EXPEDIENTE DE GORILLAZ
Autor: Free-eyes
Resumen: Murdoc y 2D metidos en un lío, el primero sigue espantando como siempre, el segundo expone su lado más claustrofóbico. Noodle enfrentando a sus sentimientos negativos, Russel encontrándose con un viejo amigo.
Pareja: 2D/Murdoc
Detrás del escenario
Ya había pasado una semana desde aquel extraño incidente con la bañera y Murdoc no podía sentirse más idiota que nunca. ¿Por qué? Si la sola pregunta era estúpida más lo iba a ser la respuesta. Fue débil, y sí, pudiera deberse en gran parte a que se había golpeado la nuca y se había abierto una herida que hizo que llamaran a la ambulancia y lo internaran por dos días, además de las malditas preguntas de rutina –interrogatorio a un demonio- y la demanda de la anciana a la que casi mata por un grito… pero eso no le quitaba lo estúpido, vergonzoso, cursi y marica que había sido.
Se puso a tomar como todos los días, solo que esa vez con otros motivos: Olvidar. Olvidar las palabras que su misma boca había proferido inevitablemente en modo de aliento hacia el maldito hijo de puta del face-ache. Le había dado aliento porque quién sabe qué idiota le fue con el cuento de que era un cantante de mierda que no tenía ningún futuro, y como hablaba de 2D, obviamente eso terminaba en depresión y alguno que otro problema de aceptación personal.
¡Por Satán! Que él era el mejor cantante de la historia, que la música en sí misma no sería lo que era si no fuera por él y por su banda – sobre todo SU banda-. Más NO, el idiota de pelo azul se ponía como magdalena a llorar, aunque no realmente pues ni una lagrima había surcado sus mejillas, lo que le llevaba a otra cosa ¿2D podía llorar? No lo sabía y no le importaba porque se desviaba del tema.
Desde hacía un buen tiempo que Niccals se portaba de una manera liviana, frágil y generosa con el vocalista de Gorillaz – traducción al español de todos los que lo conocen: no lo mandaba al hospital cada que se enojaba-, pero no había reparado en ello sino hasta ese día en la habitación de aquella estúpida clínica con aquel nombre tan imbécil y meloso, y no era por ser satanista… pero… ¡El refugio de los ángeles! Tenía que ser una broma y eso pensó. Empero, Russel con su siempre para nada cómico – cuando estaba en su contra – estilo del humor se encargó de decirle la verdad. Ni siquiera entra en duda como se puso con solo saberlo.
Sin más, se dio cuenta tan solo por su sueño, aquel en el que se vio forzado a gritar que necesitaba al iluso del face-ache, que eso era realmente lo que pensaba y que por eso, más bien, por él se comportaba de esa manera. Y no estaba dispuesto a seguir así… más tampoco lo estaba de perder a su principal fuente monetaria – al que muy dentro de sí, sentía como un "amigo"-.
Escuchó unos golpes en la puerta de su camerino y no sabía si quería seguir divagando en su retorcida mente o regresar a la realidad de una buena vez.
Suspira rendido y da una última calada a su cigarrillo antes de tirarlo en el suelo y apagarlo con la suela de su bota. Se acerca a la puerta, toma la perilla, la gira y abre violentamente dejando ver frente a él a una enana, de cabello castaño con una libreta o algo así en sus manos. Sus lentes con excesivo aumento no le dejaban ver sus ojos, pero de seguro estaba que se la tragaba la tierra. Transpiraba más de lo sanamente permitido, temblaba y su piel se tornaba pálida cual hoja de papel.
El satanista no pudo evitar reír sádicamente.
- ¿Qué quieres, mocosa? – escupió sin contener su desinterés en el tono de sus palabras. La chiquilla dio un respingo y tragó saliva pesadamente.
- M-me mandaron a d-de-cir-le que e-el con-cierto empezará en tres… tres horas – la niña tardó un buen rato en controlar su respiración y evitar que las nauseas la hicieran vomitar sobre el bajista, por el simple hecho de que no tendría tiempo ni de disculparse antes de que la asesinara.
¡Que era suicida trabajar al lado de Murdoc Niccals! Y ella no tenía ninguna intención de morir en ese día.
- Que se vaya preparando para entonces, pues ni el coordinador, ni Russel piensan pasar vergüenzas por su culpa – soltó rápidamente, sin pausas. Entregó un paquete al músico, se disculpó y se echó a correr lo más rápido que sus piernas le permitían.
"Jejeje esa niñata es igual de cobarde que el imbécil de 2D" Con ese pensamiento dejó el envío en su camerino y salió a curiosear en el lugar.
