Hola mis queridos lectores... si es que aún existen. Antes que nada, les pido mil disculpas por todo este tiempo sin actualizar, pero mi inspiración desaparece cuando más la necesito. Sé que es una excusa barata aún así es la verdad. Os dejo el capítulo, tal vez lo pueda arreglar dejando que leáis.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, pero la trama de esta historia sí y no doy permiso a nadie para publicarla en cualquier otro lugar, ni adaptarla.
Capítulo 5: Tiempo
La situación no podía ser más cómica. El gran Sasuke Uchiha se encontraba maldiciendo a cualquier cosa que se le pasara por la cabeza; a Sakura desnuda y su jugarreta para pagarle los coqueteos que le ofrecía, a las malditas toallas que no lograba hallar de ninguna de las maneras, pero por encima de todo, se castigaba mentalmente por no ser capaz de deshacerse de aquel problema que tenía entre las piernas. Justo en el momento en que cometería una locura para poder llevarles las toallas, escuchó como la puerta del baño se abría y se asomaba cierta joven de cabellos rosados mostrando parte de su pierna, cubierta por miles de gotas de agua que descendían por ella, brillando mientras caían hasta llegar al final de su extremidad. No entendía como era capaz de quedarse observando su delicado cuerpo, aunque si tenía una explicación bastante lógica; no había encontrado mujer alguna que tuviera una figura semejante a la de su Sakura, para él, ella era la única que podía poseer esas curvas, esos rasgos, era la única capaz de darle las sensaciones que necesitaba sentir.
Se golpeó mentalmente al ascender su mirada y encontrarse con su boca, decorada con aquellos labios rosados, viendo que uno estaba siendo mordido por ella misma, dándole un toque aún más sensual a la situación; logrando que echando la última mirada a su delicado rostro, deteniéndose en el rubor que cubría sus mejillas, asegurando que era causado por el cálido ambiente que se escapaba de la pequeña habitación. Antes de despegar sus ojos de su cuerpo, posó su mirada en aquellos orbes jades que brillaban intensamente, conduciéndolo a ciertos recuerdos que quedaron en el pasado y que él intentaba hacer volver de todas las maneras posibles…
Observó como la mirada jade de ella fue la primera en desviarse, su barrera de fuerza que había impuesto ante él había acabado derrumbándose; no lo había logrado, todo el empeño que había puesto en que su vida continuara en el momento en que se fue, se había esfumado cuando se reencontró con él. Eso era lo que ocurría, temía que volviera a pasar y se viera en la misma situación, sola, sin él y sin despedida alguna. Odiaba el temor que recorría sus venas.
―Las toallas están tendidas en el patio ―informó la joven antes de cerrar rápidamente la puerta sintiendo que no lo podría soportar. Esa intensa sensación que se debatía entre ir con él o ser cautelosa y no arriesgar de nuevo, se apoderaba de ella cada vez que su penetrante mirada chocaba con la suya.
Después de que el Uchiha, confuso por la actuación de ella les llevara las toallas al baño, salieron y el joven entró en el baño con permiso de Sakura. Esta mencionó que tenía ropa de él en su armario, pero ya que estaba semidesnudo prefirió ir después a buscarla. Anhelaba que el agua fría recorriera su cuerpo. El ambiente era demasiado cálido y sentía que su piel se pegaría a su ropa si no se refrescaba. Al cerrar la llave de paso y tras haber enjabonado, aclarado y limpiado su cuerpo entero, salió de la bañera. Acto seguido se lio una toalla a la cintura y salió en dirección a la habitación de ella, dónde esperaba encontrar su ropa.
Abrió la puerta sin llamar y, consecuencia de ello fue encontrarse con tan sensual imagen. La joven madre de su hija se encontraba volteada hacia la puerta, acabándose de colocar el sujetador negro de encaje a conjunto que las bragas que ya llevaba puestas. Al parecer a ella no le importó que la observara, o eso pensó.
