~~~~~ España, Andalucía ~~~~~

Miró otra vez su reloj "15:20". Frunció el ceño y ojeó a su alrededor. Estaba en la frontera entre Gibraltar y la Línea de la Concepción. Hacía calor, dado que eran las tres de la tarde en pleno mayo, pero al hacer levante, el viento compensaba. Su pelo rubio platino ondeaba como una bandera a su espalda, una bandera muy larga. Llevaba esperando veinte minutos a que sus amigos llegaran, sus ojos grises escrutaban en la lejanía, ya iban con retraso. Estaba sentada en el bordillo de la acera cuando alguien le tapó el sol. Alzó la mirada para ver quién era. Un chico de pelo marrón, unos ojos del mismo color y una sonrisa radiante, al quien la luz del sol recortaba su figura, apareció en su campo de vista. Mark Ender.

-¿Le ayudo a levantarse señorita? – preguntó Mark, con una sonrisa radiante adornando su rostro.

Ella se levantó sin su ayuda, eludiendo la mano que el chico le tendía. Se sacudió sus pantalones cortos vaqueros. Luego se puso en frente del chico y le miró a los ojos mosqueada. Tubo que alzar la cabeza dado que Mark era muy alto.

-¿Dónde estabas, llevo esperando como media hora? – dijo con el ceño fruncido.

-No exageres, solo han sido veinticinco minutos – dijo él rodando los ojos. Ella decidió no discutir con Mark, sencillamente, no se podía discutir con él.

-¿Y los demás? – preguntó.

-Sus padres no les dejan venir hasta después de comer. – explicó. Ella suspiró.

-Bueno, así me saldrá más barato. – dijo ella con creciente entusiasmo.

Era el día de su cumpleaños y había decidido invitar a sus amigos a comer con el dinero que todos los años le daban sus padres. Como era viernes habían decidido ir luego a las tiendas de Gibraltar y comprar algo de ropa. La verdad es que a Mark no le entusiasmaba mucho ir de compras. Él prefería gastar bromas con sus amigos y hacer el tonto en la playa o en cualquier parte.

De hecho, así es como ella lo conoció, tenía cinco años y estaba en la playa haciendo castillos de arena, era verano. Fue a coger la pala, que había dejado a un lado apartada, cuando vio que encima del mango había un enorme cangrejo, de los que se encuentran en las rocas. Pegó un chillido y se aparto con rapidez, se había llevado un buen susto. Entonces oyó un par de risas a su espalda, giró la cabeza y vio a Mark junto con un amigo suyo. Mark tenía en la mano otro cangrejo, así que ella supo que habían sido ellos. Se enfadó y empezó a perseguirlos por toda la playa. Acorraló a Mark junto a las rocas, el otro chico sencillamente se había esfumado, así que no tenía a nadie que le ayudara. Mark levantó las manos en señal de rendición y le pidió perdón, "solo a sido una broma" le dijo. Ella le perdonó después de pensárselo y empezaron a hablar, él le contó que se había mudado a La Línea y que antes vivía en Inglaterra. Sus padres se habían mudado a Inglaterra después de tenerle aquí, en España y cinco años después decidieron volver. También descubrieron que vivía a solo dos casas de distancia. Estuvieron toda la tarde charlando, entonces sus madres les llamaron para irse. Antes de marcharse Mark le dijo "Oye, todavía no me has dicho tu nombre". Y así era, él le había dicho el suyo hacía un buen rato, pero ella no. "Mi nombre es Nubila, Nubila Sánchez. Pero llámame Nubi" dijo. Se encontraban todas las tardes en la playa, y cuando se acabó el verano y llegó el otoño iban el uno a casa del otro para jugar.

Con los años se convirtieron en muy buenos amigos. Se podría decir que Mark era como el hermano mayor que nunca tubo. Siempre estaban juntos en el instituto y en bachiller, pero Mark al ser un año mayor, había pasado a la Universidad, dejando a Nubi con sus otros amigos.

-¿Y dónde vamos a comer, Nubi? – preguntó Mark, con interés.

-A la Pampa – respondió ella.

-¿El asador argentino? – preguntó él, relamiéndose.

-Sí – contestó Nubi, también relamiéndose. Era un buen restaurante y la comida de allí estaba deliciosa, aunque era un poco caro, pero eso hoy no era un problema.

-¿Entonces a que esperamos? – preguntó Mark con una ancha sonrisa, cogió a Nubi de la mano y la arrastró hacia el restaurante, que estaba en el centro de La Línea.

