Advertencias: Yaoi, lemon, un poco de drama n.n jeje.
-o-o-o-o-o-
Pasaron dos semanas, y en la universidad todo iba como siempre. Aioria actuaba como si nada hubiera pasado aquella noche, aunque, Kanon pudo notar que la cercanía de aquel era mayor. En algunas ocasiones, el castaño le llevaba café, ya que por las mañanas trabajaba como barista, y el gusto por el café era algo que compartían de una forma casi anormal. Ya de por si siempre se sentaban juntos en el laboratorio, el cual era utilizado muchas veces para pláticas de otras personas que se especializaban en ciertas ramas de la biología. Utilizaban esa aula cuando no había otras disponibles, aunque era un poco incómodo por el espacio reducido, que además era compartido con especímenes colectados en frascos y demás.
Aunque a nadie le molestaba, de hecho, a Death Mask y a Afrodita les gustaba que llegaran a dar pláticas con ayuda de cañonera, por lo que apagaban la luz y la habitación quedaba a oscuras para que la presentación fuera mejor vista; ya todos sabían que cuando aquellos dos estaban juntos, se alejaban para no ser testigos de algo indecente; pero no eran los únicos, Shura y June aprovechaban también el momento. Así, cuando la plática se tornaba aburrida, Milo y Camus se ponían a tirarse cualquier tipo de basura o mensajes por papeles arrugados; este par era un tormento cuando estaban juntos, por lo que los profesores siempre los obligaban a sentarse de extremo a otro.
Kanon solo observaba y reía, de vez en cuando compartía algunos comentarios con Shaka a su derecha, cuando de repente, sintió un peso sobre su muslo izquierdo. Disimulando su sobresalto, volteó ligeramente, observando el rostro de Aioria quien actuaba como si estuviera prestando atención a la plática. Kanon no dijo nada, cuando los dedos en su muslo comenzaron a moverse, expandiéndose y contrayéndose. Iba a dejar llevarse, al fin y al cabo, aquello no tenía alguna significancia, ¿o sí?
Justo cuando aquella mano se atrevió a subir más, fue el momento en que la plática había terminado, y las luces fueron encendidas, acto por el cual la mano ajena fue removida con rapidez, sin dar oportunidad a tener más testigos.
-o-o-o-o-o-
- Radamanthys, tengo que decirte algo importante – interrumpe por un segundo la lectura del rubio, quien lo observó de reojo, pero continuó analizando las letras de aquellas hojas.
- Dime… - responde después de esperar por un tiempo más que prudente.
- Em, te conté que salí al bar con mis amigos aquella vez, y todo, ¿recuerdas? –
- Hm… - responde sin darle mucha importancia
- Pues, la pase bien y todo, pero… Aioria intentó besarme – sentía que su corazón se le salía del pecho, quería saber cuál era la reacción del rubio; estaba nervioso como nunca en su vida, y no sabía exactamente por qué. Sin embargo, a pesar de la súbita noticia, los ojos dorados no se movieron de aquellas letras.
- ¿Por qué? – esa pregunta no la esperaba.
- Am, no lo sé, yo no soy quien lo quise besar – dice titubeando – pero no pasó nada – aclara
- Bueno, mientras no hagas nada de eso, está bien – Kanon no podía creer que estaba tan nervioso por esa situación, mientras el rubio pasaba una hoja del libro.
- Rada… ¿Confías en mí? – fue su pregunta para evadir el silencio.
- Sí. – Respondió secamente.
El moreno ya no estaba nervioso, ahora, estaba decepcionado. Imaginaba que al hacerle saber a su novio que estuvo a punto de serle infiel, aquel hubiera tomado una postura más posesiva, que cambiara de carácter, que volviera el deseo por él, algún reclamo o amenaza hacia cualquiera que se atreviera a tocarlo, pero… sólo se escuchaban las páginas del libro de vez en cuando.
Se acostó dándole la espalda, para intentar dormir.
-o-o-o-o-o-
Ese viernes era noche de cumbia. A Kanon no muy le gustaban esos géneros de música, así que ni pensaba en ir. Sin embargo, ya se acercaba el fin de semestre, por lo que los chicos decidieron en asistir a la noche de cumbia y luego continuar la fiesta en la casa de Afrodita.
