SEGUNDA ÉPOCA

"Si ver a la pistolera y al negociante casados había causado sorpresa a toda Roanapur, una mayor provocó verlos convertidos en una familia establecida con todas las de la ley, con auto familiar estacionado a las afueras de una casa no menos familiar, en las colinas que rodeaban la ciudad, allí donde los grandes jefes llevaban una vida de ensueño muy distinta del caos criminal que aún domina la ciudad portuaria en sí. No faltaron voces que, nunca enfrente de ellos, manifestaron su incredulidad ante el intento de criar a la pequeña Kimi en un sitio como ese. Por desgracia, mucho más temprano que tarde tuvieron que darles la razón…"


V.- CAVILACIONES

Treinta dias exactos que la mole insoslayable del edificio en cuyo acceso destacaba la brillante chapa dorada, que delataba en forma por demás cínica la existencia de la Bougainville Trading Company Ltd, permanecía en espeso y persistente silencio. La cruda realidad, sin embargo, daba cuenta que cualquiera con más de dos dedos de frente en Roanapur la identificaba sin vacilar como el sanctasanctórum máximo del Hotel Moscú, Y no era que aquella organización y su casa matriz permanecieran así por causa de alguna consigna militarizada estrictamente obedecida por sus habitantes y funcionarios de todo rango y calaña; más bien era el reflejo simétrico del estado mental de la mujer sin igual que definía allí dentro y mucho más allá de sus paredes todos los destinos, la vida, y por qué no decirlo, también la muerte.

Sofiya Pavlovena, cuyo nombre no se pronunciaba sino en corrillos silenciosos a lo largo y ancho de la ciudad y el puerto en sí, puesto que sabían que a ella le gustaba, y solo permitía que la nombrasen por un solo apelativo: Balalaika, no se apuraba ni tampoco presionaba a sus hombres, dejando en hombros de su fiel Sargento mayor Boris el manejo doméstico de toda la operación mientras le daba espacio a su mente para recorrer una y otra vez el fatídico camino recorrido hasta la desgraciada operación en Filipinas. Aquel arriesgado gambito con tan nulos resultados impactaba en forma por demás negativa la seguridad en sus capacidades y desempeño. No había obtenido sino el humo del último habano consumiéndose hasta desaparecer en el caldeado y húmedo aire de Manila, mientras el vuelo nocturno a Tailandia hacía la postrera llamada a sus pasajeros. "Maldita sea… Everaldo Pactao nunca fue el hombre indicado para esta operación. Claro que como estaban las cosas, no existía otro camino más que reclutar al maldito simio para hacer el trabajo… No tenías escapatoria ni otra posibilidad salvo fiarse de él y cruzar los malditos dedos para que todo resultara, Sofiya…" Envuelta en una finísima bata de seda de neutro color blanco, con el habano hecho brasa pareja y brillante en su punta, Se paseaba como un capitán experto en la penumbra de su lujoso despacho, sin equivocarse, esquivando con perfección todo el mobiliario que lo componía. Unos pasos más allá, un discreto y apenas entreabierto panel en la madera y el muro delataba la entrada a su dormitorio, donde podía verse apenas el efecto que aquellos treinta días en perpetua cavilación habían hecho en el orden y pulcritud militar que desde hace mucho tiempo formaban parte integral de su existencia.

