- "pensamientos" –
-o-o-o-o-o- Cambios de escena, no necesariamente de tiempo.
*acciones que no se pueden deletrear*
Bueno, espero que disfruten este capítulo, que sin darme cuenta me salió bien largo o_o jejeje, n_n espero con ansias sus comentarios.
-o-o-o-o-o-
Había pasado una semana de su última borrachera, y no quería volver a una situación similar. Si su arrepentimiento era lo más grande que ocupaba sus pensamientos, ahora podía decirse que era lo único. Una vez, y dos veces, si se disculpaba, ¿le iba a creer? De hecho, ¿por qué no se detuvo? Aunque, si bien, no recordaba cómo había llegado a esa situación, pero tampoco podía echarle toda la culpa al castaño.
Al poco tiempo, su rutina iniciaba nuevamente, aunque sin clases pero todavía con varias investigaciones e informes que realizar, por lo que tuvo la oportunidad de encontrarse nuevamente a Dohko y pedirle una merecida disculpa. Al principio, Dohko seguía un poco molesto, más porque sabía que Kanon había estado teniendo problemas en su relación, y lo reprendió por ser un completo idiota, al complicar más las cosas. Sin embargo, no pudo permanecer enojado con él, y le dijo que era muy importante que hablara con Radamanthys, al menos para no dejar encerrado todo aquello que debía decirle, pero a estar alturas, Dohko tampoco tenía mucha esperanza que el perdón del inglés llegara de la noche a la mañana.
En las noches le era difícil conciliar el sueño; miro su anillo, y recordó muchos de los buenos momentos que había pasado con su inglés. Habían acordado en colocarse los anillos en la mano izquierda, puesto que de igual forma vivían juntos, y eso significaría bastante. Esa noche no pudo evitar sentir la nostalgia al ver aquella circunferencia plateada, se sintió como la peor basura del mundo, más cuando ni si quiera la había visto las veces que había estado con Aioria.
Esa semana, sin razón académica, Aioria lo había estado buscando todo el tiempo, interrumpiéndolo en el trabajo (por lo que Shion ya estaba muy molesto), acosándolo al momento del almuerzo, y Kanon ya estaba cansado de él. De hecho, en tan poco tiempo, su percepción de Aioria había cambiado. Antes le interesaba, le intrigaba ir más lejos, y cuando lo obtuvo, ya no le interesó más. Le agradaba su compañía, eso sí, pero no podía juzgar si al menos las veces que habían tenido sexo eran buenas o malas, simplemente no podía, y si empezaba a compararlo con Radamanthys, recordaba las veces que estuvo en intimidad con él; y claro que no se acordaba de todas, si habían sido bastantes, pero no recordaba cómo había sido la última vez. Se mortificaba, mientras Aioria lo buscaba, él buscaba a su inglés, sin tener ningún resultado.
- Vamos Kanon, yo te invito – rogaba el castaño
- Que no Aioria, no quiero continuar con esto – se lo quitaba de encima, pero al instante lo volvía a abrazar.
- Es por Radamanthys ¿verdad? –
- Cállate, no te importa –
- Claro, yo no tengo nada que ver, especialmente cuando soy el remplazo de ese rubio –
- ¡Nadie lo puedo reemplazar! – lo empujó creando una distancia aún mayor.
- ¿Por qué te resistes? ¿Por qué todavía crees en que él te quiere? Yo sé que tú aún lo amas, pero recuerda que no hizo nada por ti, no intentó si quiera recuperarte. – se volvía a acercar – además, entre él y yo… bueno, dime con quien estás ahora –
- A que te refieres –
- Bueno, nosotros estamos casi siempre juntos, compartimos muchas cosas, pero – toma la mano izquierda de Kanon, sin que éste se oponga – este aro tu dedo, me da curiosidad –
- y la curiosidad mató al gato – recupera su mano, intentando retomar su camino, el cual es nuevamente interrumpido por el castaño.
- Esta bien, sólo quiero recordarte que él no regresará a ti, no a estas alturas (1), en cambio, yo estoy disponible cuando quieras. –
- Ya te dije, no se volverá a repetir –
- ¿Ni aunque te compruebe que Rada se regresó a Inglaterra? – Esa premisa le había calado, y le surgían nuevamente emociones y preguntas que no debía, no cuando ni siquiera sabía si era totalmente cierto; pero aquella confusión en su rostro, provocó una sonrisa triunfadora en el castaño.