Aún estaba decidido a no ir, sin embargo, Dohko y Aldebarán le insistieron que fuera, que no sería lo mismo sin él, y al fin y al cabo, accedió a ir, de cualquier forma, no sabía en que otro momento podría experimentar algo similar.
La última clase había dado fin, y ya solo debían realizar el examen final la otra semana, a lo cual nadie lo puso cuidado en las instrucciones dadas por el profesor en ese momento, era viernes en la noche, el último día de clases y ya nadie quería seguir pensando en ello.
- mmm… me preocupa que el profesor intentara explicar algo que venga en el examen final – dice Shaka.
- Vamos, no te preocupes, de seguro no era algo tan importante – anima Mu.
Y todos salieron del aula, aunque Shaka y Mu no iban a asistir a la dichosa fiesta, pero iban a divertirse a su manera. Kanon se despidió de ambos porque, a pesar de tener personalidades tan distintas, habían sido unos amigos muy cercanos, y que le salvaron el pellejo a Kanon un par de veces.
-o-o-o-o-o-
La noche estaba agitada, acordaron en no tomar mucho para no tener algún problema hacia la casa de Afrodita. Esa noche, Aioria estaba más que dispuesto a llamar la atención de Kanon, quiera o no. Así que, sin resistirse, Kanon fue guiado hacia la pista de baile por Aioria, quien lo dirigía y Kanon sólo daba algunos pasos torpes, ya que jamás en su vida había bailado, y menos es tipo de música que sólo había escuchado fuer a de su casa.
Y como siempre con aquel chico, se dejaba llevar. Kanon ya estaba cansado, además que el lugar empezó a llenarse de gente, por lo que decidieron que ya era momento de irse. Aioria, Shura, Camus y Death Mask tenían carro, por lo que se distribuyeron como fuera y todos se dirigieron a casa de Afrodita, siguiendo el carro de Death Mask, para no perderse en el camino.
Milo conocía bien lo mañoso que era Kanon, por lo que había comprado una botella de Whiskey en honor a él, y no estaría satisfecho hasta ver que tomara por lo menos la mitad de la botella. En aquellas condiciones, Kanon no pudo negarse, y gustoso comenzó a tomar aquel licor del cual sí agradaba. Además, Milo también había llevado varios paquetes de cerveza y algunas botellas de vodka.
- Vaya Milo, hoy sí que estás gamonal – nota con cierto recelo Camus.
- No te preocupes Cami… - lo abraza por la cintura pegando sus cuerpos – a ti te traje tu vino que tanto te gusta… - se acerca a su oído – hoy te vas a emborrachar – sentencia, dejando a un Camus curioso.
La música era variada, quizás demasiado variada, de metal pasaba a bolero y de cumbia pasaba country. Pero a nadie le importaba, simplemente estaba la música, bailaba quien quisiera hacerlo, afrodita había hecho bastantes botanas que podían servir como una buena base para el estómago.
- Kanon, estás muy rojo – nota Aioria
- Hm, sólo, es un poco de calor – dice sin mucha importancia, con sus mejillas levemente sonrojadas.
- Vamos al jardín, de seguro está más fresco – lo toma del brazo y lo conduce al jardín, el cual se divide de la sala con una puerta de vidrio.
Kanon seguía tomando de su vaso como si no hubiera mañana, de hecho, la condición que le había puesto Milo ya estaba cumplida, pero Kanon no estaba conforme aún. Sin darse cuenta, Aioria lo tenía arrinconado contra la pared, y el olor del whiskey se mezclaba con el aroma fermentado de la cerveza que expulsaba Aioria. La víctima se tensó, y mantuvo la vista fija en la del castaño, sin embargo no dijo ni una sola palabra, no sabía qué hacer, de hecho, sus pocas ideas estaban un poco confusas.