Caminando por los corredores de maquinaria en aquel teatro, 2D tarareaba para sí la canción de Feel Good Inc. con un tono especialmente alegre. Cerró los ojos dejándose llevar por sus recuerdos, escuchando en su cabeza cada uno de los acordes afinados de la guitarra eléctrica, en compañía del siempre presente bajo y la batería. Que podría ser distraído, inocente y atolondrado pero tenía buena memoria, exceptuando los momentos en los que sufría migrañas.
Anduvo otro rato de la misma forma hasta que se topó con alguna especie de bocina o pared que le hizo perder el equilibrio y terminar en el suelo.
Abrió los parpados carentes de globos oculares y visualizó el lugar. Era una habitación pequeña, demasiado para su gusto, habían muchos aparatos pero lo que más resaltaba era el montón de cables de colores que se enchufaban unos con otros para luego terminar en un gran cuadro negro con mínimo cincuenta puertos de entrada. Era el cuarto en el que se ajustaban el sonido y las luces, más bien, de donde se sacaba la energía para ello.
Ya que se vio investigando qué sucedía cuando desconectaba y volvía a conectar de uno a uno cada cable, dio por terminado su paseo de relajación mental antes de comenzar con el show y se dirigió a la puerta. Giró seguro y con una tranquilidad imperturbable el pestillo y una vez que notó que no se abría dejó de lado toda su paz para dar paso al nerviosismo.
Giró, movió, estiró, empujó e hizo cada cosa que se le ocurría para salir de tan diminuto lugar, sin lograr ningún cambió, hasta que escuchó pisadas en el techo.
Un gran y horroroso escalofrío le recorrió la columna entera para terminar en sus cabellos – de por sí despeinados- erizados por la corriente eléctrica. Temió por su vida instantáneamente y solo se preguntaba una y otra vez: "¿Qué rayos ha sido eso?"
"¿Un fantasma, un demonio, un demonio disfrazado de fantasma, un ninfómano, un ninfómano travestido? ¡¿Un demonio ninfómano disfrazado de fantasma travestido?!" Tembló de solo pensarlo y ya que lo repasaba bien se dio cuenta de que era una reverenda estupidez. Harto de ser siempre tan paranoico, se golpeó la cara con su mano derecha, llevándola de la frente a la barbilla "¿Qué te pasa, Stuart? ¡Despierta de una vez!"
Se enderezó lo más que pudo y desesperado por irse empezó a patear la madera de la entrada, aunque también le lanzó piedras, zapatos, sus pantalones, el cinturón, una de las bocinas –de las pequeñas, si tampoco es tan idiota-, una caja de metal y otros cachivaches que se encontró a la mano… ¡Y nada! La maldita puerta no abría ¡¿Cómo saldría a cantar entonces?! ¡¿Cómo comerían sano todos los días sin dinero para hacerlo?! ¡¿Cómo rayos aprenderían a llevar en funcionamiento una granja si jamás habían estado en el campo?! ¡¿Cómo carajos sobreviviría ante la ira de Murdoc?!
Hablando de cierto bajista de piel verde, desde la noche anterior que no lo veía y se le hacía raro, pues tratándose de su hogar o de algún hotel se despatarraba hasta tarde, pero en día de concierto hasta ponía el despertador para levantarse de malas y tocar con mayor énfasis. No sabría decir si era una estrategia o realmente nunca se llegaría a acostumbrar a despertar a temprana hora.
De nuevo pasos ¡Mierda! Que ni siquiera le dejaban aclarar sus ideas en un ambiente estable, NO, siempre debía haber algo que le impidiera razonar coherentemente. No conformes, ahora estaban acompañados de quejidos, como un lamento pero molesto, que solo lograba crisparle los vellos, y como si el destino lo odiara, se desconectó la iluminación.
- Maldita sea… demonios vengan por mi… asesinaré si no lo hacen… mi advertencia está hecha – Que en su vida pasada había sido asesino o piro-maniaco, pues el karma y el destino se encargaban de jugarle unas muy malas cuando se lo proponían. Aquella voz, ronca, grave y rasposa era aterradora.
"¡RUSSEL! ¡Ayúdame! ¡Nood!... no, pedir la ayuda de una niña pequeña para combatir a un fantasma es caer bajo ¡JAMIE!... Carajo tengo que hacerlo ¿para qué me hago el desentendido? No me sirve… ah… ¡MURDOC! " Pensó y luego se castigó con una buena bofetada. Estar encerrado sacaba el lado claustrofóbico de su, de por sí, anormal persona. Lo que conllevaba a lapsos de locura momentánea.