En realidad, Sakura no podía despegar los pies del suelo para girarse, ya que toda su atención se encontraba en algo más entretenido. La figura perfectamente esculpida en el mármol que aparentaba la piel del Uchiha lo hacía parecer claramente un dios griego, el cual en esos instantes le quitaba hasta el aliento. Su pelo mojado caía libremente, liberando gotas de agua que descendían por los perfectos y trabajados pectorales del joven, dejando un rastro húmedo que le encantaría secar. Mordió su labio inferior con fuerza al sentir cómo él se acercaba en cortos pasos a ella. No sabía que le ocurría, pero era incapaz de pararlo y aún peor no podía retroceder o hacer algo para que aquella situación no se complicara más de lo que ya lo estaba.
―Sasuke… ―susurró al sentir cómo su nariz se deslizaba por su cuello, aspirando el dulce aroma que desprendía su suave piel.
Posó ambas manos en su pecho, en el momento justo en que la distancia entre sus cuerpos semidesnudos empezaba a escasear, intentando separarse de él.
―Sakura… ―pronunció; nunca había escuchado su nombre salir de los labios de una persona de manera tan sensual. El aliento de ambos se chocaba y entrelazaba cuando cualquier suspiro o vocablo escapaba de sus labios.
En ese pequeño intervalo de tiempo sus orbes jades quedaron prendados en los pozos negros de él, que expresaban un sentimiento fuerte, no como antes que parecían simple cámaras de observación. Sintió la mano de él acariciar toda la extremidad de ella, su suave, blanca y dulce piel; enviando miles de corrientes eléctricas a todo su ser, obligando a que su corazón, músculo vital para la vida, latiera de manera más frenética.
―Mami, papi. ―Los llamó la pequeña que ya se encontraba tumbada en la cama esperando a que sus progenitores la arroparan.
―Voy ―anunció la joven pasándose aquel camisón negro. ―Ven cuando te vistas ―añadió a sabiendas del comportamiento de su hija.
―Hmp ―asintió observando cómo salía de su habitación.
Pensando en aquello que había ocurrido, siendo conocedor de que faltaba poco para que finalmente cayera y lo aceptara de nuevo en su vida, procedió a vestirse. Se puso unos pantalones negros con una camiseta azul marino que se aferraba a su cuerpo. Salió de la habitación principal para dirigirse al cuarto de su pequeña. Ingresó en él y vio que en la cama dónde ya estaba recostada la infante, estaba la joven sentada al filo cubriendo su cuerpo con la sábana mientras susurraba algo a su oído. Él se acercó y, después de colocarse tras ella, acarició el rostro de la pequeña con su mano, para posar sobre aquel mismo lugar un beso de buenas noches. Ella hizo lo mismo sobre su hija y ambos se dispusieron a salir del lugar.
―Buenas noches cielo, que descanses ―murmuró antes de cerrar la puerta de la habitación.
Sakura llevó el paso del camino, aunque había salido la última de la habitación. Se dirigieron al salón principal y ella tomó asiento en el gran sofá que se presentaba ante ellos. Prendió la televisión y empezó a hacer zapping. Mientras esto ocurría observó cómo él había tomado asiento a su lado, acomodándose en el mullido lugar. Cansada de pasar canales sin encontrar alguno que le gustara, dejó el mando a distancia en la mesa e intentó prestar atención a la película de ciencia ficción que había puesto. Sabía que aquella no era su temática predilecta, pero era lo que daban a esas horas. Sin embargo, el Uchiha seguía la trama de la película, parecía que aquello si le interesaba.
Sakura se recostó en el sofá cuando empezó a sentir que Morfeo la llamaba, estaba aburrida y la noche anterior le tocó ayudar a su maestra en una operación complicada. Necesitaba un largo y reparador descanso que le permitiera afrontar y sobrevivir a la próxima guardia nocturna que le había tocado en el hospital. Sus ojos se cerraron sin poder evitarlo, aunque ella no opuso mucha resistencia a que Morfeo se la llevara a aquel mundo de los sueños.
