Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece ni ninguno de sus personajes, son todos propiedad de Hajime Isayama. De ser mío Rivaille tendría más protagonismo y muchas más batallas junto a Mikasa jaja.
Advertencia: Contiene spoilers del manga, si no has leído al menos hasta el capítulo 30 del mismo, es aconsejable no leerlo.
¡Hola a todos! ¿Qué tal? Este es mi primer fic de Shingeki no Kyojin, y sea posiblemente el ultimo, dado que la inspiración no suele venir mucho a mí, y el tiempo menos todavía xD, pero necesitaba escribir algo sobre estos dos desde que leí el capítulo 30 del manga (que a mi parecer fue de los mejores). Tendrá varios capítulos, y un epílogo. El titulo del fic viene de la canción que tiene Levi como theme song "Reluctant héroes" ( watch?v=KevuJ_fSb4k), esta de aquí; así como los diferentes títulos de los capítulos son partes de la misma canción.
Muchas gracias a quien leyó el fic, marcó favourite o alerts, y especialmente a la gente que se tomó la molestia de dejar review:
alinekiryuu (hola! Jajaj a decir verdad Mikasa es también mi personaje favorito femenino, y si, fui cruel dejando un final como ese… xp jajaja super bebes powerupp y es verdad que Rivaille está algo traumado, ya verás. Espero que este también te guste, aprecio tu apoyo! )
Gracii MC (Hola! Jeje siempre metiéndonos con la altura del pobre sargento xD. Bueno, si es curioso eso que cuentas, aunque supongo que a todos los que nos gusta el rikasa nos podemos imaginar una situación similar, en mi caso lo he hecho para que él se replantee muchas cosas respecto a sus acercamientos con Mikasa. Jaja no voy a avanzarte nada, solo espero que te guste el capítulo. Un saludo!)
kchibkn (hola! Humm siento haberte decepcionado por no incluir un momento romántico xD, espero que con esta continuación se te vaya la angustia jaja. Muchas gracias por el apoyo, espero que este también te guste. Un saludo!)
sakurita-akatsuki (hola! Muchas gracias jeje, woo eso es un alago, la verdad es que me costó un poco escribir la escena de la batalla, porque primero lo imagino en mi cabeza y después tengo que escribirlo… supongo que ver tanto shonen ayuda xP. Un saludo!)
Arethahiwatari (hola! Jeje muchas gracias , vaya eso es un verdadero alago, me alegro de que te guste tanto el fic jeje. Si, Rivaille está bastante afectado respecto a lo que pasó en la misión, espero que te guste la continuación. Un saludo!)
Veilchens (Hola! Muchas gracias , si bueno, esa era mi intención reflejar que a pesar de parecer gente sin corazón y bestias capaces de hacerle frente a los titanes, también son personas que sienten y sufren como las demás. Mikasa es como dices, ella demuestra su afecto protegiendo a la gente; y Hanji como ya añadí es el factor humorístico, no me resistí a que pusiera a ambos en un compromiso con esos de los bebes jaja. Un saludo!)
hamchan (hola! Bueno pues ya podrás saber qué es lo que pasó con ella al final en la misión xD, espero que te guste! Un saludo!)
TanksAndHeals (hola! Jaja siento haberte dejado así con el pasado capítulo, espero compensarlo con este. Un saludo!)
AgathaFiore (Lo siento! Pero en verdad se hacía muy largo el capítulo entero, y vi un buen momento para cortarlo ahí, ya que dejaba con todo el suspense jujuju. Este también va a ser largo, supongo que en compensación xD. Muchas gracias! Un saludo!)
Supongo que eso es todo, muchas gracias anticipadamente por tomaros el tiempo de leerlo, espero que lo disfruten, y si no es molestia me gustaría saber su opinión.
Reluctant heroes
V
It's painful for me
…
Alcanzó a ver como aquella mano gigantesca extendida golpeaba el cuerpo de la chica, mandándola volar varios metros lejos de él, que seguía en el suelo debido al empujón que ella le diera instantes atrás para apartarlo del peligro.
Se golpeó contra un árbol enorme, llegando a fracturar incluso el duro tronco y cayó como una muñeca al suelo. El titán se lanzó sin perder tiempo en dirección de la morena y él seguía sin conseguir reaccionar.
- ¡Mikasa!
Sus pulmones expulsaron todo el aire que había en ellos con aquel desesperado y último grito. Su cuerpo empezó a moverse solo y se paró derecho, corriendo con todas sus fuerzas restantes donde ella se encontraba.
Vio con horror como el gigante alzaba su cuerpo inerte del suelo, y abría sus fauces lentamente, como si saboreara el momento. Aquello no estaba pasando, no iba a llegar a tiempo, no iba a… Lanzó uno de sus cables desesperado y se dejó arrastrar por la inercia del movimiento, las espadas seguían vibrantes en sus manos, los dientes apretados, el pulso acelerado…
La cabeza y el tronco ya habían desaparecido en la boca del monstruo, y sus dientes afilados se cernían buscando la carne de la presa, cerrando la mandíbula con fuerza. Todo a su alrededor vibró, sintió mucho calor y sus armas mojadas.
El cielo se llenó de pronto de chispas rojas de sangre y el mundo se detuvo por unos segundos…
- No te exijas tanto. – Una mano cálida se posó sobre su hombro, despertándolo de su momentáneo flashback.
Rivaille enfocó con la mirada a una castaña con gafas y rostro preocupado. – Hanji… - Vocalizó medio adormilado.
Estaba soñando, una pesadilla. Se apartó los mechones azabaches apelmazados a la frente por el sudor, no estaba soñando, solo recordó lo que había pasado en la última misión a la que partieron. Hacía apenas unas horas que habían vuelto, pero la fatiga terminó por vencerlo. No se encontraba bien física ni mentalmente.
La mujer lo miró seria, como pocas veces lo hacía. – Deberías ir a tu cama y descansar, Levi. – Apuntó ya que se encontraba en una incómoda silla.
El enfocó su mirada grisácea en otro punto de la habitación que no fuese la científica, recordando perfectamente porque estaba allí. – Estoy bien. – Respondió seco y tajante.
- Te conozco lo suficiente como para saber cuándo mientes. No estás bien, estás fatal.
- Cállate. – Espetó con algo de dureza, tenía la voz ronca.
- Mortificarte por lo que ha pasado no te hará ningún bien. – Y se cruzó de brazos, definitivamente su amigo no se veía bien en absoluto. Estaba sucio y sudado, tenía bolsas bajo sus ojos y el rostro pálido y demacrado.
Se mordió el labio tratando de reprimirse. – Pero fue mi culpa. – Tono compungido.
Hanji suspiró. – No fue culpa tuya ni de nadie, Levi. En las misiones debemos asumir ese tipo de riesg…
- ¡Joder! – La interrumpió y pateó un mueble del mobiliario en su arrebato. – Se suponía que era fuerte, que volvería bien como siempre, que…
- Levi. – La chica lo cayó sujetándolo de los hombros, estaba muy nervioso. Ella entrecerró las cejas, viendo con más detalle a su pequeño amigo. Y se atrevió a preguntar. - ¿Tanto… te importa?
Los ojos del moreno se abrieron sorprendidos, sin saber muy bien que contestar. Abrió y cerró la boca en varias ocasiones, sintiéndose descubierto.
- ¡¿Dónde está Mikasa?! – Una tercera voz alarmada los interrumpió, dejándolo con todas esa incógnitas confusas en la cabeza.
Ambos voltearon a ver al recién llegado. Eren Jaeger.
Ninguno contestó, sus miradas hablaban por si solas, el castaño parecía fuera de sí. Vio llegar al mermado grupo de la legión de reconocimiento, pero no fue capaz de distinguir a su hermana de entre todos ellos, no le dio severa importancia hasta que notificó que ella no regresaba a verlo. Fue por todos los barracones preguntando, hasta que en uno de ellos un soldado de mirada caída le notificó que Ackerman había sufrido un "percance" en batalla. Rápidamente se había encaminado nervioso a las instalaciones médicas buscando algún indicio de que la morena se encontraba allí.
Lo condujeron hasta esa habitación, donde se sorprendió de encontrar al sargento con la peor cara que le había visto jamás, y a una Hanji sin atisbo de sonrisa en la cara. - ¿Dónde está…? – Empezó ahora con la voz temblando y temeroso.
Los otros seguían en silencio, como buscando las palabras para explicar lo sucedido. Como si de un acto reflejo se tratase, su mirada azulada se posó sobre el bulto ensangrentado que había encima de la cama. No podía ser…
- Mikasa… - Avanzó casi trastabillando. La científica le dejó pasar, pero Rivaille no se movió, estaba perdido en su propio mundo.
