.


"Señor, Fuego divino, ten piedad…"

-Kyrie fb -


Rumores blasfemos.

Capítulo III

El monstruo de la princesa.

.

Cansancio…

Brotaba de todos lados. Venía de los circuitos lacerados de sus piernas y de las insensibilidades de su brazo fracturado. Estaba en sus alas, que no podía sostener en alto, y en su cabeza, que se mecía inclinada mientras arrastraba los pies sobre el suelo de rebabas y los restos oxidados de vidas pasadas. Había perdido la cuenta de las ventanas de emergencia que se desplegaban tras las lecturas de sus ópticos: no servían de nada, excepto para recordarle su infortunio. Sabía qué partes de su cuerpo estaban fallando, y no quería, por otro lado, averiguar las que seguían funcionando. Dejarían de hacerlo en cualquier segundo, cuando tuviera que cortar los suministros de combustible en pos de reservarlos para los componentes más vitales de su interior. No podía contar con nada ni siquiera consigo mismo, porque el martirio de sus sistemas era cada vez más brutal. El camino interminable.

Desesperación.

Paso tras paso. El dolor se había escaldado en su mente, fusionándose con su convicción de vida. Su única mano funcional le ayudaba a recargarse en la pared, deslizándose sobre las deformaciones metálicas, pero no le ayudaba a balancearse con propiedad. El eco de su mecanismo dañado le ensordecía los audios, rebotaba al fondo de las interminables cuevas de energía y regresaba amplificado, deseando ser más silencioso, casi invisible. Había tanto líquido brillando con un calor radiante desde los charcos energéticos que le rodeaban, que se sentía hostigado por el resplandor, mirando los daños de su propio cuerpo con una frustración capaz de provocarle un arranque de furia. No podía hacer nada por sanarlos.

La energía de los lagos subterráneos vibraba en el aire, venía a él, flotando como un suspiro de la brisa marítima, penetrando en sus heridas como el furor corrosivo de un ácido inyectado directamente en sus conductos vitales. Dolía. Todo dolía. Las lecturas de los sistemas neuronales de Skywarp se alteraban cuando pasaba cerca de los enormes cauces de combustible, pero no podía impedirlo, debía seguir caminando. Debía seguir yendo a donde sus instintos le decían que podía encontrar una salida. A donde Arcee no lo encontrara para jugar con él hasta asesinarlo.

Las emanaciones atómicas fluían desde cualquier dirección donde cayera o se moviera la energía azul que el Seeker había clasificado inmediatamente como peligrosa después de intentar tocarla y sentir, entre sorprendido y decepcionado, un choque eléctrico bastante doloroso que le arrojó la mano a un lado. La sangre de Cybertron, vino a su mente. Lo rodeaba por completo, empalagándole la mirada, confundiéndolo. Llevaba minutos caminando por un amplio pasillo de cables, tubos y hoyos de donde brotaban sonidos extraños, y no veía indicios de estarse moviendo en una misma dirección porque el agua extraña lo rodeaba por completo. Fueron breems eternos en los que sus piernas se quejaron por el martirio de sostener su cuerpo, que estaba por tirarse al mundo de la inutilidad, pero no le traicionaron. Le llevaron lentamente hasta el final de una intersección de cinco largas direcciones que su mente sopesó con amargura. ¿Por dónde, si todo parecía lo mismo? ¿Por dónde, si él estaba cada vez más cansado y sentía que el temblor de sus servos le derrumbaría en cualquier segundo?

Instintivamente, Skywarp intentó utilizar sus sistemas de radar, dejando caer los hombros con pesadez cuando una ventana de error timbró tras sus ópticos. No tenía nada a su favor, excepto su paranoico procesador y las pocas reservas de energon que estaban por terminarse. Giró el rostro hacia atrás, frunciendo el ceño. Había caminado alienado de la realidad, sin medir sus pasos ni la distancia entre su sitio de aterrizaje y sus paradójicos instintos, pero nadie había aparecido ante él. Nadie ni nada. Había hecho ruido. Había hablado en voz alta y maldecido su suerte tantas veces que era imposible no ser localizado. Estaba expuesto, en una zona abierta en la que había más de seis posibilidades de ser acertado con un disparo o asesinado por un ataque directo, pero Arcee, su cazadora personalizada, no había hecho ningún acto de presencia. A donde quiera que volteara, veía el mismo panorama de azules, blancos y púrpuras brillando con una fluorescencia mecánica.

Skywarp luchó contra la idea de tumbarse al piso a descansar…

Pero siguió adelante. Ella podía aparecer en cualquier momento, podía observarlo desde cualquier parte, sonriéndole con sus labios amplios y los terribles hoyos en sus mejillas. Podía tener en sus manos las espadas o las pistolas, daba lo mismo si ambas servían para matar, y Skywarp estaba tan expuesto a ella que, con sólo pensar las consecuencias de su actual deterioro, un violento estremecimiento le sacudió las alas, obligándole a tragarse un gemido de dolor. Todo, en su mente, continuaba girando en torno a Arcee. Todo en su mente jamás dejaría de ser Arcee hasta que uno de los dos fuera completamente destruido.

