Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece ni ninguno de sus personajes, son todos propiedad de Hajime Isayama. De ser mío Rivaille tendría más protagonismo y muchas más batallas junto a Mikasa jaja.

Advertencia: Contiene spoilers del manga, si no has leído al menos hasta el capítulo 30 del mismo, es aconsejable no leerlo.

¡Hola a todos! ¿Qué tal? Este es mi primer fic de Shingeki no Kyojin, y sea posiblemente el ultimo, dado que la inspiración no suele venir mucho a mí, y el tiempo menos todavía xD, pero necesitaba escribir algo sobre estos dos desde que leí el capítulo 30 del manga (que a mi parecer fue de los mejores). Tendrá varios capítulos, 3 a lo sumo, y un epílogo. El titulo del fic viene de la canción que tiene Levi como theme song "Reluctant héroes" ( watch?v=KevuJ_fSb4k), esta de aquí; así como los diferentes títulos de los capítulos son partes de la misma canción.

Muchas gracias a quien leyó el fic, marcó favourite o alerts, y especialmente a la gente que se tomó la molestia de dejar review:

SomBrereRa LoCa (Muchas gracias! Coincido contigo, esta maravillosa pareja necesita muchos más seguidores, espero que te guste el siguiente n.n)

GirlSchiffer (Muchas gracias jeje. A mi Petra también fue un personaje que me gusto mucho, y en verdad la veía junto a Levi, pero la mataron… y después vino la pelea de Rivaille y Mikasa y fue un boom xD. Espero que este también te guste.)

Nangaro (Jaja, me alegra hacerte feliz :D, yo también espero encontrar algo más que one-shots sobre esta pareja, aunque hay muy buenos, pero el rikasa aun tiene que dar muchos pasos, espero que te guste el siguiente.)

Nori (Thank you , I hope this like you too.)

Iwai (Muchas gracias! Jeje esa era mi intención, al principio lo odia, pero conforme lo va conociendo… se da cuenta de cómo es Rivaille en verdad y de cuanto se parecen n.n)

Arethahiwatari (Thank you! I first loved Levi and Mikasa separately, but after watching the fight from the manga… they became my favourite couple xD, I hope you like that chapter too.)

Rivaille (Muchas gracias! Aquí está la continuación jeje )

Supongo que eso es todo, muchas gracias anticipadamente por tomaros el tiempo de leerlo, espero que lo disfruten, y si no es molestia me gustaría saber su opinión.


Reluctant heroes

II

They will not come back


Habían transcurrido varias semanas, semanas largas para Mikasa quien todavía trataba de encajar en su mente todo lo sucedido en ese tiempo. La verdadera identidad de la titán hembra, la reticencia de Eren a creer que Annie estaba con el bando opuesto, y la posterior lucha con la misma. En todo ese tiempo no había vuelto a ver ni saber nada del menudo sargento. Por lo que había escuchado y supuesto, permanecía retirado hasta estar totalmente recuperado de su lesión.

Días después se la asignó a una misión comandada por el susodicho.

Mikasa cabalgaba tras él, viendo las alas de su capa revoloteando a su alrededor, y conformando en su cabeza la imagen de un Rivaille con verdaderas alas. Las alas de la libertad, las llamaban, y aquel hombre que las portaba era una de sus grandes esperanzas para alcanzarla.

El número de su grupo era reducido, pero los titanes se encargaron de menguarlo todavía más, atacaban y devoraban soldados sin piedad. La lucha se desencadenó y terminó con un montón de cuerpos humeantes alrededor de un pequeño grupo ensangrentado.

Ni siquiera fueron capaces de volver a las murallas puesto que todos sus caballos habían salido desperdigados, o en el peor de los casos, aplastados. Al caer la noche su único refugio fue un pequeño molino abandonado, que uno de los pocos hombres que quedaba integrando el grupo divisó a lo lejos.

La situación se veía tan desesperada, que Levi ni siquiera dio la orden de limpiar el lugar.

Como pudieron se instalaron, y acomodaron el sitio para pasar la noche. Mikasa agradecía que ninguno de sus amigos de grupo se encontrara en aquella misión, supuso que ella misma fue designada por su sobresaliente destreza.

