El segundo capítulo ^^ Espero que os guste, y dejad algún review, por favor wo

Capítulo 2: Juego

Era jueves y Esperanza se dirigía al instituto. Su hermano

Fede siempre tardaba un poco más en salir de casa y lle-

gaba a deshora. Entró por la puerta y se dirigió a clase, donde sus amigas la saludaron. Otro aburrido día de estu-

dios empezaba.

Pasaron las horas hasta que sonó la campana del recreo y

todos salieron al patio. Allí, Espe se reunió con Julia, su

prima, y María, una amiga. Julia tenía el pelo rizado y

castaño oscuro, sus ojos eran pardos. María, tenía el pelo

igual, pero ondulado, y los ojos marrones. Las dos estaban un curso por encima de Espe.

Las tres fueron al servicio mientras charlaban.

-No me podré conectar al ordenador en navidad -dijo Es-

pe a Julia.

-¿Por qué? -Preguntó la otra, poniendo cara de desaprobación.

-Me van a quedar unas cuantas asignaturas.

El grupo de chicas se dirigió al baño. En el trayecto, se encontraron con Fernando, un chico de segundo de bachillerato con el pelo negro y rizado. Éste saludó, acariciando su barbuda cara, aunque en realidad no tenía mucho pelo.

Tras ir al baño, las chicas se reunieron con Samuel y Javier en una escalera. Samuel era un chico con pintas de niño asiático y vestía con ropas viejas y algo desgastadas por el uso. Javi tenia el pelo ondulado y negro, su piel era muy clara.

Durante el resto del recreo, el grupo charló y se tomó el desayuno.

El resto de las clases pasaron con velocidad y, en los cambios de clase, Julia se reunía con Espe. Las dos comenzaron a hablar sobre "La Rana", una chica de la clase. María apareció un minuto después y, dándole un susto a Julia, se unió a la conversación.

-¡JIUUUU! -Gritó la menor de repente.

-¡¿Qué pasa?! -Dijeron las otras dos, confusas.

La chica señaló a unas palmeras plantadas en el suelo. Escondido entre las hierbas, un ser de ojos rojos observaba a los estudiantes.

Las tres chicas se miraron con horror y giraron la cabeza de nuevo hacia las plantas. La criatura ya no estaba. Una profesora llamó a María y a Julia para que entrasen en clase. Éstas se despidieron de Espe y entraron a clase, mientras la menor se dirigía a la suya.

Debido a que era última hora, el extraño suceso que había sucedido minutos atrás quedó enterrado en la profundidad de las mentes de las tres chicas. Ya tendrían tiempo para hablar sobre ello.

El timbre de salida sonó y los estudiantes salieron del instituto.

En ese momento, algo muy extraño ocurrió. Fede, que caminaba de vuelta a casa con Espe y Aziz, mira al lugar donde se suponía que estaban los chicos. No había nadie. Absolutamente nadie. Ningún coche en la carretera, ni una sola persona en los pequeños bares de la zona... Nada. El único ruido que Fede escuchaba era el de su propia respiración y el viento. También le parecía escuchar las olas. Miró a su alrededor y se detuvo al contemplar algo a su espalda. Allí, sentado con indiferencia, había un zorro. Pero no un zorro cualquiera, era Vulpemon. En la boca llevaba un digivice rojo, como su pelaje.

El chico no sabía cómo reaccionar, todos habían desparecido y ahora había un zorro mirándole con cara de pasmado. Al ver que Fede no decía nada, el digimon tomó la palabra.

-Toma -dijo, sujetando el dispositivo y acercándose.

El chico se alejo de él unos pasos.

-¿Qué dices? -Preguntó después.

-Digo que cofas efto -respondió Vulpemon, balanceando el digivice.

Fede no le hizo caso. Estaba demasiado ocupado formulando preguntas en su cabeza: ¿qué ha pasado?, ¿Dónde están todos?