La maldita lo seguía.

La maldita no había perdido su rastro, lo sabía. Tres breems inconsciente lo habían echado de bruces a un campo de caza predilecto en el que todos sus esfuerzos por sobrevivir eran cada vez más limitados. Moriría si no hacía algo pronto. Lo encontrarían hecho pedazos, regado en los rincones, y a ella la verían sonriendo sobre él, jugando con su cabeza. Jugando con lo poco que encontraran de su cuerpo mutilado. ¡Estaba ante un monstruo!

-¡Estás loca! –. Golpeó la pared con frustración, gruñendo maldiciones que le ayudaron a apaciguar un poco el desorden de sus pensamientos. Luego volvió el rostro al frente, sintiendo la imposibilidad de levantar sus alas y sus hombros. Contaba con pocas horas antes de que sus tanques de procesamiento cayeran en números rojos. Pocas horas de furor luchando en una batalla interminable.

¿A dónde ir? Sus ópticos reflejaron el fulgor brillante de los cinco largos corredores. Todos iguales, enredados por cables, tubos en los pisos y en los techos, y un halo de luz blanquecina resplandeciendo desde un fondo acuoso, casi transparente. Skywarp reanudó la marcha de sus piernas hasta llegar al centro de las cinco enormes entradas, donde volvió a analizar las posibilidades de dejarlo todo a la suerte y al criterio del sonido, que decía cosas tan distintas dependiendo la suciedad y el desorden de la caverna a la que volteara. A donde fuera, supuso él; no haría mucha diferencia hasta que no encontrara una zona de referencia para establecerse e intentar comunicarse nuevamente con sus compañeros aéreos.

Pero no hizo nada, excepto continuar de pie en la desviación, sintiendo el mundo girar alrededor de su maltratada estructura física. En el pasado, tomar caminos jamás le había parecido tan difícil. En el pasado no había tenido que preocuparse por eso. Estando la mayoría del tiempo en el aire, era otro quien se encargaba de decidir por él el curso de su telemetría. Skywarp seguía órdenes, y sus intuiciones eran las intuiciones logísticas de otra persona. La ruta a tomar, qué camino seguir, qué hacer, a quién disparar, cuánto esperar… Era fácil decidirlo, porque sus reacciones eran el producto de una analítica procesada por otro mecanismo que había gastado tiempo y esmero en preocuparse por las nimiedades tanto como por las prioridades del éxito. Ese mecanismo era Starscream, y el otro, el que se encargaba de insistirle a Skywarp y recordarle que debía prestar atención a sus responsabilidades, era Thundercracker.

Aquí estaba solo, y el peso del cansancio y la paranoia de huir de una psicópata estaban comenzando a despertar su necesidad de independencia. Tenía que empezar a pensar por sí mismo, insistirse un poco más de lo necesario, caminar en vez de volar, prescindir de sus métodos de teletransportación y dejar de lado la indiferencia respecto a sus métodos de supervivencia. Si fallaba, sólo él moriría. Si algo no salía bien, sólo él moriría. Y se quedaría durante el resto de la eternidad de Cybertron a fundirse en un piso desconocido, a desmoronarse lentamente en un rompecabezas de componentes internos, cables… sangre. Toda la sangre que su cuerpo ya no tenía.

Un tronido en sus audios.

Skywarp se llevó la mano a la cabeza, sacudiéndola. Luego un mar de estática desafinó sus lectores de ubicación, aturdiéndolo por unos segundos.

-… -s inútil… sector vaci…

El Seeker respingó al escuchar el chirrido de la transmisión embotando el filtro de su comunicador interno.

Era la voz de Thundercracker.

-Retor… sect...r… 2-9-3F.

¡Era la voz de Thundercracker!

-Af…ativo. – transmitió el enfado de Starscream por el mismo canal, ignorante a la increíble oleada de emoción que causó en el compañero aéreo extraviado.

Inconscientemente, los pies de Skywarp se movieron, rengueando, tomando uno de los enormes pasillos al azar sin preocuparse de los sonidos, la fauna, mucho menos las enormes fuentes de líquido azul salpicándolo todo.

-¡TC! –gritó Skywarp por el canal de comunicación, entre emocionado y desesperado, aspando su único brazo funcional para deshacerse de las lianas metálicas que pendían del techo.- Hey, chicos. ¡Estoy vivo! –insistió, teniendo problemas para brincar un enorme tubo incrustado en el piso.

-…Int…rencia…

-Creo… tá… vivo…

¡Por supuesto que estoy vivo!

El frenesí de la carrera le hizo tropezar, pero no amainó sus esperanzas ni siquiera cuando levantarse le costó un enorme esfuerzo. Tenía que encontrar un sitio más amplio de recepción para escucharlos. Debía seguir andando porque mientras lo hacía la estática disminuía y las señales de comunicación de sus compañeros aéreos se amplificaba. Los escuchaba mejor. Todo se veía mucho mejor.

