Capítulo 13:
La verdad detrás de Dani.
Desclaimer: soy el autor de esta maldad encubierta en un fic. Rick Riordan tiene los derechos del universo de PJ, del cual estoy abusando un poco.
"¿Dónde estás?" me pregunté a mi mismo, mientras que corría entre el gran terrero baldío intentaba de identificar exactamente a alguien, pero a la lejanía logré identificarle, así que apreté el paso y seguí el rastro. Tenía que v evitar ser atrapado por los monstruos, así que con contracorriente me abría paso entre las horas de criaturas.
El río parecía que había aumentado la fuerza de la corriente, ya que todo lo que llevaba se movía más rápido—. ¡Detente! —exigí, intentando de con mis poderes detener el curso del agua, aunque no me parecía buena idea eso de dominar los líquidos del inframundo…
Una risa invadió el lugar, proveniente de la nada. Aquella voz no parecía a alguna que hubiera escuchado, pero emitía cierto tono de poder que solo podría comparar con el rey de los titanes—. Ríndete, Percy Jackson. Él ya está perdido —Kronos se burló de mí, lo cual me enojó mucho, ya que pensaba que dejaría caer a esa persona al Tártaros. Cogí un tablón de madera que estaba cerca de mis pies y lo lancé al río para montarme en este y así navegar en la corriente, por lo que cerré los ojos y me moví con gran velocidad en el agua. Estaba poco a poco más cerca de él, pero aquella corriente se transformó en una caída de agua con dirección hacia abajo, desatando un feroz poder de arrastre.
Me acerqué a la orilla donde logré sostenerme con firmeza de un peñasco, incluso dejé caer a contracorriente al agua —aun cuando no sabía si así podría volver a mi bolsillo luego de aquella caiga— para sujetar a Dani con la otra mano, lo cual logré con éxito. Lo intenté durante mucho tiempo, intenté de sacarlo del río, pero era como si las aguas de ese ese lugar ya habían decidido que íbamos a caer por ellas hasta el Tártaros…
—No te dejaré caer en el Tártaros. Ya dejé que murieras. No te mereces ir a ese lugar… —pero poco a poco la mano de Dani se resbalaba de mi agarre—. Por favor… quien me escuche… ¡Necesito ayuda! —nadie respondió. Poco a poco sentía una gran presión, y era como si la corriente aumentara su velocidad, para luego disminuir y hacer mi tortura algo divertido de ver ante los ojos de los dioses que habitaban el Tártaros, incluido el mismo.
Una sonrisa en su cara fue lo que vi cuando mi agarre liberó la mano de Dani, una sonrisa tan calmada y pacifica como solía ser al momento en que cayó por la catarata… justo antes de que la presión aumentara y sintiera como si todo se hubiera detenido.
…
Me desperté de un sobresalto. Estaba en mi cabaña y apenas iba a empezar a amanecer en poco tiempo. Habíamos tardado casi el doble de lo que duró nuestro viaje hasta Washington, pero habíamos llegado al Campamento Mestizo, y apenas lo hicimos, los tres nos arrastramos hasta nuestras camas, aunque Grover prefirió dormir cerca del árbol de Enebro.
Y acerca de ese sueño, había estado teniendo toda clase de pesadillas, que era la parte de mí mismo que se culpaba de no haber detenido a Dani o haberlo salvado. Todo empezó la misma noche del día que Dani se sacrificó por nosotros…
Necesitaba algo de aire fresco, así que me levanté, y salí de mi cabaña, quería ir a la playa donde estar tranquilo un rato, para poder pensar y meditar varias cosas, pero divisé la cabaña de Hades y esta tenía esa aura de estar ocupada, así que fui allá. Sin vacilar ni tocar —menudos modales los míos— abrí la puerta y la cerré detrás de mí. Esa persona me miró asombrado, parecía que acababa de llegar, pero aun así fui hasta él, lo sujeté de la chaqueta y lo lancé contra el mueble.
— ¡¿Por qué?! —le exigí—. ¡¿Por qué no puedes confiar en mí una vez?! ¡Una vez! —exigía al chico de menor edad. Quería golpearlo, aunque simplemente quería desquitarme con alguien. Me acerqué a él y lo tomé de la muñeca para forzarlo a levantarse y así mirar directamente a esos ojos oscuros.
—No me toques… —susurró Nico, intentando de apartarme, pero al negarme, ese brillo de rabia apareció en sus ojos. Quería retroceder y dejarlo libre, pero no iba a admitir que él siguiera tratándome tan mal, ya que yo era con quien Nico solía ser menos amable.
