EXPEDIENTE DE GORILLAZ

Autor: Free-eyes

Resumen: 2D anonado por las palabras de su compañero satanista, Murdoc ebrio divagando en su mente, Noodle una pequeña de diez años y Russel un chico, algo grande, que debe de evitar que la banda no solo se desmorone... sino que no se maten sus integrantes entre ellos.

Pareja: 2D/Murdoc


Accidente en la bañera.

Aquellas palabras chocaron de golpe contra su, antes, apenas estable mentalidad, desorientándolo completamente… ¿Cómo dijo? La piel verduzca de su compañero se veía ligeramente roja por lo que acababa de decir, y sus manos temblaban como nunca, dejándolo a la vista de los demás –si hubiera alguien más en el lugar, claro- con la caída del cigarrillo ni a medio consumir.

- ¿Qué? No… tu… – trató anonado el de cabellos azulados al tiempo que buscaba alguna expresión que lo ayudara a entender en el rostro del satanista. Los ojos, negro y rojo, se posaron sobre él de una manera tan extraña que sintió un escalofrío recorrer su columna.

- No importa, face-ache, ignóralo – soltó enojado (rendido) el moreno dándole la espalda, caminando unos pasos por el corredor del estudio. Alzó la mano y la sacudió por sobre su hombro como una despedida - Estudia las letras, no quiero volver a escuchar errores en mis canciones.

Stuart solo pudo asentir atontado, aún después de que Murdoc saliera del cuarto, hasta un segundo antes de dejarse caer en el suelo, colocando ambas manos en su cabeza, tratando de controlar lo que él creía sería una nueva jaqueca, sin embargo, sería todo lo contrario.

Observó de reojo el cigarrillo abandonado de su compañero e, inconscientemente, se calmó.


Maldito Stu-Pot que solo lo hacía decir incoherencias ¿De dónde rayos había sacado esa frase? No veía novelas, no escuchaba los lamentos de Noodle cada que veía "The Lion King", ni los berridos de Russel al terminar con sus "novias" – que en vez de novias parecían mojigatas a las que nadie más querría y de todos modos le rompían el corazón a aquel gran chico -, solo se quedaba sentado frente al televisor, buscando algún canal digno para sus ojos, picando los botones del control sin detenerse jamás. También tocaba en la mejor banda de todos los tiempos –porque, por supuesto, era su banda-, pero estaba hablando de cuando tenían tiempo libre.

Eres una gran persona y me cago en quien quiera hacerte daño, mierda!" A pesar de que no fue la oración más significativa o hermosa o menos maligna de su vida, para él sonó como si quisiera casarse con aquel chico de ojos hundidos -hasta desaparecer- ¡Y por supuesto que no quería eso! Jamás le habían gustado las formalidades, el free siempre sería una opción factible, si tan solo… ¡No! Espera ¡¿Qué carajos?!...

- Tengo que dejar de detenerme en los programas de Disney – dijo para sí el bajista acomodándose mejor en el mullido sofá, presionando de nuevo el botón del control remoto - tienen mucho contenido lacrimógeno y subliminal… demasiado para mi gusto o el de cualquier otro.

Aunque no se sentía tan desastroso haber pronunciado aquella oración, después de todo, era la verdad. Para él lo era.

Fastidiado de su misma maraña se levantó del mueble y se dirigió a la cocina, buscando alguna cerveza bien helada que le hiciera olvidar. El vicio era algo que ni él podía controlar, menos si se trataba de cigarrillos o alcohol. Tomó la primera que vio y con los dientes la destapó, bebiendo el contenido en menos de lo que sería recomendable – para evitar mareos, vómitos, jaquecas y sueños eróticos -. Gotas de aquella sustancia amarillenta resbalaban por su cuello, refrescándolo instantáneamente, y, encontrando eso como una perfecta solución bebió hasta la mitad la novena botella y la otra parte decidió verterla sobre él mismo antes de decidir hacer lo mismo con la última.

Sentía la piel empapada y algo pegajosa, pero fresca, al igual que sus ideas, que, aunque todavía no se terminaban de acomodar por el mareo que sufría, ya estaban más claras. Las palabras que salieron de su boca verde, como lo que - suponía – saldría de la misma si intentaba levantarse, fueron para ayudar al según "dañado autoestima" del vocalista, quien hacía que les pagaran. Quien le daba el techo, la comida y –por sobre todo- la bebida, sin ni siquiera saberlo.

