Nuevamente sea bienvenido estimado lector, he leído cada uno de sus comentarios y a pesar del poco tiempo que he tenido para escribir, he decidido regresar, así que mil disculpas por la ausencia, como ustedes ya saben este proyecto llamado "Los Mil Y Cuentos IchiRukis", está basado en "Las mil y una noches", por quienes conozcan esta obra y quienes seguirán está historia sabrán que existe "erotismo" y descripción de escenas que podrían considerarse ofensivas para cierto público, por lo que podría o no incluir en este fanfiction descripciones aptas sólo para un público maduro.

Comenzamos con el primer relato de Rukiarezada que espero sea de su agrado:

Los Mil Y Un Cuentos IchiRukis

Primera Noche: "Historia de un hombre que quedó tuerto"

Por: Miguel Iván Hernández Macías

"Ivanichigo Hermaciaki"

¡Vamos qué estás esperando!, ¡Inicia con el relato qué la noche es corta! — Dijo Ogichiyinn mientras se sentaba en el áspero suelo del balcón.

Rukiarezada tomo su libro, comenzó a hojearlo nerviosa, no sabía nada sobre los gustos de un Demonio, mientras cambiaba las hojas con sus pequeñas y nerviosas manos, su corazón no dejaba de latir por la adrenalina.

¿Qué pasa?, ¿A caso no tienes una historia que satisfaga al gran Ogichiyinn? — Se burlaba el Hollow mientras sus manos se posaban sobre su entrepierna y sonreía con la lengua de fuera.

La hija del Visir no pudo elegir y decidió confiar más en el azar que hasta esa noche le había sonreído.

Está es la historia de un hombre que perdió su ojo izquierdo…— Comenzó Rukiarezada pero no tardo mucho tiempo cuando fue interrumpida.

¡Aburrido! ¡Parece que alguien quiere perder la cabeza al amanecer! — se burlaba el nefasto oyente con unas carcajadas tan fuertes que retumbaban por todo el palacio.

¡Espera aún no has escuchado la historia! — contesto Rukiarezada y le arrojo el libro en la cara del Demonio. — ¡No puedes juzgar un libro soló con el nombre o la apariencia idiota! — terminó de reprender al Hueco olvidando el temor que hasta hace unos instantes sentía.

¡Maldita enana, más te vale que sea una buena historia o yo mismo te asesinaré! — sentenció con sus palabras Ogichiyinn.

Está es la historia de un hombre que quedó tuerto, un hombre joven y de cabello color naranja, y este es su relato. — Prosiguió la chica mirando sin miedo a su extraño oyente:

Después de muchas peripecias, había logrado escapar de una isla en la que estuve mucho tiempo.

Comencé a caminar sin descanso por el terreno hostil y seco invocando el nombre de Alá. A la distancia, me pareció ver una enorme fogata. Me acerqué. Pensé que se trataba de un grupo de hombres haciendo un asado. Sin embargo, al llegar allí vi que lo que creía que era una fogata era un palacio grande hecho de bronce. Mientras lo miraba, diez hombres jóvenes, de distintas estaturas y notables rasgos faciales, salieron del interior. Los acompañaba un anciano calvo y a pesar de su aspecto huraño parecía ser venerable.

Había un sujeto de cabello en punta, parecían ser como las púas de un puercoespín, era el más alto y violento del grupo a mi parecer, otro era de cabello largo y rojo como el fuego, uno poseía barba y una extraña ropa bastante colorida, bebía mucho y solo hablaba de mujeres bellas, uno más tenía el cabello blanco era muy amable, pero solía enfermarse con mucha facilidad, al igual que un sujeto descendiente de una familia noble, serió, frío, con amplió sentido de la justicia, su rostro resplandecía…

¿Espera un minuto estás hablando del Vizir de Sharichigo, tú hermano? — interrumpió por segunda vez Ogichiyinn riéndose de manera burlona.