Un estruendo sobre él y se tiró al suelo. Pegó sus rodillas a su pecho, se cubrió los oídos con sus propias manos y comenzó a cantar, una estrofa, lo primero que se le vino a la mente, aunque con esos ruidos de ultratumba apenas podía escuchar su voz.
- And they're turning us into monsters
Turning us into fire
Turning us into monsters,
It's all desire… It's all desire… It's all desire
Sintió que su alma se desprendía de su cuerpo y se largaba para jamás regresar cuando de un portazo se abrió la habitación, ensombreciendo una figura endemoniada bastante harta.
Vagaba por un corredor oscuro y solitario de aquel sitio. No había ni un alma, ni un sonido, ni una ligera brisa del más leve aire. Nada. Mejor para él, así podría disfrutar de otro bien merecido cigarrillo sin que le molestasen con que no tendría voz para cantar si fumaba. ¡Por Satán! Que había personas incultas, él era bajista no vocalista, no necesitaba ningún músculo –más que los de los brazos- tan solo el talento y el gusto por la música.
Siguió sin rumbo, tan solo esquivando los artefactos tecnológicos que afuera, en el escenario, eran de mucha utilidad, pero que acá, en un pasillo angosto, solo estorbaban. Y en eso estaba, brincando basura musical cuando de la nada la luz partió hacia algún lugar lejano y desconocido. Dejándolo a él en la maquinaria del escenario, tropezando con todo, para hacerlo caer finalmente de bruces contra el suelo.
- Maldita sea, demonios vengan por mí – siseó eufórico el satanista mientras se trataba de enderezar - asesinaré si no lo hacen… - ya que vio que ningún jodido ente del mal, ni la maldita luz llegaban se puso de pie e intento seguir su curso, con zancadas largas y fuertes - mi advertencia está hecha.
Bufando y gruñendo, como algún zombi mientras devora a su víctima, alcanzó con sus manos hechas puños una puerta. Era de madera, pero resistente. Buscó la manija para abrirla y ver si salía a un patio u otro corredor con ventanas, ya que la encontró, entró y se topó con un bulto en la esquina de la habitación.
Temblaba, de eso estaba seguro, pero ni se había inmutado con su presencia. Se escuchaba que cantaba algo, empero no distinguía bien la voz hasta que se adentró completamente y cerró.
- And they're turning us into monsters
Turning us into fire
Turning us into monsters,
It's all desire… It's all desire… It's all desire
Esa voz, melodiosa y extravagante, era sin duda la de 2D. Sonrió diabólicamente al percibirlo – pues no lo podía ver- tan pequeño, indefenso y temeroso en un rincón, como cual niño pequeño después de ver el Aro o el Payaso Eso. Películas de terror que le parecían cómicas y siempre recordaría como patéticas.
Justo iba a llamarlo con insultos de por medio, cuando la mata azul de hebras se levantó y le vio directo a los ojos. Hubiera deseado tener más luz y una cámara, pues estaba seguro de que la piel le bajo siete tonos con solo descubrirlo.
Tan divertido se encontraba que no quería arruinar el momento con un comentario irónico, al menos no por otros cuantos segundos. Se inclinó tan solo un poco, gimió y dobló su rodilla, cojeando más a cada paso que daba rumbo a Stu-Pot.
El cantante se levantó de su lugar, aterrado y alerta, buscando desesperadamente una opción en la que no terminara devorado por un jodido zombi. En ese momento, con el parpadeo de un aparato sobre ellos, pudo notar que el peliazul solo tenía puesto una camiseta, sus calcetines y su ropa interior. No logró evitar que una fuerte carcajada saliera de su boca con tal escena.
- ¿Mu-Murdoc? – Dudó 2D mientras entrecerraba los ojos, tratando de distinguir bien la sombra que se retorcía* frente a él - ¿Eres tú?
- ¡Claro que soy yo, face-ache! – gritó, hastiado por el tono esperanzado de la voz de su cantante estrella, más bien, del de su banda. Algo no le agradaba de ello - ¡¿Qué pensabas que era un puto zombi o qué?!
- De hecho… ¡Murdoc! – saltó y le abrazó contento ¡Por fin saldría de esa maldita habitación! Todo gracias al malparido satanista que siempre le cagaba la vida. Se soltó antes de recibir un puñetazo de parte del de piel verduzca y corrió a la puerta.
Giró por enésima vez la aldaba y se encargó de maldecir todo lo existente que se le ocurría cuando no abrió.
