Capítulo 6:
El nuevo líder del consejo de los Sabios Ungulados
Desclaimer: PJ no es de mi creación, pero la adoro como si fuera mía.
Este capitulo va dedicado a todos los que comentan mi fic, que con sus distintas opiniones, me alegran el día. Espero que os guste.
Al otro día, me tocó despedirme de mis padres ya que iría al campamento a llevar a Dani, quien estaba buscando algo de equipaje en su casa. Mi mamá me besó la mejilla y me dio un fuerte abrazo—. Cuídate a cualquier costa, querido.
—Lo haré, mamá —intenté asegurarle, con un tono tranquilizante en mis palabras. Mi mamá se separó de mí. Paul se acercó y me dio la mano.
—Recuerda que estas dejando las clases a mitad de curso.
Sonreí—. Dani me lo recordará todos los días, no te preocupes.
—Siempre evita que los malos ganen.
Luego de eso, partí de mi hogar. Por la aventura que tuvimos el día anterior, Dani logró aprender las conexiones del alcantarillado, que era una vía más calmada que la normal, aunque el triple de asquerosa. Saqué un mapa que Dani hizo y me dirigí a la alcantarilla más cercana.
—Como odio a veces a Dani —dije levantando la tapa haciendo palanca con contracorriente, esta se abrió y dejó expuesta el conducto—. ¡Que los dioses estén conmigo! —y me lancé.
El mapa de las alcantarillas trazaba una dirección que llevaba directamente a las estaciones de trenes, donde nos encontraríamos con Annabeth. Cuando llegué al edificio, salí corriendo al baño para limpiarme los restos de unas cosas que no deseo mencionar.
Al final encontré a Dani y a Annabeth en la zona de descanso del lugar. No entendía como él estaba tan limpio…
— ¿Ustedes también fueron alertados por Quirón, cierto? —nos preguntó Annabeth cuando nos dirigíamos para tomar un taxi con dirección a la colina mestiza. Tanto Dani como yo cargábamos equipaje, pero yo hice el favor de cargar el de Annabeth.
—Sí, aunque tuvimos muy poco tiempo de arreglar las cosas. Nos había avisado hace días atrás, pero realmente esperábamos terminar con varios asuntos antes de irnos, o al menos Dani tenía que —le empecé a explicar, ya que Dani se negó a irse del colegio antes de finalizar unos deberes, que no logró terminar al final—. Para ahorrar tiempo cada uno fue a su casa y buscó lo necesario.
—Por suerte hoy logramos venir sin ser perseguidos. Ayer tuvimos un fuerte encuentro con varios monstruos —agregó Dani.
Era verdad, aunque Annabeth podía suponerlo por nuestras fachas; tanto Dani como yo teníamos muchos raspones en la piel. Nos subimos al taxi y le indicamos al conductor la dirección.
—Bien, esperemos que Quirón pueda darnos una buena explicación de lo que está sucediendo —se encogió de hombros y desvió la mirada por la ventana. Dani por otra parte empezó a leer un libro de bolsillo, pero siempre que terminaba de leer un párrafo nos daba una mirada a Annabeth y a mí.
Hizo una mueca y bajó el libro—. ¿Alguna vez habéis visto visto a vuestros padres divinos?
Annabeth se enderezó en su asiento—. Sí, algunas veces, que digamos —suspiró—. Soy hija de Atenea, aunque no he podido hablar mucho con mi madre recientemente. Percy es hijo de Poseidón.
Dani sonrío—. Bueno, he pensado acerca de eso desde hace días. Percy lleva jugando con el agua desde hace rato —soltó una corta carcajada, que rápidamente nos contagió; pero la sonrisa se desvaneció remplazada por una mueca de amargura—. ¿Creen que algún dios me reclame como su hijo?
Entendí a simple vista que pensaba. Había tenido los mismos pensamientos cuando llegué al campamento, preocupado acerca de que si mi padre se tomaría la molestia de reclamarme, mucho antes de saber de qué eso mismo me ocasionaría muchos problemas.
