¡I´m Back people! :D Hoy no me voy a extender hablando pavadas como siempre jajaja Es una actualización rápida. Tengo que armar el bolso porque me voy a de camping al río por el día.

Les dejo un nuevo capítulo que a mi parecer está cargado de Dramione. Tenemos más pistas sobre el futuro de nuestro trío y la profecía.

Recuerden agregarme a facebook para que las etiquere en el album especial que contiene imagenes del fanfic con escenas de los capítulos :D! ¡Quienes ya lo han visto podrán dar testimonio fiel de que vale la pena! Mi facebook es maillenb :)

Bueno, agradeciendoles una vez más a quienes me leen y se dan tiempo de dejar un RR con opinión, les dejo el capítulo.

¡Que lo disfruten!


CAPÍTULO 3

Hermione se llevó la copa con agua a la boca de sus labios. Sentía la garganta un poco seca y el estómago revuelvo. No tenía apetito, su rostro era la prueba de que estaba siendo víctima del insomnio y estaba más callada de lo que pudiese esperarse en ella.

- ¿Vas a comer tu bistec? – había preguntado Ron, hambriento aún a pesar de haber terminado su propia porción.

- Adelante, tómalo.- sonrió la castaña apenas y sin ganas.

Harry no le quitó los ojos de encima y suspiró contrariado ante lo poco avispado que podía resultar su amigo en ciertas ocasiones. Parecía no pensar en otra cosa que devorar con ansias cualquier manjar.

- Hermione…- le llamó en un susurro.- Apenas si has comido algo.

No quería sonar a reproche pero lo cierto es que no podía ignorar el cambio que estaba gestándose en su mejor amiga. La encontraba diferente y tenía la sospecha de que algo venía perturbándole hacía tiempo; más precisamente desde aquel día que se desmayó. La impotencia de no saber que hacer se apoderaba de él cada vez que veía que Hermione se perdía en sus propios pensamientos.

- Es que comí antes…- mintió.- En la biblioteca, mientras terminaba el trabajo de Mcgonagall.

Harry no dijo nada. Ella no necesitó adivinar. Sabía que no se había tragado la mentira. Hermione apartó la vista de su amigo e inconscientemente se encontró con un par de ojos azules que le observaban desde al otro lado del Gran Comedor.

Theo.- pensó. Llevaban un par de días sin cruzar palabras. Y en parte era su culpa. Se avergonzaba de haber actuado tan inmadura con sus tres amigos cuando le habían encontrado con Viktor. "No opusiste mucha resistencia." El beso de Krum era el quid de la cuestión. Cuando Ron y Nott le cuestionaron sobre ello, había reaccionado a la defensiva, tal y como lo hizo horas antes a las acusaciones de Draco. Malfoy… Draco, Malfoy. Podría jurar que últimamente se lo había topado por los pasillos más de lo usual. De hecho, tuvo un encuentro que de solo rememorarlo hacía que el rojo tiñese sus mejillas y algo muy similar a la ira le llevase a querer golpear a alguien.

Maldijo internamente su facilidad para perder la noción del tiempo cuando la lectura le resultaba atrapante. Perdería la cena si no se daba prisa. Con el sol casi desapareciendo por el horizonte, Hermione atravesaba el patio de la reconocida fuente de Hogwarts cuando ya al entrar el pasillo que la llevaría al comedor, se encontró dos figuras que casi se fusionaban en una sola.

Debió haber seguido su camino e ignorar a la pareja que aprovechaba la ausencia de estudiantes en el corredor. Pero no. Hubo algo que la retuvo y le dejó congelada, abrazada a sus libros de Historia de Hogwarts. Había solo una persona con cabellos rubios casi blanquecinos en aquel colegio. Aquél solo podía ser un Malfoy.

- ¿Granger? – había dicho la chica de Hupplepuff que se encontraba abrazada a él.

Draco sonrió para sí mismo antes de separar sus brazos de la cintura de la chica y encontrar su mirada con la recién llegada. Había notado la ausencia de Granger los primeros minutos de la cena, y conociendo su rutina a bases de los comentarios de Theo había supuesto que estaba en la Biblioteca. Por ende, podría jugarle una mala pasada en el único camino viable a al comedor. La falta de experiencia en ella no era una novedad, y pudo fácilmente imaginar lo incómodo que sería para Hermione encontrarlo en escena.

