Helo aquí, queridos míos. Un capítulo más, que espero sea de su agrado y pueda tentarlos a dejar algún comentario :) ¡Feliz 2014 a todos!
Capítulo 5: Normas de convivencia
Eva despertó de un sobresalto, con el cuerpo cubierto de sudor. Miró a su alrededor en busca de lo que la había despertado, sin encontrar nada. Supuso que habría despertado por alguna pesadilla, ya le había pasado antes. Incluso después de llevar un par de días fuera de la clínica que tanto la perturbaba, malos sueños seguían persiguiéndola, aunque apenas abría los ojos olvidaba buena parte de lo que había soñado.
Se sobresaltó una segunda vez, observando sus alrededores con alarma. El corazón le martilleó en el pecho durante un largo minuto antes de reconocer dónde estaba. Esto también le había pasado la primera vez que había despertado en su habitación, en la casa de Don Wei.
Ya completamente despierta, la joven se desperezó y estaba planeando ir a recorrer el palacio nourasiano, cuando alguien llamó a la puerta. Una voz la llamaba desde afuera con bastante urgencia.
-Lady Eva, por favor tiene que salir ¿se encuentra bien?-
-¡Estoy bien!- se aclaró la garganta, caminando hacia la puerta -¿Pasa algo?-
La sirvienta a la que le abrió la puerta la miró con expresión de sorpresa y horror. Eva se cubrió con los brazos enseguida, pensando que había alguna parte de ella que no estaba apropiadamente vestida. Su pensamiento no se alejaba demasiado de la realidad.
-Mi lady ¿no se ha vestido? Apresúrese, su alteza la está esperando desde hace horas- rogó la mujer, empujando a la humana dentro del cuarto. Tras cerrar la puerta, tomó unas ropas, las estudió un segundo y se las entregó –Tenía usted una reunión con su alteza. Ahora su majestad también está esperando por usted-
¿La esperaban desde hace horas? ¿Acaso tenía un…?
-¡Diablos!- exclamó, quitándose la ropa de dormir a toda velocidad. El día anterior, la princesa Kahli le había comentado que tendrían una reunión formal sobre la alianza, pero que sería en la tarde, en consideración al cambio de horario de Nourasia con respecto al de la Tierra.
Se desvistió en un abrir y cerrar de ojos, colocándose luego las prendas que la sirvienta le había dado, las cuales resultaron ser un pantalón formal negro y una blusa roja. Menos mal que Don Wei la había convencido de comprar ropa más… adulta, para las negociaciones. Lo último que hubiera querido era aparecerse tarde, vestida con su pijama. Se arrodilló junto a su maleta, que yacía abierta en el suelo.
-¿Cuánto tiempo dormí?-
-Toda la tarde, mi lady. Dentro de poco se pondrán los soles- la nourasiana se arrodilló en el suelo junto a ella -¿Qué necesita?-
-Una chaqueta negra, combina con el pantalón. Y un collar rojo de mi madre- dijo apresurada, poniéndose unos zapatos altos. Notando que se estaba poniendo uno rojo en un pie y en el otro un zapato azul claro, empezó a pelearse con las tiras que ataban cada zapato a sus tobillos. Se desprendió de ambos con violencia y se puso los correctos, un par negro, seguidos de la chaqueta que la sirvienta encontró.
Lo más difícil fue encontrar el collar, así que la chica tomó un par de aretes que tenía en un pequeño bolso de viaje, y salió a la carrera hacia el pasillo. Dio gracias a los cielos por su sentido del equilibrio, que le impidió estrellarse contra el suelo al estar caminando (corriendo) por primera vez en su vida con tacones altos. No obstante, se resbaló varias veces en el suelo pulido y uno de sus tobillos empezó a dolerle.
-¡En el piso de abajo, mi lady!- escuchó que la llamaba la nourasiana que la había ayudado.
-¡Gracias! ¡Te debo una grande!- y se fue, dejando a la nourasiana preguntándose qué cosa le debía, y por qué debía ser grande.
Mientras patinaba buscando una escalera, Eva se fue abotonando la chaqueta y se acomodó el cabello como pudo en una cola de caballo alta. Al empezar a bajar por una escalinata le entraron los nervios y empezó a pasarse las manos por la cara, para secarse el sudor que su sueño le había dejado. Se mordió los labios un segundo para darles color y finalmente salió corriendo por los salones del piso inferior, asomándose en cada puerta.
No tuvo que buscar mucho tiempo porque, hacia la mitad del pasillo, estuvo a punto de chocarse contra la princesa Kahli.
