Disclaimer: Naruto no me pertenece, pero la trama sí, por eso queda prohibido publicar mi fic en cualquier otro lugar.
Hola! Bueno, pido mil disculpas por la espera, pero mis estudios necesitan ser atendidos y eso me lleva demasiado tiempo, pero intento actualizar cuando puedo. Espero tener aún, algún que otro lector, que me deje reviews... aunque si me han abandonado lo entiendo, yo como escritora no he cumplido.
No los entretengo más, disfruten del capítulo.
Capítulo cuarto: Momentos
Sasuke continuaba con su mirada en el rostro de la actual Hokage, sin prestar la más mínima atención al escuadrón de ANBU que se había desplegado en un solo segundo. Se notaba que la villa estaba preparada para cualquier ataque, con la sola mención de su nombre, una gran defensa se apareció para proteger a la máxima autoridad de Konoha.
Tsunade continuaba con su mirada miel en la de él examinándolo, observando que aunque hubiera crecido no parecía un criminal y que si había llegado hasta su despacho con la que era su hija, era porque su alumna lo había permitido y había confiado en él. Tsunade sonrió sobradamente al ver la sonrisa arrogante y confiada de él, sabía cómo era, le encantaba su orgullo y no dejaba que nadie se lo pisara.
―Retiraos ―musitó con firmeza la rubia manteniendo la mirada en el Uchiha.
―Pero... Tsunade-sama... ―replicó uno de los ANBU al oír la orden.
―¡Fuera! ―imperó la Sannin interrumpiendo la queja de uno de los integrantes de la defensa de la villa.
Todos acataron la orden al instante, actuando de manera inteligente, desapareciendo en una nube de humo rápidamente.
―¿Nos echabas de menos? ―inquirió ella apoyando su mentón entre sus manos.
―Hay algo valioso para mí ―respondió él con autosuficiencia sin contarle lo que en realidad hacía aquí de nuevo.
―Sasuke véndeme la moto, ¿quieres? ―Él la miró interrogante intentando saber que era lo que realmente quería que le contara. No podía hablar demasiado, no era bueno para él, ni para nadie. Al ver que no respondía continuó―.¿Qué quieres de Konoha? ¿Qué te ha hecho volver? ―añadió esperando que esta vez sí obtuviera una buena razón.
―Estoy cumpliendo con mi deseo, tu alumna me ha dado lo que quería ―contestó remilgado.
La Hokage se quedó descifrando las palabras. No permitiría que él le volviera a hacer daño de nuevo a la que consideraba su hija; ya le había hecho sufrir mucho cuando se fue, cuando la dejó embarazada y sola, sin darle una mísera explicación de porque la dejaba, y más en ese momento en el que ambos habían logrado construir su vida juntos.
Lo que él deseaba era reconstruir su clan, siempre lo deseó, desde que era pequeño lo repetía, buscaba a alguien con quien pudiera renacer su clan. Cuando Tsunade se percató de lo que quería y había venido a buscar, mantuvo su rostro sereno, intentando no demostrarle que impediría cualquier acción que dañara a Sakura o a su hija.
―¿Así que vienes a reclamar tu paternidad? ―inquirió ella intentando no carcajearse, escuchando por su parte un simple "Hmp". Pero ésta sabía que había algo más tras su intenciones, algo que hizo que se fuera y que ha hecho que vuela.
―¿Por qué estás aquí? No creo que por arte de magia tu instinto paternal te haya dicho que tenías una hija ―interrogó la Hokage al heredero Uchiha, observando como una expresión de dureza se apoderaba de su rostro.
―Solo te pido que me dejes estar aquí y rehacer mi vida. ―Intentó el joven convencer a la máxima autoridad. No quería contar nada de lo que había hecho hasta ahora, ni de lo que había pasado o pasaría.
―Y yo te he pedido que me cuentes por qué este repentino interés por volver ―argumentó ella.
―Solo te puedo decir que he vuelto para proteger lo que quiero. No pienso tolerar que tú me lo impidas. ―espetó el Uchiha molesto, encarándola.
―No te quedarás en Konoha. ―advirtió la Sannin realmente molesta por la falta de respeto hacia ella.