El digimon, al verse ignorado, resopló por la nariz y dejó su carga en el suelo, molesto. Después, como si le hubiese leído el pensamiento al chico, dijo:

-Mira, no tengo ni idea de qué está pasando, ni de dónde están las personas y los vehículos esos raros. Pero puedo decirte por qué nos encontramos tú y yo solos.

Fede asintió, se dirigió hacia las mesas de un bar cercano y se sentó en una silla. Vulpemon le siguió (no sin recoger antes el dispositivo) y, de un salto, tomó asiento.

El chico abrió y cerró la boca varias veces, hasta que formuló la primera pregunta:

-¿Qué eres?

El digimon sonrió levemente y se acomodó, soltando el digivice en la mesa.

-Soy un digimon. Supongo que ahora pensarás que sólo somos unos dibujos animados hechos para ganar dinero. ¡Pues no! Si que existimos, ¿alguna vez has oído hablar de los mundos paralelos? Claro que sí, lo habéis hablado hoy en filosofía. Pues el mundo digital, donde nosotros vivimos, es algo parecido. Sinceramente, no tengo la más mínima idea de qué está ocurriendo -el digimon miró a su alrededor-. Parece que los dos mundos se están fusionando...

Fede contempló el paisaje. Parecía haber cambiado. Ahora algunos edificios estaban cubiertos por plantas, crecían hierbas desconocidas en el suelo... Resultaba bastante extraño. Vulpemon sacudió la cola y el chico volvió su atención hacia él.

-Yo soy Vulpemon. Soy tu compañero y, por lo tanto, tú eres mi entrenador.

Fede no sabía qué decir. Pero podía estar seguro de que lo que estaba ocurriendo no era un sueño, la diferencia entre la realidad y la imaginación se nota.

El digimon suspiró y empujó el dispositivo con el hocico.

-Cógelo. Eso te identificará como entrenador y te dará ventaja en este terreno hostil. Te explicará sus funciones.

El chico lo cogió con desconfianza y lo encendió. De nuevo, una voz salió del dispositivo. El tutorial era exactamente igual que el que había escuchado Aziz el día anterior.

Fede sonrió levemente. Le encantaba la tecnología, además la entendía bien. Tal y como había dicho el dispositivo, pulsó "i" y señaló a Vulpemon, pulsando seguidamente "r". Sus datos surgieron en pantalla:

Vulpemon

Nivel: novato-3ª fase

Atributo: virus

Familia: Nature Spirits

Tipo: digimon mamífero

Altrura:

·Machos: 50-60cm

·Hembras: 45-55cm

Peso:

·Machos: 15-26Kg

·Hembras: 13-24Kg

Los Vulpemon viven en bosques. Son independientes y sólo viven en grupo con su pareja. Destacan por su aptitud en las peleas y las técnicas que realizan con el fuego. Su manto puede variar de rojo intenso a anaranjado.

Fede dirigió su mirada hacia su compañero. Éste sonrió, entrecerrando los ojos.

Espe tenía ganas de llorar, pero algo se lo impedía. Tampoco podía pronunciar palabra, pues su lengua parecía estar atrancada en su garganta. El corazón le golpeaba tan fuertemente el pecho, que sentía que en cualquier momento le daría un infarto. Le temblaba todo el cuerpo, estaba a punto de caer al suelo y tenía la vista nublada. Su piel estaba muy pálida y bajo sus ojos parecía haber unas inmensas ojeras. Sudaba, sudaba mucho. El ser delante de ella, le miraba a los ojos con confusión. Esta situación puede explicarse volviendo hacia atrás en el tiempo, cuando Espe caminaba con Fede y Aziz de vuelta a casa. La chica se había visto en la misma situación que su hermano y, asustada, corrió a casa en busca de ayuda. Al llegar a la puerta de casa de sus abuelos, había encontrado la puerta metálica del jardín abierta y llena de golpes de garras, al igual que las dos que permitían la entrada a la casa. Impulsada por la adrenalina y el miedo, entró y, al no encontrar nada raro, subió a casa de su madre. El espectáculo de la puerta se repitió y, de nuevo, la chica entró. Se escuchaban sonidos de pasos y, muy asustada, Espe fue a la cocina y cogió un cuchillo largo, grande y afilado. Sigilosamente, avanzó por el pasillo y, al llegar al cuarto de su madre, lo encontró. Una especie de dragón-dinosaurio negro con marcas azules que le llegaba por las costillas. La chica abrió mucho los ojos y comenzó a temblar. Impulsada por el miedo, probablemente, se lanzó contra el ser y le atestó (o por lo menos lo intentó) una cuchillada en el cuello. Reaccionando con velocidad, el dragón se giró y atrapo la cuchilla con dos garras, partiéndola por la mitad.

