Capítulo 11:

Nuestro guía es un collar.

Desclaimer: No soy el responsable legal de lo que vais a leer en los próximos dos capítulos. La culpable es Littlemacca, que con sus teorías, alternó toda la historia. Rick Riordan es el creador de la saga de Percy Jackson en la cual esta basada el fic :D


Al otro día ya estábamos preparados para salir a primera hora. La diosa Harmonía, luego de habernos dado una charla acerca de lo que actualmente ocurría con el mundo griego, nos dio unas provisiones para el viaje y su famoso collar.

El collar de Harmonía era un objeto muy raro y a la vez muy olvidado en el mundo mitológico. Annabeth tardó varios minutos en poder ubicar el collar en los mitos. Al final, solo nos explicó la gran capacidad del collar de traer desastres a su usuario. Se suponía que el collar debía haberse quemado, pero al ser un objeto mágico perteneciente a un dios, este no podía simplemente desaparecer, por lo que, con el tiempo el collar volvió a manos de la diosa. Pero que en esta ocasión nos daba a nosotros, dejándolo al cuidado de Dani.

—Ten mucho cuidado —alertó la diosa a nuestro compañero. Él se guardó el collar en un bolsillo con el fin de mantenerlo seguro.

—No se preocupe. Lo mantendré seguro —respondió Dani, torciendo una mueca que aparentaba ser una sonrisa—. Percy y Annabeth se encargaran de cuidar mis espaldas, ¿verdad, chicos?

—Claro —concordé. Entonces empecé a alejarme de la plaza junto a Dani, y cuando llevábamos avanzado unos cuantos metros, me percaté de que Annabeth se había quedado atrás. Desde lejos observé como ella y la diosa compartía una mirada, por lo que la tomó desprevenida mi llamado. Rápidamente respondió y regresó a nuestro lado.

Al cabo de unos minutos, llegamos a una estación de transporte público, donde paramos a ver a donde sería nuestro siguiente camino.

— ¿A dónde vamos ahora, sesos de alga? —habló Annabeth viendo la lista de horarios y los próximos viajes.

—Técnicamente estamos en el noroeste del estado…

—Pero en el del estado equivocado —interrumpió Dani con cierto temor. Parecía como si de repente el estuviera viendo fantasmas mientras los demás no sentían nada distinto. Estaba algo más pálido de lo normal. Él sacó el collar y nos lo mostró. Estaba dispuesto a tocarlo, cuando Annabeth me sujetó de la muñeca, reteniéndome de hacerlo.

—Percy, la diosa Harmonía le dio la tarea a Dani de llevar el collar. No interfieras —murmuró ella. Tenía una expresión de completa seriedad, incluso podía ver como el cerebro de Annabeth trabajaba creando algún tipo de teoría.

Dani nos aclaró que desde que él cogió el collar, empezó a sentir una extraña energía, pero que había tomado algo de tiempo hasta sentirla de una manera muy potente. Según él, debíamos dirigirnos a Washington, donde esperaría nuestro objetivo. Claro, solo era un collar lo que nos estaba guiando.

Al final no teníamos otra sugerencia acerca de nuestro destino, y teniendo en cuenta que la diosa Harmonía no nos iba a dar un objeto solo porque sí; subimos al primer bus que iba a Washington y partimos a esa dirección.

Hasta ahí nuestro viaje estuvo de lo más normal, pero, claro, la vida no es fácil para los semidioses, y menos para mí. Cuando ya habíamos llegado a Washington, el conductor avisó que tendríamos que detenernos un momento.

Aparcó el bus en una zona de descanso, y todo iba común y corriente hasta ahí. Todo normal hasta que algo envistió el bus por completo, alarmando a todo el mundo. Rápidamente salimos a ver qué ocurría, para encontrarnos con una gran manticora.

Al cabo de unos minutos la batalla nos había obligado a ir a un bosque, donde no llamaríamos tanto la atención, ya que después de toda la niebla había estado actuando raro desde hace algún tiempo.

—Giremos a la derecha en el próximo árbol —nos indicó Dani. Al igual que todos en el grupo, él se encontraba sudando. Un monstruo apareció inesperadamente al frente nuestro, Dani logró atacar con su lanza y darle una gran herida, pero rápidamente fue apoyado por Annabeth para lograr derrotar al monstruo.