"Estuvimos tan cerca… Por el gran carajo, era un plan que si bien fue hecho con prisas, no presentaba fallo alguno… Y todo porque nunca pensé en que el maldito amarillo de Chang iba a involucrarse tan hasta el fondo…" Habiendo sido una concesión del anterior ocupante del despacho, y que de labios para afuera mayormente no le importaba, su vista y su paseo lento y concentrado cayeron sobre el espejo de artístico y barroco marco que decoraba casi con temor una de las esquinas de su amplio espacio. Todos sus subalternos más cercanos, que estuvieron con ella desde su fulgurante paso por el Ejército Rojo sabían que ella los odiaba "Se bien que esto daña, pero no puedo evitarlo… De haber salido bien, por el simple y llano encadenamiento de los sucesos, todavía estaría en Moscú, celebrando el éxito…" En Roanapur nadie sabía bien que había pasado con aquella mujer formidable, pero los viejos delincuentes de cuello y corbata que conocían la segunda naturaleza de los negocios que se llevaban a cabo en aquel puerto, tenían al menos en mente que algún negocio no había salido todo lo bien que cabía esperar. La consecuencia lógica de todo eso es que el silencio les indicaba cautela y reflexión: Cerrar la boca a todo evento, y de paso proteger lo mejor posible sus flancos ante cualquier reacción desagradable que aquella mujer increíblemente peligrosa pudiese tener en respuesta a su aparente traspié. "…Y celebrando y avanzando posiciones para mí y mi gente con el mismísimo Fiodor Klimovich Slevenin… El mismo General Slevenin que nos hizo saltar en plena noche casi sin habernos terminado de asegurar las Kalashnikov a la pierna en las afueras de Kabul…" Todavía de frente al espejo, su mano izquierda fue despaciosamente hacia su rubio cabello. Con lentitud escalofriante sus dedos recorrieron las casi imperceptibles marcas de las cicatrices bajo sus ahora mal ordenadas crenchas "Sin embargo, el comprendió más temprano que tarde que todo se estaba yendo al carajo, y se abrió a tiempo para evitar la catástrofe final…" los dedos continuaron su recorrido alrededor de los parpados, mejilla y pómulo del mismo lado, allí donde las cicatrices eran sobradamente visibles… "En ese tiempo militar, las decisiones eran militares, y se requería la mejor gente en el menor tiempo posible. Que mis sueños se hubieran quebrado en ese proceso era la menor de mis preocupaciones…" girando con el desprecio impreso en el rostro, Balalaika giró sobre sus talones, bajando levemente el mentón, para proseguir su paseo "Tanto mi padre como mi tío siempre me mantuvieron alejada de la milicia, y ahora no hago sino darles la razón. Pero era imposible escaparse de la historia familiar. Tirar al blanco y usar las armas eran casi como respirar entre los míos. Crecí soñando con representar a mi país como tiradora en unos Juegos Olímpicos, y ni siquiera la tragedia recurrente de mi familia me lo impidió. Ya me estaba probando la tenida para el desfile inaugural, puesto que había clasificado por derecho propio para representar al país en la competición de Tiro Varmint, y la federación ya había mandado la orden perentoria a la CZ de Checoslovaquia para que fabricaran un F-Class digno de mí. Incluso alcancé a tirar y a hacer unos cuantos ajustes al modelo de preproducción en el último viaje que logré hacer a Brno antes de los juegos. Luego vino la movilización y todo cambió. El brillante uniforme de desfile se convirtió en una tenida de camuflaje, y mi confiable F-Class en un pesado y potente Dragunov… Y los gritos del público en las gradas del Estadio Olímpico de Moscú, en los gritos de mis compañeros soldados y camaradas, en medio del fuego, la sangre, la arena y las balas que no sobraban en aquel Afganistán al principio de la invasión…" Una ráfaga de dolor cruzó por su rostro, y la única salida posible para purgar aquello la encontró en el mullido refugio de su sillón ejecutivo. Sentándose lo más cómodamente que pudo en aquella oscuridad que dominaba su oficina, los recuerdos volvieron con fuerza creciente y devastadora "…Perdí tanta gente en aquel tiempo loco en que no podías detenerte a pensar más que en la siguiente operación, en el preciso momento en que comprendimos que la marcha triunfal había terminado, y que dominar un país como ese no era coser y cantar… Golpeábamos duro y directo de frente, y nos daban por los flancos, y hasta la retaguardia, con la misma crueldad y falta de piedad que teníamos que usar con ellos… Éramos cada vez menos, y menos humanos nos estábamos volviendo en el proceso, como un zorro enloquecido intentando acabar con un hurón en el fondo de una madriguera…" Le dio una calada fuerte y pareja al cigarro, y la luz de su brasa ardiente le iluminó el rostro, mostrando a las claras el gesto de pesadumbre que tal pensamiento había logrado desenterrar del soterrado recinto de sus recuerdos.

"Ya estábamos allí, seguíamos ordenes, y por esas mismas ordenes, seguiríamos allí hasta que nos enviaran a otro sitio… La orden nunca llegó, y de pronto la Santa Madre Rusia comenzó a importar un carajo; Seguir vivos era la consigna, que muchos respetaron hasta la muerte…" Balalaika cerro los ojos entre volutas de humo de su cigarro, mas no era este el causante de aquel repentino gesto "Cosas como esa van dando como martillazos en el corazón de cualquier ser humano que se considere como tal, hasta que se vuelve tan duro que el peor de los crímenes y el peor de los pecados se convierten nada más y nada menos que en un camino para conseguir un fin. Si te aferras a la vida, matar a quien sea y cuando sea para mantenerte la vía despejada y que el muerto no seas tú no tiene igual en importancia. En cualquier situación de combate la mira del Dragunov pensaba aún menos que yo; un blanco era un blanco, quienquiera que fuese, y si no lo quitabas de en medio ellos te quitarían a ti en cuanto tuvieran la oportunidad…" Los ojos de la mujer se cerraron con mayor fuerza, y su cabeza descendió casi hasta su pecho " Los Muyahidín se valían de todos los medios y todas las personas posibles… Mujeres y niños cayeron por mi mano, y pronto me di cuenta que aturdida por la fiebre de la guerra y el deseo de vivir, jalaba del gatillo sin pensar ni meditar en los alcances de mi proceder. Fue entonces que descubrí que me estaba deteniendo a pensar… Y ese fue el germen del fin de mi carrera militar…"

