Capítulo 12:

Batallo al atardecer junto a Dani y Annabeth.

Desclaimer: El universo de Percy Jackson fue creado por Rick Riordan, y en este esta basado la historia, así que, cualquier cosa lo matan a él xDDDDD.


Estábamos escondiéndonos de una horda de monstruos, por lo que hablábamos bajo para que no se dieran cuenta en el lugar donde estábamos, así que teníamos que andar con cuidado y sin llamar la atención.

—No me empujes, Annabeth —susurró Dani.

—No te estoy empujando, Dani —gruñó Annabeth.

—Claro que lo haces.

—De hecho, fui yo —indiqué al ver que la confusión podría desembocar en una discusión.

— ¡Percy!

Pero callé a ambos al empujarlos en un hueco, para luego seguirlos a este. Nos quedamos en total silencio durante diez minutos, hasta que logramos escuchar como las pisadas de los monstruos se alejaban y se perdían en la inmensidad de la montaña. Todo había sido así desde que entramos en al Monte Rainer, ya que parecían defender algún secreto que se ocultaba en el lugar.

Cuando todo parecía calmado, dejé que Annabeth y Dani se levantaran—. ¿A dónde vamos ahora? —le pregunté a Dani, quien enseguida intentó de sentir algo del collar de Harmonía.

Él negó. Había sido así desde que empezamos a subir la montaña, era como si el collar no pudiera seguir respondiendo más a las direcciones.

—Lo mejor que podemos hacer es ir a la punta de la montaña, si hay monstruos haciendo guardia, algo debe de haber aquí, y no solo es algo normal —Annabeth dijo para luego limpiarse el polvo de los pantalones, preparándose para seguir en la búsqueda—: es algo importante.

Luego de un rato caminando, y dos docenas de monstruos derrotados, seguíamos vagando sin una dirección correcta, pero conforme subíamos, los monstruos comenzaban a dejar de ser numerosos. Al pasar un tiempo subiendo en la misma dirección, por alguna razón, empezaba a saber en dónde estábamos.

—Bajen las armas, chicos —les advertí dejando que contracorriente se convirtiera nuevamente en una pluma de escribir, y entonces vi como Annabeth y Dani pensaban que me había vuelto loco—. Confiad en mí.

—Percy, si lo hacemos, estaremos totalmente expuestos —dijo Dani, ignorando mi consejo, por lo que siguió caminando, pero rápidamente fue atacado por las ramas de los árboles. Dani empezó a sacudir su lanza, mientras que intentaba de luchar por ella, ya que los arboles buscaban la manera de arrebatársela. Al final Annabeth cortó las ramas y arrastró a Dani de vuelta a donde nosotros—. Creo que ahora seguiré el consejo de Percy.

—Acabo de ver el por qué las plantas se atacaron: es el brillo del bronce celestial. Estos árboles han sido creados para evitar que alguien con un arma de ese material entrase en esta parte de la montaña —dedujo Annabeth, al momento de sacar a Dani del aprieto—. Reaccionan como las plantas comunes a la luz, pero estas de alguna manera son agresivas al destello de tu lanza.

—Lo que significa que estamos cerca —complementé, mientras ayudaba a Dani a cubrir la punta de su lanza, así esta no lograría emitir ese brillo.

Con el tiempo lo comprendí, era como estar en mi sueño otra vez, solo que en esos momentos Dani y Annabeth me acompañaban. En esa parte de la montaña no había ni un rastro de los monstruos, solo soledad y completa tranquilidad. Después de mucho caminar, Dani comenzaba a verse más y más cansado.

Nos sentamos un tiempo para poder descansar, mientras Dani tomaba algo de néctar para recuperar fuerzas.

—Hay alguien dominando esta zona —murmuró mientras intentaba de reponerse, incluso intentó de levantarse, pero enseguida se tambaleó y cayó de nuevo al suelo—, y quien sea ese, está haciendo que me sienta muy mal.

— ¿Qué tienes, Dani? —le preguntó Annabeth, acercándose a él para verlo de cerca, incluso se notaba preocupada.

Él se veía pálido de repente, o más de lo común—Nauseas, dolor de barriga y un increíble dolor de cabeza.

—Pero estabas bien cuando empezábamos a subir…

—… y hasta hace casi una hora lo estaba —agregó Dani—. Es solo que desde que entramos en esta zona, siento como si no tuviera más poder.

