Hoola mis chicas hermosas!

Aquí estoy de nuevo con esta historia, a ver si retomo un poco el hilo de las actus. Ahora es cuando empieza el asunto... y aunque muchas vais a mandarme a la hoguera por lo que sigue a continuación... simplemente deciros que la historia, desde un principio, fue planteada de esta manera.

Espero que os guste... aunque advierto que es un capítulo muy triste :(

Nos leemos abajo...


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.


Capítulo 2: La llamada

-Charlie... está sonando tu teléfono móvil- murmuró Renée, encendiendo la lámpara de la mesilla y zarandeando a su marido por el hombro.

-Hum...- fue toda la respuesta de su esposo, frotándose la cara con una mano y buscando a tientas su teléfono con la otra. Su esposa se dio la vuelta, tapándose de nuevo con las sábanas y cerrando los ojos.

-Jefe Swan al habla- bostezó, a la vez que se incorporaba y se apoyaba en el cabecero de la cama.

-Lamento despertarle jefe; pero nos han dado aviso de un accidente de tráfico, y es bastante grave- la voz de Josh, su ayudante, hizo que se despertara totalmente.

-¿Sabemos qué ha ocurrido?, ¿hay varios vehículos implicados?

-Solo hay un automóvil en el lugar de los hechos; ya hemos llegado al escenario dos patrullas y la ambulancia; también acaban de llegar los bomberos, no hay forma de sacar al piloto- de fondo, Charlie escuchaba perfectamente el ruido de personas dando órdenes y ecos de sirenas.

-¿Dónde ha ocurrido?- saltó de la cama en un santiamén, dirigiéndose a la silla donde estaba doblado su uniforme.

-En la curva del desvío de Crodick Hill- este frunció el ceño, ya que era el desvío hacia su zona residencial, a unos cinco kilómetros de su casa.

-Estaré allí en pocos minutos- cortó la comunicación, vistiéndose tan rápido como podía.

Después de la barbacoa en casa de los Brandon, hacía apenas una hora y media que se había metido a la cama, y esperaba poder disfrutar de un largo y placentero fin de semana de descanso... pero por lo visto, no iba a ser posible.

-¿Pasa algo?- con todo el jaleo, Renée se había despertado, quedando sentada en la cama.

-Un accidente de tráfico en el desvío hacia nuestro barrio- le explicó.

-¿Es grave?- inquirió, preocupada.

-Por lo que me ha dicho Josh, parece que así es- entró un momento al cuarto de baño, para lavarse con agua fría y despertarse por completo.

-¿Quieres que te prepare un café rápido?- le ofreció su esposa, desde la habitación.

-No, tranquila- le agradeció cuando salió, abriendo el armario y tomando su revólver reglamentario -no me esperes levantada- se acercó a ella, dejando un beso en su mejilla.

-Ten cuidado- se despidió Renée.

-Tranquila; si no he regresado a primera hora de la mañana, te llamaré.

Con sigilo, cerró la puerta del dormitorio y bajó las escaleras con pasos silenciosos, para no despertar a sus hijos. Una vez encontró las llaves de su coche patrulla, cerró la puerta principal de su casa y rápidamente puso rumbo hacia el desvío de Crodick Hill.

La distancia era corta, y casi un kilómetro antes de llegar al lugar del accidente, ya podía escuchar los ecos del jaleo y ver las luces de la sirenas. Cuando llegó allí y se bajó de su coche, Josh ya estaba esperándolo impaciente.

-Ponme al corriente- le instó su superior, dirigiéndose con paso presuroso hacia la zona del accidente; ya podía ver el coche a lo lejos, hecho un amasijo de hierros y empotrado en uno de los inmensos robles que bordeaban ese tramo de la carretera.

-Hemos seguido las huellas que han dejado los neumáticos- efectivamente, había varios oficiales con potentes linternas, revisando el asfalto -el trazado indica cambios bruscos de dirección.

-Lo más seguro es que haya perdido el control, hasta chocar contra el árbol- musitó, rascándose la cabeza -¿sabemos quién es el conductor?- su ayudante negó con la cabeza, a la vez que se acercaban al lugar del siniestro.

-La parte del conductor está realmente dañada, apenas se ve nada, y estamos esperando a que los bomberos corten la chapa y poder sacarlo; hay un paramédico que ha conseguido hacerse un hueco y poder comprobar sus constantes vitales- el jefe escuchaba con atención la explicaciones de Josh; el lugar estaba profusamente iluminado, debido a los potentes focos del equipo de bomberos -ahí está el hombre que dio el aviso- señaló a un hombre de unos cincuenta años, parado al lado de lo que parecía ser su furgoneta de reparto.

