Hola a todos!
Despues de taanto tiempo... lo siento mucho si me estabais esperando, de verdad! No me mateis! Además justo os deje en el limite entre el prólogo y el comienzo del comienzo, asi que espero que me perdoneis. No he subido cap durante tanto tiempo porque he tenido varios problemas, personales y con mis estudios y demas, asi que espero que lo entendais. No obstante... Tengo algo para compensaros! Se me ha ocurrido una cosa! Quiero que me dejeis una pareja vocaloid (da igual el tipo: hetero, yaoi, yuri, twincest, incest, etc) en un review (ademas de vuestros comentarios y demás) y hare un sorteo. Escribiré un one-shot de la pareja ganadora!(y sin tardar tanto!)
Kaito: Mentira, tardaras meses en terminar y ademas sera cortito...
Chiri-kun: Cállate Bakaito *Lanza helado hacia el horizonte*
Kaito: HELADOOOOO! *Corre a por el*
Bueno, eso que no tardare nada de nada. Tambien espero review aunque no querais one-shot! Por favor!
Disclaimer: Vocaloid no me pertenece, pero hestoy poniendo trampas para atraparlos. Luka ya ha caido ante la dulce tentación del atún...
Capítulo 3: Futuro caótico
Gumi se hartó de tanto suspense.
–¿Nos vas a decir ya qué loca y absurda idea se os ha ocurrido? ¿O vamos trayendo los sacos de dormir?– preguntó algo irritada, mientras se acababa su extraño helado de zanahoria (que estaba más rico de lo que parece)
A la pareja de rubios les brillaban los ojos de la emoción.
–Bueno, pues como Miku es nueva, se nos ha ocurrido… ¡Montar un fiestón de bienvenida!–soltó Len
–¡Una fiesta de disfraces en nuestra casa! ¡Va a ser genial!
–¡KYAAH!-gritaron a la vez presa de la emoción, haciendo que todos los que estaban en la heladería se girasen y los miraran fijamente.
Se disculparon, bajando la voz, pero aún así las palabras siguieron brotando de sus bocas, explosivas y a borbotones, como si fueran dos volcanes en constante erupción. Sin embargo, la alegría que ambos Kagamine compartían no les permitía ver que sus tres acompañantes no sentían el mismo entusiasmo por la idea. Especialmente Kaito, ya que sería la primera fiesta de ese tipo a la que asistía, y no lo veía muy claro. El simple hecho de pensarlo le imponía… respeto.
–Y… Len-kun… a cuanta gente pensáis invitar?–Preguntó nervioso, clavando en el sus ojos azules.
Rin fue mas rápida y respondió por él:
–¡A toodo el mundo! ¡Toda la clase, tal vez alguien más, no sé! Invitad a quien queráis que yo os dejo!
–Siempre que quepan en casa y vengan disfrazados, por supuesto. El rey de las fiestas debe conservar su título y su poder.
Gumi fue la siguiente en intervenir, recordando las catastrofes que se habian producido en el frágil punto entre los gemelos, su casa y una fiesta.
–Y… ¿vuestro padre lo sabe? ¿Y os deja? Porque probablemente pasará lo mismo de la última vez…
–No lo sabe…
–¡Y no lo va a saber! ¡Está de viaje de negocios!–Dijo Rin, chocando palmas con su hermano
La peliverde carraspeó.
–Os recuerdo que os obligó a limpiar toda la casa… Y os castigó sin usar nada más que un trapo viejo.
–Ya, eso… un pequeño error de cálculo–dijo Len incómodo por la mirada de Gumi
–Vaya, que castigo más original!– Dijo Miku, imaginándose al padre de los gemelos.
Aunque enseguida volvió al asunto que le preocupaba: la fiesta en sí, y todo lo que traía consigo. Y lo expresó con ganas.
–Y… ¿no seré yo la protagonista de esa fiesta no?
–¡Por supuesto que sí!– Contesto la rubia
–¿Y tengo que ir disfrazada?
–¡Claro!
–¿Habrá mucha gente?
–¡Montones!
–¿Ir es obligatorio?–Preguntó asustada
–¡Absoluta y completamente obligatorio!
La pobre lloró cascadas internamente, preguntándose a sí misma qué ser del universo la había llevado hasta ésa situación. Bueno, no tenía por qué estar tan mal… Kaito iba, ¿no? ¿No?
–Kaito, tu irás, verdad?–Preguntó insegura la peliaqua
–Eeh… creo que sí. Invitaré a Meiko, si eso… Ostras! Meiko! Le dije que la recogería a la salida… ¡Me olvidé!