El rostro pálido de su hermana estaba apoyado calmamente sobre el cojín. Tenía un tono azulado horrendo, los ojos cerrados con grandes bolsas bajo estos, el negro cabello apelmazado. Vislumbró restos de sangre sobre su frente, que permanecía envuelta en una venda, tenía los labios muy rojos destacando contra la palidez sepulcral de su rostro. Las sabanas le cubrían hasta el cuello, por lo que no podía ver nada más.
Unas ganas tremendas de llorar lo atenazaron, sentía las lagrimas agolparse en el borde de sus ojos y se mordió el labio para contener un sollozo. Su mente solo gritaba constantemente: no puede ser. No puede ser. No puede ser… pero ella estaba ahí, parecía dormida…
Nunca imaginó que algo así pudiese suceder, Mikasa siempre fue tan fuerte… siempre lo protegía de todo. Cuando eran pequeños se encargaba de despachar a los abusones que los golpeaban a Armin y el, dentro del ejercito siempre veló por su seguridad, le ayudaba y lo animaba; le abrió paso cuando caminaba con una enorme roca entre los hombros para tapar el agujero en Trost, fue en su búsqueda cuando la titán femenina lo atrapó, asistió en su pelea contra Annie y le ayudó a vencerla… siempre había estado a su lado, y ahora, ahora…
- Eren. – La voz de Hanji lo sacó de su estupor. – Ella está bien.
Tardó demasiados segundos en procesar aquello.
Ella está bien. Ella está bien. Ella está bien. Ella está bien… Ella está bien.
- ¿Hanji-san? – Volteó algo confundido y con lágrimas en los ojos.
- Si no fueras tan idiota te habrías dado cuenta de que aun respira, o que su corazón sigue latiendo. – Esta vez fue Rivaille quien habló, notablemente molesto.
Se giró con rapidez para comprobarlo, como si no les creyese. Colocó dos de sus dedos bajo la nariz, y aunque tardó, sintió salir el aire de esta, respiraba. Después bajó su oreja hasta el lugar donde debería estar el corazón, latía, vivo. Estaba bien. Estaba viva.
- ¿Pensabas que había muerto? – El moreno lo fulminó con sus ojos grises, su voz grave rasposa y notablemente encolerizada. – Hace falta más de una millar de esos cerdos mal olientes para eso.
- Yo… - Eren no sabía que contestar, la felicidad que embargaba su pecho al saber que Mikasa seguía con vida era demasiado. Hacia unos segundos creía haberla perdido para siempre, y ahora la recuperaba de forma brusca. – Creí…
- Pues creíste mal.
- Levi. – La científica le llamó la atención, estaba siendo demasiado cortante con el pobre muchacho que no tenía nada de culpa en todo aquello.
El moreno solo frunció más el ceño y se hundió en su propia amargura, cruzando los brazos y dándoles a ambos la espalda.
- Ella está ahora bien, solo está inconsciente. – Explicó la mujer de gafas con tranquilidad. – Sufrió algunas heridas pero nada grave que no podamos tratar.
- Entonces… ¿se pondrá bien? – Estaba muy nervioso, pero la tranquila sonrisa de la castaña y su asentimiento lograron calmarle el alma. – Pero no entiendo, ¿Qué sucedió? Mikasa nunca había vuelto así…
Zoe se removió inquieta, no sabía cómo explicarle todo ya que ni ella misma había estado presente, el único que presenció todo era el sargento enfurruñado en una silla de la habitación, y no parecía por la labor de hablar.
- La situación se complicó, aparecieron muchos anormales. – Empezó tratando de medir sus palabras para no herir la sensibilidad de su compañero. – Sufrimos numerosas bajas. Tu hermana fue atacada por uno de los anormales, fue lanzada contra un árbol y sufrió un golpe en la cabeza… eso la dejó inconsciente.
Su tono fue menguando a medida que notaba las convulsiones en los hombros de Rivaille, sabía que él estaba reviviendo todo lo sucedido con sus palabras. Pero la explicación pareció suficiente, por lo que no tendría que dar más detalles.
Eren asintió con gesto preocupado, y alternó su mirada entre la científica y Mikasa, para acabar en el sargento. El no había dicho nada de todo aquello, pero sabía que salió en la misión junto con su hermana adoptiva, ya que ahora formaban parte del mismo escuadrón.
- Señor… ¿podría contarme que sucedió? – Su pregunta era inocente, solo quería conocer los detalles, pero desconocía los estragos que la formulación de la misma hacían en el hombre.
Rivaille le dedicó una mirada que prometía una muerte dolorosa, y las ojeras bajo sus ojos no ayudaban a hacer menos atemorizante su imagen. – Fue mi culpa. – Vocalizó, y se marchó de allí sin más dando un portazo.
Eren se sobresaltó algo asustado, no esperaba tal reacción de su superior. – Hanji-san… ¿Qué quiso decir el sargento…?
La mujer suspiró observando la puerta, él ni siquiera había querido hablarle de lo que paso. Cuando lo vio regresar junto al carro donde se encontraba una Mikasa inconsciente envuelta en mantas y con la cara de un muerto supo que algo atroz debía haber ocurrido allí fuera. La chica fue trasladada y el no se apartó de su lado, la curaron y vendaron y se mantuvo en la puerta a la espera de noticias, y desde ese momento se había mantenido sentado en aquella silla junto a la cama. Tuvo que preguntar a uno de los soldados que presenció todo para enterarse.
- Al parecer el ataque que recibió Mikasa… iba dirigido a Levi. Ella lo apartó.
El castaño abrió su boca sorprendido, eso solo podía significar una cosa: que su hermana había estado dispuesta a arriesgar su vida para salvar la del sargento. Eso lo dejó más confuso aun, conocía lo suficientemente bien a la chica como para saber que no le profesaba gran simpatía al hombre, pero desde hacía tiempo intuyó que las cosas cambiaron entre ambos – y ahora temía pensar hasta que punto podía haberlos llevado tal cambio.
Ella solo actuaba así con Armin y el, especialmente con él, pero nunca demostró preocuparse hasta tal grado por nadie más. Fueron los actos de Mikasa y la cara demacrada de Rivaille los que le dieron a entender que había algo mas allá de lo que se podía ver con los ojos, y no era el único que se había dado cuenta.
- Ya veo… - Un escalofrió lo recorrió solo de imaginarse las diferentes posibilidades, los celos se abrieron paso. ¿Cómo alguien como Rivaille había llegado tan hondo en su hermana? – Será mejor que avise a los demás, estaban también preocupados.
La científica asintió comprendiendo los sentimientos que embargaban al menor en ese momento. – Pero Eren… es preferible que vengáis a verla mañana por la mañana. Ella necesita descansar.
- Está bien. – Asintió sin poner más objeción. Y dirigiéndose a la cama donde se encontraba cubierta la morena, atreviéndose a acariciar suavemente uno de sus mechones. – Cuídela bien Hanji-san. Es mi única familia.
- Por supuesto. Déjalo en mis manos. – Y le regaló una amable sonrisa antes de despedirlo.
Justo cuando Jaeger abandonó la estancia, la figura del menudo sargento volvió a entrar silente, y se sentó en la silla que antes ocupaba sin decir palabra alguna. La castaña tampoco habló por un buen rato, solo viendo como el observaba a la chica en cama con ojos opacos.
- Levi. – Llamó su atención, tomando asiento en un hueco del colchón, haciendo que la mirara de frente. – Nunca te había visto así…
Sabía que necesitó salir porque no soportaba las preguntas del chico titán, ni tampoco la presencia del mismo en un momento como ese. Hanji era algo despistada, pero había sabido darse cuenta del desdén con que miraba a veces la bufanda roja que la muchacha siempre llevaba anudada al cuello – si no lo conociera tan bien habría dicho que eran celos – pero después de ver los recientes acontecimientos y su forma de comportarse… ni siquiera había vuelto a su habitación para asearse, seguía con el uniforme sucio y las ropas sudadas.
El alzó sus pequeños ojos grises. – Es mi culpa que se encuentre en ese estado.
Zoe bufó. – Supongo que nada de lo que te diga va a hacerte cambiar de opinión… pero fue ella quien decidió meterse en medio y apartarte del peligro.
Esperaba que notase en la pronunciación de sus palabras lo que trataba de explicarle, Ackerman era una soldado eficiente y sumamente fiel, pero podría haberse apartado y dejar que el recibiera el golpe. Sin embargo no lo hizo.
- Yo era su objetivo, no ella.
- Pero al final la salvaste. – Añadió elevando el tono de voz un poco más y alzando los brazos. Siempre quiso que Rivaille se mostrara más expresivo, pero verlo en un estado de depresión no era lo que buscaba.
El hombre entrecerró los ojos, rememorando cada fatídico segundo en su cabeza… corría, pero sabía que no iba a llegar a tiempo para salvarla, el gigante ya la tenía entre sus manos y introducía el cuerpo inerte de la chica en su boca de filosos dientes. Desesperado optó por usar las cuerdas del equipo tridimensional, enganchando uno de los extremos en la espalda del titán que estaba de rodillas.
