Disclaimer: Once Upon a Time no me pertenece. La idea original y los personajes son propiedad de Kitsis&Horowits.
El tema "Somewhere" es parte de la banda de sonido del musical "West Side Story". En mi humilde opinión, la versión de Glee (cantada por Lea Michele e Idina Menzel) es la mejor.
Capítulo 2
Somewhere.
There's a place for us
Somewhere a place for us
Peace and quiet and open air
Wait for us
Somewhere
(Hay un lugar para nosotros
En algún lugar un lugar para nosotros
Paz y quietud y aire libre
Esperan por nosotros
En algún lugar)
Blanca lo recuerda todo. Recuerda aquél tiempo en el que un árbol caído le servía como refugio. Recuerda los fastuosos bailes que su padre solía organizar. Recuerda qué es la Fotosíntesis, como funciona, y cuál es la mejor forma de explicársela a un grupo de niños de cuarto grado. Recuerda las veces en las que estuvo en prisión, en ambas vidas. Recuerda a James y a David. Recuerda a Henry. Recuerda a Emma.
Es extraño, porque lo recuerda todo. Cada detalle. Cada palabra. De las cosas importantes, al menos. Este mundo le suena tan real como el anterior, y es porque lo son. Le suena casi ilógico que dos mundos tan antagónicos coexistan, y que ella exista en ambos sin problemas, sin mayores complicaciones. Y ella ama este mundo porque aquí está Emma, y porque aquí nació Henry, y porque aquí (verdaderamente) comenzó todo. Pero sólo de pensar en el viejo castillo de verano, en sus jardines, en los grandes ventanales por los que se filtra la cálida luz del sol… la hace sentir enferma.
¿Qué habrá sido de todo eso? ¿Del otro mundo? ¿Qué habrá sido de la pequeña cabaña en la que vivía con los enanos, de la playa en la que James le pidió matrimonio, del cuarto que con tanto cuidado habían armado para Emma? En algún lugar están, piensa. Esperándolos. Tal y como Emma los esperó a ellos. Tal y como ellos, sin saberlo, la esperaban a Emma.
James duerme a su lado, sus fuertes brazos rodeándola, sosteniéndola, sujetándola contra su cuerpo. Blanca se gira en la cama para poder mirarlo a la cara. Está sonriendo. Debe de estar soñando. Es increíble como cada célula de su propio cuerpo parece recargarse de energía cuando él está cerca. Estarán bien. Mientras estén juntos, estarán bien. Estira su mano, acariciando distraídamente la mejilla de su esposo, deteniéndose un segundo en la cicatriz de su mentón, sonriendo al recordar aquel primer día en que se conocieron.
- Esa no es la única marca que has dejado…- murmura él, su voz cargada de sueño, sus ojos aún cerrados. Blanca suelta una risita, acercándose más a él, enterrando su cabeza en el pequeño espacio que queda entre el hombro de James y la almohada.
- Cuan encantador de tu parte.- bromea, cerrando los ojos, sintiéndolo reír contra su cabello.
- ¿Cuándo regresan Emma y Henry?- inquiere él, acariciándole la espalda, allí adonde siglos atrás había una mata uniforme de rizos cuidadosamente peinados.
- En cualquier momento, supongo.- responde ella.
- ¿Crees que hicimos bien en dejarlos ir solos? No me siento muy tranquilo…- comenta. Blanca lo entiende. La idea de que Henry y Emma estén solos en la vieja casa de Regina tampoco le agrada del todo.
- Ya aprenderás, cariño, que tu hija ha heredado nuestra terquedad. Si ella dice que no, es no.- contesta. James ríe tan fuerte, con tanta alegría, que Blanca no puede evitar reír a la par. No puede entender, bajo ningún concepto, que le haya costado tanto darse cuenta de que éste hombre era su esposo. Con o sin maldición… se siente estúpida de todas formas.
- ¿Y que más ha heredado? Además de tu belleza.- inquiere él, poniéndose más serio, rodándola en la cama para poder mirarla a los ojos. Blanca sonríe, besándolo en los labios, sin poder contenerse. Había olvidado cuan en casa se sentía entre los brazos de James, cuan abrumador y cuan hermoso podía ser eso.
- Es… una sobreviviente. Sabe lo que quiere, y lo consigue, aunque no siempre por los métodos más ortodoxos…- comienza ella. James asiente, una sonrisa dibujada en sus labios.- Es leal. Es fuerte. Lucha por lo que cree justo. Y tiene tus ojos. Y tu encanto…
- Eso es verdad. Es encantadora. Un poco difícil, sí, pero… es tu hija, después de todo.- agrega él. Blanca lo medita por un segundo. Es verdad. Emma es su hija. No es que no lo hubiera entendido antes, pero en estas últimas horas todo en lo que ha podido pensar es en que ella estuviera bien, en que Henry estuviera bien, en que todos estuvieran a salvo. No se ha detenido a pensar en que Emma es… Emma es su hija. Mitad de ella y mitad de James. Y aún cuando ellos no la han criado… aún así ella sigue siendo suya.
