Hooola mis chicas!
Aquí estoy, aunque con unas pocas horas de retraso... ya podéis perdonar.
No puedo dejar de daros las gracias, por la fabulosa acogida a mi última locura jejejeje... sé que hay muchos interrogantes en el aire; paciencia, todo se irá sabiendo poco a poco.
Este capítulo es un pelín corto, por así decirlo. Es, por llamarlo de alguna manera, una continuación de la presentación de los personajes, y también la presentación de la trama principal. Según leáis, me entenderéis. Los próximos ya serán mas largos.
Espero que os guste... nos leemos abajo ;)
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.
Capítulo 1: Aquella noche
-¿Estás seguro de que nos dejarán entrar?- preguntó por novena vez Paul a Embry -no pienso conducir dos horas hasta Seattle para que luego no nos permitan entrar.
-Vamos, tío- rodó los ojos su amigo -es una discoteca nueva, y además, tengo un amigo que trabaja allí.
-Además, todavía no hemos empezado la temporada de partidos- añadió Emmett.
-No estoy seguro de que al entrenador Clapp le haga mucha gracia- acotó Jasper; los cuatro estaban reunidos en el baño de los chicos, haciendo planes para el fin de semana.
-Los entrenamientos no empiezan hasta la semana que viene; dudo mucho que se entere- siguió hablando Embry.
-Seguro que a Rosie le apetece ir; siempre se apunta a todo- Emmett se frotó las manos -a todo esto... ¿qué hora es?
-Mierda- siseó Paul, mirando su reloj -¡son las nueve y cinco!- bramó, colgándose la mochila al hombro. El resto voló por el cubículo, recopilando sus libros y carpetas, para salir disparados. Los pasillos estaban vacíos, ya que todo el mundo había entrado en las aulas.
-¿Seguro que ha sonado el timbre?- preguntó Embry, con el ceño fruncido.
-Dudo mucho que se haya estropeado- siseó sarcástico Jasper; él y Embry volaron hacía el laboratorio de biología, mientras que Paul y Emmett aceleraron el paso hacía el aula de matemáticas.
Emmett tragó saliva antes de llamar a la puerta; una voz conocida les dio permiso para entrar, y se quedaron cabizbajos enfrente de toda la clase, mientras que la profesora acababa de anotar una fórmula en la pizarra.
-¿Y bien?- les reclamó esta, una vez fijó sus ojos azules en los dos alumnos.
-Hum... nos hemos entretenido...- empezó a excusarse Paul
-¡Con el entrenador Clapp!- terminó la frase Emmett, sonriendo satisfecho, y de manera inocente.
-Así que con el entrenador Clapp...- murmuró la mujer, cruzándose de brazos -que casualidad que hoy no entra a trabajar hasta las once- la clase estalló en risas ahogadas, a la vez que los interpelados se removían incómodos -estáis castigados a la hora del almuerzo, trabajo voluntario- recalcó la palabra -en la biblioteca.
-Pero mamá...- empezó a quejarse Emmett, ante ya las risas nada disimuladas de sus compañeros; Paul, a su lado, esbozaba una mueca de fastidio, a la vez que Margaret Brandon los miraba con una ceja arqueada.
-Aquí soy la señora Brandon- le recordó a su hijo, seria -ya me habéis oído- bajó su vista al libro, señal de que la discusión había finalizado.
Paul y Emmett se dirigieron a los asientos que solían ocupar, en la última fila; mientras sacaban los libros y bolígrafos.
-No le veo ninguna ventaja a eso de que tu madre sea nuestra profesora- cuchicheó Paul en voz baja a su amigo, cuando esta les dio la espalda, para volver a escribir algo en la pizarra -en dos semanas que llevamos de clase, ya nos ha castigado más que todo el curso pasado.
-Ha sido un despiste- se encogió de hombros este.
-Muy bien, chicos- la voz de Margaret hizo que cortaran la conversación -la semana pasada empezamos con los logaritmos, y creo recordar que os mandé unos ejercicios- vio como sus alumnos asentían levemente con la cabeza -vamos a ver si habéis memorizado las fórmulas- señaló al ejercicio que había escrito detrás de ella -Cullen, a la pizarra- ordenó.