- ¡¿Qué te crees tú para saltarme de esa manera?! ¡Una puta rana marica! – Escupió histérico, empero no se movió de donde estaba, solo se encargó de inspeccionar con la mirada el cuerpo de 2D que seguía dándole la espalda.
No había notado cuánto había crecido, era, por lo menos, diez centímetros más alto que él, muy delgado – pero bien forjado -, sus cabellos los veía ligeramente más oscuros y no por la falta de lumínica en el lugar, sino por su actitud. Desde hacia tiempo Murdoc, con su carácter de los mil demonios, logró descifrar algo del pobre y destartalado corazón del vocalista: era infeliz, y él mismo se encargaba de asegurar que así siguiera.
Con cada golpe, insulto, indiferencia y cinismo de su parte, Stuart se hacía más deprimente y claramente no estaba feliz, cosa que en un principio le alegraba las mañanas a nuestro satanista estrella. Pero cuando se está en un grupo, se trabaja en equipo y si haces que uno caiga, siempre existirá un daño colateral.
Lo tuvo que aprender por las malas, cuando en un día de borrachera el peliazul le amenazó de muerte con que no solo dejaría la banda, tomaría todos los derechos de vocalista y se encargaría de acabar con su carrera de bajista, sino, que también la causa de su infelicidad –dígase Murdoc Niccals- sería la misma que le causara, a corto o largo plazo, la más grande alegría de todas.
Y no supo cómo interpretar eso. Tal vez solo era un marica al que le ganaba el sentimentalismo y solo le había dicho eso porque no tenía la valentía suficiente como para golpearle o enfrentarle tal cual hombre maduro y fuerte. O era una predicción de un futuro no tan lejano.
Lo bueno es que siempre había tenido la certeza de que 2D era un completo marica carente de valor y autoestima. Tal vez, ni siquiera debería de tomar eso como una amenaza, es decir ¿2D sería tan tonto como para jugar sucio con él? Y no en el mal sentido, jamás había hecho eso y jamás lo haría, él no era marica, no, ni pensarlo…
- Murdoc – llamó el pacifista con un tono de voz bastante bajo y unas ganas de arrancarse los cabellos de uno a uno por lo estresado que estaba. – Murdoc…
… Le gustaban las putas, de a montón -y sí, se refiere a cantidad- y caras, pues las baratas resultaban no valer ni lo poco que les pagan, lo aprendió por experiencia propia…
- Murdoc – volvió a nombrar el largo chico, ya con el valor suficiente para llegar a una voz clara (no firme, pero clara) y darle la cara al pelinegro. Si lo vislumbraba bien, podía notar como los ojos le parpadeaban a destiempo y la mirada se le perdía en un punto de su cara. Al parecer estaba muy concentrado, pero era urgente – Murdoc…
… Y en ese tema no quería entrar, ya había tenido problemas con una porque le rompió la muñeca y no pudo tocar el bajo por un tiempo y la violó, aunque no se veía muy disgustada es decir…
- Murdoc – alargó la palabra y se acercó de a poco al bajista, sin obtener ninguna respuesta más que la fija mirada bicolor sobre sus cuencas sin ojos. Se estaba desesperando y no por su claustrofobia – MUURDOOC…
… Todas las putas de aquel lugar lo conocían y sabían que él era algo así como sadomasoquista, por lo que no le gustaba que lloraran en pleno acto, pero a veces las tipas eran tan ineptas que ni siquiera lograban que el terminara lo que hiciera porque las muy perras…
- ¡Murdoc! – exclamó el más delgado a pocos centímetros del seguidor de Satán, cubriéndose la boca de inmediato con terror de que le asesinará por solo escuchar su elevada voz. Bajó las manos en un lapso de valentía, de todos modos no saldrían de ahí pronto si no hacía que reaccionara.
… ¡Y luego todavía le reclamaban! Malditas zorras con proxenetas malparidamente inteligentes, no podían simplemente coger por su cuenta y cobrar, NO, tenía que haber un maldito administrador en todo ese problema ¿No es así? De todos modos, no debería de vociferar que tenía frecuentes polvos con prostitutas, ya que… eso era así como… ilegal ¿No?...
- ¡MURDOC! – profirió Stu-Pot zarandeando al músico de un lado al otro sin obtener respuesta alguna más que un leve gemido, muy extraño cabría decir, como cuando atas a una borrega gorda y fea a un juego giratorio, le das mucho vuelo y casi vomita ¡Claro! Solo era un decir, el nunca haría eso, era muy infantil y torpe - ¡RESPONDE, ESTAMOS ENCERRADOS! ¡NO PODEMOS SALIR DE ESTE LUGAR! ¡ESTÁ COMPLETAMENTE SELLADO! ¡CREO QUE NO HAY VENTANAS! ¡NO PODEMOS VER ABSOLUTAMENTE NADA! ¡NADA, MURDOC! ¡TENGO CLAUSTROFOBIA! ¡MUDS AYUDAME, TE NECESITO!