Balalaika abrió los ojos de golpe "Y tuvo que ser justo entonces que nos dieron esas órdenes equivocadas… por hacer la mierda que hice el mando superior hizo una escandalera solo comparable al ruido que hizo la Pravda el día que mi padre cayó en desgracia… Iba de camino a Kabul para tomar el vuelo a Moscú rumbo a mi Juicio Militar cuando los malditos muyahidines atacaron de improviso y el convoy se volvió una mierda de muertos, heridos, sangre y fierros retorcidos… Cuando las cosas se pusieron feas, los centinelas me quitaron las esposas, me entregaron un kalashnikov que funcionaba como la mierda, cuatro cargadores, y me dijeron que peleara por mi vida. Yo no vi más camino que pedir apoyo aéreo, y hacerlo caer directo sobre nosotros para quitarnos de encima a los putos camelleros… Nunca supuse que el piloto del Hind tuviera el ojo tan vivo para golpearnos… Aquellas capsulas no eran simples bombas tontas, o por último simple napalm… Al desgraciado lo habían cargado con Termobáricas, y cuando se desató el infierno con el fuego consumiéndolo todo, incluso el oxígeno a mi alrededor, todo se me volvió oscuridad…" Balalaika se echó hacia atrás en la mullida butaca, como si el simple gesto la ayudara a desenterrar aquel recuerdo traumático que sabía la había marcado de por vida. "Volví de aquel horno infernal todavía ardiendo en mis ojos como si hubiera estado muerta en un túnel oscuro, despertada por unos alaridos que casi me volvieron loca y que ya no tenían nada de humanos. Quién sabe cuánto tiempo había pasado, pero el caso es que había llegado a la Unidad de Quemados del Hospital Central Militar Vyshnevski en Moscú. Lo único a qué aferrarme en ese minuto atroz era que los gritos no provenían de mí, ya que luego de ver bajo las sabanas mi cuerpo hecho una masa hinchada en carne viva, apenas sostenido por un bastidor para quemados, y tan drogada para soportar lo insoportable del dolor que era todo mi mundo, que por eso, ante el asombro de los médicos, me eché a reír como una histérica…" Una nueva calada al cigarro volvió a iluminar su rostro, y algo sospechosamente parecido a una lágrima corrió por su mejilla izquierda brillando bajo la tenue luz, antes que con gesto brusco la apartara con su mano "Motivos había de sobra para hacerlo: Resulté ser la única sobreviviente de aquella carnicería, y ya mucho más tarde tuve los testimonios de mis camaradas que salieron al rescate sin esperar órdenes. Yo tenía eso tan borrado de mi mente que apenas pude creer lo que me contaron. Se toparon con el convoy quemado y retorcido en pleno desierto, rodeado de mis carceleros y escoltas y de los muyahidines, todos hechos pelotas de carne y hueso carbonizado. Como yo sencillamente corrí para apartarme de aquel infierno, me encontraron casi a cincuenta metros del sitio de las explosiones. Tenía dos balazos en el cuerpo producto de los camelleros que habían intentado cazarme, y por la distancia, el fuego me alcanzó solo parcialmente. Muy pocas partes de el habían recibido quemaduras de tercer grado, y el resto estaba razonablemente sano, con muchas y extensas quemaduras de primer y segundo grado, tanto, que hasta logré conservar la mayor parte del cabello. El Paramédico del batallón se había lanzado a curarme como un endemoniado, y me contaron que yo apenas y me dejé vendar el rostro del lado derecho, que tenía muy lastimado. Solté el fusil todavía caliente, y caminando me subí sin ayuda alguna al helicóptero de rescate que habían mandado para evacuarme. Solo una vez que estuve sentada y muy seria en el interior, el shock hizo efecto y me desplomé como una muralla mal hecha. Pasé casi ocho meses en esa cámara de horrores del hospital, rehabilitándome y recibiendo un injerto tras otro para proteger mis heridas más profundas, y pese a la pericia de los matasanos, no lograron devolver la normalidad a las cicatrices que voy a cargar por el resto de la puta vida. Ya conocía demasiado bien el Statu Quo del Ejercito para saber que en cuanto pudiera hablar de corrido y caminar sin caerme, me llevarían derechito y sin piedad a una corte militar. Fue otra vez Slevenin, en uno de sus últimos actos en el mando, que le rogó y hasta puteó a su sabor al Estado Mayor del Ejército para que me dejaran en paz. Consideró, lo mismo que aquellos viejos carcamales, que todo lo que había pasado ya había sido castigo suficiente. Así fue que salí sin un rasguño pese a mi supuesto crimen, apenas viva, porque el descargo deshonorable y la mancha en la hoja de servicios sabía me iban a perseguir toda la vida…" Con evidente desprecio por las normas de seguridad básicas, Balalaika se asomó a la noche descorriendo las gruesas cortinas que decoraban el ventanal de su despacho. Aquello no era propiamente una concesión algo barroca para su refinado gusto sino más bien un simple efecto físico que resguardaba el secretismo de sus operaciones. Cualquiera con un apenas mínimo entrenamiento en seguridad, sabía que los cortinajes gruesos y pesados como los de terciopelo evitan que se difunda la vibración de la voz sobre los objetos, por lo que no es posible captar por medios electrónicos pasivos cualquier conversación desde el exterior "Es divertido, pero quién diría que iba a encontrar el éxito, la tranquilidad económica y las comodidades que tengo en un agujero como este, a medio mundo de Moscú, comparado con el agujero apestoso, infestado de cucarachas y sin calefacción que pude conseguir allá por los miserables y racionados copecs que tenía en el bolsillo. El colmo de todo vino del destartalado televisor que había en el cuarto. Por puro gusto de torturarme vi la competencia olímpica de tiro… Fue peor, porque las tipas que subieron al podio yo misma las había vencido en más de una oportunidad en las pocas competencias europeas a las que me dejaron ir*…" Balalaika tomó aire profundamente, sin despegar la mirada de las multitudinarias luces del puerto "Ya nada podía ser peor, pensé en ese momento; sin empleo, sin un cobre, viviendo de la rabia y la tristeza por un sueño quebrado por cumplir con mi deber…Hasta que vino la afrenta final. Cuando todos los viejos compañeros de batallón, que compartieron mi destino por la desfachatez de aquellas ordenes, se les impidió como a mí asistir al funeral de un soldado sin igual como Sascha Kalinin, que encima murió durante una transferencia de unidad, en una emboscada de los camelleros, idéntica a la que casi me mata. Desde una distancia insultante y casi tratados como ladrones nos pudimos despedir entre el tronar lejano de los honores militares que yo sabía merecían todos los que me acompañaban en ese momento. Esa fue la gota que cambió todo en mí, esa fue la gota que rebalsó el vaso…"