- Como sea, te veré más tarde con el grupo – se despide no sin antes robarle un beso, sólo un roce de labios, a lo que Kanon no pudo reaccionar tan rápido y sólo alcanzó a darle un leve empujón. Con el ceño fruncido, se frotaba los labios con su brazo en un vano intento de quitar aquella sensación.
Iniciaba otra semana, sin Rada; estaba agotado del trabajo, de los estudios, del pesar de la ausencia de su novio, del pensar en si podría ser perdonado o no. Había buscado (anónimamente) respuestas de gente en el internet, sobre qué harían si su pareja los engañara, y bueno, todas eras negativas para la posición en el que él estaba. Suspiraba, pensando que la única solución sería dejar tranquilo al inglés; intranquilo por querer expresarle tantas cosas, y porque no sabía si lo que Aioria le había dicho era cierto. De ser así, ¿Cómo lo sabía? Y primeramente, ¿cómo podía confirmarlo? No le hubiera molestado una breve despedida.
Estaba en el herbario, ya llevaba la mitad del inventario, y al menos ya estaba más tranquilo porque Aioria no lo iba a visitar cada hora, claro que eso fue gracias a Shion quien le advirtió que dejara de llegar, más que molestar a Kanon, estaba interfiriendo con su concentración, lo cual podría repercutir en la colección que le había llevado gran parte de su vida.
Llamaban a la puerta, y Kanon era el más cercano a ella, así que abrió, y al hacerlo se llevó una gran sorpresa. Estaba estupefacto, su ojos tan grandes como podían y su boca abierta.
- Kanon – fue lo primero que escuchó – debemos hablar –
- ¡Kanon! ¿Es otra vez ese mocoso? Lo voy a poner en su lugar – y diciendo eso, Shion abrió más la puerta, viendo interrogativamente al rubio que nunca había visto.
- ¿Qué quieres? –
- Eh, Shion, él es de los nuevos estudiantes de Fudo, y debe ir a revisar unas plantas al anexo (2), eh, estaba por acompañarlo, jeje, si me permite -
- am… nunca lo había visto, pero bueno, ve, y que sea rápido –
- Si, vuelvo en seguida – y cerró la puerta tras de sí.
- Rada… - y sin contenerse, lo abrasó efusivamente, lo cual fue tan sorpresivo y rápido, que al mencionado no le dio tiempo de corresponder. – Ven, hablemos en privado – y caminó por el pasillo (que parecía un laberinto) hasta un cubículo que, sin lugar a dudas, no era de Kanon, pero estaba seguro que no llegaría nadie en esos momentos.
- Kanon… yo… -
- ¡Rada! ¡Lo siento! – sus rodillas cayeron estrepitosamente al suelo – perdóname por favor, me arrepiento tanto, y no es excusa pero estaba borracho, y yo no quería pero estaba ahí, todo el tiempo, rogándome y no lo pude evitar, por favor, solo quiero que me perdones perdóname Rada yo… - un dedo se posó en sus labios, con lo que dejó de hablar, y levantó su rostro mostrando sus ojos vidriosos.
- Kanon… te amo – y dicho eso, lo beso, un beso sutil, corto, necesario. – Y estoy dispuesto a perdonarte, pero… necesito tiempo –
- Rada… yo también te amo, más que nada y nadie en el mundo –
Se miraron por unos segundos, cada uno, sintiéndose vivo, sintiéndose feliz, por ese instante.
- Pensé que habías regresado a Inglaterra –
- ¿Qué? ¿Por qué pensaste eso? "Aunque Aiacos también tuvo esa idea" –
- Lo dijo Aioria – y al ver la expresión del rostro del rubio con tan sólo escuchar ese nombre, supo (o recordó) que haberlo mencionado en un momento tan frágil, no era buena idea – em, bueno, y no sé, te marcaba a tu número y no recibías la llamada –
- Si, bueno, perdí mi celular – recordando vagamente que quizás se había quedado en algún bar que frecuentaba después de dejar a Kanon.
- Rada, tengo que regresar… -
- Lo sé, yo tengo que hacerme el inconsciente –
- ¿Eh? –
- Te cuento luego… juntémonos este sábado –
- Bien – y con una gran sonrisa en el rostro, se frotó el rostro y salió del cubículo, agarrando al rubio de su mano izquierda, sintiendo el frío material del anillo que todavía llevaba puesto, lo cual le hizo sentir mucho mejor.