- ¿Qué? – preguntó atónito el de ojos negro y rojo, posándolos fijamente en los hoyos que tenía su compañero en vez de globos oculares. Solo escuchó una pequeña parte de lo último, ni siquiera supo en qué momento había empezado a gritar, más bien, cuando se había dado la vuelta y se le había acercado tanto. No podía creer lo despistado que podía ser cuando se enfrascaba en una sola cosa
- ¡¿Qué rayos?! – se espantó al sentir las manos heladas de 2D en sus hombros, masajeándolos levemente para que se calmará. No lo logró. - ¡Apártate de mí, malnacido marica hijo de!... – se alejó tan torpemente y tan rápido que no reparó en el millar de cables que había atrás de él, tropezó y se llevó consigo al pobre de Stuart que seguía tratando de estabilizarlo.
Ya estando en el suelo, con dolor en muchas partes de su cuerpo, intentó levantarse pero no podía, un peso extra le estorbaba desde su pecho a las piernas, completamente. El face-ache estaba tumbado con su cabeza apoyada en el sitio más cercano al corazón del bajista, también luchaba contra algo para enderezarse.
- Aléjate de mí – gruñó con una mirada que le tiraba mordidas de odio al vocalista, que no podía sentir más miedo que en ese momento.
- N-no puedo, Mu-Murdoc – dijo en un hilo débil, ocultando su mirada con sus mechones azules.
- ¡¿Por qué no?!
- Me enredé en los cables… - murmuró el cantante con demasiada vergüenza como para que dejara ver su cara a la luz.
El satánico sadomasoquista maniático y enfermizo hombre de la cruz invertida abrió los ojos lo más que pudo y comenzó a mover todo su cuerpo frenéticamente. Tardó solo unos cuantos segundos en asimilar, para desgracia de ambos, que él también estaba atrancado con el cableado.
Se golpeó la cabeza contra el piso levemente un par de veces, y, resignado a que no saldrían de esa más que con la ayuda de un tercero, suspiró pesadamente. Tuvo que comerse la mayoría de su fuerza de voluntad y orgullo para decir lo que planeaba.
- Cántame algo – exigió algo harto con sus manos estrujando con gran potencia el plástico aislante de los pasadores de corriente. 2D solo levantó la cabeza y le miró entre curioso y aterrado.
- ¿Qué?
- ¡Que me cantes algo! – soltó y luego se encargó de apaciguarse mentalmente, iban a estar un tiempo así, tenían que llevarse relativamente bien ¿cierto? Contó hasta cincuenta y suspiró cansado varias veces – No podemos abrir la puerta porque solo se puede por fuera, no podemos alejarnos lo más posible uno del otro, y así evitarnos malas heridas y contusiones, porque estamos trabados en los cables, ni siquiera puedo mover mi mano… así que… ¿Puedes cantar o no, face-ache?
Con algo más de seguridad y un optimismo bastante notorio, el blanco joven recargó su oreja en el pecho de Murdoc, ya con dolor de cuello por forzarse en verlo a la cara, de todos modos ya se sabía cómo era, siempre la veía y la tenía en la mente por las malas jugarretas que le hacía.
- ¿Qué quieres que cante?
- Ahh… ¿Hace un rato cantabas una parte de Kids with guns? – El otro asintió desde su sitio, rozando sus hebras con la barbilla de Murdoc, provocándole algo así como escalofríos que surcaron de su barbilla a toda la columna y de regreso, erizándole cada vello de la piel. Estaba incomodo y el tono de voz de 2D no le daba buena espina, sin embargo era el único cantante que lograba que su modo le gustase del todo – Cántala de nuevo
- And they're turning us into monsters
Turning us into fire
Turning us into monsters,
It's all desire… It's all desire… It's all desire
Y cerró los parpados poniendo extrema atención en la melodiosa y extraña voz del face-ache, pues de cierto modo lograba calmarlo. Solamente se dejó llevar por la precepción de sus oídos, no quería volver a pensar nada relacionado con el chico que estaba sobre él.
Aunque pensándolo bien, no era tan malo tener la mente ocupada en algo.
- ¡Señorita Noodle, señorita! – escuchó que la llamaban desde la puerta y, limpiándose las lagañas que se le formaron al dormir, caminó pesadamente para abrir.