Estaba claro que Russel, Noodle y él eran lo bastante buenos para hacerse de una muy buena carrera artística por su propia cuenta, pero en una banda con el de cabello exótico como cantante principal, con las ganancias que les otorgaban al término del contrato pudieran irse a la tumba bañados en dinero y su descendencia tendría una buena cantidad monetaria.

O tal vez no tanto, pero si tendrían un entierro decente.

Sin el face-ache no serían lo que eran. Al menos, así era para cierto ebrio seguidor del satanismo, que se extendía tumbado a lo largo de los mosaicos, con la lengua de fuera y roncando cual actor en el doblaje de osos.


- ¡Hey, D! ¿Qué hay? – saludó efusivo el grande afroamericano, callándose enseguida al recordar las frecuentes migrañas de su compañero en la banda. 2D le sonrió tranquilo y contento, transmitiéndole con lo que se asemejaría a una mirada –por la falta de globos oculares- que se encontraba en buen estado – No has tenido dolores de cabeza ¿Cierto? – el vocalista asintió con esa característica manera de sonreír, algo tonta y desdentada – Tu cara me lo dice.

- Si, extrañamente pensé que iba sufrir una de las grandes hace rato que estuve con Murdoc – contó alegre, conteniendo una risita, después de todo, lo que le había dicho el pelinegro logró que se sintiera mucho mejor, de salud y con eso de los problemas de aceptación personal también. Aquel enigmático hombre de las tinieblas le dijo que le importaba, si lo resumía todo -, pero no, al contrario, me siento mejor que nunca… bueno, que hace una semana.

- Stu, Russ – llamó la pequeña Noodle asomándose por una de las puertas del lugar.

Estaban en hotel, no tan lujoso cabría decir, ya que gracias a los "favores" callejeros de Murdoc, las medicinas para el dolor de 2D y las bebidas para los tres varones, solo les había quedado una parte de las ganancias para costear un hostal pasable.

Era un recinto más parecido a una casa grande que a un hotel, tenía a lo mucho siete habitaciones, dos cocinas y un solo comedor – enorme, pero unitario -. Compartían sitio con otros turistas que emocionados les rogaban por un autógrafo o una pequeña estrofa de alguna de sus canciones, pero eso no era lo peor de todo… solo habían dos malditos baños en toda la morada y solo uno de esos tenía regadera. Por lo que la disputa por entrar, a ducharse o por aquello de las necesidades básicas, era feroz y brutal… tanto que uno de los inquilinos amenazó con demandar a Murdoc por tratar de ahogarlo con su capa.

Gracias a los cielos – y a la escasez de dinero de algunas personas -, solo pasaron dos días así, pues luego los demás hospedados regresaron a sus hogares y ellos se quedaban como reyes del lugar – reyes que pagan por la estadía en "su" casa, pero al fin reyes -. Por lo que cada uno pudo quedarse con un cuarto propio, privacidad y tranquilidad, que solo era rota cuando más de dos puertas se abrían a la vez.

Regresando a la puerta en la que estaba recargada la japonesa, más bien, a ella. Estaba algo agitada, preocupada y sudaba frío por los poros de su, ahora más, pálida piel. Su mirada, escondida tan solo un poco en el flequillo negro-violáceo, se percibía asustada.

- ¿Qué pasa, Noodle? – preguntó Russel ante el semblante de la asiática, simplemente digno de alarmarse. Sobre todo sabiendo que la guitarrista solo se ponía así cuando moría alguno de sus personajes favoritos de alguna película infantil, y no creían que Mufasa o los padres de Tarzán tuviesen algo que ver en esa situación.

- Es Murdoc, no ha salido del baño desde hace una hora – respondió ágil y sin titubeos.

- Seguramente está dormido… - comentó el afroamericano sacándole una risilla al sin ojos. Mientras la faz de Noods se veía ligeramente más aterrada que antes.

- Pero se escuchó un fuerte golpe allá adentro hace tan solo unos minutos, y no ha hecho ruido alguno desde entonces.