- Tranquilo – le dice suavemente, posando una de sus manos en su mejilla, para acercarlo y sellar sus labios, levemente, torpemente y rápidamente. Aioria lo observó en todo momento, ninguno cerró los ojos, y tampoco había una reacción totalmente negativa, así que, se animó nuevamente, a probar aquellos labios de whiskey, se acercó, los tocó con sus labios, y para sorpresa del castaño, el beso fue profundizado, además que su rizos estaban siendo alborotados, sus labios y su boca explorada, de una manera casi agresiva, más bien, necesitada.
Se separaron, chocando sus frentes, sus respiraciones agitadas, tocándose el rostro, el pecho, queriendo tocar la piel del otro, moviendo torpemente las ropas sin lograrlo. Una vez más se besaron violentamente, con caricias a los cuerpos ajenos, caricias fuertes que quemaban sobre la ropa.
- ¡Kanon, Kanon! – Dohko llamaba desde adentro de la casa – ¡Kanon, tu teléfono está… o_o ah, lo siento! – salió al jardín, y cuando vio la escena, simplemente se dio la vuelta intentando ignorar lo que acababa de ver; pero, la insistencia del celular era demasiada y podría ser una emergencia. Volvió a sonar, y cuando observó la pantalla del aparato: "Rada". ¿Iba a permitir que aquello continuara? Bien, no era asunto ni debía entrometerse entre las relaciones de los demás pero, Kanon estaba ebrio, y no estaba seguro si Aioria lo estaba.
- Kanon, te está llamando Radamanthys – le dice sin titubear. A lo que el mencionado aleja a quien lo tenía acorralado para atender su llamado.
- Aló –
- Donde estás – sonaba más una orden que una pregunta.
- En casa de Afrodita – su voz era agitada, y arrastraba un poco las palabras.
- ¿estás ebrio? – pregunta incrédulo
- No… sólo… cansado – se queda esperando respuesta – tome un poco de whisky – finaliza
- y qué haces ahí – el repertorio de preguntas/orden ya le había parecido tedioso. Al principio, quiso escuchar la vos del rubio pero, ahora que estaba en estas, no quería nada.
- Te dije que era la despedida de semestre – dijo simplemente, queriendo explicar un poco más, pero siendo interrumpido o salvado.
- Olvídalo, estás ebrio, no hagas ninguna estupidez – al momento de aquella "despedida", sólo escuchó el sonido del teléfono sin una línea del otro lado.
Kanon tenía un remolino de sentimientos en su interior; se arrodilló en la grama, y se sentía furioso, enojado, culpable, triste, necesitado. Aquella llamada había sido sólo para revolverle los pocos pensamientos que podría procesar, y todo lo que sentía podría ser florecido en lágrimas que sentía que se asomaban, pero luego, otro suceso le cambió la perspectiva. Unos brazos fuertes lo rodeaban, un pecho tibio chocaba con su espalda, y el rostro de aquel en el cuello de Kanon.
- ¿Estás bien? – preguntó suponiendo que la plática no había sido amena.
- Si, podría ser peor –
- ¿Cómo? – sin entender por qué exactamente decía aquello.
- Podría no tenerte a ti – sonríe, volteando su cara para poder verlo, y ofrecerle otro beso.
-o-o-o-o-o-
La casa de Afrodita era grande, y había varias habitaciones algunas con más colchones que el anfitrión había preparado para sus compañeros borrachines. La puerta de una de las habitaciones más pequeña se abrió de golpe, mostrando a dos hombres que se devoraban a besos. Entraron a la habitación, y con torpeza cierran la puerta, de golpe, cayendo sobre ella, deslizándose hacia el piso.
- Está frío… - menciona un Kanon sonrojado, con una mirada vidriosa, que permitía a las manos ajenas explorar sin escrúpulos.
- Busquemos un mejor lugar – y dicho eso, el castaño lo carga, regresando algunos pasos sobre sí mismo, e incorporándose nuevamente, llevando a Kanon a la cama, tirándolo sin ningún cuidado y cayéndole encima.
- Oye, estás muy pesado –dijo acomodándose en el mullido colchón.
- ¿Me estás diciendo gordo? – alegó separando las piernas del otro para colocarse entre ellas, colocándose de rodillas.
- jaja, si, y feo – sonríe.