El apurado ojiazul sacó el móvil y empezó a escribir un mensaje de disculpa a Meiko, mientras los demás los miraban curiosos. Todos incluyendo a Miku, que sentía su corazón latiendo apresuradamente, angustiada por la posibilidad de que la recién mencionada fuera algo más que amiga suya. Tan metida en sus turbios pensamientos, no notó que Rin la observaba, divertida y sorprendida. De pronto, Kaito se levantó, mirando a su reloj
–Ya son las doce y media… lo siento chicos, tengo que irme. Mañana os veo– sonrió
–Kaito! Espera!–lo sobresaltó la voz de la Hatsune mientras salía por la puerta.
La miro, y vió que sostenía algo en la mano: un papel con un número. Un número de movil, para ser exactos. La joven sonrió.
–Mándame un mensaje, y así me das tu número, ¿te parece bien?
Él sonrió, haciendo que todas las dudas de Miku se disolvieran en un milisegundo.
–Me parece bien–dijo, echando a correr hacia su casa poco después mientras se despedía agitando su palma en el aire.
Los cuatro restantes salieron de la heladería, felices y contentos. Decidieron volver a sus casas, ya que era casi hora de comer, y hablando por el camino se dieron cuenta de que vivían muy cerca de los demás. La casa mas cercana era la de Gumi, en un edificio relativamente más pequeño que los demás, de "sólo" cinco plantas, mientras que los demás superaban la séptima. La peliverde se despidió de su nueva amiga y de los gemelos, y entro a su casa. Los tres que quedaron se acercaron a la suya, enfrente de un gran parque, y llegaron a las puertas de sus respectivos edificios, que estaban juntas. Ella y los gemelos se despidieron, después de intercambiar sus números de móvil, y subieron a sus respectivas casas.
Miku entró a su casa, feliz, y con un sonoro "Ya estoy en casaaaaaaa" entró a su habitación y se tumbó en la cama después de lanzar su mochila por ahí. Cogió sus auriculares y puso uno de sus temas favoritos: SKY LIMIT, de Yohio. Empezó a bailar por la habitación, feliz, sin darse cuenta de que alguien la observaba.
–Miku, cariño, no tienes remedio– sonrió su padre mientras ella se intentaba morir– La comida está lista
Su pobre hija se cambió de ropa, repitiéndose a si misma que la próxima vez atrancaría la puerta, y se reunió en la mesa con su padre y con su hermano, quienes comentaban su actuación en directo mientras se reían, vista desde la puerta del cuarto de Miku. Ella hizo un puchero de niña pequeña mientras murmuraba una palabra por lo bajo.
–Hombres…
Su padre inció la conversación.
–Bueno, Miku, tu hermano me ha contado que ya has hecho amigos! Que tal son?
–Especialmente ese chico tan guapo que te ha ayudado cuando estabas en el suelo… El del pelo azul…– se metió Mikuo en medio
Miku suspiró. Su padre y su hermano podían haber nacido antes que ella, pero en el fondo seguían siendo niños pequeños, riéndose por todo e intentando fastidiarla.
–Sí, he hecho amigos. Muy… simpáticos. Y el "chico guapo del pelo azul", como tú dices, se llama Kaito! Y sólo es amigo mío, nada más.
–Claro… nada más.– dijo su padre intentando fingir indiferencia mientras por dentro luchaba por no reírse
–Hombres…
–Y que lo digas…
Miku les sacó la lengua, divertida. Probó el ramen que había hecho su padre; delicioso, como siempre. El día le estaba saliendo redondo, así que sin darse cuenta, empezó a tararear, feliz como una perdiz. Mikuo y su padre intercambiaron una mirada.
–Por todos los dioses…– empezó su hermano, exagerando.
–El temido día ha llegado… Mi hija está…–Siguió el señor Hatsune
–¡Enamorada!– dijeron teatralmente y al unísono
Al oírlo, Miku se atragantó con los fideos y empezó a toser, dirigiendo una mirada asesina a los dos entre tos y tos. Terminó rápidamente y se levanto de la mesa, dramatizando lo ofendida que estaba y diciendo que su familia no la comprendía. Se fue a su habitación y puso música a todo volumen, intentando olvidarse de lo que padre e hijo habían dicho, pero se le había clavado fuerte en su mente. Acaso ella estaba… ¿enamorada? ¿de Kaito? Nah, qué tontería. Justo entonces su móvil vibró. Un mensaje de Rin:
Rin: Vives en el 4 piso no?