- Es de mala educación quedarse viendo, Granger. Aún peor interrumpir.- dijo al mismo tiempo que escrutaba la vergüenza que invadía a la castaña.- Cierra la boca que te van a entrar moscas.

Esas palabras, ese golpe fue lo que necesitó para volver a la realidad de que, estaba haciendo el peor ridículo frente a la persona más odiosa del mundo.

- ¿No tienes pudor, hurón? Esto no es…- intentaba no balbucear y sonar más estúpida.-

- Oh, lo siento, ¿he corrompido tu inocencia con semejante escena? Mis disculpas. - Draco…- le llamó la Hupplepuff a su lado.

-Déjala, no tiene sentido.

- Me das asco.

Hermione le dedicó esa mirada denigrante que tanto encendía la furia del slytherin. Sin embargo esta vez pudo hacer caso omiso porque llevaba las de ganar. Draco sonrió y apresó de nuevo a la morena entre sus brazos. Besó detrás de su oreja sin quitar sus ojos de Granger.

- ¿Qué no te das cuenta que sobras? ¿Piensas quedarte a ver el espectáculo?

- Lo cierto es que estoy intentando no vomitarte encima.

Y sin decir más, se dio la vuelta en dirección opuesta al comedor. Había perdido el apetito y una sensación de mareo insoportable se había instalado en su estómago desde el instante que vio a Draco besando a otra chica. La decepción que convino le enfadó aún más. Pero no habría reflexiones esa noche. Solo bastaría conciliar sueño y olvidar.

- Estoy cansada.- dijo a sus amigos a la vez que se ponía de pie.- Que tengan buenas noches.

- ¿Hermione? Mañana es sábado. No tenemos clases. No hay necesidad de que te vayas a dormir tan temprano.

Por esta vez, la comida no fue el centro de atención de Ron y pudo denotar la actitud extraña de su mejor amiga.

- He de hacerlo si quiero madrugar y empezar desde temprano el ensayo de Runas. - No puedo creer que te tortures así.

- Es una lengua muerta, Hermione. No creo que sirva de mucho.- era Ginny quien hablaba esta vez.

- Si aún la imparten es por algo. Quién sabe. Puede sernos útil algún día.

Sus amigos suspiraron a la vez, rindiéndose. Sabían no podrían hacerla cambiar de parecer. Viéndose libre entonces, Hermione emprendió camino a su sala común. Cuando cruzó la puerta, Harry ya estaba listo para seguir sus pasos. Aprovecharía la oportunidad de encararla a solas.


- Por favor Draco, ¿Tú también?

Pansy removió una de sus manos en su cara. Llevaba días observando con la atención del slytherin se deslizaba poco a poco en la mesa de los leones, más precisamente en Granger.

- Ya déjalo.- agregó Zabinni divertido.- Al parecer Malfoy ha sido arrastrado al mundo Granger ¿Es contagioso? Primero Theo, luego él… ¿soy el siguiente en la lista?

Theo soltó una carcajada. Era divertido ver como el rostro Draco demudaba ante semejante afirmación. Sonrió una vez más.

-¿Con qué pruebas se atreven a decir semejante cosa? – dijo al mismo tiempo que deshacía con una mano un panecillo de canela.

- Si somos realistas, llevas fascinado por ella mucho antes de que siquiera yo le prestase atención. Desde segundo año que te dedicas a fastidiarla. Y con entera dedicación, si me permites opinar.-

- Yo no podría haberlo explicado mejor.- Blaise levantó su mano para chocar los cinco con los de Theo.

- ¿Van a dejarme comer en paz? – Pansy estaba deseando que los tres se atragantasen con la comida.

Draco, ignorando el comentario de su amiga, enfrentó su gélida mirada a los otros dos y habló con tono claro e imponente.

- Hay una gran diferencia entre la "atención" que ambos le prestamos a Granger, Theodore. Tú la miras como… como… como si estuvieses enamorado de ella.

Se le revolvieron las tripas. Adrenalina volvía a correr por su sangre, alimentando unos extraños celos por Hermione que todavía se negaba a reconocer.

- Yo no me he enamorado de Granger. Y tampoco planeo hacerlo.- rebatió enseguida el castaño de ojos azules.- Me gusta pasar el tiempo con ella, pero eso no significa que ande por los pasillos de Hogwarts suspirando como un bobo.

- Hubieras visto tu cara cuando Blaise te avisó que la comelibros estaba en la biblioteca.- Pansy agregó tomando partida en la conversación.