El silencio se hizo entre nosotros. Annabeth caminó en círculos un largo rato, divagando mientras que observaba los pigmentos verdes, negros y amarillos que tenía la extraña vegetación. Ella se acercó a una hoja, y la tocó con mucha delicadeza.

—Puede ser que como eres hijo de Deméter, y este lugar es controlado por alguien más, quizás eso te afecte —explicó Annabeth.

Pero algo crujió dentro de la profundidad de la montaña, alarmándonos. Dani se levantó como pudo, Annabeth lo ayudó a mantenerse en pie, y yo por otra parte intenté de identificar de donde había venido el sonido.

Una corriente de aire entró en el bosque, arrebatándole el alma pasiva al bosque. No se escuchaba ni un rugido, ni algún golpeteo, o el caminar de un monstruo, pero sabíamos que las cosas se pondrían difícil en cualquier comento.

El suelo comenzó a temblar, y los arboles no seguían siendo inofensivos, ya que estos comenzaron a atacarnos con ramas y espinas, en un tornado continuo y feroz de ataques; y no solo eso, comenzaron a aumentar de tamaño, haciéndose más gruesos así cortándonos camino.

—Alguien no quiere que lleguemos a nuestro objetivo —dijo Annabeth. Ella le dio un poco de ambrosía a Dani, para que se recuperara.

—Llegaremos en nada a ese lugar, por lo que parece —me acerqué a ellos, y me arrodillé, sacándome mi mochila y entregándosela a Annabeth—. Annabeth, ayuda a Dani a subir a mi espalda. Tenemos que mantenerlo a salvo, y si corre por su cuenta, será atrapado por todo esto.

Annabeth entendió. Ayudó a Dani a sostenerse en mi espalda, mientras que este no se oponía. Al principio, el peso parecía mucho para mí, pero rápidamente logré estabilizarme y aguantar su cuerpo.

—Annabeth, ve adelante. Yo te sigo —le indiqué a Annabeth. Ella comenzó a correr y yo le seguí el paso.

Algo difícil era aguantar el peso de Dani, pero algo más difícil era hacerlo mientras que forcejeaba contra ramas de los árboles.

— ¿Crees que sí usamos nuestras armas se alborotaran más? —dijo Annabeth entre gemidos de cansancios.

—Creo que en este punto ya no hay nada que pueda alborotar más este bosque, Annabeth. Te lo encargo.

Ella asintió y sacó su cuchillo. Iba limpiando las interferencias de nuestro camino, pero cuando los arboles crecía lo suficiente, nos bloqueaban el paso, por lo que teníamos que buscar otra dirección. Girábamos por los distintos caminos que podíamos escoger que aún no habían sido bloqueados, y justo identifiqué uno que nos beneficiaba.

—A la derecha, Annabeth —grité mientras me dirigía a ese lugar, seguido por Annabeth, pero fuimos rápidamente encerrados en aquella zona.

Annabeth comenzó a intentar de abrir nuevamente los caminos cerrados por los árboles, pero estos habían sido herméticamente sellados—. Genial, como animales en una jaula —se quejó dando golpes a la corteza de un macizo árbol.

Concentré mi mente en una labor, sentí el dolor en mis entrañas y luego un chorro de agua salió del pequeño lago que había ahí. El agua comenzó introducirse entre los árboles, por lo que aumentó el flujo del agua cuando me concentré aun más, y de esa manera logramos abrir nuevamente un camino.

—Cuatro kilómetros al noroeste, en esa dirección —dije señalando la dirección que acabada de abrir—.Vamos, Annabeth.

Luego de que saliéramos por ahí, los árboles se cerraron nuevamente a nuestras espaldas, pero nosotros seguíamos corriendo en la misma dirección, en la dirección que nos llevaría directamente a aquel claro que vi en mis sueños, donde seguro se escondía algo…

Los arboles intentaban de impedir con todo lo que tuvieran nuestro avance, pero no lograban ningún efecto en reducir nuestra convicción, ya que recorríamos todo ese trayecto con vehemencia, tanto Annabeth como yo sentíamos algo que nos motivaba a seguir pero que a la vez desconocíamos completamente.

Al final, y luego de mucho esfuerzo, llegamos al claro dentro de todo el bosque—. ¿Cómo sabías que dirección tomar? —preguntó Annabeth, con la respiración cortada. Yo dejé que Dani se sentara en el suelo, por su cuenta.