Él aún estando distraído por el interesante film al que le prestaba atención, pudo observar cómo la joven se quedaba profundamente dormida. Desde ese mismo instante no fue capaz de retirar sus orbes negros de la figura de ella. Fijó su mirada en cómo su cabello rosado pintaba y daba luz a la oscura tela del sofá, descendió y encontró sus párpados cubriendo los luceros jades que eran los principales emisores de aquel brillo y calidez que ella en sí emanaba; continuó hasta encontrarse sus labios rosados, los cuales eran poseedores de aquella ternura; el cuello que era cubierto por su suave piel al igual que todo su ser, haciendo conexión entre su cabeza y su tronco; su curvilínea figura que destacaba por las curvas perfectas que delineaban sus caderas y aquellas piernas finas y suaves, que parecían hacerse infinitas. Jamás se había quedado tan embobado con su cuerpo, ni siquiera cuando la vio de nuevo por primera vez. En ese momento la deseaba más que en cualquier otro. Ahora se percataba del gran cambio que había experimentado la joven, de que realmente había dejado atrás el cuerpo de adolescente y se había tornado realmente una mujer. No pudo resistir las ganas de acariciar su piel. Llevó su mano hasta su rostro y acarició su mejilla, rozando su piel con la suave y tersa de ella. Jamás había anhelado tanto ejercer una caricia, sentía que la necesitaba.
.:::::::::::.
En la otra parte de Konoha, aunque no muy lejos de allí, concretamente en la mansión Hyuga, toda la familia de la rama principal, incluido Neji se encontraban reunidos. Después de haber disfrutado de una velada a la que tanto Hinata como su prometido tuvieron que asistir, pasaron a la sala principal, donde el actual manda más del clan, las primogénitas de este y su sobrino, acompañados del Uzumaki estaban reunidos. Aquella cena se había llevado a cabo ya que la heredera del clan y el rubio tenían algo que anunciar a la familia.
Ella jugueteaba con las mangas de su kimono blanco, intentaba evitar que el nerviosismo fuera expresado por alguna parte de su cuerpo, pero le era una tarea demasiado imposible. Aunque sabía que no estaba sola; Naruto tomó su mano y acarició con sus dedos la palma de esta, antes de que sus miradas se encontraran. Él le brindó una sonrisa que infundía confianza y seguridad, los complementos de los que ella carecía en esos momentos. Intentó ocupar su mente con algo que no fuera aquel silencio que llenaba la sala, antes de que su padre les diera la oportunidad de hablar. Sin embargo, un recuerdo de días atrás invadió su mente…
.:::::Flashback:::::.
.::::::2 Semanas atrás:::::.
Después de aquel día agotador de playa, necesitaba una buena ducha y una cómoda cama, para asegurarse un descanso perfecto. Prendió su camino a casa de Kiba siguiendo las indicaciones de sus amigas, sabiendo que tal vez no era lo correcto, pero sentía que aquello tal vez solucionaría algo. Llegó al pequeño apartamento del joven y se dispuso a tocar el tiembre. Tras aquel acto, la puerta si abrió y apareció un extrañado Kiba al verla sola.
―Hinata… ¿ha pasado algo? ―preguntó observando como la mirada perlada de ella se dirigía al suelo.
―¿P-puedo pasar? ―pidió ella alzando su rostro.
―Claro. ―Tras cerrar la puerta ambos se dirigieron al salón principal del pequeño lugar, tomaron asiento y él le ofreció un té frío.
―¿Ha ocurrido algo? ―inquirió clavando su mirada en sus orbes perlados que habían adquirido un brillo que solo denotaba a una cosa.