—Percy, no podemos seguir así, tenemos que perderlos a todos.

—Ya sé, Annabeth —refunfuñé. Aunque fuera tan simple ir derrotando monstruos con la maldición de Aquiles, cada día que pasaba sentía como ese poder iba mermando, hasta el punto de casi volverse inútil. Esto llevaba ocurriendo todo ese tiempo, pero al final lograba reponerme y seguir batallando; pero desconocía la razón por la cual me reponía—. Vayan los dos primeros, luego…

Lo que recuerdo exactamente fue que algo me golpeó en la cabeza con tanta fuerza, que perdí el conocimiento en un instante.

Durante ese tiempo tuve un sueño algo extraño. Todo estaba negro, incluso no podía verme a mí mismo, y si tuviera que comparar eso con algo similar, diría que con la parte más recóndita de todo el inframundo: el Tártaros. Pero una sensación recorrió todo mi cuerpo, alarmándolo completamente. Sentía como si unas grandes manos me alzaran en el aire, exhibiéndome a todo una gran audiencia. No tarde en darme cuenta en que era un sueño manipulado por Kronos, en el que él alzaba mi cuerpo sin vida ante todo su ejército, como él quisiera haber hecho en La Batalla de Manhattan.

Intente de despertar con todas mis fuerzas, pero entonces sentía el dolor punzante detrás de mi cabeza que me obligaba a seguir "inconsciente". Entonces el sueño cambió a uno en el que podía ver todo. Estaba en frente de todos los dioses Olímpicos, incluso Hades se encontraba allí, pero ninguno de ellos parecía tener la vitalidad de un dios.

Todos los dioses normalmente emanaban un aura de poder y superioridad, pero no estaban en su mejor estado. Cada uno estaba en su particular manera de verse deplorable; incluso Afrodita, que siempre era hermosa y reluciente, en ese tiempo no estaba en sus mejores momentos.

—Percy… —murmuró mi padre desde su trono, por un momento parecía ahogarse con decir esa palabra—. ¿Qué haces aquí, como has llegado?

—Poseidón, date cuenta que él no está aquí realmente —intervino Zeus. Su cabello en esos momentos estaba más blanco que gris—. El que ha originado todo esto le ha permitido a Percy visitar este lugar como una proyección.

— ¿El que hizo todo esto? ¿Sabéis quien fue?

—Tío, somos los dioses Olímpicos, claro que sabemos quién está ocasionando todo esto —intentó de hablar Apolo, incluso probó en dar una de sus sonrisas radiantes, pero no tenían la misma intensidad—: Kronos está aprovechando el poder de un dios primordial para hacer de las suyas e intentar de regresar.

—Eso no importa en estos momentos, hermano —interrumpió Artemisa—. Debemos de decirle como lo ayudaremos a batallar a Kronos…

—Artemisa, debes de entender que no podemos salir del Olimpo. Estamos prácticamente encerrados aquí, sin posibilidades de escapar —corrigió Hermes—. Sé que crees que tus cazadoras pueden encontrar eso, pero aun así las esperanzas de que aún se mantenga intacto son muy bajas.

—Un momento, ¿Cómo que no podéis salir de aquí? Seguro estáis de coña. Sois los dioses, los que pueden ir de un lado al otro solo por simple placer, aquellos que con su verdadera forma pueden volver cenizas a sus enemigos.

Cuando terminé esa oración, quería ser tragado por el Tártaros. La mirada que me dieron los Olímpicos, todas juntas a la vez, hubieran hecho que mis piernas temblaran de miedo, si no hubieran sido estas de nieblas.

—Y tú crees que nosotros estamos aquí encerrados por simple gusto, ¿Nos crees tan desinteresados, semidiós? —bufó la diosa Atenea, mientras me miraba con un remarcado desdén—. Nuestro enemigo ha logrado de alguna manera retenernos a todos aquí, haciendo un potente sello. Tan potente, que poco a poco va drenando nuestra vida, nuestro tiempo como si fuéramos simples mortales.

