Autora: Spark
Advertencias: Yaoi, lemon, universo alterno
Bien, esta historia la empecé a escribir, recordando todo lo bueno que tuvo este año para mí, aún con todas las complicaciones que tuve x_x sobre pasé las expectativas que tenía de mi misma n_n, además de haber encontrado a personas realmente trascendentales en mi vida. Así que este fic tiene algunas partes de lo que he vivido, la mayoría serán producto de mi imaginación, pero me dio por pensar en cada personaje como uno de mis amigos y demás, jeje. Así que, espero que quien lo lea lo disfrute y que me den sus comentarios y le dedico esta historia a todos mis amigos n_n (aunque muchos de ellos nunca vayan a saber de ella, jeje :P).
-o-o-o-Nagaitsuki-o-o-o-
Los rayos del sol estaban todavía esperando el momento para asomarse sobre aquella faz, para iluminar las nuevas estructuras que había sustituido lo que por siglos la madre naturaleza había formado. Aun así, las calles eran bien iluminadas por millones de paneles, focos y demás proporcionados por la energía eléctrica, gracias a la cual se podía observar el movimiento en las calles. Con cada segundo, la cantidad de seres vivos iba en aumento, así mismo, de las máquinas y demás creadas y conducidas por el ser humano.
- ¡Kanon, ya levántate! – Un hombre de larga cabellera y vestido propiamente, sacude a otro, de iguales cualidades físicas, que todavía estaba enredado entre las sábanas de su cama.
- Ya déjame… no quiero, todavía esta oscuro – responde con desgano sin siquiera abrir los ojos.
- Bien, pues problema mío no es, así que suerte en tu primer día en el herbario – salió de la habitación colocándose su corbata, pues ya era hora de salir si no se quería encontrar con el horrible tráfico de la mañana.
Pasaron pocos segundos, para que la cabeza del hombre adormitado reaccionara, y se levantara de un golpe, con un corazón palpitando a mil por hora, y una adrenalina recorriéndole por el cuerpo, lo que le hizo alistarse en un tiempo récord, y alcanzó a su hermano justo cuando estaba por cerrar la puerta principal.
- ¿¡Por qué no me despertaste!? –
- ¿Que no te desperté? ¡Lo intenté cientos de veces! No me eches la culpa a mí, ya estás grande, te debes cuidar solo –
- Hm, siempre me he cuidado solo –
- Si, como la vez que te enfermase te dengue y casi morías, de no ser por mí… -
- Pues, tú también has necesitado de mí cuando… –
Y aunque discutiendo sobre las incontables veces en las que uno a otro se habían ayudado, iban caminando hacia la estación más cercana, esperando no encontrar tan llena la estación. Siempre que iban juntos era lo mismo, discutían por trivialidades, se peleaban con palabras, muy de vez en cuando con golpes que no eran de mayor importancia, pero ambos sabían que no se odiaban, de hecho, se podía decir que se querían, sí, se querían fraternalmente porque al fin de cuentas, eran hermanos gemelos, hermanos que desde muy pequeños tuvieron que hacerse cargo por ellos mismos.
No podían decir que tuvieran la peor suerte del mundo, habían peores situaciones, de ello estaban seguros, pero no negarían que la pérdida de sus padres fue algo muy doloroso, y más por tener tan poca experiencia en la vida. Primero fue su madre, que por mucho tiempo su cuerpo había estado formando células anormales las cuales producían malestar y por último su muerte, cuando lo gemelos apenas cumplían 7 años de edad; y luego fue su padre, quien por otra enfermedad que no fue tratada a tiempo tuvo que dejar a los gemelos solos a sus 13 años. Aquel señor, como adivino de su infortunio, arregló legalmente todos sus bienes, para que sus únicos hijos no perecieran ante el egoísmo familiar del cual no sabía si serían testigos. Todos sus bienes materiales estaban a nombre de Saga y Kanon De Andreatos, por lo que a su muerte, los gemelos no tuvieron que preocuparse tanto por sobrellevar su existencia.
Ambos terminaron la escuela al mismo tiempo que tenían más del algún trabajo que los sustanciara. Saga trabajaba como asistente de editor en una editorial de libros de literatura, y Kanon había conseguido un nuevo trabajo en el herbario de la Universidad. Fue un momento de suerte, más bien, fue una insistencia de su mejor amigo Sorrento quien le dio la información sobre aquel puesto. Kanon dudaba mucho que lo aceptaran pero, ¿qué podía perder? Al fin y al cabo su hermano también le insistió, siempre le decía que era un holgazán, y para qué negarlo si era cierto, bueno, lo negaba sólo para discutir y molestar a su querido hermano que era tan estricto con él.