Nubi se puso a su altura y no hablaron en un buen rato. Se limitaron a andar, hasta que ella se fijó en la camiseta de su amigo. Le quedaba ajustada y resaltaba todos sus músculos. Ella siempre pensó, desde que Mark pegó el estirón, que con su altura y lo fuerte que era, podría ser una estrella del baloncesto.

-Oye Mark – dijo atrayendo la atención del chico, que giró sus ojos marrones hacia ella - ¿Esa camiseta es de tu talla? – pregunto.

-Oh, verás, es que al lavarla... encogió – admitió Mark.

Nubi lo miró durante unos segundos, Mark estaba avergonzado y su mejillas se tornaron de un leve color rosado. Entonces Nubi empezó a reírse como nunca de su amigo. Este se mosqueó y le dijo:

-Si tan divertido te parece, será mejor que comas sola – empezó a andar en dirección contraria al restaurante.

-No...espera, espera – dijo jadeando de la risa – Lo siento, no era mi intención reírme así, es que me ha hecho gracia que te quedaras aquí, en España sin ni siquiera saber lavar tu ropa.

Los padres de Mark, cuando él terminó bachillerato, decidieron volver a Inglaterra, a la casa que compraron cuando Mark tenía dos meses. Él optó por quedarse en su casa de España. Sus padres no querían que se quedara aquí solo y querían obligarlo a irse con ellos. El intentó convencerles diciéndoles que aquí ya tenía su vida hecha, estaban sus amigos, Nubi; su mejor amiga y también una "novia" que se inventaron entre los dos. Al final sus padres accedieron a que se quedara y le mandan dinero para subsistir hasta que termine la universidad y pueda buscar un trabajo a jornada completa. Mark a estado viviendo solo desde entonces, a excepción de su perro, que le regalaron a los diecisiete años, Buddy.

-Vivir yo solo es más difícil de lo que me imaginaba. – admitió cabizbajo – Ni si quiera se cocinar. – dijo mirando a Nubi.

Ella le miró impresionada, hacía casi un año que sus padres se habían marchado y ella ni siquiera se dio cuenta de las dificultades por las que estaba pasando su amigo. Aunque, mirándolo bien, Mark siempre evitaba hablar de sus problemas con ella, no quería preocuparla.

-No me digas que durante este año, el dinero que te mandaban tus padres te lo has estado gastando en comida rápida.

-No seas tonta...también compraba comida precocinada. – dijo con una pequeña sonrisa. Ella soltó un largo suspiro, no podía dejar que su amigo comiera comida basura y empequeñeciera toda su ropa hasta el punto de no poder ponérsela. Entonces se le ocurrió una gran idea.

-Ya se lo que haremos. – exclamó la chica – Te enseñaré a cocinar, y también ha lavar la ropa.

-¿Enserio?¿Me ayudaras? – preguntó el chico, con los ojos iluminados como los de un cachorrillo abandonado, al que van a acoger. A Nubi le hizo gracia, pero enseguida se puso seria.

-Pues claro que si – dijo Nubi – por un favorcillo – dijo sonriendo de una manera que no le gustó nada a Mark y con un brillo travieso en los ojos.

Mark tragó saliva. Sabía bien lo retorcida que podía ser su amiga, un año el "favorcillo" fue vestirse de chica en carnavales y todavía recordaba el dolor de pies al día siguiente por los tacones de diez centímetros que le hizo ponerse. Al final se aventuró a decir:

-¿Qué "favorcillo"?

-Oh, tranquilo, no es nada. Te lo diré cuando lleguemos al restaurante no querrás que nos cierren la cocina, ¿verdad? – contestó, pero el brillo de los ojos no se había disipado y Mark comenzó a preocupase seriamente.

Se dieron prisa y llegaron al restaurante. Se sentaron fuera en una de las mesas y poco después una mujer vino a tomarles nota. Tenía el pelo tintado de rojo, y tatuajes, pero era muy amable. Nubi pidió un nestie para beber y Mark una coca-cola. De comer pidieron un poco de todo para picar y probar lo máximo posible, ya que comían allí estaban dispuestos a aprovecharlo. La comida llegó poco después, dado que no había mucha gente.

-Bueno, ¿vas a decirme cuál es ese "favorcillo"? – dijo Mark, mientras se metía en la boca un trozo de empanadilla de pollo.

