Bien, este cap no tiene lemon, je, pero, algunas sorpresas, espero les guste.
Agradecimientos especiales a Lesty, Sophi y Shiro24kuro por sus valiosos comentarios n_n!
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Era un bar tranquilo, sin gente, con la típica música de fondo y el bar tender ordenando y limpiando las copas con detalle ya que sólo tenía un cliente en aquella noche, sentado en la barra, tomado en silencio. Y el encargado del negocio esa noche no interrumpiría los pensamientos de aquel rubio que le había pedido dejar la botella a su lado para llenar su vaso cuantas veces necesitara.
Por la puerta entraba otro hombre de cabellera larga y oscura, quien no era un cliente más en ese aburrido lunes, al contrario, se llevaba al único que tomaba en la barra. El bar tender se limitó a observar la situación, sin preguntar, ya conocía de ciertas situaciones y sus circunstancias.
El inglés había recurrido a la ayuda de Aiacos; después de todo, aunque en su trabajo era muy bien remunerado, no podría estar pagando para quedarse a dormir en un hotel, además que, para ser sincero, la soledad le devastaba. Sin embargo, aquella noche ni regresó a casa de Aiacos, por lo que éste fue a buscarlo en el primer lugar que imaginó, y realmente deseara que no estuviera ahí, pero no se le cumplió ese deseo.
Conocía a Radamanthys, bastante bien, no podía afirmar que lo conocía a la perfección, pero sabía que aquel rubio no bebía en soledad, y por primera vez lo vio ebrio de depresión. El rubio no le había querido contar detalles y respetaba eso, no iba a obligarlo a hablar, además, aunque conociera a Kanon, no podía afirmar alguna situación más realista, lo único que sabía era que se habían separado. Si Rada dejó a Kanon o Kanon echó a Rada, no tenía ese ligero detalle.
El rubio insistía que lo dejara solo, que no era importante, que no era nada, y todas aquellas cosas que "no era" exageradas, acompañadas de una distorsionada voz a causa del alcohol. Aiacos no le dio importancia a ninguna excusa, tomó la billetera del rubio, pagó la cuenta, y le tomó el brazo para pasárselo por encima de sus hombros para ayudarle a caminar. No le agradaba ser la mula de carga y menos con el peso casi muerto del rubio, aquel olor que despedía sólo se debía al tiempo que estuvo en aquel bar, y no le importaba mucho realmente, pero lo que le importaba era el por qué había llegado a ese punto, pero no iba a indagar con preguntas si quiera capciosas, sería una pérdida de tiempo y saliva cuestionar a un borracho.
- Sabes Aiacos, yo… yo estoy feliz de tener a alguien como tú – solo faltaba que se pusiera platicador en ese momento.
- Si, que bueno – contestó sólo por decir algo, sin querer realmente hacer conversación.
- tu no me has mentido, no me has engañado – ante aquello, el guía del camino hacia su casa, ponía más atención. Tal vez un Radamanthys ebrio era uno que no escondía lo que quería decir.
- Nunca lo he hecho, ¿Alguien lo hizo? – imaginando ya la respuesta.
- Kanon, ese niño bonito, me engañó, sólo me usaba para, para estar ahí – era obvio, aunque algunas de las cosas que dijera no tendría sentido.
- ¿Y qué te hizo? –
- Es un perro, se acostó con otro tipo, ¿te imaginas? Cómo pudo hacer eso – aunque Aiacos comenzó a dudar de si lo que le contaba era real o no, puesto que no observaba algún indicio de enojo o tristeza.
Ya habían llegado al edificio de apartamentos donde hace poco se había mudado Aiacos, quien respiró hondo y soltó un gran suspiro, antes de comenzar a subir las gradas para el quinto piso.
Mientras subían, Rada contaba las gradas o alegaba del porqué el ascensor se arruinó y peor aún, que no lo habían reparado todavía.
- Y cómo lo supiste – siguió cuestionando, ya abriendo la puerta de su apartamento.
- Él me lo contó – cerraron la puerta tras de sí, y colocó al rubio en el sillón más cercano.
- ¿En serio? Y ¿Por qué haría eso? –
- Y para qué más. Para que me aleje. – Aiacos estaba a punto de separarse del rubio, pero éste lo abrazó, haciéndole perder el equilibrio, cayendo al piso; Radamanthys abrazándolo con fuerza sobre su pecho, empapándolo con lágrimas.
- Por qué, porqué me hizo eso, si yo lo amo, Aiacos, nunca amé tanto a nadie como amo a Kanon, y a él no le importa, nunca le importó –
Una escena realmente perturbante para el sobrio, quien nunca imagino ver de esa manera al rubio, ni ebrio, ni abrazándolo y menos llorando. Se compuso, se sentó en el suelo, con un Radamanthys abrazado más a su cintura, pero no pudo evitar responderle aquel abrazo, que le hacía tanta falta en esos momentos.