- Ella te quiere, ¿sabes? Siempre te quiso. Siempre intentó protegerte. Aún de mí, de hecho.- dice James, con una media sonrisa. Hay algo en su voz, algo ínfimo y casi imperceptible, que le dice a Blanca que él está un poco celoso de eso. No debería estarlo, pero ella lo entiende.
- Y eventualmente te querrá a ti. Dale tiempo. Así es como funciona.- dice ella, volviendo a acariciarle la mejilla. James sonríe, mas calmado, y Blanca también sonríe porque aún después de todo, después de los años separados y los problemas que han pasado, aún así todavía poseen la capacidad de sacar lo mejor del otro, de servir como fuente de consuelo, de calma. El sonido de la puerta del apartamento abriéndose de por terminada aquella conversación, y los dos se apresuran hasta el pequeño comedor, esperando oír las novedades que Emma y Henry traen.
- ¿Y qué ocurrió?- inquiere James, deteniéndose frente a su hija. Blanca sabe, con total seguridad, que su esposo se está conteniendo de abrazarla con todas sus fuerzas.
- Nada. Fuimos, abrimos la puerta trasera, buscamos las cosas de Henry y… volvimos.- dice Emma, incómoda, sin mirarla a los ojos. Sólo entonces Blanca nota que James no tiene sus pantalones puestos, si no que está parado en el medio de la cocina usando solo su playera, sus bóxers y sus medias. Tiene que reprimir una carcajada.
- ¿No hay señales de ella, entonces?- insiste su esposo. Emma niega con la cabeza, pero a Blanca le parece que hay algo más que no quiere decir.
- Pero era de esperarse, ¿no? Ella… ella debe creer que ustedes la están buscando.- dice Henry. Es lógico, piensa Blanca. Pero Regina no siempre actúa lógicamente.
- Henry, ¿porqué no llevas tus cosas a la habitación y… les buscas un lugar?- le ordena Emma, con una media sonrisa. Ese simple gesto la hace parecerse tanto a James que Blanca se ve obligada a sentarse en uno de los taburetes del desayunador.
- ¿Entonces?- dice James en voz baja, instando a su hija a que hable, cuando los tres se cercioraron de que Henry ya no puede oírlos.
- No quiero hablar de ella frente a Henry porque… bueno, fue su madre después de todo. Pero hay algo muy raro, algo que no termino de entender.- responde Emma, cruzándose de brazos.- No se llevó nada. La casa estaba intacta. ¿Con cuánto apuro salió? ¿Tan aterrada está? No sé porqué, pero eso me preocupa. No sé que es capaz de hacer si se siente acorralada.- finaliza, sentándose en el taburete vacío. Blanca inspira.
- Cualquier cosa. Regina es capaz de hacer cualquier cosa.- agrega, sin mirar a su hija, diciendo en voz alta lo que sabe que todos están pensando. Emma se pasa una mano por los ojos. Luce cansada. Asustada. Confundida. Blanca se figura que en estas últimas noches, su hija no ha podido dormir. Hay un silencio entonces. Blanca puede casi oír los pensamientos de su esposo. James debe de estar deteniéndose en cada detalle, pensando en cada opción, intentando unir las piezas del rompecabezas.
- Creo que, por el momento, será mejor mantenernos al margen. Ocuparnos de… cuidarnos los unos a los otros, sobre todo a Henry. Sólo el tiempo dirá. Salir a buscarla… no suena muy inteligente.- dice, después de un buen rato, intercambiando su mirada entre su esposa y su hija, buscando aprobación.
- Tienes razón.- adhiere Blanca, sin dudarlo, porque sabe que él está en lo cierto. Emma sólo se limita a asentir.
- Bien. Voy a informárselo al resto.- dice James, dando por finalizada la conversación, subiendo las escaleras hacia la habitación de su esposa para cambiarse. Emma sigue mirando a un punto fijo, su entrecejo fruncido, sus brazos cruzados.
- ¿De qué es capaz Regina exactamente?- inquiere, en voz baja. Sólo entonces Blanca lo entiende. Emma sabe de lo que Regina es capaz en este mundo. Pero las cosas han cambiado ahora. La magia ha vuelto. Blanca lo sabe porque puede verla, de vez en vez, brotando de la piel de Emma. La siente en el aire. La siente fluir a su alrededor. Es difícil de explicar, pero allí está.