-¡Lady Eva! ¿Se encuentra bien?- fue lo primero que le dijo, sosteniéndola por ambos brazos y dedicándole una mirada preocupada.
-Perdón por llegar tarde, me lo acaban de decir. No creí que fuera a dormir tanto. ¿Por qué no envió a alguien a despertarme?- preguntó la pelirroja, respirando con dificultad –Aún podemos hablar de la alianza ¿cierto?-
-Por hoy hemos tenido que posponer ese asunto- interrumpió una voz masculina.
La visión de Aikka, saliendo de uno de los salones, la desconcentró tanto que no se percató del tono casi acusatorio con el que el monarca se había dirigido a ella. La apariencia del príncipe se le antojaba celestial, con el largo cabello suelto bajo su corona, ataviado de prendas ligeramente holgadas con tonos azulados, más alto e imponente. La imagen hizo que el estómago se le retorciera y un cosquilleo le pasara por el centro de las rodillas.
-Ya que Lady Eva se encuentra aquí podría tener mi reunión con ella, al menos para revisar los temas a tratar en la posteridad- dijo Kahli, dirigiéndose a su hermano –Más tarde podría escribir el informe oficial para que lo leas-
Eva seguía distraída sonriendo para sí misma, admirando sin recato el contraste de la piel morena de Aikka con su vestimenta. Notó con deleite que sus hombros eran más anchos y sus brazos portaban músculos largos, marcados, producto seguro de años de arquería. Su torso delgado también había sido moldeado del de un muchacho al de un hombre. Tenía piernas largas, no delgadas, y como siempre cubiertas de vendas que delataban a un príncipe que corría o trotaba regularmente. La pobre chica tuvo que tragar para deshacer un nudo en su garganta al ver que el monarca no llevaba mangas, así que pudo comprobar que sus antebrazos también se habían beneficiado de algún entrenamiento, descendiendo en muñecas y manos grandes que combinaban a la perfección con el resto de su cuerpo
Por un segundo se preguntó qué se sentiría que la sujetara con esas manos.
Lamentablemente, al querer examinar sus ojos, la ilusión se quebró. El bello color azul que la había cautivado a sus 15 años seguía ahí, tan deslumbrante como lo recordaba, pero ya no eran amables. Había algo extremadamente frío en esos irises. La fuerte impresión hizo que se despejara un poco la niebla en su mente.
-Volvamos a entrar- habló el joven, mirando hacia su hermana mayor -Disculpe, embajadora-
La humana no los siguió, pero se quedó muy cerca de la puerta. Mirando hacia adentro, reconoció la estancia como el mismo recibidor del día anterior, con sus altas cortinas rojas que tapaban la vista hacia el trono. Los hermanos no pasaron al otro lado sino que se detuvieron a algunos metros de la puerta, en tanto Kahli la ojeaba para comprobar que estuviese cerrada. En cuanto ésta se volteó hacia Aikka, Eva abrió la puerta apenas unos centímetros para escuchar la charla.
-No veo ninguna utilidad en que revises los temas con la embajadora- dijo Aikka, más como una orden que como una sugerencia –Por hoy no podemos concluir sobre los términos iniciales de la alianza, y ya es muy tarde para que comiencen a revisarlos punto por punto. E incluso si lo hacen, hermana, esta noche no podré leer debidamente tu informe ni reunirme contigo. Sugiero que mañana discutan esos términos y prosigan con las especificaciones de nuestra propuesta, que hablaré con el embajador Wei temprano. Si la d…-
-Aikka- lo interrumpió Kahli, cruzándose de brazos –Nada me impide debatir al menos la mitad de los puntos con la embajadora Wei, e incluir las conclusiones en mi informe para mañana-
-No es momento para esto- contestó él, autoritario –Sería muy inconveniente señalar por separado las…-
-Déjame que tome la responsabilidad de esto. Debí enviar a alguien mucho antes para que la buscara-
-Es cierto. Sin embargo, me sigue siendo difícil ajustar mis deberes a este problema, así que mi punto de vista no cambia. Si pudieran hablar en la mañana, espero que para la noche de mañana el…-
-Ayer hablé un poco del tema con ella, no nos tomará tanto. Tendría el asunto resuelto en un par de horas-
-Te repito que no tengo el tiempo, Kahli-
-¿Y no puedo reunirme contigo luego de la cena?-
-En absoluto. Debo redactar las cartas a los comerciantes de la capital-
-Puedo redactar esas cartas si quieres. Padre me dijo que tenía unas resoluciones que agregar antes de que las envíes. Eso te dejaría el camino libre para que leas mi informe-
Ante eso el nourasiano se quedó callado un momento, estudiando a su hermana como si evaluase si estaba mintiéndole.