En cuanto pudo se alejó del grueso del grupo, subiendo a la cima del pequeño molino y dejando que las estrellas la apaciguaran. Todavía podía sentir la sangre caliente de sus camaradas recorrer sus dedos, aunque hiciera mucho que las había lavado.

"La guerrera más fuerte de la humanidad" la llamaban, pero nadie entendía la pesada carga que colocaban encima de sus hombros cada vez que alguien mencionaba aquello. Mikasa se había esforzado por ser la mejor, aparte de cierto talento natural para ello, pero nunca esperó que debería soportar un peso tan elevado: las esperanzas de sus amigos, de su escuadrón, de Armin, Eren, Sasha, Jean, Connie… de todos. Como era fuerte, tenía que ser capaz de cumplir con todas y cada una de las promesas que realizó, a sus padres, a la señora Jeager, a sus compañeros caídos. Como era fuerte, no podía fallar, no tenía permitido ser débil ni morir.

- Duele, ¿no es cierto?

De nueva cuenta aparecía de la nada y sin previo aviso. Esta vez ella no lo miró salvajemente, con una sola frase había sabido desarmarla y leerla al completo.

Con cuidado serpenteó por las tejas del techo y tomó asiento a su lado, contemplando la luna y las estrellas que los iluminaban.

- Nunca esperé encontrar a alguien como yo.

Rivaille sonó sincero. Y Mikasa supo entender perfectamente a que se refería. Sentados allí, bañados por la luz blanquecina de la noche se encontraban los dos solados más fuertes de toda la raza humana, dos armas en potencia, la esperanza libertadora de los titanes.

- ¿Cómo lo haces?

Hacía ya tiempo que los rangos habían quedado relegados al olvido. La pregunta era más que obvia, ¿Cómo hacia para soportar esa presión constante? ¿Cómo era capaz de seguir durante tanto tiempo con su día a día sin ahogarse con el peso de tanta sangre sobre sus hombros?

- No hago nada. Solo sigo adelante esperando por el mañana.

- ¿No tienes miedo?

Él le dedicó una pequeña sonrisa. – Mucho. – Admitió, no tenía sentido ocultarlo, no con ella. - Cada vez que me enfrentó a un titán trato de evitar pensar que ese podría ser el último.

- Parece que no tengamos permitido fallar.

- No lo tenemos. Si lo hacemos, morimos.

Mikasa lo observó detenidamente, el tenía su vista clavada en el cielo. - Ya lo sé. Es solo que…

- Resulta demasiado pesado, cargar con las esperanzas de todos.

Y de nuevo había sabido leerla a la perfección. Rivaille entendía como se sentía.

- Eres fuerte Ackerman, más fuerte que yo. - Ella no lo creía, al menos aun no. - Tu fuerza viene ligada a la determinación de proteger a Eren, y hasta el momento has sido capaz de mantenerlo a salvo. Sin embargo yo… no fui capaz siquiera de proteger a mis hombres.

Advirtió la culpa en su voz y se apresuró a contradecirlo. - No fue tu culpa.

- Tal vez. Pero si yo hubiese estado junto a ellos podría haberlos mantenido con vida.

- No fue tu culpa.- Repitió. Levi la miró entonces.

- Y sin embargo siento que lo es… cada muerte de un compañero, cada baja en nuestras filas será culpa nuestra. Porque somos fuertes y nuestro deber es protegerlos, aun si es imposible. – Ninguno de los dos dijo nada hasta que el continuó. - Eso es lo que implica ser los soldados más fuertes de la humanidad. Me alegra… poder compartir esa carga con alguien.

Y advirtió que le estaba regalando una pequeña pero sincera sonrisa a la luna. Mikasa replegó las rodillas y rodeó sus piernas con los brazos.

- Cuando era niña, no tenía las más mínima intención de unirme a la legión de reconocimiento. Pensaba pasar los días cultivando el campo y cuidando a mi familia tal y como mi madre y la señora Jaeger hacían.

- Las cosas cambian…

- ¿Qué hay de ti?

El sargento le devolvió la mirada con un deje de curiosidad, sus pequeños ojos grises enfocándose en los azabache de ella. - Digamos que fue una manera de enderezar mi vida. Aunque siendo niño tampoco imaginé acabar siendo quien soy ahora.

Sabía que él no diría más al respecto. Rivaille no era alguien que hablara de su pasado.