Charlie Swan se acercó al hombre bajito y gordo, que inquieto miraba hacia el lugar del accidente; al jefe no le sonaba su cara, de modo que dedujo que era un repartidor que estaba de paso por allí, y que no vivía en Forks. Después de presentarse y de pedirle su documentación, el testigo comenzó su relato, a la vez que Josh tomaba notas de manera frenética.

-No vi lo que ocurrió- relató el buen hombre -a eso de las dos y media pasaba por la IP-103, dirección Seattle- señaló con la cabeza la carretera principal, a escasos metros de donde se encontraban -y entonces vi el coche estrellado contra el árbol- Charlie asentía con la cabeza -inmediatamente paré y me acerqué al coche, para comprobar si alguno de los ocupantes podía oírme; solo había un ocupante... pero al ver como estaba el coche, decidí no tocar nada, y avisé a la policía y a los servicios médicos.

-Ha hecho bien- afirmó el jefe con la cabeza -¿pudo ver algo más?

-Nada más- se encogió de hombros el buen hombre -tan solo que es un coche gris- este arrugó el ceño.

-¿Un coche gris?- sus ojos enfocaron a Josh, que parece ser que desconocía ese dato; su subordinado tragó saliva, a la vez que bajaba de nuevo su vista al cuadernillo que portaba.

-Así es- confirmó -y el conductor parece un muchacho joven, aunque con todas las heridas que tenía en el rostro y la oscuridad no puedo confirmarlo.

Coche gris... un chico joven... la cara del jefe Swan palideció por segundos; conocía perfectamente todos y cada uno de los vehículos de Forks, debido a sus casi veinte años en el puesto... y solo conocía a un joven que tuviera un vehículo plateado.

-Mierda- dejó al testigo y su ayudante allí plantados, para darse la media vuelta y echar a correr hacia el amasijo de hierros -no puede ser, no puede ser...- susurraba, desesperado. Saltó el cordón de seguridad que habían instalado los bomberos, que intentaban cortar la chapa del techo del automóvil.

Al instante reconoció el color y la forma del coche, aunque estuviera destrozado; sus mayores temores se hicieron realidad, y raudo se encaminó hacia la parte delantera, aunque fue interceptado por uno de los bomberos.

-No puede pasar.

-¡Le conozco!- chilló, frenético -¡conozco al chico!- con esas simples palabras, le dejaron acercarse; la imagen de Edward, con la cara hinchada y llena de sangre, siempre permanecería en su retina... y sus piernas, atrapadas entre los hierros -¡Edward!

-¿Puede identificar a la víctima?- le habló un paramédico, acercándose a él con los guantes llenos de sangre. Josh se había reunido con él, también muy asustado y nervioso.

-Es Edward Cullen, dieciocho años- habló, casi de manera histérica -¿está vivo?- era lo único que podía pensar en esos instantes.

-El pulso es muy débil- Charlie respiró aliviado -todavía no podemos evaluar los daños, para eso tienen que sacarlo; está inconsciente.

Los minutos se hicieron eternos mientras conseguían sacar al hijo de su amigo de entre los restos del coche. Aunque era un hombre con un carácter fuerte y firme, cultivado por todo lo que había visto y vivido en ese puesto de trabajo, sus ojos picaban por las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos.

Por fin, y con mucha precaución, bomberos y sanitarios consiguieron sacar el cuerpo inerte de Edward; posándolo en el suelo. Rápidamente los paramédicos inmovilizaron su cuello con un collarín, y empezaron a revisarlo. Charlie se arrodilló a su lado, mirando horrorizado el trozo de hierro que estaba clavado en la parte baja de su abdomen.

-Inconsciencia, pulso 52 e irregular...- oyó que comentaban los médicos que le atendían.

-Pupilas isocóricas y normorreactivas- exclamó otro.

-Vamos hijo, no me hagas esto...- era la letanía que repetía Charlie una y otra vez.

-Vamos a estabilizarlo y a trasladarlo de manera inmediata- habló el que parecía ser el paramédico jefe -no sabemos lo que ha atravesado ese hierro- señaló el palo medio negruzco que estaba clavado en la piel de Edward.

Charlie no se apartó un segundo de su lado hasta que estuvo dentro de la ambulancia y él la seguía en su patrulla, ya que había delegado en Josh y sus hombres la revisión del vehículo y su posterior retirada. Pensó en su buen amigo Carlisle, que estaba de guardia precisamente esa maldita noche.

-¡Joder!- golpeó el volante, para después apartar una lágrima que bajaba por su mejilla; tenía que esperar a que la analítica hablara... pero podía adivinar el estado en el que conducía Edward -¿pero este chico no estaba castigado en su casa?- murmuró, a la vez que no perdía de vista a la ambulancia, que iba por delante.