- Ella mató a su propio padre, fue responsable de la muerte de su esposo, mi padre, tu… tu abuelo. Sembró el caos en el reino. Atemorizó a todos. Me culpó por el asesinato de mi propio padre. Creó toda esta maldición sólo porque yo cometí un error cuando era pequeña.- explica ella. Emma se mantiene en silencio.- No sé con qué… recursos cuenta en este mundo. Pero es peligrosa. Siempre es peligrosa.- supone que con eso basta. Emma no parece estar lista aún para oír acerca de la magia, del poder que ella conlleva, del daño que puede causar. Es pedirle demasiado. Es apresurarla. Y Blanca no quiere eso. Emma parece satisfecha con la respuesta, porque no indaga más en el tema.
- Voy a darme una ducha.- es todo lo que dice, poniéndose de pie y dirigiéndose a su habitación. Blanca quiere detenerla. Quiere decirle que no debe temer, que todo estará bien, que nada podrá lastimarlos mientras estén juntos. Quiere prometérselo.
Pero eso es algo que también recuerda a la perfección; las incontables promesas que un día le hizo a su hija, cuando ella no era más que un puñado de esperanzas, una patada en su abdomen. Recuerda que le prometió una buena vida, no dejarla sola, pelear para que todos tuvieran un final feliz. Y las cosas no se dieron muy bien. Y Blanca se vio obligada a romper todas aquellas promesas que había hecho, se vio obligada a dejarla sola, a abandonarla, a enviarla a una vida de tristeza y desesperación.
Sabe que Emma no recuerda esas promesas, pero no sabe si eso es mejor o peor. Porque aquellos juramentos fueron hechos a base de amor, de fidelidad, de incondicionalidad.
Y Blanca sabe que Emma tampoco recuerda eso. No lo recordó nunca. Nunca supo cuanto la amaron sus padres, cuanto la desearon, cuanto la quisieron. Nunca supo de las cancioncitas que su madre le cantaba mientras caminaba por el bosque. De las caricias que su padre le daba por las noches. Tal vez si lo hubiera hecho… las cosas habrían sido distintas.
II
There's a time for us
Some day a time for us
Time together
With time to spare
Time to learn
Time to care
(Hay un tiempo para nosotros
Algún día habrá un tiempo para nosotros
Tiempo juntos
Con tiempo de sobra
Tiempo para aprender
Tiempo para querer)
- ¿Abuela?- inquiere Henry, dándole un trago a su chocolate caliente. Está lloviendo afuera. Ha llovido por dos días, sin parar, lo cual les ha dado una excusa para quedarse en pijamas y sentarse en el sillón a tomar chocolate caliente.
- ¿Qué cariño?- inquiere ella, acomodando una pequeña manta sobre sus piernas.
- Nosotros éramos amigos, ¿no? Antes… antes de que todo pasara.- se explica. Blanca sonríe.
- ¡Claro que si! De hecho… bueno, hasta que trajiste a tu madre de regreso, tu eras mi único amigo.- confiesa ella, tomándose un trago de su propio chocolate. Henry parece conforme.
- Tu me diste el libro porque me querías, porque éramos amigos… y nunca sospechaste nada.- dice él. Es una observación, no una suposición. Y está en lo cierto. Henry siempre fue su alumno favorito. Tal vez porque pasaba mucho tiempo solo, y ella también lo estaba. Tal vez porque los dos sentían que algo les faltaba. Tal vez porque tiene los mismos ojos que James.
- Yo siempre te quise y siempre te querré.- murmura, abrazándolo por los hombros, dándole un beso en la frente. Henry no opone resistencia. Blanca se figura que a otro niño de su edad le molestaría que lo estén abrazando pero, de nuevo, Henry no es como los otros niños.
- Yo también te quiero. Siempre te he querido. Tu eras la única persona que era buena y dulce conmigo porque me quería realmente, y no porque yo fuera el hijo de la alcaldesa.- dice él. No está triste. No tiene porqué estarlo, no ahora que recuperó a su familia, que consiguió aquello por lo que tanto luchó. Pero Blanca no puede evitar pensar en cuan triste debió haber sido la vida de su nieto antes, cuando vivía con Regina. Ella sabe, tal vez mejor que nadie, cuán difícil puede ser sentirse solo, no tener compañía, no tener contención, especialmente cuando eres un niño.
- Me alegro de que así haya sido.- es todo lo que puede decirle. Henry asiente, dejando su taza vacía y acomodándose más en el pequeño sillón. Emma llega a casa entonces, quitándose el mojado abrigo y las botas, mascullando en voz baja cuán cansada está de la lluvia.
- ¿Chocolate?- inquiere Blanca, poniéndose de pie y buscando otra taza aun antes de que su hija conteste a su pregunta. Emma solo asiente, tumbándose en el sillón al lado de Henry, colocándose la manta en las piernas y frotando sus manos para entrar en calor.