Lo vio cerrar la mandíbula y los metros que los separaban eran demasiados. Tensó todos los músculos del cuerpo y apretó los dientes, tratando de dar su máximo esfuerzo, las espadas hacia atrás en un lateral. Los colmillos rozando la suave piel de Mikasa empezando a clavarse… Lo único que escuchó fue su propio grito de impotencia y empezó a girar perdiendo el norte de sus acciones, tocó la ardiente carne con rabia y perforó rompiendo el hueso. El gigante murió en el acto pero él seguía ciego de ira, se mantuvo como un molinete destrozando su nuca y atravesando las vertebras del cuello llegando al hueco de la garganta en centésimas de segundo. Una explosión de sangre se abrió paso a través del interior del monstruo y de entre todo el humo se lanzó hacia delante, agarrándola y rompiendo los incisivos que componían la colosal dentadura, saliendo al exterior.
Aterrizó con el cuerpo inmóvil de Mikasa agarrado con una de sus manos, jadeando sonoramente y empapado en sangre de titán. Sus ojos habían perdido vida y su piel color, pero permanecía de pie, expectante. Su cerebro tardó unos segundos más en procesar todo lo que su cuerpo había hecho al caer de rodillas y mirarla entera a su lado.
La había salvado… no, ella lo había salvado a él.
- Esta viva. – Continuó la mujer de gafas con tono suave. – Gracias a ti.
El continuaba con la mirada perdida. – Veras como pronto se recupera y volverá a entrenar y luchar como antes. Ackerman es una chica fuerte.
Ella era fuerte, mucho más que él. Ella había sido capaz de dar su vida por la suya. Él era solo un cobarde que no sabía aceptar la verdad.
- Lo sé.
El silencio se hizo presente durante unos minutos, hasta que fue ella quien decidió romperlo.
- Mmm muchos soldados heridos han pasado por aquí, pero nunca habías relegado tu aseo personal por cuidar a uno, ¿no es curioso? – Empezó con una risita, se había dado cuenta enseguida de que no actuaba como con el resto.
El moreno la miró como si repara en ese mismo detalle justo ahora, en sus ropas llenas de manchas de sangre, tierra y polvo. Hanji continuó.
- ¿Es porque es tu mano derecha? ¿O se debe a algo ma…?
- Cállate. – La cortó frunciendo el ceño y cerrando los ojos. Si ya era evidente no quería que lo recordara, le parecía patético demostrar sus debilidades.
- Oh, veo que no iba tan desencaminada cuando sugerí lo de los bebes genéticamente perfectos…
- Hanji. – Su tono era de amenaza, quería que se detuviera.
- ¿Me equivoco? – Insistió con una ceja alzada. Oh por dios, en su vida imaginó ver algo así. Él, el gran Sargento Rivaille… ¿enamorado? ¿De verdad lo estaba?
- Es… complicado. – Intentó decir, pero se alarmó al ver la risa ilusionada de la mujer. – No es lo que piensas. – Se apresuró a decir, moviendo las manos. – Ella y yo no tenemos ese tipo de relación, es solo que…
- Te importa. – Terminó por él, volviendo a su inusual seriedad. – Mucho.
- Es muy fuerte.
Sabía que su amiga no necesitaba más palabras para entender lo que eso significaba. Por mucho que parecieran odiarse, por muchas veces que se insultaran o faltaran el respeto al otro, nada quitaba los años de amistad y camaradería que habían compartido. Ninguna mujer había llegado tan lejos como Zoe hasta ahora en las legiones de reconocimiento y eso se debía a los más de cinco años que llevaban dentro del ejército.
Ella misma lo había visto ascender desde que fue presentado como un delincuente de las calles a quien Irvin había tomado bajo su mano para entrenar en el arte de matar titanes, hasta ser nombrado y reconocido como el guerrero más fuerte de la humanidad.
Era un título muy solitario, suponía una carga extra adosada sobre sus menudos hombros, llegar a un lugar tan elevado que nadie más podía alcanzar. Y ahora Mikasa portaba un titulo similar, había escalado hasta llegar a lo alto, donde él esperaba.
Era muy fuerte. Era capaz de entenderlo, y él a ella.
- Entiendo. – Y después señaló a la menor con uno de sus dedos. - ¿Lo… sabe?
Levi bufó exasperado. – Algo así.
- ¿Algo así? No eres muy expresivo que se diga. – Comentó tratando de mejorar el ambiente.
- ¿Cómo va a saber lo que ni siquiera yo sé?
Las preguntas pululaban en su mente, ¿de verdad le importaba tanto esa cadete? ¿Podría ser cierto lo que Hanji sugería? No podía negar la atracción física que sentía por la muchacha, y tampoco las agradables charlas que compartían, y estaba seguro de que ella se sentía – si bien quizás no tanto – ciertamente confusa como él.
Lo compadeció con una calma sonrisa. – Para empezar deberías ser tu mismo quien se aclare… aunque creo que ya es bastante obvio. – Y dijo lo último casi en un murmullo. - ¿Qué sentiste al besarla?
Rivaille casi se cayó de la silla.
Su rostro pálido adquirió un tenue color rosado en las mejillas, insuflándole algo de vitalidad, por su boca solo salían incoherencias y palabras incompletas. – Cuando… tú, ¿Cómo sabes?
La científica soltó una carcajada, algo feliz por hacerle variar la expresión aunque fuera un poco al amargado sargento. – Deberías verte la cara.
- Contéstame Hanji. – Esta vez enfadado, si ella los había visto… podría haberlo hecho alguien más.
- Era solo una hipótesis, pero picaste a la primera. – Le guiñó un ojo. - ¿Y bien?
Se quedó sin palabras sin saber que contestar exactamente, lo había pillado desprevenido, a él, el rey de la inexpresividad y la calma. Joder con esa mujer, todo lo relacionado a Mikasa conseguía ponerle los pelos de punta.
- No lo sé.
- ¿No lo sabes? – Inquirió algo decepcionada, pero decidió no presionar más el punto, el se veía realmente mal con todo el asunto. – Yo creo que te da miedo admitirlo.
El se sobó la cara, enmarañando su negro cabello. – Por dios… es solo una niña.
Ella soltó una risita. – En un mundo como este, la edad no importa en lo absoluto. – Y después se levantó de la cama dispuesta a marcharse. – Solo debes centrarte en vivir plenamente cada segundo y disfrutar de la gente a tu alrededor antes de que se marchen sin que te des cuenta.
Sus ónices grises la miraron meditabundos un par de segundos, entendiendo al instante el mensaje que Zoe le estaba dando con toda esa charla. La científica le sonrió agitando la mano y tomando el pomo de la puerta. – Descansa, Levi. Y ves a limpiarte lo más pronto posible.
- Hanji. – La detuvo, el seguía sentado en la silla de espaldas a la castaña. – Gracias.
Y aunque no la veía supo que su sonrisa era enorme. – No hay de qué.
La puerta se cerró y el silencio los envolvió de nuevo, pero Mikasa no hablaría.
Con mucho cuidado se acercó hasta poder verla más de cerca. Recordaba tenerla entre sus brazos tras haber matado al titán y sacado de su boca, los dientes de este apenas la habían rozado pero si presentaba unas pequeñas heridas en el abdomen. La llamó esperando que se levantara pero no lo hizo, la zarandeó en el suelo sin respuesta alguna.
¡Mikasa joder!
Había perdido los nervios viéndola ahí tirada, tan quieta. Hasta que se decidió a comprobar su ritmo cardiaco y respiró con alivio, respiraba con dificultad y presentaba un fuerte golpe en la cabeza, pero estaba viva.
Verla sumida en aquel estado inconsciente, tan impotente le destrozaba los nervios. Y pensar que podía haber sido él en su lugar, podría haber alertado antes el peligro y apartarla, recibir el golpe el mismo. Tal vez, debido a su mayor experiencia en batalla habría salido mejor parado, y ella no estaría en cama y no tendría que lamentar nada. Pero nada de eso había ocurrido.
Hanji le había comentado su estado al hacerle una revisión completa, puesto que él se lo exigió nada más verla salir de la habitación. Una contusión en la cabeza debido al fuerte golpe contra el árbol – razón que le provocó su estado actual -, pero que no presentaba signos de derrame; hematomas alrededor de todo el cuerpo, un par de costillas machacadas y heridas superficiales en el vientre por la mordedura del gigante. Según ella, despertaría en uno o dos días como mucho, y se recuperaría perfectamente.
Con delicadeza tomó su mano entre las suyas, estaba congelada. – Eres una completa idiota… – Le dijo en un susurro, y cerró los ojos, el cansancio lo aplastaba.