—Tuve un sueño acerca este lugar, solamente que había tenido un viaje más calmado que el nuestro.

—Chicos —interrumpió Dani, que parecía estar en mejores condiciones que cuando lo lleve a cuestas, mientras buscaba la manera de levantarse por sí solo—, no quiero sonar molesto, pero tenemos algo de compañía.

Tanto Annabeth como yo nos dimos giramos a ver. Dos guerreros plantas no esperaban mientras que flanqueaban las puertas de aquel templo. Estos dos abrieron la entrada sin explicación alguna, invitándonos a pasar, y así, encontrar que debajo del destello celestial que atravesaba el tragaluz, estaba alguien esperando en el trono del lugar.

De inmediato nos quedamos sin habla… allí, en el trono que antes había visto, estaba Grover sentado con aires de superioridad.

Grover no era el mismo que conocíamos y se notaba desde lejos. Llevaba junto a él una especie de cetro raro y de lo que parecía ser plata, que emitía algún aura de poder (sabía que existían el hierro estigio y el bronce celestial, pero aquel cetro parecía hecho de un material tan potente e importante como el de las armas de los semidioses). Su barba había desaparecido, el cabello lo tenía lacio, sin sus característicos rizos, y debajo de esa mata de cabello, no llevaba sus cuernos. Llevaba una especie de marcas debajo los ojos, que aparentaban ser solo de decoración, y unos tatuajes negros por todo el cuerpo. Ese no era Grover…

Una voz sombría y profunda salió de la boca de sátiro—. Finalmente has llegado.

Me mordí el labio de la rabia, por lo que desaparecí con extrema velocidad los monstruos bajo el umbral de la puerta. Rápidamente entramos en el templo, cerrando detrás de nosotros la entrada—. No pienses que voy a entregarme tan fácil—levanté a Contracorriente amenazadoramente, aun si eso no nos fuera a beneficiar en nada.

Grover intentó ahogar una carcajada, por lo que aun sonaba por lo bajo —. No hablaba de ti, pero nos facilitarías muchas cosas.

Annabeth cubrió a Dani mientras blandía su daga—. Grover, ¿Qué ocurre contigo? —exigió ella. El hijo de Deméter parecía tener la vista algo cansada, pero aun así podría e iba a batallar junto a ella.

—Ingenua hija de Atenea. ¿No notas mi poder?—se jactó Grover, pasándose el cetro de una mano a la otra—. Ese que llamas Grover no responderá a ninguna de tus exigencias. De ahora en adelante, te referirás a mí como Mcklius, guerrero que busca el regreso del señor Kronos.

— ¿Eres tu quien ha estado controlando todo el bosque? —preguntó con un débil hilo de voz Dani, intentando de darle la cara al tipejo que estaba en el cuerpo de Grover. Pero este sonrió complacido.

—El único y grandioso. He estado creando defensas con los monstruos, pero esas criaturas no han cumplido su trabajo como debían.

—Tampoco tus arboles —gruñí, mientras tomaba mi espada con fuerza y me acervaba más al trono—. Ahora dinos, ¿por qué has secuestrado a Grover?

Pero parecía que Mcklius no era intimidado por el brillo de mi espada— ¿Y por qué no lo haría? Con lo interesante que es el dueño de este cuerpo—presumió Mcklius—. Sabemos que obtuvo algún poder del dios Pan, y en efecto —levantó su mano y de entre las baldosas del suelo empezaron a crecer brotes de arbustos—, él puede controlar la naturaleza, pero a mayor escala que un sátiro cualquiera. Pero, no solo fue eso —comentó, mientras que se acomodaba en su puesto—.También fue secuestrado ya que sabíamos que, tarde o temprano, llegarían a rescatarlo, incluso el pobre intentó de contactarlos una vez bajo esa estúpida conexión empática que tiene contigo, Jackson. Nuestro sistema de inteligencia es muy bueno.

Pero entonces él se levantó, y nos apuntó con su cetro, pero justo cuando abrió la boca, fue callado por otra persona.

—Creo que es mejor que aceptes la derrota —habló Dani—. Nosotros somos tres y tú solo uno —Aunque Dani no solía ser un motivador profesional, aquello había infundido algo de confianza y poder en nosotros.