-¡Starscream! –. No supo si gritó dentro de su comunicador o fue su propia voz empalagándole los audios con el rebote del eco.

Rengueó velozmente hasta llegar a una desviación que lo hizo doblar a la derecha, batallando contra un amontonamiento de chatarra, cuerpos calcinados que ignoró con displicencia y una pequeña fuente de energía manando con lentitud de la pared, de donde venía la única luz capaz de romper la penumbra que Skywarp hubiera seguido ignorando, si las voces al otro lado de su comunicador no se hubieran detenido. Thundercracker y Starscream no lo habían escuchado. Nadie había dado mérito de su supervivencia. ¿Pensarían que había muerto? Skywarp se detuvo, mal parado sobre una enorme tuerca salpicada de fluidos añejos. A su derecha siseaba la caída de la sustancia energética, perfilándole el rostro con un fulgor fantasmal. A su izquierda había una puerta fundida con la pared, imposible de abrir.

¿Cómo había llegado hasta allí?

Dio un paso al frente, levantando la mano para apoyarse en la basura que pendía del techo.

-TC… ¿Starscream? Aquí Skywarp… -. Esperó en silencio, impaciente.- Hey, chicos… Primus, respondan…

De pronto un tronido. Algo chocando con algo, luego silencio.

Skywarp volteó hacia atrás con la velocidad de un rayo, guiándose por el perfeccionamiento de su instinto de soldado. Y se vio a si mismo confundido, paseando los ópticos en todos y cada uno de los escombros que le presionaban al centro. No recordaba haber sorteado tantas trabas ni artefactos de maquinaria. Se quedó en silencio, escuchando el ruido al otro lado de la marejada de basura. No recordaba cómo había llegado allí si minutos atrás no había podido dar un paso sin sentir que la gravedad del planeta le comprimía las alas contra el piso. «Maldita psicópata». El sonido se repitió una vez más, obligándole a retroceder por temor a encontrarse con una sorpresa, frenando la inercia de sus pies cuando el borde de la tuerca sobre la que estaba parado se desmoronó en una lluvia de óxido.

-Argh… Ya he tenido suficiente – susurró, alcanzando a sostenerse del vientre hinchado de un tubo.

Otro chasquido.

Skywarp recogió las alas en lo más bajo de sus hombros, intentando distinguir cualquier cosa que pudiera darle una pista de su innegable enemiga. Pero obtuvo más sonidos de golpes y gruñidos como toda respuesta. Se escuchaban cercanos, al otro lado de la cortina de cables.

Un gemido.

Pisadas.

Algo arrastrando algo.

El Seeker se soltó del caño que había evitado su caída y buscó la manera de pasar por encima de un contenedor volcado, en cuyo interior yacía un desorden de alambres, circuitos y piezas viejas de animales muertos. No perdió de vista el fondo del pasillo al que le daba la espalda, analizando las lianas, los hoyos, las amplias ranuras que él había cruzado y que ahora alguien más estaba traspasando. ¿Alguien más? Arcee sin duda. Skywarp no quería averiguarlo. Skywarp estaba seguro que los pocos minutos de ventaja a su favor estaban a punto de ser exterminados con el filo de las espadas doradas, sucumbirían ante la risa monstruosa de la fiera que tenía ópticos sólo para él. Sólo quería comerlo a él.

Los pasos siguieron tras su pista sin importar la jungla mecánica del corredor. La luz de los charcos iba y venía a su alrededor, cada vez más limitada por la basura. Skywarp reprimió un gruñido cuando un moño de lianas se enredó en su ala izquierda y le obligó a jalonearse. Arcee estaba cada vez más cerca, más fuerte. El agua energética no era suficiente para iluminarlo todo y los sensores ópticos del Seeker no podían gastar reservas de combustible en alimentar su visión nocturna, pero podía escucharla, podía sentirla… Era la espada rompiendo los cables, eran esas manos locas arrancando los escombros de las paredes con una fuerza de demente.

Una carcajada tétrica rugió cuando Skywarp pudo liberarse de la trampa de los cables, cayendo al suelo de rodillas antes de poder trastabillar rumbo a cualquier dirección. Arcee se estaba riendo. Arcee estaba celebrando que lo había encontrado y que nuevamente podría jugar con él, dándole ventaja, disfrutando con la fantasía de aquel instante en el que lo encontraría y terminaría su aventura…

… La aventura más insólita que Skywarp jamás había vivido.

-Demonios… ¡Estúpida Autobot! – gritó la voz de su coraje, volteando consecutivamente a cerciorarse de que el monstruo femenino seguía dentro de las trabas del pasillo.- No seré yo quien morirá… No seré yo quien va a morir – se repitió a sí mismo, volviendo la vista al frente para concentrar el andamio de sus pies sobre un par de rieles oxidados.- Maldito monstruo de laboratorio ¡Debieron haberte destruido! – volvió a rabiar, mirando una enorme puerta a lo lejos, perfilada por el fulgor de la energía. En su interior, sin embargo, había oscuridad.- ¡Estás loca!