- ¿Qué sucede? – preguntó interesada, pero somnolienta, a una chica castaña, delgada, algo bajita y con unos peculiares lentes con mucho aumento. Parecía que tenía dos botellas en lugar de lentillas, pero no sería tan descortés como para decírselo, además, la tipa temblaba mucho y estaba pálida - ¿Estás bien? – la chiquilla que tenía en frente asomó los ojos por una pequeña rendija entre sus lentes y el copete, dejando ver el miedo puro que emanaba de ellos.
- N-nada es-toy nerviosa p-porqu-e es e-el primer conci-e-rto al que asis-t-to como ayu-dante del co-or-di-nador – Ahora casi podía asegurar quién era el culpable de tanto esfuerzo para hablar de esa chica.
- ¿Qué te hizo, Muds? – Cuestionó entre preocupada y decepcionada, la primera por la castaña tartamuda y la segunda por el idiota de Murdoc que jamás contenía sus palabras, con ambas manos posicionadas en su cadera – apenas en formación – y una mirada de "te voy a sacar la sopa hasta por los codos, así que responde niña" – Ni te preocupes por él, es un tonto, no te matará…
- Pues, no me hizo nada, solo… solo me vio… con…. una… - respiró agitadamente con los ojos vidriosos puestos en el suelo, para luego pasarlos directo a los rasgados de la japonesa y decir rápidamente, sin ninguna pausa – con una mirada tan penetrante que te entra en los huesos como un virus letal que acaba lentamente con tu vida, tan dolorosa, tan fuerte, tan intensa, tan escalofriante que siento que voy a tener pesadillas con ella toda la semana.
- Así me sucedía al principio, ahora casi hasta me acostumbré – contó victoriosa la de hebras negro-azuladas, contagiándole una sonrisa a la mensajera. – Y… ¿Qué era lo que necesitabas?
- El director les envía estos paquetes a cada uno de ustedes, ya entregué el del señor Niccals, el de Stuart Pot lo dejé afuera de su puerta con un letrero y todo porque no lo encontré, al señor Hobbs se lo entregué personalmente y me atendió muy bien… éste es el último y es para usted… Además, el concierto empezará dentro de dos horas y media – sonrió por última vez y reverenció como despedida, la asiática hizo lo mismo -, prepárese con tiempo para estar lista entonces y no andar con apuros, por favor.
- Con gusto, gracias – rió bajito y finalmente gritó cuando vio que la niña ya iba algo lejos - ¡Y yo que tú me daba el día libre con Muds aquí!
- ¡Ya lo intenté! – Se lamentó corriendo la bajita de cabello lacio y castaño.
Siguió la figura de la chica con la mirada, para luego pasar sus ojos negros en la caja que tenía en sus delgadas manos. Pesaba, pero no mucho, estaba rellenada con algo, algo que impedía que el objeto adentrado se lastimara. Era algo frágil, más no quería abrirlo, o más bien, temía hacerlo.
La última vez que le enviaron algo terminó siendo un muñeco con cámara que grabo por varios días todos sus movimientos, mandándolos a un satélite que jaqueó viéndose enterada de lo que pasaba. Maldito gobierno japonés, no podían dejarla en paz ¡Qué la dejaran ser una superviviente del proyecto! No debían matarla, no había hecho nada malo si bien lo recordaba, además, ¿Para qué hacían pruebas si después las destruirían?
Idiotas.
Se adentró en la habitación y dejó la caja con la misma gentileza que le tenía Muds a 2D, ósea ninguna, alejándose lo más posible de ella. Se llevó consigo una silla hasta la esquina más distanciada del paquete, colocándola ahí y sentándose con las piernas pegadas a su pecho, abrazándolas. Ya no quería temer, quería ser fuerte como Russel, orgullosa como Murdoc y valiente cono Stu, porque para ella el soportar día con día los malos tratos para contigo era una muestra de extremo valor.
Pero aún no lo era, aún era una niña, pequeña, débil y temerosa, que aún huye de su compañero verde cuando se enoja.
- Cambiaré, lo juro – sentenció la japonesa con la vista fija en el "obsequio" que les mandó el director. Espera, si ella no era la única que tenía uno, debía ser algo bueno, un regalo, o era que alguien querría atacarlos a todos los integrantes.
- ¿Ahora a que le temes, Nood? – cuestionó una voz de ultratumba a sus espaldas, donde no había nada más que la pared. Se escuchó clara, firme y directa, empero, a la vez era familiar, dulce y tranquila para con ella.