Y así llegamos a la situación anterior.

Finalmente, Espe se dejó caer de rodillas. Temblando, intentó alejarse del dragón, pero no pudo.

-¿Estás... Bien? -Preguntó con voz áspera. Su tono daba a entender que era una hembra.

La chica le miró, aterrorizada. Por su cara, podía deducirse fácilmente que no estaba bien.

-... Espera un momento

La dragona fue a la cocina y le llevó un vaso de agua.

-Toma -le ofreció el vaso, pero como la chica no reaccionaba, lo dejó en el escritorio.

Tras contemplarse mutuamente unos minutos, la dragona decidió explicar a Espe lo que era ella en realidad. Con cuidado de que no se asustase más y de no hacerle daño, la cogió de las axilas y le ayudó a sentarse en su silla.

-Umm... -comenzó- Soy Kirmon, una digimon.

La chica no reaccionó. Seguía con cara de pasmada, y Kirmon chasqueó la lengua.

-Perdón por asustarte, ¡pero tan fea no soy!

Espe sonrió levemente, recuperándose poco a poco. Cogió el vaso de agua y le dio unos tragos.

-¿Q... qué haces a-aquí?

Le temblaba la voz, pero consiguió formular la pregunta. La digimon sonrió.

-Unirme al juego -respondió.

Juego. Juego. La palabra hizo eco en la mente de la chica.

-... ¿Juego? -Preguntó.

-Exacto. Para mí, esto es como un juego. Uno en el que si pierdes mueres, pero un juego al fin y al cabo.

Al ver la cara de confusión de Espe, Kirmon explicó.

-Mierda, se me ha olvidado. Tú y yo somos compañeras, no hagas preguntas, es irrefutable -a continuación, dejó cerca de la chica un digivice negro-. Eso es un digivice, un dispositivo digital. Me da palo explicarte qué es, además de que no sé para qué sirve. Con lo del juego, me refiero a que los dos mundos, el digital y el humano, se están uniendo. Eso puede ser bueno, pero también puede ser jodido. En este caso es la segunda opción, porque el mundo digital ha sido invadido por virus, y no dudarán en apoderarse de este también. Por eso, hay que cargárselos. Como en los juegos de guerra, matas a los malos y final feliz.

Espe asintió, entendiendo. Cogió su digivice y lo encendió, recibiendo el mismo tutorial que los otros dos entrenadores. Después, miró a Kirmon y registró sus datos:

Kirmon

Nivel: novato-3ª fase

Atributo: datos

Familia: Deep Savers

Tipo: dragón

Altrura:

·Machos: 120-150cm

·Hembras: 100-140cm

Peso:

·Machos: 37-53Kg

·Hembras: 30-46Kg

Los Kirmon viven en lugares fríos, como bosques helados. Se agrupan en manadas que no tienen un jefe concreto. Son carnívoros y de naturaleza agresiva. Su piel puede ser color gris oscuro o negro. El color de los ojos también varia de un individuo a otro.

La chica miró a su digimon.

-Lo primero que deberías hacer es almacenar comida y agua -dijo Kirmon, pues ya se habían puesto en marcha para ir a luchar-. También podrías coger algún kit medicinal.