―No es solo decisión tuya. ―desafió él poniéndose en pie al igual que ella―.Te lo había pedido de buena manera; solo quiero proteger a mi familia. ―añadió dirigiéndose a la puerta.
―Mantenme informada, mañana tendrás una respuesta. ―Aseguró ella tomando asiento en su sillón.―¡Ah! y acuérdate de quien soy. ―Puntualizó dejándolo salir.
.::::::::::.
En la otra parte de la villa, Sakura, Naruto, Hinata, Ino y Sai se encontraban entrando en la casa de la ninja médico, ya que ambos hombres habían dejado una tarea pendiente: montar la piscina para la pequeña. A ellos les tocaba aunque su padre ya estuviera aquí, además ninguno de ellos era capaz de negarle algo.
Ya habían armado la piscina de plástico que le habían regalado. Pasaron a la sala, después de dejar las cosas repletas de arena y algas en la terraza.
Dentro, ellas estaban sentadas en la cocina, haciendo compañía a Sakura que había empezado a preparar la cena. Ino se sentó pesadamente en una de las sillas de madera que había en la estancia, dejando su espalda reposar en el respaldo.
Hinata se le quedó mirando, concretamente, el abultado vientre de su amiga. Sentía cómo un leve cosquilleo se apoderaba de ella al pensar que podría sentir lo mismo que le transmitía su bebé a su amiga. La rubia notó que alguien mantenía su mirada en ella, haciendo que alzara su vista. Se encontró con el rostro apenado de la Hyuga.
―Hinata, ¿qué pasa? ―preguntó la Yamanaka haciendo que los orbes esmeraldas de la integrante del equipo siete se posaran en la nombrada.
―Nada... ―aseguró bajando la mirada. Eso logró que Sakura e Ino se acercaran a ella y se sentaran a ambos lados.
―¿Estás así por lo que ha pasado con Naruto? ―interrogó la joven del cabello rosado, poniendo una mano en una de sus rodillas.
―¿Hay algo que no nos hayas contado? ―Cuestionó la joven de los orbes azules obligándola a alzar la mirada.
―Yo... tenía que... contarle una cosa a Naruto ―contestó dubitativa, evitando encontrarse con las miradas de sus amigas que buscaban como agua de Mayo la razón por la cual las evitaba. No quería que sus amigas la juzgaran, aunque estuviera convencida de que no lo harían. Necesitaba contárselo a alguien, decirles lo que le ocurría, pero sobre todo sentir que ellas, su familia y la persona que amaba
Sabía que él la amaba, pero necesitaba oírselo decir. Necesitaba que le asegurara que todo estaría bien y que lo harían juntos, estarían unidos para afrontarlo.
―Hina, lo que sea, pasará. Ahora o más tarde, pero lo hará ―aseguró su amiga de cabello rosado reconfortándola.
―Sé fuerte y no le des el gusto, él es el que te tiene que pedir perdón. Tú no has hecho nada malo, ha sido él el que se ha comportado como un borrico.―La Hyuga al escuchar sus palabras se dio cuenta de que Ino tenía razón. Ella solo había sido amable con un viejo amigo, solo eso, y él había pagado su enfado con ella, del que no tenía ni una mísera parte de culpa.
―Gracias... iré a dormir a casa de Kiba o volveré a la mansión ―mencionó la joven poniéndose en pie, bajo la atenta mirada de sus amigas.
―Hinata te puedes quedar aquí, sabes que hay una habitación de sobra ―propuso Sakura copiando la acción de ambas.
―O en la mía, no me molestas. ―Sonrió Ino ofreciendo la suya.
―N-no hace falta chicas... Sakura, tu ya tienes bastante con la vuelta de Sasuke e Ino, tú con tu embarazo ―argumentó su negativa, nostálgica al recordar su situación que era casi idéntica a la de una de sus amigas.
Salieron de la estancia en la que escasos segundos atrás se encontraban para dirigirse a la salida de la casa. Al parecer la joven Hyuga necesitaba descansar, aún tenía que ir con Kiba y pedirle que la dejara dormir en su apartamento, pero antes de que Sakura le abriera la puerta, llegó Naruto interceptándola,
sin saber o comprender su comportamiento.
―Hinata, ¿a dónde vas? ―preguntó él dejando su cuerpo bajo la oscura noche, al igual que ella.