Sorrento venía de una buena familia, se podría decir que era hijo único por ser el 15 años menor que su hermana, la cual ya tenía su vida propia lejos de casa. Había estudiado junto a Kanon y siempre lo motivaba. Tuvieron una pequeña relación cuando eran unos quinceañeros, pero decidieron que no era realmente lo que querían, pero siguieron siendo buenos amigos.
Los gemelos tomaron el mismo tranvía, aunque Kanon debía bajarse antes, llegó a su respectiva parada y se dirigió corriendo a su "primer trabajo de adulto". Él no tenía idea de "que era lo que le gustaba", realmente aunque fueran iguales, él y su hermano eran muy diferentes, a Saga le apasionaba la literatura, el teatro y todo aquello que lo hacía ser un hombre culto, mientras que a él le apasionaban los videojuegos, y no sabía que más.
Con el tiempo, la estadía en el herbario era agradable, las personas que laboraban en el lugar eran (a pesar de que muchos ya tenían una edad avanzada) muy animados, realmente, el trabajar ahí le gustaba, le divertía y ganaba dinero por ello. Y aunque él se cerraba a que "estaba ahí porque necesitaba un trabajo", realmente, aprendió a quererlo, conocía tantas cosas nuevas sobre las plantas y sobre la historia que venía con cada una de ellas. No quería aceptarlo, pero aprendió a querer aprender, le daba curiosidad y le fascinaba.
A la hora de almuerzo, siempre se juntaba con Sorrento, y un día, su amigo llevó a otros más.
- Em, Kanon, quisiera presentarte a Valentine – dijo un poco nervioso, no le había contado nada sobre aquel personaje. – Es… extranjero – mencionó sonrojado.
- Hola – saludó Kanon, sin darle mucha importancia, o al menos sin querérsela dar.
- Y ellos son unos amigos de Valentine – habló nuevamente un Sorrento nervioso, sabía que Kanon era tosco con las nuevas personas que conocía, y pero si eran tan parecidos a él, pero solo era cuestión que agarraran confianza.
- Aiacos, Minos y Radamanthys – presentó
Kanon inquirió a los mencionados, no podía dejar de pensar en que realmente eran unas personas muy peculiares, probablemente todos ellos eran de otros países, pero, realmente, ¿tenían que tener el pelo tan largo? Bueno, sólo uno de ellos no era así, era más peculiar aún. Sorrento parecía una cotorra, no dejaba de hablar, mientras los otros reían o al menos intentaban decir algo para adentrarse a la conversación, mientras Kanon consumía sus alimentos sin quitarle la vista al rubio frente a él, quien al saber de aquella atención, quiso intimidar con su sólida mirada y sus singulares orbes color miel; pero no lo consiguió.
- ¿Qué tanto me miras? – inquirió cortando con las risas de los demás en la mesa.
- No se… tal vez tu única ceja – escupió sonriendo de lado, como victorioso por ver "aquella ceja" fruncirse aún más. Los amigos de Radamanthys aguantaron la risa, con un poco de temor, pues ya conocían lo que le agradaba y lo que no.
Y aunque no se conocían para nada, comenzaron con un diálogo muy singular, los extranjeros nunca habían visto a Radamanthys así, entre enojado y divertido, y Sorrento, sólo había presenciado ese tipo de "escenas" de Kanon con su gemelo.
Radamanthys era inglés y no aparentaba nada en serlo por tener un lenguaje muy fluido y sin un acento tan marcado, aunque si era distintivo, algo de lo que Kanon disfrutaba burlarse para sacarlo de sus casillas. A partir de aquella vez, casi todos los días almorzaban juntos, Kanon, Sorrento, Valentine y Radamanthys, resulta que Valentine estaba por una beca de Química molecular, por lo cual conoció y se emparejó con Sorrento quien estudiaba Química pura; y Radamanthys, quien ya era amigo de Valentine, llegó para terminar sus estudios de ingeniería en informática. Kanon se sentía rodeado de puros eruditos, el simplemente, trabajaba en el herbario de Botánica.
Su relación con Radamanthys se fue estrechando. Arreglaban encuentros que fueran más allá que los almuerzos económicos de la facultad, en ocasiones, el rubio le invitaba a comer a lugares más elaborados, o a ver una película. Sin haberse puesto a pensar mucho en ello, había asistido a una cena en un elegante restaurante, donde ocurrió el primer beso entre ellos; un poco tímido, y luego con más confianza, pero no tanta. Sin embargo, habían dos cosas muy importantes en aquel toque: torpeza y sentimientos. Un mar de pensamientos y reacciones a sus cuerpos los atacó, quizás de diferente manera o tiempo, pero ambos pasaban por un pequeño incómodo momento sin saber realmente qué más decir o hacer. Simplemente, decidieron continuar con el postre, y encontraron una plática amena, muy diferente a las otras que habían tenido, ¿había sido, quizás, el beso? De cualquier forma, ambos la pasaron bien y cada uno se dirigió a sus casas por aparte.