Su respuesta fue un gruñido, con el que Arcee dejó de reír.

Sonríe, decían, sonríe porque atraes la buena suerte y los demás te responden con sonrisas.

Sonríe, pensó Arcee, engrosando las bifurcaciones de su rostro a niveles inimaginables para los servos de un mecanoide normal. Sonríe, les gusta una bonita sonrisa antes de verse con el creador. Ensanchó las comisuras de sus mejillas, enseñando unos dientes afilados y una mirada entrecerrada de ópticos dorados. Estaba acostumbrada a reír, a disfrutar, a sufrir en silencio y sentirse hecha de veneno por fuera. Sonreía como una necesidad de recordarse a sí misma que aquel rostro prestado era su carta más importante de presentación para todo el que tuviera la gracia de cruzarse en su camino. Pero tendían a equivocarse, veían su máscara de felicidad y la confundían con locura. Veían su sonrisa de musa alegre y la temían como a un monstruo. ¿Un monstruo?

Arcee blandió su espada de energía y cortó limpiamente un brazo de cables y alambres que pendía del techo, haciéndose camino por el estrecho pasillo que su Seeker había tomado como ruta de escape. Skywarp tendía a hablar de más. Pero no lo culpaba, era como todos cuando se asustaban. Los Decepticons tenían bocas muy desacertadas que, al menos en este caso, ella podría corregir. Lo haría sólo para satisfacerse a sí misma, despertando a la urgencia de alcanzarlo para hacerle repetir sus palabras y obligarle a entender que un monstruo estaba lejos de habitar en el cuerpo y en la esencia de un Transformer como ella, que vivía automatizada por el deseo de quienes ocuparan sus habilidades de asesina. Arcee no era un monstruo. Ella sólo les ayudaba a definir correctamente sus fantasías y sus pesadillas.

Nadie sabía qué era un monstruo hasta que lo tenían enfrente. Hablaban por emociones falsas, controlados por mercadotecnia pirata… No conocían la malevolencia hasta que eran introducidos en un laboratorio para ser experimentados como especímenes insignificantes. No sabían de miedo, de horror en sus vidas, hasta que la voz socarrona del mal se ufanaba de ellos, riéndose con una grotesca entonación de carcajadas acompañando un dolor desmesurable, gritando de felicidad al clamar que su experimento estaba dando resultados. Monstruo era lo que Arcee guardaba en su procesador para recordarlo insistentemente como el fruto de su necesidad de exterminarlo todo. De matarlos a todos porque todos habían contribuido a su descenso al infierno. No la ayudaron en su momento. No la ayudaban ahora, que vivía trajinando un destino a base de muertes, furia y una obsesión insana por liberarse de la prisión de su propio procesador.

Se rió, pateando con fuerza un escombro metálico. El Seeker, con la ventaja de varios metros al otro lado del corredor obstaculizado, volvió a gritarle una miseria de insultos y frustraciones que incitaron a Arcee a acelerar el paso, a cortar con más vehemencia los escombros y deslizarse como una ninfa entre las bifurcaciones de los tubos que sobresalían de todos lados. Cuando pudo salir de ahí, dejó escapar un suspiro de gusto al ver la golpeada espalda del Seeker corriendo a lo lejos, traspasando las penumbras de una enorme puerta abierta que finalizaba la desviación del corredor.

-Decepticon Skywarp… – canturreó ella, desmaterializando sus espadas hacia alguno de sus compartimientos internos.

Él no contestó, quizás alejándose, tal vez ocultándose.

Arcee bufó con enfado, desenfocando la mirada de sus ópticos. Luego se transformó en su modo alterno, reapareciendo como un vehículo de superficie que disminuyó muchas veces su tamaño, pero que se deslizó a toda prisa sobre los rieles que el Seeker había sentido como un martirio personalizado a sus piernas. La Autobot aceleró con sus faroles encendidos a fulgor máximo, haciendo una tormenta de sonidos, pitidos y gritos de júbilo que torturaron al Seeker desde donde quiera que se hubiera ocultado a esperarla. Así llegó a la entrada de su nuevo campo de juegos, reapareciendo una de sus espadas en su mano izquierda. Después comenzó a cliquear su vocalizador en una satírica imitación de un amo llamando a su mascota. Ya comprendía por qué gustaban tanto de torturarla a ella en sus lejanos días de sumisión y absoluta inocencia como Transformer secuestrado:

Hacerlo era gozar del flujo de una sensación orgásmica…

El cuarto oscuro era otra breve introducción a los campos desconocidos de la ciencia antigua, controlada muchos años atrás por científicos lo bastante desquiciados como para aceptar vivir el resto de sus existencias bajo la superficie, a tantos metros alejados del cielo, que Skywarp estaba comenzando a sentirse claustrofóbico. Había corrido –con su pierna matándole de dolor y las alas protestando por el constante remezón de sus pasos- hacia el primero resquicio en el que miró una esperanza de alejarse de su perseguidora, quitándose de la cabeza las voces de sus compañeros aéreos hablando entre ellos, jamás dando una pista de que pudieran escucharlo, mucho menos saberlo vivo.