- Supongo que ninguno se planteó llegar tan lejos.

Mikasa negó, y por primera vez sintió que podía abrirse con alguien de esa forma. Ni siquiera con Eren o Armin era capaz de hablar así. Como a un igual. – Decidí entrar a formar parte del escuadrón de reconocimiento para poder proteger a Eren… me hice fuerte para mantenerlo a salvo.

El enarcó una ceja. - ¿No confías en Jaeger?

- Si lo dejo solo acabará muerto. Siempre se mete en los peores problemas sin pensar en las consecuencias.

- Ciertamente no destaca por su inteligencia. – Bromeó, Mikasa frunció el ceño molesta. – Pero es un soldado valiente y muy fuerte también. Posee la fuerza de un titán después de todo.

- Aun así, es incapaz de ver sus limitaciones, y acaba pasándole factura.

Ella ya lo había perdido dos veces, no quería hacerlo de nuevo.

- Por más que lo intento… siempre se aleja de mi lado.

- Está intentando crecer. Tú ya eres fuerte, pero él quiere demostrar que también puede serlo. Y si lo sobreproteges siempre no hay forma de que lo logre. – Sus ojos negros lo observaron con intensidad, como si le estuviera mostrando el mayor secreto del mundo. – Eren necesita poder confiar en sus propias capacidades, y que tu también lo hagas.

Y muy en el fondo, Mikasa sabía que tenía razón. Si se preocupaba por su hermano adoptivo solo conseguía que se enfadara con ella. Eren no necesitaba que lo cuidara, sino que le diera alas para demostrar cuan fuerte podía llegar a ser, necesitaba que confiaran en que podía hacerlo. Que era fuerte, que podía salvarlos.

Será mejor que vayas adentro con los demás y duermas. – Y antes de que ella pudiera replicar nada, añadió. – Yo me encargaré de la vigilancia esta noche.

Sabiendo que no había mucho más que decir, Mikasa le agradeció con la mirada y se levantó de su asiento. - Está bien… ten cuidado, Rivaille.

Lo llamó como él le había pedido hacía tiempo que lo hiciera.

- Por supuesto. Trata de descansar, Ackerman.

Y decidió que el también debería tener el mismo derecho sobre ella.

- Es Mikasa. Solo… Mikasa.

Levi se giró para mirarla levemente sorprendido, y lentamente le dio la espalda, ocultando como las comisuras de sus labios se erigían de forma mínima hacia arriba…

A la mañana siguiente el no dijo nada, pero los restos humeantes en su ropa y el vapor ardiente que desprendían los huesos de cuerpos gigantescos le dieron a entender que él había tenido que pelear aquella noche. A Mikasa le sorprendió el hecho de que tan siquiera lo había notado, no despertó en toda la noche. Y esa sensación de seguridad se debía, tal vez, al hecho de que él de entre todos, era quien los mantenía a salvo.

Horas después un escuadrón llegó para ayudarles a volver con caballos nuevos. Y durante todo el viaje de regreso, Mikasa cabalgó a su lado.

Ya nunca más lo haría tras él.

Se encontraba cansada y algo mareada, las fuerzas la habían abandonado en su mayor parte, pero quería ir a verlo y asegurarse de que estaba bien antes de ir a descansar.

Acababan de librar una sangrienta batalla en pos de la recuperación de la muralla María, la vida de cientos se había perdido, y no fueron capaces de ganar todo el territorio, aun así los titanes también sufrieron numerosas bajas, gracias a la participación de Eren en su forma de titán y a la fuerza unida de ellos dos.

Sin embargo, Rivaille había sido herido en el combate.

Uno de los titanes se aproximaba con la boca de dientes afilados a uno de los soldados, y como un torbellino se había interpuesto entre el hombre y su fatal final en las fauces del monstruo. Había logrado rebanar con existo parte de la mandíbula inferior, pero no fue capaz de evitar que los colmillos superiores se clavaran en su costado. Aun así había logrado salir indemne y cortar la nuca del titán para seguir con la caza.

Cuando todo acabó, el se había apresurado a ir a su habitación cubriendo la herida con la capa verdosa esperando que nadie lo viera.

Era el soldado más fuerte de la humanidad, no tenía permitido sangrar ante los demás.