- ¿Qué hicieron hoy?- le pregunta a su hijo.
- Visitamos a Roja y a Ella y miramos televisión. Almorzamos con el abuelo. Hablamos.- contesta él, acercándose a su madre para que ésta lo abrace. Y ella lo hace. Blanca sonríe ante el gesto. Es increíble como, gradualmente, Emma se va sintiendo más cómoda alrededor de ellos. Con Henry sucede así, al menos. Con ella no tanto. James… ya es otra historia.
- ¿De qué hablaron?- inquiere ella, tomando la taza que su madre le tiende, dándole un trago. Blanca se sienta en el otro lado del sillón.
- De que la abuela y yo siempre fuimos amigos. De hecho, antes de que tu llegaras, yo era el único amigo que ella tenía, y ella era mi única amiga.- dice él, casi orgulloso, echándole una mirada a su abuela. Blanca asiente.
- ¿Cómo podía yo resistirme a un pequeño tan encantador?- bromea ella, y Henry suelta una carcajada.
- ¿Entiendes? ¡Encantador! ¡Porque así es como le dice al abuelo!- le dice él a su madre, y Emma asiente, sonriendo a medias. Y ahí está de nuevo. La media sonrisa. La misma media sonrisa que su esposo le dio un par de días atrás cuando comentó, al borde de los celos, que su hija la quería, le era incondicional. Emma también se siente así. Blanca lo sabe. Blanca sabe que Emma reciente todos esos años de la vida de Henry que se perdió, que no pudo compartir. Y ella la entiende mejor que nadie, porque ese es también su dolor.
- Henry perdió su primer diente en mi clase, ¿lo recuerdas?- dice, porque se le ocurre que son cosas que Emma quiere saber, que quiere compartir, y Blanca quiere decírselas, quiere contárselo todo.
- ¡Sí! ¡Se me salió en el medio de la clase! Este, el de aquí adelante.- le explica a su madre, mostrándole el diente. Emma sonríe.
- ¿Y qué pasó?- inquiere, interesada, dándole otro sorbo al chocolate caliente.
- Salía mucha sangre, y yo lloré mucho…
- No tanto, sólo un poco…
- Y la abuela me llevó al baño y me ayudó a limpiarme, y todos los otros niños se reían de mi. Pero a mi no me importó, porque sabía que me iban a dar dinero por el diente.- continúa él. Blanca conoce la historia, pero lo deja a él contarla de todos modos.- Y la abuela buscó una cajita y lo pusimos ahí, y lo llevé a casa. Y se lo mostré a mi madre y le dije que iba a ponerlo bajo la almohada y que esperaría a que el hada de los dientes se lo llevara, pero ella dijo que el hada de los dientes y la magia y esas cosas no existían, lo cual es estúpido, sobretodo viniendo de ella.- comenta Henry, haciendo que su madre y su abuela estallen en una carcajada.- Supongo que a ella le convenía que yo no creyera en esas cosas, ¿no? Así que no me dio dinero, solo tomó la cajita con mi diente y la guardó en algún lugar. Y yo estaba triste por eso. Pero al día siguiente fui a la escuela y encontré un paquetito en mi pupitre con unos chocolates y unos dulces adentro con una notita que no recuerdo que decía…
- Que tenías que aprovechar a comértelos antes de que volviera a crecerte el diente y te salieran caries.- dice Blanca. Henry asiente.
- Eso. La abuela me los había dado, y me hizo jurar que no le diría a nadie. Y no lo hice. Comimos algunos en el almuerzo y el resto me los comí a escondidas, debajo de las sábanas, esa misma noche.- finaliza, contento. Blanca le sonríe. Nota entonces que Emma la está mirando con detenimiento.
- Yo perdí mi primer diente en Navidad. ¿Quieres oír la historia?- le pregunta a Henry, pero aún mirando a su madre de reojos.
- ¡Sí, dime!- dice él, entusiasmado. Emma comienza a contar entonces de una Navidad cuando, siendo pequeña, mordió uno de los bastones de caramelo que habían enviado al orfanato en el que vivía y se le salió uno de los dientes. Blanca escucha con detenimiento, con atención, guardándose cada detalle, atesorándolo.
- ¿Porqué no vas a bañarte así estás listo cuando el abuelo venga a cenar?- le dice a Henry cuando termina la historia. Es la primera vez que Emma menciona el hecho de que Blanca y James son los abuelos de su hijo. Es un gran paso, piensa Blanca. Es cercano a asumir que son sus padres. Se quedan en silencio entonces, comenzando a preparar la cena. Blanca cocina mientras Emma pone la mesa, y Henry busca sus cosas y se mete en la ducha.