Bueno, acerca de mi padre, realmente no había sabido nada acerca de él desde la batalla contra Cronos. Aunque no era algo común que los dioses participaran mucho en la vida de sus hijos, pero aun así ahora tenían siempre la obligación de reclamar a sus hijos cuando llegaran al campamento.
—Por supuesto que sí.
…
Cuando llegamos, Annabeth y yo nos quedamos anonadados. Campistas iban de un lado al otro. Los más jóvenes se veían felices, pero los mayores prestaban una gran atención a cada detalle. Nadie estuvo en la entrada para recibirnos, yo solo quería creer que Argus estuviera ocupado tomando una taza de café con Quirón.
Los consejeros de cada cabina se mantenían distantes de los grupos grandes de campistas, y cada vez que uno se encontraba con otro consejero, se miraban como si se estuvieran comunicando por un código secreto. Sus tareas básicas eran ubicar y dar instrucciones comunes a los campistas que regresaban ese día. Pero todos los consejeros estaban con expresiones serias, inclusive los hermanos Stoll se retraían de hacer sus comunes bromas.
Annabeth se despidió de mí y se fue con Dani a la casa grande. Yo por mi parte llevé mi mochila a la cabaña de Poseidón. Cuando llegué encontré todo limpio y ordenado, ya que era el único semidiós hijo de Poseidón no tenía con quien compartir el lugar, por lo que pensé en traer a Dani para que no tuviera que estar en la cabaña de Hermes, ya que cuando los Stoll se les ocurriera una buena, el sería el blanco, pero no podía por cuestión de reglas, él tendría que esperar al momento en que fuera reclamado.
Me decidí por ordenar moderadamente mi poco equipaje, intentando de no dejar una media por aquí y una camisa por allá. Annabeth llegó después de quince minutos, se veía molesta por los que sus ojos reflejaban una especie de tormenta gris.
—Percy, habrá un consejo de guerra a la media noche. No puedes faltar —dijo Annabeth, y salió por la puerta. Intenté llamarla varias veces, pero ella no contestó; seguro quería estar sola, por lo que no insistí.
Salí de la cabaña, me dirigí directo a los campos de fresa, varios sátiros estaban sentados en el césped, mientras tocaban sus flautas y la vegetación se alegraba con la música. Luego me pasé al lago donde las náyades se sentaban en la orilla a hablar entre ellas, incluso fui a saludar a la Srta. O'Leary, pero aun así no conseguía encontrar a Grover.
A lo lejos logré ver a Dani, que se recorría el lugar sin curso alguno. Ya no tenía consigo su mochila. Apreté el paso y lo sujeté del hombro.
—Oh, Percy —dijo Dani, sonriendo al verme—. Este lugar es sorprendente, me pregunto cómo puede estar fuera de la visión.
—De hecho los mortales no pueden verle, hay barreras mágicas alrededor del lugar.
—Sorprendente. Bueno, tengo algo que contarte, Percy.
Tuvimos la charla a la orilla de la playa. Dani observaba el horizonte, parecía algo más seguro en el campamento por lo que no daba tanto la impresión de estar nervioso de todo.
Sus heridas estaban curadas y la más grande era una en su muñeca, la cual habían vendado.
Me dijo que habían ido a la casa grande, e inmediatamente Annabeth lo llevo a la enfermería; yo me había curado por mí mismo cuando me lave las heridas con un poco de agua.
—Mientras estaba ahí logré escuchar a Annabeth hablando con alguien —dijo Dani, sus dedos garabateaban en la arena—. Hablaban de lo peligroso que podría ser algo, y que sí de alguna podrían confiar; pero no tengo idea de que exactamente hablaban. Luego escuché que mencionaron algo de un tal Sr. D.
—Dionisio —comenté—. Es el dios del Vino, y es el director del campamento —agregué.