Miku: Sip
Segundos después de la respuesta, se oyó el timbre de la puerta de entrada y cómo el señor Hatsune la abría.
–¡Hoola señor Hatsune! Soy Rin Kagamine, una amiga de su hija. ¿Puede venir a mi casa un par de horitas? No será ninguna molestia… ¡Muchas gracias!
Salió corriendo en la dirección que el atónito padre de Miku tuvo tiempo de señalar y saludó a un atónito Mikuo que pasaba por delante comiendo lo que quedaba del ramen de su hermana. Abrió la puerta de la habitación de su amiga, y encontró otro buen espectáculo que admirar: Miku bailando por todo el recorrido de la habitación con la música a tope, con los ojos cerrados, con lo que no la vió. Se quedo poco más de un minuto observándola, divertida, y tuvo que reconocer que no lo hacía mal del todo, pero enseguda recordó lo que había venido a hacer, así que desenchufó el altavoz bruscamente, haciendo que la feliz peliaqua volviera a la realidad, algo confusa. De pronto reparó en Rin, se puso todo lo roja que pudo y empezó a recoger rápidamente un montón de papeles que había desparramados en la cama los ocultó detrás de su espalda y se encaró con la chica que, según ella pensaba en esos momentos, no iba a salir viva de ese cuarto.
–Rin Kagamine.
–¿Sí?– Preguntó, algo asustada ante el aura oscura alrededor de Miku.
–¿¡CREES QUE PUEDES ENTRAR EN MI CUARTO SIN PEDIR PERMISO Y SALIR BIEN PARADA DE AQUÍ!?
Rin se quedó en la puerta, sin atreverse mucho a moverse, mientras su amiga se quedó mirándola fijamente, esperando el día en el que asesinar dejase de ser delito.
Unos minutos mas tarde, Miku rompió el incómodo silencio, ahora algo más calmada.
–Em… Rin…
–Dime.
–¿Cuánto… Cuánto tiempo llevabas ahí?– Pregunto, avergonzada
–Eh… No más de un minuto, creo.
Miku se quería morir allí mismo.
–Todas hacemos eso, no tienes que avergonzarte. ¿Somos amigas, no?– Preguntó Rin, esbozando una media sonrisa
Miku tambien sonrió, aún algo incómoda.
–Supongo que sí… oye, siento haberte gritado.
Rin rió
–Si hubiera sido al revés, tu ahora estarías mucho peor, créeme. Bueno, vienes a mi casa?
Sin darle tiempo a responder, la cogió de la mano y salieron disparadas edificio abajo, pasando por delante del señor Hatsune, quien todavía seguía en la puerta después de haber visto al juvenil torbellino amarillo que se llevaba a su querida hija. Llegaron al edificio contiguo, un moderno edifico de cristal y acero algo más alto que el del que acababan de salir, y subieron en el ascensor hasta llegar a la casa de la familia Kagamine, un duplex enorme en el último piso.
Rin saco la llave del bolsillo de sus shorts y abrió la puerta gritando a Len que ya habían llegado. Craso error, puesto que salio de su habitación (justo delante de las escaleras que las chicas subían en ese momento) con cara de sueño, probablemente recién despertado de la siesta y sin llevar puesta otra prenda que no fueran unos bóxers negros. Miku se descubrió a si misma admirando las formas de Len, que aunque era pequeño, tenia un cuerpo bien tonificado. Avergonzada, apartó la vista para mirar a Rin, quien despedía fuego por los ojos, a punto de matar violentamente a su gemelo.
–¡VÍSTETE PEDAZO DE GUARRO EXHIBICIONISTA!– le gritó, haciendo que despertase de sus ensueños y volviese a su habitación asustado.
Terminaron de subir la escalera y llegaron al cuarto de Rin, un digno reflejo de la personalidad de su propietaria: las paredes estaban pintadas de un naranja cálido, mas cercano al amarillo, con varios posters estilo anime y una guitarra eléctrica colgada, y una ventana que daba al exterior. Su cama era una enorme cama de matrimonio naranja, con algún que otro peluche sobre ella, y enfrente tenía una mesa con un enorme equipo informático.
Sin embargo, el único detalle que llamaba la atención de Miku fue la guitarra, amarilla y negra, con el nombre de su amiga escrito en ella. Se acercó y la rozó delicadamente con los dedos, fascinada.
–¿Tocas, Rin?– Preguntó, intrigada
–Sí, bueno, hasta que el tipo de la habitación de al lado se llevó el amplificador para su teclado. ¿Por qué lo preguntas?