- Hubiera reaccionado del mismo modo si alguno de ustedes, idiotas, hubiera terminado en la enfermería.- Nott se cruzó de brazos adoptando la misma actitud defensiva de Draco.

- El primer paso es la negación, el segundo la aceptación.- sonrió Zabinni, añadiendo leña al fuego.

En ese instante, Granger dejaba la mesa de los Gryffindor y se marchaba del comedor. Tanto Malfoy como Theo fueron concientes de ello, pero se guardaron para sí mismo la curiosidad. No querían dar más razones a sus amigos para que afirmaran que estaban cerca de besar el suelo por el que la leona caminaba.


- ¡Hermione!

Harry alcanzó a llegar un minuto antes de que su amiga tomara camino a las habitaciones de las chicas. De haber fracaso hubiera sido imposible ir por ella. Las escaleras habían sido encantadas para desaparecer y convertirse en un tobogán, en el caso de que un chico intentase colarse.

- ¿Me has seguido? – sonrió a la vez que se volvía hacia él.

- Es que quería hablar… a solas… contigo.-

Un poco nervioso y sin saber como encarar la conversación, Harry se pasó un par de veces la mano por su ya desordenado cabello. Hermione sonrió de nuevo y se acomodó en el sillón más cercano, invitando al castaño a hacerlo.

- Dime.

- No lo tomes a mal, pero, estás actuando de forma extraña. Y no, no digas que exagero, Hermione.- le detuvo cuando vio que ella habría la boca para rebatir.

- ¿Solo porque perdí el apetito esta noche vas a decir que estoy rara?

- No.- buscó una de sus manos.- Sabes de que hablo. Esos surcos algo lilas debajo de tu ojos dicen que algo va mal. No estas durmiendo bien ¿cierto?

- No, pero…

-Andas algo perdida.- insistió él.- Reconozco esa mirada.

Hermione intentó no irritarse. Solo se preocupaba por ella. Desde el incidente con Trewlaney no le quitaba los ojos de encima, incluso Theo. Parecían esperar a que en cualquier momento volviese a desmayarse.

- No estoy convaleciente, Harry.

Solo había sido un desmayo…un maldito desmayo con extrañas visiones que se repetían sucesivamente en su mente siempre que intentaba conciliar el sueño. Hermione se llevo una mano inconcientemente hacia su sien. Sintió dolor de cabeza al intentar ordenar sus pensamientos. No podía recordar de todo lo que soñaba. Pero sabía que no era nada agradable. Solía despertarse con la sensación de que le faltaba el aire y frío, mucho frío.

- Sé que no quieres hablar de ello. Pero, me ha llegado el comentario de Parvati. Te ha escuchado llorar por las noches.

No pudo ocultarlo más. Hermione dejó escapar el aire que llevaba conteniendo en sus pulmones a causa de los nervios. Miró a Harry a los ojos cuando volvió a hablar.

- Estoy teniendo pesadillas demasiado… vívidas. Se sienten tan real que no logro darme cuenta de lo que son hasta que despierto.

- Me pasa… igual.- un escalofrío descendió por la espalda de castaño de solo recordar.- Cada vez que sueño con Voldemort o con la muerte de mis padres.

- Voldemort…- susurró contrariada – también le he visto en mis sueños.

El corazón de ambos tomó un ritmo acelerado a causa del miedo. Hermione recostó su cabeza en uno de los hombros de su amigo.

- Algunas veces veo un cementerio y a ti Harry…- su voz comenzaba a temblar.- En otras, estoy de pie, frente a un montón de cuerpos y… delante de mí, dos magos se enfrentan a duelo, a muerte…

Cuando escuchó la descripción del cementerio Harry temió de que estuviera hablando de una premonición. Había tenido la misma pesadilla. Pero no quiso asustarla, no dijo nada.

- Tal vez la marca tenebrosa que vimos en el mundial de Quidditch… Eran mortífagos. - Sirius, lo dijo.- concedió Potter.- Mi implicancia en el torneo no es casual.

Hermione no dijo más nada. Tenía sus sospechas y albergaba entera preocupación por su amigo. Los días pasaban a prisa y estaban cada vez más cerca de la última prueba. Intenteaba guardar fe de que todo saldría bien. Pero los recientes sucesos le impendían ser positiva.