Salieron de aquel laberinto, y comenzaron a bajar nuevamente las gradas, con comentarios como "este lugar es tan grande" "lo tengo que conocer mejor" y llegaron al primer nivel, dónde Kanon no pudo evitar sentir que varias miradas se posaban en ellos, miradas que conocía bien y estaban a no más de 5 metros, de seguro, iba a ser tema de conversación de sus compañeros de clase. Sin embargo, no había caído en cuenta en el detalle de unos ojos verdes.
- Vaya, vaya, así que este es el famoso Radamanthys… - lo barrió con la mirada, con un toque de desprecio – No es la gran cosa – se ríe
El rubio no entendía a qué iba eso, pero no pudo evitar molestarse por un comentario tan despectivo.
- ¿Y quién eres tú, enano? – aunque no tan pequeño, pero lo era.
- ¿No sabes? Vaya Kanon, que malos modales tienes, soy nada más y anda menos que Aioria, el novio de éste – y repentinamente jala a Kanon del brazo. El rubio comenzó a respirar más rápido de lo normal, apretando la mandíbula conteniendo el enojo que le había provocado tal respuesta y acción.
- Imbécil, suéltame, o te arrepentirás – la pobre víctima, no sabía si estaba más molesto por Aioria o asustado por Radamanthys, pero estaba nervioso, y el momento tan grato y corto que paso con el rubio, podría nunca jamás repetirse, por la impertinencia del castaño.
- Pues haz que me arrepienta – intentó acercar más a Kanon
- Dijo que lo sueltes - Dohko y los demás espectadores se quedaron asombrados por el golpe que había recibido su patán amigo en el rostro, por el puño (justiciero) del rubio que nunca habían visto en persona. Pero no habían ojos más sorprendidos que los de Kanon, quien no conocía esa parte de su inglés, pero en esta ocasión le causaba un gusto haberlo encontrado.
Aioria se recuperó, escupiendo un poco de sangre y limpiándose la comisura de los labios con el dorso de su mano, con lo cual sólo consiguió ensuciarse más la cara.
- Maldito, cómo te atreves – y lanzó un puñetazo directo a la cara del rubio, ataque el cual fue esquivado y recibió un golpe en su abdomen, dejándolo encorvado, sin aliento, y arrodillado en el suelo, posteriormente.
- No seas idiota, Kanon es mío, y si tengo que romperte todos los huesos para demostrarlo, pues lo haré sin problemas. –
-o-o-o-o-o-
El viejo director del herbario estaba sentado frente a su computadora, sin idea alguna de qué cómo empezar la importantísima carta hacia el rector de la universidad. No le gustaba el tener que hacer cartas con tanta formalidad y con palabras disfrazadas, volteó su rostro para distraerse con lo que la ventana le proveía, y tal fue su sorpresa al ver una distinguida cabellera, en medio de una pelea.
-o-o-o-o-o-
Kanon nunca lo había visto de esa manera, como un perro que defiende a su dueño, verlo así lo cautivaba, y por ese pensamiento le pareció por un momento enfermizo, pero verídico.
- Rada, tranquilo, ya no pasa nada – se le acercó sigilosamente, tomando uno de sus puños para bajarlo lentamente. Comenzaba a relajarse cuando, Kanon fue empujado a un lado agresivamente, y Aioria se balanceaba sobre el rubio.
Radamanthys recibió algunos puñetazos, pero hábilmente rodó dejando al castaño sobre el suelo, imitando sus movimientos, pero el castaño dio un puñetazo a un costado de su agresor, quitándoselo de encima. Sin embargo, el rubio era mucho más rápido que él, lo tomó por el cuello, y lo levantó del suelo. Toda la muchedumbre observaba y se alejaba de esa escena, algunos se quedaron viendo de lejos. Pocas personas (conocidos) se acercaron para asegurarse de que la situación no fuera a ser tan grave.
- ¡Aioria! – se escuchó un grito de histeria, era nada más y nada menos que Marin. - Qué esperan, deténganlos – les rogó a Dohko y los demás. Y como si de esperar aquella orden se tratara, rápido intervinieron
- Radamanthys, basta, lo vas a matar – le dijo Kanon sosteniéndolo de un brazo.
- Si eso quiero – responde colérico.
Dohko, Death, Shura, Milo y Camus fueron a ayudar a Kanon, pero parecía que aquel inglés fuera el hombre más poderoso del mundo. Sin esperar más, Aldebarán embistió a Radamanthys con la fuerza suficiente como para separarlo de Aioria (y tirar a los demás por ahí). No soltó a Radamanthys mientras Marin abrazaba al castaño que había caído al suelo cual muñeco de trapo.