Espe asentía, guardando todo lo necesario para un viaje largo.

-Eh, Kirmon.

-¿Sí?

-¿Dónde están todos? Ya sabes, las personas. Han desaparecido.

-Pues no tengo ni idea. Pero no te preocupes, no corren peligro -la digimon previno otra pregunta de la chica-. No me preguntes cómo lo sé. Simplemente lo intuyo.

A pesar de la seguridad que la voz de Kirmon denotaba, Espe no podía evitar estar preocupada. ¿Y si su familia se encontraba en la misma situación? Podrían morir.

Tras recopilar los objetos necesarios para sobrevivir, las dos compañeras salieron a la calle. A pesar de su apariencia levemente tosca, la digimon andaba con soltura y sigilo, lo que sorprendió a Espe.

Un Satanisklenmon se paseaba de forma imponente por una sala. Ésta tenía enormes columnas retorcidas que sujetaban el techo. La penumbra reinaba en el lugar y, en lo más alto, pegada al techo, se revolvía una espesa niebla rosa. El digimon parecía enfadado. A sus pies se arrodillaban otros cinco, que aparentaban ser sus sirvientes.

-Eremon, ¡MUÉSTRATE! -Satanisklenmon cerró su puño rojo con furia y un pequeño digimon negro con una bufanda y abrigo hechos jirones salió de las sombras- ¡TE HE DICHO MUCHAS VECES QUE NO TE OCULTES!

-Sí, amo...

El pequeño se unió a los demás. Con un movimiento de cabeza, el imponente digimon rojo se dirigió a uno de los allí presentes, qué comenzó a temblar. Era una pequeña dragona de unos cuarenta y cinco centímetros de altura, con la piel lisa y color malva. Las dos pequeñas alas negras que salían de su espalda se encogieron.

-Jokamon -dijo Satanisklenmon-... Ponte en pie.

La digimon se puso en pie, temblando, sin mirar a su amo.

-Me han dicho... Que hoy te has negado a asesinar a la colonia de Poyomon que rondaba cerca de las instalaciones... ¿Es cierto?

Jokamon movió nerviosamente sus dos "orejas" y entrelazó sus manos.

-N-no, señor... -Respondió al fin.

El digimon rojo sonrió, aunque se asemejaba más a una mueca. Acto seguido, atestó una patada en la barriga verde de Jokamon, lanzándola por los aires. Ésta chilló de dolor al recibir el golpe y al caer al duro suelo de piedra.

-¡MENTIRA! ¡MALDITA INÚTIL, SABES QUE SIEMPRE ENVÍO UNA PATRULLA PARA VIGILAR VUESTROS MOVIMIENTOS! -El demonio se acercó a la pequeña, que sollozaba lastimeramente- ¡PONTE EN PIE!

La dragoncita se incorporó con dificultad, temblando y con una pierna lesionada. Sin piedad alguna, Stanisklenmon le empujó, devolviéndola a su posición con los demás y tirándola al suelo de nuevo. Éste se colocó enfrente de los presentes.

-Tengo una misión que encargaos, sirvientes... Los niños elegidos han comenzado a movilizarse. Quiero que los matéis y que persuadáis a sus compañeros digimon para que se unan a nosotros. No será difícil... repartíos los niños -Tras una pequeña pausa, habló de nuevo-. ¡Brassenmon! Lleva a esta quejica a la enfermería, a ver si se calla de una puta vez.

Un dragón azulado con marcas negras que medía setenta centímetros se acercó a Jokamon, que no paraba de sollozar debido a su rodilla hinchada.

-Sube -dijo, poniéndose de espaldas a ella.

Ésta subió a Brassenmon, que salió de la sala.

-Y vosotros -dijo el digimon rojo- podéis poneros en marcha.

Hizo un gesto con la mano y los allí presentes salieron ordenadamente por un portal que había creado el demonio.

Éste, haciendo otra mueca, dijo para sí:

-Que empiece el juego.