―Nee... a-a casa de Kiba-kun ―respondió alzando la mirada, sin dejarse intimidar por los azulados ojos de él que la inspeccionaban atentamente.
―Te espero en casa entonces ―supuso el Uzumaki atisbando la oportunidad de disculparse con ella. Lo haría y por todo lo alto.
―Sí, claro ―aseguró ella sarcástica, algo que ni ahora ni nunca se le había dado bien, pero aquellas palabras el rubio no las llegó a escuchar, ya que se había ido hacia el interior de la casa.
―No te preocupes, lo lamenta y cuando vea que esta noche no estás, lo lamentará aún más.
―Espero que no se preocupe mucho ―comentó Hinata empezando a dudar de su decisión.
No quería que pensara en cosas descabelladas al ver que no estaba en casa cuando llegara o que se preocupara al no verla en la cama. Le gustaba la idea de darle un susto a Naruto, pero solo un susto.
―Hinata, no le des más vueltas. Ahora vas a ir a casa de Kiba y te quedarás allí. Te aseguro que aprenderá. ―Sonrió maliciosamente empujándola en dirección a la casa del nombrado.
―Nee... buenas noches Sakura. ―Se despidió alejándose.
―¡Buenas noches! ―exclamó viendo como la joven del cabello azulado se perdía en la oscuridad.
Entró en su casa, al saber que pronto llegaría de nuevo su hija y tendría que darle un baño, hacerle la cena y llevarla a la cama.
Pasó al salón y encontró a ambos shinobis y a su amiga en la estancia. Por lo visto ya habían acabado de montar la "pequeña" piscina, por el sonido que se colaba por la puerta entreabierta, habían enchufado la manguera; ya que se podía escuchar el agua caer en la superficie de plástico.
―Ven Sakurita, acompáñame. ―Instó la rubia tomándola del brazo, tirando de él.
―Claro Ino-cerdita. ―Accedió dejándose arrastrar.
―Sakura, no te aconsejo que la hagas enfadar. ―Escuchó la voz del novio de su amiga, antes de salir a la oscura noche.
―¿Qué vas a hacer? ―Inquirió cuando ya estuvieron fuera.
―No lo sé ―respondió sabiendo rápidamente a qué se refería, pero la inseguridad que sentía cuando hablaban de ese tema, concretamente de él, era inmensa―. Quiero estar con él, como antes, juntos... pero sé que no puede ser así, no puede volver y pretender que no ha pasado nada en todo este tiempo. Se fue sin darme una explicación y yo me la merecía ―explicó con un tono tristón en su voz. Recordar todo lo que había pasado no era nada agradable para ella y menos cuando él aún no estaba para consolarla, ni escucharla.
―Date tiempo, a ti y a Hikari. Ha sido una sorpresa para ambas y las cosas no cambian de un día para otro. Tenéis que ir arreglándolo poco a poco ―aconsejó la rubia posando su mano en el hombro de su amiga.
―Hikari quiere estar con él. Lo desea y lo necesita, no la puedo mantener alejada de su padre por más que quiera.
―No te he dicho eso. Empieza a convivir con él, formad la familia que sois, él sigue siendo el padre de tu hija y por lo tanto sois una pequeña familia.
―No es tan fácil... Sasuke es demasiado especial.
―Poco a poco lo conseguiréis ―aseguró ella con una sonrisa en el rostro dándole confianza a la aprendiz de Hokage―. Ahora, cuando venga, nosotros nos vamos y lo invitas a cenar. Que vea un poco cómo es su hija y lo que tú has cambiado, ¿qué te parece mi idea?
―No sé...
Ambas se dirigieron a la estancia, ya que a pesar de que estuvieran en verano las temperaturas al caer la noche disminuían. Al entrar, Sai e Ino se despidieron de ellos, prometiendo que vendrían a ver a la niña y a probar la piscina.
La paz duró poco. Escasos segundos más tarde, su pequeña hija atentaba contra la vida del timbre haciéndolo sonar una y otra vez.
―¡Hikari! ―Le llamó la atención Sakura cuando abrió la puerta y vio que continuaba. Su madre fue a cogerla, pero ella más astuta se coló entre sus piernas y corrió hacia el jardín hasta que se encontró con su padrino.
