Capítulo 3:

Una donut gigante me persigue.

Desclaimer: Si yo fuera el creador de PJ, os aseguro que Rick no tendría algunas cuantas amenazas en su buzon de entrada :D


Después de que recuperara el equilibrio Dani nos invitó al parque. Los oficiales de policía llegaron rápidamente al local y le pidieron a todos los empleados que testificaran. Dani se quitó el uniforme y nos sacó por la puerta trasera.

Era un bonito día para ir al Central Park. Después de que la niebla fallara Annabeth tuvo la idea de que era mejor estar en una zona donde hubiera menos gente. Por lo que llegamos hasta una piedra en una zona muy alejada, donde podríamos hablar tranquilos. Dani había traído tres cafés y dos órdenes de sándwiches, que había metido en su mochila antes de salir.

—No es la orden que pidieron, pero es algo —tomó asiento y le dio un sorbo al café—. ¿Me dirán que ocurrió o actuaremos como si nada fuera pasado?

Annabeth y yo nos miramos. Sabíamos que no se debe involucrar a los mortales en cuestiones griegas, pero Dani se arriesgó a salvarnos, por lo cual se lo debíamos.

Annabeth le explicó lo básico, como la niebla, los dioses Olímpicos, y los monstruos. Le explicamos la Titanomaquia que había ocurrido agosto. Él escuchó paciente todo lo que le dijimos, sin demostrar sorpresa alguna.

—Así que eso fue lo que ocurrió en agosto —murmuró Dani, tomó otro trago de café y miró las copas de los arboles—. Y ahora, ¿Qué hacemos?

—No podemos hacer nada. Está es la rutina de un semidiós: ser atacado por criaturas en cualquier momento. Percy es hijo de uno de los tres grandes, por eso atrae más la atención.

—Es como llevar un mal perfumen.

Dani se río, parecía algo preocupado y receloso de su alrededor.

—Creo que lo mejor es que vaya a mi casa por hoy. Hoy habrá una feria de chocolate, si me apresuro puedo ir —se levantó y guardó el vaso vacío en su mochila, por un segundo pensé ver un hueso ahí adentro. Annabeth le entregó su número de teléfono y el de mi casa.

—Por si algo llega a ocurrir.

Annabeth y yo nos quedamos en aquel lugar durante un rato, conversando acerca de todo lo que ocurrió esos días.

—Mantén un ojo encima de él.

Me parecía extraño, de hecho ella lo notó— ¿Piensas que Dani está tramando algo?

Se encogió de hombro y suspiró —No lo sé, es una corazonada… —intentó de completar la oración. Sacudió la cabeza como intentando disipar la idea que tenía—. Es solo que no parece un mortal común y corriente.

Algo que era cierto, la niebla no parecía afectar a Dani, y ese pequeño detalle nos salvó la vida. Aun así no podía dejar de sospechar, lo que Annabeth quiso decir y el bucle que había ocurrido, estaban relacionados.

Acompañe a Annabeth lo más lejos que pude. Me despedí de ella con un beso y me fui camino a casa.

Cuando llegué a casa, el sol ya comenzaba a ocultarse. Una de las cosas que más me gustaba de vivir ahí eran los escenarios detrás de ese mundo de ladrillos. Mi mamá había regresado ya del trabajo y estaba junto a Paul viendo la televisión.

—Ya llegue —le notifiqué a mis padres. Me hicieron las preguntas rutinarias, como '¿Qué tal te fue?' '¿Cómo estuvo el día?'. Luego me dirigí a mi recamara. Me acosté en la cama, mirando el techo por un rato.

—Percy —llamaron desde mi ventana. Afuera, en la escalera para incendios, estaba Nico di Angelo. Abrí la ventana y le dejé entrar a mi habitación.

— ¿Hasta cuándo aparecerás de esta manera? —bromeé—. Hay una puerta principal.

Estaba como la última vez que lo vi, solo que se notaba que estaba aún creciendo. Vestía sus comunes ropas oscuras y su cabello negro desgreñado. Dio un sombría risa y olfateó el lugar, como reconociendo un aroma.

—No creo que… —susurró para sí mismo. Sujetó su espada de hierro estigio y la levantó en el aire. Di un traspié, nunca pensé que me atacarían en mi propia recamara, pero Nico no había alzado su arma contra mí. Susurro un antiguo conjuro griego y sentí como una esencia se desprendía de mí.

Aparecieron unas nubes moradas y la espada las absorbió como si fuera una aspiradora. Nico frunció el ceño, mirando inquisitivamente a su espada. Yo en cambio sentía como si me fuera quitado un peso de encima, y por suerte, eso no era mi alma.

— ¿Has luchado recientemente con algún monstruo? —asentí mientras me levantaba del suelo. Le conté lo que había ocurrido en el café Starbucks, y como nos habían salvado. Parecía preocupado por la historia que le estaba contando—. Percy, los monstruos, defíneme los monstruos —me indicó.