Kanon estaba confundido, emocionado, atontado, ¿enamorado?, no sabía, y le daba miedo ya que conocía a la perfección la respuesta, pero no podía dejárselo aceptar. Obviamente tampoco podía poner aquella duda en palabras altas, no se las había planteado a su hermano y menos a su amigo, ni pensaba hacerlo. No interfería con el desempeño de su trabajo, por lo que no quería darle tanta importancia. Aunque el jefe del herbario, Shion Arles, era todo un bribón, por lo que disfrutaba fastidiarlo cuando lo encontraba en sus cavilaciones, o cuando lo encontraba soñando despierto. Y sentía frustración, al no hallar forma de defender cuando todos se reían ante su notorio sonrojo.
Los viernes, el inglés lo esperaba para ir a tomar un trago en algún lugar, comer, o simplemente pasear por ahí, que fue lo que hicieron. De hecho, Kanon decidió que era momento de presentarlo con su hermano. Esa idea le confundía aún, pero realmente Saga se preocupaba mucho por él, e insistía en conocer sus amistades. Claro que se lo negaría las veces que fuera gracioso, para luego rendirse ante sus exigencias, que al fin y al cabo, no le importaba el cumplirlas. Pero ahora sí importaba, y ello transformaba a su cerebro en un laberinto donde las ideas se perdían y no hallaba respuesta clara.
Estaban caminando por un pequeño mercado con bazares de chucherías decorativas y demás, cuando Kanon quedó petrificado frente a una ventanilla, a lo cual el inglés se acercó para descubrir qué lo embobaba tanto.
- ¿Qué tanto miras? – preguntó intrigado ya que a través de la vitrina se observaban varios cartuchos, discos, cables, y cajas con variedad de dibujos.
- Oh, Dioses, es el God of War ascension! *O* - Radamanthys lo miró intrigado, claro que había jugado videojuegos, pero, la expresión de su acompañante era mucho más que por alguna entretención, quizás una pasión. Mientras pensaba y observaba sintió que era tomado por la muñeca para ser introducido a aquel local.
- ¡Qué! ¿Y se supone que es una oferta? Ja… mejor métaselo por el… - y era un Kanon alegándole al pobre geek vendedor, y Radamanthys solo observaba divertida la escena. Claro que no lo detendría, si no, le tocaría a él llevarse los "halagos".
El apretón en su muñeca volvió a sentirse, esta vez para salir del lugar, con un Kanon totalmente molesto y alegando sobre la inflación, el capitalismo y todo lo que tuviera que ver con que las cosas estén a un alto precio.
- Vamos, no es cualquier cosa, además, sólo tienes que comprarte el juego, no es para tanto – Intentó razonar.
- Hm, tal vez para ti, pero… *suspiro* no importa, le diré a Sorrento que lo consiga, jeje :P –
- ¿y por qué él? –
- El sí tiene consola, aunque a veces él me alega que sólo lo quiero por sus videojuegos, ya veces me pongo a pensar en si podría ser o no cierto – dijo divertido imaginándose la reacción del mencionado.
Seguían caminando lentamente, disfrutando del inusual viento frío que les agradaba, hacia la casa de los gemelos, cuando de repente, una gota cayó del cielo, seguida rápidamente por muchas otras que, como si fuera magia, hizo que todas las personas despejaran las calles.
Ya estaban a un par de cuadras de su casa, así que nuevamente tomó la muñeca del rubio, y empezó a correr. Casi de inmediato escuchó quejas e intentos de soltarse de aquel agarre, sin lograrlo. La lluvia arreció rápidamente y en el pórtico de la casa, Kanon buscaba desesperadamente las llaves, momento en el que terminaron por empaparse completamente, y el rubio se había arrepentido de no quedarse resguardado seco en algún local.
Al fin, la puerta principal pudo ser abierta, pero se tenían que quedar en la entrada para no empapar todo lo demás. – Espera aquí – le ordenó Kanon mientras se quitaba su ropa húmeda – traeré toallas. Y sin darle mucha importancia, se alejó únicamente con su bóxer en su cuerpo, a lo que el rubio se quedó observando con intriga. Se quitó su ropa al igual que aquel chico, quedándose en su ropa interior. Cuando, sin verlo venir, sintió en su cara aquella tela absorbente.
- Oye, trata mejor a tus invitados – comenzó a secarse viendo como Kanon se reía de él.