―He discutido con… N-Naruto ―murmuró respondiendo a su pregunta. Después de narrarle el pequeño incidente en la playa, él le ofreció darse una ducha y ropa limpia, cosa que la Hyuga aceptó sin dudar. Una vez ya dentro del aseo, se despojó de aquel vestido veraniego y del biquini lleno de arena. Minutos después abrió la llave de paso del agua y dejó que esta cayera libremente sobre su cuerpo, retirando cada grano de sal de su piel. Tras enjabonarse y aclararse pelo y cabello, tomó una toalla para liarse en ella. Se pasó su ropa interior, aquella que había metido en su bolsa de playa por si un caso. Colocó sobre su cuerpo la camiseta que Kiba le había dejado. Empezó a peinar su melena azulada, observando su reflejo en el espejo que se encontraba sobre el lavamanos. De manera inconsciente llevó la mano que no se hallaba ocupada y la posó sobre su vientre, percibiendo que ya no estaba perfectamente plano como solía estar, sino que había un pequeño bulto que resaltaba sobre su piel. Acarició su vientre por debajo de la tela, dándose cuenta de cuánto desearía que aquella mano no fuera de ella, que aquella caricia fuese de él, de la persona que amaba y la cual había contribuido para que el pequeño bulto que vivía en su interior se formara.
En ese instante la puerta se abrió de golpe dejando paso al dueño de la casa, que olvidándose de tocar pasó sin llamar.
―Lo siento Hinata ―dejó escapar rápidamente de sus labios al ver que la había interrumpido.
―Pasa, ya he terminado ―anunció ella retirando el rastro de una solitaria lágrima que se había escapado de sus perlados ojos sin permiso alguno.
―¿Estás bien? ―preguntó acercándose a ella, pasando su brazo detrás de su cuello, pegándola a su pecho.
―No… Estoy…Estoy embarazada ―susurró dejando que él abrazara con fuerza su cuerpo, que parecía tornarse diminuto a medida que la situación aumentaba.
―Enhorabuena cielo. ―La felicitó el joven dándole un sonoro beso en la mejilla.
―Naruto no… no lo sabe ―dijo cuando él la soltó.
En ese momento sonó el timbre de la casa, anunciando la llegada de alguien imprevisto.
―Ya abro yo ―comunicó él saliendo del aseo. Ella recogió todas sus pertenencias del baño y las metió en su bolsa, aunque no se movió del lugar, prefirió esperar allí y escuchar la conversación desde la lejanía.
―Naruto, ¿qué tal amigo? ―preguntó el Inuzuka como aquel que no quiere la cosa.
―Perfectamente, ¿está Hinata? ―Fue directo al grano.
―Tal vez.
―¿Está o no está? Aún no ha llegado a casa y me ha dicho que vendría a hacerte una visita antes de ir a casa ―explicó él aún en la puerta.
―Puede que sí o puede que no. Narutito te has portado muy mal y te van a castigar… Ya recuerdo, Hinata me ha dicho que se quedaría aquí conmigo esta noche, ya sabes, como amigos. Ves a casa que yo me encargo de cuidarla esta noche ―alegó molestando al poseedor del Kiuby.
―Kiba no vayas de listo que si quieres te quito toda la tontería ahora mismo ―amenazó molesto pasando al interior del lugar ignorando las quejas del moreno.
Se dirigió hasta la única habitación de dónde salía luz, el aseo.
―Hinata… ―murmuró al verla con aquella camiseta que no le pertenecía―.Vamos a casa, es tarde ―añadió dejando que una sonrisa se deslizara en las comisuras de sus labios.
―Naruto, hoy prefiero quedarme aquí… ―anunció sorprendiendo al instante a su prometido.
―Siento lo de esta tarde, no merecías que te tratara así y yo como idiota voy y lo hago. Lo siento cielo, perdóname ―pidió envolviendo en un cálido abrazo a la joven que lo devolvió colgando sus manos de su cuello. ―Te quiero ― murmuró cerca de sus labios después de separarlos tras un largo beso.