-¿Recuerdas a Jonatan, Jonatan Ruíz? – Mark asintió – Mañana da una fiesta y ha invitado a casi todo el instituto, a mi incluida, también a invitado a Anastasia y... – vio que Mark la miraba con cara de "ve al grano"- Bueno esa no es la cuestión, la cuestión es que le pregunté a mis padres que si podía ir y ellos me dijeron que no. Así que pensé, que podría decirle a mis padres que el sábado me quedaba en tu casa a dormir y así podría ir a la fiesta. Aunque tienes que dejarme las llaves de tu casa para poder tener un lugar donde dormir después de la fiesta. – dijo con una sonrisa angelical para terminar de convencerlo. Él le dirigió una mirada seria.

-Ni hablar – dijo con una voz que no admitía réplica. Nubi pasó por alto el tono de voz.

-¿Por qué no? – preguntó ella con cara de cordero degollado y haciendo que el labio inferior le temblase un poco.

-No me cae bien ese tipejo – dijo con desdén.

-Solo serán un par de horas – Mark negó con la cabeza - ¿Una hora? – seguía negándose - ¿Media?

-¿Cuantas veces he de decirte que no para convencerte?

-Unas mil veces estaría bien – dijo con un toque de humor. Mark suspiró.

-¿Y a ti te parece bien engañar a tus "padres" de esa manera?¿Qué crees que pensarán? – dijo enfatizando la palabra padres. Vio como la expresión de Nubi cambiaba de sonriente a seria, le había dado donde más le dolía.

Hace un par de años Nubi descubrió unos papeles de adopción en la habitación de sus padres. Entró en su habitación para dejar unas botas que le prestó su madre, cuando vio unos papeles encima de la cama. Sintió curiosidad y los ojeó, eran los papeles de adopción para una niña de cuatro años llamada Nubila Filia, que fue adoptada hace doce años. Entonces fue cuando la verdad le golpeó tan fuerte que la dejó sin aire. Fue directa a preguntarle a sus padres, a que le dijeran que eso no era verdad, pero una voz en su interior le decía que era adoptada. Sus padres lo confirmaron, por lo visto intentaron tener un hijo durante cerca de cinco años sin resultado y se decidieron por la adopción. Vieron una foto suya y se enamoraron.

En la casa de acogida les dijeron que la habían encontrado en un callejón, con ropas blancas como la nieve, que estaban manchadas de sangre. La encontraron hace unos meses, pero por lo visto sufrió un shock y no recordaba nada, esperaban que con el tiempo recordara algo pero al no ser así, decidieron no contarle que era adoptada. Ella se encerró en su cuarto después de eso. Se maldijo por no darse cuenta antes, su "padre" tenía el pelo negro y los ojos acaramelados y su "madre" era pelirroja y tenía los ojos marrones, pero ella tenía el pelo rubio platinado y los ojos como la plata líquida.

Mark recordó como ella la llamó esa noche llorando, diciendo que era una idiota y una tonta. Él habló con ella y consiguió hacer que dejara de llorar. Al día siguiente ella no apareció por el instituto y él fue a su casa, donde la encontró en un rincón de su habitación sentada en el frío suelo con su pijama puesto. Se acercó a ella lentamente preguntándole que si se encontraba bien, ella se abalanzó sobre él y lo abrazó llorando. Él le devolvió el abrazó y permanecieron así hasta que los llantos y los lloros cesaron.

Sabía que haber dicho eso era asestar un golpe bajo, pero necesitaba impedir que ella fuera a esa fiesta hasta que lo comprobaran.

-No son mis padres, me da igual lo que piensen – dijo cabizbaja y tan bajo que Mark solo escuchó un susurro. – Voy a ir a pagar – dijo sombría y se fue si mirarle.

Mark suspiró. Entonces su móvil empezó a sonar lo sacó del bolsillo de su pantalón vaquero. Tenía un mensaje que decía. "Ya he llegado. El lunes por la tarde ya lo sabrá todo y empezaremos con lo acordado. Tedd" Mark frunció el ceño y escribió "Aún es demasiado pronto, espera un poco más de tiempo, no está preparada" Lo envió y esperó la respuesta, que llegó a los pocos segundos. "Ese es el problema, no hay tiempo" Mark iba a contestarle, pero entonces llegó Nubi de pagar la cuenta y volvió a guardar el móvil en el bolsillo de su pantalón.

-¿Cuándo quedaste con los demás? – preguntó.

-Anastasia dijo que iría a las cuatro y media a la frontera – explicó él.

-Pues será mejor que nos demos prisa – dijo mirando su reloj – Son las cuatro y cuarto.

-En marca pues – dijo Mark levantándose y poniendo rumbo a la frontera.