- Vamos, te estoy tratando bien en comparación a como trato a los demás – Se dio la vuelta, secando sus alborotados cabellos – mi hermano no ha llegado, qué raro – dicho eso, sintió la cercanía de un hombre, atrapándolo por la cintura por unos poderosos brazos, y todo su cuerpo chocando con el suyo. Se quedó atónito, no supo cuánto tiempo había pasado de aquello, cuando sintió unos labios pasearse por su cuello y espalda, lentamente, efímeros. Cada toque, causaba un toque eléctrico, algo nunca antes experimentado, pues nunca había llegado a tanto con Sorrento y ciertamente se alegraba de ello.
Cerró sus ojos, permitiéndose exclamar los incontenibles gemidos, que además de recibir pequeños besos, su vientre y pecho expuestos eran explorados por unas manos inglesas, las cuales luego de su exploración se concentraron en el elástico de la única prenda, bajándola poco a poco, sin perder detalle de aquellos muslos.
Kanon no podía frenarlo, quizás estaba en un estado de shock, tal vez lo habían paralizado, o tal vez sólo quería continuar. No podía creer la atención que recibía su virilidad, ni cómo sus glúteos la otorgaban al miembro del invitado. Aunque un poco tímido, quería observar el rostro del iniciador de tales actos, y al mover su rostro hacia un lado, sus labios fueron capturados por los del invitado, nuevamente, sin embargo, este beso era un poco diferente al que sucedió en su primera cena, era un beso más húmedo, más rápido, más caliente. Y ahí supo que no podría más. Se despegó completamente del inglés para llevarlo al lugar donde dormía, donde lo lanzó al colchón colocándose inmediatamente encima y continuando con un beso más elaborado, aunque no dejaba de ser algo torpe. Radamanthys se sorprendió por lo que había recibido y cómo, y eso le gustó.
- Kanon, tu sabor es exquisito – musitó abrazándolo, juntando sus pelvis, moviéndose con inquietud – quiero probar cada parte de ti – susurró, cambiando se posiciones, besando cada parte del cuerpo moreno, bajando su ropa sin quitársela completamente.
Kanon se limitaba a recibir, sintió que Radamanthys le quería dar vuelta, para dejarlo boca abajo, a lo cual colaboró, quería seguir sintiendo esos besos en su espalda, que le provocaban cierta ansiedad. Pero no los sintió, de hecho, eran las uñas del inglés, que le hacían cosquillas con toques suaves y ligeros, toques que le sacaban suspiros.
Le dio su debida atención a la espalda del moreno, deleitándose y creyendo no poder resistir más. Llegó a los glúteos que le habían estado llamando desde hace tiempo, estrelló su mano con ellos, creando un fuerte sonido característico del choque de dos pieles desnudas. Al parecer aquel acto le gustó al recibidor, por lo que lo repitió otra vez, mientras lubricaba con su lengua el lugar a ser explorado.
Creyendo que ya era suficiente, colocó su virilidad en la entrada de su acompañante, y tomándolo por sus glúteos, lo penetró despacio. No dio mucho tiempo para empezar con un movimiento lento, de atrás hacia adelante, acariciando la espalda mojada ahora por sudor de aquel hombre. El vaivén se tornó más veloz, junto con algunas otras nalgadas que al parecer, volvían loco a Kanon, pidiendo por más.
-o-o-
El salir temprano no le había funcionado de mucho. Por la lluvia, todos los lugares estaban atascados de gente. Sin excluir los transportes públicos. Era un horror, la lluvia lo deprimía, y estar con mucha gente le asfixiaba, nadie sabía lo gratificante que le era para él el haber llegado a casa seco y sin trabajo que realizar, sólo disfrutar de la tarde. Al entrar, se llevó una gran sorpresa, encontró en el suelo ropa húmeda, pero no le sorprendía que su descuidado hermano se hubiera empapado, su preocupación radicaba en más ropa de lo normal, en otro par de zapatos, en…
- Ah, ah, Rada… - la voz de su hermano.
Identificó rápidamente que la voz venía de la habitación del menor, con lo que a paso apresurado, y teniendo cuidado de no resbalar con los pequeños charcos de agua en el piso, llegó al umbral de la habitación, sin necesidad de tener que abrir alguna puerta, fue testigo del clímax de su hermano gemelo junto con el de su desconocido acompañante, el cual lo estaba sometiendo.
Al momento de llegar a su orgasmo, escuchó unos pasos acercarse, volteo se rostro hacia un lado, topándose con la viva imagen de Kanon con un rostro lleno de incredulidad, y le causó una gran confusión después de experimentar la libertad de su esperma, dentro del Kanon que ya conocía.
-o-o-o- Continuará -o-o-o-
