Bien, regresé a mi dichosa y acogedora casita (patas arriba) n_nU.
Y bueno, celebrando el nuevo Backtún, quitándome todos los medios de comunicación que me denigran al saber cómo explotaron las tierras bajas de Petén x.x mejor me concentro en escribir algo que no tiene nada que ver.
Jejeje, muchas gracias por los reviews, sus opiniones y sugerencias, realmente me animan a seguir con la historia y cranear un poco más. Bueno, quería publicar algo que tengo en mente en estos momentos, (por no decir que con mi hermana hemos hecho planes para ir a ver El Hobbit y no hemos podido acordar nada .) y espero que lo disfruten, es… un encuentro entre hermanos n_n.
-o-o-o-o-o-
Su cuerpo se movía lentamente por la casa, observando cada rincón sin un entusiasmo que se marcara en su rostro, con unas notables ojeras bajo unos ojos resecos. Se quedó parado entre la sala y el comedor, su estómago gruñía exigente, pero aquel hombre parecía no ponerle atención, tan siquiera para acariciar su abdomen en un vano intento de calmar su hambre. Su mirada clavada en el vacío, hasta que el sonido de su teléfono celular lo desconcertó para atender apresuradamente.
- ¿Rada? – preguntó, no sabía si porque lo deseaba o porque estaba muy seguro de quien sería.
- Cómo te atreves a insultarme así – contestaron de la otra línea.
- ¡Ah! ¡Saga! Que extraño que quieras comunicarte conmigo, ¿necesitas que cuide de Alexander? –
- No, esta vez no. De hecho, quería saber si tenías tiempo para vernos. – Aquella propuesta le sorprende, y hasta le pareció un poco sospechosa, ya que de no ser por las emergencias de cuidar de su sobrino, no habían otras oportunidades de poder verse tranquilamente con su hermano.
- Bueno, pues es domingo, así que no haré nada –
- ¿Nada? Bueno, entonces, ¿quieres ir a ver la película de El Hobbit? Me gané unas entradas – Y por un momento, aparece una sonrisa en el gemelo menor.
- ¡Si, si quiero! ¿Dónde nos juntamos? –
- Bueno, de hecho, ya voy por ti. Te quiero listo en media hora –
- Bien, nos vemos. –
Kanon ya tenía un ánimo totalmente diferente. Aunque pasara la mayor parte del tiempo discutiendo sobre tonterías con su hermano, el verlo después de tantas cosas lo alegraba, aunque con cada paso que daba en la casa no podía evitar extrañar la embriagadora presencia del inglés.
Saga había llegado y la puerta fue abierta con cierta emoción no contenida, y al verse, como si fueran un espejo, no pudieron evitar darse un efusivo abraso, enredando sus dedos en las cabelleras largas.
- Me da gusto verte Kanon… y ver que no has convertido esta casa en un basurero –
- Hey, aquí el desordenado siempre has sido tú –
- mmm… un poco, pero también lo decía por tu noviecito – al decirlo, paso de largo a Kanon, sin observar su rostro. – Por cierto, ¿dónde está? – Y al no obtener respuesta alguna, dirige su vista a su gemelo – Kanon, ¿estás bien? ¿Qué pasó? – Colocó una mono sobre su hombro, con el ligero intento de voltearlo para verse cara a cara.
El cuerpo del menor se estremeció, y de un movimiento rápido, se volteó y abrazó al mayor, dejando que las lágrimas corrieran, dejando a Saga completamente estupefacto, no sin responder nuevamente a aquel abrazo, apretujándolo.
- Se fue – respondió ante aquellas preguntas.
- ¿Cómo que se fue? ¿Qué te hizo? – su furia se iniciaba al ver a su hermano herido sentimentalmente, y recordando que tenía amenazada al inglés. – Ya, ya Kanon… tranquilo – acariciaba su espalda a manera de reconfortarlo; lo mejor era que se desahogara, y luego conocer lo que ocurría.
-o-o-o-o-o-
- Fue mi culpa… me acosté con otro –dictó sin más rodeos.
- Kanon… ¿Por qué? – lo conocía bien y aunque no fueran del todo moralmente perfectos, le sorprendía.
- Mira, no es que busque excusas ni nada por el estilo pero… - este era el único aspecto que le incomodaba hablar con su hermano. – sentía que Rada ya no me quería, ya no… hacíamos nada, y Aioria me dio lo que quería. – terminó su justificación, pensando que al decirlo en voz alta sonaba ridículo y egoísta, y quizás lo era.
- Y cómo se enteró –
- Yo se lo dije – al parecer, ese día, su gemelo menor no dejaba de sorprenderlo.