—Le enseñaste todo eso para que nos defendiera, confiaste en darle una tarea muy importante a Dani, preferiste confiar en él en vez de mí —apreté la muñeca de Nico—. Yo soy tu amigo, yo me preocupo por ti…
—Tú no eres mi amigo… —murmuró Nico, ante lo que me sentí realmente herido—. Yo no tengo amigos… Yo no pertenezco a este campamento. Soy distinto, diferente y tú no puedes darte cuenta —sacudió su mano, haciendo que le soltara.
— ¿Sabes? Esto es justamente lo que odio de ti —le recriminé. Sentía como la sangre me hervía por muchas cosas, no solo la actitud de Nico—. No te das cuenta de que estoy aquí para ti. Yo te ayudaría en cualquier cosa que necesitaras.
Para sorpresa mía, Nico comenzó a reírse, o mejor dicho burlarse de mí, de una manera tan displicente—. Puedo pedirte, decirte cosas que lograrían asustarte en verdad. ¿Las harías? Por supuesto que no. No me conoces. Ignoras las cosas que son importantes.
Él se apartó y fue hasta el otro rincón de la cabaña—. Yo elegí a Dani solo para que t… os protegiera —farfulló—. Ahora, puedes irte. Necesito descansar, llevo mucho tiempo vagando en busca de un capricho de los dioses.
Me senté en el sofá del lugar—. No creas que me iré de aquí como nada. Hay más de una cosa de la que quiero hablar contigo —y para demostrar mi estadía, abrí las piernas estirándolas y así acomodándome al cojín del mueble.
Su mirada cobró un profundo tono oscuro—. ¡No comprendes que lo que menos necesito en estos momentos es tu presencia, Percy! —chilló, mientras que el aura sombría de Nico aumentaba, ante la que cualquiera caería del miedo, pero Nico era mi amigo, y no iba a temerle tan fácilmente. Me levanté para imponerme, pero Nico se acercó a mí, me sujeto de la camisa y me acercó a él—. Te odio.
—Tú no me odias, admítelo, idiota. Tú siempre me has ayudado, y por eso eres mi amigo, pero mientras que actúes así solo te engallaras a ti mismo.
—No es tan fácil… Percy… yo…
— ¡Percy! ¡Nico! ¡Deteneos, no peléis! —dijo Annabeth entrando a la cabaña para separarnos, enseguida ella se me lanzó abrazándome—. Sé que estas molesto porque Dani haya muerto, pero pelear con Nico no solucionará nada —sollozó en mi pecho… yo por otro lado… no pude seguir con aquello.
…
En la noche de ese día, se hizo la ceremonia con honor a la muerte de uno de los campistas de Deméter. Nadie habló, ninguno de sus hermanos tenía nada que decir, yo y Annabeth no nos sentíamos en la manera para hacerlo. Luego, llegó la hora del consejo de Guerra.
La habitación de juegos tenía un aura de oscuridad y tristeza, por diversas razones.
—Al final no hemos logrado ningún avance —concluyó Annabeth luego de dar el largo relato de toda nuestra misión—. O al menos nada además de haber rescatado a Grover.
Luego se hizo el silencio para que el ángel pasara.
— ¿Y ahora qué? —preguntó Clarisse desde su asiento—. ¿Puedes ver algo, Rachel?
Pero nuestro Oráculo negó. Desde que comenzaron los desastres naturales su familia se había refugiado en Nueva York, así que podía estar en el campamento.
Todas las catástrofes ambientales iniciaron con el terremoto que causó la explosión del volcán del Monte Rainer. Luego llegaron las grandes tormentas que azotaron las costas del país, los sismos que sacudieron a diversas partes y las inundaciones. Era todo como cuando Tifón, solo que a menor escala… o algo así.
— ¿Qué sabemos de Kronos? —preguntó Pólux, logrando sacarme de mis pensamientos.
Quirón hizo una mueca—. No tengo idea. Lo mejor que podemos hacer es esperar por el ataque del enemigo y cuando suceda, estaremos preparados.
Todo el mundo concordó, y salimos fuera de la casa grande. No era nuestro mejor plan, pero, era el único, además de esperar con muchas esperanzas por el triunfo de las cazadoras.
Al otro día fui a Nueva York, alguien tenía que decirles a los padres de Dani. Volé con Blackjack hasta un edificio donde no pudieran vernos cerca de Central Park—. ¿Por qué la cara larga, jefe? —habló mi Pegaso, cuando estaba bajando de su lomo.
—Es algo complicado, amigo. Dame una hora y ven a buscarme, ¿vale? Quizás puedas conseguir algo sabroso en el parque.
El Pegaso relinchó demostrando que entendía el plan. Entonces bajé de aquel edificio por las escaleras de incendio y me adentré en las calles muy ocupadas de Nueva York. Luego, después de mucho caminar, fui hasta el edificio donde vivía Dani en un buen vecindario cerca de Broadway. Recordé que su apartamento era el 406, ya que era donde solía esperarlo cuando iba a buscar algunas cosas; pero cuando llegué ahí, toque varias veces, solo que nadie respondió.
