⟪DDR⟫ SSC © Las Clamp.
El sentido del humor consiste en saber reírse de las propias desgracias.
Alfredo Landa.
VERGÜENZA AJENA.
—¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —Fue el grito estridente que se escuchó en todo el lugar, solamente había algo que él odiaba, las malditas tarántulas como les decía.
Li Xiaoláng era sinónimo de perfección, a sus 16 años era uno de los chicos más populares de la preparatoria Seijou Inc en Hong Kong, apuesto, un excelente estudiante, deportista, de una familia reconocida no solo por su nivel adquisitivo sino por su trascendencia en el tiempo, pero ahí estaba él aterrado, tratando de trepar aquel viejo olmo y a punto de caer al riachuelo, a lo lejos se veía una serie de hermosas y pequeñas cascadas, que en conjunto con la escasa lluvia que caía en el lugar y la espesa vegetación, hacía un cuadro hermoso.
Daba gracias que se había alejado de sus compañeros de clases, ellos estaban del otro lado del campamento escolar. Una vez al año, entre cada semestre se hacía una actividad escolar, ese año tocó acampar, con lo que él no contaba era que aquel paseo matutino, se iba convertir en su dolor de cabeza cuando accidentalmente tropezó con un tronco hueco, por ir distraído viendo el maravilloso paisaje, al golpearlo, empezaron a salir diferentes tipos de arañas, entre ellos no tuvo problema en identificar a las tarántulas, raro porque ellas nunca andaban juntas, pero si algo él odiaba y de paso temía, era los arácnidos.
Ahora no sabía, ¿cómo bajar?, ¿a quién llamar?, sobre todo cuando su móvil y su mochila de explorador estaba en el piso porque del susto se le cayó, entonces levantó la mirada y se quedo sin palabras al ver a una de las estudiantes de intercambio, ella le miraba con una expresión que él no sabía si era de sorpresa o burla.
La joven de 15 años tenía el cabello castaño claro a nivel de los hombros, unos hermosos ojos verdes, a pesar de los lentes de marco cuadrado que usaba solo para leer y justo en ese momento venía con un libro en las manos, detuvo su andar cuando escuchó aquel grito «tan femenino» que la asustó por completo y dejó caer su libro, pero al recogerlo notó la presencia de su compañero con aquella expresión de terror, que fue inevitable no reír con nerviosismo.
Xiaoláng lejos de molestarse se asombró cuando pregunto por inercia, a pesar de la ridícula posición en la que estaba:
—¿Hablas?... Pensé que eras muda.
Sakura se quedo callada, no le sorprendió ese comentario, ya que debido al trabajo de su padre y hermano (ambos eran reconocidos arqueólogos), ella debía mudarse de ciudad y cambiar de escuela constantemente, de ahí su personalidad introvertida, por lo general siempre pasaba callada o metida en la biblioteca leyendo, era difícil hacer amigos cuando apenas iba estar unas semanas en una escuela y luego venía el cambio abrupto.
Se supone, que está vez ella iba poder estar en Hong Kong un año completo, pero todo era proyecto e incierto.
Sakura sonrío con incomodidad, cuando busco con calma una larga vara, algo similar a una rama seca larga, a paso firme se acercó donde estaba su compañero, sin prisa alguna hizo a un lado a las arañas, ella no les temía aquellos pequeños animales, sus temores eran otros, su compañero la miró con asombro pero no dijo palabra alguna, hasta que finalmente ella disipó las arañas y sonrió con calma.
Entonces Xiaoláng bajó del árbol y comentó con incomodidad:
—Gracias.
Sakura sonrió, iba decir algo ya que era una excelente oportunidad de hacer un amigo, pero no contaba sus compañeros de clase: Yamasaki, Eriol, Ariel, Abel y Lince, lo estuvieran buscando, ambos se sobresaltaron cuando escucharon unos gritos que decían:
—¡Xiaoláng!