–No, nada.
–Bueno, no hemos venido a hablar de eso– Dicho esto se tiró encima de su enorme cama como si saltase a una piscina, abriendo los brazos en el aire antes de caer– ¡Alehop!
Miku se tumbó junto a ella, y formuló la pregunta que llevaba rondando su cabeza desde el principio:
–Vale… y entonces, ¿a qué hemos venido?– Preguntó, haciendo que Rin pusiera los ojos en blanco
–¡De ti, por supuesto! Bueno, de ti, de Kaito, de la fiesta, de las clases… pero todo tiene que ver contigo.
–¿Y por eso me sacas de mi casa sin avisar y me metes aquí? ¿No podías habermelo preguntado por whatsapp o algo? Además, ¿qué pinta Kaito en todo esto?
–Más despacio, vaquera… Lo de secuestrarte es porque… aquí tenemos más privacidad, ¿no? Además, las cosas serias se hablan en persona, y tengo unas cuantas preguntas que hacerte… Para conocernos mejor, y eso.
–Vale, ahorrate lo que no sea importante… Mi padre se estará preocupando.
–Bien, si eso es lo que quieres… –Respondió con un destello de malicia en la voz–. A ti te gusta Kaito, ¿verdad?
Miku hizo exactamente lo que su amiga esperaba de ella: enrojeció, empezó a agitarse, movió las manos como intentando negarlo y intentó formular una excusa coherente, pero de su boca no salían más que balbuceos inconexos. "Definitivamente" pensó Rin "ese chico le gusta". Al final Miku consiguió formar una frase:
–No… ¡No me gusta! ¡Solo somos amigos, nada más!
–Ay, mi adorable Miku-chan… ¡Si se repartiesen los premios a la originalidad, te los habrías llevado todos!– Contestó la rubia con sarcasmo
Tras unos minutos de eterno e incómodo silencio, Miku se atrevió a murmurar una frase, tan débilmente que Rin tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para oírla.
–¿Se me nota… tanto?– en ese instante una gota oscureció las sabanas naranjas de la cama, y Rin se dio cuenta de que la peliaqua estaba al borde de las lágrimas.
–Bueno… Se te nota bastante…– Contestó con una sonrisa amable
Al oír eso, Miku rompió a llorar desconsoladamente. Rin la abrazó cálidamente, intentando calmarla, mientras lamentaba ver así a su amiga y que todos sus planes se hubiesen ido por la borda. Al de un rato, ella consiguió tranquilizarse lo suficiente para seguir hablando.
–Va- va a pensar que estoy m-muy desesperada… Seguro que le he p-parecido penosa…–Sollozó, realmente deprimida–. Además, está la ta-tal Me-me-me…
Rin creyó ver por donde iban los tiros
–¿Meiko?– La ayudó, comprensiva, mientras le acariciaba la cabeza
–E-esa…–Contestó Miku, todavía llorando
Su amiga le dió un pañuelo para secarse las lágrimas y limpiarse la cara, y le dió un pequeño achuchón cariñoso
–Entre Meiko y Kaito no hay nada, sólo son amigos, nada más– Explicó la rubia
Miku creyó morirse de alivio en ese momento. Dejó de llorar como pudo, aunque todavía tenía los ojos rojos y algo hinchados, y ese aire triste. Ademas, todavía hipaba o tartamudeaba de vez en cuando.
–C-como lo sabes?– Preguntó, dudosa
–Te lo explicaré: Es verdad que Meiko es la mejor amiga de ese bobo de pelo azul. Es más, puede que sea la única… Que fuera– Se corrigió, mirado a la peliaqua, que la observaba con reproche –. Bueno, la cuestión es que Kaito nunca ha tenido muchos amigos… Siempre ha sido un chico bastante solitario, la verdad, y parece que tiene miedo de todo el mundo… Menos de Meiko, claro. Siempre están juntos, y es verdad que a Kaito no le gusta Meiko, pero…
–¿Pero?
–Meiko está coladita por él, se nota a la legua. Creo que Kaito no se da cuenta, o si se da cuenta, hace como si no lo supiese. En realidad, estoy bastante segura de que es lo primero.
Miku calló. Le estaba costando asimilar tanta información, en parte porque Rin hablaba muy rápido y en parte porque ella todavía estaba algo chocada.
–Entonces… ¿Se acabó? ¿No tengo ninguna oportunidad?