- ¿Mary?- dice Emma, cuando ya ha terminado con su tarea, apoyándose en la mesada de la cocina y mirándola con detenimiento. Blanca quiere decirle que ese no es su nombre, pero ha aprendido que con eso no logra nada.
- ¿Qué ocurre?- inquiere, con voz dulce. Su hija parece meditar por un segundo lo que va a decir.
- Gracias por cuidarlo todo ese tiempo. Me… me tranquiliza saber que aún cuando Regina siempre fue difícil… al menos él te tenía a ti.- murmura, estirándose para robar una de las rebanadas de tomate que Blanca acaba de cortar.
- No debes agradecérmelo, Emma. Es lo mínimo que podía hacer, después de todo. Y él… él tiene razón. Hasta que tú llegaste, él era mi único amigo. Luego las cosas cambiaron.- se explica. Emma sonríe. Blanca no la ha visto sonreír así en días. Es una sonrisa simple, despreocupada, sincera. Sólo entonces Blanca entiende cuánto ha extrañado a esta Emma. A su amiga. A la que sonreía despreocupadamente y se quejaba de la lluvia.- Tú eres mi mejor amiga, Em. Lo sabes, ¿verdad?- agrega, porque cree que debe decirlo, porque cree que Emma debe oírlo, necesita oírlo.
- ¿Aún eres esa persona? La que… la que era sólo mi amiga.- dice ella. Blanca entiende entonces que esta no es una conversación casual, que esto ha rondado por la mente de su hija antes, que esto la preocupa. Sonríe ella entonces de forma simple, despreocupada y sincera. Le sonríe a su hija, limpiándose la mano en el delantal para poder acariciarle la mejilla. Emma no la mira, pero tampoco opone resistencia.
- Siempre seré tu amiga, Emma. Eso no lo cambia nada.- promete.
- Pero eres más que sólo eso ahora, ¿no?- dice Emma, sonriendo otra vez. Blanca asiente, consciente de que está a punto de llorar, de que el repentino cambio de actitud de su hija la está emocionando en sumo grado.
- Si tú lo aceptas… así será. Sólo si tú lo quieres.- murmura. Emma parece meditarlo por un segundo.
- Me tomará tiempo.- es todo lo que dice.
- Sé esperar. Sé ser paciente, puedo esperar… todo el tiempo que necesites.- responde ella, intentando no sonar demasiado entusiasmada. Sólo entonces Emma la mira. Sus ojos son claros, profundos, iguales a los de James. Su voz es apenas un susurro, como si ella también se estuviera conteniendo.
- Bien. Puedo intentarlo.- finaliza.
- Bien. Podemos intentarlo.- dice Blanca. Se miran por un segundo. Emma toma la mano de su madre en la suya, dándole un apretón. Es una promesa. Una posible. Una que ambas intentarán, por todos los medios, de cumplir.
III
Someday
Somewhere
We'll find a new way of living
We'll find a way of forgiving
Somewhere
(Algún día
En algún lugar
Encontraremos una nueva forma de vivir
Encontraremos una forma de perdonar
En algún lugar).
No deben ser siquiera las ocho de la mañana. No ha terminado de amanecer del todo. Sin embargo, Blanca no puede volver a dormirse. Una pesadilla la ha despertado hace unas horas, y desde entonces ha girado en la cama sin cesar, intentando en vano conciliar el sueño. Ni siquiera el calor y la seguridad de los brazos de James pueden calmarla. Decide que debe darse por vencida cuando ve que el sol ya ha comenzado a salir, y se desliza de la cama con cuidado, para no despertar a su esposo, vistiéndose silenciosamente y dirigiéndose a la cocina. Se sorprende cuando, al abrir la ventana, la tenue luz de la primera mañana le muestra una figura extraña durmiendo en el pequeño sillón. Se acerca para mirarla mejor. Emma duerme pesada (e incómodamente) debajo de un nido de mantas. Se ha atado el cabello de forma desordenada, y se abraza fuertemente al control del televisor. Blanca aprovecha la ocasión para mirarla con detenimiento. Es hermosa, y no lo dice sólo porque se ella sea su hija. Bueno, puede que eso tenga que ver, puede que le nuble un poco su percepción, pero no es sólo eso. Emma es fuerte y vulnerable al mismo tiempo. Es dura y es dulce. Da más de lo que espera recibir. Tiene los ojos de James y su sentido del humor, y tiene un par de cosas de Blanca también. Ella las nota. Y, sin embargo, por mucho de ellos que tenga, Emma sigue siendo única. Inigualable. Y Blanca no podría estar más orgullosa de su hija. La invade entonces una oleada de cariño que es incapaz de contener, y estira su mano para acariciarle el cabello, la frente, la mejilla. Al principio, Emma sólo sonríe en sueños. Y Blanca sonríe también. Pero entonces Emma parece entender que aquellas caricias no las está soñando, y se despierta sin aviso, casi saltando del sillón.
