Capítulo 9:
Intento de procesar todo lo ocurrido.
Primero que todo, un pequeño agradecimiento a todo el mundo que lee mi fic. Y recordaros que el universo de Percy Jackson no me pertenece, solamente la trama y mis OC.
Disfrutad.
Estaba teniendo un mal sueño esa noche.
Estaba corriendo de una gran sombra que se iba haciendo paulatinamente más grande y aterradora. Annabeth estaba junto a mí, pero ni juntos podíamos escapar de eso que nos perseguía. Corríamos por una especie de ruinas, con múltiples pasillos. Y cada paso que daba hacía mi cuerpo más pesado y me costaba correr. Annabeth sostenía algo entre sus brazos, como sí fuera de vida o muerte el objeto que llevaba.
Al final, giramos a la izquierda y entramos en un callejón sin salidas. Sujeté a Contracorriente y me coloqué delante de Annabeth. Quien fuera que nos estaba persiguiendo, entró en el pasillo. Inmediatamente sentí un escalofrió, conocía esa sensación de ser minúsculo comparado contra una deidad.
—Percy, te amo —declaró Annabeth, mientras se ubicaba detrás de mí. La amargura me embargó cuando escuché esas palabras. Se sentían como una gota de veneno que contaminaba el alma…
—No nos rendiremos, Annabeth —exclamé levantando mi espada. Sin dudarlo batallaría con mi último aliento contra quien sea solo para defender a Annabeth.
Pero todo se volvía repentinamente oscuro, una risa antigua invadió el lugar, sacudiéndolo completamente. Las paredes parecían más débiles que nunca, el techo soltaba polvo con las sacudidas y el suelo dejó de verse sólido, como si se fuera a caer en cualquier momento.
Desde que habíamos entrado en aquella estructura subterránea supe que nuestro destino estaba indeterminado. Podíamos salvarnos los dos, o morir juntos ahí. Sentí algo cálido en el bolsillo de mis jeans, pero nada significativo o que comprendiera.
La amenaza se veía más imponente que nunca, ya que con solo chasquear los dedos, la estructura comenzó a caerse en pedazos.
Cuando el suelo se abrió y nos tragó en la oscuridad me desperté de un sobresalto.
Lo primero que vi cuando me desperté fue la cálida fogata y Dani que estaba sentado cerca de ella, haciendo guardia. Cuando se percató de que me había despertado soltó su collar.
— ¿Un mal sueño? —murmuró Dani. Yo asentí y me dirigí hasta la fogata junto a Dani, no sin antes de cubrir a Annabeth con una manta térmica.
— ¿Cómo ha estado la guardia?
Él se encogió de hombros—. Bastante normal. No he visto nada raro por aquí —se notaba esto último al ver que su lanza estaba en el suelo junto a él. Dani se veía afligido, aunque llevaba así desde la noche de captura la bandera.
Justo cuando podía pasar un buen tiempo junto a todos, una horda de monstruos-vegetales entraron en el campamento. Por suerte pudimos contraatacar y salir ganando… pero las cosas que sucedieron después eran las que me mantenían nervioso.
Rachel dio una profecía, justamente una cuando se suponía que no podía hacerlo, y lo peor que decía claramente el destino de todos: ni nosotros, los semidioses, ni los dioses Olímpicos podían salir ganando por si solos, y estos últimos no se veían muy interesados en ayudarnos. Al principio todos pensamos que era un secreto que ocultaba la profecía, pero no se nos ocurría una mejor idea.
Cuando Dani fue reclamado por un dios, no hubo signos, brillos, chispas, ni un pequeño cartel que lo identificara; simplemente los hijos de Deméter lo dijeron, como si eso fuera solamente algo tonto que faltaba por decir. Pero la manera que ellos declararon no reflejó emoción. De hecho, nadie estaba emocionado por Dani…
Después de que toda la actividad en el campamento cesara, y todos se fueran a su cabaña, se hizo un consejo de guerra, en el que se hicieron las mayores cantidades de acusaciones que había escuchado alguna vez en mi vida, y todas iban reflejadas en Dani. Quirón intervino, aun cuando se mostraba algo de acuerdo con varias teorías, pero al final defendió a Dani, y junto a mí solo éramos dos. Incluso Annabeth desconfiaba de Dani.
La decisión que se hizo en el consejo fue que tendríamos que realizar una misión, la cual, como misión suicida, dieron a liderar a Dani. Me quejé rápidamente, ya que técnicamente lanzaban a un novato a la boca del inframundo.
Luego de eso pasaron dos semanas, en la que todo el mundo evitaba a Dani, como si fuera una plaga; casi el mismo trato que le dieran a Nico. Y para completar todo, Dani evitaba a todo el mundo y pasaba grandes periodos de tiempos en las costas de la playa.