La rubia se llevó las manos a la cabeza. Ayudar a esta chica iba a costarle algo más que esfuerzo, por lo que veía. Al menos ya no lloraba…
–¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Lo que tienes que hacer es luchar por él! Además, tú a Meiko le llevas ventaja– Sonrió la rubia
–¿Ah, sí? ¿Cuál?– Preguntó ella, más animada
–A Kaito Meiko no le provoca ningún interés, pero tú… Tú le gustas.
Mientras tanto, después de quedar con Meiko para disculparse y estar un rato con ella, nuestro tan mencionado peliazul llegó a casa. Entró feliz, silbando una melodía alegre que no conocía y que tal vez hubiera escuchado en la radio. Sonriente, saludó a su madre con un beso en la mejilla, dejándola perpleja. Ése comportamiento no era muy habitual en su hijo, mucho menos en el primer día de colegio. Kaito cruzó el pequeño salón hasta llegar a su habitación, donde dejó todas sus cosas y se tumbó en su futon, todavía con esa expresión de éxtasis pintada en el rostro.
Unos minutos más tarde, alguien abrió la puerta del pequeño cuarto y entró, sentándose junto al peliazul. Kaito se volvió, saliendo de su trance, y distinguió a su madre observándolo con una cálida sonrisa.
–¿Me vas a explicar por qué me has tenido esperándote con la comida en la mesa?– Preguntó con un falso tono acusador– Me has preocupado un poco, ¿sabes?– Dijo, cambiando a un tono más serio, aunque amable. Le resultaba difícil enfadarse con su hijo.
La expresión de Kaito cambió de su estancia en el mundo feliz a una de culpabilidad. Se acababa de dar cuenta de lo que había hecho, y intentó explicarlo:
–Eeh, bueno, el caso es que me quedé a comer con Mik…digo, Meiko, en el puesto de fideos del parque… Hoy estaba más despistado que de costumbre, y te iba a llamar para decírtelo, pero… se me olvidó…– contó Kaito, con una sonrisa incómoda– No me has estado esperando, ¿verdad?
Su madre suspiró.
–No mucho tiempo… En realidad, conociéndote, me esperaba algo así. No me parece mal que no hayas comido en casa, pero avísame la próxima vez, ¿vale?
–Vale– Respondió su hijo, recuperando su expresión de felicidad completa y absoluta.
Su madre se levantó y salió de la habitación llevándose consigo una duda que todavía no había podido aclarar. Curiosa, empezó a darle vueltas en su cabeza, hasta que prefirió resolverla de la manera más fácil de todas: Preguntar. Volvió a la habitación de Kaito y tomó la misma posición de antes.
–Kaito… ¿Por qué estas así hoy?– Preguntó de sopetón, y se reprendió a sí misma por tener tan poco tacto
Kaito no captó la pregunta.
–¿A qué te refieres?
–Bueno, es que normalmente no sueles estar tan… digamos, contento al volver del instituto, así que… ¿A qué viene esa cara tan feliz? No es que no me alegre por ti, solo es que me parece un poco raro…
–¡Ah, así que era eso! No es nada mamá, no te preocupes– Sonrió de la manera que su madre no estaba habituada a ver.
Pero ella no se rindió.
–Vale… ¿El del puesto te ha dado la ración gratis?
–¡Qué chorrada!
–¿Te ha tocado la lotería?
–Te lo habría dicho.
–¿Nuevos amigos, tal vez?
–Bueno… eso es una parte, supongo.
–Vale…¿Te han drogado?
–¡Mamá!
–¡Tranquilo, que era broma! Porque no te han drogado, ¿no?
–Mamá…
–Bueno, entonces es…¿Una chica?– Preguntó, dudosa.
Por toda respuesta, Kaito sonrió ampliamente.
KYAAAAH! Miku se le ha... declarado... a Rin... Sobre Kaito? Vale, estoy confuso. Pero sé que me entendeis. verdad? VERDAD?
Vale, ya se me ha pasado. Que va ha hacer miku ahora? Que le va a pasar a len cuando suadorable hermanita gemela esté libre? Por qué gumi tiene poco protagonismo?
Dejad reviews o miku entrara a vuestra habitación y os hara bailar vergonzosamente
Chiri-kun se desvanece! JAPANESE NINJA Nº 1! *Desaparece en una nube de humo*
Dejad reviews con vuestra pareja y vuestra opinion! Me apetece escribir un One-shot! Aviso de que será un poco random, asi que dadme pistas del one shot ideal, que yo acabaré haciendo lo que quiera! kyuun! (~ºωº)~