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Nada más aparcar en las inmediaciones de la puerta de urgencias, el jefe Swan saltó de coche, adelántandose a los miembros de la ambulancia. Atravesó como un relámpago las puertas, buscando a Carlisle de manera frenética. Por suerte para él, lo encontró en el mostrador central, parte neurálgica del servicio de urgencias, revisando un historial.

-Charlie- exclamó, esbozando una sonrisa -¿qué haces aquí?- dejó lo que estaba haciendo para acercarse a su amigo, y enseguida notó su cara de circunstancias.

-Carlisle... es... es Edward- los ojos verdes del hombre rubio se abrieron al instante, horrorizados.

-¿Mi hijo?- preguntó, extrañado -está castigado en casa, y...- súbitamente, las puertas se abrieron, y la imagen de su hijo en la camilla hizo que casi colapsara -¡Edward!- su grito desgarrado llegó a oídos de todo el personal, que raudo se dirigió al box donde le atenderían.

-Carlisle...- el jefe Swan tenía un nudo en la garganta, y apenas pudo pronunciar palabra alguna, ya que tuvo que salir corriendo detrás de su amigo, que frenético se adentró en el box.

Sus ojos escaneraon el cuerpo ensangrentado de su hijo mayor; su cara hinchada y amoratada, el collarín que protegía su cuello, el brazo izquierdo que estaba doblado de forma nada saludable... y el enorme hierro que atravesaba su abdomen bajo.

-¡Hijo!- bruscamente apartó a una de las enfermeras, levantando con manos temblorosas sus párpados; revisó sus magulladuras, llamándole una y otra vez -hijo mío, por favor...- susurraba, desesperado. Sabía que no le podía escuchar, pero en esos momentos no estaba actuando como un facultativo, sino como un padre desesperado.

-Pulso cincuenta y dos, tensión ciento treinta y ocho, ochenta- terminó de decir una enfermera -la sistólica baja- exclamó; Carlisle levantó la vista, mirando el monitor; de ciento treinta ocho había bajado a ciento treinta y tres; iba a ordenar que le inyectaran algo, pero unas manos firmes se anclaron en sus hombros, apartándole de la mesa.

-Sal de aquí, Carlisle- la voz firme del jefe de urgencias, el doctor Gerandy, se coló en sus oídos.

-Déjame quedarme, por favor...- le imploró, con los ojos anegados en lágrimas y la voz temblorosa -es mi hijo... por favor.

-Precisamente por eso, sabes que no puedo dejar que estés aquí- Robert Gerandy también era padre, y comprendía a la perfección su ansiedad y dolor -te prometo que haremos todo lo que esté en nuestra mano.

Derrotado y hundido, Carlisle se reunió con Charlie, que desde fuera del box había presenciado la escena; posó una mano en el hombro de su amigo, queriéndole transmitir todo su apoyo y ánimo. Pero sus ojos estaban fijos en el cuerpo de su hijo, pálido y malherido en esa mesa; permaneció en silencio un largo minuto, con ambas manos apoyadas en el cristal, hasta que fue capaz de pronunciar algo coherente.

-¿Cómo ha pasado esto?- musitó, cabizbajo.

-Cuando Josh me avisó, el testigo ya había encontrado el coche- tomó aire, intentando suavizar el impacto -ha sido en la curva del desvío hacia nuestro barrio.

-Estaba castigado... ¿por qué?- Carlisle Cullen seguía en estado de shock.

-Al parecer, perdió el control de coche, y...- de nuevo, el jefe Swan tomó aire -chocó frontalmente con uno de los árboles- el rubio doctor cerró los ojos, intentado asimilar la pesadilla que estaba viviendo -iba solo en el coche, y no hay otro vehículo implicado.

-Ordenaré que le hagan un análisis de tóxicos- susurró, cerrando los ojos; todos esos meses anteriores su hijo mayor estaba jugando con fuego; le dolía en el alma, pero como médico, era lo que debía hacer.

-Por eso no te preocupes ahora; sabes que lo están haciendo ahora- habló suavemente su amigo -no hay más víctimas implicadas, y...

-¿Crees que no sé lo que te imaginas?- levantó el tono de voz, perdiendo los nervios.

-Eso no tiene relevancia alguna, y no pienso acusarle de conducción temeraria ni nada de eso- rebatió este -como te he dicho, no hay otro coche involucrado, ni más heridos ni víctimas; bastante tiene ya- las duras palabras hicieron que Carlisle se echara a llorar.