Dejó que las caricias de él la envolvieran completamente, sintiéndose amada cómo nunca antes se había sentido y notando que para él era imprescindible.
―Vamos a casa ―informó tomándola de la cintura y saliendo de la casa. Ella antes de salir del lugar, se acercó a él y abrazó con fuerza a su amigo.
―Gracias Kiba ―susurró cerca de su cuello. Se separó de él y volvió a la vera de su amado.
―¡Cuida a Hinata y a mi sobrino Naruto! ―exclamó antes de perderlos de vista.
Emprendieron su camino hacia la casa cogidos de la mano, pero él no lo pudo evita y la rodeó posando ambas manos en el vientre de ella, acariciando el bulto que descansaba allí con ternura, verificando lo que su querida ahijada le había comunicado. Dejó reposar su mentó en su hombro y besó su cuello.
―Gracias por darme un hijo ―murmuró acariciando con sus labios el cuello de ella, obligando a que una sonrisa sincera se escapara de sus labios.
.:::::Fin Flashback:::::.
Recordó con alegría aquel momento, a pesar de que había sido un motivo algo amargo, acabó siendo la escena más romántica del mundo. Desde que estaba embarazada Naruto la trataba como una reina, si antes ya vigilaba sus caricias al tocarla ahora era algo más extremo, aunque eso no quitaba que lo amara más cada día. Observó la estancia, fijándose en que su familia tenía posada su mirada sobre ellos.
―Hija, ¿qué era aquello tan importante que nos tenías que decir? ―inquirió el manda más del clan.
Se armó de valor, cruzando su mirada con la de él, sintiendo como el Uzumaki presionaba con fuerza su mano para infundirle coraje.
―E-Estoy… embarazada ―anunció con voz temblorosa ante todos, dejando a su padre sin palabras.
Su hermana sin poder evitarlo, se acercó a ella y la rodeó con sus brazos, felicitándola.
―Enhorabuena Uzumaki-san ―murmuró antes de volver a su lugar, tal vez aquello que acababa de hacer fuera la excusa perfecta para un buen castigo.
―Gracias Hanabi ―dijo él al escuchar las palabras amables de la joven.
―Hinata-sama, mis más sinceras felicitaciones… Uzumaki ―felicitó Neji a ambos sin moverse del lugar.
―Hija, sabes que lo único que te ata a este clan es tu línea sucesoria y la sangre que corre por tus venas. Así que, decidas lo que decidas estará bien. Hanabi ocupará tu lugar en el clan, sabía que esto no sería algo pasajero… ―Las palabras crudas de su padre salieron disparadas de sus labios como dagas, que solo buscaban dar en la diana de la herida que él se había encargado de hacer tras anunciar su relación amorosa con el rubio.
―Hyuga-san, permítame que le diga algo. Le puedo asegurar que su hija tendrá una vida mucho más feliz conmigo que con usted. Debería haber aprendido a valorarla y espero que ahora que la va a perder se dé cuenta de lo que realmente es ―escupió el joven poniéndose en pie y saliendo rápidamente de aquel lugar llevándose a Hinata con él.
Emprendieron camino de vuelta a casa, envueltos en un silencio que empezaba a hacerse incómodo. Él paró en seco su paso y como acto correlativo, ella también lo hizo.
―Cielo, siento lo que ha pasado ahí dentro pero no puedo soportar cuando te trata así, cómo si hubieras cometido el delito más grave. Sabe que de aquí a unos días seré Hokage, que te amo más que cualquier otra persona lo podría hacer y que te voy a hacer la mujer más feliz del mundo entero… ¿Por qué no puede aceptar eso? ―Se preguntó él observando cómo varias lágrimas caían de sus ojos.
―No puede tolerar nada que dañe al clan, para él eso es su vida desde que mi madre murió. Aunque me duela, sino me acepta no podré compartir mi felicidad con él ―murmuró en voz baja dejándose abrazar por él.