~~~~~ México, Ciudad de México - 1 hora antes de que Mark y Nubi se encontraran ~~~~~

Eran las 7:20 de la mañana, o eso decía el despertador. La luz de la mañana se colaba por una rendija de la ventana de su cuarto. La verdad es que no tenía muchas ganas de levantarse querría quedarse en la cama durmiendo toda la mañana. Pero sabía que si no se levantaba su madre iría y le echaría la bronca. Apartó las sábanas de un manotazo, se puso en pie estirándose como si fuera un gato y bostezó. Se dirigió al cuarto de baño donde se dio una larga ducha. Al terminar salió con una toalla en su cadera, mientras que con otra toalla se secaba su pelo corto azabache.

Se dirigió al armario y lo abrió haciéndose la pregunta de todas las mañanas "¿Qué me pongo hoy?" Optó por unos pantalones vaqueros cortos que le llegaban por la rodilla, una camiseta negra y unas converse negras. Se echó un poco de colonia y salió de su cuarto. Atravesó el pasillo y bajó las escaleras, fue hacia la cocina, dónde su madre estaba haciendo el desayuno.

-Hola – saludó a su madre.

-Hola hijo, estoy haciendo huevos, ¿quieres? – preguntó sonriente.

-Gracias mamá, pero me conformo con unas tostadas – contestó, sentándose en la mesa que había al lado de la pequeña cocina. Encima de la mesa había tostadas y mermelada para untarse.

-No digas tonterías – dijo, sacando dos huevos y poniéndolos en un plato – tienes que desayunar bien, es la comida más importante del día – explicó, poniéndole el plato de huevos enfrente.

Él sabía que era imposible discutir con su madre, sobretodo cuando se ponía en modo sobre protectora. Así que cogió el tenedor y empezó a comer.

-Son los mejores huevos que he probado nunca – dijo mirando a su madre y con una sonrisa de oreja a oreja.

-Anda, deja de hacerme la pelota y termina de desayunar, que al final llegarás tarde. – dijo, dándose la vuelta y volviendo a la sartén, donde puso un par de huevos para ella.

El chico devoró los huevos, dos tostadas y dos vasos de zumo de naranja recién exprimidos que su madre le insistió que se tomara. Luego cogió su mochila con los libros, las llaves de la casa y le dio un beso en la mejilla a su madre, antes de cruzar la puerta se despidió de ella.

-Hasta luego mamá, nos veremos a la hora de la cena.

Cogió el ascensor y bajó los cuatro pisos que separaban su casa del suelo. Llegó al portal y saludó al cartero que estaba dejando las cartas en sus respectivos buzones. Salió a la calle donde le esperaba una Kawasaki 1400 GTR que se compró hará un par de años. A los 14 quería comprarse una moto, así que empezó a ahorra y a los dos años vio esa preciosidad y no dudó en comprársela. Cogió la mochila y la colocó debajo del asiento, y sacó el casco que ocupaba el hueco debajo del asiento. Era un casco de fibra de carbono que su madre le regaló después de comprarse la moto, como ella decía "La seguridad es la primero" Hechó una última mirada al Loft donde el y su madre vivían.

Su padre compró el Loft después de un año de noviazgo con su madre, para que vivieran los dos. Luego su madre se quedó embarazada, los dos estaban muy contentos. A los ocho meses de embarazo, su padre desapareció. La familia de su madre estaba convencida de que se había largado, pero su madre seguía diciendo que se lo habían llevado. Un par de veces se le ocurrió que su madre sabía algo, pero siempre que le preguntaba ella lo negaba, y cuando este le decía que si no sentía curiosidad, ella le contestaba que algunas preguntas era mejor dejarlas sin respuesta.