-Perdona- consiguió decir, intentando tomar aire -¿cómo se lo voy a decir a Esme...?- dejó la frase inconclusa, mirando a su amigo con pavor.

-Esme y Nessie se fue a casa antes que nosotros, y yo ya estaba en la cama cuando he recibido el aviso- le tranquilizó -no se ha enterado en mitad de la cena- le explicó, adivinando sus temores -¿quieres que la llame?

-Espera unos minutos, a ver que dicen- sus ojos de nuevo enfocaron a su hijo, al que seguían atendiendo. La herida del abdomen tenía muy mala pinta, pero que no le hubieran quitado el collarín le asustaba todavía más.

Habían rasgado la camisa y los vaqueros que llevaba puestos, dejando a la vista su cuerpo magullado. La imagen era tan dantesca que tuvo que cerrar los ojos... no podía soportarlo. Por fin, el doctor Gerandy salió del box, quitándose los guantes, llenos de sangre.

-Hay que operar inmediatamente; el hierro ha atravesado el colon descendente- Carlisle se llevó las manos a la cabeza -hay riesgo de hemorragia masiva interna; también tiene una fractura abierta en el codo izquierdo- Charlie agarraba a su amigo, que palidecía por momentos -ya he avisado a trauma para que lo revisen en el quirófano, una vez extraigamos el hierro y cautericemos la hemorragia.

-¿Y su cuello?- musitó, mirando fijamente a su jefe, ya que le habían hecho una placa de rayos allí mismo, con el equipo portátil -sé que algo pasa, todavía lleva el collarín.

-Lo primero es ocuparnos de sacar ese hierro, y después nos ocuparemos de eso- Robert Gerandy tomó aire; Carlisle era uno de sus mejores médicos, y no le podía engañar -debemos revisar su columna, lo sé... pero ahora mismo, la laparotomía es lo primordial- Charlie asintió, con la cabeza -sabes tan bien como yo que si no le sacamos ese hierro inmediatamente, no sobrevivirá.

Después de que Carlisle, con las manos temblorosas, firmara el consentimiento, siempre acompañado por su buen amigo, subió en el ascensor, acompañando la camilla que transportaba a su hijo. Después de que su jefe intentara tranquilizarle de nuevo, se adentró con paso rápido en el quirófano, cerrando las puertas tras de si.

-¿Quieres que llame a Esme?- le ofreció Charlie, que había tomado asiento a su lado. Sin levantar la vista del suelo, asintió levemente con la cabeza. El jefe Swan tragó saliva, a la vez que se alejaba y sacaba su teléfono móvil. El doctor Cullen no prestó atención a la conversación, hasta que sintió una mano en su hombro, llamando su atención; su amigo le tendía el teléfono.

-Esme...- susurró, antes de romper en un llanto desconsolado.

-¡¿Qué le pasa a mi hijo?!- prácticamente chilló, histérica.

-Ahora mismo está en quirófano, Esme- consiguió hablar -el accidente ha sido considerable, y...- su esposa interrumpió las explicaciones.

-Cuando llegué a casa la puerta de su habitación estaba cerrada- decía, entre hipidos angustiosos -no entré, pensé que estaba durmiendo... es culpa mía... es mi culpa...

-No es tu culpa, cariño- intentó consolarla su marido.

-Nessie está aquí- le dijo, y efectivamente, pudo escuchar el llanto de su hija -vamos ahora mismo- Esme colgó el teléfono, pero todavía permaneció con el aparato en la oreja unos segundos, hasta que Charlie se lo quitó con cuidado.

Incapaz de pronunciar una sola palabra, simplemente pemaneció sentado, esperando noticias de su hijo. Charlie le obligó a beberse un café que le había traido, pero apenas pudo darle un par de sorbos. Media hora después, una aterrorizada Esme corría hacia él, acompañada por Nessie y Jacob.

-¡Carlisle!- se abrazó a su marido -¿dónde está mi hijo?

-Todavía está en el quirófano- levantó los ojos, enfocando a su pequeña, que se abrazaba a su novio -un hierro le atravesó el abdomen, provocándole una hemorragia abdominal.

-¡Nooo!- sollozaba Esme, con la cara escondida en su pecho -dime que se va a poner bien... ¡dime que se va a poner bien!- gritó, con un puño golpeaba su pecho, cayendo en un llanto histérico de nuevo; su marido, impotente a causa del shock y la situación, no podía hacer otra cosa que intentar que a Esme no le fallaran las piernas y cayera redonda al suelo.

Nessie ayudó a su madre a tomar asiento, y las dos se abrazaron, esperando ansiosas noticias de Edward. Carlisle permanecía en silencio, mientras que Jake y Charlie, un poco apartados, comentaban lo sucedido.