- ¿Qué? – articuló estupefacto el peliazul antes de salir corriendo en dirección al sanitario.

No podía ser, por primera vez en años el satanista llegaba a tener un buen trato con él –por no decir una manera de llevarse en la que su persona no terminara con alguna parte de su anatomía sangrando- y pensaba arruinarla con un accidente en la bañera ¡Que lo devolvía del infierno para matarlo de nuevo si se atrevía!

Llegó al final del corredor donde una blanca puerta le esperaba con un letrero en la parte superior, llevaba la leyenda "Baño" en letras verdes. Golpeó la madera de ésta con su mano derecha, esperó por una respuesta negativa y grosera del moreno –verduzco, para ser exactos-, nada. Golpeó de nuevo, solo que se permitió gritarle a la vez. Ya que vio que ni a la tercera, ni a la cuarta, ni a las dos siguientes se emitía algún sonido, pudo presenciar como la única fémina del grupo y el gran hombre, salían apurados en busca de ayuda. Se alejó un tanto de la puerta y, antes de patear con toda la fuerza que las pastillas le permitían –dígase no mucha, le causaban algo de sueño, por ello caminaba como zombie-, maldijo por lo bajo un: "Te juro que si te mataste, te revivo y te mando al cielo nada más para hacerte miserable malparido satanista".

Luego de varios intentos, logró que la cerradura colapsara y se abriera la madera blanca, permitiendo observar el panorama interior. No supo si sentirse aliviado o preocupado, pues ahí estaba Murdoc, acostado en la tina, la cual rebosaba en agua, con una botella de cerveza en una mano y un cigarro mojado en otra. Estaba inconsciente, pero no sabía si por dormido o por herido, así que se acercó para inspeccionarlo.

Llamó a Nicals algo bajito – si llegaba a tener resaca le iría como en feria si le despertaba con un grito -, luego le movió un poco. El de piel verde soltó un quejido y dejó caer la botella, la cual se estrepitó y rompió contra el suelo, despertando a ambos de golpe – a uno por el ruido y al otro por la traída de vuelta de la ensoñación que era ver a un Murdoc pacífico.

- ¡¿Qué carajo?! – ladró Murdoc enderezándose enseguida, topando su frente con algo bastante duro que dejo de ver al instante. Entrecerró los ojos con molestia y llevó una de sus manos a la zona golpeada, para luego pasarla a la nuca donde sintió una punzada de dolor. Se pasó aquella mano por la cara, e inspeccionó aquel líquido que la adornaba tenuemente: era sangre. Su sangre.

- ¡Muds! ¡¿Por qué rayos no respondes?! – gritó ofuscado el que solo tenía cuencas, sobando, de la misma manera que el otro, su sien. Una mirada ácida fue propinada por el bajista, que luego le mandó una más intranquila. Fue cuando cayó en la cuenta que el seguidor de Satán tenía sangre en el cuello, proveniente de su cabeza - ¡Oh, no! ¡Joder! ¡Mierda, mierda, mierda!... ¡Murdoc, estás sangrando!

- Gracias por decirme lo obvio idiota – escupió agrio tratando de salir de la bañera.

- ¡No te muevas, necesitas ayuda! – detuvo Stuart jalando del brazo a su compañero, quien cayó de sentón en el mismo contenedor.

- ¡Y cómo fregados quieres que consiga la puta ayuda si no me dejas salir! – casi se podía ver como los ojos de diferente color le tiraban mordidas a la angustiada cara pálida del vocalista. - ¡Zángano imbécil!

- Pues a mi manera – finalizó colocándose en la parte de atrás de la tina. Con ambas manos empezó a empujar la "porcelana" – plástico pintado de blanco hueso- fuera del cubículo, de ahí tomó más fuerza y parecía niño en supermercado con uno de esos carritos para colocar los productos. Iban a una velocidad increíble, tanto que Muds no tuvo de otra más que gritar – lo más varonil posible – por la madre de alguien a quien iban a joder.

Pasaron a las escaleras –para esto la mayoría del agua se había quedado regada por toda la planta- y Stuart se tuvo que subir a la misma bañera para no darse de bruces al bajar.