Sin saber cómo se quedó dormido con la cabeza y los brazos sobre el mullido colchón, sentado e inclinado en la silla y agarrando entre las suyas la mano de Mikasa…
…
El sonido de unas voces familiares lo despertó. Alzó la cabeza como si fuera un resorte, y al momento un agudo dolor de espalda lo sobrecogió, había dormido toda la maldita noche en esa incómoda postura… Observó que sus manos seguían unidas con curiosidad, sin saber definir con exactitud el extraño cumulo de sensaciones que eso le provocaba.
- Uh. ¿Sargento Rivaille? – La voz de uno de los cadetes, cuyo nombre creyó recordar como Jin, Jan o algo así lo interrumpió, ganándose su antipatía. Jean, eso era.
Instantáneamente deshizo el agarre, aunque por estar de espaldas ninguno se dio cuenta. Volteó observando al particular grupo comandado por Eren Jaeger, detrás pudo distinguir a su rubio amigo, Armin, el tal Jean, un rapado que identificó como Connie y la conocida ladrona de patatas en la cocina Sasha Braus; los cinco acompañados por Hanji Zoe.
- Solo pasaba a ver como estaba Ackerman. – Dijo en el tono más irritante y frio que le fue posible. – Ya me iba.
Y salió casi de forma apresurada de allí. Por supuesto había mentido, seguía con las mismas ropas del día anterior, manchadas y sudorosas, pero salió tan rápido que al parecer la única que lo notificó fue la científica. Maldijo su suerte, su vida, y por ultimo su deplorable aspecto, definitivamente necesitaba una ducha, y tal vez podría aclarar todas esas jodidas dudas.
Había estado demasiado cerca de la muerte dos veces en muy poco tiempo… parecía como si alguien le estuviese mandando una señal, y si debía interpretar algo, eso sería indudablemente que era mejor alejarse de Mikasa Ackerman…
Ella no despertó esa noche tampoco.
Hanji le permitía pasar las noches sentado frente a su cama con la excusa de ser el mismo quien la vigilara, pero Rivaille desaparecía en cuanto las voces de los compañeros de la muchacha se hacían audibles – quienes iban a visitarla en las mañanas. Llevaba dos días dormitando a su lado, y en la tarde del tercero se enteró de que había despertado justo cuando Eren fue a visitarla. Decidió no molestarse en volver hasta que ella fuese capaz de salir por propia cuenta de esa habitación – no sabría que decirle tampoco – y descargar sus frustraciones mientras tanto en tareas campestres. Como cortar leña, pero su frustración terminó por destrozar el tronco que usaban como apoyo.
Nadie había visto perder los nervios jamás al sargento Levi, era un hombre frio de serio semblante y tono neutral, pero ahora estaba especialmente irritable, y aunque no se desquitara con ninguno de ellos, todos notaron un cambio en su actitud.
Llevaba aproximadamente una semana haciendo lo mismo, se levantaba y desayunaba de mala gana, acudía el cuartel para terminar haciendo papeleo hasta la hora de comer. Y después se dedicaba a matar el tiempo – y reprimir sus ganas de ver a la morena – leyendo, limpiando o con más papeleo. En definitiva, una semana sin ver a Mikasa.
Hasta a Hanji le extrañó su rara conducta y su alegación de que "tenía mejores cosas que hacer" cuando la de gafas le preguntaba la razón por la que no acudía a ver a la chica. Pero esa había sido su resolución final, alejarse en la medida de lo posible de ella y quizás de esa forma podría olvidar lo sucedido, y volver a ser como era antes. Sin nada que perder.
Eso era lo más seguro.
La castaña le notificó de la rápida recuperación de ella – aunque él no le pidió oírlo, sabía que necesitaba saber cómo se encontraba – y su dada de alta en buenas condiciones, solo tendría que guardar reposo por unos días más y tras una última evaluación para verificar que todo había sanado perfectamente y que la herida en la cabeza no le dejó secuelas, podría reingresar en el ejercito.
El sabía que sería inevitable, por eso no le extrañó nada encontrársela de frente en mitad del campo donde se hallaba solo cortando leña.
- Ackerman. – Fue su escueto saludo, mirándola apenas.
- Rivaille. – Lo igualó, aunque en un tono distinto.
El bufó sabiendo que era su turno de hablar y se incorporó, apoyando el hacha en el suelo. - ¿No se suponía que estarías en reposo?
Mikasa tomó eso como una ventaja para acercarse más a él, caminando en su dirección tranquilamente, como si nada hubiera pasado. – Hanji-san ya me confirmó que estoy perfectamente, mis heridas se han curado con naturalidad y el golpe en la cabeza también ha sanado por completo.
- Hmm. Bien. – Comentó, aunque por dentro estaba aliviado.
La chica juntó sus manos tras la espalda. – Gracias por salvarme… - Dijo en un tono muy bajo, y sin verlo, estaba exponiendo su orgullo como guerrera.
En aquellos momentos el habría esbozado una efímera sonrisa y bromeado sobre el hecho, pero no ahora. – Era mi deber.
- Aun así…
- Ackerman. – La interrumpió súbitamente y de forma cortante. – Le he pedido a Irvin que cancele nuestros entrenamientos.
El rostro de ella cambió y frunció el ceño sin entender. - ¿Cómo…?
- Ya no entrenaras mas conmigo, a partir de ahora volverás con tu grupo.
- No lo entiendo… ¿Por qué? – Parecía indignada.
Rivaille la observó con frialdad. – No sirve de nada tratar de entrenar a alguien que no entiende nada de lo que le enseñas.
La morena se mostraba confusa sin saber que decir, el parecía demasiado serio. – Durante estas dos semanas conseguí perfeccionar mis movimientos y…
- No es eso a lo que me refería. – El dejó el hacha en el suelo y avanzó un par de pasos. – Mi objetivo era completarte como guerrera, es cierto que mejoraste en el combate, pero sigues actuando sin pensar en las consecuencias.
¿Se estaba refiriendo al ataque del titán? ¿Al instante en que ella lo apartó y recibió el golpe? Lo observaba con incredulidad, si ella había cometido tal acción – aunque fuese de forma inconsciente – era porque quiso protegerlo y apartarle del peligro. No necesito pensarlo para saber que eso era lo que quería hacer.
- Es igual que cuando la titán femenina capturó a Eren. – La muchacha se tensó ante la mención del suceso, no le gustaba volver a esos tiempos turbios. – Te descontrolaste y estuviste a punto de morir… si no llego a estar ahí…
Como esta vez. Se cortó de decir, ya era la segunda vez que la rescataba de morir ante una de esas gigantescas moles, y en esta ultima había estado a punto de ser devorada por la mitad, unos centímetros más, unas milésimas de segundo mas y su abdomen habría sido perforado.
- Eso sucedió hace ya casi un año. – Se defendió con el entrecejo fruncido, en todo ese tiempo había conseguido cambiar, y para bien. Era mucho más fuerte.
- Y sin embargo cometiste el mismo error. – Le espetó con dureza dejándola sin palabras.
¿Estaba afirmando que fue un error protegerlo del peligro? ¿Qué acaso no entendía el porqué lo hizo? Y por primera vez fue incapaz de ver translucir nada de sus ojos grises.
- Lo hice para…
- ¿Para protegerme? – La interrumpió otra vez, elevando el tono. – No seas ridícula Ackerman. De haber estado en tu lugar podría haber llevado mejor la situación, te falta demasiada experiencia en batalla.
La joven se quedó sin palabras. El nunca la había tratado con tanta dureza, ni siquiera al principio, cuando ella pensaba que era un enano malhumorado a quien no le importaba nada más que su pedante culo. El no era así… ¿entonces… porque ahora le decía toda aquella sarta de sandeces?
- Pueden decir que eres la mejor guerrera de la humanidad, que vales por más de cien hombres juntos… – Y se acercó aun mas, elevando sus brazos de mangas arremangadas. – Pero en realidad solo eres alguien que actúa sin pensar y cuya necedad acabará contigo.
Mikasa se sintió impotente ante todo lo dicho por el hombre, esperaba todo menos esas palabras de él. Si se trataba solo de una reprimenda por su comportamiento, ¿Por qué insistía en alejarla y cancelar sus entrenamientos?
- Rivaille. – Balbuceó impactada, su cabeza no llegaba a procesar todo lo que estaba ocurriendo. Era como si hubiera vivido una mentira para con él durante casi un año y ahora se destapara su verdadera personalidad repulsiva.
- Es todo lo que tenía que decir. – Y deshizo sus pasos, agachándose para recoger el hacha y seguir con sus labores.
Había optado por alejarla, esa era su elección. Todo lo que permanecía mucho tiempo a su lado terminaba sucumbiendo, todos morían, pero ella había sabido mantenerse de pie hasta el momento. Sin embargo, ¿Cómo podía estar seguro de no haberla corrompido ya? ¿Cuánto tiempo más lograría pasar a su lado sin caer?