Se habría salido con la suya, de no ser porque Mikasa se había obligado a estar al tanto de su condición desde que recibió la fatal herida. No le mencionó nada cuando en la pelea se colocó a su lado y lo ayudó a enfrentar a los titanes que se avecinaban sobre ambos, lucharon codo con codo, con una sincronización perfecta. Como si uno leyera y se anticipase a los movimientos del otro con total maestría.

Justo después de verlo escabullirse, le había pedido a Hanji Zoe, o "la científica loca cuatro ojos" como solía llamarla él, que fuera a revisarlo más tarde. Para evitar sorpresas o disgustos más que nada.

La mujer asintió con energía y le prometió ir pronto a atender "al pequeño sargento", mientras, le pidió que fuera a verlo para que no tratara de cometer locuras.

Mikasa accedió como si de una orden militar se tratase, pero muy en el fondo albergaba cierto sentido de preocupación por Rivaille. Siendo sincera, era algo más egoísta lo que la motivaba a asegurarse de que el hombre estuviese vivo, el era su igual, el único con quien había podido compartir sus inquietudes, y ella no quería perder a la única persona que la comprendía.

Se paró en la puerta cerrada que daba a los aposentos de él, y dio dos toques delicados. Inmediatamente recibió una respuesta malhumorada.

- Hanji idiota, lárgate de aquí.

Suspiró, observando dos pequeñas gotas de sangre oscura decorando el pasillo que daba a la entrada de la habitación. Se decidió a entrar sin invitación.

- Te he dicho que… - Y se detuvo a mitad oración en cuanto la vio. Todavía cubierto con la capa verde y sentado en su cama, los ojos grises abiertos ligeramente. – Mikasa.

- Rivaille.

El cambió su expresión a otra enfurruñada. - ¿Te ha mandado esa loca cuatro ojos?

Mikasa trató de contener la risa, y le salió bastante bien. – Mas o menos. – El enarcó una ceja pidiendo una explicación, pues estaba confuso al tener a la chica allí. – Vi como te hirieron en batalla. – Respondió con simpleza.

- Estoy bien. – Se apresuró a contestar desviando la mirada.

- Vi como ese titán te mordió, no debes estar bien.

Levi frunció el ceño descubriéndola al instante. – Por eso justo después te uniste a mi lado. Pensé que te gustaba matar titanes conmigo, pero solo me cuidabas el trasero. – Bufó.

- Me gusta matar titanes a tu lado.

El la miró a los ojos. Esa frase enmascaraba mucho más. Le gustaba luchar a su lado, y quería seguir haciéndolo por mucho mucho mas, quería que liberaran juntos a la humanidad, con Eren, Armin y los demás. Quería mantenerlo a su lado.

- Creí que te desagradaba. – Y le mostró una sonrisa irónica.

Ella se la devolvió, aun de pie y con las manos tras la espalda. – Así era.

Rivaille insistió. - ¿Qué ha cambiado?

Mikasa guardó silencio durante unos segundos, meditando la respuesta que le daría al soldado. – Nunca te muestras a los demás como eres en verdad… pero he aprendido a conocerte.

- No mientas. – Bromeó. – Te caía mal porque lo primero que hice antes de presentarme fue golpear a Eren.

- Eso no ayudó, ciertamente.

Levi sonrió. Era la única persona con quien había conseguido abrirse, romper su coraza de hielo que creyó impenetrable y acceder al cálido interior.

Pero Mikasa no mentía. La primera impresión que le dio, fue la de un engreído petulante, cuya supervivencia en innumerables batallas lo había provisto de una arrogancia que lo hacía ver superior a los demás, alguien que creía tener a todos bajo sus pies y así actuaba.

Había estado muy equivocada… tal vez Levi Rivaille no era la persona más sociable y abierta del mundo – en realidad esos adjetivos ni siquiera pegaban con él – su carácter era algo frío, su tono de voz serio y grave y su modo de actuar solitario y algo extremista. Todo era solo una perfecta fachada edificada mediante su fama, para ocultar a la persona del interior.

En realidad, era el soldado que se preocupaba por los demás, que relegaba su propia integridad a la del resto, alguien que trataba de proteger y salvar. Buscaba una justificación para cada baja en sus filas, otorgaba un honorable motivo a la muerte de sus camaradas, los lloraba en silencio y se molestaba en ir a todas y cada una de las casa de los familiares para dar la mala noticia y soportar las culpas.