En lo que a ellos concernía, Skywarp había sido derribado en algún punto del cuadrante 239-C del Sur de Polihex. No habían escuchado nada más de él, no lo habían visto en sus radares, había desaparecido por completo de sus vidas y podía estar muerto. Lo que sucedería pronto, si no encontraba una manera de librarse de Arcee, de matarla primero antes de que ella lo incapacitara por completo. ¿Cuánto tiempo llevaban jugando? El suficiente como para decidir que su paciencia estaba por acabarse y descubrir que su mente, tan concentrada en sobrevivir, no había hecho nada por solucionar sus problemas. Huir era lo mismo que no hacer nada. Arcee podría soportar dándole caza todo el tiempo que él mismo pudiera hacerlo…

Pero las fuerzas del Seeker amenazaban con acaecer en cualquier minuto de manera definitiva. Encontrar un nuevo escondite estaba siendo tan aturdidor como ponerse a escuchar los lamentos de sus alarmas internas. No servía de nada. No podía dar un paso tras otro y fingir que caminaba cuando en realidad su chispa vital pulsaba con un frenesí que volvía locos todos los circuitos de su cuerpo. ¿Cómo podía llamársele a eso? Skywarp no creía en las vueltas del destino. Jamás había prestado atención a las oraciones sinsentido de quienes adoraban a Primus o a cualquier otra deidad inservible y hablaban de las consecuencias de los actos, pero no podía quitarse de encima el pensamiento de estar en la misma posición que muchas de sus víctimas estuvieron en su pasado, y lo que más le afligía, además del hecho de no estar pensando en hacer algo rápido para librarse de ello, era el hecho de que Arcee lo hacía por gusto, no por venganza, no por razones bélicas ni siquiera por los regímenes políticos de ambas fracciones.

Skywarp había detestado a Arcee por saberla Autobot. Arcee había detestado a Skywarp por verlo vivo.

El Seeker se movió difícilmente entre las sombras de un nuevo corredor anexado a la pared del cuarto oscuro. No había perdido la noción de cada uno de los movimientos de Arcee, pero era difícil mantenerla vigilada y auscultar con ojo crítico su nuevo mapa de navegación, esquematizado lentamente por la experiencia de recorrerlo en vivo a falta de sus sistemas de radar. Su enemiga había dejado de hacer ruido, eso lo tenía nervioso. Volvía la cabeza y miraba la penumbra rápidamente transformándose en una cortina intraspasable de la que no podía distinguir siluetas falsas de objetos reales, empujándolo a caminar aprisa, a tropezar y sentir bajo sus pies la guía sólida pero invisible de una corriente de tubos de vacío y drenaje conduciéndolo a un paradero extraño, a otro de los incontables enigmas de las entrañas de Cybertron.

Sus escapes expulsaron una corriente de vapor, sintiendo el poder de la energía palpitar al otro lado del drenaje. Haber escuchado las voces de sus compañeros aéreos había sido suficiente incentivo para optimizar la esperanza de estar siendo buscado por alguien más además de la psicópata Autobot. «Bajo la superficie jamás te encontrarán». Skywarp soltó una blasfemia, empuñando su única mano funcional hasta sentir la protesta de sus transistores. ¿Cómo podrían encontrarlo? Las señales de auxilio eran inútiles, no podía emitirlas porque no traspasaban los enormes pisos subterráneos de Cybertron. Las placas de metal eran tan grandes y profundas como el desosiego del Seeker. Estaba perdido. Estaba solo. Sus comunicadores internos no tenían la potencia de señalizar arriba y entrar directamente en contacto con los receptores privados de cualquier Decepticon. Pronto dejarían de buscarlo, pronto…

Un sonido a la distancia.

Skywarp se detuvo, encendiendo su único rifle pese al desgaste energético que rápidamente reanudó sus recordatorios de inanición. Algo se había movido al frente, algo que parecía estar muy confiado de su entorno y no había visto al Seeker. «No puede ser ella». Skywarp cliqueó su vocalizador, de pronto concentrando todas y cada una de sus alarmas en aquel lejano punto negro que se balanceaba lentamente de un costado a otro. ¿Debería acercarse? No, pero lo haría porque esa cosa se interponía entre él y su escapatoria del monstruo depredador que cantaba, apostado en la entrada del cuarto oscuro, llamándolo entre risas, maldiciendo con voz de mercader y destrozando todo cuanto las espadas doradas alcanzaban.

Los pies del Seeker, ligeros sin importar el dolor de sus malheridos hidráulicos, se movieron con una agilidad gatuna desarrollada a lo largo de millones de años de guerra. Era Skywarp. Era un superviviente y un soldado con la chispa vital forjada en la violencia de las muertes, las traiciones y la ideología política. Cualquier cosa no era peor que Arcee. Sonrió, sacudiendo la cabeza con el arma en alto y el equilibrio dañado. Podría con cualquier cosa que no fuera un demente con cara de numen e ideas psicópatas. Podría con todo, incluso con Arcee cuando las cosas se tornaran a su favor.