- No temo.
- Vamos, ni tú te crees esa – podría apostar a que percibió la diversión y burla en la masculina voz- Nood, ¿por qué no abres la caja?
- Está embrujada – se excusó la pelinegra volteando a otro punto, como si le hablara al paquete.
- ¡Noodle, por favor! – se exasperó el hombre que de a poco salía del suelo, hasta vislumbrarse completo y algo azulado, como cualquier otro espectro. La chica le miró atenta, como si con verlo lo fuera a ahuyentar. No lo quería cerca tampoco a él - ¡No seas paranoica! ¡No hay nada en la caja! O, al menos, ¡No nada malo!
- ¿Cuánto quieres, Del? – retó Noodle con una sonrisa confianzuda, bajando las piernas del asiento, para luego apoyar sus codos en sus rodillas y su cara en sus manos.
- ¿Cuánto me ofreces, Nood? – Igualó el fantasmagórico -literalmente- amigo de Russel – No creo que tengas algo que realmente me llene. Pero… ¡Sorpréndeme!
- Pero si nadie ni nada te puede llenar ¡¿Recuerdas?! Eres un fantasma, Del. No puedes llenar algo que ni siquiera tiene tacto.
- Soy muy comprensivo contigo – habló melodramáticamente el difunto con una pose demasiado extraña y patética, como si se fuera a desmayar -, no desprecies mi trato de esa manera. Malagradecida.
- ¡No me refiero a esa clase de tacto y lo sabes! – rió la guitarrista con algo de alegría, ya olvidaba porque estaba tan temerosa minutos antes.
- ¡OH! ¿De qué hablas? Yo tuve una vida sexual muy activa – declaró el occiso con una mano en el pecho, refiriéndose a sus palabras con más énfasis en YO. Luego se llevó la misma mano al mentón y dirigió sus ojos a un punto vacío, rememorando cosas – De hecho, hace unos días conocí a una mujer muy interesante, estaba cubierta de sangre y apareció en una especie de ritual con velas y unas niñas pronunciando su nombre frente a un espejo… Bloody Mary, me parece… muy bella, pero muy cruel.
- ¡DEL, no me mientas, no existe Bloody Mary! – rogó la de hebras negro-azuladas (con toques violetas) temiendo a que llegara a coquetear con su amigo fantasma… y de paso la matara- ¡Es pura maraña tuya! ¡¿No es así?!
- ¡Claro que existe, no estoy tan desesperado en el amor como para crear un fantasma imaginario para sentirme mejor! – se ofendió Del – Si no me crees ¡Vamos! Haremos el ritual para que llegue y la saludes, no hay problema…
- ¡NO! Te creo, te creo, te creo. No hagas idioteces, por favor – rodó los ojos algo harta pero divertida y se topó de nuevo con el paquete. - ¿Puedes asegurarte de que no hay nada ahí?
- No hay nadie, Bloody Mary solo llega cuando la nombras con el ritual…
- ¡No eso, bobo! – Apuntó a la caja con algo de pena – Eso.
- Ah… pues, claro. – asintió y se acercó al cartón. Ya que lo tenía en frente se transparentó, tan solo un poco, y atravesó su mano por la caja. Palpó algo, lo inspeccionó bien y finalmente sonrió aparentemente triste – Noodle, me temo que es una bomba… tienes medio minuto para correr. Nos vemos en unos cuantos segundos… En la otra vida.
- ¡¿QUÉ?! – Noodle sintió como su alma no esperaba y se alejaba de ella, volando hacia algún buen y seguro lugar, dejándola con el corazón en la garganta y lagrimas en los ojos.
- Es broma, Nood – se carcajeó el espectro sacando su mano del envío, divertido al ver como la asiática suspiraba y volvía a su color de piel natural, dejando el blanco hueso en algún otro sitio. Adoraba que los niños fueran tan inocentes – No sabes cuánto me divierto molestándote.
- Idiota – se controló Noodle, levantándose, tomando rumbo al contenedor para abrirlo de una buena vez. Desprendió la cinta y escarbó entre las bolillas de polietileno que protegían el artefacto. Se regaño por lo miedosa que había sido cuando descubrió una figurilla de vidrio fuerte en tono azul y verde, con forma de guitarra eléctrica pegado a una base de metal negra con plateado.
- Es un obsequio del teatro para ustedes, por presentarse. 2D tiene uno de un micrófono, Russel uno de una batería y Murdoc de un bajo, claro que iban acompañados. 2D con pastillas para la jaqueca, Russ con unas baquetas nuevas y Murdoc con una botella de tequila nueva. A ti también debieron de darte algo.