Durante esas semanas solamente Dani practicaba junto a mí lecciones de combate y tácticas de ataque, se la pasaba hablando con Nico quien sabe qué e intentaba de dominar sus habilidades con la ayuda que a regañadientes le daban sus hermanos, aunque en esto último no mejoró ni siquiera con todo el asesoramiento que la cabaña de Deméter le daba.
Cuando el día llegó, Dani decidió que lo mejor era ir a la misión junto a Annabeth y conmigo. Nos reunimos en la colina mestiza, y sin ningún tipo de alegre despedida, partimos de aquel lugar.
—Nunca tuve que ir al campamento —murmuró Dani al lado mío, sacándome así de mis pensamientos—. Si no hubiera ido al campamento contigo…
—Seguro ya estarías muerto —completé, dejando asombrado a Dani, que torció una mueca—. Ya te hubiera matado la anfisbena, o algún monstruo vegetal.
—Pero y eso que importa… todos escuchamos, Percy —él tembló y sujetó con mucha fuerza la lanza a su lado—. Esas cosas me quieren. Pero no tengo nada de especial. Y no soy parte de ellos… no soy un espi…
—Sé que no lo eres, Dani. Confío en ti.
—Pero… pero Annabeth piensa que seré la perdición del campamento —refunfuñó con aflicción—. Y no es solo ella. Thalia, Quirón y cualquiera en el campamento lo piensa. ¿Por qué no pude seguir siendo un mortal —cogió en mano su collar—, viendo como mi vida pasa con el tiempo que marca este reloj…?
…
Durante nuestro viaje en tren, todo parecía muy tranquilo. Dani estaba descansando un rato, mientras Annabeth seguía observando por la ventana como todo iba siendo dejando atrás por la velocidad del tren. Habíamos hablamos muy poco durante el viaje, solamente nos comentábamos cosas y una que otra pequeña charla llena de tensión e incomodidad.
De vez en cuando hablábamos de Nico y Thalia, que en estos momentos tendrían sus propios objetivos, y todo por otra profecía de Rachel que dio días después de la primera:
Tres grandes semidioses nuevamente son necesitados.
Una búsqueda que los llevara a lugares remotos,
Que los llevara por diferentes lados.
El regalo del Olimpo deben encontrar entre todos.
—Tú, Thalia y Nico —dijo Annabeth estirándose en su asiento—, es obvio. Pero en estos momentos no sabemos qué significa eso del "Regalo del Olimpo".
—Así que, menos sabemos dónde se encuentra, y por lo visto, para lograr ubicarlo debemos de recorrer todo el país.
—No, Percy —comentó Annabeth. Le dio una mirada a Dani llena de inquietud, y se encogió de hombros—. Tú, y yo estamos en estos momentos en otra misión. Debemos encontrar la respuesta a la primera profecía, e intentar de encontrar a Grover en el intento.
—Pero la primera profecía tiene menos sentido que la segunda…
—Te equivocas —sentenció Annabeth—. Esa profecía significa algo, y es una misión suicida. ¿No lo entiendes? La misma profecía lo dice: Kronos nos ganara. Ni Olímpico, ni semidiós ganará por si solo —recitó ella parte de la profecía—. Y no es que tengamos un gran aliado Titán o Gigante.
— ¿Te estas rindiendo, así de fácil? —pregunté, cada palabra que Annabeth había dicho hacía más débil mi voluntad. El temor y el asombro engullían mi valor.
Ella hizo una mueca—. No es eso, sesos de alga —susurró mientras se encogía de hombros—. Claramente tenemos que luchar, pero ni así sé si los dioses nos ayudaran. No hemos sabido nada de ellos desde semanas atrás, y puede que eso esté relacionado con la profecía también.
—Así que solo somos nosotros dos.
—Y Dani —agregó ella, mientras sonreía algo no muy alegre—. Y cuando encontremos a Grover, será como en los viejos tiempos.
—Sí, como los viejos tiempos —susurré al dejar pasar por mi mente los recuerdos de nuestras aventuras constantes y peligrosas.
Llamaron a la puerta de nuestro compartimiento, y después entró una empleada del tren con una bandeja y una pequeña fuente de agua sobre ella. Dejó la bandeja sobre la mesa sin decir una palabra, y salió al pasillo.
Annabeth y yo compartimos una mirada.
—Extraño —dijimos ambos al unísono.
Entonces del agua que salía de la fuente y la luz que entraba por la ventana, apareció un arcoíris.
—Creo que quieren que hagamos un mensaje Iris a alguien, pero, ¿a quién? —dije sacando una dracma de mi mochila y alcanzándosela a Annabeth.
—Intentemos con Nico —habló Dani en medio de un bostezo. Se acomodó en el asiento y se acercó a la mesa, manteniéndose a distancia de Annabeth.
— ¿Has estado escuchando todo? —le reprochó con cierto desden.
— No, solo después de que entró la señora del servicio.
Annabeth arrojó la dracma al pequeño arcoíris y dijo: — ¡Oh, diosa Iris! Acepta nuestra ofrenda —Entonces la dracma desapareció y Annabeth complementó la petición—. Nico di Angelo, donde sea que este.