El punto lejano lentamente fue tomando forma, lo que hizo a Skywarp aguzar el instinto de su computadora de batalla. El individuo, de identidad desconocida y rasgos deteriorados, era un Transformer viejo y muy torpe que se difuminaba en especie de delineados luminosos de color púrpura brotando de cualquier división de su chasis. Estaba parado en medio del corredor, mirando al techo con expresión ausente y dos ópticos trisados de color morado, a veces blancos. No tenía una mano y una pierna mostraba feos síntomas de oxidación, quizás producto de una herida de guerra jamás atendida. Pero lo que necesitó toda la atención de Skywarp era el feo hoyo en el centro de su pecho, justo debajo de su logotipo Autobot y el brillo desmesurado de su chispa vital.

Una chispa vital púrpura, con erupciones plasmáticas salpicando el aire en pequeñas partículas de energía que hacían al Seeker horrorizarse al mismo tiempo que una mórbida fascinación le hizo abrir la boca en un "Oh" prolongado, sin saber si apuntaba con su arma o si le creía a todas y cada una de las sugerencias de su mente que decían que aquel mecanismo, por ley natural, no debía de seguir vivo. Nadie tenía ese color en sus sistemas vitales. Nadie podía sobrevivir sin la protección interna y externa de su cámara de chispa. Nadie era capaz de estar de pie con semejante cataclismo energético en el núcleo vital.

El Autobot movió los servos de las rodillas, estirando y enrollando los dedos de la mano que pendía como un alambre torcido desde su hombro, lo que ayudó a Skywarp a salir de su estupor, sonriendo ante la gracia de sus propias ideas: Podría conseguir un poco de información de su enemigo antes de matarlo; pedirle direcciones, hacerlo hablar a la fuerza, torturarlo un poco y dejárselo como carnada a Arcee. Le daría el tiempo suficiente de ponerse a pensar para dejar de huir. Arcee se entretendría con él, porque su mente trastornada, sospechaba Skywarp, no podía distinguir amigos de enemigos. Su monstruosidad femenina era voraz y mataba a quien tuviera la gracia de moverse ante sus ópticos, como un turbozorro, como todos esos animales que por salvajismo excelso devoraban la vida a su paso.

El Seeker dejó escapar una compresa de aire caliente, momentáneamente aliviado de saber que podría no ser la única víctima de la psicópata Autobot, pero no pudo continuar pensando en su regocijo, porque el robot extraño, decidido en dejar de ser un dron sin pensamientos, bajó rápidamente la cabeza para mirarlo con dos ópticos desorbitados y una expresión muy estúpida en el rostro, moviendo los labios en una distorsión de ondas que no emitían sonidos coherentes.

Skywarp le sonrió de vuelta, luciendo una mueca de superioridad en su golpeado pero apuesto rostro.

-No parece ser tu día de suerte, Autotonto. No lo es para nadie que se topa con un Seeker de la Élite Decepticon –le saludó, reafirmando la posición de su rifle.- Ahora quiero que… ¡Ah! ¡No te muevas o te haré volar en mil pedazos, estúpido! –advirtió cuando el otro enderezó el cuerpo y quedó de frente, sin dejar de mirarlo con expresión alelada.

Luego dio un paso hacia Skywarp, aumentando el brillo desbocado de sus ópticos, lo que obligó al Seeker a retroceder para conservar la distancia. Todo estaba tan oscuro que era imposible distinguir cualquier cosa en la inmensidad del corredor, siendo la silueta demoniaca de su enemigo la única fuente de luz detectada en cientos de metros a la redonda. Era como un mal sueño en medio de una pesadilla demoniaca.

-Dime en dónde estamos –demandó saber, intentando ignorar el temblor insistente de su brazo izquierdo. El dolor de mantener rígidos sus servos era una tortura, pero no podía declinar su posición como superviviente, mucho menos de Decepticon ante su enemigo Autobot.- ¡No! ¡No te muevas! –repitió, desesperado al verlo dar otro paso.

A cada segundo el rostro demoniaco más activo, cada vez más furioso.

El Autobot cliqueó su vocalizador con una sinfonía de estática incapaz de emitir palabras concretas, sin dejar de abrir y cerrar su mano. Después abrió la boca, eructando un fulgor de energía morada que chispeó en el aire antes de desaparecer como los restos de una fogata intentando superar los caprichos del clima.

-¡Qué suerte! –gruñó Skywarp, deseando bajar su brazo para evitar el dolor- ¡El único maldito superviviente de este lugar y no puede hablar!