Muchos habían muerto, numerosas pérdidas que lo aplastaban con fuerza, cargando su conciencia de culpa. Pero no estaba preparado para enfrentar la suya, no lo estaba en absoluto. Solo se estaba protegiendo… si se deshacía de todo lo relacionado con Mikasa, entonces quizás, si la ocasión se repetía y ella no volvía, tal vez no resultaría tan doloroso.
- Sargento. – Su voz sonó dura y fría, no pensaba dejarse pisotear tan fácilmente. – Déjeme pelear una sola vez más contra usted.
Ella acababa de volver a tratarlo con formalidad, ¿significaba eso que definitivamente todo nexo se había deshecho entre ambos?
La miró expectante con una ceja enarcada. - ¿Una vez más?
- Si. – Y asintió para reafirmar su solicitud. – Déjeme demostrarle que soy tan fuerte como dicen.
- Eso no me interesa en lo absoluto, mi decisión ya fue tomada. – Añadió con tono desganado, desestimando su petición.
Pero Mikasa no se rendiría. – Entonces tómelo como… una despedida.
Se miraron a los ojos durante extensos segundos. Negro contra plata. Opacidad contra frialdad. Una despedida… eso significaba el adiós definitivo, sus palabras y su trato cortante habían logrado su objetivo. Conocía a la muchacha como para saber que Mikasa no le lloriquearía por una explicación, no le echaría en cara todo por lo que habían pasado, no le recordaría los besos y las caricias. No haría nada, porque era orgullosa y no toleraba que alguien la menospreciara injustamente, como él había hecho.
- Está bien. – Lo consintió porque no veía forma de negarle algo más a esa mujer, suficiente esfuerzo estaba haciendo ya. – Dentro de tres días, a la hora de siempre, en el lugar de siempre.
La chica asintió y se dio la vuelta, empezando a dar apresurados pasos contrario a su dirección, necesitaba alejarse cuanto antes de su lado, pero la voz de él la detuvo una vez más.
- Ackerman. Después, quiero que no te vuelvas a acercar a mí. Nunca más.
Vio sus ojos negros abrirse mínimamente por la sorpresa, pero rápidamente volvió a la normalidad y giró. Levi creyó ver un pequeño rastro acuoso asomarse al borde de sus largas pestañas oscuras, pero no supo si simplemente era una alucinación. Lo único que guardaba consigo era la amarga sensación que le quedaba en la boca tras haber visto por última vez su rostro dolido, con esas últimas palabras, que le habían removido las entrañas.
Miró el tronco de madera que había sobre el tocón. Agarró el hacha y descargó un potente golpe sobre el mismo soltando una maldición por la boca y toda su rabia.
La madera cayó partida en dos, y el hierro acabó incrustado ocasionando un profundo corte en el tocón. – Joder. – Siseó entre dientes apretando la mandíbula y haciendo fuerza para desenterrar el hacha.
Miró al cielo unos segundos, estaba nublado y empezaba a refrescar, pronto llovería. Y estaba seguro de que en los próximos días también lo haría…
Cuando Mikasa se encontró con Eren de camino a su cabaña, lo único que pudo hacer fue abalanzarse a sus brazos y esconder el rostro entre sus hombros, mientras el castaño le daba calmas palmaditas en la espalda y la miraba confuso preguntando la razón de su estado. Ella le diría que no se encontraba bien y que la presión le podía, que solo necesitaba descansar; él la creería y la acompañaría a su habitación, terminando de consolarla y recordándole lo fuerte que se ha vuelto. Mikasa le sonreiría y le agradecería por ayudarla, acurrucada en su cama y guardando el verdadero motivo de su mal estar, y el joven se rascaría la nuca sonrojado diciéndole que para eso estaban los hermanos.
Hermanos… y ella se recordaría una vez más, que por mucho que intentara, Eren nunca dejaría de verla como a un miembro de su familia. Él se iría y las ganas de llorar volverían, porque sabía que nunca la querría como ella lo hacía, porque nunca la correspondería, y porque el único hombre que había logrado comprender sus sentimientos, la había abandonado.
…
Los tres días pasaron deprisa. El sol había caído y una suave llovizna empezó a caer poco después. Estaban solos, en aquel campo árido desierto, retándose con la mirada, los uniformes puestos y las espadas en las manos. Ninguno de los dos acordó que sería una lucha con armas, pero ambos las habían empuñado desde el principio, como dando a entender que esta vez era serio, y que con ello, cortarían toda unión. Con aquel filo simbólico.
Sus pasos sonaban como susurros por la tierra reblandecida, daban vueltas uno alrededor del otro, observándose con frialdad, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso.
Aferró entre sus dedos la empuñadura de sus finas espadas, sentía el metal frio contra su piel, y el agua que caía a su alrededor no ayudaba a mitigar esa sensación, tenía el negro cabello apelmazado y las cejas fruncidas.
El por su parte estaba más bien confundido respecto a la desembocadura de toda esa discusión, aunque en el fondo sabía que eso era lo mejor, que ella lo odiara. Siempre fue lo correcto, nunca debió hacer caso a esa naciente curiosidad sobre la chica que lo carcomía desde el día que la vio por primera vez, la infravaloró tanto… Su mayor error fue acercarse, y ahora estaba atrapado en una tela de araña de la que no estaba seguro querer escapar.
Mikasa lo fulminaba con sus ojos negros, su expresión era de verdadero enfado, no entendía que pasaba por la cabeza de aquel hombre, primero la acercaba y después trataba de apartarla como si fuese la peor mierda sobre la tierra, como si ya no mereciera sus atenciones. No entendía nada ni como habían llegado a esa situación.
La primera en atacar fue ella, levantó sus armas de agudo filo y atacó con la primera, él la desvió con facilidad, pero la siguiente le costó más de detener, la morena atacaba con fuerza, como si tuviera la intención de cortar. Mikasa atacó frontalmente, y el cruzó las suyas sobre la cabeza para protegerse, solamente se defendía, tenía miedo de atacarla, si el frenesí de la batalla lo poseía… ella no era un titán, pero sus instintos primarios florecían más deprisa de lo acostumbrado cuando la tenía tan cerca.
Ella dio un par de vueltas, soltando estocadas sin piedad, el detuvo todas y cada una de ellas, nivelando la fuerza en sus paradas y ajustando los pasos que daba sobre la arena mojada. Cada vez que sus espadas chocaban saltaban chispas y gotas de agua, cuando las mantenían relajadas el líquido transparente se deslizaba por su filo hasta que la danza daba inicio de nuevo.
La lluvia arreciaba a cada momento, haciendo más dificultosa la visión puesto que oscurecía el cielo y apelmazaba sus pestañas haciéndolas más pesadas. Sentía difícil concentrarse viendo como la camisa empapada se apegaba a cada facción de su cuerpo, como definía las curvas de sus pechos y sus caderas y como oscurecía la sombra sobre sus ojos azabaches…
Una espada se coló por sus defensas por sobre su hombro, nuevamente agradeció a sus reflejos innatos, y movió la cabeza a un lado para esquivarla. Un escalofrió lo recorrió pensando que de no ser porque en el último momento lo consiguió, habría cortado carne, y ella lo sabía. Eso lo hizo preguntarse hasta qué punto se tomaba en serio aquella pelea de espadas.
Esto no era como en el resto de ocasiones, donde se golpeaban con puños y patadas, donde un golpe no producía mucho más que un pequeño morado. Ahora arriesgaban sus vidas y su integridad, si la cuchilla los alcanzaba, sangraban; si la espada se les clavaba, morían. Y ninguno podía permitirse morir en este instante.
Esta vez fue él quien atacó, apartando con una la derecha de ella, y enviando la izquierda directa a la muñeca que sostenía la izquierda. Pero ella giró el puño en el último momento y solo impactó contra el acero, Mikasa le lanzó entonces una patada que el bajó con su antebrazo a la vez que detenía una estocada certera a su espalda.
Daban vueltas, chocando metal con metal, chapoteando en el suelo encharcado con cada paso. Rivaille dio una vuelta en el aire, y atacó desde arriba, ella lo golpeó en equis y lo lanzó lejos, haciendo que arrastrara barro en sus botas al caer, sin dejarlo reponerse se lanzó en su ataque y una nueva estocada fue detenida por el moreno con dificultad.
Ella atacó entonces con la segunda espada, debido a que él tenía los brazos cruzados al haber parado la primera de ellas. Levi la detuvo con éxito, pero ella no dispuesta a cederle ni un milímetro le envió una patada alta que acabó impactando en el rostro del moreno. Inmediatamente después atacó con sus afiladas armas, el había levantado la mano para protegerse la cara, y el siguiente ataque terminó por cortar su antebrazo.
Se apartó dando dos saltos hacia atrás y tomando distancia. Apreció que no era muy profunda, pero si lo suficiente como para sangrar, manchando su chaqueta marrón de la legión. El la miró entonces, la mirada herida, como su cuerpo, Mikasa había sido capaz de cortarlo…
Pero la frialdad que halló en sus ojos le dio a entender que eso era lo que ella buscaba desde el principio, decidió entonces no ceder ni un milímetro mas. Corrió en su dirección a una velocidad de vértigo, tanto que a ojos de la morena se antojó como una borrosa sombra oscura, extendiendo sus espadas por delante.