Al principio se reveló un bosque verde, donde se veía a un adolescente vestido con una camisa negra, y blandiendo una espada de hierro estigio. Varias criaturas estabas cerca de él, pero no le ocasionaban ningún problema. Las Dracaenaes no eran rivales para Nico, ni sus guerreros esqueléticos. Entonces apareció una Dracaenae diferente a las demás, y que en vez de ser solamente una mujer-reptil, también tenía partes como una planta.
Rápidamente esta se deshizo de los guerreros esqueléticos, pero Nico no se acobardo, y en cambio, se lanzó a la batalla. Hubo un pequeño momento en el cual pedimos a Nico de vista después de cruzar la sombra de un árbol, pero reapareció detrás de la Dracaenae planta y la hizo desaparecer en una nube de polvo dorado.
Y fue entonces cuando se percató de nosotros. Se sentó entre las raíces de un gran árbol—. Hola, chicos. ¿Cómo les va? —dijo Nico con algo de desánimo.
—Queríamos ver cómo te iba con la búsqueda —dijo Dani, acercándose para ver por el reflejo del arcoíris.
Nico negó con la cabeza—. No he logrado conseguir nada.
—Nosotros tampoco, la profecía parece muy extraña, incluso más de lo normal —declaró Annabeth—. También la segunda profecía posee un gran enigma, tres grandes semidioses, todos decimos que tú, Percy y Thalia, pero hay algo que no me hace confiar en eso.
—Una cazadora, es una cazadora —dijo Nico acomodándose en su lugar—. Puede que Thalia sea una hija de Zeus, pero eso no evita que se niegue su carácter como cazadora.
—Por lo que, por los momentos solo somos tu y yo en esa profecía —dije mientras sonreía, en cambio, Nico desvió la mirada a otro lado.
—Estamos hablando a base de suposición, Percy. Aun así Thalia es hija de uno de los tres grandes, y ella ya está investigando por su lado acerca de ese "regalo" que no tiene ningún sentido.
Era cierto. Thalia logró convencer a todas las cazadoras en emprender una búsqueda, que sería por el bien de Artemisa y los Olímpicos. Mientras nosotros seguíamos una tonta pista que se me había ocurrido por Mary, la arpía gótica. Las cazadoras en cambio vagaban sin rumbo alguno e incluso Nico lo hacía también.
Luego de una corta charla (la cual solo poseía interés unilateral por parte nuestra), Nico se despidió y nos advirtió de siempre estar prevenidos.
Cuando llegamos a Minnesota y bajamos de la estación de trenes, buscamos un lugar a donde poder almorzar. Habíamos estado en el tren desde la mañana muy temprano, y solo Dani había hecho el desayuno.
Al final comimos en un Starbucks, donde logramos obtener un descuento por tener a un empleado con nosotros. Annabeth incluso llegó hablar directamente a Dani, aunque solo fue un agradecimiento por la comida, como solía hacer.
Después, salimos en búsqueda de un lugar donde poder acampar cuando cayera la noche. Luego de mucho buscar y preguntar, descubrimos que en el Parque Estatal Jay Cooke podíamos acampar, que era mucho mejor que estar por ahí a la intemperie de una colina a otra.
La noche cayó rápidamente, pero ya teníamos preparada la fogata y la tienda de campaña. Annabeth compró unos cuantos víveres para preparar la cena, y tendríamos una cena común, como muchas otras familias en el lugar que venían a pasar juntos el fin de semana, desconectados totalmente de la tecnología.
Las ventajas de tener a un hijo de Deméter con nosotros, es que se les da la cocina de la manera más naturalmente posible. Y para mejorarlo todo, Annabeth que recordaba cómo hacer muchas y distintas comidas le daba instrucciones a Dani de qué y cómo cocinar, y en esos instantes se olvidaba que uno de ellos sospechaba del otro.
Los olores de salchichas asadas y pescado llegaban a nuestro lugar, que se veía minúsculo en comparación a las demás estructuras de camping.
Y aunque Annabeth evitara hablar con Dani, y Dani no quería incomodar a Annabeth hablándole, y yo tuviera que mediar entre ellos, era muy bueno pasar toda esa situación juntos. Las cazadoras estaban juntas también, pero lo único que irrumpía mi tranquilidad era que Nico estaría por ahí sólo… pero aun así sé que le gusta tener su espacio y soledad.
—Hola, a todos, buenas noches —dijo una voz juguetona, parecía a la de un payaso. Era la de un hombre encima de una mesa de picnic iluminada directamente por la luna—, y tengan miedo.
No hay mucho que decir o mucho que comentar. Este capítulo es mas un capitulo transitorio que nada. Lo hice mas corto para que fuera mas simple. Espero que os haya gustado, y si no, tenéis aquel cuadro en blanco donde pueden escribir las criticas :D