Luego cayó en la cuenta del abandono de los pasillos, los restos de vida en los centros de investigación y las instalaciones llenas de escombros, abandonadas en plenos vestigios del inicio de la guerra. Y frunció el ceño. ¿Cuánto tiempo llevaba todo en el olvido? Millones de años de decadencia energética, sólo muerte, vicio y hambre. Este Autobot debía tener una eternidad vagando solo, buscando cómo mantenerse activo. ¿Cómo seguía con vida? Era imposible verlo de pie. No podría haber sobrevivido sin ingerir combustible, y su cuerpo brillaba con franjas púrpuras, lleno de vida. ¿Dónde estaba el combustible? La expresión en el rostro de Skywarp se aseveró, molesta e impaciente. ¡Debía encontrar ese combustible! Tenía que haberlo por algún lugar, quizás una antigua mina oculta, tal vez los almacenes privados de toda esa gama innecesaria de laboratorios y fuentes prohibidas.

Los ópticos vacíos lo entornaron fijamente, incomodándolo.

Todos aquí están locos.

-Dime dónde puedo encontrar una salida, basura Autobot ¡Dime dónde está la salida de este maldito lugar y sus fuentes de energía vital! –vociferó, esperando obtener una respuesta mímica, mas su rehén continuó en silencio, devorándolo con la mirada- Si no hablas entonces no hay razón para mantenerte con vida –masculló con desdén. Luego gruñó, balanceando su peso de un pie a otro antes de sentir una nueva alarma de sobrecalentamiento en su propulsor izquierdo- Argh ¡Habla, maldita sea! ¡Di algo!

Los sonidos estáticos del Autobot se detuvieron, rodeándolos a ambos de un silencio gutural. Nada de ruido en cientos de metros recorridos. Nada de Arcee y su locura desbordante. Nada de este nuevo enemigo.

Se desesperó, dando un paso al frente, lo que lo llevó a poner la boca de su rifle a pocos centímetros de las erupciones plasmáticas de la extraña chispa vital.

Y todo sucedió tan rápido como para darle un orden específico.

Skywarp iba a abrir la boca para dar a su enemigo una última oportunidad de contestar a sus preguntas, pero no pudo. De pronto un manotazo violento le empujó del arma a un costado, causándole dolor en las coyunturas del hombro, luego se le echaron encima, sin importar que la sorpresa ocasionada en su computadora de batalla le hubiera obligado a disparar tres consecutivos plasmas de energon rosáceo que fueron a estrellarse en el techo, rompiendo una prominente tubería de vapor. El pitido del agua presurizada hizo una nube blanca sobre la cabeza de ambos, detallada por los destellos púrpuras del bestial enemigo, cuyas intenciones se transformaron en un feroz instinto de batalla contra el que Skywarp no esperaba enfrentarse.

Sonidos mecánicos fluyeron de la garganta del Autobot. Se escuchaban a pocos centímetros del rostro de Skywarp, que había caído al suelo con el extraño robot encima, luchando por arrojarlo a un costado y evitar que los cinco dedos de esa mano se le enterraran entre las junturas del pecho y lograran arrancarle la chispa vital. El Autobot estaba en un trance histérico, rugiendo, moviéndose entre convulsivos espasmos que delimitaban sus pensamientos a un único objetivo: destrozar al mecanismo desconocido que había aparecido mágicamente ante él, delineándose en la oscuridad infinita como una especie de trofeo que podría calmar el ansía desconocida que infectaba sus sistemas internos. Matar, matar, matar sin orden ni conciencia.

No razonaba; ya no lo haría. Jamás pensaría como pensó en su época de científico reconocido, porque sus nódulos estaban dañados y su procesador corrupto con tanta basura energética. Jamás sabría que su cuerpo estaba ralentizado bajo el efecto de un arma definitiva descubierta millones de eras en el pasado. Su propio lecho de muerte y resurrección mental. El Autobot, convertido completamente en una máquina de batalla, transformó su mano funcional en una sierra de dientes afilados que aceleró en miles de peligrosas revoluciones, deteniéndose a pocos centímetros del pasmado rostro enemigo en el momento exacto en que éste le atrapó la muñeca.

-¡No! –fue el gemido forzoso que dejó escapar el Seeker, víctima de una histeria muy distinta a la de su atacante.

¿Qué había hecho para merecer esto?

-¡Maldita sea! –. Su mano púrpura se aferró al contorno del brazo-sierra, reteniéndolo con dificultad, estirando la cabeza hacia atrás en un afán de alejarse de los dientes asesinos.- ¡Estúpidos Autobots! –El arma bajó hasta su cuello cuando uno de sus cansados servos cedió ante el esfuerzo, e hizo un corte significativo en el borde su casco, rozando uno de los tubos vitales de su garganta en un intento de reventarlo completamente.

Skywarp gritó de furia y terror, levantando una rodilla para recuperar el control perdido. Estaba hundido en su propio mar de advertencias, alarmas y voces interiores gritándole con frenesí que estaba perdiendo la batalla. «Haz algo, haz algo, haz algo».

El Autobot no tenía consciencia de los retorcijones de su víctima. En su mente inundada por el poder de una magia oscura, su deseo se motivaba con la imagen de la criatura de alas negras muriendo destrozada.

La sierra le rozó la mejilla izquierda, obligando al Jet a voltear en dirección contraria, sin dejar de luchar contra el peso abrasante del Autobot, cuya chispa vital contaminaba de alguna manera las pulsaciones de su propia chispa vital, aturdiéndolo.