- Vamos rubio, respira, cuenta del 1 al 10 – le decía Aldebarán para tranquilizar a Radamanthys, quien siguió sus instrucciones y logró calmarse, enfocó a Kanon, quien sin perder mucho tiempo ya estaba a su lado, con una mirada preocupada.
- ¿Estás bien? ¿Te duele "la cara" algo? – le tocó el rostro suavemente, a lo que éste se movía por reacción a algunos nervios lastimados.
- No, estoy bien… de hecho, me siento mucho mejor – le sonrió, después de ver cómo había dejado al "novio de éste", de hecho, si se sentía muy bien, ahora comprendía lo que era "luchar por alguien".
- Ven, voy a limpiar tus heridas –
Fueron al baño a lavarle la cara a Rada, Kanon le limpiaba cada rasguño con tal cuidado que el rubio se convencía cada vez más del arrepentimiento del moreno. Bajo un poco su vista, para ver su camisa, y notar que estaba manchada de sangre. Maldijo en voz alta, a lo que Kanon se preocupó.
- ¿Qué ocurre? –
- Ese bastardo hizo manchar mi camisa… -
- Es sólo una camisa, no nada importante –
- Lo es, me la regalaste hace tiempo –
Kanon se detuvo, observó aquella prenda, y no recordaba exactamente cuándo se la dio, pero vagamente sabía que sí se la había regalado por la simple y sencilla razón que le quedaba muy bien. Sonrió nostálgico.
- Déjame, ya te tardaste mucho y tienes que ir a trabajar –
- Pero, debo cuidarte –
- No es nada grave, deberías preocuparte por tu "noviecito" –
- Je, pues eso hago, me preocupo por ti – La positiva reacción ante su burla, y la pronta respuesta, fueron otra señal que recibía el rubio.
- Bueno, me iré y tu continúa con lo que hacías… -
- Rada… ¿irás a casa? –
- No… te dije que nos miramos el sábado -
- ¿Por qué? –
- Ahora que nos vimos, debemos pensar, relajarnos un poco, y luego nos volveremos a ver –
- ¿Estás seguro de ello? –
- Si, llegaré a tu casa, o si prefieres nos juntamos en otro lado, yo te llamaré –
- Está bien… - acepta esperanzado.
- Bueno, me voy, y recuérdale a esa sabandija que no se atreva a tocarte nuevamente, o le irá peor. Tenía suerte de tener un amigo tan fuerte para salvarlo.
- *suspiro* debo agradecerle a Aldebarán -
-o-o-o-o-o-
-Perdón la tardanza Shion, tuve que ayudar al chico, eran muchas plantas y el solo no podía llevarlas –
- A sí, claro, ¿acaso él era el famoso Radamanthys? – La reacción de sorpresa de Kanon lo delató en ese instante.
- Eh, ¿famoso? Jeje, ¿por qué? –
- Sí que le dio una paliza a Aioria, hm, creo que me cae bien – Kanon estaba anonadado y sin saber que decir ante aquello.
- Kanon, te crees buen mentiroso, pero no es así… se más honesto, si no te quieres meter en más problemas –
- Eh, si Shion, gracias por el consejo, em, bueno, seguiré con mis labores. –
- Por cierto, tu castigo por mentirme será que limpies antes de que cerremos. –
- ¿¡Qué!? Pero si es el trabajo de Boulin –
- Si pero, él tiene vacaciones, de igual forma, lo harás por un mes –
- Hey, no es justo, si tiene vacaciones deberían poner a alguien más –
- Dos meses –
- Está bien Shion, lo haré *suspiro* "Pero no me arrepiento de lo que ocurrió, ahora estoy más ansioso por que llegue el sábado"-
-o-o-o-o-o-
(1) a estas alturas: después de tanto tiempo, etc.
(2) Anexo: bueno, en el herbario están todas las plantas y su información y eso, y en el anexo es un lugar donde se ponen las plantas a secar, por lo que tiene que ser un lugar con varias fuentes de calor, y por eso no se encuentran en el mismo sitio. Quizás sea un dato muy exagerado, pero no encontré mayor excusa para que éstos pudieran estar solos n_n jeje, espero no les haya causado confusión.
Bueno, con eso de los anillos, como que en cada país se lleva en diferente mano xD así que decidí que aquí sería la mano izquierda, porque me gusta más; que lo hayan disfrutado!