—Sorprendente, un dios es quien lidera el campamento —murmuró Dani.
—Bueno, realmente es un castigo que le impuso Zeus. No le agrada estar por aquí.
Dani frunció el ceño—. La cosa es que Dionisio no está en estos momentos en el campamento. Iba y venía entre el Olimpo, el campamento y donde sea que los dioses lo manden, pero ha dejado de venir, el campamento perdió todo el rastro de él. Según, algo extraño está ocurriendo, pero no llegué a escuchar qué —se encogió de hombros—. Creí que sería bueno que lo supieras.
—De hecho, eso me ayuda, en algo —confesé. Me levanté de la arena, y entonces me di cuenta de algo que Dani había escrito.
— ¿Por qué escribiste cinco en griego?
— ¿Lo hice? —preguntó Dani, perplejo—. Estaba seguro que eran uno cuantos símbolos aleatorios.
—Pues no lo son, claramente dice cinco.
Dani inclinó la cabeza, analizando el símbolo—. Tal vez deba de empezar con las clases de griego lo más antes posible.
Luego de eso, decidí seguir el día en el campamento como si nada. Primero pasamos por la armería donde Dani eligió una lanza —Que era su opción restante, ya que parecía como si cualquier espada no estuviera completamente estabilizada para él, las ballestas y arcos no eran útiles debido a su mala puntería, y las dagas parecían no gustarle— Luego las actividades comunes del campamento fueron llevadas a cabo. A la hora de la cena Dani estuvo con la mesa de Hermes, lo que me resultó raro ya que el día había técnicamente terminado y ningún dios le había reclamado.
—Bien, quisiera decirles unas cuantas cosas —indicó Quirón, estaba en sus cuartos traseros de equino, obteniendo la atención de todos en el pabellón—. Sé que ha resultado totalmente inesperado de que se les llamara para que volvieran en estos dais, se tiene conocimiento de que nuevas hordas de monstruos han estado atacando a los semidioses. Muchos de ustedes saben defenderse, pero hay muchos que no, por lo que en medida general se le ha pedido a cada campista de que vuelva al campamento. Los que estuvieran estudiando no tienen nada de qué preocuparse, tomaremos las medidas adecuadas para explicarles a sus colegios el porqué de su inasistencia. Eso es todo —Quirón se dio la vuelta y fue camino a la casa grande.
Se notaba de lejos que estaba ocultando algo de información a los campistas.
La hora de acostarse llegó, por lo que todo el mundo se fue a sus cabañas. Dani se despidió y se fue con el grupo que correspondía. Intenté de buscar a Annabeth para conversar un poco, pero no la encontré. Estuve un tiempo acostado en mi litera, pensando en lo que había ocurrido recientemente, ya que realmente me resultaba extraño todo lo que estaba ocurriendo y a esa velocidad.
Y quien sabe que peligro estuviera al asecho.
Tocaron la puerta en la cabaña, y enseguida entró Annabeth. Se veía más calmada que en la mañana. Se encogió de hombro—. Percy, discúlpame por mi actitud de la mañana…
—No tienes nada de que disculparte —me apresuré a decir. Bajé de mi litera y fui hasta donde estaba ella—. Seguro cargas con muchas preocupaciones, después de todo eres la sexy re-modeladora del Olimpo, solo debes de intentar calmarte más.
Ella sonrió—. Por supuesto, sesos de alga —me rodeó el cuello con sus brazos. Compartimos un beso, pero fue interrumpido por parte de Clarisse.
—El consejo de guerra comenzara en cualquier momento —gruñó—, pueden dejar todo ese amor para después.
Pero no era la única ahí, estaba Miranda Gardiner, los hermanos Stoll, Will Solance y Jake Mason (Que tenía una muñeca rota).
—Los demás están ya en la casa grande —dijo Will.