- ¿Qué… qué estás…?- está tan dormida y tan asustada a la vez que no puede decir nada más. Blanca se aleja de ella, dándole espacio.
- Nada, yo sólo quería… estabas durmiendo ahí y…- ella tampoco sabe que decir. Cualquier cosa que diga hará sentir a Emma más incómoda. Su hija suspira, frotándose los ojos, intentando tal vez eliminar los últimos rastros de sueño.
- Tienes que dejar de hacer eso.- murmura. Blanca frunce el ceño.
- ¿Hacer qué?- inquiere, confundida.
- Mirarme como si yo fuera… no sé qué cosa maravillosa.- se explica, incorporándose del todo para quedar sentada en el sillón. Su madre le sonríe, sentándose a su lado.
- Eso va a ser difícil.- dice, medio en broma, dándole un golpecito juguetón con el codo. Emma no dice nada al respecto, así que Blanca decide que cambiar de tema es la mejor opción.- ¿Dormiste aquí?- pregunta. Emma asiente.
- Sí, tuve… tuve una pesadilla, y no podía volver a dormirme. Supongo que me quedé dormida mirando la televisión.- se explica.
- ¿Quieres hablar acerca de eso?- le pregunta Blanca.
- No en realidad.- responde Emma, dando el tema por terminado. Blanca respeta eso, respeta los tiempos de su hija. Ha aprendido que Emma avanza a su propio ritmo, que no tiene sentido apresurarla.- Parece que va a ser un lindo día, ¿no?- agrega su hija, mirando por la ventana hacia el diáfano cielo que comienza a aclararse.
- Estaba pensando salir a caminar por el bosque, de hecho. A tomar aire fresco.- comenta. Emma sólo asiente, aún mirando por la ventana. Blanca lo medita por un segundo antes de continuar.- Puedes… puedes venir conmigo, si quieres.- agrega, intentando no generarse muchas expectativas. Por un segundo, Blanca cree que Emma está buscando la manera más dócil de decirle que no. Pero entonces sonríe, poniéndose de pie.
- Dame cinco minutos.- es todo lo que dice, corriendo silenciosamente escaleras arriba. Blanca sonríe brillantemente, sin siquiera intentar ocultar su entusiasmo, mientras le escribe una pequeña nota a James para que sepa adonde están.
-oo-
- Solíamos hacer esto todo el tiempo…- comenta Blanca, mientras caminan a paso lento por uno de los pequeños senderos que bordean el río. Intenta hacer eso, a veces. Mostrarle a Emma que recuerda ese tipo de cosas, que no ha olvidado quién solía ser, que esa persona aún vive dentro de ella. Y Emma siempre responde con una pequeña sonrisa que trata de ocultar pero que, a los ojos entrenados de su madre, no pasa desapercibida. Caen en silencio de nuevo. No es, sin embargo, un silencio incómodo. Se limitan simplemente a disfrutar de la compañía de la otra. Blanca nota entonces que aquí, en este bosque, no ha visto nunca animales.
- ¿Has visto alguna vez un ciervo?- le pregunta a su hija. Emma frunce el ceño.
- ¿Un ciervo? ¿Cómo… Bambi?- responde, estirando su mano para arrancar una de las flores del arbusto más cercano. Su madre no puede evitar reír ante ese comentario.- ¡Oh, lo siento! ¡Perdóname por ser tan inculta en el tema, Señora "Le canto a los pájaros y ellos me responden"!- agrega Emma. Está bromeando. Blanca lo sabe. Sonríe y está bromeando y eso sólo la hace sentir más feliz, reírse más aún.
- No hay muchos pájaros aquí, ¿has notado eso? No hay pájaros, ni conejos, ni ciervos, ni nada. Se siente extraño, eso es todo.- confiesa. Es la pura verdad. Hasta el momento, Blanca no se había detenido a pensar en nada de eso porque había tenido cosas más importantes en que pensar. Pero ahora que puede relajarse un poco… ahora si nota la diferencia. El río hace una curva, formando una pequeña playa al costado del camino, y Emma se sienta sobre una de las grandes piedras a descansar, sus botas apenas rozando la superficie del agua. Blanca se sienta a su lado.
- ¿Cómo era… como es ese lugar?- inquiere después de unos segundos, llevándose las rodillas al pecho, colocando su mentón en una de ellas.
- Enorme. Tan grande como este. Hay… bosques, y lagos, y montañas también. Pero es mucho más que sólo eso. Es hermoso.- le explica, intentando no pensar demasiado en eso. No va a mentir, una parte de ella lo extraña. Detenerse a pensar en eso… sí, no es bueno.
