algo parecido a un abrazo. Sonrió levemente al visualizar tal acción, tan parecida a su madre, alegre, espontánea y cabezota como solo ellas eran; nadie podía negar que Hikari era hija de Sakura, porque no solo se parecían en el físico, sino que también en la forma de ser, su hija era un calco de su madre.

La pequeña al ver a su madre, se deslizó de los brazos de su padre y empezó a correr en dirección a la mujer que la trajo al mundo.

—No corras —sermonearon ambos a la vez, dejando a todos los presentes sorprendidos por la sincronía de los padres de la pelirosada.

—¿Y tú vestido? —inquirió la madre al verla solo con las braguitas de bañador.

—Lo trae papá, porque he estado jugando con un dragoncito que me ha hecho mi amigo Suigetsu —explicó Hikari observando como su madre acababa de recoger lo que faltaba.

—¿Amigo? —cuestionó la mayor alzando una de sus cejas.

—Es un amigo de mi papá.

Sakura rodó los ojos al escuchar la respuesta de su hija, Sasuke no tenía amigos. Al verlo acercarse a ella con el vestido en la mano, no dudó en arrebatárselo.

—Dame el vestido —dijo con voz seca y agria, sorprendiendo al moreno.

—No me hables en ese tono —replicó él y su orgullo.

—Es la única forma que te mereces —dijo ella entre dientes volteándole el rostro —; ¿O me vas a decir que no? —preguntó sabiendo que no obtendría respuesta alguna, continuó —No me equivoco entonces…

—¡¿Qué se supone que tengo que hacer? —inquirió al ver que ella lo que buscaba era hacerlo sentir culpable —¿¡Qué tengo que hacer para que todo vuelva a ser como antes?

—Si no te hubieras ido, no estarías en esta situación —replicó Sakura molesta.

—Si pudiera cambiaría el pasado, para enmendar mi error; pero tú, doña perfecta, nunca se equivoca —habló él apretando sus puños. Ella no sabía lo que pensaba, lo que haría por poder estar con ella y formar una familia, rehacer su clan, que era su principal deseo; ella no entendía nada.

—¡Ahora la culpa es mía! —gritó poniendo sus brazos en forma de jarra y volteando su rostro, dejando ver sus ojos vidriosos.

—¡No os peleéis! —alzó la voz la pequeña llorando mientras ponía una mano en la pierna de su madre y otra en la de su padre para que pararon. Todos permanecieron en silencio, dejando que el único sonido fuera el de las olas chocando con la orilla, hasta que un pequeño sollozo salió del pecho de Hikari. Sakura enseguida se agachó y la tomó en brazos para abrazarla hasta que se calmara. Sasuke se acercó a ella y secó las lágrimas que habían descendido por el rostro de su hija, por culpa de ellos.

Sakura hundió su rostro en el cabello de su tesoro, pensando en lo que ella había deseado desde tres años atrás; siempre soñaba que el volviera y que estuviera con ellas formando una familia, era y es su sueño, pero no podía aceptarlo sin más, necesitaba tiempo.

Ella puso a su hija en el suelo para vestirla, después de que ésta se calmara; le pasó el vestido y la cogió de la mano, mientras que con la otra cogía las bolsas donde llevaba todo lo que habían utilizado aquel día; empezó a caminar, siendo seguida por todos que no se atrevieron a articular palabra.

Ya llevaban un poco de camino y la pequeña empezaba a sentirse cansada, por lo que cada vez caminaba más despacio, solo intentaba seguirle el ritmo a su madre porque iban cogidas de la mano. Sasuke al verla la cogió en brazos y su hija pasó los brazos por su cuello, para mirar los que venían atrás. Naruto, Hinata, Sai e Ino, venían detrás de la "parejita"; su padrino comenzó a hacerle carusas y tonterías, le sacaba la lengua para incordiarla.

—No me saques la lengua —le prohibió Hikari alzando su dedo índice, el rubio lo hizo de manera más exagerada —.Hmp —añadió volteándole la cara, haciendo como que lo ignoraba.