Era un soldado a quien no le importaba mancharse las manos con la sangre de los caídos si estos lo necesitaban en sus últimos momentos, - por muy maniático que fuera con el tema de la limpieza – alguien honorable. Quien cargaba con las esperanzas de todos en sus espaldas.

Eren siempre le había tenido un gran respeto al sargento, y Mikasa nunca supo entender por qué. Hasta que lo conoció.

- Déjame verla. – Le pidió algo autoritaria al ver cruzar una mueca de dolor en el semblante del hombre cuando cambió de posición en la cama.

- Es solo un rasguño.

- Rivaille.

- Mikasa. – Contraatacó.

- Sargento, no me obligue a ordenárselo.

Él le mostró una sonrisa ladina. – Mi rango es superior al tuyo, Ackerman.

De forma veloz se abalanzó sobre él, que indefenso no fue capaz de defenderse por el dolor de la herida. Rápidamente Mikasa había retirado la capa verde que ya estaba empapada para ver con mayor claridad el daño que él había sufrido.

Levi frunció el ceño molesto y agachó la vista para contemplar su costado izquierdo, la camiseta blanca desgarrada y empapada en sangre junto con la chaquetilla marrón de la legión. – Joder, esto va a costar de limpiar. – Farfulló.

A Mikasa le sorprendió que pensara en la limpieza con una herida tan crítica. Tenía la carne desgarrada y una grave hemorragia, la pérdida de sangre había empezado a mojar sus pantalones a la altura de las caderas.

- Es más grave de lo que pensaba.

- He sobrevivido a peores. – Y ella supo que no le mentía.

- Debes de tener algo por aquí para tratar la herida.

Él le ofreció un gesto de desgana. – La loca de Hanji debe estar al caer. – Pero la mirada enfurecida de la morena no le dio opción a más. – En el segundo cajón de la cómoda, hay unos paños y algunas vendas.

- Con eso puedo tratar de contener la hemorragia hasta que ella aparezca.

- No hace falta que…

- Quítate la ropa. – Dijo imperante, para después darse cuenta de lo que acababa de decir haciendo que un rubor rosado se extendiera por sus mejillas. – Con la camisa… bastará.

Rivaille rió quedamente, pero no dijo nada. No quería enfadar aun más a la chica.

En silencio acató la orden, y con cuidado empezó a desprenderse de las dos prendas que lo cubrían. Se quitó la chaqueta marrón claro, donde estaban grabadas las alas de la libertad, y después siguió con las correas superiores del equipo tridimensional. Con la camisa necesitó ayuda, puesto que tenía parte metida dentro de los pantalones, y la que estaba en la zona ensangrentada se había pegado a la herida.

- Déjame ayudarte… - Mikasa se acercó a él, quien se veía algo apurado por su pobre condición y con una expresión adolorida en el rostro.

- No es necesario, puedo yo solo. – Y empezó a desabotonarla con cuidado, llegando a la parte complicada.

Mikasa resopló. – No sea terco, sargento. Si me deja ayudarle acabaremos mucho antes.

Levi suspiró resignado y se dejó hacer. – Ni se te ocurra contarle esto a alguien.

- ¿Ni siquiera a Eren? – Respondió divertida, colocando sus dedos alrededor de la prenda, entrando en contacto con la piel caliente de él.

- A ese idiota menos que a nadie.

Frunció levemente el ceño. – Si sigue llamándolo así no seré condescendiente.

Con mucho cuidado había desabotonado la prenda hasta el límite que se introducía dentro del pantalón, y conseguido deslizar por los hombros del hombre la parte que seguía limpia. La zona herida fue más difícil de retirar, porque la sangre se había adherido a la tela y eso suponía que tendría que tirar para quitarla de ahí.

El moreno apenas se molestó cuando lo hizo, profiriendo un leve quejido en cuanto ella tiró de la herida, y regresando a la normalidad segundos después.

Mikasa se dio cuenta entonces de la acción que acababa de cometer – desvestir a su sargento – por muy inocente y con buena voluntad que fuese. Ahora tenía a un Rivaille expuesto y sin camiseta, con una herida manchando de rojo la pulcritud de su abdomen. Y la mirada inquisidora de sus ojos grises solo consiguió ponerla más nerviosa.