Los ojos verdes de Edward rodaron, pero no le quedó otro remedio que hacer lo que su profesora le ordenaba. De camino al frente de la clase, vio a Laurent riéndose, y no pudo evitar imitar su gesto.
-¿Qué es tan divertido?- interrogó Margaret Brandon, fulminando a Edward con la mirada.
-Nada- se encogió de hombros el cobrizo, llegando a la pizarra.
-Espero que esa alegría sea por que has hecho los ejercicios- se cruzó de brazos.
-No he tenido tiempo- soltó tan tranquilo.
-Oh, oh...- meneó la cabeza Emmett.
-¿Y qué le ha mantenido tan ocupado para no hacer sus tareas, señor Cullen?- interpeló, enfadada -¿ha estado usted enfermo, o algo así?
-Si estar colocado y borracho todos los días se considera enfermedad...- el comentario de Paul llegó a oídos de la profesora y de Edward, que lo taladró con la mirada.
-Es suficiente, señor Swan- le previno seria, para después volverse a su alumno -¿puede al menos resolver el ejercicio propuesto?- suspiró cansada. Edward tomó la tiza, y para sorpresa de todos y de Margaret Brandon, lo resolvió sin problemas.
-Por esta vez se ha librado, señor Cullen- asintió seria, ya que el resultado era correcto -pero para el lunes, quiero los ejercicios que mandé encima de la mesa, y eso va para todos; incluidas las páginas dieciocho, diecinueve y veinte- miró a sus alumnos, que se quejaron de manera poco disimulada.
-Gracias, Edward- siseó Emmett, cuando este volvía a su pupitre.
-Que te jodan- le devolvió la respuesta, tomando asiento de nuevo. Paul le fulminaba con la mirada, y aunque Edward se la sostuvo, enseguida su mente voló hacia otros asuntos, dando el encontronazo por terminado.
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-¿Seguro que esa es una buena manera de avivar el fuego?- interrogó Alice a su hermano, que con un trozo de cartón abanicaba las brasas de la barbacoa, intentando que se avivaran.
-¿Para esto te apuntaron a los Boys Scouts de pequeño?- todos rieron ante la broma de Paul; junto con ellos, los gemelos Hale, Jacob y Nessie, Bella y Seth, rodeaban la carne preparada y la inmensa barbacoa del jardín de los Brandon.
-Dejad trabajar al chef- replicó el aludido, ofendido, y siguiendo con su tarea.
-Tengo serias dudas acerca de si cenaremos hoy o no- siseó Bella, antes de que ella y las chicas se sentaran en torno a la mesa, dejando a los chicos.
Por fin había llegado el viernes, y todos los chicos estaban exultantes por el fin de semana que tenían delante de ellos. En otra de las mesas, sus padres conversaban animadamente y reían, excepto Carlisle, que no se había podido librar de la guardia esa noche.
-¿Qué planes tenéis para mañana?- les preguntó Rose -nosotros queremos ir a la discoteca nueva que habían abierto en Seattle- bajó la voz, para que sus padres no se enteraran.
-No creo que nos dejen entrar- musitó Nessie, con fastidio -Jake me lo ha dicho a la hora de la comida.
-Es verdad- Rose rara vez se acordaban de que ellas todavía eran menores.
-Paso de salir con mi hermano de fiesta, no me dejaría ni respirar- musitó sarcástica Bella.
-¿Crees que Paul se enteraría de que estás ahí?- le preguntó Rose -siempre está muy ocupado con todas las chicas que le rodean.
-Es todo un Don Juan- habló Jake, que se acercó a ellas y tomó asiento al lado de su novia -recuerda que mi hermano nos ha invitado a cenar- Sam, de veinticinco años, era su hermano mayor, y vivía en Port Ángeles junto a Emily, con la que contrajo matrimonio el pasado junio. El mayor de los Black regentaba uno de los cinco talleres mecánicos que el padre de ambos tenía por la zona.