-¿Cómo ha podido pasar esto?- se preguntaba una y otra vez Jacob, todavía sin poder procesar los hechos de forma coherente; por muy peleados que estuvieran, era uno de sus mejores amigos.

-No lo sé, hijo- negaba el jefe Swan, abatido -hasta que no despierte y le podamos preguntar, no lo sabremos.

-¿Crees que iba...?- Jake tragó saliva al preguntar -ya sabes...- dejó la frase inconclusa, pero este le entendió a la primera.

-Me gustaría pensar que no es así... pero...- tampoco Charlie podía hacerse a la idea -por lo que me ha dicho Carlisle, se supone que estaba castigado.

-Un día de esta semana llegó borracho a casa, a las tres de la mañana- le contó -al día siguiente había clases- le relató el chico -Nessie me lo dijo.

-¿Qué diantres le pasa?- suspiró frustrado el policía -es que no logro entenderlo... ¿qué diablos os pasó, para dejar de hablaros de esa manera?- Paul y Edward eran uña y carne desde la guardía, y dado que su hijo mayor no soltaba prenda, ni Edward ni el resto, nadie sabía lo que había pasado.

-Sólo sé que, de la noche a la mañana, no nos hablaba a ninguno- relató el joven -Emmett y Jazz han intentado hablar con él, incluso yo mismo; pero es inútil. Empezó a juntarse con James y Laurent... y ya no quiso saber nada de nosotros.

-James- siseó Charlie, rodando los ojos; era uno de los rebeldes del pueblo, e incluso tenía cargos por posesión de sustancias ilegales.

-¿Debo llamar a los chicos?- le siguió preguntando el joven; aunque siguieran sin hablarse, esto iba a ser un shock para todos.

-No, espera a que tengamos noticias; no quiero despertar la alarma general- negó Charlie -yo iré dentro de un rato a casa, a cambiarme para luego pasar por comisaría; Renée vendrá a hacerle compañía a Esme, se lo diré ahí; y quiero ser yo el primero en hablar con Richard y Kevin.

Jacob le dio la razón, por lo que dejaron el tema y volvieron a acercarse a la familia Cullen. Nessie se acurrucó contra él, llorando de manera silenciosa, y el joven lo único que pudo hacer es abrazarla y mecerla en silencio.

Una hora después, la más larga de toda la existencia de la familia Cullen, las puertas del quirófano se abrieron; Robert Gerandy se acercó a la familia, quitándose la mascarilla y la bata, para echarlas en el contenedor.

-Robert...- Carlisle se levantó como un resorte, al igual que Esme y el resto, que al segundo le rodearon.

-Ha tenido mucha suerte- Nessie cerró los ojos, respirando aliviada -la perforación del colon no ha llegado a derivar en hemorragia masiva interna; hemos podido detenerla y reconstruír la parte dañada del intestino con sutura interna; no ha necesitado derivación.

-Gracias a dios- Carlisle y Esme se abrazaron, aliviados.

-El doctor Allen, de trauma, ha enderezado la fractura abierta del codo izquierdo, tardará de dos a tres meses en sanar- el médico carraspeó, incómodo -verás Carlisle, hemos realizado análisis de tóxicos- la cara de Esme palideció -sabes que por protocolo hay que hacerlo a todos los conductores heridos por tráfico- alzó las manos, intentando calmar a la familia -la analítica revela alcohol en sangre, y alguna que otra sustancia estupefaciente; ha tenido mucha suerte de ir solo en el coche, y de que no hubiera otro vehículo implicado.

-Joder, Edward...- murmuró Jake entre dientes; a su lado, Charlie resoplaba y negaba con la cabeza. Los temores del doctor Cullen se habían hecho realidad, en forma de cruenta y trágica pesadilla.

-¿Podemos verle?- suplicó Esme, con los ojos rojos e hinchados.

-No va a ser posible- Carlisle frunció el ceño, extrañado -ahora van a trasladarle a reanimación unas horas... y si responde bien a la eliminación de la anestesia, antes de pasarle a planta... queremos hacerle un TAC- Esme miró a su marido, esperando una explicación. Los ojos verdes del rubio doctor se llenaron de lágrimas.

-¿Qué ocurre, papá?- preguntó Nessie, poniéndose muy nerviosa.

-Todavía es pronto para afirmarlo, y hay que realizar un estudio exhaustivo... pero la placa que sacamos en urgencias revela lesión medular.

-Joder...- Jake se llevó las manos a la cabeza, sin poder creer lo que estaba oyendo. A su lado, Charlie se quedó sin habla.

-¿Qué quiere decir eso, Carlisle?- le reclamó Esme, pero los ojos devastados de su esposo hicieron que entendiese al instante...-no... ¡no!- gritó contra su pecho -¡dime que no es cierto!