- ¡FACE-ACHE, ERES UN MANIÁTICO! ¡SALIENDO DE ÉSTA TE VOY A MANDAR AL AVERNO! ¿ME OÍSTE, IDIOTA DESDENTADO?

- Yo también te amo, cielo – ironizó agitado el de hebras azuladas, decidido a que Murdoc –quien lucía un adorablemente extraño sonrojo- llegase a un hospital, sin importar la forma, a que le curasen las heridas. Aunque, al paso que iban, en el camino solo haría que de una curación de rutina en cualquier consultorio, pasaran a la sala de emergencias.


- Payaso – inició Russel tranquilo y con una mirada divertida, que escondía la verdadera angustia.

- Solo – siguió una mortificada Noodle.

- Lógico.

- Comida. – se animó un poco más la de hebras recogidas en múltiples coletas.

- Dado.

- Domingo.

- Gotera.

- Rata.

- Talismán.

- Mandril.

- Dril… dril… ¡Fideo! – aplaudió el afroamericano con una leve risa, viéndose perdido en el juego que inició tan solo para apaciguar a la histérica pelinegra-azulada, aunque también le había servido.

- ¡Noodle! – cantó victoriosa la del mismo nombre, brincando alegre, olvidando por un momento el por qué habían iniciado con esa bobería. Luego de un rato más en espera de la ayuda se dispuso a cuestionar - ¿Por qué no llega la ambulancia?

- Ya viene en camino.

- Bañera – pronunció atontada la japonesa mientras veía hacia un punto fijo, lejano a donde ellos estaban, pero visible.

- ¿Quieres volver a jugar? A ver… Ra…

- Bañera, escalera, agua – profería rápidamente tratando de comunicarle al hombre lo que sus rasgados ojos observaban -, bajo, canta…

- Solo se puede una palabra a la… - no terminó la frase ya que pudo apreciar el punto fijo de Noodle. Por las escaleras, un aterrado Murdoc se aferraba a un desenfrenado 2D que iba al frente de una bañera que fungía de auto de carreras bajando a toda velocidad por los escalones. – vez. ¿Qué rayos?...

- ¡FACE-ACHE! ¡¿CÓMO SE SUPONE QUE PIENSAS DETENER ESTA CHINGADERA?!

- ¡No lo pensé! – Reaccionó el peliazul, jalando para atrás la parte delantera de la tina de dizque porcelana, buscando frenarla, sin lograrlo - ¡Murdoc! ¡¿Qué hago?! – estaban a la mera mitad de las escalinatas cuando unos brazos de piel verduzca empapada por pequeñas gotas de sangre se enredaban en su cadera.

Pudo sentir el pecho de Murdoc en su espalda, quien refugiaba su cabeza entre el cuello y el hombro del vocalista. Sintió unos agradables pero aterradores escalofríos recorrerle todo el esqueleto hasta terminar erizando sus hebras.

Se aferró a aquellas extremidades que para cualquiera tendrían el color de una persona enferma de gravedad, pero que para él se le antojaban tan naturales como los ojos de diferente color y los suyos propios -más bien, los que no tenía-. Giró su cara tan solo un poco y se topó con la frente del bajista, rozando su nariz con el entrecejo de aquel, lo que le hizo sentir miles de mariposas en el estomago infestado de medicinas que tenía. Tan solo estando tan cerca, pudo percibir el olor a alcohol que emanaba la boca de Nicals, lo que significaba una cosa solamente: seguía ebrio… y en ropa interior.

- 2D, realmente eres una muy buena persona, demasiado hasta para tu propio bien – comenzó con un tono indescifrable en su voz, mientras alzaba tan solo un poco la cara para mirar al sin ojos a donde se supone que deberían estar. Aquel, sorprendido, abrió lo más que pudo sus parpados, buscando que la sangre no quedara marcada en sus mejillas -, pero también un completo face-ache.

La bañera se estrelló entonces contra el alfombrado de la recepción y ambos integrantes de la banda Gorillaz salieron volando como proyectiles.

- ¡RUSSEL! – Gritó Noodle devolviéndole los pies a la tierra al gran afroamericano, que estaba impactado por la escena - ¡HAS ALGO QUE SE VAN A MATAR!