Al llegar a las puertas de la villa, Sasuke hizo amago de irse, para ir a hablar con cierta persona; por eso, dejó a la pequeña en el suelo con la intención de que tomara la mano de su madre.

—Papi, ¿a dónde vas? —preguntó Hikari al ver que todos se pararon para atender y curiosear sobre donde iría el mencionado.

—Voy a hablar con Tsunade —respondió dándole un beso en la mejilla a su pequeña.

—Noo, papi, no te vayas; ¡Podemos ir juntos a ver a la madrina! —intentó convencerlo poniendo ojitos de corderito degollado —Mami, ¿puedo ir? —preguntó a la que por ahora llevaba las órdenes en casa.

—No. Te tienes que duchar y tenemos que preparar la cena —negó y explicó la joven madre para que su hija no intentara replicar.

—Mamá, déjame ir… por fiis, venga —decía tomando la mano de su mano y estirándola suavemente hacia abajo.

—He dicho que no —contestó firme, dejando de mirarla a los ojos.

—¿Por qué no la dejas venir? —inquirió el moreno exigiendo una explicación.

—Porque no me fío de ti. Además, no voy a dejar a mi hija con un completo desconocido —respondió ella mostrando seguridad.

—Me conoces lo suficiente como para saber que no le pasará nada.

—Dejé de conocerte el día que decidiste abandonarme —le echó en cara ella, dándole donde más le dolía —.Tu lugar estaba aquí, conmigo, con nosotros —añadió mientras sus ojos se cristalizaban. La pequeña al verla, se entristeció, pensando que lo había causado ella y su empeño por ir con su padre.

—Mami, no llores, si quieres no voy, pero no llores —pidió Hikari alzando los brazos para que su progenitora la cogiera. Al tenerla en brazos, la pequeña la abrazó dándole el mismo consuelo que su madre le brindaba cuando ella lo necesitaba.

—Venga, ves con papá —la alentó la joven dejándola en el suelo.

—No, no quiero ir que tú estás triste —replicó cruzando los brazos y girando su rostro.

—Yo no estoy triste, vete con papá que cuando volváis la cena estará lista —insistió Sakura agachándose y dándole un beso en la mejilla. Padre e hija partieron hacía la torre, mientras que los demás se fueron hacía casa de la Haruno.

—Papi, ¿te vas a quedar en casa a dormir? —preguntó la pequeña mientras entraban en la torre de la Hokage.

—No creo pequeña, pero cuando hable con Tsunade te podré decir donde pasaré la noche —musitó antes de llegar a la puerta correspondiente a la Hokage.

—¡Madrina! —exclamó entrando por la puerta y corriendo en dirección a donde se encontraba esta.

—Hola —la saludó tomándola en brazos y sentándola en sus rodillas —¿Te ha gustado mi regalo? —añadió.

—Sí, el padrino y el tío iban a montarla ahora —anunció con una enorme sonrisa en su rostro.

—¿Y tú que haces aquí? —preguntó despeinándola, raramente llegaba sola, siempre venía acompañada de algún mayor.

—Mi papi tiene que hablar contigo —respondió con total seguridad mirando a los orbes miel de la mandamás.

—Hikari, ven conmigo que te tengo que dar un regalo —habló Shizune tomándola en brazos para sacarla de la habitación. El silencio inundó la habitación hasta que el Uchiha entró en la estancia, sorprendiendo a la Hokage que se quedó por breves instantes muda.

—Sasuke Uchiha —lo nombró ella y al instante apareció un escuadrón de ANBUs en la habitación que desenfundaron sus armas dispuestos a atacar al moreno, atentos a cada uno de sus movimientos.

Bueno… espero que la espera haya sido recompensada, os pediré mil y una veces perdón; no era mi intención tardar tanto.

Y anhelo algún review por parte de alguien, si es que hay alguien que aún se lee mi historia claro. Ya sabéis, cualquier duda, comentario o crítica me la podéis hacer saber vía review.

Por fis un review para esta loca que necesita muchos animooos!

Sin más que añadir me despido, Shira-san.