- Vaya si tienes valor, has de ser muy estúpido – observó la mirada enojada – o realmente has de estar enamorado –
- Pero me arrepiento, y no creo estar enamorado de Aioria – responde un poco confundido.
- No me refería a Aioria –
Ante aquello, Kanon se quedó pensativo un buen rato, viendo a través de la ventana las casas, edificios, gente y demás que iban a su paso. El camino, aún en carro era un poco largo, lo cual les había dado tiempo de poder conversar sobre su situación.
- Te admiro Kanon, pero cuando querías algo, hacías cosas estúpidas para obtenerlo, y creo que sigues teniendo la misma maña. –
- Deja de decirme estúpido, idiota –
- Cállate y pon atención – A lo que un Kanon regañado y con el ceño fruncido se limitó a escuchar – No te voy a decir que la vida en pareja es fácil y menos teniendo un hijo, pero si te sentías mal por algo, debiste hablar con él, en vez de hacer cosas con otros. La intimidad es un punto clave, pero tampoco puedes esperar a que todo sea igual y con los mismos resultados, aunque parezca contradictorio. Y la intimidad no significa sólo sexo y ya, hay tantas cosas tan diferentes de las cuales pueden disfrutar ambos. –
A Kanon le sorprendía mucho aquellas palabras y de cierta forma le incomodaban, pero no dejaba de poner atención, porque pese a todo, Saga podría tener razón.
- Con Pandora también hemos tenido algunos problemas, como cualquier pareja, pero todo eso se arregla aclarando y exponiendo tus ideas, lo que piensas y lo que sientes, porque a veces se puede estar seguro que todo está bien, cuando tu pareja no lo está, y no haces nada porque no estabas enterado de eso. –
- Suena lógico – responde, recordando las veces que intentaba intercambiar pensamientos con Radamanthys. – Pero no es tan fácil. –
- Y las cosas buenas no son fáciles – responde a manera de regaño – por lo que a veces es necesaria alguna ayuda de un tercero, alguien que no esté a favor de ninguno de los dos. –
- Vamos, y quien podría ser ese "tercero", ¿Tú? Je, se lo feliz que has de estar por no volver a ver a Radamanthys –
Saga detuvo el carro de forma inmediata, dirigiendo su mirada directamente a su hermano, una mirada de enojo y frustración.
- ¿Qué estoy feliz? ¡Cómo voy a estarlo si tú, idiota, estás sufriendo por otro idiota! – y sin poder contenerlo tanto, le dio un puñetazo en la cara, no tan fuerte pero lo suficiente como para ladearle la cara y dejarle una leve marca. Y como otro acto impulsivo, lo tomó de los hombros y lo agitó fuertemente – ¡Reacciona Kanon! ¡Si lo amas tienes que recuperarlo! – dejó de menearlo – entiendes… -
- Si… - contestó aturdido, sorprendido. Si su hermano llegaba a ese punto, no podría estar actuando.
Saga se recobraba de su agitada respiración, y se componía su cabellera.
- Lo siento Kanon, pero lo necesitabas… - dijo ya más sereno, volviendo a arrancar el carro para conducir por un par de cuadras hacia el edificio al que se dirigían para poder aislar sus mentes por un rato.
Ambos estaban felices, de las pocas cosas que compartían era aquella afición por las historias de ficción y fantasía, las cuales habían tenido la oportunidad de regocijarse al leerlas y no iban a perder la oportunidad de criticar con justificación aquella adaptación a la pantalla gigante.
Ya era de noche, y tras haber pasado un buen rato juntos, ambos se sentían mucho mejor. Se encontraban en el umbral de la casa que hacía tiempo había compartido y ahora estaba a cargo de Kanon.
- Saga… gracias –
- ¿Por qué? – pregunta desconcertado, ese gracias podría haber sido por cualquier cosa.
- Por lo que dijiste, que tengo que recuperarlo… y por ayudarme a aclarar mi mente – dice tranquilamente
- No tienes que agradecerme nada… hazlo. No vas a dejar que una relación que me costó mucho asimilar se vaya al caño sólo por una tontería – le sonrió - si realmente estás arrepentido, discúlpate y habla. No pueden dejar todos los cabos sueltos. – Dicho esto, se dio la vuelta para dirigirse a su vehículo, alzando una mano a manera de breve despedida. – Te cuidas Kanon, y cualquier cosa que suceda… no dudes en llamarme –
- Sí, claro – se despide y entra a su casa, encendiendo la luz, encontrándose una gran sorpresa.
-o-o-o-o-o- Continuará