Y, tan pronto como acabó de hablar la japonesa, el brazo izquierdo del gran hombre sostuvo al satanista, cual balón de fútbol americano, mientras el derecho se encargaba de evitar que Stu-pot de estrellara contra el ventanal. Los dos delgados varones se habían librado de contusiones cerebrales y parálisis gracias a Russel.

- Russel, recuérdame no enviarte al infierno cuando me convierta en el rey de las tinieblas – agradeció, muy a su modo, un cansado bajista llegando a un estado de muerto vivo, inconsciente siguiendo despierto, agotado, seguramente provocado por la sangre perdida y el golpe de adrenalina que el face-ache le hizo pasar.

- Russ, creo que te adoro…

- No más que a mí, Stu… - y se desmayó nuestro integrante satánico favorito de Gorillaz.

El que solo tenía cuencas, todavía temblando, hizo un intento por tomar la mano del ganador del concurso "¿Quién dice más veces en el día face-ache?", más tan solo alcanzó a entrelazar sus dedos índice y medio en los mismos del pelinegro, antes de perder el conocimiento –poco conocimiento, según Nicals.

Justamente un minuto después de que aquellos dos partieran al mundo sin fin de sus propias mentes, un vehículo blanco con líneas y una cruz en rojo abordó al lugar, buscando a un hombre con contusión, topándose – de paso- con 2D que fácilmente podría hacerse pasar por muñeca de franela. La ambulancia cargó con los dos y los llevó directo al hospital más cercano, que resultaba ser el "Refugio de los Ángeles".

Y Russel estaba que no aguantaba las ganas de ver la cara de Murdoc cuando le dijera el nombre de la clínica.


- No puedo creer que hayas hecho eso – desconfió mostrándole una de sus más adorables sonrisas desdentadas, de esas que hacían que el pelinegro se sintiera dichoso.

Ambos estaban sentados en la arena de una playa, frente a las olas que rozaban frescas sus pies y las gotas saladas que, elevadas por el viento, besaban sus caras, transfiriéndoles paz, tranquilidad.

Murdoc no supo en qué momento dejó de sentir aquel dolor en la parte posterior de su cabeza, ni cuando dejo aquella casucha remedo de hotel para terminar en una costa, o cuándo su mano se entrelazó con la de cierto chico de cabello azul claro, que miraba con sus ojos negros el hermoso mar que tenían de panorama… espera ¿Había dicho ojos?

Giró con miedo completamente para apreciar bien el rostro del vocalista de su banda. Era cierto, no se equivocaba ¡El face-ache tenía de nuevo sus orbes! Los irises grisáceos oscuros con aquella pupila negra tan profunda y alegre se enfocaron en los gestos de horror que componía el satanista. Porque eso significaba que Stuart ya no le debía nada, que se podía ir y dejarlo solo en el momento que quisiera.

Se sintió perdido en ese instante.

- Vale, vale, te creo, pero quita esa cara que me asustas – se resignó en un intento de apaciguar el estado de su compañero de banda. Ya que vio que no funcionó en lo absoluto compuso un mohín terriblemente tierno en su faz.

El entrecejo se le calmó un poco y dejó de sudar frío, para su suerte, no notó en qué momento estrujaba posesivo la mano –demasiado delicada, pensaba- del chico de piel lechosa.

- Stu – nombró mientras el aludido esperaba tranquilo las palabras que salieran de la boca verde del que tocaba el bajo. El labio de aquel tembló -, t-tus ojos…

- ¿Son hermosos verdad? – cuestionó divertido mientras ladeaba la cabeza, pestañeándole en son de burla al pelinegro. Una risilla quiso salir de él, más la contuvo por terror a que, con oír su malévola risa maniaca, el cantante huyera.

- Si, son repulsivamente bellos –aceptó resignado Nicals, al momento de separarse de su compañero, dispuesto a caminar por la orilla de la playa.

Un gesto de extrañeza se apoderó de la cara de Stuart, quien enseguida corrió a su lado. Le quiso abrazar, no se dejó, le quiso tomar del brazo, tampoco, de la mano, menos, la cadera… ¿es necesario decir como pegó un brinco y apresuró su paso, tropezando y cayendo en la arena de puro hocico? Y mientras hacía todo aquello no se daba cuenta que entre más pensaba como mantener cerca al peliazul, lo alejaba más de su persona.