—Señor y señora White, ¿Están en casa? —llamé, pero ningún sonido demostró que hubiera alguien ahí. Caminé durante un rato por el pasillo, esperando que alguien decidiera a salir del apartamento, pero nadie lo hacía. Después de un rato una voz me llamó.
—El niño que vive ahí no ha regresado, querido —era una señora mayor, que se veía como una bonita y dulce abuelita. Vivía justo al lado de Dani.
— ¿Usted conoce a Dani?
—Claro, querido. El pobre siempre pasa a saludarme y de vez en cuando toma algo de café conmigo. Puedo ofrecerte una taza, y así puedes esperar a ver si él llega.
— ¿Sabrá si sus padres están ahí? —pero esto no pareció sentar bien en ella, ya que torció una mueca, como si le fuera dolido la pregunta. Me hizo una seña de entrar a su casa. Entré en su hogar, que era un elegante apartamento, por los que nos sentamos en la mesa que daba al balcón. Ella trajo una taza de café, pero le pedí uno descafeinado. La cafeína y el THDA son malas combinaciones. Luego de unas galletas de canela, seguimos hablando con tranquilidad, tanta, que lo siguiente salió sin mucho miramiento.
—Él no tiene padres, querido —dijo entrelazando los dedos alrededor de su taza—. Él es huérfano. Lo criaron en un orfanato a las afuera de Nueva Jersey, sé que se escapó a los diez años de edad de allá y se vino a vivir a Nueva York. El pobre ha pasado por tantas cosas, que me parte el corazón verle todos los días —soltó un largo suspiro para luego recibir un sorbo de café.
—Un momento… ¿Por qué no lo reportó? —vale, no era la pregunta más correcta, pero, no se me ocurría otra. Y os recuerdo, THDA.
Ella se encogió de hombros, le dio un largo sorbo a su taza y se quedó observando el líquido por unos minutos, como si el brillo marrón pudiera darle todo el tiempo del mundo para reflexionar—. Por lástima, supongo. El apartamento en el que él vive solía ser un almacén mío, pero cuando lo vi vagando por la ciudad le ofrecí que se quedara ahí. Con el tiempo comenzó a trabajar e insistía en pagarme una especie de renta, intenté de negarme, muchas veces, pero él solo quería agradecerme el gesto de dejarlo vivir ahí, y he de decir que eso lo hacía lucir tan feliz… Oh, se han acabo tus galletas. Iré por más, querido —ella se levantó tomando la bandeja y desapareciendo con dirección a la cocina. Entonces me quedé solo para pensar…
Era mucho que procesar, quizás demasiado para alguien normal, y ahora imaginad yo que sufro de hiperactividad. La señora parecía que se preocupó en su momento por Dani, así que lo menos que debía hacer era decirle, por lo que cuando ella volvió con una nueva bandeja de galletas le tuve que decir.
Le conté que Dani murió, no le di muchos detalles, pero a ella parecía dolerle más el hecho que la pobre descripción. Inevitablemente ella comenzó a llorar, se notaba que él significaba algo para ella. Le dije que venía a decirles a los padres de Dani, pero no tenía ninguna idea de que él era huérfano.
Luego de un rato y muchas galletas, me tocaba volver al campamento, así que le dije que me tenía que ir. Cuando estaba en el pasillo, luego de haber agradecido por toda la merienda, ella me llamó, diciéndome que si deseaba llevarme las cosas que Dani dejó. Así que acepté y juntos entramos en el apartamento de al lado.
Me sorprendió la poca cantidad de pertenencias que él tenía, ya que cabían todas en una mochila. Pero para ser un chico de dieciséis años de edad que era independizado parecía algo razonable. Le agradecí el gesto a la señora y comencé a caminar hasta las escaleras del edificio, dejando a aquella señora con una terrible expresión en cara. Apreté los labios y salí de aquel lugar.
Llevé todo al ático de la casa grande, excepto una pequeña foto, pero no se la mostré a nadie, simplemente la tomé y llevé hasta mi cabaña. Entonces podía tener mi tiempo privado, por lo que fui hasta la playa, me senté en la arena y deje que el día transcurriera con calma.
La noche cayó, reflejando sus brillantes estrellas en el agua del mar, aquella noche era calmada y hermosa. Por lo cual podía divagar con tranquilidad.
¿Dani tuvo una vida llena de trabajo y sufrimiento? Él vivía en New York, pensaba que sus padres debían ser personas importantes de la ciudad que estaban ocupados 24/7 ya que nunca los mencionaba ni los veía, incluso llegué a pensar que era hijo de algún actor de teatro; pero de ahí a una mala vida… había un Tártaros de diferencia.