-Es verdad, lo había olvidado- admitió Nessie.
-¿Va a ir tu hermano?- la pregunta de Alice iba dirigida a Rosalie, que sonrió. Sabía que esta estaba loca por Jasper.
-No sé si su querida novia querrá ir- esbozó una mueca burlona a la mención de María, con la que no se llevaba nada bien. Aunque la joven vivía en Forks, asistía a un colegio privado en Port Ángeles, de modo que no la veía mucho.
-¿Edward no viene?- preguntó ahora Bella a Nessie.
-Se ha vuelto a meter en líos, así que está en casa, castigado- le contó.
-Y ha tenido un encontronazo con tu hermano, en clase de matemáticas- habló ahora Jake -me lo ha contado Embry en el comedor.
-No me sorprende- musitó la castaña, negando con la cabeza -¿por eso Emmett y él estaban castigados a la hora del almuerzo?
-No ha sido por eso- negó Jasper, que se acercó también la grupo -Paul y él han llegado tarde a clase- todos estallaron en risas.
-Solo a tu hermano se le ocurre llegar tarde a la clase que imparte su propia madre- Jake se moría de la risa.
-Genio y figura- añadió Nessie, ante las caras de fastidio de Alice y Rose.
-Las hamburguesas están en marcha- Seth tomó asiento al lado de su hermana, que lo atrajo hacia su lado, rodeando uno de sus brazos.
En la otra mesa, los padres de todos ellos charlaban de manera animada, mientras que Richard Brandon entraba y salía de la casa, cargando las bebidas.
-¿Cómo le va a Leah en Chicago?- preguntó Renée a Annie Call, madre de Embry y de la aludida.
-Está encantada- respondió, ante la sonrisa de Embry padre -siempre quiso estudiar Derecho en esa universidad.
-Cuando se gradúe, ya sabe donde tiene trabajo- habló ahora Kevin Hale; él y su esposa eran propietarios del único despacho de abogados de Forks.
-Lo sabe- rió su madre.
-Y creo que en el futuro, Alice se unirá a nuestra empresa- habló ahora a Esme, mirando a Renée.
-Está enamorada de vuestro negocio- tomó la palabra Margaret, aludiendo a la empresa de organización de bodas y eventos, de la que tanto Esme como Renée eran propietarias -le encantan todas esas cosas; no creo que ni ella ni Emmett se decantan por seguir mis pasos en la enseñanza
-Ni los míos- habló ahora su marido; Richard era médico, y trabajaba en las unidad de Urgencias del hospital de Forks, junto con Carlisle.
-Pues Paul sí que va continuar la tradición familiar- relató Charlie, abriendo una lata de cerveza.
-¿Sigue con la idea de ingresar en la academia de policía cuando acabe el instituto?- Louise Hale miró a su amiga Renée.
-Eso dice- asintió ella -aunque a mi no me hace nada de gracia- miró a su marido con preocupación; este intentó animarla con una pequeña sonrisa, pero entendía a la perfección la preocupación de su esposa. Era un trabajo muy peligroso, y él mismo sabía que su familia no estaba tranquila hasta que no volvía todas las noches a su casa, sano y salvo.
-Mi hijo también lo está pensado- tomó ahora la palabra Embry padre; él y Charlie eran compañeros de comisaría -creo que lo tienen planeado desde pequeños.
-¿Y Edward, qué quiere hacer?- se metió en la conversación Billy Black, acercándose en su silla de ruedas.
-Está tan rebelde- Esme negó con la cabeza, con expresión triste -no sé que va a ser de él; Carlisle y yo ya no sabemos qué hacer.
-Es un buen chico- habló el jefe Swan -será una época rebelde... aunque me dolió en el alma tener que detenerle por conducción temeraria.
-Hiciste lo que debías, no te preocupes- contestó Esme.
-¡Las hamburguesas están en su punto!- el chillido de Emmett sacó a los adultos de su conversación, y todos se dispusieron a cenar.