-Lo siento mucho, Carlisle- Robert estaba consternado; en su vida había tenido que dar una noticia así a ninguno de sus trabajadores.

-¡No puede ser verdad!- el grito desgarrador de Esme hizo que tanto su marido como el jefe Swan tuvieran que agarrarla, impidiendo que cayese al suelo.

-Esme...- intentaba tranquilizarla su marido, también muy nervioso.

-Betty- el doctor Gerandy llamó a una de las enfermeras de quirófano -trae un calmante intravenoso.

-¡Mi hijo... no!- Nessie no pudo resistir la imagen de su madre, tumbada en las sillas de plástico de la sala de espera, hecha un ovillo y llorando.

Lentamente se volvió hacia su novio, con los ojos bañados en lágrimas, al igual que ella. No podía procesar que su hermano... no podía.

-Dime que volverá a andar, Jake- le pidió, refugiándose contra él.

-Ness...- por desgracia para el joven, sabía muy bien que significaba ese trágico diagnóstico. Permanecieron en silencio, llorando, sin poder asimilar la situación.

Una vez que consiguieron tranquilizar a Esme, Jake, Charlie y Nessie se quedaron con ella en la sala de descanso de los doctores, mientras Carlisle y Robert seguían hablando de los pormenores de la operación. Cuando sus ojos verdes se posaron en la placa de su hijo, escanéo con rapidez hasta llegar al punto de la lesión.

-La lesión está entre las vértebras T12 y L1- le explicó Robert, señalando dos vértebras en la parte baja de la espalda. El neurocirujano asignado a su caso, la doctora Kate Brown, también se babía reunido con ellos, junto con dos miembros de su equipo.

-¿Qué posibilidades tiene de volver a caminar?- era lo que más le inquietaba -Katie, por favor- le suplicó con la mirada -sin paños calientes.

-Carlisle- tomó aire antes de hablar, ya que también estaba muy shockeada desde que vio el nombre del que iba a ser su paciente -como puedes ver aquí- amplió con sus dedos la pantalla táctil, donde se reflejaba la columna de su hijo -la vértebra torácica L1 tiene un desplazamiento de 4 grados en referencia al eje; la T12 no está desplazada, pero puede haber fragmentos milimétricos de disco vertebral que hayan atravesado la médula; eso no podré saberlo hasta que vea las imágenes del TAC.

-No parece que la sección medular sea completa- tomó ahora la palabra Robert -pero si observas, hay inflamación de la médula entre las vértebras dañadas; eso es lo que nos hace sospechar de la posibilidad de fragmentos sueltos- el terrible diagnóstico se iba confirmando poco a poco, y el desesperado padre tuvo que hacer un esfuerzo considerable por no perder los nervios.

-Pero eso puede estar causado por el desplazamiento de la vértebra, y que la esté comprimiendo- argumentó, agarrándose el puente de la nariz; no podía hacerse a la idea de una paraplejia.

-Por eso quiero hacer el TAC, nos dará una mejor visión- la doctora hizo una pausa -pero sabes de sobra que aunque fije la vertebra desplazada con una operación, el riesgo de que los nervios motores estén dañados son muy altos, bien por las esquirlas sueltas o el tiempo que la médula ha estado comprimida; quiero hacerlo en un plazo máximo de unas dos horas.

-¿Cuándo podrías operarle?- preguntó el doctor Cullen, con un pequeño susurro.

-Primero debe recuperarse de la laparotomía de urgencia- tomó la palabra Robert -si todo va bien, unos diez días.

Carlisle se disculpó un momento, alegando que quería ver como estaba su esposa; pero de camino a la sala de descanso tuvo que apoyarse en la pared y tomar aire... las cosas ya no volverían a ser igual, debido al brusco giro que había tomado la vida de su hijo, y la de la familia entera.

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Como cada sábado, siempre que libraba en el trabajo, Bella se permitió el lujo de dormir un rato más. A eso de las diez de la mañana bajó bostezando las escaleras de su casa, todavía en pijama. De camino a la cocina oyó el murmullo de la televisión del salón encendida, y al asomarse por la puerta de encontró a sus dos hermanos, con los pies cruzados y apoyados en la mesita baja, el bol de cereales en una mano y mirando el resumen de algo que parecía ser un programa deportivo.

-Belly- saludó su hermano pequeño, sin despegar la vista del aparato. Paul ni se inmutó en decirle nada.