Ooo

Llevaba ya algo más de una hora tumbada en el desordenado lecho, como desde hacía treinta días, sin más ánimo que el justo y suficiente como para mantenerse en movimiento. Un nuevo habano decoraba sus labios, ocupados nada más que en mantener viva la brasa al tope del cigarro, porque su mente no estaba ocupada en absolutamente nada más… Hasta que los recuerdos volvieron con fuerza, como intentando mostrarle el camino nuevamente…

"Ya no podía más conmigo misma, y a la salida del cementerio, alejada de todo y de todos, hasta pensé en buscar algún puente sobre el Moskva y tirarme de el para acabar con todo de una vez… Solo que Afganistán me había enseñado a amar la vida como solo una guerra puede hacerlo con un ser humano, y pegarme un tiro o saltar de un puente seguía siendo una salida en extremo cobarde para mí. No contaba entonces con aquella extraña llamada telefónica que cambió mi destino y mi vida…

-¿Qué mundo te corre, Balalaika?

-¿General Slevenin?

-Me parece que ambos ya estamos fuera del servicio, Balalaika… ¿No era así que te bautizaron tus camaradas paracaidistas, Capitán Pavlovena? Sonando dulce como una canción de amor…

-…O capaz de cortar tus dedos si tocabas las cuerdas sin cuidado… ¿A que debo el honor de la llamada, Camarada Slevenin?