-Entonces iré a hablar con nuestro padre para incluir sus resoluciones-
-Te estoy diciendo que yo…-
-Disculpen- intervino Eva, entrando a buen paso, en lo que ella sabía podía ser la acción más imprudente que hubiese cometido nunca. La presencia de la humana sólo aumentó la tensión en el salón, aunque el monarca se quedó mudo, a la espera.
-¿Sí, embajadora?-
-Escuché algo de lo que hablaban- confesó. Inmediatamente vio todo lo idiota de lo que estaba diciendo, pero ya no tenía vuelta atrás, así que cuando menos procuró dar la apariencia de estar confiada-Quería disculparme por la tardanza y por alterar sus planes. Comprendo que les di problemas, y tengo toda la intención de trabajar duro para solventarlos, si me dan la oportunidad-
La pelirroja casi se sintió orgullosa de su discurso. No sabía de dónde había sacado las fuerzas para pararse derecha y hablar de esa forma. ¿Sería que alguna parte de su mente había madurado igual que su cuerpo, y que no todo en ella era aún una niña de 15 años? Se mantuvo firme, luchando por no sonrojarse, mientras los dos nourasianos la observaban. Incluso resistió la tentación de retorcerse las manos, y de tocarse el cabello por los nervios.
Luego, como si nada hubiese pasado, Aikka dijo:
-Gracias, embajadora. ¿Podría esperarnos unos minutos más?-
Con la mente completamente en blanco y sintiéndose todavía más tonta, la humana negó con la cabeza. El semblante del moreno cambió de su estoica calma al desconcierto. Eva lo tomó como señal para volver a hablar.
-¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? Estoy dispuesta a lo que sea-Kahli le sonrió, si bien lucía insegura.
-Justamente le estaba sugiriendo a mi hermano…-
-No, lady Eva. Me temo que no es posible-
-¡Claro que es posible! Estoy segura de que juntas podemos tener los términos previos listos en poco tiempo, y me comprometo a redactar tus cartas-
-Ya alteré mi agenda dos veces para ajustar el…-
-No vas a tener que cambiar nada más, te lo prometo. Este es un plan más práctico, y te conviene-
-Es mejor seguir con el plan original que te propuse. Y embajadora Wei, si no le molesta ¿puede…?-
-¡Aikka! Ella ya se encuentra aquí, y está tratando de arreglar el problema. Además, no se habrá retrasado en la reunión a propósito. Ayer la encontré algo indispuesta, quizás pudo enfermar en el viaje. ¿No crees que hay…?-
-El motivo de su tardanza no tiene importancia ahora. El retraso en las negociaciones ya se produjo- cortó el nourasiano.
Eva lo miró espantada. No lo reconocía en absoluto. Una cosa era que su mirada hubiese cambiado, otra era que la tratara con excesiva formalidad, y otra cosa muy distinta era que fuese tan impasible, insensible. Ni siquiera había parpadeado al decir aquello.
No obstante, más que asustarse por tal transformación, la humana se llenó de una ira familiar. Era la misma que la invadía cuando estaba a punto de iniciar una pelea.
-Vaya, qué amable es en preocuparse por mi salud- espetó, perforando con los ojos al futuro rey.
-Perdóneme, embajadora. En todo caso la…-se apresuró él a contestar. Lo habría dejado continuar, de no ser porque su rostro no mostraba el arrepentimiento que él aseguraba sentir.
-No, no. Por favor, no se preocupe. Al fin y al cabo, no tiene importancia-
-Eso no…-
-De hecho ya que yo estoy un poco enferma, seguramente no le seré de mucha utilidad y seguiré atrasando sus planes ¿Por qué no llama a la Coalición de la Tierra y pide otra embajadora?-
-Lady Eva, le aseguro que no quise darle a entender eso-
-Estoy de acuerdo- intervino Kahli, dando un paso hacia la humana, cuya pose se había vuelto tensa y agresiva –Mi hermano no quiso ofenderla-
-No me ofendió- dijo Eva con amargura –Sólo estoy diciendo lo evidente, igual que él. Hay que ser prácticos-
-Nos complace mucho recibirla para las negociaciones, no lo dude. Mi hermana y usted pueden hacer lo que planeaban originalmente-
-¡Ah! ¿Nos da permiso?- continuó, llenando sus puños con la tela de su blusa –No, príncipe Aikka. No cambie su muy ocupada agenda por mí. No quisiera acortar su tiempo para… No sé ¿afilar sus flechas? ¿Salir a pasear con G'dar?-
Al hombre el corazón le dio un salto tremendo contra las costillas. El detalle sobre su práctica de arquería era de conocimiento público, eso podría haberlo escuchado de cualquier persona, pero no tenía idea de cómo esa mujer podría saber que su escarabajo de carreras se llamaba así. Era una información altamente personal, tanto que estuvo a punto de ceder ante la insolencia de semejante comentario.