―Tranquila, volvamos a casa, ya es tarde ―anunció el rubio tomando su mano y emprendiendo de nuevo el paso que él mismo había reanudado.
.::::::::::.
Se había obligado a él mismo a retirar la mirada de la joven. Cada despiste suyo acababa observando cómo dormía. Por mucho que intentara continuar el desarrollo de la película, se perdía al oír algún suspiro que escaba de los labios de ella. Al mínimo momento en que sus labios se separaban, sus profundos orbes negros se posaban sobre ella. Sin duda, se había autoproclamado velador de su sueño.
Esperó varios minutos hasta que ella cayó de nuevo en un sueño profundo. Apagó la caja de la risa. Tras eso, se aseguró de que todas las puertas que aislaban la casa, estuvieran cerradas. Tomó en brazos a la joven, sintiendo cómo sus brazos rodeaban su pecho y recostaba su cabeza sobre el mismo. Una sonrisa socarrona recorrió sus labios al oír su nombre escapando de las puertas de su aliento, alegando que en sus sueños su figura, acompañada de su temple permanecían en todo momento, dándole vida a aquel mundo que su propia imaginación creaba. Inició su camino, apagando a su paso la luz de la estancia. Dirigió su cuerpo hasta la habitación de ella y después de prender la pequeña lámpara de mesita que tenía, dejó descansar su cuerpo sobre el mullido colchón. Aunque las suaves manos de ella no soltaron su agarre, se mantenían alrededor de su cuerpo y realmente, aún sin admitirlo no quería que aquella cálida sensación desapareciera.
―S-Sasuke-kun… quédate ―pidió ella en sueños, o eso parecía, ya que sus párpados mantenían su cobertura sobre sus perlas jades.
El Uchiha al no querer despertar a la joven, se tuvo que acercar más para que su sueño no se interrumpiera de forma abrupta, a causa del débil agarre que mostraba. Sé dio por vencido al tener que dejarse caer a su lado, sabiendo que aquella noche la pasaría allí.
Segundos, minutos, tal vez, una hora pasó sin que pudiera disfrutar del estado en el que se encontraba su compañera de velada. Cualquier persona se preguntaría que incapacitaba el descanso del poseedor del Sharingan, qué o quién, bastaba con echar un vistazo a la posición tan comprometedora que compartía con cierta joven de cabellos rosados, los cuales acariciaban su pecho, sus piernas enrolladas con las suyas y sus brazos rodeándolo completamente. Suspiró y disipó todos aquellos pensamientos perversos que no se tenían que encontrar, de ningún modo en su mente. Intentó cerrar los ojos y dejar la mente en blanco, pero era algo que con tal mujer sobre su cuerpo no se podía lograr.
Definitivamente aquella no era su noche y no lo sería si Sakura no ponía algo de su parte… ¿verdad Sasukito? Su mirada descendió hasta su entrepierna y dejó escapar un suspiro aún más notable, viró su rostro, encontrándose con el de ella que reflejaba una paz y una sonrisa inocente que nadie sería capaz de acusarle de los desvelos del gran Uchiha.
Bueno, ¿qué les pareció? Tal vez demasiado NaruHina, pero en el capítulo anterior se me olvido poner esa escena y me dio la sensación de que quedó un poco colgado, por eso lo agregué aquí. Momento álgido para SasuSaku, pronto, muy pronto Sakura cederá y Sasukito se alegrará.
Por cierto, os pido disculpas por lo del capítulo anterior, necesitaba colgar el anuncio para protestar por las medidas que se están tomando, ya que podría desaparecer de f. , pero aún sigo aquí y espero colgar el próximo capítulo antes de que me echen a la calle, después me mudaré a un blog, si descubro como funciona, claro.
No os entretengo más y espero con ansias sus reviews, tanto positivos como negativos.
Nos leemos, Shira-san.