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-Eddie...- le llamó una melosa Tanya, sentada a horcajadas sobre él, en el asiento trasero del volvo, y poniendo las manos del joven en sus pechos desnudos.
-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó este, con una sonrisa lánguida; la marihuana que la pareja había fumado, junto con la botella de vodka casi vacía, hacían que estuviesen en un letargo plácido y agradable -sino me dices lo que quieres...- se encogió de hombros, amasando uno de su pechos y pasando el pulgar por su pezón. Llevaban dos horas follando como locos, y Tanya todavía quería más.
-Podrías llevarme a una cita romántica- sugirió ella, besando su cuello y riendo tontamente. Edward también rió, y enfocó, casi de manera borrosa, la cara de la chica que tenía encima, pero los volvió a cerrar. Piel pálida, aliento cálido y dulce, ojos marrones tan profundos que enamoraban solo con mirarlos... pero de nuevo la voz estridente se coló por sus oídos, y eso hizo que se mordiera la lengua, y que volviera a la realidad.
-Tanya...- negó con la cabeza, con una pequeña risa tonta -sabes que lo pasamos muy bien juntos; pero no quiero una novia.
-¿Sabes que yo podría darte mucho?- volvió a insistir esta, con voz melosa.
-Ya me das demasiado... follas como nadie- soltó mordaz; los ojos marrones de la rubia relampaguearon con furia, antes de bajarse de encima de él y ponerse su jersey y pantalones, sin preocuparse de su ropa interior.
Salió del coche dando un portazo, ante la mueca de indiferencia del cobrizo, que con esfuerzo logró subirse su ropa interior y sus pantalones. Tanya dio un tremendo portazo al salir, para dirigirse al coche que estaba a unos metros, donde su amiga Jane y Laurent estaban sumidos en una sesión de besos.
-¡Jane!- abrió la puerta del coche sin ninguna ceremonia -llévame a casa.
-¿Por qué no te lleva Edward?- rió Laurent divertido, que se olía lo que había pasado en el volvo; siempre era la misma historia. Jane no había despegado la cara de su cuello, besándolo y lamiéndolo.
-Podéis enrollaros otro día- rodó los ojos Tanya -vamos Jane- por fin, la aludida levantó la vista, mirándola con el ceño fruncido.
-No me apetece escuchar tus lamentos toda la noche- siseó fastidiada, para después mirar su reloj -son casi las dos, mis padres van a matarme- hizo un pequeño puchero de pena, haciendo reír a Laurent.
-Llevátela- le dijo, besando levemente sus labios fruncidos; ellos apenas habían tomado una copa, así que Jane estaba bastante lúcida para conducir -está demasiado colocada.
Después de una breve despedida, Jane y Tanya se alejaron hasta el coche de la primera; Edward, que se había acercado a su amigo, apoyándose ambos en el capó, miraron el vehículo rojo alejarse.
-¡Adiós, Tanya!- se despidió Edward, entre risas; esta simplemente le sacó el dedo por la ventanilla del copiloto, haciendo que los jóvenes se carcajearan aún más.
-Tío, no sé que le das- negó Laurent con la cabeza, divertido -bueno, me lo imagino- rodó los ojos, ante la mueca de este.
-Sabe lo que hay- se encogió de hombros.
-Se te va a caer la polla a trozos, de tanto polvo- meditó el moreno, riendo ante la situación.
-A quien se le va a caer es a James- contradijo Edward -me imagino que está en casa de...- dejó la frase inconclusa.
-Los padres de Victoria no estaban este fin de semana- le explicó Laurent; era raro que el rubio no acudiera a su cita de todos los viernes. Se reunían en un paraje al lado de los acantilados de La Push, a las afueras del pueblo, para beber y pasarlo bien.
-Eso es un buen motivo- rió Edward -bueno tío... yo también me voy- le palmeó el hombro -se supone que estoy castigado- le recordó.
-¿Cómo has conseguido burlar a tu padre?- inquirió muy interesado, a la vez que le acompañaba a su coche; vio que su amigo se tambaleaba peligrosamente.