—Cierto, nadie duda de que me ganen en número, pero no en estrategia. Esas armas que usan vosotros para matar a los monstruos no os servirán conmigo. Yo soy un alma en pena creada y salida del inframundo, soy un ser incorpóreo, y solo el poder del mismo Kronos puede sacarme de este cuerpo contra mi voluntad —presumió de sí mismo.

—Un eidolon —murmuró Annabeth, ante lo que Dani asintió concordando—. ¿Qué pasa si decidimos rebanarte en piezas? —preguntó Annabeth, con un tono retador.

Él sonrió con socarronería—. Matarías a tu amigo.

Eso no era una opción, y necesitábamos sacarle más información. Intercambié una mirada con Annabeth, quien entendió su significado.

— ¿Para qué queréis a Dani? —aventuró Annabeth mientras cubría al él aún más.

Comúnmente, este es el punto de la historia en el que el enemigo se da cuenta de las intenciones de sus contrincantes, pero Mcklius parecía saber las nuestras a la perfección, solo que demostraba cierto desinterés en ocultarla—. Es el sujeto perfecto para llevar a cabo la verdadera resurrección de Kronos —nos confesó, con una arrogante voz que solo podía evidenciar lo confiado que estaba de su victoria, lo cual no solo hervía mi sangre, sino, seguramente, la de Annabeth y Dani también.

— ¿Y por qué no simplemente buscarme a mí? Después de todo, Kronos ya usó una vez a un semidiós con la maldición de Aquiles.

Mcklius se bufó de mi comentario—. Los humanos son los seres que cometen los mismos errores una y otra vez. El señor Kronos se equivocó con la selección del individuo adecuado para albergar su alma, esta vez, no cometerá el mismo…

—Un momento —interrumpió Annabeth. Su mano temblaba sobre su daga—. ¿Qué tiene Dani que no tenga otro semidiós?

Cuando otra sonrisa calmada se asomó por la cara de Grover, sabía que había algo raro en todo esto. Ellos sabían algo de Dani que incluso Annabeth, yo o el mismo Dani desconocía—. Él no es lo que llaman un semidiós común y corriente.

—Y si es así —se apresuró a decir Annabeth, cuando vio en los ojos de Dani confusión y rabia—. ¿Por qué Kronos no lo utilizó la vez pasada?

—Es obvio que dudaba de una existencia tan importante, uno como él vale lo mismo que millones de vosotros. Ahora, si no les molesta, me gustaría llevarme el recipiente de mi dios sin ninguna herida. Si sois tan amables…

Por un momento pensé que Annabeth permitiría que se llevaran a Dani con suma facilidad, pero nunca que soltara una carcajada de regocijo, hasta el punto de perder el aliento—. Discúlpame —habló recuperando la normalidad de su respiración—, es solo que piensas que después de habernos dicho todo eso, ¿Creías que dejaríamos que te llevaras a Dani con facilidad? —en ese momento la cara de Dani se iluminó como nunca antes, y por un momento pareció recuperarse completamente.

Eso cabreó totalmente a Mcklius, ya que chaqueó los dedos y aparecieron varios guerreros árboles, como los del Starbucks, y Dríadas de rosas.

—Percy, Annabeth, no os quedéis muy cerca del monstruo cuando lo derrotéis y este desaparezca —me aconsejó Dani—. Parece que aprovechan la oportunidad para infectar tu cuerpo y hacerlo más débil.

— ¡¿Y tú como sabes eso?! —exigió Mcklius, horrorizado de las palabras de Dani.

—Porqué Nico me lo dijo antes de partir del campamento. Y por eso llevo esto conmigo —Dani sacó de su bolsillo una especie de talismán hecho de hierro estigio—, pero desde que no tengo el mismo poder, no funcionará muy bien.

—Dani, ¿Nos has estado protegiendo todo este tiempo? —titubeé al ver aquello.

Él se encogió de hombros—. De cierta manera, aunque Nico fue quien creó y me lo entregó, incluso me pidió que lo hiciera. Yo simplemente doy mi poder para que funcione.

Annabeth sonrió junto a mí, Dani, bajo ninguna manera era nuestro enemigo y ambos lo sabíamos.