-Buenos días, a los dos- rodó los ojos, antes de adentrarse en la cocina y abrir la nevera. Sacó la jarra de zumo de naranja que había preprado su madre, y justo cuando iba a prepararse una tostada, la puerta trasera que conectaba el jardín con la cocina se abrió. Entraron sus padres, seguidos de Richard Brandon y los Hale; arrugó el ceño, ya que Emmett, Alice y los mellizos venían con ellos.

La cara de Charlie Swan era todo un poema, y los ojos de su madre y Louise Hale estaban rojos e hinchados, señal de que habían estado llorando.

-Hola chicas- saludó a Alice y Rose, que se acercaron a ella -¿qué pasa?

-Dicen que nos quieren contar algo- se encogió de hombros la rubia.

-¿Nos hemos metido en un lío?- interrogó Emmett a sus padres -¿qué significa este interrogatorio?

-Bella- habló su madre -¿puedes ir a buscar a Paul, y decirle que venga?

-Claro- asintió, saliendo de nuevo en dirección al salón. Cuando ella y su hermano entraron a la cocina, todos los jóvenes estaban sentados alrededor de la mesa, con los mayores cuchicheando, de pie.

-Qué pasa, tíos- Paul chocó su mano con la de Emmett y Paul -¿ocurre algo?

-Ni idea- se encogió de hombros Jasper.

-Papá... ¿qué pasa?- preguntó Alice, que se estaba poniendo nerviosa.

-¿A qué viene tanto misterio?; ni que se hubiera muerto alguien- siseó Paul. Justo en ese momento, Charlie se giró hacia su dirección.

-Veréis, chicos...- se rascó la nuca -ayer... Edward sufrió un accidente de coche- el rostro de Bella palideció, a la vez que Alice se llevaba las manos a la boca.

-¿Cómo?- meneó la cabeza un estupefacto Jasper -¿qué ha pasado?

-Estaba castigado, pero se escapó de casa.

-Qué raro- siseó Paul sarcástico, aburrido por la poca novedad del asunto.

-¿Es grave, papa?- preguntó en un susurro Emmett, tragando saliva.

-Por desgracia, sí- Rose y Bella se miraron, asustadas -le han operado de urgencia por riesgo de hemorragia interna en el abdomen, y...- Richard hizo una pequeña pausa -hace escasamente una hora acabamos de hablar con Carlisle... ha sufrido una lesión medular.

-Joder- Jasper se quedó blanco como la cera, al igual que su hermana. Paul permanecía serio, de brazos cruzados.

-¿Qué mierda significa eso?- inquirió ahora Emmett, que se había levantado y se paseaba de un lado a otro de la cocina, nervioso.

-El TAC que le han hecho a primera hora de la mañana lo ha confirmado- siguió hablando Richard -su médula está dañada, debido a trozos de vértebra que la han seccionado parcialmente... y no volverá a caminar- Renée, por el rabillo del ojo, vio como los ojos marrones de su hija se llenaban de lágrimas.

-Mierda- una lágrima bajó por la mejilla de Jasper; Alice y Rose estaba sin habla, al igual que Emmett.

-Sé que es un golpe muy duro para vosotros- habló ahora Kevin -por eso hemos querido que lo sepáis antes que nadie.

-Y a partir de ahora, hay que apoyar a Esme y Carlisle, en todo lo que podamos- siguió su esposa Louise -por lo que nos ha dicho el propio Carlisle, Edward puede tardar varios meses en volver a casa... y van a necesitar nuestra ayuda- los chicos asintieron, cabizbajos.

-Mamá está en el hospital, con Esme- habló Richard a sus hijos, Emmett y Alice -voy a llevar a Renée.

-¿Tú no vas, papá?- preguntó Bella, con la voz temblorosa.

-Yo he estado allí hasta las siete de la mañana- Paul y ella abrieron la boca, debido a la sorpresa -Josh me avisó del accidente, y cuando me presenté allí, y descubrí que era él... dejó la frase inconclusa -tengo que ducharme y volver a comisaría, para ver como van las labores de retirada del coche, y redactar el informe.

-¿Podemos ir con vosotros?- suplicó Alice, a su padre -queremos estar con Nessie- Bella asintió enérgica con la cabeza.

-Claro- contestó Renée, sonriendo con tristeza. Las dos subieron como un rayo a la habitación de Bella.

-¿Iba bebido?- preguntó Jasper a su padre.

-Los análisis así lo confirman- afirmó Kevin -espero que a partir de ahora, toméis conciencia de que alcohol y drogas más conducción...- dejó la frase inconclusa, mirándolos con seriedad.

-Nunca cogemos el coche si hemos bebido- protestó Emmett.

-Se lo ha buscado él- los ojos del jefe Swan fulminaron a su hijo, que por fin había hablado.