Antes de verlo luchar le había parecido un enano endeble, mas tarde se dio cuenta de la increíble fuerza que poseía y la gran agilidad y rapidez en combate. Ahora entendía por qué.

El era un soldado entrenado como los mejores. Tenía todos los músculos del torso definidos, unos pectorales claros que subían y bajaban al compás de su respiración entrecortada, las dorsales sobresalientes, y unos abdominales tersos que se extendían hasta la curvatura en V de su cintura. Unas clavículas marcadas, hombros anchos y unos brazos delgados y largos repletos de músculos que se contraían en harmonía.

Por un momento se quedó sin aliento, hasta que la presencia carmesí en su costado izquierdo la hizo reaccionar y salir de su estupor.

- ¿Te gustaba lo que veías, Ackerman? – El mostraba una sonrisa presumida, se había dado cuenta de su pequeño momento de abstracción y pensaba explotarlo al máximo.

-No es la primera vez que veo a un hombre sin camisa. – Contestó algo molesta por su comportamiento, y procedió a taponar la herida con uno de los paños haciendo presión, tal vez algo más de la necesaria.

- Cierto, supongo que Jaeger y el chico rubio que os sigue a todas partes son parte de esos "hombres".

- Armin. – Le recalcó. – Y si, después de todo llevamos juntos desde niños.

De todas formas Rivaille había estado en lo cierto al pronunciar de forma distinta la palabra "hombres", porque el sí lo era, no como Eren o Armin que seguían siendo muy jóvenes para catalogarlos como tales.

Eso le hizo preguntarse la edad que tendría su sargento. Su altura y rostro no lo hacían mucho mayor que los chicos con los que cursó la academia, pero sabía que debería tener algunos años más. Tal vez dos o tres, o incluso cinco. Con Rivaille nunca se sabía.

Se dedicó a presionar la herida poco a poco, tratando de ignorar la cercanía a la que estaban sometidos por el hecho de estar curándolo. Para Levi era otro mundo, la presencia de la soldado le turbaba la mente desde hacía semanas, siempre le llamó la atención por su forma de destacar en combate y su fría personalidad, además de la excepcional belleza que poseía, pero ahora se encontraba en otro extremo.

Ella olía a sudor, sangre y algo más que no supo descifrar. Supuso que esa tercera fragancia era el aroma particular de la chica, oculto tras los ardores de la reciente batalla, y no pudo parecerle más irresistible. En cuanto ese pensamiento cruzó por su cabeza, supo que su herida debía ser más grave de lo pensado, porque estaba delirando.

Por suerte, Mikasa parecía haberse dado cuenta de su inquietud – aunque no supiese de donde provenía – y empezó a hablarle. – Una vez me dijiste que era demasiado impulsiva… ¿no te has ganado tu esto por ser impulsivo?

- Te equivocas. No estaba siendo impulsivo en absoluto. Solo traté de… salvar a ese hombre. – Y de nuevo hizo rechinar sus dientes cuando ella lo volvió a presionar.

- Fue muy arriesgado.

El se encogió de hombros. – Si no lo hubiese hecho, probablemente habría un muerto más. Además. – Y dirigió su vista a las gasas ensangrentadas. – Confiaba no salir tan mal parado.

Mikasa lo miró. – Podrías haber muerto.

- Tu también. Cada vez que salimos al campo de batalla tenemos esa posibilidad muy presente.

La cercanía estaba empezando a quemarle, sentía abrasar su piel allí donde ella tocaba. - ¿Hubiera supuesto algo para ti? Mi muerte.

Ella lo vio como si la hubiese insultado, ¿Cómo podía preguntarle aquello? – No puedes morir.

Rivaille soltó una risita. – Es cierto. Soy el soldado más fuerte de la humanidad.

Aunque esa no era la respuesta que buscaba, sabía que no la obtendría de su boca. Mikasa no era la clase de persona que exteriorizaba lo que pensaba o sentía, así como el, prefería guardárselo todo para sí misma.

- ¿Entonces nunca has actuado por impulso?