—¿Dónde estás? —preguntó Eriol con interés— Queremos ir a pescar.
—¡Xiaoláng vamos a jugar! —gritó otro de sus compañeros.
Los gritos sonaban más cerca, Xiaoláng susurró con una expresión incómoda:
—Esto nunca paso.
Esa sutil amenaza la hizo reír, ella no dijo palabra alguna, Xiaoláng buscó su maleta y se la puso en los hombros, entonces Sakura miró con atención la barra de chocolate que se notaba en uno de sus bolsillos y comentó sin pensar:
—Me gusta el chocolate.
El adolescente se puso tenso, porque esa era su debilidad y algo que nunca compartía era su comida.
—Es mía. —replicó en voz baja al ver la expresión de su compañera.
Sakura puso su dedo índice en su barbilla, y respondió con una amplia sonrisa al recordar cómo él estaba en el árbol, aferrado como un mono aterrado, a su criterio.
—Te salvé de las arañas —Le dio una ladina sonrisa—, eso merece una recompensa.
Mentalmente hablando Xiaoláng se quería dar contra uno de los árboles, si algo así se filtraba en la escuela sería el bochorno de su vida y con el dolor de su alma, hablando metafóricamente, sacó su chocolate de almendras, extendió su mano hacia ella y replicó con reproche:
—¡Esto es chantaje!... —refunfuñó por lo bajo— Si te lo doy nunca hablaras del tema. ¿Entendiste?
Sakura iba decir algo, cuando Ariel los encontró y luego de pegar un grito a sus amigos para que lo alcanzaran, dijo sin pensar al mirar a Xiaoláng:
—Escuchamos el grito de una niña. ¿Qué pasó?
Sin querer miró a su nueva compañera de clase, aún no la había tratado pero antes que Xiaoláng respondiera, los chicos llegaron al lugar.
Eriol comentó en un tono que se notaba su burla:
—¿A quién mataron? Escuchamos un grito agudo de una niñita asusta… —Se quedó sin palabras al notar a su nueva compañeras de clases, entonces Xiaoláng pensó con rapidez y respondió:
—Kinomoto se asustó de unas arañas y yo la salvé… —Sakura lejos de enojarse sonrió con nerviosismo por la vergüenza ajena que la estaba haciendo pasar, lo miró con atención, Xiaoláng comentó como el perfecto caballero que era sobre todo cuando quería hacer alguna conquista—: Le di mi chocolate para que deje de llorar... —Sus compañeros sonrieron complacidos, entonces él les sugirió en un tono bajo—: Los alcanzó al rato, vayan adelantandose.
Sus amigos pusieron una expresión pícara, pero no cuestionaron a su compañero de clases, después de todo la acción de Xiaoláng daba la impresión errada que él quería estar a solas con su compañera de clases, ellos no iban a interrumpir aquel posible mágico momento perfecto para una nueva conquista. Era una de sus tantas reglas, a pesar de sus miradas impregnadas de malicia y diversión.
Cuando se quedaron solos, Xiaoláng le explico con rapidez:
—¡Esto nunca paso! Te daré mis chocolates por un mes, si no dices palabras alguna.
—Que sea por todo un año y los viernes me traes el almuerzo. ¿Qué dices?
Sakura hizo la petición, porque había visto los abundantes almuerzos que el fiel mayordomo le llevaba a Xiaoláng y a sus amigos.
Xiaoláng iba a protestar, cuando Sakura comentó sin pensar:
—Ahí viene un par de tarántulas.
—¡AHHHHHHHHHHHH! ¡Quítamelas!, ¡quítamelas!, ¡quítamelas!
El adolescente estaba aterrado que dejó botado todo y se puso detrás de Sakura, ella se mordió los labios para no soltar una fuerte carcajada, tomó su vara y movió la tierra para que las tarántulas se vayan por otro lado, entonces con calma tomo las cosas de su compañero y le dio una suave sonrisa, mientras le entregaba sus cosas.