—Y no solo a nosotros. Muchos lugares han comenzado a ralentizarse, y poco a poco han perdido su tiempo —Deméter estaba tan afectada por lo del tiempo que parecía marchita; como una planta—. Toda la naturaleza ha estado pereciendo poco a poco, y Kronos hizo ventaja de eso, logrando envenenar a las inocentes plantas y hacerlas trabajar para él. Si no tuvieran a ese chico nada le hubiera ocurrido a mi pequeña vegetación…

—Un momento —intenté de imponerme ante todos los dioses, lo cual podría pasar por un acto de rebeldía—, no me estáis diciendo nada útil, solo estáis divagando todos a la vez.

—Tienes agallas, semidiós. Retarnos a todos nosotros a la vez, en un mismo lugar. Sí no estuvieras siendo protegido por ese poder ya estarías muerto de verdad —Hades arqueó una ceja—. Nico os está ayudando también a encontrar algo que de seguro esta ya perdido. El inframundo está en un total descontrol, y si los demás dioses que apoyan a Kronos escaparan del Tártaros, si tuvieran la oportunidad de salir, sin duda la aprovecharían. Por suerte le deben de tener miedo a ese que está ayudando a Kronos.

— ¿Tan fuerte es así ese dios primordial?

—Debe de serlo. Kronos realmente no podía nunca más regresar del Tártaros, al menos sin la ayuda de ese dios —dijo mi padre, pero luego de esto su semblante cambió, demostrando preocupación—. Percy, debes de tener cuidado con quien te juntas en estos momentos. No sabes quién puede ser aliado del enemigo y quién no.

Poco a poco empecé a sentir como la imagen iba haciéndose más borrosa, pero aun así tenía la oportunidad de hacer unas preguntas. La primera sería la que se me ocurrió ante el comentario de mi padre.

— ¿Estáis hablando de Dani, cierto? Pero él no puede ser el enemigo, es incluso un hijo de Deméter.

Pero el comentario pareció confundir a la diosa de las plantas, que hizo una mueca intentando de recordar ese nombre. No la culpo, después de todo miles de semidioses pudieron haber sido hijos de Deméter.

—Por otro lado —dije para aprovechar el tiempo. Mis piernas ya se veían menos—. ¿Qué es eso de lo que Artemisa habla? —aventuré—. ¿El Regalo del Olimpo?

Hera se aclaró la garganta y estaba dispuesta a explicar—Bueno, El Regalo del Olimpo es…

— ¡Ya se de quien hablas! —chilló Deméter interrumpiendo así la conversación—. Si, él es mi hijo. Después de todo estoy muy orgullosa de él. Se especializo en estudiar los helechos. Fue un gran hombre, aunque no muy bueno para la batalla como un semidiós.

No sabía por qué, pero Deméter se había ido por las ramas…

—No tiene sentido… Dani no ha hecho nada de eso. ¿Estamos hablando de la misma persona?

—Estamos hablando de Daniel Cady Eaton, ¿no? Además, he tenido muchos hijos e hijas llamados Dani, Daniel, Danielle; así que dime su apellido a ver si se de quien me hablas.

—Se llama… —pero entonces la imagen desapareció completamente.

Cuando desperté, estaba en un campamento improvisado. Dani estaba durmiendo en una zona, apartado de mí. Annabeth, estaba haciendo guardia.

— ¡Percy, que bien que has despertado! —corrió a mi lado, abrazándome fuertemente—. Eso había sido un golpe muy fuerte, que suerte que logramos encontrar un estanque donde llevarte para que curaras las heridas.

—Más despacio, por favor —dije mientras tocaba el lugar donde me pegaron, justo en la nuca, donde aún permanecía el dolor punzante—. Si me prometes ir más despacio, me gustaría escucharte.

Annabeth sonrió, me dio un beso rápido y se sentó cerca de mí—. Las cosas sucedieron muy de prisa, tanto para ti como para nosotros. Un ciclope apareció detrás de un árbol y te golpeó con una especie de garrote. Inmediatamente que caíste inconsciente, fuimos rodeados por los monstruos, entonces…—Annabeth hizo una pausa y observó al lugar donde Dani dormía—. Dani nos salvó a los tres.

—Pero, ¿Cómo puede Dani derrotar a cuanto, una docena de monstruos?