- Y… ¿cuál es tu lugar favorito?- insiste Emma, sin mirarla, con la vista fija en la otra orilla. Blanca lo medita por un segundo.
- El Castillo de verano.- responde. Sólo entonces su hija la mira, invitándola a continuar.- Mi padre lo construyó para mi madre antes de que ella muriera. Solíamos pasar allí los meses de la primavera y el verano. Los pocos recuerdos que tengo de mi madre… bueno, sucedieron allí. Es un lugar hermoso. Queda… en el medio de un lago, entre las montañas, rodeado por un vasto bosque. Es grande y luminoso. Todas las ventanas tienen estos complicados dibujos de colores. Cuando le da el sol… es hermoso. Tu padre y yo vivíamos ahí, nos casamos ahí y allí nos quedamos. Ahí teníamos… teníamos pensado vivir por siempre. De hecho… habíamos armado tu cuarto. Tenías todas tus cosas. Tu cuna y tus juguetes y los regalos que todos te enviaban. Había… una pequeña glorieta, en uno de los patios, debajo de los árboles. Siempre nos sentábamos allí. Tú y yo, digo. Me gustaba… me gustaba sentarme allí. Hablarte. Y creo que a ti te gustaba también, porque siempre te movías. Era un lugar hermoso, mágico. Era nuestro hogar.- finaliza. No puede decir mas. No sabe porqué hablar de eso le provoca tanta tristeza, tanto dolor. Tal vez tenga que ver con que allí, por un tiempo, ella y James realmente creyeron que serían felices por siempre. Que Emma nacería y ellos la cuidarían y tendrían… tendrían otros hijos, una gran familia. Blanca ni siquiera puede pensar en tener más hijos ahora. No cuando teme tanto por la que ya tiene, cuando no puede siquiera asegurarle o prometerle a ella que estará bien.
Emma está llorando. Intenta ocultarlo pero, de nuevo, Blanca la conoce demasiado como para no darse cuenta. Ella no quería hacerla llorar. Si de ella dependiera, su hija no derramaría una sola lágrima más por el resto de su vida.
- Era acerca de ti la pesadilla que tuve. De ti y de Henry y de David. No dejo… no dejo de tener estos sueños horribles acerca de ustedes.- murmura su hija, limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano. Blanca la ayuda, limpiándole las mejillas con su pulgar, acercándose a su hija tanto como la roca les permite.
- Está bien, Em. Está bien que estés asustada…- comienza ella, pero Emma niega con la cabeza.
- No está bien, no es justo.- dice, sin levantar el tono de voz.- Quiero conocerte. Quiero saber quién eres tú, y quién es él, y como llegamos aquí. Pero cada vez que intento acercarme hay algo que me lo impide.- sigue murmurando, como si temiera que alguien más pudiera oírla, y su voz se quiebra de vez en vez a causa del dolor, del llanto contenido.- Toda mi vida me la he pasado buscándolos, buscándote. Y ahora que los encuentro… todo en lo que puedo pensar es en que pueden volver a separarnos en cualquier momento. Y yo… no toleraría eso. No podría estar sola, lejos de mi familia otra vez.- finaliza, sus claros ojos brillando detrás de las lágrimas. Blanca puede sentir sus propias lágrimas bajándole por las mejillas, la pena anudándole la garganta, las palabras de su hija rompiéndole el corazón. ¿Qué se supone que debe decirle? ¿Cómo se supone que debe calmarla, quitarle los miedos, cuando ella misma teme por eso, cuando ella misma no puede dormir por las noches? Emma tiene razón, es injusto. No debería ser así. Es injusto que, después de todo este tiempo, el miedo que Emma siente sea mayor a sus ansias, a su curiosidad, a su amor. Y Blanca la entiende porque su propio miedo le es tan propio y tan familiar como el amor que siente por su hija.
- Escúchame, Emma.- le murmura, controlando su propia voz, tomándola de las mejillas.- No puedo prometerte que estaremos bien, que nada va a ocurrir. No puedo prometer eso, por mucho que quiera. Tu no lo recuerdas, pero una vez hace tiempo te prometí eso… y me destroza saber que no cumplí esa promesa.- hay una parte de ella que no puede continuar hablando, que acaba de romperse, de darse por vencida. Pero los expectantes ojos de su hija piden más, necesitan más. Emma la necesita. Y Blanca encuentra entonces la fuerza necesaria para continuar.- Pero puedo prometerte que sea lo que sea que pase, lo enfrentaremos juntos. Mientras que de mi dependa, haré todo lo posible por mantenerte a salvo, a mi lado, para que nuestra familia no vuelva a sufrir.- le dice. Emma no parece conforme. Blanca sabe que, en el fondo, su hija no sabe si puede confiar en ella. Entonces dice lo primero que se le viene a la mente.- Yo tengo fe en ti, Em. Ahora necesito que tú tengas fe en mi. ¿Puedes hacer eso?- inquiere. Entonces Emma sonríe. Sonríe a través de las lágrimas. Sonríe con su cara, con sus ojos, sus hombros se relajan. El mensaje le ha llegado.