—Bien, parecían una extraña combinación de fantasmas poseyendo a un árbol.

Palideció al escuchar eso, su mano tembló encima de su anillo. Ya podía prevenir un informe sobre la situación en el inframundo. Nico abrió la boca para hablar, pero mi mamá entró en la habitación. Se veía preocupada, tanto que no se dio cuenta de que Nico estaba ahí.

—Percy, Dani acaba de llamar por ti. Preguntó por si podías hablar en ese momento —dijo mi mamá—, entonces se cayó la llamada. Luego volvió a llamar, dijo que era una emergencia, que le envió un mensaje a Annabeth, y que no sabría cuánto más podría escapar. Se le escuchaba asustado.

Miré a Nico. Esa conversación podría esperar para luego.

— ¿Te dijo dónde estaba?

—Eh, no exactamente. Balbuceó unas calles de la ciudad, pero nada concreto —cogió un pedazo de papel de mi mesa de noche y garabateó unas cuantas líneas—. Aquí están. Percy, por favor, ayúdalo y no te lastimes.

Salimos corriendo del apartamento. Nico me dijo que, como había llegado en un viaje por las sombras, no podría utilizarlo durante un rato. Aun así no sabíamos en qué lugar exactamente estaba Dani, o que era lo que lo estaba persiguiendo. Eran cinco opciones distintas en la gran ciudad de Nueva York.

Fuimos empujándonos entre la gente, mientras que evitábamos perder tiempo. Un atasco de tráfico era común, pero uno de peatones era peor e inusual. Llegué a escuchar que el subterráneo estaba cerrado.

—Como escuchaste —le dijo un hombre de traje a una mujer con tacones y vestido elegante—, una serpiente gigantesca apareció allí abajo, y ahora no podemos si quiera caminar por las calles.

Parecían un par de celebridades, pero nunca fue lo mío impresionarme por estrellas de cine. Nico me dio un codazo y señaló a una lejana calle.

Los conductores se quejaban y maldecían mientras un joven iba saltando encima de los autos lo más rápido que podía. Parecía uno de esos traceurs, pero se notaba de lejos que no tenía ni la práctica, ni la misma experiencia. Todo lo hacía por supervivencia, ya que detrás de él iba lo que podría pasar por el monociclo más grande del mundo.

—Es obvio que es Dani. Vamos.

Conocía muy bien a Dani, aunque no tuviéramos mucho tiempo de amigos. El deporte no era lo suyo: siempre era elegido de último en los juegos; pero al menos era inteligente para compensarlo. Por lo que verlo saltando de un lado al otro como un mono era algo extraño, aunque sabía que si él corría seria hombre muerto.

Estábamos a una manzana de distancia cuando tuve que taclear a Nico. Un látigo silbante cruzó cerca de nosotros. Un monstruo planta había atacado cuando nos acercamos a unos árboles. Técnicamente creció de la nada, ya que solo lo vi cuando atacó.

Nico se encargó personalmente de él. Dio un tajó y el monstruo desapareció en un montículo de aserrín.

— ¿Dónde estarán ahora? —preguntó Nico, entonces se giró. Parecía tener una idea—. Me dijiste que él estuvo cerca de los monstruos, ¿Cierto?

—De hecho, el los elimino, pero sí.

Entonces Nico sonrió. Toqueteó su anillo, luego levantó su espada y está apunto a una dirección.

—Sígueme.

Cruzamos media ciudad. ¿Quién diría que un monstruo puede perseguir a un mortal todo ese trayecto? Finalmente giramos en una calle y nos encontramos con un gran y gigantesco centro comercial.

Una cosa acerca de los centros comerciales. Nunca sabes que pueda haber en uno cuando estas en Nueva York. Comúnmente cambian de decoración u organizan eventos en los cuales se busca llamar la atención de los clientes. Y por ser una ciudad internacionalmente famosa, sueles ver a personas de todo el mundo en esos edificios.

Pero en cambio este estaba totalmente vacío. Todas las tiendas se mantenían abiertas, pero toda la gente y los empleados no estaban. El cuerpo de seguridad estaba afuera del edificio evitando que todo el mundo entrara, por lo que Nico tuvo que montar una distracción mientras me escabullía. Luego entró detrás de mí.

Lo primero que pude oler cuando entré fue el aroma a chocolate. Ese era el evento del momento, una exposición de chocolates en los almacenes del lugar. Se las habían arreglado para hacer que la fuente del lugar fuera de chocolate, lo que significaba litros y litros de ese fantástico líquido chocolate. Esa era la feria de chocolate de las que nos habló Dani.

—Percy, vuelve a la vida —habló Nico tomando su espada— Dani esta allá.

Y salió en una carrera detrás del rastro que dejaba Dani. Por lo que me dijo Nico, sabía que Dani tenía una especie de aura con la cual lo podrían rastrear, ya que cuando nos salvó a Annabeth y a mí en la cafetería los espíritus de los monstruos se impregnaron en él.