―Padrino... ―susurró en voz baja mientras alzaba sus brazos para que la cogiera en brazos―. Tengo un secreto ―aseguró al conseguir su objetivo, acercándose a su oído.
―¿Y me lo vas a contar? ―Inquirió él observando como ella negaba con la cabeza manteniendo su sonrisa divertida―. Si no me lo dices, el monstruo de las cosquillas vendrá a cogerte ―añadió empezando con las cosquillas en su estómago.
―Vale. ―Comenzó poniendo un dedo en su frente para que parara―. Hoy en la playa, he escuchado que la tía Hinata, la tía Ino y la mamá hablaban de tener un bebé ―contó ella poco a poco estableciendo una sensación de tensión en el ambiente, para impacientar más al rubio.
―¿Quién tendrá un bebé? ―preguntó él entre nervioso y preocupado. Tal vez solo hablaban del hijo que esperaba Ino, pero ¿y si no estaba en lo cierto?
―Pues quien va a ser, ¡la tía Hinata! ―exclamó dándole un zape en la frente cómo él muchas veces le hacía a ella―. Padrino, estás en la parra... Y no se lo cuentes a nadie es un súper-secreto ―advirtió apretando los labios de su "tío" para que sus labios quedaran sellados.
El Uzumaki quedó petrificado en el lugar, procesando la información que le acababa de proporcionar su ahijada de solo tres años. Sabía que podía ser una mentira o algo que ella hubiera inventado, pero pocas veces mentía.
¿Ahora qué haría? Con lo mal que la había tratado, lo había pagado con ella cuando no se merecía ni lo más mínimo de lo que había pasado hoy. Ella, que estaba pendiente de él, que se preocupaba antes por él que por su propia persona...
Estaba decidido, ahora mismo iría a buscarla y le pediría perdón por lo que había ocurrido. Corrió con la niña en brazos y se la dio a Sakura, interrumpiendo lo que su amiga y el recién llegado hablaban.
―Tengo que irme ―pronunció rápidamente dándole un beso a ambas y una mirada al moreno, antes de salir corriendo como alma que lleva al diablo a buscar a su amada.
―Hikari... ¿qué le has dicho al padrino? ―inquirió la madre al ver la sonrisa que tenía su hija dibujada en el rostro.
―Nada mami, ayudar a la tía Hinata... pero es un secreto, no te lo puedo contar ―respondió ensanchando su sonrisa, mostrando sus hoyuelos.
―Sasuke, si quieres mañana por la tarde puedes pasarte por aquí y vamos juntos a pasear ―propuso la joven teniendo en cuenta lo que su amiga le había dicho. Esperaba que en poco tiempo pudieran ser la familia que debían ser.
Sasuke refunfuñó, luego continuó: ―Bien, nos vemos mañana ―musitó dándole un beso en la mejilla a su hija.
Repitió la acción con la que un día compartió algo más que un simple roce, dejando sus labios escasos segundos sobre la cálida piel de ella, respirando aquel dulce aroma que desprendía toda ella. Se alejó, manteniendo el cruce de miradas que habían establecido momentos atrás. La echaba de menos, pero sabía que no le sería tan fácil recuperarla, que le llevaría mucho trabajo.
―Buenas noches ―musitaron madre e hija acompañándolo a la puerta, quedándose escasos segundos, mientras observaban cómo se alejaba.
Sakura mantuvo su mirada en sus pasos vacilantes, mientras miles de recuerdos invadían su mente; momentos en los que ambos compartían todo, sus palabras, sus sentimientos e incluso sus intenciones... Aunque eso no ocurría siempre, ella como tonta pensó que sí, pero no era verdad. Vivió engañada hasta que él se fue y descubrió que no todo podía ser tan perfecto como ella imaginaba. Ni siquiera sabía por qué se había ido... esperaba que en estos días con él pudiera averiguarlo.
Ya llevaban dos semanas en las que él se había habituado a ellas. Había descubierto cómo era su hija, sus gustos, sus amiguitos, lo que quería y sobretodo conocía todo lo que la rodeaba. Referente a su "relación" con Sakura... roces, miradas, besos en la mejilla; eso había sido lo único que había logrado en esas dos semanas. No era la misma de antes, no era aquella jovencilla enarmoradiza que lo buscaba siempre; no quedaba ni el rastro de esa chiquilla, ahora era una mujer fuerte y segura, la que no aceptaba un "no" por respuesta. Ya no era ella la que quería estar con él, había aprendido que si quería recuperarla más le valía espavilarse... Ya se habían topado con uno de sus pretendientes y podía asegurar que ese no se la iba a quitar.