Quería sentirme tranquilamente melancólico… pero no debía dejarme sentir así.
Deseaba dejarme abatir por la tristeza… aunque no fuera la respuesta para eso.
Nunca había comprendido por qué Dani era de esa manera, hasta que supe todo eso. ¿Era realmente amigo de Dani, o simplemente me lo creí yo mismo? Nunca sabría, como nunca supe nada de eso que averigüé hasta ese día…
Pero en ese momento algo quemó en el bolsillo de mi pantalón. Ardía como fuego, así que rápidamente lo saqué y lo coloqué en el agua. Sin darme cuenta me había vuelto a poner mis jeans de misión, los cuales tenía puesto cuando llegué al campamento luego de la travesía.
Cuando el agua dejó de burbujear, la imagen reveló que era la punta de la lanza de Dani, la cual se había rotó. Pero lo más sorprendente no fue eso, si no que la punta no se quedó hundida como lo haría cualquier metal pesado, en cambio, se mantuvo en la superficie flotando, pero se movía marcando una dirección: tal cómo una brújula.
—Annabeth necesita ver esto —dije con tono apresurado. Con mis poderes hice una especie de charca flotante donde estuviera la punta de la lanza. Logré encontrar tanto a Annabeth, como Grover y Nico, los cuales parecían discutir un tema de interés, pero les interrumpí y mostré mi descubrimiento.
—Marca al suroeste, Percy —explicó Annabeth, mientras que probaba distintas cosas para ver si la dirección cambiaba, pero siempre daba al mismo lugar. Grover se mantenía viendo todo asombrado, pero un destello de curiosidad brilló en los ojos de Nico, por lo que este se acercó.
— ¿Puedo ver la punta un momento? —pidió con gentileza Nico, evadiendo mi mirada.
—Claro —y le entregué el objeto sin dudas. Al principio no ocurrió nada, pero al cabo de unos segundos, Nico se estremeció como si fuera repentinamente sentido algo ante el bronce celestial.
—Percy, ¿tienes la daga de hueso de Dani? —yo asentí, no sabía a qué venía todo aquello, pero daba algo igual. Fuimos al ático de la casa grande y sacamos el objeto de la mochila con la cual había guardado todas las cosas de Dani. Se lo entregué a Nico, quien analizó el objeto un par de minutos—. Me voy del campamento —anunció Nico, mientras se dirigía a toda velocidad a su cabaña, pero logré tomarlo de los hombros y detenerlo.
— ¿Qué has sentido? —le pregunté, incluso ignoró que lo estaba tocando.
—Creo que sé un lugar a donde dirigirme. Deberían de llevar esa punta de lanza a donde Thalia, puede servirle en algo. Esa punta ha almacenado algún espíritu o algún ente intenta de ayudarnos utilizando como medio ese objeto, así que puede contribuir en algo.
Annabeth, Grover y yo compartimos una rápida mirada. La misión no había acabado. Teníamos que dirigirnos donde sea que nos estuviera diciendo esa punta.
Pedimos un permiso a Quirón, para continuar con la búsqueda, mientras que le pedía que estuviera preparado para un plan B, que siempre podía resultar necesario. En aquel momento las armas y armaduras estaba todas listas, por lo que en cuando la mínima señal de ataque iniciara, ellos se defenderían al mayor estilo semidiós.
—Puedes confiar en nosotros, idiota —Clarisse se encontraba enseñando y practicando las técnicas de combate con los campistas más nuevos—. Vosotros tres podéis ir a donde sea, seguro el ejército aparece y nosotros lo acabamos sin los tres.
Escuchar aquello me hacía sentir aliviado, o al menos un poco. Preparé nuevamente las provisiones necesarias para otra expedición, y al amanecer del día siguiente, me encontré con Annabeth y Grover bajo el árbol de Thalia. Nico estaba en la falda de la colina, se giró para vernos, se despidió con una mueca y desapareció en la sombra más cercana.
Nosotros por otro lado, teníamos que tomar el transporte público o caminar. Como envidiaba no tener un sistema de trasporte rápido…
¡No me matéis! No he estado teniendo ni tiempo ni inspiración para hacer capítulos de calidad. Aunque lo que más ha interferido es lo que llamo choque de tramas. En mi cabeza esta pasando una trama nueva, tan buena que me hace sentir que no hice bien esta. Quizás son cosas mías. También he sufrido de contratiempos los cuales han pospuesto estas publicaciones.
Os comento tambien que los siete capítulos restantes están en proceso. El numero 20 será el más corto ya que no quiero un final extenso, y las próximas batallas espero darle un buen toque. ¡Nico tendrá su lugar en el reflector, os lo aseguro!