Dio una vuelta y se posicionó de espaldas a la chica, y cuando ella atacó, paró ambas espadas y terminó de voltear desequilibrándola, su juego de pies seguía siendo mejor. Dejó de bloquear una de sus armas y golpeó la mano que la sostenía con la empuñadura de la suya.
La chica profirió un gritito, y soltó el arma en un acto reflejo por el dolor. Rivaille no se detuvo ahí, pensaba demostrarle que a pesar de todo, seguía siendo superior. Se alejó y saltó, adoptando su forma de torbellino, Mikasa apenas pudo defenderse con una espada, puesto que él se había encargado de patear la otra lejos. Su constante lluvia de ataques había empezado a arrinconarla, y parecía que eso era lo que estaba buscando.
Quería acabar cuanto antes con esa estúpida pelea, la sangre le hervía y sentía unas ganas inmensas de estamparla contra el suelo y detenerla. Pero ella seguía siendo buena, la mejor con la que se había topado hasta la fecha, y se defendía con una sola de sus espadas.
El avanzó, y golpeó el filo de su espada con una de las suyas, desplazándola por la fuerza ejercida, inmediatamente después la volvió a golpear con la otra, con una fuerza mayor, haciendo que ella la alejara con su brazo entumecido, aun si no la soltó. En ese momento aprovechó para propinarle una patada en el estomago que la mandó derecha contra la pared de una de las casetas que tenía detrás.
Levi estuvo buscando exactamente eso. Cansado ya de toda esa estúpida pelea, se paró frente a ella, y enfocó sus ojos grises en los suyos. Y de pronto lanzó con fuerza sus dos espadas al suelo, produciendo un sordo sonido de metal golpeando la tierra, y dejando momentáneamente sorprendida a Mikasa.
El empezó a avanzar con paso firme en su dirección desarmado, y ella aprovechó la oportunidad para levantar la que todavía le quedaba en las manos. Aun apegada a la pared le lanzó una estocada, el apenas ladeó la cabeza, recibiendo un corte en la mejilla que empezó a sangrar rápidamente, tampoco se molestó en esquivar otro que le rozó el hombro, ni un tercero en el borde de la mandíbula. El apenas se movía para minimizar el daño de sus heridas.
- ¡Alejate! – Le gritó con la ansiedad brotando por su garganta. No quería que se acercara a ella, no quería que la tocara.
Mandó la espada directamente al hombro del él, pero más suave y con menos fuerza, su cercanía la había mermado. Rivaille alzó la mano izquierda y detuvo el golpe, sintiendo como el filo del arma le perforaba la carne. Sin importarle la agarró, apretando con sus dedos.
- Ya basta… - Empezó con su tono inexpresivo.
- No te me acerques… - Siseó ella con los dientes apretados y sin soltar el arma, la sangre que emanaba de él se escurría por el borde, cayendo como gotas negras al suelo.
- Ackerman. – La morena negó con la cabeza, tratando de impedirle el avance, empujando la espada en su dirección, pero él no cedió un ápice y avanzó otro paso. – Mikasa.
Su nombre en sus labios la desarmó por completo, y las rodillas empezaron a temblarle, no quería hacer esto, no quería herirle, pero… - Detente. – Casi le suplicó, solo quería alejarse de él, correr lejos de su lado y apartar de su cabeza todo lo que sucedió entre los dos.
Él le arrebató el arma de la mano cuando ella aflojó su agarre, parcialmente rendida y la tiró al suelo cerca de las suyas, lo suficientemente lejos como para ser capaz de agarrarla antes de que tratara de empuñar alguna de ellas.
- Cálmate, maldita sea. – Murmuró enfadado, cansado ya de todo. Se había acercado tanto que sus alientos se entremezclaban, así como el vaho que escapaba de sus labios. La lluvia seguía cayendo a su alrededor.
Le dolía horrores la mano joder, y también la mejilla, el corte era más profundo de lo que esperó. La miró detenidamente unos segundos que a ambos les parecieron eternos, no pensaba dejarla escapar, aclararían todo allí y ahora. Parecía asustada. Mierda…
Si algo no quería, es que ella de entre todos le tuviese miedo. Sabía que no la heriría, que no la dañaría, pero a Mikasa no le preocupaban las heridas físicas, sino las que el dejó más adentro, las que no se veían, no quiso dejarle volverlas a abrir.
Rivaille no le dio tiempo a pensar cuando la empotró contra la dura madera y presionó su propio cuerpo contra el de ella, colocando sus manos a ambos lados impidiéndole escapar, la tenía acorralada, debería enfrentarlo.
- No voy a hacerte nada. – Vocalizó cerca de su oído, pero sin perder el contacto visual. Su tono era grave, masculino, pero se sentía diferente a siempre, parecía… afectado. – Déjame explicarme.
- No necesito que me expliques nada. – Respondió tratando de concentrar todas sus fuerzas en mantener su oposición a él. – Tu juego acaba aquí.
El suspiró sonoramente, las gotas resbalando por su barbilla mezclándose con el rojo de la sangre. – Lo que dije fue una idiotez. – Tratar de separarla de él fue una idiotez, solo se había estado comportando como un cobarde porque tenía miedo.
Nunca se permitió querer nada, se regía por el hecho de que todo lo preciado para él moría, su madre, sus amigos, sus compañeros, sus camaradas. Todo lo que tocaban sus manos se corrompía, y se esfumaba en cenizas. Todo, menos ella. Y por eso le tenía miedo.
- Lo que dijiste demostró cómo eres en verdad. – Le dijo con dureza, la cercanía parecía afectarle tanto como a él, pero ninguno cedía. – Cuando alguien se convierte en una carga para ti, simplemente lo abandonas.
- ¿Eso es lo que crees? – Enarco una ceja incrédulo. El efecto de sus palabras fue mayor del esperado, quiso alejarla, pero no hasta el extremo de odiarlo. ¿O sí?
- No… – Hacía tiempo que su concepción del sargento cambió radicalmente, y se obligó a no creer sus frías palabras. - Pero nos equivocamos constantemente. – Y ella también podría haberlo estado todo este tiempo, ciega ante la verdad que escondía el guerrero más fuerte de la humanidad.
El revolvió su cabeza frustrado. – Eres una completa estúpida, Ackerman. – Espetó con dureza. Cuando le había dicho aquello, muy en el fondo esperaba que ella comprendiera el porqué lo hacía, que no lo juzgara. Pero no había sido capaz de verlo.
- ¿Perdón? – Estaba indignada, ¿ahora la insultaba? ¿Cómo se atrevía?
Maldita sea, seguía cegada por el idiota de Eren… Su tono altanero y su mirada acusadora fueron todo lo que necesitó para explotar.
- Fui yo quien te cargó cuando perdiste la consciencia y te llevó a que te atendieran porque fuiste lo suficientemente estúpida como para tratar de protegerme de un titán que podría haber despachado solo. Y también fui yo quien pasó toda la noche a tu lado… - Se detuvo en su arrebato para tomar aire, ella lo miraba parcialmente sorprendida. – Joder me tuviste muy preocupado.
Mikasa estaba confusa. – No entiendo… ¿Por qué me dices eso ahora?
- ¿No te das cuenta? – Inquirió, los centímetros que los separaban de altura estaban mortificándolo.
No, no se había dado cuenta. O tal vez si lo había hecho, pero no quería que él le confesara lo que ya creía saber, no estaba preparada para oírlo ni darle una respuesta. Y él lo sabía ya de antemano, aunque tampoco tuviese muy claro que era exactamente lo que quería de ella. Le dijese lo que le dijese, siempre elegiría a uno, y no sería él…
- Rivaille…
Lo vio acercarse peligrosamente, y la respiración empezó a cortársele, era incapaz de contenerse cuando lo tenía tan cerca, era innegable que por mucho que lo intentara, la corriente que la unía a ese hombre no desaparecería.
El perfiló con su mano izquierda – la del antebrazo herido – la mejilla donde residía la cicatriz que su hermano le provocó, tintándola con su propia sangre diluida, por el agua que se escurría entre sus cuerpos.
- ¿Cómo puedes no haberte percatado ya? – Vocalizó muy bajo, cerca del lóbulo de su oreja. Acercó sus labios allí, y mordió la junta de la mandíbula, deslizando apenas sus dientes.
- No… aléjate. – Trató de apartarlo extasiada, colocando ambas manos en sus hombros y ejerciendo fuerza, pero no consiguió moverlo apenas un centímetro. Estaba perdida.