Hikari, llevaba varios días empeñada en que su padre debía pasar las noches con ellas, custodiando el hogar familiar. Pero aquella vez, estaba insistiendo demasiado, provocando que la vena de tolerancia de Sakura explotara.
―Mamiii, venga, deja que papá se quede a dormir ―seguía insistiendo.
―Hikari... no insistas ―continuó Sakura negándole algo que no podía ocurrir aún, no estaba preparada para ello.
―¿Pooor?, pero ¿por qué no puede?
"Igual de cabezota" pensó él al escuchar las replicas de su hija.
―Porque no, no hay sitio.
―Puede dormir en mi camita conmigo ―propuso la pequeña aferrándose a las piernas del moreno.
―No Hikari.
―Venga mami, solo esta vez ¿vale? Solo una vez.
―No.
Suspiró pesadamente, copiando la acción típica de su padre ―. ¿Y a cenar? ―Inquirió retomando la pequeña discusión con su madre.
―De acuerdo, pero solo a cenar. ―Accedió la joven sonriendo, alzando su dedo índice a modo de advertencia.
―¡Vale! ―exclamó antes de salir corriendo hacia su habitación.
Sasuke, fue tras ella para mantenerla vigilada, ya que si algo había aprendido estos días era que, o mantenía un ojo puesto en ella o sería capaz de poner patas arriba una habitación entera.
Asomó su cabeza por la puerta entreabierta, viendo como se encontraba sentada de rodillas en un pequeño taburete que se encontraba frente su pupitre blanco, su cabello rosado se movía al son de su cuerpo que se mecía de un lado al otro. Al parecer sus manos se encontraban ocupadas en algo mucho más importante que bailar algún ritmo que había oído de su madre.
Pasó sigilosamente al cuarto, tomando asiento en la mullida cama que había en el centro de la estancia. Continuó analizándola, como llevaba haciendo dos semanas atrás en las que se había dedicado a estudiar y comprender lo que pasaba por su cabecita en cada instante. Mantuvo detenidamente su mirada en sus movimientos, sonriendo al ver la pequeña hermosura que habían creado él y su Sakura cuando apenas eran unos adolescentes que acababan de salir del sueño de ser niños.
Tras la puerta, la aprendiz de la Hokage observaba cómo aquel hombre por el cual ella había llorado noches seguidas, admiraba al pequeño tesoro que los unía. La joven procesó todo lo que habían pasado en esas dos semanas, los paseos por la villa, bajo la atenta mirada de los aldeanos; las visitas de sus amigos, que habían comenzado a aceptar de nuevo a Sasuke; los continuos celos que intentaba ocultar el nombrado, cuando alguno de sus compañeros de trabajo coqueteaban y jugaban con la pequeña. Aquellas situaciones diarias para ellas, se habían convertido en uno de los hábitos para el Uchiha, a parte de sonreír más a menudo, de corretear tras un torbellino, intentar reconquistar a su enamoradiza kunoichi, preocuparse por la vida de ambas, de las que ahora eran su vida, a las que protegería con su propia existencia.
―¡Papi! ¡Fuera! No puedes mirar mi dibujo ―exclamó entre gritos la Uchiha al percatarse de la estadía de su progenitor en su santuario privado. Cubrió con sus manos toda la superficie coloreada, con la intención de que él no pudiera visualizar ni una pequeña parte de éste. ―Venga, papi vete a jugar con mamá a los mayores ―añadió sacándolos de la habitación a rempujones, para después cerrar rápidamente la puerta de su cuarto. Al asegurarse de que ambos no entrarían en su lugar privado, se dirigió al baño.
Los dos adultos, pasaron a la cocina. Mientras el Uchiha tendía la mesa, ella acababa de preparar la cena que serviría esa noche para su familia. Sirvieron la mesa, cruzando miradas complices. Esa era la primera cena que tomarían como familia, todos juntos, olvidando por instantes alguna traición o conflicto que enturbiara el ambiente.