-Embajadora Wei, por favor-dijo, alargando las últimas palabras- Mi agenda para las discusiones no…
-Creo que ya dejó en claro que está muy ocupado, tantísimo que no tiene tiempo ni para escuchar las sugerencias de los demás-
-¿Disculpe?-
-No te hagas el tonto. Escuché cómo le hablabas a tu hermana ¡se merece algo de respeto!
-Le agradezco que no me…-
-¿Qué no te desafíe? ¿Por qué? Sólo por ser el futuro rey no puedes decir lo que quieras-
-Iba a decir que le agradecería que intentásemos mantener buenas relaciones-
-No creo que sea posible mientras te sigas portando como un engreído sin cerebro- no era su mejor insulto, eso tenía que admitirlo. No obstante, la frase pareció generar un efecto bastante fuerte en el nourasiano. Enseguida todo el rostro se le puso pálido de ira, en especial los labios. Parecía tan lívido e indignado que Eva pensó en dar un paso atrás, sólo por las dudas.
-Me parece que ser embajadora invitada tampoco le da derecho a dirigirse a mí como prefiera, mucho menos a insultarme-
Y el temor de enfurecerlo se desvaneció al instante.
-¡Disculpe, su majestad! No quise dañar sus frágiles sentimientos. Tal vez debería acostumbrarse a que discutan con usted, le vendría bien a su ego-
-Le…- se detuvo, respirando profundo. El príncipe se cuestionó un segundo si alguna vez en su vida había estado tan molesto –Le recuerdo que no debe ofenderme, llevar una relación cordial…-
-¡Yo hago lo que se me dé la gana! Y algo más, no estés…-
-Lamento decepcionarla pero en este planeta, debe seguir nuestras leyes. Si no le parece, la alianza no se…-
-¡Lady Eva! Por favor, pare. Aikka, no digas más- de pronto Kahli estaba entre ambos, con las manos sobre el brazo de su hermano. A su lado Don Wei, que recién había aparecido en la escena, tomaba a su hija de la chaqueta.
Mirando hacia atrás, ninguno de los dos contendientes pudo recordar en qué momento se habían acercado así, ni cuándo habían adoptado una postura que daba a entender que estaban a punto de atacarse uno al otro. La primera en apartarse fue la humana, claramente molesta. Aikka permaneció en su lugar en un silencio rígido, forzoso. Tras unos segundos de meditar se giró brevemente hacia su hermana, que lo soltó de inmediato, y le murmuró algo al oído. Acto seguido hizo una inclinación rápida con la cabeza hacia Don Wei, una deliberadamente lenta hacia Eva, y salió por la puerta.
Kahli esperó hasta que sus pasos dejaron de oírse para romper el silencio.
-Mi hermano insiste en que discutamos los términos cuando lo consideremos prudente- tal declaración calmó un poco a la pelirroja –Lo lamento mucho, Lady Eva. Hablaré con él esta noche. Claramente yo tendría que haber actuado de otra forma. Cuando usted llegó, ya había enviado un segundo mensajero para que le informara del cambio de planes de hoy-
-No te disculpes, yo tuve la culpa- admitió la chica, zafándose del agarre de su padre –Si te parece bien ¿podríamos empezar las negociaciones ahora? Estoy preparada-
-Alteza-
La voz de Don Wei tenía un tono muy específico, uno que sólo su hija conocía bien. Era la misma inflexión de voz que usaba cuando Eva (o bueno, en realidad lo había usado bastante con Molly) estaba en grandes, muy grandes problemas.
-Permítame unos minutos con mi hija. Por favor- Eva no se atrevió a voltear, porque se imaginaba lo que se le venía encima. Miró hacia Kahli con ojos suplicantes, pero ambas sabían que no podía hacer mucho.
-¿Tomará mucho tiempo, embajador Wei? No quisiera retrasar más las negociaciones pendientes para hoy- la princesa intentó auxiliarla de todos modos.
-Sólo serán unos minutos, se lo aseguro. Debo conversar algo urgente con ella-
-… Muy bien. Volveré en 5 minutos por ella-
Lo máximo que pudo hacer por ella fue acortar su tiempo de reprimendas todo lo posible. Al final, no tuvo más remedio que abandonar a la humana a su suerte, saliendo del salón con lentitud. La puerta se cerró, haciendo un eco muy largo.