La chiquilla, emocionada por lo que le decía Del, se apresuró a buscar entre los protectores y se topó con una caja más pequeña, como de película. La sacó y dio un gritillo al descubrir el DVD original de 'Howl's moving Castle' junto a una plumilla nueva con la G grabada de Gorillaz.
- ¡AMO AL DIRECTOR! – expresó verdaderamente emocionada la música mientras daba brinquitos de felicidad. Brinquitos y chillidos que terminaron rotundamente cuando la puerta se abrió de pronto dando camino a un curioso y extrañado Russel.
- A mí también me agrada pero no es para tanto, Nood – comentó de buena gana el afroamericano dando un vistazo a toda la habitación. – Creí haber escuchado dos voces diferentes… ¿Estás bien?
- Si, Russ, es solo que… me emocioné.
- Por eso gritabas ¿No te pasó nada? ¿Nadie te hizo algo? – cuestionó con un deje de preocupación el gran hombre adentrándose para quedar a lado de la niña pelinegra.
- Si, es que… hablé con un amigo, te visitará luego.
- ¡¿Por qué no ahora?! – sonrió el recién llegado fantasma asustando al principio a Russel, pero luego se contagió y rió como lo hace uno a un amigo de la infancia o de muchos años, porque eso eran.
- Del, es bueno verte de nuevo – se sinceró el de piel de color con un tono bastante alegre. Cualquiera cambiaría de ánimo para mejor con esos dos juntos, porque esa era una amistad muy buena. Tanto que después de la muerte seguía andando.
- ¡Igual, hermano, Igual! – Saltó el espectro abrazando al baterista con efusividad, el otro trató de devolverlo, pero solo le atravesó con los brazos. Se deprimió un poco, más Del se encargó de animarlo de nuevo abrazándolo con todo y piernas, cual simio a un árbol. - ¡Te extrañé mucho, Russ! ¡Ya no me quiero ir!
- ¿Te quisiste ir alguna vez? – inquirió entretenido el gran chico, aún siendo usado como peluche por su mejor amigo.
- Ah – dudó aflojando el contacto, solo por unos segundos, para volver a estrecharlo con una sonrisa de oreja a oreja que le decía "Te crees muy listo ¿No es así? Pues… si lo eres ¡¿Y qué, presumido?!" – Elemental, mi querido Russel*, es claramente obvio… ¡Que jamás he tenido alguna intención de irme! ¡Ustedes son muy divertidos! Y créeme estar muerto no lo es… una más para tu lista de victorias, malparido.
- ¿Una de las muchas que están llenas? – se mofó el de la batería con ganas de desesperar a su amigo.
- No, ¡La que usas para limpiarte la cola!… maldito presumido.
Hola de nuevo!
Hasta aquí el segundo capítulo, lamento haber tardado tanto pero el primer semestre de la prepa me trae realmente del rabo, las tareas son muchas, los profesores son unos hijos de la *** (pero si enseñan, mis respetos), el grupo de danza en el que estoy me tiene ensaye y ensaye, no tengo tiempo ni de dormir ¡Tengo mucho sueño! ¡Me faltan como veinte horas, tan solo en ésta semana!
Pero no es excusa y voy a actualizar más pronto lo prometo, mil perdones.
¡GRACIAS A LOS QUE ME LEEN! Con más énfasis a marati2011 y a shameblack, que me han estado apoyando en mi corto transcurso en fanfiction.
Por cierto amé el fanfic que me dedicaste, sacaste mi lado más sentimental. Dense una vuelta por El jinete, está muy bueno, lo recomiendo, lo leo, me envicio con él, lo dejó, me da recaída y lo vuelvo a leer. Juro que casi lloro, pero uff… muy buen fic. LIKE
* Cuando escribí esa escena me acordé de Sherlock Holmes y por como quería hacer la amistad entre Russel y Del me pareció que una buena comparación sería la de Watson y Holmes, por ello: "Elemental, mi querido Russel" por 'Elemental, mi querido Watson', quería darle un toque formal para que luego lo arruinara con gritos… es un sentido muy extraño del humor que tengo.
EN FIN… ¿Felicitaciones? ¿Halagos? ¿Recomendaciones? ¿Groserías? ¿Escarmientos? ¿Cómo ya te habíamos dicho vete de fanfiction? Cualquiera será bien recibida en un review, los cuales amo y leo todos. TODOS. Lo triste es que son pocos, por eso es una tarea más fácil :D
Pero quiero tener mucha tarea en este aspecto:'( Dejen reviews y gracias por leer ;P