…
Cuando llegamos a la sala de juegos ahí estaban los consejeros restantes. Drew Tanaka estaba observando su reflejo en su espejo de mano. Victorie Thomas estaba jugando con Butch un partido de Ping-Pong, y la primera parecía ansiosa de ganar. Lou Ellen estaba jugando a deformar los rasgos de la cara de Clovis, quien estaba dormitando con tanta tranquilidad que no se daba cuenta de la magia. Pólux estaba observando una partida de póker entre Andrea Fortune y Billy Jovem. Marcus Stars farfullaba algo acerca de alguien que lo había insultado.
Quirón estaba sentado en su silla de ruedas—. Ya estamos todos —anunció cuando entramos, todos voltearon a vernos y prepararon las sillas para que todo el mundo se sentara. Billy le entregó Andrea tres dracmas de oro; ella había obtenido un full cuando él solo tenía dos pares. Pólux y Marcus buscaron más sillas para todos.
Al final todos estábamos alrededor de la mesa. La tensión podía tocarse con las manos en esos momentos.
Quirón se aclaró la garganta y habló—. Bien, teníamos previsto que el campamento iba a pasar una temporada de tranquilidad, luego de la batalla contra los titanes, pero me temo que hay malas noticias. Los dioses han estado algo extraños estos días, y eso no nos da seguridad a ninguno. Se sospecha de que un nuevo mal está emergiendo, los monstruos han estado más salvajes que de costumbre.
—Incluso han aparecido nuevas criaturas —agregó Annabeth, por un segundo sus ojos destellaron como una tormenta, y compartió una mirada con Quirón—. No se sabe el porqué de todo esto, pero también sabemos de qué solo una fuerza muy poderosa puede llegar a hacer algo así —continuó Annabeth.
—Ciertamente —concordó Quirón—. Por lo que estos días no son los mejores para que un campista este fuera de las protecciones del campamento.
—Un momento, ¿no podemos simplemente pedir a nuestro Oráculo que intenté de ver que está ocurriendo? —preguntó Pólux, bebió de su Coca Cola, y siguió con su explicación—. Sabemos que la Segunda Gran Profecía fue dicha cuando la guerra acabó, pero Rachel podría al menos saber algo acerca si todo esto que está ocurriendo está relacionado con la profecía.
—Ojala fuera tan fácil así —opinó Andrea—. Hay momentos en los que la fortuna no está de nuestro lado. Nadie puede saber con exactitud el futuro o el destino, es algo muy impredecible porqué una simple acción puede cambiar el futuro. O al menos así lo vemos nosotros los hijos de Tyché.
—He incluso, sabemos que el padre de Rachel tenía un importante compromiso en Canadá, y ella fue a acompañarlo —observó Annabeth. Luego ella apretó su mano en el cuchillo—. También hay otra que debo contarles a todos.
Annabeth habló por varios minutos, explicó todo lo que había estado escuchando en el Olimpo, lo que nos ocurrió varias veces en la ciudad, lo de las extrañas fluctuaciones y repeticiones del tiempo; también mencionó como yo no me mantuve repetitivo.
—Pero, Annabeth, todavía hay algo que no les cuento a todos —dije. Luego, di un relato en el que les expliqué el sueño que tuve días atrás. Aunque todos fuéramos semidioses con TDAH, todo el mundo escuchaba con atención. Nadie se atrevía a interrumpir, de vez en cuando alguien tocía, pero intentaba hacerlo lo más bajo posible.
Annabeth intentó de disimular su expresión cuando nombré a Luke.
Al final todo eso apuntaba a una sola persona.
—Pero eso no puede ser posible —objetó Clarisse—, nosotros… nosotros terminamos con el ejército de Kronos, le destruimos —dijo con voz temblorosa—. Muchos campistas se sacrificaron por eso, hubo muchas muertes y Silena...
Drew rodó los ojos—. Silena al final fue una sucia traidora —interrumpió Drew—, estuvo pasando información al bando enemigo —y de esa manera el temor de Clarisse fue remplazado con ira.