El actuó de forma salvaje, la agarró con dureza de las caderas y la levantó, empotrándola inmediatamente después contra la pared de nuevo, pero esta vez obligándola a agarrarse a él para no caerse. Mikasa se recriminó mentalmente cuando sus piernas se enroscaron de forma instintiva a la cintura del sargento, y sus manos reafirmaron el agarre sobre sus hombros.
Levi le sonrió de lado, satisfecho con su reacción. – No seré tan estúpido como para alejarte otra vez. – Y después lo sintió besar su cuello y el húmedo tacto de su lengua en aquella zona.
Ella pegó más su cuerpo al de él - parecían fundirse uno en el otro por el efecto del agua -, y echó la cabeza hacia atrás, dándole un mejor acceso a su piel, enterrando sus dedos entre las hebras azabache de su corto cabello.
- ¿Por qué me dices… eso ahora? – Hablaba entrecortada y en un tono muy bajo, sus caricias le nublaban la mente, pero necesitaba saber la razón de porque la había tratado así. Seguía enfadada con él, pero su cuerpo parecía reaccionar de otro modo a su presencia…
Sus besos ascendieron hasta llegar al borde de su rostro, besó sus pómulos, las comisuras, la punta de su nariz, y lamió provocativamente la zona que el manchó de rojo con anterioridad. – Me das miedo Mikasa Ackerman. – Admitió para su sorpresa, y siguió con sus besos y roces por toda la extensión de su cara, exceptuando sus labios, no los tocaría por el momento… - Todo lo que está a mi lado un tiempo acaba muriendo, pero tú no.
No necesitó que terminara. Temía perderla, temía que ella acabara pereciendo como siempre le sucedía, ni siquiera fue capaz de mantener vivos a Petra, Erd, Auruo y Gunter, ¿sucedería lo mismo con ella, la perdería? Estuvo a punto, y la experiencia resultó ser peor de lo esperado. Por eso sintió la necesidad de alejarla, tal vez si lo hacía… ella no se vería corrompida por él.
La morena lo miró como si acabara de confesarle el secreto mejor guardado del mundo, y se enterneció por la sinceridad que reflejaba los ojos del hombre. Con cuidado ascendió una de sus manos hasta la mejilla que ella misma cortó, la sangre seguía manando pero en menor cantidad.
- Lo siento. – Musitó, y empezó a extender el color rojizo por el borde de sus labios, como si fuera un pintalabios, que se mezcló con la palidez que usualmente adornaba la boca de él.
Rivaille suspiró aliviado, ella había entendido, y lo había perdonado.
- Soy yo el que siente haberse comportado como un idiota.
Mikasa enmarcó su rostro con las manos y acercó sus labios a los suyos, dispuesta a besarlo y terminar con toda aquella tensión. Pero el la detuvo con un murmullo. – Dijimos que no se repetiría. – Ella lo miró perpleja, como dándole a entender que la situación en la que se encontraban no daba mayor salida, pero él le ofreció una de sus típicas sonrisas fantasma. – No te besaré… por el momento.
Afianzó la presión en sus cinturas, y volvió a su recorrido por el cuello de la joven, con sus manos dibujó un camino ascendente desde las caderas, delineó todo el contorno de su cuerpo empapado y apretó las finas costillas, rodeando después con sus dedos el inicio de sus pechos. Deslizó sus inquietos dedos por la costura de la camisa donde estaban los botones, y encontró el primero, sacándolo de su lugar, y repitiendo la acción con el segundo y el tercero.
Su escote quedó a la vista, y no dudó en pasear por el lugar sus labios, manchando de rojo la carne clara y suave de la muchacha. La lluvia se deslizaba por su cuerpo, haciendo líquidos los sabores que ella desprendía en su boca, mezclados con el ferroso de su propia sangre. Mikasa le acariciaba la rasposa nuca con pasión contenida, el apenas la estaba tocando, y todo su cuerpo ya respondía de forma abrupta a cada una de sus caricias.
El no era ni sería nunca Eren, no le profesaba sentimientos amorosos ni sentía la necesidad de protegerlo a toda costa de todo. Pero veía algo imposible colocar a su hermano adoptivo en una situación tan comprometida como en la que se encontraba.
Su corazón era para Eren, su cuerpo sin embargo, le pertenecía por completo a Rivaille.
Decidió terminar pronto con su inactividad, y ella misma también puso sus manos en movimiento, recorriendo el cuello del hombre, acariciando la pequeña herida a un lado de la mandíbula y depositando su boca después allí, succionando. Sus delgados dedos siguieron el camino abajo, topándose con la corbatilla blanca de Levi, inmediatamente se dirigieron a desabotonarle la camisa, y en cuanto sus manos tuvieron acceso, se adentraron tocando la piel caliente del sargento. El parecía estar ardiendo.
- Joder, Ackerman… - Le mordió el hueso de la clavícula haciéndola gemir. Acabó con el resto de botones, exponiendo sus pechos cubiertos por el top negro, y todo su delgado abdomen hasta el borde de los pantalones.
Sus dedos hambrientos por sentir la suavidad de su cuerpo se adentraron precipitadamente, marcando el rastro que sus yemas le dejaban por la piel. Sus labios habían recorrido cada punto de su escote y besado hasta el nacimiento de sus pechos, enloqueciendo por momentos. El soltó un gruñido y estampó su cadera contra la suya.
Mikasa se dio cuenta entonces, si no se detenían ahora…
Le recogió la cara con ambas manos, obligándolo a mirarla. Sus ojos grises estaban opacos y turbados. Y entonces lo besó. Lo besó por todas las razones equivocadas y por las que no lo estaban tanto, lo besó porque en ese momento sentía una inmensa necesidad de volver a tenerlo consigo, a su lado, como algo más que un amigo. Necesitaba al hombre con el que era capaz de desahogarse, el que brindaba su compañía y confianza, y sabía que lo encontraría entre sus labios…
El agua de lluvia se escurría entre ambos, filtrándose por sus labios unidos, a través de los recovecos que surgían entre sus bocas a cada que el beso se volvía más demandante. Se deslizaba por sus ropas, por las mejillas de él, les apelmazaba el pelo, y unía sus flequillos.
Los labios de Rivaille recordaban a la perfección la textura de los suyos, se solapaban sincrónicamente, ajustándose al contorno del otro. Mordió cariñosamente el inferior y Mikasa expelió un suspiro, hecho que aprovechó para introducir su lengua en aquella dulce boca que por semanas había anhelado.
Se abalanzó sobre ella de forma hambrienta, atrapándola con sus brazos, sin permitirle escapatoria, e imprimiendo fuerza en la unión entre sus bocas, quería saborear de nuevo toda su maravillosa gama de sabores.
Sus lenguas jugaban en una batalla sin fin donde no había perdedor, y donde tampoco cabía el oxígeno, por más que sus pulmones pidieran a gritos un poco de aire. Levi ya había olvidado lo que era respirar, no se cansaba de ahogarse en los rosados labios de la chica, y ella tampoco parecía cansarse de los suyos…
Su espalda subía y bajaba rozando la dura madera, el había empezado a moverse casi de forma involuntaria, haciéndole entender de su necesidad, y aun con la ropa puesta, ella fue capaz de notarlo. Por un momento se sintió mal, sabía lo que él quería, pero se sentía incapaz de darle todo, muy en su interior todavía conservaba la posibilidad de que Eren…
Acariciaba con calma los músculos tensos de su espalda, sudorosos y empapados por igual, el resoplaba por lo bajo, tratando de calmarse, y a ella ya hacía tiempo que no le importaba soltar sus sonoros suspiros al aire. Las manos de Levi recorrían su cuerpo de arriba abajo, apretando los muslos y ascendiendo por su tripa, contando las costillas y rodeando sus pechos, rozando su centro con los pulgares. Mikasa se sentía extasiada.
El cielo se iluminó de pronto, haciendo la noche, un poco más bella si cabe. Y entonces, un inoportuno relámpago los interrumpió, seguido de un gran estruendo. La tormenta estaba justo encima.
Con cautela, y dando suaves besos al final, el sargento se resignó a separarse de aquel afrodisiaco y finalmente apoyó su frente en la madera tras ella. – Deberíamos dejar de hacer estas cosas… - Habló ronco y con la voz tomada.
Entendió al instante, y con mucho cuidado desenroscó las piernas que se habían mantenido fuertemente cruzadas alrededor de sus caderas, separarse resultó hasta doloroso, pero así dejo de notarlo. El la ayudó a descolgarse y posicionar ambos pies de vuelta al suelo, finalmente le dio un margen de un metro, que aprovechó para despegarse de la pared.
Rivaille la observaba turbado, ningúno presentaba un grato aspecto.