-Paul- siseó Rosalie, dándole un codazo e instándole a callar -no es el momento.

-Puede que estuviera jugando con fuego- habló Renée -pero... ¿sabes lo duro que ha sido para tu padre, llegar allí y ver la imagen de Edward atrapado en el coche?- Paul desvió la mirada, ante la reprimenda de su madre.

-Podríais haber sido cualquiera de vosotros... podrías haber sido tú- le espetó Charlie a su hijo -va a tener que aprender a lidiar con las consecuencias toda su vida... y va a necesitar mucho apoyo.

-Eso por supuesto- afirmó Emmett, de manera rotunda, a lo que Jasper y Rose asintieron.

-¿Ahora nos necesita?- Charlie empezaba a perder la paciencia con su hijo -conmigo no contéis- se levantó de manera brusca, saliendo de la cocina.

-¡Paul!- le llamó su padre, echando chispas por los ojos, pero Richard le apretó el hombros.

-Déjale; aunque no lo parezca, está muy impresionado por la noticia.

Los mayores dejaron a los chicos un momento en la cocina, mientras que Renée subió a prepararse. Las caras de Emmett y Jasper denotaban dolor y tristeza.

-No puedo creerlo- musitaba Rose, incrédula.

-Joder...¡mierda!- siseó Emmett, pegando con su puño en la pared; la rubia se acercó a su novio; era la primera vez que le veía llorar.

-¿Intentamos hablar con Paul?- sugirió Jasper; ellos irían por la tarde al hospital, para estar con Nessie y Jake.

-Déjale que lo procese- respondió su hermana -tarde o temprano recapacitará.

-Esperemos- suspiró Jasper -esperemos que así sea...

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Con el corazón en un puño, Bella, de la mano de Alice, hicieron en completo silencio su camino al hospital. La morena miraba a su amiga, que tenía la mirada perdida mientras observaba el paisaje por la ventanilla del coche, y le daba silenciosos apretones en la mano.

La mente de la castaña apenas podía procesar nada, más que imaginar una y otra vez la imagen de Edward atrapado entre los hierros de su volvo plateado... se le estaba revolviendo el estómago por momentos... ¿estaría despierto?, ¿qué aspecto tendría...?

Una vez llegaron al hospital y subieron a la última planta, donde Edward estaba ingresado en una habitación privada, sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas mientras entraban a la salita adjunta a la cama.

-Tranquila- le dijo Alice, que sabía todo lo que estaba pasando su amiga. Nada más poner un pie en la estancia, Esme se levantó, echándose en los brazos de Renée y llorando desconsolada. Nessie, en cuanto vio a sus amigas, voló a su encuentro.

-Gr... gracias por venir- logró decir, mientras las tres se abrazaban.

-Tranquila Ness- la intentaba consolar Alice, frotando su espalda -todo va a ir bien, estamos contigo- permanecieron así un largo minuto; cuando se soltaron del abrazo, vieron que Margaret y Renée estaban sentadas en el sofá, con Esme entre ellas, intentando darle un poco de consuelo.

Bella giró su vista hacia la cama; no se oía otra cosa que los pitidos monótonos y molestos de las maquinas de los signos vitales. Vio que Richard y Carlisle, pálido y ojeroso después de toda la noche sin dormir, estaban al lado de la cama, hablando en voz baja.

Nessie le apretó una mano, sacando a la castaña de su ensimismamiento y dedicándole una sonrisa de ánimo, para que entrara; Alice y ella vieron como Bella retorcía sus manos de forma nerviosa al empezar a andar hacia allí.

-Edward...- jadeó, llevándose las manos a la boca; estaba tumbado, con su rostro pálido y lleno de cortes, y con el brazo izquierdo enyesado hasta la clavícula; no tenía almohadas que lo incorporasen, y estaba lleno de cables y agujas. Por la forma de la sábanas, que le tapaban de cintura para abajo, se dio cuenta de la posición nada común que tenían sus extremidades inferiores, y del aparatoso vendaje y el drenaje en la parte baja de su estómago.

Jake, que también estaba allí, le hizo una seña para que se acercara, pero en ese momento su cuerpo estaba paralizado. Una lágrima volvió a deslizarse por su mejilla... ¿cómo era posible que su Edward no volviera a caminar?


Gracias mis chicas, por acompañarme de nuevo en otra de mis locuras; a las lectoras silenciosas, que ponéis la historia en alertas y favoritos; a las que contribuis con vuestras teorías y opiniones...

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Mis reques, mis chicas rock y del FB... os quiero. Vosotras sois las causantes de todas estas ideas locas... gracias por todo.

Cris, Sara... os adoro.

Un beso enorme, y nos vemos la próxima semana ;)