El guardó silencio unos segundos, mirándola detenidamente con sus ónices grises. – Créeme Mikasa… si alguien como yo actuara impulsivamente, sería muy peligroso.

No entendió a que se refería en aquel entonces. Con simpleza procedió a vendar el costado y abdomen del sargento, obligándola a acercarse aun más a él.

- Peligroso… - Y nuevamente su atención volvió al moreno. - ¿En qué sentido sería peligro…?

Unos labios demasiado cálidos se posaron sobre los suyos, inhabilitándola para acabar la última palabra. Mikasa abrió mucho los ojos sorprendida, Rivaille los tenía cerrados.

Una mano en la nuca la obligó a permanecer en su lugar, dejando a la boca del sargento besar la suya con más urgencia, ella no se apartó, e incluso empezó a corresponder. El besó con cuidado, mordisqueando y chupando el labio inferior antes de romper el efímero contacto.

Justo después los dos se quedaron en silencio, mirándose uno al otro. Gris contra negro.

La mano de su nuca se deslizó hasta la mejilla derecha, y empezó a acariciar con el pulgar la cicatriz que allí había, la que Eren le provocó. – Y por eso… es peligroso.

- ¡Levi! ¿Estás ahí enano?

Los dos se separaron rápidamente, como si lo que acababa de suceder no tuviese que haber ocurrido nunca, y en cierto modo era así.

Rivaille gruñó. - ¡Déjame en paz, loca cuatro ojos!

La puerta de la habitación se abrió, y allí se encontraba Hanji Zoe con su equipo médico listo para tratar al pequeño sargento. – Vaya Mikasa, ¿todavía sigues aguantando a este malhumorado?

- ¡Cállate Hanji!

Mikasa reprimió una risita al ver al sargento tan enfadado, era cierto que no soportaba que lo vieran vulnerable. – No se preocupe sargento Zoe, cuando se está tiempo con él una se acostumbra.

La otra dio un chillido y un gritito como respuesta, para después soltar una gran risotada al ver la cara contrariada de Rivaille.

- Cuídese, Sargento. – Dijo antes de salir de la estancia evitando hacer todo contacto visual con él.

Se apoyó durante unos segundos en la pared, logrando escuchar parte de la conversación del interior, como Hanji exaltada soltando un: "¡demonios Rivaille, esa herida es más grande que tú!", seguido de un insulto y una exclamación del susodicho.

Suspirando se tocó los labios trémulamente. El la había besado, Rivaille la había besado. ¿Qué significaba aquello? ¿Por qué no lo había apartado con un tortazo o algo por el estilo? Seguro él lo estaría esperando… pero no lo hizo, al contrario ¡le correspondió!

Le había correspondido… y eso la dejaba más perpleja aun. Siempre esperó que su primer beso fuese con Eren, siempre había esperado que después de todos los sacrificios que hizo por él, se diese cuenta de sus sentimientos. Pero contrariamente a lo esperado él la veía cada vez menos como una mujer, y más como un compañero de equipo.

Y de pronto aparecía Rivaille, un soldado de baja estatura cuya fuerza era comparada con la de una brigada entera – y no era exagerado -, que parecía comprenderla, con quien había entablado curiosas conversaciones, sobrevivido y luchado.

Y ahora la besaba.

¿Qué se suponía que iba a hacer…?

Y hasta aquí la segunda parte de este fic, espero que les haya gustado. En realidad ha pasado un tiempo desde el primer capítulo a este, diría que incluso es posterior a la trama que por ahora lleva el manga, (pero como el desenlace del secuestro de Eren todavía es incierto, he supuesto simplemente en el fic que lograron volver con el sano y salvo como sucedió en el caso de la titán femenina). Tampoco significa que lo que cuento sean los únicos encuentros entre Rivaille y Mikasa, hay muchos más entre medio, pero si cuento todo lo que me viene a la mente esto sería eterno xD, así que destaco momentos cruciales.

Como se ha podido ver en el último, donde Levi la besa, ya he dado a entender que el lleva tiempo sintiendo algo por ella. Siempre pensé que si estos dos se llegaran a conocer un poco más, serían perfectos uno para el otro jeje.

Nuevamente les agradezco tomarse el tiempo para leer mi fic, y uno especial a la gente que dejó review o marcó como favorito.

Nos vemos, un besoo! Andy ;D