Una semana antes de los acontecimientos que dejarían de luto a Hogwarts, Hermione tuvo otro episodio que haría añicos su calma por otro par de noches. Había reanudado sus encuentros con Theo, y había agradecido enteramente la repentina tregua que habían dado las pesadillas.

Fue esa fría tarde de invierno que Draco le vio desplomarse en el suelo a la vez que gritaba como si estuviese siendo víctima de la peor de las torturas. En un principio no supo que hacer, paralizado por el cuerpo de la chica que se retorcía delante de él. Había mirado a ambos lados esperando encontrar a la comadreja o a San Potter para que acudiesen en su ayuda, pero los jardines cercanos al Bosque Prohibido estaban desolados. Solo era él y ella.

- ¡Granger! – había soltado en el instante que corría hacia ella e intentaba tomarla de los hombros para que dejase de golpear golpear su cabeza contra la tierra.

Pero ella no reaccionaba. Aún bajo sus manos, sollozaba y soltaba lágrimas de sus ojos que permanecían cerrados. Draco sintió un vuelco en el estómago y sintió que por primera vez, no le importaba quien era ella. Ver a Granger sufrir de ese modo había despertado lástima y preocupación en él.

- ¡Despierta! – había gritado lo más cerca de su rostro.

Hermione temblaba tanto que por poco escapaba de su agarre. Tuvo que apresarla en una especie de abrazo para contenerla. Pudo sentir un hilo de sangre recorrer el pelo de la castaña. Debía de haberse lastimado al dar con las piedras desperdigadas por la grava.

- ¡Maldita sea, Granger!

Entonces ella se apresuraba a separarse de él. Y Draco agradeció por un momento que al fin dejase de convulsionar, pero la expresión en el rostro de la castaña le heló la sangre. Tenía los ojos abiertos, pero el torbellino de sensaciones que albergaba esos ojos le daban cuenta de que lo que fuera que estuviese viendo no podía ser nada más que el infierno.

- Ya has hecho tu elección. Tuviste la oportunidad de cambiar el destino del muchacho, pero ahora es demasiado tarde.

Aquella mujer de atavíos negros se alzaba ante ella, haciéndole sentir diminuta, pequeña, mundana, como lo que en verdad era.

- No…- rogó ella con la voz rota y el cuerpo cansado de tanta de desgracia.

- No os entiendo.- había dicho enseguida con voz fría y casi impersonal aquella presencia que helaba los sentidos de cualquier humano.- Siempre os oigo quejar de la vida. ¿Por qué les da tanto miedo dejarla?

- No merece terminar así. No puedes llevártelo de ese modo.

La joven sollozaba y ponía todo su esfuerzo en intentar convencerla, pero lo cierto es que la muerte no disponía, solo cumplía con su trabajo.

- No está en mis manos. Él mismo labró su propio destino.

Sangre, de nuevo la sangre corría bajo sus pies ante el camino de cuerpos sin vida que se alzaban vanagloriando la victoria del que alguna vez había sido humano. Hermione sintió su corazón detenerse y al frío envolverla lentamente en el instante que la mujer cuyo rostro no recordaba haber visto nunca, susurraba las últimas palabras tras su espalda.

- Jugaron tantas veces con La Muerte sin saberlo.

Como aquella vez, sintió que algo o alguien le devolvía a la realidad, despertando de su pesadilla. Aun quedaban vestigios en ella del miedo y el dolor. El frío que había sentido era atenuado poco a poco por un par de fuertes brazos que le tenían ceñida al cuerpo. Su corazón latía con la fuerza de mil caballos al caer en cuenta de la persona que le cobijaba. La voz se colaba por sus oídos al mismo tiempo que ella volvía en sí y vislumbraba sus ojos grises como el mercurio.

- ¡Granger, no es real. Lo que sea que estés viendo no es real!

¿Acaso seguía soñando? ¿Qué hacía Draco allí llamándole con tanta ímpetu? Juraría que en aquel instante el slytherin había olvidado que se trababa de ella. Real o no, necesitaba aferrarse a algo y en ese momento él era lo más cerca que tenía.

Draco quedó estupefacto al sentir que Hermione lo abrazaba con fuerza. No dijo nada porque no sabía que decir. Estaba seguro de que ella le odiaría en el momento que volviese en sí y se encontrase con él. Era lo que había esperado. Pero para su sorpresa ella susurraba entre sollozos un débil "Gracias" que esparció una sensación cálida por todo su cuerpo. Ya no sentía el frío a su alrededor.