La batalla comenzó luego de eso. Esquivé cada ataque de los monstruos gracias a mis habilidades por la maldición de Aquiles. Annabeth debía de defender a Dani, por lo que evitaba que algún monstruo se acercara a ellos. Pero este último no se quedaba atrás, ya que ejecutaba ataques con su lanza que le provocaban la burla de los monstruos, pero en ese momento de descuido Dani usaba sus técnicas de combate y dejaba expuestos a los monstruos para un ataque de Annabeth. Esos dos parecían haber sincronizado.

Corría con gran velocidad mientras desarmaba a cada Dríada de rosa de sus látigos. En esta ocasión los monstruos arboles no tenían sus dagas de hueso, lo que me hacía el trabajo más fácil aún. Así que de uno a uno fueron desapareciendo los monstruos, y tenía en cuenta lo que me dijo Dani.

En un momento, me enfrenté directamente a Mcklius, que se defendía con su cetro—. Es un bonito metal del que está hecho el cetro.

—El mejor que se encuentra en Camboya.

—Así que importas materiales cuando eres un espíritu importado del Hades. Bien, lamento decirte que mi espada te reportara oficialmente al Tártaros, sin posibilidades de retorno —lancé un tajo al cetro, pero este lo repelió sin ninguna complicación.

—Te lo dije, el mejor metal que se encontró en Camboya.

Con un ademan de mano, una gran pared solida de hierbas y plantas se hizo entre Annabeth y Dani, y yo. Separándonos aún más—. Y ahora veras como tus amigos caen ante mis criaturas.

Mcklius comenzó a convocar diferentes monstruos de vegetación para que nos atacaran. Dani y Annabeth se enfrentaron al monstruo que parecía un sauce caído. Juntos, ellos dos actuaron con gracia y estilo, logrando evadir ataques del monstruos, hasta lograr debilitarlo y hacerlo aserrín. De los restos empezaron a crecer rosas, y estas se transformaron en Dríadas.

Entre un momento de la batalla, Dani quedó indefenso al ser desarmado por un latigazo, que de rebote le dio en la cara dejándole una gran marca roja. Poco a poco cinco dríadas lo acorralaron, hasta arrinconarlo contra la pared.

Yo no podía hacer nada aunque quisiera, pero los monstruos se sorprendieron al ver una sonrisa en la cara de Dani. Annabeth, con un inesperado salto, recuperó la lanza del hijo de Deméter, y apuñalo con las dos armas a las dríadas, hasta que solo quedara una. Entonces Dani lanzó una patada a la rodilla de la dríada, haciendo que esta cayera al suelo sobre su otra coyuntura. Lo que luego vino fue el mejor rodillazo que había visto nunca, el cual le dio en la mandíbula al monstruo, y Annabeth la apuñaló por la espalda. Tal vez aquel dúo era muy sangriento.

Dani se giró para examinar la pared de vegetación—. Percy, deja que me encargue —me llamó Dani desde su posición. Rápidamente cerró los ojos buscando concentrarse.

Pero unas ramas salieron de la pared y empezaron a apretar mi garganta.

— ¡Percy! —chilló Annabeth. Por unos momentos pensé que Dani podía dominar las ramas, pero cada vez que me cortaban más y más el aire, sabía que para él eso era imposible. Entonces sentí el suelo sacudirse, mientras que una extraña aura bañó el lugar…

Estaba comenzando a perder la conciencia cuando recuperé el aliento. La pared de plantas había sido quebrada a la mitad luego del sismo, que agrietó por completo aquel templo.

Vi como Dani luchaba contra Mcklius y Annabeth estaba al lado mío, ayudándome.

Dani retrocedió para ver como estaba, alejándose del trono mientras que se defendía con la decoración del lugar—. Percy, discúlpame. Pensaba que podría fácilmente con las plantas, pero al final, no logré concentrarme lo suficiente —gruñó con cierta decepción.

—No te alarmes —le indiqué, mientras Annabeth me ayudó a recoger a contracorriente—. Lo intentaste, ahora vamos por él.

Luego de un momento en el que yo me equilibré, fuimos los tres en un ataque en conjunto. Al principio de esa misión, Annabeth odiaba a Dani (Aunque desconocía si lo seguía haciendo), Dani no sabía utilizar bien sus habilidades y yo había tenido que mediar entre los dos, pero, en ese momento, incluso cuando Dani estaba aún en un mal estado, los tres trabajamos bien.