Por otro lado, ambos sabían que aquella noche podría tornar algo peligrosa. Ella continuaba amándolo, mientras que él la coqueteaba y la perseguía, esperando a que cayera.
La joven se golpeó mentalmente al pensar en algo que era imposible que ocurriera. Prefirió concentrarse en lo que tenía por hacer. Rápidamente, pensó en llamar a su hija para que acudiera a la mesa, pero antes de que pudiera abrir la boca, la vio acercarse rápidamente a ellos.
El Uchiha se volteó al oír las pisadas, preguntándose el porque de la velocidad de estas.
―¡Mira papi, es tu regalo de cumpleaños! ―Saltó a los brazos de su padre, entregándole su dibujo. En el que de manera muy general, se podía preciar tres siluetas de más o menos la misma altura: dos rosas, una con una "S" y otra con una "H". Al costado de ambas, una de color azul son otra "S" encima.
―Gracias ―musitó sonriendo, depositando un beso en la mejilla de su hija ―. Es el mejor regalo del mundo ―añadió colocándolo sobre un mueble para que no le pasara nada.
―Así ya no estarás triste, tendrás un regalo mío ―aseguró copiando la sonrisa de su padre.
―Vamos a cenar ―anunció Sakura poniendo los platos para todos.
Después de la deliciosa cena que la matriarca había preparado para su familia, se puso en pie, para comenzar, con ayuda de su hija a retirar la mesa. El moreno no puedo contribuir en esta tarea, ya que fue obligado a quedarse sentado como invitado que era.
―Mami, yo soy muy buena, ¿a que sí? ―inquirió la pequeña mientras se ponía de puntillas para poder alcanzar la encimera de la cocina.
Su madre asintió como respuesta, ya que sabía que cada vez que acababan de comer ella preguntaba lo mismo, porque se lo solía acabar todo.
―Yo fui la que curó la barriguita de la tía Ino, también le dije al padrino que la tía Hinata iba a tener un bebé, ayudo a mamá con la compra y a limpiar los platos que se ensucian, ¿verdad mamá? ―continuó observando a su madre desde su altura mientras sonreía orgullosa de todo lo que hacía en casa.
―Sí, pero no tendrías que meterte en temas de mayores. ―La reprendió Sakura, continuando con la limpieza de los trastos.
―Lo siento, pero yo lo hice porque quería ayudar a la tía Hinata ―justificó la pequeña intentando explicar el porque de su comportamiento.
―Sabemos que tu intención era buena, pero no tendrías que haberlo hecho. ―La sermoneó su madre.
Hacía poco que la noticia de que el próximo Hokage tendría un descendiente se había expandido por toda la aldea, aunque la pequeña Uchiha se había encargado de que la buena nueva la supieran sus padres, amigos e incluso el padre de la criatura que estaba en camino. Sin duda, sino fuera por la ayuda inocente de la infante Naruto no sabría que tendría un hijo. Sakura sonrió recordando el momento en el que su mejor amigo acudió a ellos con la inesperada notícia, agradeciendo la Hyuuga por darle ese pequeño presente que a partir de ese momento, sería el más importante de su vida.
Abandonó sus pensamientos, logrando que su mente volviera a centrarse en la situación que estaba viviendo. Observó a la pequeña juguetear con el Uchiha, sacando de éste lo más tierno de él, ya que lo obligaba a corretear tras ella, esconderse, adivinar palabras que ella pensaba... Siempre que pensaba en Sasuke lo hacía de esa manera. Lo visualizaba como una persona que bajo esa capa de frialdad y de pasotismo, se encontraba el gran corazón que poseía, por el cual había luchado, se había ganado y había intentado olvidar. Una sonrisa altruista se poso en su rostro al pensar en lo ingénua que era, reflexionando sobre la idea de caer en sus brazos y dejar que la dañara de nuevo. No podía permiirlo, pero las pruebas que el ponía para que las superara eran demasiado difíciles como para no derrumbarse ante ellas.
Sacudió su cabeza de un lado a otro para eliminar hasta el más mínimo rastro de aquellas intenciones. Trasladó su mirada hasta la ligera silueta de su hija, deteniéndose en las manchas que cubrian su ropa, los mechones de su pelo que se habían desplazado de su habitual lugar... Todo aquello era señal de lo mucho que necesitaba una buena ducha.