Anduvo un rato más hasta que notó que la presencia que lo acompañaba ya no estaba. Se volteó, no encontró ni un rastro de él, ni siquiera las huellas que había marcado a su lado, solo estaban las suyas, solitarias, borrándose con las olas.

Comenzó a sentirse desdichado, solo y maldito, como muchos le describían, estaba seguro. Lo buscó y rebuscó con la mirada. Corrió en dirección a una gran palmera, siguiendo sus propios pasos, casi eliminados por el agua salada del mar.

Siguió en su búsqueda por un tiempo indeterminado, eterno y jamás encontró de nuevo al imbécil de 2D. Se paró en donde se encontraba sentado tiempo atrás, cuando la arena se hizo un remolino y le tragó.

Cayó en un pozo, profundo pero no muy ancho, los dejes de claustrofobia le inundaban al máximo. Y se encontraba solo, de nuevo.

- ¡STUART! ¡FACE-ACHE! ¡¿DÓNDE ESTAS?! – gritó desesperado, con la necesidad de tocar de nuevo la nívea piel de la mano o la cara del desdentado, aunque fuera con un golpe, de su parte o del otro. No le importaba, pero tenía la fuerte necesidad de ver esos cabellos azules claros, junto a esa carencia de dientes y cara de loco, que ya todos los de la banda poseían –menos Noodle, claro, aún era muy pequeña para esas cosas, o, simplemente le faltaba éndose el labio inferior y sintiendo como su orgullo se rompía en miles de pedazos pequeños, que con el viento se irían y jamás volverían; se dio el valor para proferir: - ¡NO ME DEJES SOLO, IMBÉCIL! ¡TE NECESITO!

Una voz familiar, lejana y melodiosa empezó a pronunciar su nombre, primero como un susurro, luego como un llamado normal, luego elevando la voz, hasta gritarle de manera impaciente.

Una silueta se veía en la parte superior, donde comenzaba el hoyo, ésta sonreía chimuela.

¡Muds!


- ¡Muds! – espetó intranquilo el chico sin ojos, que estaba siendo forzado a salir de la habitación, para luego expulsarlo del hospital por causarle un paro cardiaco a una señora y causar horror en el piso de infantes. Todo por su falta de ojos. Pero por nada del mundo dejaría solo al idiota de Murdoc - ¡Murdoc, despierta malnacido hijo de Satán!

Mientras él trataba de zafarse, Russel convencía a los doctores de que Stuart no saldría del cuarto, y que, a la hora de salir del lugar, se lo llevaría con una bolsa de papel en la cabeza, si era necesario lo metería en una maleta, pero que lo dejasen quedarse. Noodle se encontraba en una de las guarderías de la clínica, no era la única, ni la mayor ¡Qué había una tipa de dieciséis jugando con plastilina en una esquina! Pero se le hacía completamente injusto que mientras ella se rompía la cabeza con un martillo de juguete – casi literalmente, estrellaba una y otra vez el mazo de goma contra su frente -, los "supuestamente mayores" se encontraran dando apoyo al herido.

Que quería ver como seguían Muds y Stu ¡¿Cuál era el bendito problema con eso?!

Luego de un largo rato de alegatos, forcejeos y patadas se llegó a la conclusión de que Stuart Pot solo podría estar junto al paciente si no salía por ningún motivo de la habitación. Aceptó resignado, pero al menos cumpliría su propósito: disculparse con Murdoc por casi provocarle un paro cardiaco. Ahora solo le preocupaba una cosa…

¿Qué haría cuando el satanista despertara?

Parecía mago, pues le pasó aquel pensamiento por la cabeza justo antes de que Nicals se moviera incomodo, como si le molestara el estómago o tuviera un calambre. Dijo su nombre entre sueños y él se acerco, creyendo que le hablaba realmente.

Su oreja estaba a escasos cinco centímetros de la nariz no tan chica del moreno, lograba distinguir una que otra palabra de entre los murmullos, la mayoría negaciones, hasta que el herido dio una fuerte bocanada de aire antes de enderezarse gritando un rotundo "NO".