- Tenemos… tengo que llevarte… a la enfermería.- ¿Por qué sentía que costaba hablar?

- No. No todavía.- había dicho ella sin atreverse a soltarle.

- Lo que sea que te ha pasado… no ha sido normal.- susurró intentando palmear la espalda de la gryffindor para calmarla. Draco no recordaba haber consolado a nadie en su vida. Aquella parecía la primera vez en mucho tiempo.- Incluso, viniendo de ti. Amiga del subnormal Potter.

Hermione pudo permitirse sonreír de nuevo. No había malicia ni burla en sus palabras. Era solo un intento del slytherin para intentar calmarla. Se obligó a si misma a separarse de él y tan pronto como lo hizo, la desazón reapareció. No hubiera podido creer encontrarse en semejante situación ni en un millón de años. Se suponía que él la odiaba, pero ahora había acudido en su ayuda. ¿Qué significaba eso?

Draco sintió que una parte de él quedaba al descubierto. Esa parte de si que todo el tiempo el renegaba poseer. Dejó de verle a los ojos que albergaban un brillo que inquirió y aceleró su pulso. Adoptó una actitud fría y cuando volvió a dirigirle la palabra lo hizo con tono impersonal.

- No te perdonaré si pesco una terrible neumonía por tu culpa asíque, termina el llanto y vámonos.

- Lo siento.- se disculpó reincorporándose.

Por más que ella quiso ocultarlo, Draco percibió que casi vuelve a dar de bruces contra el suelo. Seguramente estaba mareada. Resopló molesto.

- ¿Puedes caminar o tendré que cargarte hasta el castillo?

- No es necesario.- pero su cuerpo le traicionó y volvió a tambalearse. - Mientes muy mal, sabelotodo.

Y sin darle tiempo a rebatir, el rubio la tomó de la cintura y pasó uno de sus brazos por sus hombros.

- No tienes por qué…- susurró incómoda.-

Ahora si se sentía avasallada por semejante cercanía. Estaba nerviosa y a su vez cómoda. Por más que se lo negara, una parte de si misma continuaba disfrutando del tacto… de tal promoximidad con un Malfoy.

- Deja que haga mi buena acción del día tranquilo. No digas nada ni preguntes siquiera.

Draco jamás imaginó que cargar a una sangre sucia, más precisamente a Granger fuera parecido a lo que estaba experimentando. Su corazón no dejaba de latir de excitación y… emoción. Sus manos sudaban y juraría que su rostro pálido e impoluto estaba teñido por el rojo carmesí. Se suponía que debía sentir asco, ganas de vomitar por estar a nula distancia de una impura pero no. Nada de eso estaba sucediendo.


Finalmente el día había llegado. En un par de horas, todo Hogwarts se reuniría frente al laberinto sinuoso y encantado, en el cual se llevaría a cabo la última prueba del Torneo de los Tres Magos. Hermione admiró a Krum. A diferencia de Harry, no estaba para nada tenso. Ansioso de levantar la copa y enorgullecer a Dumstrang. Sus ojos cafés tenían ese brillo particular de entera confianza y autocontrol.

- Procura volver ¿si?

- No te preocupes. Nada va a salir mal.

Granger intentó sonreír y creer lo que él predicaba pero bien sabía ella la dureza y el peligro que conllevaba participar de aquel Torneo. No podía ignorarlo y tragarse las palabras de Krum. Temía que desmedida seguridad de él le llevase a cometer imprudencias. De solo pensar, en que Harry también estaría allí, el cúmulo de nervios hacía mella en ella.

- Se supone que soy yo quién debería estar a punto de estallar por los nervios, preciosa.-

- Lo siento.- se disculpó apenada.- Pero no puedo evitar preocuparme.

- Lo sé, Hermione. Y no sabes cuan feliz me hace eso. Te importo.

- Estaré allí apoyándote junto al resto de tus amigos.

- Gracias por venir.- agradeció con su matiz de acento extranjero.-

Victor acarició un par de mechones de su cabello casi indomable y tras rozar su mejilla no pudo evitar dirigir la vista sus labios, algo pequeños, pero hermosos. Hermione volvía a sentir esa opresión incómoda en su pecho cada vez que el chico de Dumstrang intentaba cruzar la línea que se había encargado de marcar.

- Victor…- le detuvo susurrando su nombre.

Ya no le miraba a él. Odiaba esos momentos, porque sabía exactamente como se sentía el ser rechazado. Y Krum no se lo merecía. La trataba con delicadeza, como un buen caballero.