Xiaoláng la miró con asombro, no entendía cómo ella no les temía a esos animales tan horrible y antes que ella insistiera en el trato, le dijo con reproche:
—¿No te dan miedo esas cosas?
—¡No! Porque tengo dos tarántulas de mascotas «Spin y Kero», son sus nombres y son muy lindas.
Xiaoláng puso una expresión de terror y ella empezó a reír con diversión, al terminar de hacerlo le preguntó:
—¿Hacemos el trato?
Xiaoláng la fulminó con la mirada y respondió sin pensar:
—¡Bien!... Pero si le cuentas alguien sobre esto, se acabarán los chocolates y el almuerzo.
Sakura sonrío complacida, no sabía cuando tiempo iba estar ahí en Hong Kong, pero al menos parecía que la escuela iba hacer divertida esta vez, sobre todo si tenía al chico más popular de la escuela en sus manos y sin hacer mayor esfuerzo.
Xiaoláng por su lado iba pensando con malestar: «Diablos, estoy en sus manos… ¿Debe haber una forma de descubrir a qué le tiene miedo?... ¿Tal vez si lo descubro me libraría de eso?».
Sakura iba abrió su libro y él preguntó con interés:
—¿Lees en vacaciones?
—Es un nuevo libro, sobre monstruos, habla de diferentes mitologías ancestrales. Esta interesante.
El pareció interesarse en el tema, pero cuando ella le mostró sin decir palabra alguna, una figura de algo similar a un humano con la mitad de la cintura para abajo en forma de una araña, él preguntó con horror:
—¿Qué cosa es eso?
—Es un Driders —Al notar la expresión de asombro de su compañero de clase, ella comentó con calma—. Son una especie engendro proveniente de un Drow que ha sido repudiado por su diosa, eso dice la leyenda.
Por la cara de asombro que puso el adolescente, ella continúo su relato:
—En la sociedad Drow existe una gran veneración a la diosa araña Lolth. Cuando un Drow llega a un cierto grado de desarrollo, ya sea como guerrero, mago, etc., es sometido a una prueba especial encomendada por Lolth.
—¿Y si no pasan esas pruebas? —preguntó Xiaoláng con genuina curiosidad, después de todo los relatos mitológicos le gustaban mucho, ella respondió con calma, al seguir leyendo la inscripción de la figura:
—Aquéllos que no superan la prueba son malditos por la diosa, y desterrados de su comunidad, la maldición los transforma en seres que mantienen la parte superior de Drow, pero la parte inferior de su cuerpo es la de una araña gigante, normalmente de ocho patas. Estos relatos son fabulosos. ¿No lo crees?
Xiaoláng hizo una mueca de reproche, no porque no le gustará el relato sino porque las arañas no le gustaba y nada que tuviera que ver con ellas, entonces Sakura preguntó con calma, al cerrar su libro:
—¿Por qué les temes a las tarántulas?
—Eso no es asunto tuyo. —Xiaoláng contestó de mala gana.
Sakura no pudo evitar sonreír con diversión y pregunto por molestar:
—¿Te imaginas encontrarte con un Driders o mejor aún recuerdas esa araña gigante de la saga de Harry Potter?
Ante ese comentario, su compañero la fulminó con la mirada pero no respondió, si antes dudaba en averiguar que la asustaba ahora estaba decidido a saber a qué ella le temía, por lo que comentó en un tono firme:
—Es hora de irnos, a no ser que desees quedarte con tus horribles amigas.
Sakura sonrió con incomodidad y en silencio le siguió, algo le decía que esa no sería su primera conversación, por lo que se dispuso abrir la envoltura del chocolate, Xiaoláng la miró con los ojos entrecerrados, pero al notar que ella no tenía ni la mínima intención de compartir el chocolate siguió su camino, claro que en todo el trayecto no dejó de quejarse en voz baja, pero si él descubriría o no sus temores, eso ya es otra historia.
Fin.