-¿Qué te parecería ejercitar esos músculos de soldado e iniciar una guerra, Balalaika?

Estuve a punto de caer de la silla de sorpresa… Y de las carcajadas que la insólita propuesta me causaron. "…La organización carece de buenas conexiones en el sudeste asiático, y el nivel de los negocios que pueden generarse ahí no es despreciable para nosotros…"

-¿Y cómo encajo yo ahí, Camarada Slevenin?

-Nada que no puedas o sepas manejar, Balalaika. Nuestros socios comerciales de la Tríada nos han dejado la puerta abierta para instalarnos en un puertucho de Tailandia que está al completo bajo su cuidado… Hasta la Bofia trabaja para ellos en ese agujero. Nos han dicho que si tenemos un grupo valiente y capaz de hacerse el espacio para defender el negocio, ellos mirarán para el lado y nos dejaran trabajar. Funcionan bajo una especie de tregua pactada entre todas las organizaciones que ya están sacando su tajada del Triángulo Dorado y otros negocios, como las putas tailandesas, que tienen buen precio de mercado…

"Ni más ni menos… Slevenin y sus huevos de acero para hacer propuestas, dar ordenes y negociar con una Makarov apoyada en tu cabeza, entraban de nuevo en mi vida. Nunca había pensado en dedicarme al delito para encarrilar mi aporreada existencia, pero ahora era distinto. Iba a ganar dinero, iba a tener la posibilidad de cuidar de mis hombres nuevamente, ellos iban a tener la oportunidad de una vida mejor, y lo que menos importaba era que iba a hacerlo en nombre de la Capa Roja*…"

-Ire, Camarada Slevenin, pero tengo mis reglas…

-Me muero de ganas por saber cuáles son…

-No estoy bromeando, Camarada Slevenin. Primero, necesito que ubique por mí al Sargento Mayor Boris Radchenko. El quedó en Afganistán cuando yo salí de allí.

-Imaginé que preguntarías por él, Balalaika. Está hace dos días en el Hospital militar central. Sobrevivió por los pelos a una emboscada de los camelleros, y dentro de una semana más estará en condiciones de salir…

-Perfecto. Yo me haré cargo de que quede trotando como un percherón… La segunda, es que no moveré mis huesos de aquí sin los miembros de mi batallón que cayeron en desgracia conmigo…

-Dijiste que ibas con ellos hasta el final arriba del Tupolev en las afueras de Kabul, y lo acepto…

-Y tercero… No aceptaré ni un solo puto gangster entre mis hombres…

-Epa, Balalaika. Hay cosas sobre las cuales no te toca decidir…

-Lo dije y lo mantengo, Camarada Slevenin. Lo aceptas, o me dejas en paz y te buscas a otro para que te haga el trabajo. Voy a hacerlo, que no te quepa duda, pero esto será trabajo de militares, hecho por militares y de forma militar. Estamos trabajando para y con la Capa Roja, pero nada más…

-¿Querrás decir, el "Hotel Moscú", Balalaika?

-¿Hotel Moscú?

-Así es como hemos bautizado una vieja bañera de concreto en las afueras del puerto. Era el Hotel de oficiales de las Fuerzas Armadas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial, y es tan grande, que nadie se ha atrevido a invertirle dinero para volverlo útil. Se lo hemos comprado a la Tríada, y será tu cuartel general en Tailandia…

"…Hotel Moscú… Comencé a paladear el nombre, y de inmediato me gustó. Tenía ingenio, fuerza y presencia, y era eso justamente lo que iba yo a hacer en Tailandia…"

-Tienes tres semanas y no más. Reúne a tu gente, y danos tu lista de materiales. el María Szaleska está siendo habilitado para ser tu base flotante, y saldrá en ese plazo de Vladivostok. Te llamará más tarde uno de mis hombres para darte los detalles. Bienvenida a bordo, Balalaika…

"Exactamente tres días después, tiempo en que casi me gasté la oreja colgada del teléfono en averiguaciones y contactos, en una arboleda fuera de la vista de los curiosos en el Parque Gorki, mis hombres y yo nos reencontramos, y tuvimos la confirmación que la camaradería de la sangre es más fuerte que cualquier organización o ejército del mundo. Boris, que todavía lucía casi en carne viva la cicatriz en el rostro que le recordaría por siempre Afganistán como a mí, los organizó como solo él era capaz… Así, los rechazados que Rusia despreció, partieron a jugarse la vida en un mundo nuevo como entonces era Roanapur…"