-Papá, déjame exp…-
-¿Qué crees que estabas haciendo?- comenzó a vociferar el hombre, colocándose justo al frente de su hija -¿Tienes alguna idea de las consecuencias que nos puede traer tu…?-
-¡Escúchame! ¿Sabes siquiera lo que me dijo Aikka?-
-No lo sé, pero lo que sí sé- siguió- Es que no puedes venir aquí a insultar a la persona con la que estoy tratando de llegar a un acuerdo, y que coincidentemente será el próximo rey. ¡La alianza podría ser un fracaso!-
-¡Me vale un comino la alianza! No voy a dejar que nadie…-
-No te estoy pidiendo que dejes que nadie te insulte-
-¡Y no puede decir lo que le plazca, ni porque sea el siguiente avatar! ¿Qué le pasa…? ¿Cómo dices?-
Dando un paso hacia atrás, Don Wei se pasó una mano por la cara, amasándose luego los cabellos bañados de canas. Era la misma postura que adoptaba en Oban cuando estaba extremadamente frustrado, sin embargo carecía del mismo efecto. Era menos firme, como si no buscara un argumento que lanzarle sino calmarse él mismo. Atónita y viendo que su padre no parecía querer pelear, Eva se dignó a cerrar la boca un momento.
-Algo escuché sobre su pelea. Y no creas que dejaré que olvide el asunto tan fácilmente- habló de nuevo, con la voz menos forzada –Pero hay maneras de lidiar con eso, y gritarle no es una. Eres inteligente, Eva, piensa un segundo. ¿Sabes todo lo que está en juego con esta alianza? No sólo nosotros, ya te lo expliqué durante el viaje hacia acá-
-Sí, me lo dijiste- concedió la joven porque su padre, de todas las personas, la había halagado y por una vez no estaba ignorando lo que ella decía.
Reflexionó un minuto, recordando todo lo que había aprendido de camino a Nourasia; en una apresuradísima instrucción de emergencia. Había quedado exhausta poco antes de arribar al planeta porque había tenido que estudiar todas las condiciones que pretendía pedir la Coalición de la Tierra para acceder a la alianza interplanetaria. Esto incluía los puntos en los que podía o no ser flexible, el por qué de tales peticiones, qué tan esencial era cada una para los fines de la alianza, y qué hacer si de plano se le negaba algo. También se había visto en la necesidad de memorizar 2 guías enteras sobre cómo comportarse en reuniones oficiales, que especificaban, entre muchísimas otras cosas: la manera de presionar en algún punto, cómo solicitar una reconsideración, cómo intervenir y cuándo era apropiado cerrar una discusión.
Su educación había sido tan abreviada y brusca que no había tenido tiempo de estudiar casi nada sobre la cultura nourasiana.
Eva soltó un suspiro de derrota. Comprendió enseguida que su arranque de ira hacia Aikka, por muy merecido que él se lo tuviera, podía costarle muy caro. Todos los proyectos que había estudiado, todo lo que el gobierno de su planeta esperaba obtener, todos los beneficios que eso pudiera traer, se podían perder por esa pelea.
Además, tanto Don Wei como ella estaban en gran desventaja al encontrarse en un planeta extraño, algo que el manager había explicado a su hija. Si Aikka, el rey, la reina o Kahli así lo quisieran, podrían enviarlos de vuelta a la Tierra sin mediación de palabra, o (si fuesen menos nobles) causarles algún daño.
-¿Lo entiendes?-
-Sí- respondió ella, de mala gana –Pero se lo merecía-
-No lo dudo. Tienes suficiente cabeza como para no ensañarte con alguien si no te ha provocado-
A la chica apenas le dio tiempo de dirigir la mirada al suelo, avergonzada, cuando la princesa Kahli tocó a la puerta para recoger a la embajadora. Con un corto agradecimiento, Don Wei salió de la habitación, dejando atrás a su anonadada hija.
Caminando hacia una de las salas de reuniones junto a Kahli, Eva se preguntó cuándo fue que el severo Don Wei de Alwas y Oban se había transformado en ese tipo comprensivo, directo, amable que ahora era su padre, tan parecido al que recordaba de sus 5 años.
¡Y eso es todo por ahora! A los lectores de mis otras historias, les aseguro que ya estoy trabajando en nuevas publicaciones para todas. Sí, TODAS.
Ojalá hayan disfrutado de este capítulo, si pudiesen dejar un review me harían muy muy muy feliz.