Dani desestabilizó a Mcklius haciendo que el suelo temblara, Annabeth se movió a gran velocidad, mientras esquivaba los ataques, y logró hacer que Mcklius cayera al suelo pero no sin antes invocar a más guerreros de vegetación, luego mi momento llegó: di un tajo haciendo desaparecer a un monstruo, lancé una estocada directa a otro y el ultimo logré derrotarlo con un mandoble, y para mantener a Mcklius atrapado, creé una cadena de agua que lo mantenía inmóvil al suelo con lo que llevaba en mi cantimplora.

—Ahora, te haremos unas ultimas preguntas —dije balanceando a contracorriente muy cerca de su barbilla—. ¿Cuál es el dios que ha hecho posible que Kronos rencarnara, reviviera o lo que sea que ha ocurrido?

—Os dijera que me llevaría el secreto al Inframundo, pero os aseguro, que no lograran sacarme ni un solo pedazo de información demás —entonces cerró los ojos, como si se fuera a dormir, y en poco pareció relajado.

—Y este si es pardillo —se mofó Dani—. Se piensa que lo dejaremos dormir la siesta.

—Percy —me alertó Annabeth, sacudiéndome el hombro—. Grover…

Me quedé anonadado. Grover había tomado su apariencia común, incluso sus cuernos regresaron.

Rápidamente, recorrimos todo el lugar para intentar de ver donde encontraríamos un alma del inframundo (que ni siquiera sabíamos que forma tenía, ¿un fantasma, quizás?).

Pero Dani soltó un alarido de dolor mientras cayó arrodillado al suelo. Unas marcas empezaron a aparecen en sus brazos, y cada vez que hablaba, no era su voz. Pero de un momento a otro se estabilizó como si nada, y nos miró a Annabeth y a mí.

—Así que este es el poder de este cuerpo —sonó la voz de Mcklius desde adentro de Dani.

Pero inmediatamente se llevó las manos a la cabeza, como si le estuvieran estrujando el cerebro.

— ¡Sal de mi cuerpo! ¡Te lo ordeno! —se quejó Dani, mientras que se tambaleaba de un lado al otro, haciendo que el suelo temblara con ferocidad—. ¡Vete de mi cuerpo! ¡No quiero tener que utilizar eso!

— ¿Y qué harás? ¿Cantar una cháchara hasta sacarme de aquí? Os lo dije, no tenéis el poder para sacarme de un cuerpo contra mi voluntad.

Pero mientras que los dos se peleaban por el cuerpo, Annabeth y yo logramos rescatar a Grover y alejarlo del lugar, donde no sería expuesto—. Tenemos que hacer algo, Percy —indicó Annabeth—. Si Mcklius logra controlar a Dani, estaremos acabados.

—Vale, mejor será desarmarlo primero.

Nunca antes había tenido que luchar contra Dani, además de cuando practicábamos. Levanté mi espada y lancé tajos que para mi sorpresa eran detenidos por Dani con mucha facilidad. Aunque parecía ser que veía completamente a través de mis ataques.

La lucha siguió, tanto la mía contra él, como la de Dani y el Eidolon. Pero yo no lograba aumentar mi nivel, ya que parecía que los movimientos de Dani eran más impredecibles.

En el momento justo, Dani obtuvo el control del cuerpo, e hizo una apertura para que lo desarmara. Un tajo, y la lanza salió volando por los aires hasta caer cerca del trono de mármol.

Rápidamente Mcklius buscó entre la mochila de Dani y sacó algo que reconocí rápidamente: la daga de hueso que había usado en el Starbucks.

—Esto no termina así, Jackson —Mcklius levantó la daga, y se lanzó al ataque. En algunos momentos agradecía que el eidolon no pudiera acceder a aquella parte del cerebro de Dani donde se almacenaba los conocimientos de artes marciales, ya que con eso podría haberme ganado.

Annabeth se unió a la batalla, intentando de ayudar, pero, en cada movimiento, el cuerpo de Dani parecía capaz de ir perdiendo el mandato de su verdadero dueño—. Debemos apresurarnos, Percy —Annabeth dijo, mientras que chocaba su daga contra la de Dani, pero en ese momento interferí, haciendo la daga del otro rebotar, y herir la muñeca de Dani.

Entonces su cuerpo se sacudió, y la voz de Dani apareció de nuevo, murmurando algo para sí mismo. Entonces apuntó a su otra muñeca, y se haciéndose otra herida.