Las palabras de calma eran más por inercia, y decidió que lo correcto era irlo a acostar y que descansara, lo dejó en la cama que le había prestado desde el día que llegó, pero el rubio insistía que no lo dejara solo. Aunque le costó soltarse de aquel agarre, salió de la habitación, para regresar minutos después con un vaso de leche.
- Todos me abandonan – se quejó sin estar completamente bien del todo.
- Si, lo que digas, tómate esto, te hará sentir mejor – y sin mucho escándalo, el ebrio se tomó el vaso de leche, justo cuando Aiacos se iba a retirar nuevamente, fue tomado por el brazo.
- Por favor, no te vayas – le rogó; y negarse ante aquella imagen tan lastimera le hacía sentir mal.
- Rada… duérmete – suspiro.
- Duérmete conmigo – Realmente no quería, complacer los deseos de un ebrio no era de sus pasatiempos favoritos, tampoco el cuidarlos, pero debía recordar que en cualquier comento su amigo podría tener una reacción desfavorable de su estómago y ahogarse, lo cual había escuchado era muy común, y no quería que alguien pasara por eso en su casa. Suspiró en derrota, y se metió junto a Radamanthys bajo las colchas, dándole la espalda.
Dejó libertad para que el despechado lo abrazara; parecía que solamente así podía calmarse. Sin darle tanta importancia a ese hecho, quería dormir y así poder conversar mejor con Radamanthys, quiera o no, y tenía sus ojos cerrados, cuando sintió que las manos q lo envolvían se movían torpemente. No prestó atención, hasta que en su cuello una lengua dejó su marca. Volteó inmediatamente, rompiendo la unión y saliendo de la cama.
- ¿¡Qué demonios haces!? – cuestiono sin realmente esperar una respuesta lógica.
- Aiacos, sólo será en un beso, sólo uno – rogaba.
- Si claro, duérmete, hablaremos mañana – tomó sus zapatos y salió de la habitación, cerrando la puerta. El rubio, quien se quedó con ganas de un beso fuera de quien fuera, se decidió a ir tras su amigo, sin embargo, las colchas que se enredaban en sus piernas, y la mullida almohada no dejaron que saliera del lecho, y en cuestión de instantes se quedó dormido.
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Su sueño era pesado, sin embargo, al poco tiempo comenzó a ver imágenes proporcionadas por algún subconsciente de alguna parte de su cerebro. Eran cuestiones vagas, risas, helados, películas, una mano, morena, fuerte, grande como la suya, sus dedos entrelazados. Cabellos largos, ondulados, de un raro tono azulado, indescriptible. Y su risa, aquella risa que satisfacía cada parte de su ser, esa risa que miraba a menudo, en ocasione, por situaciones que para cualquier otra persona con un poco de hipocresía en su sano juicio no reiría, pero la risa de aquel hombre era genuina.
Lo tenía, no sabía dónde estaba exactamente, no le importaba, pero más que su mano, quería agarrar todo su cuerpo, tocar esos labios, ver directamente a esos ojos que, por alguna razón, no le eran mostrados; y cuando se acercaba, aquel ser más se alejaba de él, y sintió caer en un abismo, que lo despertó abruptamente.
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Aiacos ya estaba despierto preparando desayuno, cuando aparece su amigo rubio con las mismas ropas del día anterior.
- Hola Aiacos – saluda desganado
- Hm, hola, disculpas deberías de darme – lo reprende, sin olvidar que debería estar un poco molesto.
- Am, bueno, perdón, aunque la verdad no muy recuerdo que pasó –
Aiacos suspiró, sirviendo los alimentos en los platos, sin darle importancia a explicarle cada detalle, pero sin duda, al brindarle ayuda a su amigo, exigiría saber las razones de aquello, mientras desayunaban para irse a sus respectivas labores.
- Mencionaste a Kanon – Radamanthys detuvo sus acciones de inmediato. – dijiste que te había engañado. – dio un sorbo de su café.
- Debo alistarme o llegaré tarde. – Pero antes de levantarse, Aiacos, ya con la paciencia agotada, somató la mesa, haciendo que los platos hicieran un leve sonido y no digamos el golpe de sus palmas sobre la madera.
- Suficiente Radamanthys, no puedes huir así de tus problemas, y menos si incluye a otra persona –
- Yo no estoy huyendo de nada – se excusa sin fundamento.