- Solo esta vez, Hermione.- susurró él, apresando su mandíbula y exigiéndole con un leve roce que le mirase.

- Por favor…

Y entonces, solo por esta vez, dejó que le besara. Lento y suave, apenas aferraba sus labios. Acariciaba un poco sus mejillas con sus grandes y ásperas manos, para luego presionar una vez más su boca contra la de ella y separarse así definitivamente.

- Gracias.

Una pequeña ventisca comenzó a soplar. Hermione volvió la vista hacia el cielo y enseguida se puso de pie. Ya no había ni rastros del sol. La noche se cernía sobre ellos y a pesar de que algunas nubes cubrían el firmamento, la luna se dejaba entrever.

- Es hora.- anunció Victor.

- Vamos, deben de estar esperándonos.

Se echó a caminar, pero a los pocos pasos se percató de que el estudiante de Dumstrang no le seguía.

- ¿Qué sucede…? – preguntó a la vez que se volteaba hacia él.

- Adelántate. Yo te sigo luego.

No necesitó más palabras para entender que lo que Victor quería eran un par de minutos a solas. El corazón de la chica se contrajo al darse cuenta de que esta podría ser la última vez que le viera con vida. Emprendió entonces el camino al castillo, deseando con todas sus fuerzas que sus amigos volvieran sanos y salvos.

- ¿Hermione? – Nott le llamó al ver la prisa con la que se pasó a su lado. Estaba seguro que no le había visto hasta que le vio detener y voltearse hacia él con el más triste de los ánimos.

- Hermione ¿Qué…? – preguntó despacio y con calma.-

- La tercera prueba… Harry…y los demás…

Al escuchar como se quebraba su voz, Theodore comprendió. Los decesos solían darse en este último encuentro, diseñado para traer a flote la suma de todos los miedos.

- Hermione…- susurró a la vez que buscaba las palabras que pudieran calmarla.

Pero a quién quería engañar, él era un desastre para ese tipo de cosas. No recordaba haber recibido consuelo en toda su vida. Se había visto forzado ha apañárselas solo. Criado en una familia donde el afecto pocas veces se demostraba, le hacía imposible aquella tarea. Por su lado, Hermione sentía que estaba al borde del colapso. Nadie más que ella sabía acerca de las visiones sobre muerte que había rememorado esa mañana.

- Recuerda quién es Harry.- tomó Theo su mano intentando reconfortarla.- Lo que más necesita es que confiemos en que todo saldrá bien para él y el resto.

- Tener que quedarme allí sobre las gradas, deseando fervientemente que vuelva…

- Harry no está solo.

Hermione llenó con bocanadas de aire sus pulmones intentando calmarse. Un mal presentimiento comenzaba a gestarse en su cuerpo y empezaba a faltarle el aire. El mal augurio hacía mella en ella.

- Quédate conmigo.- pidió.

- Lo haré.- accedió Theodore.

Por primera vez, Theo se animó a depositar un corto beso sobre su frente.

- Vamos por poco de té y chocolate. Eso ayudará.


El Torneo de los tres Magos había concluido. Harry se había aparecido frente a los espectadores con Cedric, y la copa en mano. En un principio todos vitoreaban y hacían resonar sus cánticos, porque Hogwarts se que había quedado con la victoria. Sin embargo, ni bien, profesores y algunos alumnos, se acercaron a para felicitar a los vencedores, se encontraron con la peor de las sorpresas.

En casi idénticas condiciones, estaban Harry y Cedric sobre la hierba, impregnados de sangre seca, rasguños y magullones. La única diferencia era que el primero aún respiraba. El grito desgarrador del señor Diggory quebró el silencio que había echo presa del ambiente. La mirada fría y vacía del Hupplepuff. La primera víctima. El suceso que marcaría el regreso del señor Tenebroso.

- Voldemort ha vuelto…- sollozaba Potter entre medio de espasmos que sacudían su cuerpo.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Theodore Nott y del resto de los estudiantes de Dumstrang, Beauxbatons y Hogwarts al ver la trágica escena que se erguía frente a todos. Nadie pudo apartar sus ojos de Potter, que cargado en temor, pánico y furia, daba gritos que se perdían entre los llantos que comenzaban a llorar la pérdida de Cedric. Sentir la mano Granger aferrarse a su lado lo sacó de ese trance que se había apoderado de él. Theo se volteó hacia ella y sintió a flor de piel el dolor que acongojaba a la castaña. Respirar se habían vuelto casi imposible entre el tumulto de personas que iban y venían. Llamó a Ron que se encontraba a su lado, tan perturbado y catatónico como los demás.