Su frente y la del sin ojos se volvieron a topar, solo que en esta ocasión, en vez de separarse y cada uno sobarse la zona afectada, los ojos bicolor se posaron en las cuencas de 2D. Sin poder evitarlo se abrazó asustado a él, deseando que jamás se fuera de su lado y lo abandonase.

*Suenan unas campanas desde algún punto del vacío*

¡Bienvenidos sean todos a participar en el nuevo concurso sobre nuestra banda preferida, GORILLAZ! Ayúdenos a identificar cuál es la expresión más sobresaliente de la cara de Pot, seguido del color que la adorna ¡Comencemos!

*Y vuelven a sonar para dar comienzo al evento*

Realmente si los fans de su grupo musical vieran aquella escena, no dudaba que harían un sorteo como ese, pues los miles de sentimientos que eran reflejados en su rostro eran tan notorios y tantos que el ganador se llevaría la de oro.

Consternación, bochorno, nerviosismo y pena serían las más correctas, aunque también estaba eso que no se podía decir, porque era maldito, algo que hacía que su corazón latiera a millones por segundo. En cuanto a su cara… rojo tomate maduro mezclado con granate y manzanas sería el vencedor.

Pero si Murdoc sentía la necesidad de abrazarlo como si se fueran a morir, no le negaría ese deseo. Rodeó la espalda del moreno-verde- con sus pálidos brazos, apoyando la barbilla sobre la cabeza del mismo, quedando muy unidos y en un abrazo muy "tierno-raro-bobo", por sus intentos de acoplarse algo fallidos.

Sus ojos de diferente color se abrieron de par en par y el rostro se le tiñó de un carmesí ligero al notar lo que estaban haciendo. Pasmado logró empujar a 2D con la suficiente fuerza como para tumbarlo, hacerlo trastabillar y terminar en el suelo, afortunadamente justo antes de que Russel hiciera su aparición en la habitación junto a una bastante ofendida japonesa.

El peliazul le miraba extrañado-asustado desde el embaldosado de la habitación, moviendo sus labios sin soltar ningún sonido, tratando de decir: "¿Ahora qué hice?" Bueno, ya tendría una conversación con él a solas.

- ¡¿Cómo sigues Murdoc?! – cuestionó alegre el afroamericano por verlo despierto, aunque no le pasó desapercibido el hecho de que el vocalista estuviera tirado en el piso, maldiciendo a Murdoc con un intento fallido de mímica. Solo decidió pasarlo de largo.

- No mejor, gracias al face-ache que me golpeó – Acusó pasándole un gesto de advertencia, para nada notorio –nótese el sarcasmo-, al tumbado muchacho que estaba a punto de hablar. Por obvias razones, desistió de hacerlo. Los dos integrantes recién llegados estallaron en carcajadas, mientras los otros se lanzaban miradas que daban a entender su -bastante- falta de comprensión - ¿Qué es lo gracioso, par de psicóticos?

- ¡Que D ni siquiera mata a las cucarachas! – expresó el gran hombre hincado en el suelo, con dolor en el abdomen por tanta risa -... y… y tú culpándolo de… ¡De golpearte! ¡JAJAJAJAJA!

- ¡Me muero, Russ, me muero! – se carcajeó la pelinegra-azulada con toques morados, ya tirada en el piso golpeando los pulidos mosaicos blancos. Stuart seguía tratando de descifrar por qué se les hacía tan divertido su apego a la moral de no lastimar físicamente a nada que no fuera Murdoc.

- Déjalos face-ache, solo ellos se entienden – dijo medio molesto, dirigiendo una casi invisible sonrisa que el cantante entendió a la perfección, devolviéndole el gesto, solo que más grande y sin tantos dientes.

De nuevo se sentía completo y ese sentimiento de perdición se fue diluyendo poco a poco.


Gracias por pasar por aquí!

Este es mi primer fanfic de todos los tiempos, jamás había escrito uno, de ninguna clase. Espero me disculpen si es demasiado patético para ser considerado uno... Pero pues... nadie se muere por intentar.

¿Bienvenidas?¿Felicitaciones?¿Groserías?¿Destierros?¿No debiste jamás crear una cuenta en fanfiction? Todo será bien recibido en un Review.

Y sin más... ¡Gracias por leer!