Mikasa estaba completamente empapada, con la camisa blanca abierta hasta la cintura, y pequeñas marcas de mordiscos y dedos por toda extensión de piel a la vista, también presentaba rastros rojizos en la blanca camisa, en sus labios, rostro y cuerpo. El no se encontraba en un mejor estado, sus botones descordados hasta el ombligo, dejando ver sus prominentes abdominales y parte de las cicatrices que lo componían, la herida de la mejilla seguía sangrando, la de la mandíbula dejó de hacerlo tiempo atrás, la sangre que escapaba del brazo era mínima, pero lo suficiente como para manchar la chaqueta marrón. Ambos faltos de aliento, ambos sonrojados, ambos excitados, sin dejar de observarse.
- Si… - Concordó ella, ayudándose de su bufanda roja para tapar parte de su rostro. – Deberíamos.
Levi se revolvió el negruzco cabello con fuerza, estaba ciertamente frustrado. Pero aunque lo deseara no podía llegar tan lejos con ella, y no era la clase de hombre que forzaba a una mujer a hacer algo que no quería. Menos a ella.
- Las misiones para la reconquista del Muro María continuaran… - Empezó a decir, tratando de cambiar el curso de sus pensamientos. – Sería mejor apartar esto para cuando todo acabe. Y entonces podríamos ver… a donde nos lleva.
Trató de explicarse lo mejor que podía, pero era difícil. Maldición, la deseaba como a nada en todo el jodido mundo, quería estar con ella. Lástima que el sentimiento no fuese recíproco, en ocasiones pensaba que lo utilizaba, sin embargo después se recordaba que era siempre el quien se acercaba – como las abejas a las flores – y ella quien le dejaba hacerlo correspondiendo a cada caricia. Mikasa no le era indiferente ni mucho menos.
Estaba apartándola de nuevo, pero de una forma más suave. Le estaba dando tiempo para cumplir con lo que ella quería, si le daba un margen, si se mantenían separados, quizás ella podría alcanzar lo que tanto deseaba. Tal vez el inútil de Jaeger se daría cuenta y con suerte le correspondería, y eso sería lo mejor para ella, lo mejor para ambos. Si.
Tenerla lejos y deshacerse de las extrañas sensaciones que lo recorrían al verla era lo mejor, se había encerrado a sí mismo en un laberinto sin salida, porque al final, por muchas veces que repitieran la anterior situación, sería otro quien se llevaría el premio.
Aparcarlo hasta la reconquista del Muro María era alargar demasiado todo aquello, pero estaba mejor así. Podrían tardar meses o incluso años en conseguirlo, era una cantidad de tiempo prolongada, en la que alguno de los dos podría caer, pero era un riesgo que correrían estuviese como estuviese la situación. Si cuando todo acabara seguían respirando, entonces, podrían tratar de solucionar la complicada situación que los llevaba a esos extremos.
El deseo estaba patente, sus cuerpos correspondían perfectamente a las atenciones del otro, era la segunda parte la que no estaba del todo segura o de acuerdo con esa unión extraña, por parte de ambos. ¿Qué sucedería si conseguía lo que tanto deseaba de ella? ¿Dejaría de obsesionarle tanto… o no la volvería a soltar? Para su desgracia, no podía pensar de forma egoísta, puesto que Mikasa era quien decidía al final. Y llegara a la conclusión que llegara, la última palabra era de ella.
- Hasta recuperar el Muro María… - Vocalizó ella, con la respiración aun entrecortada.
Había entendido el curso de sus pensamientos y lo aceptaba. Él le estaba ofreciendo una oportunidad, una para aprovechar todo ese tiempo que tenían por delante para tratar de conseguir lo que tanto anhelaba, si Eren se diera cuenta de sus sentimientos… si ella se atreviera a decirle, si la correspondiera.
Miró sus ojos grises, como si le preguntara si eso era lo que deseaba realmente, el se encogió de hombros como dándole a entender que no tenía otra opción, no la sometería a estar con él si ella no quería estarlo.
- Eso es. Después, podremos tratar de aclarar… esto. – No encontraba otra palabra que definiera la compleja relación que los unía. Y señaló con ambas manos el escenario que había presenciado su pelea, y su posterior arrebato pasional. – Así que más te vale mantenerte con vida hasta entonces.
Ella le sonrió tenuemente, y se alejó de la pared, empezando a abotonarse la camisa blanca, el había hecho lo mismo, tratando que su aspecto mejorara un poco. La lluvia no cedía, y cada vez descargaba con mayor fuerza su contenido torrencial.
- Lo mismo digo. – Señaló en voz baja y pasó a su lado, recogiendo las armas que quedaron escampadas por todo el barro. Deberían guardarlas o se estropearían, y en plena guerra como se encontraban, eso sería altamente improductivo.
El moreno la imitó, agachándose a recoger sus propias espadas. Profirió un leve quejido cuando sostuvo la izquierda, puesto que esa era la palma que tenía herida, Mikasa se disculpó con la mirada. – Será mejor que vayamos a asearnos, estas hecha un desastre.
La chica resopló por la provocación de su superior. – No puede negar que se encuentra en las misma condiciones… o peores. – Y pasó a su lado rozándole la mejilla y manchando su dedo de rojo.
Mikasa se lo llevó a la boca para limpiarlo, chupando y escuchó un gruñido de su acompañante. – Repite eso y la pared de la casita no aguantará.
Ella abrió los ojos ante tal indirecta, pero decidió que era mejor no forzarlo, en su lugar le ofreció una risa juguetona. – Y yo era la impulsiva.
- Oh, por supuesto que sí. – Empezó el más relajado y caminando a su lado de vuelta. – Ya te dije que cuando yo actuaba de esa forma, podía resultar peligroso.
Enseguida vio la frase con doble filo. No solo se refería a sus arrebatos cada vez que la distancia entre ellos se acortaba, sino a las heridas que eso producía en él, y en ella. Se estaban dañando con aquella interacción autodestructiva que no llevaba a ninguna parte.
- Hasta la reconquista de la muralla María… - Repitió ella, dejarían todo de lado hasta ese momento, y cuando llegara, afrontarían lo que sucedía.
Rivaille asintió convencido de que eso era lo mejor. Durante el resto del camino guardaron silencio, no se despidieron de ninguna forma, solo con un leve asentimiento y una nueva disculpa por parte de la morena que el desestimó.
No importaban los cortes o las heridas que sangraban en ese momento, lo importante era mantener el hilo que cosía la abertura más profunda, una que abrirían cuando llegara el momento. Debían mantenerla suturada y sin fugas.
Al día siguiente durante el entrenamiento todo volvió a la normalidad, puesto que el convenció a Irvin de que cancelarlo fue una estupidez. Levi había pedido también un supervisor con la excusa de que informara de los progresos de Ackerman – siendo más bien para evitar sus impulsivos arrebatos de poseer su boca nuevamente.
Durante las misiones se cuidaban la espalda con complicidad, no hablaban, no se tocaban apenas, pero en sus ojos seguía aquella chispa y capacidad de hacerle entender todo al otro con solo observarlo de reojo. Extendían sus cables volando por el cielo, alzaban sus espadas cortando la carne de los titanes, y lucían con orgullo las alas de la libertad tras su espalda. Como siempre, como debió ser siempre.
Y por el momento… tardaran el tiempo que tardaran, esperarían. Y cuando la meta implantada fuese alcanzada, cuando la humanidad celebrara su gran logro con ellos de pie, entonces tratarían de resolverlo.
Hasta entonces, esperarían por cumplir con la reconquista del Muro María.
…
Y hasta aquí la quinta parte de este fic, espero que les haya gustado. Como veis Mikasa no murió, super Levi la rescató en el último momento… el poder del love… jajajjaja ok no, aunque después de todo el acabó un poco traumado porque ha estado a punto de perderla. Y eso, para alguien que había decidido cerrarse en banda es algo confuso, digamos que se libra del dolor evitando tomar mucho contacto con la gente – de ahí su fría personalidad – para así no sufrir tanto cuando se marcharan. Pero con ella le salió el tiro por la culata literalmente, ya está como medio enamorado y verla casi morir debió ser un duro golpe para él, por eso optó por alejarla protegiéndola y protegiéndose. Aunque ya vemos que al final fue imposible xD. Me gustó poner a una Hanji seria y comprensiva, realmente pienso que estos dos tienen una buena relación de camaradas y que son capaces de entenderse bien, así como con Irvin.
Espero que Rivaille no haya salido muy Ooc, se que verlo con sentimientos es algo raro, pero debido a como se desarrolla el fic era necesario mostrarlo así jeje. No sé si os habréis dado cuenta de que no menciono nunca a Annie, Berthold, Reiner, Ymir y Christa cuando hablo del grupo completo, esto es debido a la situación en la que estos personajes están dentro del manga, la cual no sé cómo terminará; así que antes de arriesgarme, prefiero omitirlos. Y una última aclaración dentro del fic: Mikasa ahora tiene entre 16 y 17 años, y Levi rondara ya los 20. Eso es todo! n.n
Nuevamente les agradezco tomarse el tiempo para leer mi fic, y uno especial a la gente que dejó review o marcó como favorito.
Nos vemos, un besoo! Andy ;D