- Tenemos que sacarla de aquí.- El pelirrojo no esperó segundas indicaciones. Tomó del brazo libre de Hermione, y le llevó lejos, bien lejos de la tragedia que ahora enlutaba a Hogwarts.


El funeral tiñó de luto las paredes del colegio. Alumnos, profesores e incluso los fantasmas del castillo profesaban duelo.

- Cedric ejemplificaba muchas de las cualidades que distinguen a la casa de Hufflepuff.- prosiguió Dumbledore.- Era un amigo bueno, leal, muy trabajador, y se comportaba con honradez. Hoy su muerte nos ha afligido a todos. Y en respeto a su memoria, creo que tienen derecho a saber qué fue exactamente lo que ocurrió.

Harry levantó la cabeza y miró al director, cuyos ojos contenían el brillo mismo que antecede a las lágrimas. Sentía que en cualquier momento se desmoronaría a causa de los recuerdos que atormentaban su mente. Hermione se aferró a él aún más, recostando su cabeza en su hombro.

- Cedric Diggory fue asesinado por Lord Voldemort.-

El silencio sepulcral se vio a un más ensombrecido por el sentimiento de terror que inundó a los presentes en el Gran Comedor. Gran parte de los alunado miraban al director de Hogwarts horrorizado, reacios a creerle.

- El ministerio de Magia, no quería que se los dijera.- continuó Dumbledore.- Pero yo opino que la verdad es siempre preferible a las mentiras, y que cualquier intento de hacer pasar la muerte de Cedric por un accidente, o por el resultado de un grave error suyo, ¡constituye un insulto a su memoria! -

En aquel momento el miedo se propagó, incluso en Slytherins, comprobó Harry. Ni siquiera Draco esta vez, montaba su frecuente acto de desprecio. A un lado de Nott y Pansy, ceñía sus manos con fuerza y no cruzaba la vista con nadie.

- Recuerden a Cedric, recordarlo si en algún momento de sus vidas tienen que optar entre lo que está bien, y lo que es fácil. Recuerden lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de Lord Voldemort. Recuerden a Cedric Diggory, recuerden esto y entonces su muerte no habría sido en vano. Los inocentes siempre son las primeras víctimas.- recordó Harry.


El viaje a la estación de King Cross había sido difícil. La noticia y el suceso que marcó el final de ese año en Hogwarts había entristecido aún más las despedidas. Y Nott, no era ajeno a la situación, porque sabía el tipo de repercusiones que la vuelta del señor Tenebroso podría significar. Albergaba tanto miedo como el resto, pero paso a paso que daba se repetía a si mismo que el temor no era una opción.

Por primera vez en años, ansiaba llegar a casa para escuchar a su padre negar la noticia. Deseaba fervientemente que el viejo director se equivocara. Pero no podía hacer ojos ciegos a las señales que anunciaban lo que todo el mundo había creído inevitable.

- ¡Nott! - Se detuvo al escuchar a Draco llamarle.

A un par de metros, le hacía señas. El señor y la señora Malfoy le secundaban detrás. Con un leve asentimiento de cabeza le saludaron.

- No irás directo a Nott Mannor esta vez.- explicó Lucious con voz fría y distante.- Tu padre envió a los elfos a recoger tus cosas. Él nos espera en Malfoy Hall.

Algo demasiado importante debía estarse cociendo para que el señor Nott se tomara el trabajo de dejar su residencia. Sin decir más, el padre de Draco empuñó su bastón y emprendió con paso elegante el camino junto a su mujer.

- Esto dista de lo común.- susurró Theodore.

- Lo sé.- inquirió Draco.- Cuando pregunté se negaron a darme detalles.

- Mi padre pocas veces se mueve de casa.- suspiró resignado.- Muy pocas cosas pueden moverlo a hacer eso.

Ambos slytherin se vieron con cierto temor. No era un secreto para ellos y los demás magos de toda Inglaterra que sus padres habían sido parte de el clan de mortífagos que besaban los pies del señor Tenebroso.

- No. No puede ser cierto…- inquirió Draco.

- Quiero creer lo mismo.- espetó nervioso el Nott esta vez.

Continuará...