¡Sí!, ¡es mi hermano así luce él siempre! — respondió Rukiarezada mientras contenía su enojo con la concentración suficiente para continuar la historia, de inmediato continuó la historia:

Dentro del grupo se encontraba otro hombre que siempre mostraba una sonrisa y parecía burlarse de los demás, un chico que a pesar de su edad se comportaba de manera más madura que el resto, un sujeto con el rostro pintado de blanco que hablaba mucho sobre el conocimiento y las ciencias, un sujeto gordo que comía todo el tiempo y el último era un joven bastante misterioso que usaba un lenguaje bastante educado.

Me asombró notar que los diez jóvenes y el anciano eran tuertos del ojo izquierdo.

¡Qué extraño! — Me dije, — ¿Cómo es posible tanta coincidencia? mientras reflexionaba a cerca de ello, los hombre se acercaron a mí.

¡La paz sea contigo! —me dijeron. Los saludé, y luego les relate mis aventuras.

Me invitaron a comer dentro de su palacio, había numerosas salas ricamente adornadas, en el centro se encontraban sus aposentos, once lechos donde descansaban cada uno de ellos, escuche la historia del pasado de cada uno de ellos, eran ex-capitanes y tenientes retirados, sin embargo no escuche nada acerca de sus ojos izquierdos.

Descansa hermano pero no nos preguntes nada acerca de lo que veas. — Dijo el sujeto de cabello largo y blanco.

El anciano le entrego a cada uno de ellos una jarra llena de ceniza y carbón, cada hombre se echó encima la ceniza en la cabeza y con el carbón marcaron su ojo derecho. Después comenzaron a llorar y a quejarse, clamaban:

Hemos actuado mal, no hemos sido buenos. — Así estuvieron hasta el amanecer, cuando se levantaron y lavaron sus caras.

Yo, fiel a mi promesa no pregunté nada. Pero como lo mismo ocurrió los siguientes diez días, no pude contenerme. Les dije, entonces: ¡Por Alá! quiero pedirles que me expliquen por qué hacen todo esto y por qué tienen el ojo izquierdo cegado.

Ellos me rodearon y contestaron. Desgraciado, ¿Por qué nos preguntas eso?esperaban mi respuesta con cierta tensión.

Prefiero morir. Insistí si no lo sé de una vez.

¿Te asustaría perder tu ojo izquierdo?Me preguntó el más joven de todos.

De nada me sirve mi ojo izquierdo, si no sé lo que quiero saber. respondí esperando saciar mi curiosidad.

¡Qué se cumpla la voluntad de Alá! dijo el anciano con resignación.

Perderás tu ojo izquierdo por tu propio deseo, además aunque lo pierdas, ya no podrás volver aquí, porque tú no eres un capitán o un teniente. agregó el viejo, mientras ordenaba al resto que trajeran un carnero, que degolló, le desprendió la piel y la limpió cuidadosamente.

Los jóvenes me dijeron luego:

Con está piel te disfrazarás de carnero y esperarás al gran pájaro "Rokh", que con su enorme fuerza te trasladará por los cielos y te llevará a su nido, en la montaña más alta. Al llegar ahí, con la espada que ahora te damos, saldrás de la piel, y el pájaro se irá. Entonces avanzarás hacia un palacio mucho más grande y lujoso que esté, repleto de oro y piedras preciosas. Te introducirás por una puerta gigantesca y verás lo que encuentras allí. Nosotros dejamos en ese lugar no solo nuestros ojos izquierdos, sino nuestros corazones y todas las noches nos lamentamos. una vez que terminaron de decirme todas las indicaciones me llevaron hasta la terraza.

Tú destino ha de cumplirse Concluyo el anciano y después todos se alejaron. Casi de inmediato, el pájaro Rokh se apoderó de mí y muy pronto estuve en la cima de la montaña. Rápidamente rompí la piel con el sable y, profiriéndole grandes gritos, ahuyenté al ave, que era inmensa, del tamaño de doce elefantes y un largo de veinte camellos.