¡Se está saliendo de control!

-¡Argh! –. Movió las piernas, tirando patadas y sacudiendo las alas en un instinto de deslizarse sobre el piso. Gritó una vez más, maldiciendo lo que su mente no dejaba de orar como una mala jugada del destino- ¡Tampoco tú me vas a derrotar, desperdicio viviente! –. Se impulsó hacia el Autobot, después hacia abajo, logrando desbalancear el peso de su enemigo, cuyo serrucho mecánico se enterró en el piso, a pocos centímetros del escape del Seeker, alcanzando a triturar el borde de su ala negra.

Skywarp se paralizó por lánguidos segundos, apretando la mandíbula.

-¡Estúpido pedazo de…! Argh…

Con el dolor zumbando en cada centímetro de su estructura física, logró quitárselo de encima, pateándolo a un costado. La sierra del Autobot se había incrustado en el piso, carcomiendo el metal hasta dejar de funcionar definitivamente, víctima del sobrecalentamiento, lo que no impidió que el eufórico Transformer levantara el muñón oxidado de su otro brazo en un afán inútil de intentar alcanzar al Decepticon. Skywarp se había arrastrado con urgencia, llegando hasta la pared, en donde se sostuvo antes de ponerse de pie, temblando de cuerpo entero. No podía abrir fuego nuevamente; los anteriores disparos habían drenado gran cantidad de su energía, mandándolo al abismo de las reservas de emergencia.

-¡¿Qué diablos pasa con todos ustedes?! –quiso saber, furioso por completo.

Al lograr sostenerse sobre sus piernas, levantó un pie y acertó una brutal patada en la cabeza chirriante del Autobot, quien vaciló antes de volver a lanzarse sobre él, detenido sólo por el poder de su sierra clavada en el piso. Skywarp se quedó pegado a la pared, mirándolo fijamente, sin saber de qué manera asimilar las monstruosidades que poco a poco iba descubriendo en las entrañas del mundo que le había dado la vida. ¿No quedaba nada rescatable? No sentía pena alguna por el autobot, pero quedaba el desconcierto de las raíces de su mal. ¿Era infección o era locura? Skywarp cliqueó su vocalizador, entornando la mirada con ópticos fríos. Frente a él, el Transformer demente rugía, sacudiéndose como un poseso. La sierra eléctrica cada vez más separada del piso.

Skywarp no lo pensó dos veces. Tragándose una protesta de dolor, volvió a cernirse completamente sobre su estatura y se volvió hacia la pared, tanteando con los dedos hasta encontrar un tubo libre de la enredadera de cables y cosas inservibles. Haciendo un esfuerzo que pareció descomunal para su cansancio, lo arrancó y después se giró hacia el Autobot eufórico, de quien el silencio fue bienvenido cuando el seeker, descargando gran parte de su frustración y molestia, le perforó el pecho con el borde afilado de la vara metálica, como el asesino que también era y que no sentía remordimiento alguno cuando hacía su trabajo de mercenario.

Silencio bendito embargó sus audios una vez que el vocalizador dañado dejó de eructar sonidos difusos. Empero, la tranquilidad duró pocos segundos… Porque que una nítida y delgada figura de ópticos amarillos apareció frente a él, a pocos metros de la oscuridad que envolvió nuevamente el corredor.

-Skywarp… -le sonrió Arcee, susurrando una voz angelical de su rostro deforme, contorneado por el halo dorado de su mirada.- Creí que jamás te encontraría –. Inclinó un poco la cabeza, deleitada ante la parálisis general que se apropió del cansado Decepticon.- Seeker Skywarp, Señor de los cielos –se burló, activando el fulgor de su espada energética, que los iluminó a ambos.

Skywarp retrocedió, midiendo sus posibilidades.

Rayos.

Ella se quedó sonriendo, estrechando sus ópticos hasta formar una delgada línea de luz amarilla.

-Vamos a conocer tus monstruos, Skywarp.

Monstruos.

Superando los vértices de su pánico, él también sonrió, finalmente aceptando el humor del destino.

Un Seeker, miembro de la Élite Decepticon, no sería asesinado por la espalda.

-Adelante. Veamos de qué estás hecha, lindura.

Continuará…


N/A: Vaya, a casi un año de la última actualización. Pasaron tantas cosas desde ese momento que ¿para qué gastar tiempo con excusas? Sólo digo que se siente muy bien volver, y que espero continuar escribiendo de este fic hasta terminarlo ahora que las ideas se tornaron mucho más concretas. No lo descuidaré de nuevo :) Además, quiero agradecer especialmente a mi socia Taipan Kiryu por ayudarme a moldear ciertos aspectos del fic, darme ideas y ser mi Beta Reader. Sin eso jamás me hubiera dado cuenta de muchas cosas que estaba dejando pasar.

Bien, chicos. Es hora de continuar escribiendo.

¡Gracias por leer!

Hasta la próxima.