―Cariño, vamos a bañarnos ―anunció la joven de cabellos rosados esperándola al principio del pasillo, tendiéndole una de sus manos.
La pequeña se acercó a su padre por última vez y pellizcó su pierna, logrando que éste sonriera a la vez que oía las carcajadas de la pequeña que persiguió a su madre dando saltitos recorriendo el corredor a la par que su progenitora. Se adentraron en una de las puertas que se encontraba en la negra oscuridad que cubría cada recobeco del pasadizo.
Paseó por la casa con paso lento, observando cada zona de aquel lugar en el que habitaba su nueva familia, continuó despreocupadamente su recorrido hasta que sus pies se detuvieron, en el mismo instante en que sus orbes se posaron sobre las imágenes que se encontraban en el mueble de la sala de estar. En una fotografía, se podia contemplar a una Sakura menos crecida que la actual, con una gran chaqueta polar y un gran vientre que la hacía ver encantadora. Sus mejillas estaban coloreadas, al igual que su nariz, todo causado por el frío que parecía hacer bajo aquella noche de invierno.
Su mirada viajó escasos centímetros a la izquierda, encontrándose con otra imágen. En esta, aparecía ella rodeada de todas sus compañeras de la villa y de miles de objetos para bebé, la gran mayoría rosados. Pasó a otra viendo, a una Sakura cansada, con unas sombras lilosas bajo sus ojos, pero manteniendo una sonrisa que estaba dirigida a una pequeña bebé la cual estaba cubierta con una manta de color blanco. En el fondo de la fotografía, se podían observar las pardes blanca, unas sábanas de hospital y una cuna de plástico donde descansaban los neonatos. Reflexionó sobre ese momento tan importante para su vida y para la de Sakura y su hija, aquellos instantes en los que su Sakura le daba la vida a su pequeña, los segundos que pasaron mientras lloraba y se despedía de su estadía en el vientre de su madre... Aquellas habían sido las ocasiones que se le habían presentado para disfrutar de su felicidad junto a su familia, esos habían sido los inicios de cada oportunidad que tendría al estar junto a ellas.
La voz de su Sakura llamándolo, fue lo que lo sacó de sus pensamientos, logrando que sus pies comenzaran a moverse en dirección al baño. Tocó la puerta de éste, esperando la respuesta, que al poco rato después llegó, permitiéndole el paso al interior humeante de vapor. Después de que éste se disipara pudo ver la gran bañera blanca con ambas dentro, cubiertas hasta el cuello de espuma.
Observó con detenimiento cada recobeco de perfecto cuerpo de ella que aquella substancia blanca no cubría. Su rostro húmedo del agua, su cabello rosado mojado y adherida a sus hombros descubiertos, o detrás de aquella sensual oreja con la que le encantaría jugar. Ella se removió en el agua, logrando que el comenzamiento de sus pechos fuera mínimamente apreciable, causando que cierta parte de su cuerpo palpitara. Cosa que aumentó cuando su mirada se posó en sus delicadas y finas piernas, que en ese instante le parecían más suaves que la mismísima seda. Tragó duro al ver la sonrisa maliciosa que tenía dibujada la joven en sus labios.
―Sasuke... puedes traer unas toa... ―Sakura no pudo acabar de hablar, ya que aquel tono sensual que había utilizado lo habia puesto aún peor.
Salió rápidamente de aquella habitación que se había convertido en un horno para él y comenzó a caminar en alguna dirección, pensando en como deshacerse de ese "pequeño" problema que su querida compañera había causado. Sino lo hubiera llamado, si él no hubiera entrado y si ahora, no siguiera apareciendo la imagen de Sakura semidesnuda en su mente, todo iría mucho mejor. Sacudió su mente rápidamente al recordar un pequeño truco que le enseñó Suigetsu, aplicándolo al instante para que aquella molesta reacción de su cuerpo disminuyera. Ahora que ya había solucionado su problema, podría ir a buscar las toallas... pero, ¿en que lugar estaban?
Espero que les haya gustado y saben que ansío sus reviews, con cualquier coemntario.
Nos vemos en la próxima, Shira.