Anduve caminando un tiempo hasta llegar al palacio. La descripción que había recibido de los jóvenes era insuficiente, era más bello de lo que me llegue a imaginar. La puerta por la cual entre era totalmente de oro y a su alrededor existía muchas puertas más, hechas de madera fina con incrustaciones de piedras preciosas. Cada una de ellas llevaba a amplios jardines donde se amontonaban los tesoros.

Sin embargo todo eso no se comparaba a la belleza de cuarenta muchachas, cuya hermosura trastornaba los sentidos. Viéndome se incorporaron y corrieron hacia mí.

— Esta es tu casa, ¡Oh invitado nuestro!, llegas a nuestros corazones y te quedas con nosotras. A continuación me sentaron junto a ellas y me rodearon.

Oh, dueño nuestro dijeron desde ahora somos tus esclavas.

Luego comenzaron a atenderme. Una me lavo los pies con agua, otra roció de perfumen mis manos con una jarra de oro; otra me vistió con suaves prendas, adornados con hilos de plata; otra me dio de beber un agua maravillosa, que alivió mi sed, otra me sonreía con sus dientes tan blancos como las mismas perlas que adornaban su cuello, otras me contemplaban con dulzura; otra me decía: "Amado mío"; otra extendía sus brazos incitantes; mientras el resto bailaba ondulando sus caderas y no paraban de decirme: "Fuego de mi corazón", "Lámpara de mis ojos", "Ven a nosotras y apaga la sed de nuestra soledad".

Mientras me atendían me dijeron: Dueño nuestro, cuéntanos tu vida, pues hemos estado demasiado tiempo sin un hombre.

Lo hice así y les conté mi historia. Al anochecer, encendieron muchas lámparas, velas hasta que la sala quedó tan iluminada como si fuera de día. Arreglaron la mesa y la colmaron con manjares exquisitos, de bebidas estimulantes, juegos, baile y cantos. Yo comí entretanto hasta que una de ellas cautivó mi atención.

Ella era una chica pequeña de estatura a comparación de las demás, pero sus ojos claros, su rostro pálido, su mirada triste y perdida me encadenó de alguna forma a su cuerpo.

Cuando el banquete culminó, se me acercaron y me dijeron:

¡Oh, dueño nuestro! Ya es hora de los goces del lecho. Escoge a una de nosotras y no temas ofendernos. Cada una disfrutará contigo una noche, y más tarde, podremos repetir esos juegos.

Escuchándolas, vacilé. ¡A pesar de que todas eran bellas!, cerré mis ojos y no pude pensar en nadie más que en aquella mujer de hace unos momentos, de cabello oscuro como la noche y sus ojos como estrellas, sin dudarlo dos veces la tome para sorpresa de todas las presentes y de ella misma.

¿Yo señor mío, pero no sé qué puede ver en mí? Dudó la chica, mientras la tomaba de la mano y besaba sin contestar su pregunta.

Soló te quiero a ti todas las noches durante el resto de mi vida.Al escuchar esto la muchacha me llevó a su aposento, ella me desnudo y yo no paraba de besarla mientras le quitaba su escasa vestimenta.

Acariciándome ella, mordiéndola yo, presionando nuestra piel, copulamos cuarenta veces cada noche, mientras ella murmuraba:

¡Oh, cuánto gozar!, ¡Oh, cuánto placer!, ¡Oh, Amado mío ojala nunca nos pudiéramos separar!

Así transcurrió un año, y aunque tuve la oportunidad de copular con el resto de las chicas, no lo hice, ya que nunca dejaba de pensar en las curvas de sus nalgas pequeñas y en su rostro traslucido por el sudor de nuestros cuerpos.

Cuando el año terminó, aquella chica de la que me llegue a enamorar me dijo:

¡Oh, dueño mío, debemos abandonarte ahora, al igual que hicimos con otros! Aunque no fuiste el primero, para mí fuiste el mejor amante y me duele abandonarte.Mientras decía todo eso, lloraba y se lamentaba. Entonces le pregunte:

¿Por qué me abandonas, si es cierto todo lo que dices?