— ¿Dani, que harás con eso? —dije apresurándome a intentar de detener lo que fuera a hacer, pero sentí como una gran fuerza me repelió por completo imposibilitándome a acercarme a él.

La voz de Mcklius emitió la misma risa sombría que hacía solamente él, remplazando al hijo de Deméter. Dani parecía querer oponerse a la voluntad de Mcklius, pero no podía—. No saldré de este cuerpo hasta que estés donde el señor Kronos.

—Me encanta esa respuesta… —Dani sonrió confiado. Nadie se esperó lo siguiente: se apuñaló con su propia daga, pero no solo una vez, sino una vez detrás de otra detrás de otra. Rápidamente su pecho sangraba a gran velocidad. Pero, con cada nueva herida, Dani parecía lograr dominar su cuerpo nuevamente.

Annabeth y yo nos quedamos horrorizados al ver esa escena, tanto así, que ninguno se dispuso a moverse para detenerlo.

Dani se levantó del suelo, al haber recuperado control de su cuerpo—. Nico ha planeado todo muy bien… —murmuró mientras soltó un gemido seguido de algo de sangre que le salió por la boca—… sabía exactamente que algo así podía pasar… por eso hechizó esta daga: con ella puedo atar un alma a un cuerpo eternamente. Con esto lograré que Mcklius esté en mi cuerpo por siempre, y así no serviré de nada para Kronos…

— ¡No me interesa si mueres! ¡Seguiré en tu cuerpo y lo arrastrare a los pies del amo Kronos, aun cuando me tome semanas hacerlo! —dijo con rabia la voz de Mcklius.

—Nuevamente, me encanta esa respuesta… —Dani se levantó, cojeando hasta el trono. Cogió su lanza del suelo, guardando la daga en su bolsillo. Él se apartó de nosotros hasta estar muy lejos… no sabía que iba a hacer… pero las piernas no me respondían.

— ¡Dani! —sollozó Annabeth con lágrimas saliéndole de los ojos.

—Dani, colega, lo que vayas hacer, detenlo. ¡Habrán otras soluciones!

Otro buche de sangre salió de su boca, empapando toda su barbilla. Nos miró a los ojos, con una melancólica mirada—. Lo lamento, chicos —hizo un movimiento con su lanza y la enterró en el suelo—. Si voy a servir para revivir a Kronos, prefiero morir salvándolos a vosotros —dijo, mientras una lágrima se le escapaba y rodaba por su mejilla—: mis amigos.

La tierra se sacudió violentamente. Toda la montaña estaba sufriendo un sismo de gran magnitud. Annabeth al empezar a subir el monte, nos comentó que este era un volcán, y de seguro ese terremoto lo activaría.

Una gran grieta se abrió en el suelo. Dani había hecho su trabajo con tanto esfuerzo, que hasta la punta de su lanza se quebró.

Vimos una última sonrisa, pero no vi que estuviera llena de remordimiento: solo calma; luego la grieta se abrió tanto que Dani cayó por ella. La voz de Mcklius gritó un último lamento de frustración, mientras que caía en lo que parecía ser una gran abismo.

Recuperé el control sobre mis piernas al cabo de unos minutos, pero me asomé por la grieta para ver que Dani ya no se veía a lo lejos, del abismo salían brisas de lamento, que hacían sentir débil tu voluntad.

—Percy, debemos irnos, ahora —me apresuró Annabeth. Tenía colgando a Grover de sus hombros. Y aun así, intentaba de ser fuerte, cuando las lágrimas rodaban por sus mejillas—. El volcán estallará en cualquier momento —y comenzó a avanzar lo más rápido que podía.

Corrí a recoger la mochila que Dani dejó, me la colgué del hombro e iba a salir del templo, cuando me encontré la punta de la lanza de Dani la cual había rebotado hasta las puertas del lugar. La guardé en un bolsillo y salí detrás de Annabeth, mientras que no evitaba ponerme sentimental…

"Es el destino de los que llevan el collar" pensé, mientras que me dominaba la tristeza…


¿Dos semanas sin actualizar? Sip, estaba preparando mi bunker de defensa para esto. No sé, puede que me maten, pero a mi parecer, Dani ha muerto de una manera muy valiente, ¿no?

También he estado algo ocupado, pero al fin volvemos con las publicaciones. Quedan ocho capítulos, así que espero que no me abandonen ahora.