-Está de guardia, y mi madre y mi hermana están en una cena en casa de los Brandon, o alguna chorrada así- le contó -eso se suele alargar- trastabilló, y por poco se cae al suelo, cosa que le hizo reír tontamente.
-¿Cuántos canutos te has fumado, tío?- Laurent le ayudó a levantarse, y a ponerse recto -¿cuántos dedos hay?- alargó su brazo hacia la cara de Edward.
-Tres, idiota- siseó -¿lo ves?, estoy bien.
-¿Seguro que no quieres que te lleve a casa?- insistió su amigo.
-Si mi padre no ve el coche, me mata- desechó la oferta.
-¿Quedamos mañana?- le preguntó Laurent, mientras este se metía en el coche y arrancaba.
-Si puedo escaparme, te llamo- se despidió Edward, avanzando lentamente y sacando el brazo por la ventanilla.
Vio por el retrovisor como Laurent montaba en su coche, y tomaba la dirección contraria a la suya, ya que vivía en la otra punta del pueblo. Poco a poco, los ojos de Edward enfocaban con más dificultad, debido a todas las sustancias consumidas y al cansancio acumulado del día.
Pensó en cerrarlos un momento, pero se obligó a mantenerse despierto, abriendo las ventanillas y poniendo música a todo volumen. Atravesó a baja velocidad el centro del pueblo, pero una vez pasó, aceleró un poco la velocidad, tomando la principal; no veía la hora de llegar a su casa, y meterse en la cama, y taparse hasta las orejas...
Abrió los ojos repentinamente, se había quedado dormido apenas unos segundos, pero su corazón se desbocó al darse cuenta de que se había salido de la carretera.
-¡Mierda!- exclamó, dando un brusco volantazo, intentando volver a la cazada; pero era demasiado tarde, y no pudo evitar que se saliera en una de las curvas que conectaba la carretera principal con el desvío hacía su barrio.
Al frenar de manera brusca, el coche dio varias vueltas de campana, golpeando todos y cada uno de los huesos de su cuerpo; sintió un dolor punzante en la cabeza, pero lo único que acertó a enfocar por última vez fue el inmenso tronco del árbol empotrándose contra el capó y la luna delantera... y contra él mismo.
Un chasquido espeluznante resonó en el ambiente, y un dolor horrible, como nunca había sufrido, recorrió su espalda, antes de que todo se volviera negro.
Gracias mis chicas, por acompañarme de nuevo en otra de mis locuras; a las lectoras silenciosas, que ponéis la historia en alertas y favoritos; a las que contribuis con vuestras teorías y opiniones...
Juliana IMC; Aliena Cullen; Miluxkitas08; Ludgardita; Cherryland; Luzdeluna2012; SaraMCullen; SabiaAtenea; NereCullen73; Mentxu Masen Cullen; Cintia Black; Sofy Vicky; Colyflawer; 87kris-cullen; Yeray; Bellaliz; Keimasen86; Ericastelo; Sheila Marie Cullen; San; Jupy; JSGN; Jazu; Kimjim; Caro508; Cath Robsteniana; Soemarie Grey; RAKL Gt; Franiii-p; Patymdn; Ela fordyce; Anamart05; Ligia Rodríguez; EdwardKaname; Audreybaldacci; Madaswan; Angie Masen; Beluchiss; Chusrobissocute; Antomirok; Diana Prenze; Bea in the Sky; V; Isabella Anna Cullen; BellaCullenPR; Andre-R; Jeinmy; Esme Mary Cullen; Maya Masen Cullen; Marttha Cullen Dollanganger; Wen liss; Dreams Hunter; Lolitaswancullen; Reneesme1510; Marianixcr; ChicaDeCullen; Masilobe; Saraes; Caniqui; FresCullen; L...
Mis reques, mis chicas rock y del FB... os quiero. Vosotras sois las causantes de todas estas ideas locas... gracias por todo.
Cris, Sara... os adoro.
Un beso enorme, y nos vemos la próxima semana ;)