Se puso el casco, se montó en la moto y la arrancó. Dio gas un par de veces y luego soltó el freno, lo que hizo que la moto saliera como una flecha hacia delante. Recorrió las calles de la ciudad, el viento le azotaba los brazos desnudos y las piernas, mientras que sus ojos estaban atentos a todo, ser miembro de una banda tenía sus peligros. Entonces vio a una chica que andaba por la acera con una mochila negra, unos pantalones vaqueros cortos, unas sandalias romanas negras y una camisa de tirantes negra, en la que sabía que por delante en rojo ponía "Pues va a ser que no" Su pelo castaño oscuro ondeaba un poco a su espalda. Aparcó justo a unos pasos por delante de ella y llamó su atención diciendo:

-¡Ey!¡Guapa!¿Quieres que te lleve? – gritó a pleno pulmón, haciendo que la chica se girara para verle. Su mirada se topó con los ojos azules de la chica mientras que los de ella se toparon con unos ojos tan negros como la noche.

-¡Valla Dia!¡Cuánto tiempo! – dijo la chica dando un par de pasos para acercársele.

-Es tu culpa, por no aparecer ni en las clases ni en las reuniones.

-Lo siento, es que estaba demasiado ocupada haciendo obras de caridad y ayudando en la iglesia – dijo con una media sonrisa y con un tono sarcástico en la voz.

-¿A sí? No me digas. – dijo Dia siguiéndole el juego – Pues me han dicho que en el hospital están buscando gente voluntaria para donar sangre y algún que otro riñón, a lo mejor deberías ir Polly. – dijo sonriente. Ella torció el gesto. – Bueno,¿quieres que te lleve?

-¿Y perderme una larga caminata hasta la escuela? – dijo ella.

-Muy bien, este es un país libre – dijo, dando un poco de gas.

-¡Espera! – exclamó la chica – No me has dejado acabar... iba ha decir que lo sacrificaré para no dejar que te vallas solo.

-Ya – dijo él mientras Polly se montaba detrás de él a cierta distancia. – Por casualidad no te habrás traído el casco en tu mochila.

-No, hoy llevo los libros – dijo ella.

-Muy bien, en ese caso no me hago responsable de lo que pueda pasar. – dio gas a la moto un par de veces y terminó diciendo – Será mejor que te agarres. – soltó el freno y la moto volvió a salir disparada.

Mientras conducía a la mente le vinieron los recuerdos de cuando conoció a Polly. El primer año que Dia pasó en preescolar fuel el peor, tenía cinco años. Los demás niños no se acercaban a él, decían que le tenían miedo y cuando él pasaba por su lado se iban corriendo. Cuando se les unía para jugar con ellos al escondite, hacían que el se la quedara para luego marcharse y dejarlo solo. El se pasaba horas buscándolos en todos los lugares en los que se podían esconder, hasta que los veía por hay jugando a otro juego. También se metían con el por no tener padre y por que su nombre era demonio, él siempre se iba a una esquina a jugar con un coche o algún otro juguete. Era su último año en preescolar, estaba en la esquina, jugando con una pelota grande que botaba mucho, se le escapó y una niña la cogió. El agachó la mirada "Seguro que se va corriendo con la pelota" pensó cabizbajo. Entonces para su sorpresa la niña se le acercó y le dijo "Se te ha escapado la pelota,¿verdad?". Él se fijó en la chica, tenía el pelo castaño oscuro que ni le llegaba a los hombros, pero con el tiempo fue creciendo, unos ojos azules que lo miraban con sincera amabilidad, una nariz pequeña y llena de pecas al igual que los grandes mofletes. "Si" dijo él débilmente. "¿Puedo jugar contigo?" preguntó la niña, haciendo que él se sintiera más confuso. "¿No te doy miedo?" preguntó él. "¿Por qué tendría que tenértelo?" dijo ella "Mi nombre es Polly Vamps, ¿cuál es el tuyo?" Él dudó, no sabía si decírselo o no, a lo mejor si se lo decía la asustaba y se iba corriendo, Polly lo miraba expectante. Al final cedió a la presión y dijo "Mi nombre es Fuentes...Diaboli Fuentes" La niña lo miró durante un momento con curiosidad, él temió que se fuera, entonces Polly sonrió. "Muy bien, te llamaré Dia" Pasaron todo el día juntos, dibujando, corriendo, riendo... Desde entonces habían sido inseparables, habían estado juntos en primaria, en secundaria y en bachiller, aunque Polly se saltaba muchas clases. Hasta se habían metido a la vez en la banda que dominaba la zona donde se encontraba su instituto, los "Latins Demons". Allí habían hecho más amigos, pero sin duda, su mejor amiga era Polly.

Dia volvió a evocar en su mente la imagen de la pequeña Polly y sonrió. Las pecas con los años habían desaparecido, y también la típica inocencia de esa edad, pero por lo demás era la misma niña que un día le abrió la puerta a la felicidad.