Y ellas me contestaron:

Debes saber que todas somos hijas de un mismo rey, pero de distintas madres. Vivimos en este palacio desde que teníamos 13 años. Todos los años Alá nos concede un hombre, que con el tiempo se llega a enamorar de una de nosotras, sin embargo, cada año tenemos que ausentarnos para encontrarnos con nuestro padre y nuestras madres por espacio de cuarenta días. Ha llegado ese momento.

¿Puedo esperarte aquí hasta que regreses? Le pregunte a la pequeña damisela.

¡Por la gloria de Alá, si decides esperarme aquí me sentiré muy agradecida, si esa es tu voluntad!Contestó la chica quien se limpió las lágrimas de sus ojos. Toma las llaves del palacio, siempre ha sido tu casa, evita solo una cosa: abrir la puerta de bronce qué se encuentra al fondo del jardín. ¡No lo hagas por ningún motivo, te lo suplicó por favor! Al terminar su advertencia lo besó y aún con tristeza en su mirada se marchó.

El resto de las mujeres me abrazaron, lloraron y acto seguido se fueron. Yo deambule por el enorme palacio, utilizando las llaves para abrir cada puerta de una en una.

La primera puerta que abrí me llevó a un huerto repleto de árboles frutales, de sorprendente tamaño, plátanos, peras, granadas y manzanas, comí hasta saciarme, sin dejar de agradecer a Alá mi suerte.

La segunda puerta daba pasó a un jardín maravilloso, donde se entrecruzaban manantiales de riego cuidadosamente dispuestos. Todas las flores del Universo estaban allí.

Tras la tercera puerta había pájaros de todas las especies, ubicados en una colosal jaula, donde los escuche hasta el anochecer.

Al otro día abrí el resto de las puertas y la riqueza que se encontraba detrás de ellas superaba una a la otra conforme descubría su contenido: Perlas del tamaño de un huevo, pilas de diamantes que brillaban como si fueran la Luna, una montaña de oro apilada y monedas de oro y plata de cada región del mundo.

Así día a día fui abriendo las puertas. Cuando estuvo a punto de cumplirse el plazo del regreso, solo quedaba abrir la puerta de bronce. Me acordé entonces de mi promesa y de aquella chica de quién me enamore. De sus movimientos ondulantes, de sus cálidas caricias, de la suavidad de su piel, del sabor dulce de sus labios y de sus exclamaciones de placer.

Sin embargo la tentación me abrumaba y termine desobedeciendo la advertencia…

¿Qué más pasó?, ¿Cómo pudo quedar tuerto?dijo Ogichigynn.

Ya está a punto de amanecer, y me encuentro cansada, si quieres saber el final tendrás que posponer la ejecución un día más. — respondió Rukiarezada con ingenió mientras el Demonio se incorporaba molestó.

¡No sabía que fueras una perra tan lista!, está bien niña estúpida tienes un día más de vida, aprovéchalo por qué mañana me contarás el final y tu vida será mía. — manifestó Hollow mientras tomaba a la fuerza a la muchacha y la besaba, mientras ella lloraba de angustia, de pronto la mano del Demonio dejó de apretarle el cuello y el contacto brusco de sus labios pasó a ser suave y delicado, el Sol brillaba nuevamente en el reino de Tartaria y el Sultán Sharichigo volvía a ser él mismo.

¡Perdóname Rukiarezada, perdóname no quiero perderte! — exclamó el Sultán con lágrimas en sus ojos.

Yo tampoco quiero perderte Sharichigo, por eso encontraremos una manera de derrotar el Demonio que posee tu cuerpo. — consoló la muchacha al desconsolado rey después de volverlo a besar, un nuevo día llegaba al reino y con él una nueva esperanza.

Continuara…