Cuando encontramos a Dani estaba escondido detrás de una estatua de chocolate. Nos reconoció y se alivió de verme.

Pero no estaba solo. El monociclo que lo estuvo persiguiendo estaba ahí, pero ya no tenía la misma forma. Era una serpiente alargada con dos patas, y por muy raro que ya era, tenía también otra cabeza.

—Es una Anfisbena —me sobresalté al no ver de dónde vino la voz. Al segundo apareció Annabeth con su gorra de los Yankees de Nueva York.

—Annabeth, ¿Cómo llegaste aquí?

—Dani me dijo dónde iría. Parece que pudo entretener al monstruo.

— ¿Alguna plan?

Annabeth sonrió. Sus ojos tormentosos brillaron por un segundo— Soy hija de la diosa Atenea, claro que tengo un plan.

Todo comenzó en cuando Annabeth me dio la señal. Salté desde el segundo piso y caí encima de una de las cabezas del monstruo, de una intenté de decapitarla con Contracorriente, pero la otra se agitó con tanta fuerza que me lanzo dos pisos en el aire.

Mi caída fue amortiguada por la fuente de chocolate. Me tambaleé por unos segundos y evité las fauces de la Anfisbena. Varios guerreros no muertos estaban combatiendo a mi lado al monstruo de ocho metros de longitud. Con su corta espada Nico tendría que esperar el momento ideal para dar un ataque.

Esperé por una abertura, luego salí corriendo, trepé con rapidez en su escamosa piel y di un tajó cortándola a la mitad.

Ambas partes silbaron de dolor. Aun dividida a la mitad lanzó mordiscos a varios guerreros no muertos. Rodé en el suelo y di un tajo. Pero ambas partes se movieron rápidamente, esquivaron el golpe y desaparecieron por el edificio.

—Puede atacar en cualquier momento. No bajes la guardia, Nico —le advertí. El asintió y levantó su espada. Los guerreros no muertos se formaron a su alrededor.

Se escuchaba como se rompían cosas dentro de la tiendas. Una tienda de muebles de hogar tenía toda su mercancía en el exterior, desparramada por los suelos. El suelo tenía una zona cubierta por chispas de colores, gominolas y chocolatinas provenientes de una tienda de golosinas.

Entonces la Anfisbena saltó desde el tercer piso. Nico y su patrulla tuvieron que alejarse.

Estaba como nueva. Ya no era una serpiente seccionada en dos. Levantó la cabeza y arroyó a la mayoría de los guerreros no muertos de Nico. El segundo ataque era para mí. La Anfisbena lució sus grandes colmillos y me apuntó con ellos.

No se me ocurrió otra cosa que dar un tajo. El monstruo lo evadió con rapidez y me lanzó a un sofá. Me incorporé, esquivé un mordisco y por poco no el segundo. Vi en el suelo una silla.

La Anfisbena se retorció cuando no pudo tragarme. Su boca estaba bloqueada por una silla, y era mejor esta que yo.

—Percy, hay que decapitarle las dos cabezas al mismo momento —gritó Annabeth desde lo lejos. Se dirigía a donde la batalla se estaba librando, con su cuchillo en mano—. Dani tuvo que haber salido ya.

La Anfisbena pareció reconocer el nombre, ya que se cabreó, destruyó la silla con los músculos de sus fauces y se dirigió a donde Annabeth. Ella levantó su daga y esperó que se acercara el monstruo.

Nico empaló el suelo con su espada, haciendo que una gran grieta se formara. Las piernas de la serpiente se tropezaron, perdiendo el equilibrio y quedó en la fuente de chocolate de chocolate.

El monstruo se sacudió de rabia. Chorreaba chocolate de sus escamas. Se llevó una de sus bocas al cuello de la otra y formo un circulo; su forma de monociclo.

Pero cambio de objetivo, ya que decidió atacarme a mí. Rodó por el suelo a una gran velocidad, yo solo pude huir tal cual como a Dani le había tocado.

Intenté de perderla subiendo a los pisos superiores, pero la anfisbena era indetenible. Miré por encima de mi hombro y noté como el monstruo parecía una enorme donut cubierta de todo tipo de golosinas que estaban en el suelo. Solo lamentaba de que no estuviera un ciclope hambriento por ahí.

Pero sin darme cuenta me acorraló. Estaba en una zona rodeada por tiendas, había una ferretería, una tienda de caza, tiendas de ropa, una perfumería y varias otras. La Anfisbena volvió a su forma de dos cabezas.

—Perfecto —gruñí. Ahora obtendría el doble de atención.


Tercer capitulo :D Espero que os haya gustado este. A los que me dejáis reviews, os lo agradezco mucho.

La historia creo que avanza bien, pero vosotros decidís :D Hasta la otra semana.

traceurs: quienes pratican parkour.