- ¿A no? Y entonces, ¿Por qué no estás en casa de Kanon? ¿Por qué de repente evades mis otras preguntas? Si realmente estás seguro que no hiciste nada mal, entonces, de que te escapas –
- Si tanto quieres saber, pues bueno, Kanon me dijo que se había acostado con un compañero de su clase, ¿qué quieres que haga? ¿Qué lo felicite y que todo es color rosa? ¿Qué demonios tengo que ver en su decisión si yo no hice nada? –
- Pues quizás, por eso, no hiciste nada –
- A qué te refieres con eso –
- Si te engañó y te lo confiesa, es porque sigue confiando en ti – el rubio se limitó a escuchar – pero si no escuchas lo que él tiene que decir y tú tampoco le dices nada… entonces qué esperas que pase –
- … -
- Dime, Radamanthys, qué quieres que ocurra, vivirás aquí, te regresarás a Inglaterra, regresarás con Kanon si te lame los pies o qué? – la serie de propuestas las tomaba en cuenta de forma rápida, nunca había pensado en regresarse a Inglaterra, y creía que sería buena idea. Nada le recordaría nada indeseable, aunque lo último mencionado le había recordado cosas que, no eran precisamente alguna pelea o algo similar entre ellos.
- La verdad, no lo sé… aunque la vez que llegué a su casa por unas cosas, me dijo que se arrepentía, y que me recuperará –
- Bien, al menos le diste tiempo para disculparse… y tú, ¿Pelearías por él? –
- ¿Ah? –
- Bueno, si Minos me pusieran los cuernos, creo que mi primera reacción sería partirle los huesos a quien lo engatusó… ¿Lo conoces? Ya sabes, al sujeto que… -
- No… sé quién es porque, Kanon me hablaba mucho de él pero, no lo conozco físicamente –
- Kanon te hablaba mucho de él, y tú, ni en cuenta… Je, parece ser que no le has puesto atención a tu noviecito –
- Tú qué sabes –
- Lo que me dices… aunque al parecer, no es mucho, y quizás por eso estás así –
- Claro, y tu vida es perfecta –
- Je, no lo es, si no, fuera aburrido. Imagínate, si haríamos lo mismo siempre, seguros de que no pasará nada malo entre los dos – bosteza ficticiamente – buscaría otras cosas más interesantes que hacer, ¿no lo crees? – observó cómo a Rada le empezaban a calar las palabras, aquella conversación al fin había dado sus frutos. – Además, si no estás alerta, cualquier león puede venir y comerse a tu borrego, si no lo cuidas bien. –
Sin más que decir ni responder, Aiacos terminó su último bocado y se encaminó a su habitación para terminar de arreglar sus ropas, mientras el rubio tenía una maraña de ideas y pensamientos en su cabeza, por lo que se quedó sentado, meditando sobre lo que le habían dicho hace poco. No se había puesto a pensar de esa manera, de hecho, era difícil tener ideas diferentes ya que no le había expuesto la situación a nadie, si quiera lo había dicho en voz alta; le avergonzaba, le indignaba, y le surgieron nuevas preguntas, ¿Toda la culpa era de Kanon? acaso, ¿Él no llenaba el "título" de novio como para que se buscara otro? ¿Cuántas veces Kanon estuvo a punto de y al final rechazó? Imaginaba una situación en la que su novio era acosado día a día y no podía alejarse de esa persona debido a las clases, y la presión sobre Kanon era grande, el tener una Beca no era algo para tomarse a la ligera. Hasta este momento, se ponía a pensar en las responsabilidades de Kanon, que en ocasiones le pedían cuidar de su sobrino y aquel no se negaba, y aun así, cumplía con todo; y a pesar de todas las cosas que su novia hacía diariamente, siempre lo recibía con una sonrisa, y sus abrazos no eran correspondidos, sus caricias tampoco y la pregunta crucial, ¿hace cuánto no hacían el amor? Y ahí estaba algo esencial, no lo recordaba; cayó en cuenta que todo se volvió monótono, y él no había hecho nada para evitarlo "buscaría otras cosas más interesantes que hacer, ¿no lo crees?" recordó las palabras de Aiacos.
Estaba tan concentrado con sus pensamientos y con una ola de distintos sentimientos que le inundaban, cuando Aiacos le llamó la atención.
- Rada, llamé a tu trabajo, dije que te habías golpeado la cabeza y estabas inconsciente, así que no vayas a trabajar hoy – le sonríe ante de salir del apartamento - ¡Adiós! –
No le había dado tiempo de contestar una afirmación, negación o maldición ante ese acto. Aunque, después del breve silencio, le agradeció mentalmente a su amigo; estaba dispuesto a luchar para recuperar lo que perdió.
-o-o-o-o-o- Continuará
u.u uff, no se imaginan lo difícil que me es hacer los diálogos. Me tardo demasiado en ellos, bueno, si les molesta algo de los diálogos, háganmelo saber, porque creo que en ello no son muy buena, je, bueno. Feliz noche!