-¿Por qué sonríes? – le preguntó Polly. Habían parado en un semáforo en rojo y había estado observando a Polly para compararla con la niña que conoció hace trece años.

-¿Cómo sabes que estoy sonriendo? – preguntó, dado que ella no podía verle la boca desde donde estaba.

-Siempre que sonríes, los ojos te brillan de una manera... – explicó ella sin terminar de encontrar la palabra para describirlo – a demás Dia, se te forman hoyuelos en la mejillas – dijo Polly con desdén.

-Eso no es verdad – dijo Dia.

-Pues claro que no, ¿yo no miento? – dijo mirándose las uñas.

-A, ¿no? – dijo él, alzando una ceja. Nunca supo lo que ella le iba a contestar, puesto que en ese momento aparecieron tres motos que se colocaron a su derecha.

El chico que conducía la moto que estaba más próxima a él le resultaba vagamente familiar. El chico giró la cabeza y pudo verlo mejor. Entonces fue cuando lo reconoció. Hará como una semana, ese chico y un amigo suyo, que pertenecen a una banda rival, pintaron de rosa el coche de Marco, el líder de la banda y también la moto de Julio, su segundo al mando. También añadieron con blanco la palabra "REINONA" en cada vehículo y los cubrieron con purpurina rosa. Marco se puso echo una furia, al igual que Julio. Descubrieron quién fue y enviaron a Dia a que les hiciera un "pequeño arreglo" a sus vehículos.

Lo que hizo fue destrozarlos con un bate y cuando este se rompió con un martillo. Dejo los coches hechos una pena, pero el ruido de la alarma alertó a los vecinos, que llamaron a los dos chicos. Justo cuando se iba a marchar aparecieron y al no llevar el casco pudieron ver su rostro perfectamente y después no se sabe como, averiguaron su nombre. Dia lo sabía por que en su moto después de las clases se encontró una carta que decía "Estás muerto Diaboli Fuentes" Él, a contrario que pensaran los demás, se rió en mitad del aparcamiento con todos los alumnos mirándole como si estuviera loco. Luego arrugó la carta y la tiró al suelo con desprecio.

El semáforo seguía rojo y el chico lo miraba fijamente con cara de Yo-te-conozco. Dia apartó la mirada, mientras pensaba "Que coño hacen aquí, este es nuestro territorio" Esperaba que no lo reconociera con el casco. No es que fuera un cobarde, es que ese tío contaba con tres de sus colegas que seguramente iban armados, mientras que él contaba tan solo con Polly y su pistola estaba guardada en su mochila. Vio como la expresión del chaval pasaba de reconocimiento a ira y rabia.

-Diaboli – masculló el chico, escupiendo la palabra con un veneno tal que podría matar a una manada de elefantes.

Polly miró al chico con curiosidad. Dia pensó que lo hecho, hecho está, así que adoptó una postura relajada y dijo con todo el desdén que le fue posible:

-El mismo que viste y calza.

En ese momento el semáforo se puso en verde y Dia le agradeció al cielo que le diera algo de cuartelillo. Dio gas a fondo y Polly casi al instante lo abrazó por la espalda, no sin antes soltar un grito de sorpresa.

-¿Qué es lo que pasa? – gritó Polly lo más cerca que pudo de Dia para hacerse oír frente al rugido del viento.

-Luego te cuento. ¿Nos siguen? – preguntó Dia, concentrado totalmente en no chocar contra ningún vehículo.

-Si – dijo Polly, después de mirar atrás – ¿Y tu pistola? – Polly había pasado suficientes años en la banda como para imaginarse lo que pasaba.

-En mi mochila. – dijo Dia.

Entonces se le ocurrió una idea, había un callejón que daba a la escuela, era estrecho pero podía pasar una moto. El callejón no se veía muy bien y estaban cerca así que puso rumbó hacia el. Aceleró un poco más para poner más distancia entre ellos y los que los perseguían. Ya veía el callejón. Dio un giro brusco a la derecha y entró en el a toda velocidad. Polly chilló, pero hizo caso omiso. Al poco tiempo salieron de callejón, la escuela estaba justo enfrente. Entró en el aparcamiento con un chirriar de los frenos y aparcó en la zona para motos. Tenía el corazón a cien por la adrenalina.

-Yo...te...mato – dijo Polly en su espalda jadeando.