- Por supuesto.- responde, mirando a su madre con detenimiento, casi de forma infantil.- Y lo digo en serio. No saldré corriendo en cuanto te des la vuelta.- agrega, bromeando. Blanca suelta una carcajada y, sin poder contenerse, abraza a su hija con fuerza, sosteniéndola contra su propio cuerpo, apoyando su cabeza en su hombro, llenándose de su esencia. Emma no opone resistencia. De hecho, rodea a su madre con sus brazos, abrazándola también. Blanca suspira, acariciando el cabello de su hija, deteniéndose en ese momento por cuanto se le permita. Ha abrazado a Emma antes. Un par de veces, de hecho. Pero hay algo distinto en este abrazo, algo nuevo, algo intrigante. Es casi como si, por un segundo, Emma y ella fueran una sola. Como si el tiempo se detuviera. Como si el rio dejara de correr. Blanca abre los ojos, para encontrarse con que, de hecho, eso es exactamente lo que está ocurriendo. Intenta no asustarse, no aflojar sus brazos, pero la imagen del inmóvil río y la piel de Emma brillando la conmueven, la impresionan. Blanca no ha visto nunca una magia como esta, tan pura y tan profunda a la vez. Emma parece no notar nada de lo que está ocurriendo, y Blanca no se lo hace notar. Su hija se separa de ella después de unos segundos, limpiándose las mejillas, volviendo a su antigua posición. Blanca la mira por un momento, su largo y enrulado cabello brillando bajo el sol, sus mejillas rosadas, sus ojos claros. Se pone de pie entonces, camina hasta el arbusto más cercano, y arranca un par de pequeñas flores amarillas y blancas. Se acerca hasta su hija de nuevo, colocándose a un costado y trenzándole rápidamente uno de los rebeldes mechones de su rubio cabello, entrelazando las pequeñas flores en el medio, tarareando una vieja cancioncita. La piel de Emma aún brilla. Tal vez deberían ocuparse de eso, de estudiarlo, de llegar al fondo de esa cuestión. Al menos ahora Emma ya no intenta reprimirlo, reprimir la magia que la rodea. Eso es bueno, piensa Blanca. No ha hecho una trenza en un largo tiempo. No tiene suficiente cabello ahora como para hacerlo. De hecho, el cabello de Emma le recuerda mucho al suyo, excepto por l claro rubio que heredó de su padre. Aprovecha la oportunidad para acercarse a su hija, para darle algo del cariño que no ha podido darle en los últimos veintiocho años. Ella no se mueve. Se relaja un poco, dejando que las puntas de sus dedos jueguen con el agua que corre bajo la roca. Y es tan simple, tan mágico, que a Blanca le parece que todo ha valido la pena. Ha valido la pena el dolor de entregar a Emma, la incertidumbre, los años de espera silenciosa. Ha valido la pena porque ahora la tiene con ella, ahora puede consentirla, ahora es suya de nuevo. Eso no tiene precio alguno. Blanca finaliza entonces, dándole a Emma un apretón en el hombro.
- Me parezco un poco a ti, ¿no lo crees?- dice su hija, con una risita, mirando su reflejo en la superficie del río. Blanca la abraza por detrás, besándole la coronilla, soltando también una risita. Si se parece a ella. No hay por qué negarlo.- ¿Así usan el cabello adonde tu perteneces?- agrega. Quiere saber más. Quiere saberlo todo. Blanca cree que nunca ha amado tanto a alguien como ama a Emma en este preciso momento.
- Sí. Así se usa de donde yo vengo.- le explica, aún sosteniendo a su hija en sus brazos, mirando el borroso reflejo de sus rostros.- Pero, Emma, pertenecer… te pertenezco a ti.
Emma brilla tanto entonces que Blanca se ve obligada a cerrar los ojos.
There's a place for us
A time and place for us
Hold my hand
And we're halfway there
Hold my hand
And I'll take you there
Somehow
Someday
Somewhere
(Hay un lugar para nosotros
Un tiempo y un lugar para nosotros
Toma mi mano
Y estamos a mitad de camino
Toma mi mano y te llevaré allí
De alguna manera
Algún día
A algún lugar).
A/N: Bueno, espero que este segundo capitúlo haya sido de su agrado! La verdad es que no esperaba tener tantas reviews! El tercer capítulo sale en unos días, y es acerca de James. Así que, hasta entonces, sigan comentando!