—No sé, Percy. Él lo hizo y ya. Cuando caíste inconsciente él se enfureció, pero se quedó estático. Le llamé varias veces para que reaccionara, pero al final me tocó defendernos un momento de los monstruos, y al final un perro del infierno me hirió —Annabeth arremangó la sudadera que llevaba, mostrando un mordida, pero que por suerte ya había comenzado a sanar—. A partir de ahí Dani tomó el control de la situación. Nunca antes se vio tan poderoso, y simplemente con su lanza se encargó de ir derrotando a los monstruos, pero… tenía miedo en ese momento… no era el mismo…

— ¿Miedo de Dani? Pero él nunca nos podría herir…

—Miedo de él. Miedo de su poder —murmuró, mientras ponía sus manos sobre mis mejillas—. Miedo de lo que nos podía pasar. Miedo de lo que podría ocurrir a todo el mundo si somos derrotados. Miedo de los que nos espera adelante… a eso le tengo miedo.

—No debes de sentir miedo alguno—dije, abrazándola lentamente, intentando de calmarla—. Estoy aquí para poder defenderte.

Luego pasamos un tiempo en el que estuvimos en total silencio, mientras seguíamos abrazados, cuando recordé lo que había hablado con los dioses en mi sueño.

Tarde unos minutos en explicarle todo lo que había escuchado en mi sueño. Durante esos momentos, me sentía seguro en ese lugar, donde la luna cubría con su luz todo a su paso, hablando con Annabeth, teniendo un pequeño descanso.

—Annabeth, ahora que Dani está dormido, quiero preguntarte algo.

—Dime entonces, sesos de alga.

— ¿Por qué Harmonía nos entregó su collar?

Al principio ella no parecía tener la información necesaria para responderme. Estuvo unos segundos pensando en cómo poder responderme, encontrando todos los conocimientos que tenía del tema.

—Bien, Percy, ya sabes lo que ha ocurrido con los usuarios del collar.

—Siempre se encuentran con la desgracia —agregué.

—Exacto. Quienes usen el collar siempre estarán destinados a encontrarse con los desastres. La gente que lo llegó a poseer no conocía el destino que traía tener ese objeto. Pero Dani sí lo sabe, que es obvio que lo sabe, y aun así aceptó. Y con el collar ha estado guiándonos. Hay una reflexión que dice: "Cuando aceptas el destino, cuando sabes lo malo que este será, en el momento que concuerdas con vivir las adversidades, los caminos nunca se verán más claros que nunca, solo debes de tomar los riesgos para encontrar el mejor resultad". Dani debe conocerlo, ya que simplemente prefiere sacrificarse a sí mismo por el bien de obtener éxito en nuestra misión.

—Pero, ¿Por qué haría algo así? Sé que nos llevamos bien él y yo, pero, no para que haga un sacrificio así.

Annabeth se encogió de hombros—. No tengo idea. Seguro tiene sus razones. Pero sé que debe estar pasando por algo muy grande como para hacer ese tipo de cosas, Harmonía me lo dijo antes de irnos, él tiene que balancear la discordia y la armonía que habita en sí mismo. Tal vez sea su modo de hacerlo, aceptando el destino del collar, solo con el fin de lograr llevarnos a nuestro objetivo.

Al otro día nos despertamos temprano, comimos el desayuno y fuimos con dirección a un lugar donde nos llevaba Dani. Al final llegamos a los pies de una gran montaña del estado luego de kilómetros de viaje.

—El Monte Rainer —susurró Dani—. Había leído en los libros de la biblioteca acerca de este..

— ¿Seguro que es aquí? —pregunto Annabeth, con un tono más amable. De alguna manera habían mejorado su relación desde que Dani nos salvó a ambos—. Puede ser otro lugar, como el Monte Olimpo en las montañas olímpicas.

—Pero eso significaría otro viaje de medio o todo un día —intervine—. Necesitamos que estés totalmente seguro que este es el lugar.

Divagó por unos segundos, viendo el collar de la diosa y el suyo propio—. Estoy seguro —dijo él con una sonrisa.

—Entonces, subamos.


Notas de autor: Nuevamente culpo a Little. Ella quería collar, yo le di collar xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

¿Os ha gustado, o me lanzaréis piedras? Entonces, en el siguiente posiblemente me maten xDDDDD