Clarisse golpeó la mesa y se levantó de su asiento—. Al final ella se sacrificó por nosotros, y como los demás, dio su vida heroicamente. Y si no piensas así, niña bonita, te recomiendo que sepas ubicar el lugar donde dices las cosas, o seré yo quien te hará recapacitar.
Drew retrocedió, claramente, para una hija de afrodita no resultaría bien enfrentarse a Clarisse. Pero aun así Clarisse tenía razón, por lo que tenía mi apoyo.
—Un momento, Percy —pidió Connor, intento de atar los cabos sueltos y prosiguió—. No podemos batallar contra Kronos nuevamente, no tenemos las provisiones, ni el armamento, ni los guerreros necesarios.
—Por supuesto —coincidió Travis—, y si hay alguien más involucrado, eso resultaría incluso peor.
—Bueno, no hay que apresurarnos a sacar conclusiones —intentó de calmar la situación Quirón—. La vez pasada estábamos luchando contra los Titanes, pero al menos sabemos que los demás Titanes están en el tártaro. Hasta que no tengamos información que lo confirme, no podemos decir que Kronos ha regresado…
—Lamento deciros, pero Kronos sí es quien sospechamos —dijo una voz externa a la conversación. En el umbral de la puerta estaba una muchacha pelirroja de cabello rizado, pecosa y de ojos verdes; Rachel.
—Rachel, se supone de que no estabas en el país —replicó Annabeth. Rachel se encogió de hombros.
—Le pedí a mi padre que me dejara regresar con urgencia. Esta mañana tuve la visión de esta reunión y que tenía que estar aquí. Por eso necesitaba volver —ella entró en la sala, me dirigió una llamativa sonrisa y se sentó junto a Quirón.
Intentó de explicarnos todo lo que había visto, pero también comentó algo resaltante—. Hoy en día el Oráculo ha estado actuando de una manera muy extraña, mis visiones y profecías no aparecen como lo hacían antes. Es como si alguien estuviera interfiriendo con ellas…
—Fantástico, lo que nos faltaba —gruñó Jake
—… pero como si no tuvieran la intención de interferir.
—Un momento, ¿quieres decir que alguien nos está haciendo el camino difícil, pero, solo por error? —cuestionó Miranda.
—Bueno, un ejemplo claro es que los dioses pueden hacerlo —explicó Quirón.
—Pero no es un simple dios, es algo más… —advirtió Rachel—. Solo que no puedo saber que o quien. Y si sabe lo que está ocasionando con las predicciones, lo ignora.
—Ósea, ¿No podremos tener ni una idea de a quien más nos enfrentamos? —ante lo que Rachel negó.
—Parece que vamos a tener tomar medidas provisionarías —sugirió Annabeth.
—Y las tomaremos, pero primero tenemos que tener con nosotros a dos personas, las únicas que pueden decirnos y ayudarnos en este problema.
—Necesitamos a Nico y a Thalia —dije, Quirón asintió.
—En estos momentos necesitamos de todos los aliados posibles. Y eso nos lleva a comunicarles algo, en especial a ti Percy. El Consejo de los Sabios Ungulados tiene un nuevo líder, aunque temporal, es uno de los sátiros más antiguos. Grover Underwood ha desaparecido…
¿Desaparecido? ¿En donde? ¿Cómo? ¿Cuando? ¿Por qué? ¿Tendrá algo que ver Dani con eso? ¿Que será lo que se limpio Percy? ¿Desde cuando uso voz de presentador de televisión?
Hola a todos, espero que os haya gustado todo el capitulo, el mas largo hasta el momento. Hay ciertos detalles que pueden llegar a ser vitales para el futuro, quizás, quien sabe. Todos los consejeros poseen etimología en sus nombres, pero es algo tonta xDDDDDDDDDDDD
¿Algún review?