La noche transcurría sorprendentemente rápido, tanto, que Balalaika se sobresaltó un poco al ver la claridad del amanecer a través del tenue espacio entre las cortinas de su dormitorio "Cuando llegamos, el palurdo de Pactao se identificó solo como el objetivo a batir… Mis hombres y yo tardamos solo meses en desbaratar sus operaciones, arrinconarlo, y dejarlo en posición óptima para destruirlo sin apelación. Tuvo que ser la inoportuna intervención del desgraciado de Chang y su retórica conciliatoria pidiendo que lo dejara irse del puerto, la que me obligó a asignarle la siguiente prioridad… Yo sabía que si lo quitaba de en medio mi margen de maniobra podría llegar a ser tan grande que la ciudad y buena parte de Tailandia estarían bajo nuestro control. Eso implicaba una guerra a escala aún mayor… Slevenin, esperando que aprendiera de mis errores, cerró la boca y me dejó actuar. Solo cuando Dutch me sacó del agua con un balazo en el costado luego de la pelea con el chino cabrón, comprendí que algunas cosas en esta guerra sin uniformes pero si con muertos de ambos bandos, tienen su tiempo para madurar y ponerse en práctica…"

Balalaika se sentó de golpe en la cama. Algo por fin había encontrado el camino en su mente para iluminar el embrollo de ideas y recuerdos que la había mantenido silenciosa y acosada durante treinta días completos. Aplastando con fuerza excesiva el habano apagado en su mano contra el cenicero ya lleno sobre su mesa de noche, Sofiya dejó caer la bata por sus hombros, y soltando su cabello, caminó desnuda y sin recato alguno hacia el cercano cuarto de baño.

El agua cayó, tibia y misericordiosa sobre el cuerpo surcado de cicatrices de aquella mujer, que sin embargo no le quitaban ni sabor ni encanto a su potente belleza física "Es entonces el tiempo de ponerse en movimiento. Si funcionó con el palurdo de Pactao, entonces funcionará de nuevo en esta situación…" El vapor del agua caliente difundiéndose por el cuarto de baño encubrió sus pensamientos. Cuando el chorro de la ducha se cortó, el vapor acumulado dio paso a una fresca y dinámica Balalaika, otra vez en posesión del duro y decidido talante y rostro que todos en Roanapur habían aprendido a respetar y temer. Con estudiado gesto y porque no decirlo, plena vanidad femenina, escogió su ropa interior, su calzado, y cuando se sintió segura de su elección, descolgó del cercano armario una de sus tenidas sastre rojas, sus preferidas, y que ya se había convertido en su marca de fábrica durante su estancia en la ciudad. Satisfecha de su apariencia, y tomando su fiel capote militar de uno de los sitiales en la esquina de su cuarto, salió de él dando un fuerte portazo rumbo a su escritorio.

"Un cerco es una situación táctica que puede ser tan perfecta como resulte la fiabilidad, rapidez y certeza de la información acerca de tu enemigo…" Echándose hacia adelante en la mullida butaca, Balalaika tomó un habano de su caja al centro de su macizo escritorio. Con precisión artística cortó su punta, y luego lo encendió con lento gesto, hasta que la brasa ardió pareja y brillante entre sus dedos. Reaccionando al instante, se acercó al teléfono entre el humo de la primera calada "Primero vamos a obtener toda la información posible acerca de él… Luego de analizarla, escogeré el mejor punto desde donde comenzar a cercarlo… Cuando ya no tenga escapatoria, lo cogeré del cuello y me dirá todo cuanto yo quiera saber…"

,

-Boris

-¿Capitana?

-Llama a la mucama. Que me traiga el desayuno y que luego limpie mi cuarto… Y, Boris…

-¿Sí, Capitana?

-Ven tú también… Se me acaba de ocurrir una idea…


GLOSARIO:

LA CAPA ROJA: También conocida como Organisatya u Organizatiya, es la cúpula máxima de la Mafia Rusa. Todas las organizaciones dentro del territorio de la actual Federación y sus naciones asociadas responden, cooperan y comercian de una u otra forma con ella.

NOTA:

*La realidad, adaptada a las necesidades dramáticas de este capítulo, es que la competición Varmint como tal, producto del Boicot de las naciones occidentales contra los juegos de Moscú en 1980, nunca se llevó a cabo. En rifle solo se efectuaron competencias en rifle 50 metros tendido y tres posiciones, y Blanco Móvil 10 metros. Debido a la falta de participantes las competencias fueron mixtas. Ninguna mujer alcanzó el podio en esa ocasión.