- ya verás, te castigaré – y acto seguido se abalanza sobre el cuerpo en el colchón, besándole el cuello, desabotonando la camisa para besar y mordisquear aquellas tetillas que estaban ya erectas. Kanon gemía, sin siquiera hacer el intento de no ser escuchado, eso no le importaba o recordaba, por ahora solo se concentraba en las atenciones recibidas que hacía mucho tiempo no tenía y le eran tan necesarias.
- ah Kanon, gritas mucho – le dice, colocándole un pequeño cojín que encontró a la mano en la cara.
- Hey, no me asfixies – alega quitándose el cojín del rostro.
- Sólo ponlo en tu boca, nos escucharán los demás – ello si le preocupaba, no por lo que pensaran si no por, el simple hecho de ser descubiertos e interrumpidos. A diferencia de Kanon, Aioria no se encontraba en un estado de ebriedad, el soporte de sus sistema nervioso ante el alcohol era mayor debido a su rigurosa práctica, claro que, el olor de la fermentación de la cerveza es mucho más fuerte que el de la destilación del whisky.
Aioria lo observó por un segundo, quitándole sus pantalones sin ninguna objeción, junto con los interiores de aquel, observando con intimidación aquel miembro en su máximo esplendor. Le intrigaba, y se vio tentado a tocarlo con sus dedos, imitando lo que él hacía con el suyo propio en algunas ocasiones, y entró la duda si debía probarlo o no. Era la primera vez que se encontraba en esa situación precisamente con un hombre aunque tampoco era tan ignorante como para no saber cómo iban las cosas; pero al ver a Kanon totalmente entregado, no pudo evitar pensar en que él estaba acostumbrado a ser el recibidor, aunque por otro lado podría ser que los efectos de la bebida lo tuvieran así, tendido y rendido ante su persona.
- Kanon, eres hermoso – susurró, sin saberse oído.
Sin más preámbulo, colocó su miembro en la entrada del sometido, observando con atención cualquier gesto o sonido de desaprobación en aquel, vio dolor, pero con gemidos, al momento que introducía su sexo. Y él no pudo evitar gemir de igual forma a causa de aquella estrechez.
Supuso que no debía permanecer tanto tiempo quieto, y comenzó con un rápido movimiento de cadera, sin separarse mucho de aquel, escuchando gemidos ahogados entre el cojín, y los rebotes de los resortes de la cama. Se detenía por segundos para acomodar y sujetar mejor las caderas de su acompañante, recobrando los movimientos cortos y rápidos, ambos disfrutando del roce al momento que Kanon se masturbaba recibiendo las embestidas del castaño.
Habían llegado al éxtasis, sus cuerpos estaban un poco más relajados, exhalando rápidamente, aún con la temperatura corporal aumentada debido al alcohol. Aioria saco su miembro, esparciendo de aquel líquido entre las sábanas, sin darle importancia, para luego acostarse al lado de Kanon quien se había acomodado de lado, pero al momento de querer abrazarlo, escuchó un sollozo.
Se asustó, pensó que podría ser cualquier otra cosa pero, al ver el rostro de Kanon, observó lágrimas, lágrimas que caían sobre la nariz, a favor de la gravedad, sus ojos cerrados, intentando cubrir su cara con sus manos.
- Kanon, Kanon – llamaba alarmado, realmente aquello no era nada bueno – Tranquilo, no pasa nada. – intentaba consolarlo. Pero al ver aquel hombre, a quien admiraba a quien le inspiro cosas nuevas, verlo tan destrozado, y luego de haber tenido sexo, lo hacía sentir miserable. Cómo podía consolar a alguien, cuando él mismo necesitaba ser consolado. Por lo que se limitó a abrazarlo por la espalda, sintiendo las manos de aquel hombre en sus brazos, no para separarlos, si no, para fortalecerse más.
- Lo siento… - susurró, audible - Rada… - terminó su frase junto a la cual el castaño tampoco pudo evitar soltar algunas lágrimas, por el hecho que la situación no era como él lo esperaba, y la disculpa era dirigida a quien tenía lastimado a su compañero.
-o-o-o-o-o- Continuará
